Ayer 124/2021 (4): 53-79
ISSN: 1134-2277
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2021
DOI: 10.55509/ayer/124-2021-03
© Laura Galián
Recibido: 15-03-2019 | Aceptado: 10-01-2020
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La respuesta al fascismo en Egipto (1930-1948): antifascismo, anticolonialismo y antimperialismo *

Laura Galián

Universidad Autónoma de Madrid
laura.galian@uam.es

Resumen: El antifascismo ha sido estudiado sobre todo como producto de la historia de los Estados-nación europeos. La historiografía sobre el fascismo ha dejado de lado sus experiencias coloniales e imperialistas y, en consecuencia, las expresiones antifascistas en sociedades colonizadas. El objetivo de este artículo es el de analizar la reacción ante el fascismo del marxismo egipcio desde 1930 a 1948 para incorporar estas experiencias a la historia global del antifascismo. A través de un análisis crítico de historia transnacional, este artículo saca a la luz la articulación del antifascismo en Egipto como una tríada inseparable del anticolonialismo y el antimperialismo.

Palabras clave: antifascismo, Egipto, marxismo, sionismo, anticolonialismo.

Abstract: Anti-fascism has been studied almost eminently as a product of the history of the European nation-states. The historiography on fascism has left aside its colonial and imperialist experiences and consequently the antifascist expressions in colonised societies. The aim of this article is to analyse the reaction to fascism of Egyptian Marxism from 1930 to 1948 in order to incorporate these experiences into the global history of anti-fascism. Through a critical analysis of transnational history, this article sheds light on the articulation of anti-fascism in Egypt as an inseparable triad from anti-colonialism and anti-imperialism.

Keywords: anti-fascism, Egypt, Marxism, Zionism, anti-colonialism.

Introducción

En marzo de 1937, Filippo Tomasso Marinetti (1876-1944), fundador del movimiento de vanguardia futurista italiano, impartió una conferencia sobre poesía en la sede del grupo literario y cultural Les Essayistes en El Cairo. Nacido en Alejandría, Marinetti llegó a ser miembro de la Reale Academia d’Italia gracias al nombramiento directo de Mussolini y a su cercanía al régimen fascista. El resultado de la ponencia, que acabó en una reyerta abierta entre los miembros del público y el propio Marinetti, fue significativa y marcó un antes y un después en la lucha antifascista en Egipto. El incidente ha sido recordado por la historiografía egipcia y no egipcia como el catalizador del movimiento marxista, antifascista e internacionalista en la región, que, desde finales de los años treinta, vivió un nuevo impulso en su lucha contra el fascismo y, en última instancia, por la independencia nacional y la emancipación total de Egipto.

El antifascismo ha sido estudiado sobre todo como producto de la historia de los Estados-nación europeos. La historiografía sobre el fascismo ha dejado de lado sus experiencias coloniales e imperialistas y, en consecuencia, sus expresiones antifascistas en sociedades colonizadas. El estudio del antifascismo no solo ha olvidado su historia colonial y poscolonial, sino que ha tendido a acercarse a estos movimientos con un objetivo local o regional, en muchas ocasiones desde el prisma de su emergencia en los Estados-nación 1. En los últimos años ha habido un giro transnacional en los estudios antifascistas que ha dado como resultado la incorporación de estudios de caso hasta ahora desconocidos. Desde la historia transnacional ha comenzado una reflexión crítica sobre la necesidad de mirar a este fenómeno desde un prisma alejado del Estado-nación y de las fronteras de Europa. Esta perspectiva ha demostrado ser no solo válida, sino también necesaria en el estudio del antifascismo, cuyo análisis se lleva a cabo entendiendo que en muchas ocasiones el antifascismo en su pluralidad ha sido un fenómeno ligado a la «cultura del exilio», es decir, casi enteramente perteneciente a la diáspora de los exiliados políticos que escaparon del fascismo y el autoritarismo de sus respectivos países en busca de espacios como Latinoamérica o el Sur del Mediterráneo, convertidos en lugares de acogida que otorgaban una relativa seguridad a estos exiliados políticos. Estos estudios, aunque pertinentes y necesarios a la hora de abordar las expresiones locales del antifascismo en conexión con este fenómeno transnacional, son insuficientes y en muchos casos refuerzan una mirada colonial. Si bien estos análisis muestran las realidades antifascistas en sociedades de ultramar, privilegian la mirada de los exiliados políticos en su lucha contra el fascismo y el nazismo y olvidan que esta lucha fue, en muchas ocasiones, una lucha paralela a la lucha anticolonial y por la emancipación nacional, como en el caso que nos ocupa en estas páginas.

La lucha contra el fascismo y el nazismo en Egipto y la emergencia de grupos antifascistas, a los que dedicamos este artículo, es inseparable del momento de lucha anticolonial y de la necesidad de emancipación de los egipcios del yugo imperialista. El fascismo italiano o el nazismo alemán en la región no solo se percibieron con preocupación por su autoritarismo, militarización y racismo, algo que, por otro lado, ya habían experimentado los egipcios como colonia de la metrópolis británica, sino y sobre todo, se percibieron como una nueva injerencia europea que, en caso de establecerse, minaría sus posibilidades de emancipación. La lucha contra el fascismo, por tanto, formó parte de la misma lógica anticolonial que ya existía en los movimientos políticos de base. Una lógica por la que era necesaria la liberación de los pueblos tanto a nivel local como global. Para entender cómo se hilan estos discursos, luchas y estrategias políticas en el periodo de entreguerras en Egipto, vamos a dividir este artículo en cuatro partes. La primera da cuenta de cómo se vivió y percibió la amenaza fascista y nazi en el país. La segunda analiza la respuesta de la izquierda egipcia, heterogénea en sus filiaciones políticas, al fascismo y al nazismo, y cuáles fueron las estrategias de lucha antifascista que desarrollaron desde el emergente y heterogéneo movimiento marxista. La tercera parte está dedicada a Palestina como cuestión central en la lucha antifascista y anticolonial, y, en concreto, nos centraremos en la postura del marxismo en Egipto sobre el sionismo. Por último, el cuarto apartado desentraña el funcionamiento y colaboración de las redes antifascistas de la comunidad italiana que operaba en Egipto como una historia paralela, a la vez que conjunta, de la lucha antifascista local para dar cuenta del carácter transnacional, global a la par que local, de estos movimientos.

Así, este artículo pretende contribuir a la historia transnacional del antifascismo en sociedades coloniales haciendo hincapié en la lucha antifascista, sin dejar de entender su relación con las redes transnacionales del periodo de entreguerras. En última instancia, el propósito es sacar estas historias de las fronteras de Europa y empezar a entender el fascismo y el antifascismo como parte, también, de los procesos de descolonización que se desarrollaban de manera paralela.

¿Podemos hablar de fascismo en Egipto?

Definir el fascismo ha sido una tarea no exclusiva de la historia que ha suscitado numerosas discrepancias. El carácter revolucionario, ideológico y cultural de este fenómeno, más que su emergencia por oposición exclusiva al comunismo, es quizá el aspecto a destacar a la hora de describir la experiencia egipcia con el fascismo. La relación de Egipto con el fascismo se puede leer de manera paralela a la de España, salvaguardando las enormes diferencias. Como asegura Ismael Saz, se ha establecido una conexión entre el régimen fascista y el fascismo reduciendo la experiencia española a la dictadura, siendo esta analizada como una forma «local» de fascismo, lo que ha acarreado importantes problemas en el estudio de su historia y sus consecuencias 2. Como revolución, el fascismo preveía una nueva sociedad; como ideología, había reformado el nacionalismo buscando una alternativa al liberalismo, y como cultura, propugnó la transformación de la nación y la construcción de un «hombre nuevo» 3. El periodo de entreguerras fue un momento de importantes cambios sociopolíticos en Egipto, que, sin embargo, no acabaron con el sueño anticolonial y democrático que pedía la población y que culminó en la Revolución de 1919. En ese sentido, la acogida del fascismo por parte de ciertos sectores de la sociedad egipcia se puede explicar por su carácter revolucionario y su emergencia como alternativa a la crisis parlamentaria, identitaria y poscolonial del país.

En el contexto posterior a 1919, el Wadf, en un primer momento como proyecto de delegación a las negociaciones del fin de la Gran Guerra y más tarde como partido, supo reconducir la lucha anticolonial, debido a un apoyo popular sin precedentes. Esta popularidad se intensificó de forma progresiva tras el arresto y deportación de Sa’ad Zaghlul a Malta en marzo de 1919 junto a otros miembros del partido. De esta manera, el Wafd —y, en concreto, Sa’ad Zaghlul— se convirtieron simbólicamente en la encarnación del propio Egipto y en sus representantes nacionales. Su éxito se explica por la composición heterogénea de sus filas, que aglutinaron tanto a una pequeña burguesía urbana como a latifundistas rurales. De hecho, el partido se caracterizó por ser el partido de la burguesía nacionalista y, con ello, el representante de los intereses de la clase media urbana y rural. Sin embargo, las negociaciones entre Gran Bretaña y el Wafd no terminaron en un acuerdo bilateral, sino en una declaración de independencia unilateral por parte de los británicos que no garantizó la completa independencia del país. Además, la Constitución de 1923 otorgó al rey Fuad (1917-1936) poderes casi absolutos, lo que, unido a la gran depresión de 1929, sumió a Egipto en una profunda crisis y condujo a la decepción general de la población respecto al sistema parlamentario controlado por fuerzas autoritarias en connivencia con la monarquía y el imperio colonial, minando finalmente todas las esperanzas puestas en la lucha anticolonial y la revolución de 1919 4.

La presencia de los militares británicos en suelo egipcio, resultado de los acuerdos de 1922 y posteriormente de 1936, continuó obstaculizando la independencia nacional y favoreciendo los intereses británicos. Sin embargo, esta presencia no constituyó el único foco de amenaza imperialista y colonial en la época. El sueño de Mussolini de un imperio africano que finalmente otorgase a Italia un papel relevante como fuerza colonial, en su anhelo por convertirse en el antiguo Imperio Romano, terminó con la agresión italiana en Abisinia (1935-1936) y la conquista militar de Libia (1911-1942) 5. A pesar de que Italia desarrolló una vigorosa propaganda fascista en el Mediterráneo, lo que se tradujo en un aumento y emergencia de grupos fascistas en la heterogénea comunidad italiana de Egipto, la opinión pública egipcia fue, en su mayoría, desfavorable a una nueva invasión colonial, que se percibía como una injerencia extranjera más en la región que debía ser combatida. La crisis etíope (al-Azma al-habashiyya), como lo llamó la prensa del momento, fue la principal fuente de preocupación egipcia en los años treinta. La prensa rechazó especialmente la invasión italiana de Etiopía y de esa manera moldeó la actitud contraria general al fascismo de la opinión pública 6. Como demuestra el detallado estudio de Gershoni y Jankowski (2010), una mayoritaria opinión pública rechazó el autoritarismo, el racismo y el imperialismo que emanaba de esta ideología y que era contrario a los deseos comunes de independencia y emancipación.

Sin embargo, otro sector de la población fue seducido por la aparente habilidad de Benito Mussolini y Adolf Hitler de transformar sus respectivas naciones humilladas y en crisis por medio de la exaltación nacional y la rehabilitación económica. El apoyo institucional y a veces popular al fascismo por parte de la población egipcia en los años treinta fue amparado por la emergencia de grupos de estética fascista. La oposición al Imperio británico de ambas potencias, Italia y Alemania, reforzó la idea de que «el enemigo de mi enemigo es mi amigo». Por eso, la organización de Ahmad Hussein Joven Egipto (Misr al-Fatat), fundada en 1933 y más tarde convertida en partido político, ha sido generalmente analizada desde el prisma de la proyección orientalista del fascismo local en la región. Estas interpretaciones, por lo general provenientes de la historiografía nacionalista y marxista egipcia, han hecho un flaco favor a una organización que, si bien se sintió atraída por el estilo paramilitar del fascismo italiano, fue abiertamente crítica con las políticas de Mussolini en la región 7. La organización Joven Egipto, que tuvo una transformación ideológica constante desde su fundación hasta su conversión final en partido político, tenía el objetivo de restaurar el orgullo nacional a través de la participación juvenil en campañas de boicot a productos extranjeros, el rechazo de los privilegios de las comunidades de expatriados y el fin de la ocupación británica 8. La relación de la organización de Hussein con el fascismo es necesario leerla en una clave estética más que ideológica. La formación de sus cuadros jóvenes de Camisas Verdes, al igual que las Camisas Azules del partido Wafd, exaltaron la obediencia absoluta a la patria junto a la tríada: allah, al-watan, al-malik (Dios, la nación, el rey) y favorecieron este tipo de interpretaciones.

Gran parte de las reacciones políticas y sociales que surgen ante la crisis parlamentaria de los años treinta en Egipto vinieron a demostrar que cualquier postulado político del momento se producía no como reacción, causa, efecto, reflejo o extensión del encuentro con la modernidad/colonialidad europea, sino como una negociación dialógica en la que participaron desde Joven Egipto, los Hermanos Musulmanes y la fraternidad fundada por Hassan Al-Banna en 1928, hasta los grupos antifascistas que analizamos en este artículo. Estas organizaciones y movimientos —que en un principio no tenían pretensión hegemónica— surgieron como reacción al fraude del sistema parlamentario, la injerencia extranjera en la región y al auge del fascismo, cuyas actividades estuvieron sometidas a una gran represión por parte de las autoridades locales y coloniales. Por todo ello no es de extrañar que en ocasiones el marxismo y el islamismo hayan formado lo que Luz Gómez denomina «convergencias paralelas», es decir, posiciones de reconocimiento compartido y colaboraciones estratégicas, en determinadas circunstancias para la movilización por la liberación nacional 9. De ahí que consideremos que estas organizaciones surgidas en la década de 1930 tienen que ser entendidas desde el prisma anticolonial, antimperialista y emancipatorio de la época, a pesar de que sus alianzas fluctuasen progresivamente entre ideologías opuestas y, en ocasiones, contradictorias.

El marxismo egipcio ante el antifascismo

En este contexto, las organizaciones marxistas, operativas desde los años veinte, se reactivaron en torno a la lucha antifascista en su intento de frenar la ola de propaganda italiana y alemana en la región. Esta lucha fue el revulsivo necesario para canalizar el movimiento marxista egipcio, que había quedado relegado a un segundo plano tras la desaparición del primer partido comunista, fundado en 1921 10. En los años treinta aparecieron numerosas organizaciones antifascistas de diverso carácter, en su mayoría marxistas, con el objetivo de oponerse al imperialismo, al creciente antisemitismo y al autoritarismo del fascismo europeo (sobre todo, en Italia y Alemania). Estas organizaciones contribuyeron al desarrollo del segundo movimiento marxista desde finales de los años treinta y a su alrededor volvió a movilizarse un cuadro heterogéneo de activistas que, junto a sus redes transnacionales, crearon un nicho de disidencia que preocupó no solo a las autoridades egipcias, sino también a las italianas y británicas. Para autores como Gennaro Gervasio 11, Selma Bootman 12 o Bárbara Azaola 13, especialistas en el movimiento marxista egipcio, el renacimiento de la izquierda en los años cuarenta se debe en gran medida a la labor de estos antifascistas, en su mayoría organizados como grupos culturales. No se ha demostrado aún la relación de estos grupos con las primeras agrupaciones de la izquierda que aparecieron en el país a través del primer movimiento comunista, ya que en esos años se produjo un importante cambio generacional en los cuadros como resultado de un nuevo contexto en la politización juvenil del momento 14.

La actividad antifascista en Egipto, en un primer momento organizada en torno a círculos culturales e intelectuales, utilizó estos espacios como punto de encuentro para el intercambio y propagación de su ideario. Les Essayistes, club científico-cultural fundado en 1920 por Leon Castro, abogado y declarado anticolonialista, aparece en este contexto. Abiertamente sionista, el grupo fundado por Leon Castro atrajo a numerosos miembros de las diferentes comunidades de expatriados y egipcianizados (mutamasirrun), que, a través de este espacio cultural, se movilizaron contra el antisemitismo y la propagación del fascismo y del nazismo usando estrategias de boicot económico y cultural contra productos alemanes 15. George Henein (1914-1973), destacada figura del surrealismo egipcio, a su vuelta a El Cairo tras su estancia en París en 1933 participó en el club cultural Les Essayistes, donde conoció a los que años más tarde serían sus compañeros y cofundadores del grupo Arte y Libertad (al-Fann wa-l-Hurriyya), el único nicho antiestalinista del momento.

Sin embargo, la actividad antifascista en la región no solo se redujo a exclusivos espacios de discusión y debate. En 1934, Paul Jacot Descombes fundó la Liga Pacifista (Ansar al-Salam) junto a Sakellanis Yamakakis y Raymond Aghion, declarado socialista utópico, con el objetivo de luchar contra el creciente fascismo en la región. Descombes, nacido en El Cairo de padres suecos, tras su experiencia en Alemania y su contacto con los trabajadores de Asuán, consideró necesaria la formación de grupos políticos en Egipto que combatieran el fascismo a través de una feroz propaganda antifascista. La Liga Pacifista surgió como sección del Comité Mundial contra la Guerra y el Fascismo (Amsterdam-Peyel) y en 1936 se adhirió al movimiento internacional Rassemblement Universal pour la Paix (RUP), en el que participaban importantes personajes de la época como Pierre Cot y el conservador británico Lord Robert Cecil, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1937. La Liga Pacifista fue conocida en los años treinta por su labor antifascista: atacó la ocupación italiana en Etiopía y apoyó a los republicanos españoles en su lucha contra el fascismo, organizando seminarios sobre la Guerra Civil española y campañas de solidaridad. Tanta era su preocupación por España y la lucha contra el bando franquista que la Liga se puso en contacto con el embajador español en Egipto para expresar su intención de mandar voluntarios a luchar en el bando republicano 16.

En constante contacto con las redes internacionales contra el fascismo, la Liga tuvo un marcado carácter local. Descombes, declarado comunista, creía firmemente en la necesidad de construir un movimiento marxista donde los extranjeros o egipcianizados tuvieran un papel secundario y de mera asistencia. Precavido a la hora de expresar abiertamente sus intenciones, su objetivo era poder proseguir con los objetivos antifascistas de la Liga sin la interferencia de las autoridades tanto egipcias como británicas, especialmente preocupadas por el auge del «bolchevismo», como apuntan los documentos consulares de la época. Para Descombes, los antifascistas italianos eran elementos poco fiables y rechazó cualquier tipo de colaboración 17. Muchos de los miembros de la Liga veían estas constantes precauciones más como un obstáculo que como una ventaja en términos de seguridad. Marcello Leone (1913-), conocido comunista egipcio de origen italiano y miembro de la Liga, recuerda este episodio de la siguiente manera:

«Estaba desilusionado. Paul Jacquot-Descombes siempre fue un verdadero comunista, muy prudente, demasiado prudente. No podía olvidar la traición del secretario general del partido que había causado el arresto de decenas de militantes. Tenía una obsesión y se comportaba con un sectarismo total, una sospecha increíble. Estaba en contacto con un grupo de antifascistas y había propuesto que se adhiriesen a la Liga. Jacquot-­Descombes lo rechazó, veía provocadores por todas partes» 18.

Leone, que tras su estancia en el Líbano por motivos de salud fue nombrado corresponsal del Partido Comunista sirio-libanés Saut al-Sha’ab, al igual que Descombes, se dio cuenta de que el papel de los marxistas extranjeros en Egipto, en un contexto de grandes contradicciones y de lucha anticolonial, tenía que concentrarse en aspectos formativos y no les correspondía ocupar posiciones de liderazgo 19.

La Liga Pacifista, que progresivamente se convirtió en una organización paraguas para marxistas egipcios y no egipcios, se ar­ticuló a través de tres secciones: Alejandría, El Cairo y Port Said. Un esquema que recordaba a la organización del primer movimiento anarquista en la región y a otros movimientos de izquierdas de la época. Esto se explica por el carácter internacional de los miembros de la Liga, formada por un gran número de expatriados o egipcianizados. Su composición es importante si atendemos a uno de los grandes debates del comunismo egipcio, sobre todo a partir de los años cuarenta, que giraba en torno a la necesidad de egipcianizar sus cuadros y convertir el exclusivo movimiento en uno de masas que aglutinara a los sectores más pobres de la sociedad. Otro de los grandes debates era si incluir en el movimiento a trabajadores, ya que hasta el momento había estado enfocado exclusivamente a intelectuales de clase media. A este proceso se le llamó ta’aml (dar la organización a los trabajadores). Al igual que el primer movimiento marxista de los años veinte, en esta nueva etapa la izquierda y la movilización antifascista emergieron de las comunidades de expatriados intelectuales y trabajadores europeos, sobre todo en Alejandría, El Cairo y Port Said. Liderados por miembros de las comunidades de egipcianizados, estos grupos apoyaron los objetivos del movimiento mundial por la paz y la vuelta a la armonía entre diversas comunidades. La comunidad griega, mayoritariamente presente en Alejandría, fue muy activa en esta ciudad, ya que luchaba al mismo tiempo contra la dictadura de Metaxas (1936-1941) y la usaron, al igual que muchos, como organización paraguas para la formación de un movimiento marxista propio. Entre ellos participaron Theodosis Pierides, empleado de los tribunales mixtos, escritor y poeta comunista expulsado en 1946, y Yanni Hadjiandria, escritor y miembro activo de la Liga. La comunidad de trabajadores y exiliados políticos provenientes de Italia se asentaron en las tres ciudades. Poseían una larga historia de participación en los movimientos sindicales en Egipto, al igual que los integrantes de la comunidad griega. Su participación en la Liga fue de notoria importancia para contrarrestar la feroz propaganda fascista que el régimen de Mussolini estaba llevando a cabo en el país. La sección de Port Said, que formaba parte de la Liga de las Naciones Unidas, incorporó a numerosos residentes británicos, que a su vez fundaron un Comité Internacional por la Defensa de la Paz en 1935 20.

La Liga recibió también el apoyo de diferentes organizaciones del movimiento feminista egipcio. Además, se crearon secciones femeninas del movimiento por la paz internacional en el país, como fue el caso de la sección de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, y la sección de la Liga Internacional de Madres y Educadoras para la Paz, compuesta por activistas de la Unión Feminista Egipcia (en adelante, UFE) cuyo objetivo era promover una educación pacifista desde la infancia 21. Asimismo, la UFE, que siempre se mantuvo como organización independiente y autónoma de la Liga, colaboró muy de cerca con el movimiento antifascista en Egipto. La Liga organizó conferencias donde participaron importantes miembros de la UFE, como la reunión de 25 de octubre de 1935 en favor de la paz y contra la agresión italiana en la que intervinieron Huda Sha’arawi (1879-1947) y Ceza Nabarawi (1897-1985). La UFE facilitó espacios y salas para la organización de eventos de la Liga y algunos de sus miembros participaron en las conferencias internacionales de la RUP, como sección egipcia de la lucha antifascista, aunque siempre manteniendo sus siglas.

La Liga Pacifista, como organización paraguas, fue la primera experiencia en la vida política de muchos jóvenes que más tarde comenzaron a organizarse en torno al marxismo. Todo ello vino de la mano del redescubrimiento de la cuestión nacional y colonial a través del activismo internacionalista como elemento decisivo en su compromiso político. Yussef Darwish (1910-2006), abogado e importante figura de la historia del comunismo egipcio, se hizo comunista durante su estancia en la Universidad de Toulouse, donde estuvo expuesto a la literatura marxista y fue miembro de una sección local del Partido Comunista francés. La mayor parte de estos jóvenes también evolucionaron hacia el marxismo en un proceso constante de arabización del movimiento comunista.

Las divergencias entre los miembros de la Liga dieron lugar a la escisión del grupo. Aunque muchos de sus miembros querían convertirla en un partido, Jacot-Descombes rechazó cualquier referencia marxista desde el inicio. Además, consideró que el movimiento no estaba preparado ni el contexto político lo permitía. Los debates sobre la egipcianización del movimiento y la necesidad de fundar un partido comunista sin miedo a las etiquetas se materializaron en una ruptura que dio lugar a la fundación, por un lado, de la Unión Democrática, club político cultural dirigido por Esam Hefni Nasef donde participaron numerosos miembros de la comunidad de egipcianizados y expatriados; por otro, del grupo clandestino Liberación del Pueblo (Tahrir al-Sha’ab), dirigido por Marcel Israel, y, por último, del círculo secreto marxista Grupo de Estudios (Gama’at al-Buhuz), creado por los jóvenes judíos egipcios Yussef Darwish y Raymond Douaik, cuyo propósito era estudiar la sociedad egipcia. El Grupo de Estudios de Darwish y Douaik publicó el libro Egypt Now dirigido a los soldados aliados en Egipto con la intención de educarlos sobre la historia y la situación social del país.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, la Liga Pacifista se disolvió, poniendo fin a una de las mayores iniciativas antifascistas transnacionales creadas con una base política heterogénea. Su disolución no significó el fin de la actividad antifascista en la región, ya que la Liga ayudó en el proceso de politización de muchos jóvenes que, a través de esta primera experiencia, continuaron su actividad política en otros colectivos culturales, artísticos y políticos, donde el antifascismo, junto al anticolonialismo y la lucha por la liberación nacional, fueron sus grandes retos.

Un año antes de la disolución de la Liga Pacifista, el 22 de diciembre de 1938, un grupo de treinta y un artistas, escritores y abogados, muchos de ellos activos en la Liga Pacifista, firmaron el manifiesto de Georges Henein: Larga vida al arte degenerado (Yahiyya al-Fann al-Munhat) 22. En este manifiesto, Henein y los demás firmantes criticaban de manera contundente el autoritarismo de la «sociedad moderna» y de sus instituciones. El manifiesto surgió como una respuesta a la prohibición de «los repulsivos artistas y poetas» y, sobre todo, a las exhibiciones Entartete kunst en Múnich en 1937, enmarcadas en la campaña contra el arte degenerado que comenzó Adolf Hitler y en la que participaron más de 112 artistas con 650 obras de arte 23. Con la reivindicación del término «degenerado» (al-munhat), el grupo Arte y Libertad, surgido un año más tarde de la firma de este manifiesto, articuló un discurso antiautoritario y antifascista: «El arte, por su naturaleza, es un intercambio intelectual y emocional constante en el que la humanidad como un todo participa y no puede, por lo tanto, aceptar estas limitaciones artificiales», consideraba George Henein 24.

El auge del fascismo tanto fuera como dentro de las fronteras de Egipto fue uno de los principales catalizadores para la formación del grupo Arte y Libertad. Su objetivo era la liberación de todas las formas de opresión de los regímenes autoritarios, locales, internacionales o autoimpuestos a través de la propagación de un programa revolucionario que defendiera la imaginación, la libre expresión artística y corporal, así como la libertad social y personal. A nivel local, como apuntan Bardaouil y Fellrath 25, se centraron en criticar la rigidez y el control de las artes por las instituciones ligadas al Estado, como la Escuela Egipcia de Bellas Artes, fundada en 1908 y convertida en la institución por excelencia en la enseñanza del arte profesional moderno 26. Sin embargo, la preocupación por el fascismo fue constante en las actividades del grupo. En 1935 en Un Effort, revista literaria ligada al grupo Les Essayistes donde participaron algunos miembros de Arte y Libertad, se publicó un diccionario titulado Fragmentos del pequeño Larousse ilustrado. Diccionario para uso del mundo burgués (Fragments du petit Larousse ilustré. Dictionaire à l’ussage du monde bourgeois), donde se define el fascismo como «una manera diferente de enfadar a los otros» (encore un manière de fâcher les autres) 27. Asimismo, Ramsis Yunan (1913-1966) 28, destacado pintor, escritor y miembro del grupo, escribió en 1942 el artículo «El peligro del fascismo» (Khaturat al-Fashiyya), donde denunciaba la postura de ciertos intelectuales que no veían el peligro del fascismo y se «lava[ba]n las manos» como hacían otros «jugando a las cartas» 29. Asimismo, Yunan se definió abiertamente contra el fascismo y las mafias que lo componían:

«Y adoptaremos siempre una posición de hostilidad hacia el fascismo y sus numerosas facetas. Porque nosotros odiamos con contundencia estos elementos del fascismo, tanto en Europa como fuera de ella, en los que se basa la mafia fascista. Vemos en esta victoria el presagio de un futuro asfixiante y la decapitación de todos los tesoros profundos de la humanidad de este tiempo» 30.

La cuestión palestina: el antifascismo y el antimperialismo
ante el sionismo

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la cuestión palestina pasó a ser uno de los temas más importantes de la política egipcia. Algunos autores consideran que los asentamientos judíos en la región, junto a la preocupación por el creciente antisemitismo, provocaron un aumento de la atención y la presencia de la causa palestina entre los miembros de las organizaciones marxistas en Egipto años antes del estallido de la Gran Guerra 31. Los marxistas no fueron los únicos que en los años treinta comenzaron a hacerse eco de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Palestina. Joven Egipto, los Hermanos Musulmanes y el propio partido Wafd se habían erigido una década antes como los grandes defensores de la causa 32. Con el comienzo de la revolución palestina en octubre de 1933, muchos organismos sociales se solidarizaron con el pueblo palestino. Estas muestras de respaldo, que las autoridades egipcias intentaron acallar con el fin de que no incidieran en las negociaciones con los británicos —que acabaron prolongando en el tiempo la presencia de su ejército—, se intensificaron durante la Gran Revolución (al-Zawra al-Kubra) de 1936 a 1939. En el imaginario anticolonial egipcio, la causa palestina estaba íntimamente ligada a los estragos del imperialismo y a la colonización, y en ella se proyectaron sus propias inquietudes de descolonización. A pesar de la popularidad de la causa palestina en un momento crucial para el propio pueblo egipcio, las posiciones respecto del sionismo, la partición de Palestina y la consecuente fundación del Estado de Israel dividieron al movimiento marxista egipcio y, en concreto, a sus militantes judíos.

Como miembro de la comunidad judía, Yusuf Darwish comenzó a interesarse por Palestina en los años treinta influido por un libro que había leído durante sus años de estudio en París 33. En 1936 contactó con líderes de la revuelta palestina y organizó campañas de solidaridad para recaudar dinero junto a Raymon Douaik y Ahmad Sadik Saad, los tres de origen judío, declarados antisionistas y miembros de la Liga Pacifista. En 1945 fundaron la revista al-Fayr al-Yadid (El nuevo despertar), enfocada a los problemas del proletariado egipcio y la lucha sindical. Al-Fayr al-Yadid apoyó la primera manifestación antisionista de Egipto, criticando la posición abiertamente racista y antisemita de los Hermanos Musulmanes y de la organización Joven Egipto 34.

Los miembros del grupo Arte y Libertad fueron también destacados antisionistas. Las relaciones con Francia y la adhesión al movimiento surrealista se vieron truncadas cuando Ramsis Yunan, tras una polémica sobre la fundación del Estado de Israel, cortó todo tipo de relación con el grupo surrealista parisino. Este hecho es importante para comprender el carácter autónomo de las vanguardias árabes cuando la política se cuela en la actividad artística. Es una de las vías de análisis del antifascismo, en este caso, menos estudiada, en la medida en que la separaría del tronco occidental del que se le hace depender y, además, ahondaría en sus contradicciones ideológicas hasta el punto de quedar en cuestión su razón misma de ser. En 1948, el grupo surrealista parisino publicó un manifiesto titulado A la niche les glapisseurs de Dieu!, que Ramsis Yunan se negó a firmar. En mayo de 1948, los surrealistas en Francia llevaron a cabo actividades de recaudación de fondos para la fundación del nuevo Estado hebreo en Palestina 35. Breton consideró que esta solución ayudaría a evitar los pogromos antisemitas. Sin embargo, Henein y Yunan rechazaron participar, argumentando que esta acción iba en contra del surrealismo, opuesto, por definición, al Estado 36.

En 1944, Anwar Kamil (1919-1973), quizá uno de los miembros del grupo Arte y Libertad menos estudiado por su vinculación más política que artística con el grupo, publicó un folleto titulado Sionismo (al-Sahiuniyya) donde comparaba el sionismo con el nazismo. Gilbert Achcar 37 argumenta de manera acertada que quizá este panfleto sea uno de los documentos más inusuales sobre el sionismo de la época. Para Kamil, el extremismo exterminador de Alemania era comparable al extremismo exterminador del sionismo en Palestina. La inusual crítica de Kamil dentro del marxismo egipcio, así como el estilo de su relato —su uso de términos del acervo islámico como mujahidin para hacer referencia a los palestinos que defendieron la causa árabe en 1948—, le valió la invitación de Hassan al-Banna para felicitarle por el escrito 38. Vemos cómo la visión estanca y parcelada de los grupos políticos no nos sirve para entender las afiliaciones, colaboraciones o propuestas políticas compartidas en un momento de lucha anticolonial.

Por su parte, la organización conocida por sus siglas ISKRA, en árabe al-Sharara (Chispa), fundada por Hillel Schwartz en 1942, tenía también un marcado carácter antisionista. Compuesta en su mayoría por jóvenes de origen judío, los miembros de ISKRA consideraban que el sionismo era una amenaza a su identidad como judíos egipcios 39. En 1946-1947, liderados por Ezra Harari, descendiente de una respetada y conocida familia judía de Egipto, algunos miembros de esta organización formaron la Liga Judía contra el Sionismo en El Cairo, con sede también en Alejandría. Esta Liga denunció que el sionismo era una herramienta política del imperialismo británico. En una nota que distribuyeron en árabe y francés a los judíos de Egipto intentaban disuadirlos de emigrar a Palestina: «¡Abajo con el sionismo! ¡Larga vida a la hermandad entre judíos y árabes! ¡Larga vida al pueblo egipcio!» 40. Para los antisionistas del movimiento marxista egipcio, el sionismo constituía una amenaza colonial que interfería con los deseos de independencia nacional propios. Por ello, pedían la creación de un frente unido de judíos y árabes en Palestina contra el imperialismo y el sionismo, considerado una estrategia imperialista 41.

En 1943, Henri Curiel, un conocido marxista egipcio de origen judío y de procedencia italiana, fundó el Movimiento Egipcio por la Liberación Nacional (MELN), con el objetivo de crear un frente unido en la lucha por la independencia nacional. La partición del territorio palestino y la creación del Estado de Israel supusieron un éxito en el imaginario antifascista internacional y por ello la cuestión palestina pasó a ser una prioridad para el MELN. En un detallado informe publicado con ocasión de la manifestación antisionista de 1945 en El Cairo, Curiel criticó abiertamente la partición de Palestina, que consideraba un «país binacional». Sin embargo, el movimiento comunista, y, en concreto, Henri Curiel y el MELN, terminaron aceptando la división y apoyaron la resolución de la ONU del 14 de mayo de 1947, como así lo hicieron también los comunistas palestinos. No hay duda de que Curiel y el MELN rechazaban el sionismo como ideología; sin embargo, admitieron sus diferencias con la Liga Judía contra el Sionismo, operativa también en Egipto, y terminaron siguiendo las directrices de la Unión Soviética y el internacionalismo de la época. Curiel consideraba que con una postura moderada y sin declararse abiertamente antisionista podía convencer a los judíos egipcios de no emigrar a Palestina. Para Curiel, la liberación nacional y el antifascismo eran dos cuestiones que estaban por encima de cualquier otra consideración. «S’il y a défense du peuple juif, c’est par idéologie de la résistance nationale», afirma René Gallissot (2009, 51), su biógrafo más importante, en un intento de defender una postura poco entendida para muchos respecto de la causa palestina. Para Curiel y el MENL, la resistencia nacional y la liberación del pueblo judío, como lucha por la emancipación de los pueblos, pasaban por la construcción del Estado de Israel.

El Movimiento Democrático de Liberación Nacional (conocido por sus siglas HADITU), fundado tras la unión del MELN e ­ISKRA en 1947, siguió la línea ideológica de la Unión Soviética sobre Palestina; línea que también adoptaron los partidos comunistas a nivel internacional, no sin críticas por parte de sus miembros. HADITU vio en la cuestión palestina la propia lucha egipcia por la independencia y, en paralelo, la evacuación de las tropas británicas como resultado último de la lucha anticolonial tanto en Egipto como en Palestina 42.

La posición sobre la partición de Palestina supuso la desintegración del movimiento comunista egipcio entre los que se oponían abiertamente al liderazgo de Curiel, que había impulsado la aceptación de la partición y, por tanto, negado la posibilidad de un Estado binacional, conforme a la posición del comunismo internacional, y los que, como Muhamad Tiba, criticaban esta decisión y se vieron rechazados por su oposición a la partición, considerada contraria al internacionalismo y al marxismo 43. En mayo de 1948, el Gobierno egipcio, con motivo de la intervención militar en Palestina, declaró el estado de guerra y aprovechó para agudizar su represión contra el movimiento nacionalista y comunista. Poco tiempo después, al-­Yamahir (Las masas), la revista publicada por el MDLN, fue prohibida y, junto a otros compañeros, Curiel fue encarcelado en una antigua prisión militar hasta su expulsión del país en 1950.

Didar Fawzy (1920-2011), importante militante marxista egipcia y miembro del MENL, fue educada por su padre, director del Banco Nacional de Egipto, en la más feroz crítica al fascismo y al nazismo. Involucrada desde muy joven en los grupos marxistas egipcios, su militancia antifascista pero también por la causa palestina transcurre en paralelo a la de Henri Curiel. Ambos fueron compañeros de activismo político incluso en el exilio: la cuestión nacional egipcia, Palestina y la independencia de Argelia unieron a ambos militantes en su lucha emancipatoria hasta el inesperado asesinato de Curiel en París. Didar Fawzy, como muchos de los militantes marxistas judíos egipcios de la época, no se inclinó por el sionismo, pero, al igual que los miembros del MDLN, tampoco se opuso a la partición de Palestina de 1948.

La cuestión palestina y la anticolonial dividieron a los marxistas en los años de lucha contra el imperialismo en la región. Muchos de ellos vieron en el sionismo la solución al antisemitismo nazi que estaba creciendo en el país. Leon Castro ejemplifica esta tendencia. Castro combinó su actividad política con su militancia en el partido Wafd, en paralelo con la organización de actividades en apoyo al sionismo en El Cairo. Fundó y lideró, junto a otros miembros, la Unión Sionista egipcia (al-Ittihad al-Sahyuni al-Misri) para luchar contra el antisemitismo nazi en la región, llegando a pedir el boicot a los productos y la producción cultural alemana. Como parte de esta campaña fundó la Liga para Combatir el Antisemitismo (Yami’yyat Mukafahat al-’Ada’a li-l-­Samiyya), conocida por sus siglas LICA. La posición de LICA sobre la cuestión palestina se basaba en una visión de conjunto donde el pacifismo y el sionismo convergían en una misma lucha: la lucha ­antifascista.

A pesar de las fluctuaciones en las posiciones de los marxistas egipcios hacia el sionismo, la cuestión nacional siguió siendo el común denominador. Abiertamente sionistas o antisionistas, todos los militantes consideraban que la lucha por la emancipación nacional y, por tanto, la lucha anticolonial y antifascista iban de la mano. Mientras que para unos esto significó la fundación del Estado de Israel, para otros dicha fundación constituía una extensión más de las garras imperialistas y coloniales en la región. Mientras miraban a Palestina proyectando sus anhelos de independencia colonial, imaginaban un modelo de «comunidad imaginada» del futuro Egipto independiente de la filiación religiosa, étnica o cultural.

Redes transnacionales antifascistas: el caso
de la comunidad italiana

«Il nostro compito era quello di far giungere “l’informazione” a tutti i ceti della collettività italiana di Alessandria, Porto Said e Cairo: denunciare l’abiezione del regime, i delitti che vi si commettevano, e di come già militassero all’interno gli antifacisti, che per questo rischiavano la galera o la vita. L’assassinio di Matteotti, la morte di Gobetti e di Gramsci, e più tardi la guerra d’Etiopia furono via via il materiale scottante nei volantini che i giovani di buona volontà riuscivano a distribuire. Ricordo gli anni della guerra di Spagna come un periodo di fuoco» 44.

Fausta Cialente (1898-1994), novelista, periodista e importante activista antifascista italiana, recordaba así en su libro Le quattro ragazze Wieselberger (1976) la organización de la actividad antifascista en Egipto. Instalada en Alejandría desde el comienzo de su matrimonio con el escritor Enrico Terni en 1921, Cialente organizó la publicación de la revista antifascista Fronte Unito y puso en marcha la emisora de Radio Cairo, programa radiofónico que se emitía en italiano todas las tardes de 19:50 a 20:50. Sin embargo, la independencia de sus emisiones estuvo limitada por las autoridades italianas, inglesas y egipcias en todo momento. De esta manera, el fermento de la organización antifascista italiana en Egipto comenzó a gestarse en su lucha de ultramar contra el fascismo. En esa lucha participaron un número desconocido de jóvenes italianos o italo-egipcios de muy diversa militancia política e ideológica. Iba desde miembros del Partido Comunista italiano como Velio Spano (1905-1964), importante activista anticolonial que participó en 1935 en Egipto en la campaña de Giuseppina Zolia para promover las iniciativas contra la expedición italiana en Etiopía, o como Dina Forti y Laura Levi, hasta un número desconocido de anarquistas, socialistas y demócratas. En los archivos consulares, Marta Petricioli 45 ha descubierto un informe elaborado por la legación de El Cairo a petición del Gobierno italiano para que se rastrease a los nacionales residentes en Egipto que profesaran ideas antifascistas. En ese informe se señalaba que los antifascistas tenían la siguiente composición: doce se definían como socialistas, once como anarquistas, seis eran comunistas, dos eran republicanos, cinco eran masones y el «resto se atribuían ideas antifascistas generales». De hecho, los viejos antifascistas italianos en Egipto, muchos de ellos pertenecientes a la comunidad judía italiana de El Cairo y Alejandría, empezaron a forjar alianzas con los británicos, a quienes consideraban los únicos salvadores y la futura autoridad en el país. Además, esta comunidad, por lo general acomodada, tenía miedo de un contacto directo con un antifascismo un «pó troppo rosso, un po’ troppo rivoluzionario, un po’ tropo repubblicano» 46.

De esta manera, los pocos militantes comunistas, anarquistas y demócratas que aún quedaban en El Cairo y que disfrutaban de los últimos privilegios acordados a los europeos, a pesar de su finalización en 1937, comenzaron su actividad antifascista. En 1940 se fundó la sección egipcia del movimiento antifascista Giustizia e Libertà gracias a la labor de Paolo Vittorelli (1915-2003), descendiente de italianos de Alejandría. Vittorelli dejó el país en 1937 para conocer en París a Carlo Rosselli (1899-1937), fundador del movimiento, y entrar en contacto con el antifascismo internacional. Con la ocupación nazi de Francia, Giustizia e Libertà empezó a organizarse y a operar en Egipto en condiciones distintas a las de París. La idea de trasladar el grupo a Egipto, donde la situación a principios de los años cuarenta era relativamente tranquila para la comunidad italiana y donde los antifascistas locales «eran una pequeña patrulla también perseguida por el Consulado de Italia», formada por «nostálgicos del viejo régimen giolitiano o masones», no estaba del todo clara 47.

Para movilizar y afianzar las actividades del grupo, Vittorelli invitó a El Cairo a Umberto Calosso (1895-1959), amigo íntimo de Antonio Gramsci, y quien, tras participar en la guerra de España, entró en contacto y colaboró con Giustizia e Libertà ocupándose (no siempre en consonancia con Cialente) del programa de Radio Cairo 48. Sin embargo, las diferencias entre las distintas tendencias del antifascismo italiano en Egipto eran insostenibles. Por un lado, estaban los que se habían proclamado fascistas hasta el momento en que el fascismo se tornó antisemita y antimasónico, que fue cuando la mayor parte de la comunidad judía y de los masones, que hasta 1938 habían estado cerca del fascismo, se hizo antifascista. Por otro lado, se encontraban los comunistas, socialistas y anarquistas.

El grupo antifascista italiano, por otra parte, fue bienvenido por parte de las autoridades británicas en Egipto. Las fuerzas británicas tenían un problema de seguridad, ya que la mayor parte de la comunidad italiana en Egipto mostraba inclinaciones fascistas y apoyaba la campaña de Mussolini en Etiopía. El objetivo de Paolo Vitorelli era el de encaminar a Egipto y a todo Oriente a un Estado «modélico» como el de Francia. Sin embargo, las contradicciones que entrañaba su colaboración con la presencia británica, a sabiendas de sus intereses coloniales, le produjeron un malestar que no siempre supo resolver 49.

La colaboración entre los antifascistas locales y la organización exclusivamente italiana del antifascismo, que operaba en la comunidad de expatriados italianos, fue constante. En la Liga Pacifista de Descombes participaron varios grupos antifascistas italianos que operaron en El Cairo, entre ellos, el movimiento Libera Italia de tendencia mazziniana. Sin embargo, una de las colaboraciones más fructíferas, pero también menos exploradas, entre los diferentes movimientos antifascistas presentes en Egipto fue con el grupo Arte y Libertad. La conexión entre el antifascismo italiano en El Cairo y el grupo Arte y Libertad se estableció a través del escritor y periodista turinés Stefano Terra (1917-1986), que en 1941 dejó Italia para exiliarse en Egipto. Mientras estuvo preso en un campo de concentración inglés en tierras faraónicas conoció las actividades antifascistas en El Cairo, llegando a ser redactor de la revista perteneciente al movimiento Giustizia e Libertà, Quaderni di Giustizia e Libertà. En este periodo entró en contacto con las actividades antifascistas de Arte y Libertad; por ello es posible encontrar numerosos artículos de Georges Henein publicados en su mayor parte en 1944 en los Quaderni. En estos artículos Henein argumenta que los partidos de masas (contestando siempre a la experiencia en Rusia) habían fracasado en su respuesta a las necesidades del movimiento obrero en Europa. En su artículo «Della reforma dei partiti dei massa» («De la reforma de los partidos de masa»), George Henein critica la tendencia «tecnicista» de los partidos de masas que habían surgido en Europa y considera que «la iniciativa de los anarquistas españoles, su eficaz llamamiento a la lucha antifranquista de 1936 a 1939, el secreto del dinamismo de Durruti, no se han analizado suficientemente por los autores y los críticos de la izquierda». Lo que criticaba George Henein era el autoritarismo de los partidos de masas que intentaban liderar la revolución y el movimiento obrero. En su artículo «Ricerche sul fallimento dei partiti di massa» («Investigación sobre el fracaso de los partidos de masa») de 1944 es más explícito a la hora de criticar el autoritarismo interno de los partidos que intentaban luchar contra el capitalismo: «La vida interna de los partidos de masa se reduce generalmente a una lucha feroz por ocupar los puestos directivos». En estos artículos publicados en los Quaderni di Giustizia e Libertà, Georges Henein deja claro su antiautoritarismo, que lo acercaba a las posiciones libertarias y anarquistas. Y en sentido inverso, sería necesario un mayor trabajo de las fuentes para poder dilucidar de qué manera el pensamiento de George Henein, y por extensión del grupo Arte y Libertad, influyó en la corriente antifascista italiana también en Italia y de esa manera revertir la tradicional mirada de análisis del antifascismo: Europa versus el resto del mundo. Lo que es innegable es que Henein dedica sus artículos a una reflexión crítica sobre los partidos de masas; cuestión que, por otro lado, no hemos visto que aborde en otros de sus escritos. Consideramos especialmente interesante en su reflexión sobre el fascismo que se hace extensa a los partidos comunistas. Esto tiene sentido si conocemos el carácter antiautoritario del grupo Arte y Libertad y sus posiciones antiestalinistas, que equiparaban el régimen de la Unión Soviética, desde el punto de vista del autoritarismo y la represión, al fascismo.

Conclusión. Antifascismo, anticolonialismo, antimperialismo:
una tríada inseparable

La lucha antifascista es inseparable de la lucha antimperialista tanto en sus expresiones internas como externas a Europa. Sin embargo, el antifascismo europeo perdió interés progresivamente en las luchas anticoloniales y el imperialismo a partir de los años treinta, replegándose, como sucede siempre con las ideologías emancipatorias europeas, sobre sí mismo. Así, el antifascismo dejó de interesarse por Abisinia tras la victoria italiana, a pesar de la guerra de guerrillas que continuó en la región. Una vez que los nazis tomaron el poder en Alemania, la atención política de la izquierda dejó de estar en el mundo colonizado para centrarse en la Europa continental, un giro que estuvo influenciado por la adopción del Frente Popular por parte de la VII Internacional Comunista en 1935 50. El antifascismo europeo olvidó el sufrimiento de los no-blancos por el fascismo. En el caso español, en la narrativa de la izquierda republicana, los «moros» aparecen dibujados como los culpables de grandes atrocidades durante la Guerra Civil, pero no ha existido una reflexión crítica desde estos espacios sobre cómo el fascismo afectó a las colonias españolas en el Norte de África. Sin embargo, la lucha antifascista, anticolonialista y antimperialista es una tríada inseparable en la lucha por la emancipación de las sociedades colonizadas; una tríada olvidada por la historiografía europea sobre las reacciones al fascismo y la articulación del movimiento antifascista. La mirada transnacional no unidireccional, Europa versus el resto del mundo, nos ayuda a descubrir otras maneras de entender el internacionalismo de la lucha antifascista como lucha glocal y emancipatoria. En Egipto, y, sobre todo, desde la izquierda egipcia, se articuló desde diferentes espacios y en colaboración con las redes transnacionales del momento —no como una redefinición o extensión de las mismas, como vemos en el ejemplo de la comunidad italiana en Egipto— un movimiento antifascista heterogéneo en su militancia y libertador en sus objetivos que se pensaba en constante relación con el antimperialismo y el anticolonialismo. Por ello, la partición de Palestina en 1948 fue un momento de gran relevancia que materializa las tensiones entre el internacionalismo marcado por las políticas europeas frente al internacionalismo surgido de las sociedades colonizadas. Mientras que una parte del movimiento marxista egipcio aceptó las directrices de la Unión Soviética sobre la división de Palestina como solución al antisemitismo sufrido por los judíos en Europa, para otros, el sionismo y la creación del Estado de Israel en la región significaron la continuación de la colonización y el imperialismo. Ambas tendencias, aunque en principio contradictorias, partían de la misma lógica: la necesidad de emancipación de los pueblos, tanto el judío como el palestino, todos ellos sometidos o instrumentalizados por el imperialismo y la colonización.

Entender que el antifascismo, el anticolonialismo y el antimperialismo forman parte de una misma lucha, como una tríada inseparable, es también un imperativo más allá de la historia concreta de la izquierda egipcia en el periodo de entreguerras. El caso del marxismo egipcio en su relación con el antifascismo, el anticolonialismo y el antimperialismo nos ayuda a incorporar otras narrativas a la historia del antifascismo y a la creciente literatura sobre historia transnacional, a la vez que nos advierte sobre el peligro epistemológico y ético de leer la historia de las ideas en Europa sin atender a su pasado colonial.


* Este trabajo forma parte de los resultados de investigación del proyecto de I+D «Representaciones del islam en el Mediterráneo glocal: cartografía e historia conceptuales», FEDER-MICINN: RTI2018-098892-B-100.

1 Hugo García: «Transnational History: A New Paradigm for Anti-Fascist Studies?», Contemporary European History, 25, 4 (2016), pp. 563-572, esp. p. 564.

2 Ismael Saz: «Paradojas de la historia, paradojas de la historiografía. Las peripecias del fascismo español», Hispania, 51, 207 (2001), pp. 143-176.

3 Enzo Traverso: La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo xx, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2012, esp. pp. 109-110.

4 Afaf Lufti Al-Sayyid Marsot: A Short History of Modern Egypt, Cambridge, Cambridge University Press, 1985, esp. p. 82.

5 Véase Anna Baldinetti: Orientalismo e colonialismo. La ricerca di consenso in Egitto per l’impresa di Libia, Roma, Pubblicazioni dell’Istituto per l’Oriente C. A. Nallino, 1997.

6 Israel Gershoni y James Jankowski: Confronting Fascism in Egypt: Dictatorship versus Democracy in the 1930s, Stanford, Stanford University Press, 2010, esp. p. 59.

7 Roel Meijer: Contemporary Egyptian Historiography of the Period 1936-1952: A Study of its Scientific and Political Character, Ámsterdam, Netherlands Flemish Institute, 1985, esp. p. 120.

8 James Jankowski: Egypt’s Young Rebels. «Young Egypt», 1933-1952, Stanford, Stanford University Press, 1975, esp. p. 13.

9 Luz Gómez García: Entre la sharía y la yihad. Una historia intelectual del islamismo, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2018, pp. 193-224.

10 La historia del movimiento marxista en Egipto ha sido dividida por Gennaro Gervasio (2005) en tres fases: la primera da comienzo en 1920 con la creación del Partido Comunista egipcio; la segunda se desarrolla en la década de los cuarenta y culmina con la disolución del partido y la unión de sus miembros a la Unión Árabe Socialista, liderada por Gamal ‘Abdel Nasir, y la tercera da comienzo tras la catástrofe (naksa) de 1967 y la formación de la «nueva izquierda», cuyos miembros siguen presentes y activos hasta nuestros días. Véase Gennaro Gervasio: «Scrivere la storia dai margini. Note sulla alternativa marxista in Egitto (1967-1981)», Oriente Moderno, 24, 85 (2005), pp. 437-453.

11 Ibid., pp. 437-453.

12 Selma Bootman: The Rise of Egyptian Communism, 1939-1970, Siracusa, Syracuse University Press, 1989.

13 Bárbara Azaola: «The Communist Movement in Egypt», en Laura Feliu y Ferran Izquierdo: Communist Parties in the Middle East. 100 Years of History, Nueva York, Routledge, Taylors and Francis Group, 2019, pp. 152-167.

14 Para conocer la bibliografía esencial sobre la izquierda egipcia véase Didier Monciaud (ed.): «Les gauches en Egypte», Cahiers d’Histoire. Revue d’histoire critique, 105-106 (2008), http://chrhc.revues.org/1233.

15 Selma Bootman: The Rise of Egyptian..., p. 6.

16 Marcel Israel, importante figura del movimiento comunista egipcio y miembro de la Liga Pacifista, contactó en 1937 con la Embajada de España en Egipto para alistarse en las brigadas internacionales. En su artículo «The Rise of Homemade Egyptian Communism: A Response to the Challenge Posed by Fascism and Nazism?» (2014), Rami Ginat cuenta cómo el embajador lo disuadió de tal propósito, alegando que era más útil para la causa su labor antifascista en Egipto que en España. Véase Rami Ginat: «The Rise of Homemade Egyptian Communism: A Response to the Challenge Posed by Fascism and Nazism?», en Israel Gershoni y James Jankowski (eds.): Arab Responses to Fascism and Nazism. Attraction and Repulsion, Austin, University of Texas Press, 2014, pp. 195-215, esp. p. 202.

17 Didier Monciaud: «Pacifisme, antifascisme et anticolonialisme dans l’Égypte des années 1930: l’expérience de la ligue pacifiste Ansâr al Sâlam», Cahiers d’histoire. Revue d’histoire critique, 127 (2015), pp. 51-74, p. 11, http://chrhc.­revues.org/4406.

18 Guido Valabrega: «Note sulla partecipazione di italiani ai movimenti antifascisti in Egitto negli anni trenta e quaranta», Italia contemporanea, 203 (1996), pp. 203-304, esp. p. 298.

19 Ibid., esp. p. 297.

20 Ibid., esp. p. 4.

21 Didier Monciaud: «Pacifisme, antifascisme...», p. 11.

22 George Henein: «Yahiyya al-Fann al-Munhat», al-Kitaba al-’Ukhra, Al-Qahira, s. e., 1992.

23 Patrick Kane: «Art Education and the Emergence of Radical Art Movements in Egypt: The Surrealists and the Contemporary Arts Group, 1938-1951», Journal of Aesthetic Education, 44, 4 (2010), pp. 95-119, esp. p. 97.

24 George Henein: «Yahiyya al-Fann...».

25 Sam Bardaouil y Till Fellrath: Art et Liberté. Ruptura, guerra y surrealismo en Egipto (1938-1948), Madrid, SKIRA, 2017, p. 34.

26 Patrick Kane: The Politics of Arts in Modern Egypt: Aesthetics, Ideology and Nation Building, Londres, I. B. Tauris and Co. Ltd., 2013, p. 26.

27 Un Effort, núm. 51, febrero de 1935, p. 23.

28 Nació en la provincia de Minia, en el alto Egipto, en una familia de clase media baja. A los quince años, tras la muerte de su padre, se encargó de sacar adelante a sus cuatro hermanos. En 1933 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de El Cairo y tras su exilio en Francia en 1956 ya tenía una posición clara sobre su inclinación política, más cercana al anarquismo individualista que a cualquier otra rama de la izquierda.

29 Ramsis Yunan: Dirasat fi-l-fann, El Cairo, Maktaba al-’usra, 2012, p. 57.

30 Ibid., p. 58.

31 Joel Beinin: Was the Red Flag Flying There? Marxist Politics and the Arab-Israeli Conflict in Egypt and Israel 1948-1965, Berkeley, University of California Press, 1990, y Abdelqader Yasin: Al-Qadiyya al-Filistiniyya fi-l-fikr al-yasar al-misri, Beirut, Dar Ibn Khaldun, 1981.

32 Abdelqader Yasin: Al-Qadiyya al-Filistiniyya..., p. 20.

33 Joel Beinin: Was the Red Flag..., p. 55.

34 Ibid., p. 56.

35 Ondřej Beránek: «The Surrealist Movement in Egypt in the 30s and 40s», Archiv Orientální, 73, 2 (2005), pp. 203-222, esp. p. 207.

36 Sarane Alexandrian: Georges Henein, París, Editions Seghers, 1981, p. 56.

37 Gilber Achcar: The Arabs and the Holocaust, Londres, Saqi Books (Epub), 2010, p. 55.

38 Ibid., p. 56.

39 Joel Beinin: Was the Red Flag..., p. 57.

40 Alisa Douer y Karim Hanta: Egypt - The Lost Homeland: Exodus from Egypt, 1947-1967. The History of the Jews in Egypt, 1540 BCE to 1967 CE, Berlín, Logos, 2015, p. 111.

41 Joel Beinin: Was the Red Flag..., p. 58.

42 Ibid., p. 60.

43 Ibid.

44 Guido Valabrega: «Note sulla partecipazione...», pp. 203-304, esp. p. 294.

45 Marta Petricioli: Oltre Il Mito. L’Egitto Degli Italiani (1918-1947), Milán, Bruno Mondadori, 2007, pp. 370-371.

46 Paolo Bagnoli: Roselli, Gobetti, e la rivoluzione democratica. Uomini e idee tra liberalismo e socialismo, Florencia, La Nuova Italia, 1996, p. 245.

47 Ibid.

48 Ibid., p. 248.

49 Ibid., p. 246.

50 Tom Buchanan: «“The Dark Millions in the Colonies are Unavenged”: Anti-Fascism and Anti-Imperialism in the 1930s», Contemporary European History, 25, 4 (2016), pp. 645-665, esp. p. 646.