Ayer 123/2021 (3): 107-134
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2021
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/123-2021-05
© Carles Santacana
Recibido: 18-1-2019 | Aceptado: 10-1-2020
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Imágenes sobre Cataluña en el franquismo: el regionalismo bien entendido en las pantallas. El NO-DO (1960-1975)
Carles Santacana
Universitat de Barcelona
carles.santacana@ub.edu
Resumen: El presente artículo se interesa por uno de los mecanismos del Estado franquista para generar y transmitir masivamente su imaginario cultural y político. Este propósito se concreta en el análisis del tratamiento informativo que realizó el NO-DO, documental oficial de inserción obligatoria en las salas cinematográficas, en relación con la sociedad catalana durante la etapa desarrollista. Revisando las más de 800 noticias emitidas se constata qué temáticas eran las más recurrentes, cuál era el discurso predominante y qué personajes aparecieron de forma más habitual. En definitiva, qué imagen querían proyectar de Cataluña y los catalanes.
Palabras clave: franquismo, Cataluña, NO-DO, historia cultural, nacionalismo banal.
Abstract: This article addresses one of the mechanisms used by the Francoist state to generate and transmit its cultural and political imaginary to a wide audience. Specifically, it examines the official NO-DO newsreels that were required screening in Spanish cinemas, and analyses how they depicted Catalan society during the period of economic boom. The article is based on 800 news reports. These are used to identify the most frequently recurring subjects, the predominant discourse, and the most commonly appearing personalities. All in all, they portray the image of Catalonia that the Franco regime sought to portray to the Catalans.
Keywords: francoism, Catalonia, NO-DO, cultural history, banal nationalism.
Se ha discutido mucho en nuestra historiografía en los últimos años acerca de los nacionalismos y las identidades desde múltiples ópticas y objetos de estudio. En los últimos años los estudios sobre los nacionalismos en España 1, incluyendo al español, han ganado mucho terreno y diversidad de planteamientos tanto desde el análisis en la construcción teórica de los discursos, sus referentes intelectuales y su proyección en cuanto proyectos políticos, como también en el ámbito de las representaciones y su transmisión social. La vía que pretendemos trazar en este artículo discurre precisamente en el campo de las representaciones, y entre estas, las destinadas a modelar unas determinadas imágenes en el mayor número posible de personas; es decir, en la comunicación de masas. El objetivo que nos proponemos es analizar las representaciones 2 que hizo el franquismo de la sociedad catalana, en tanto en cuanto esta tenía un pasado reciente claramente connotado en términos negativos —rojoseparatista—. Y circunscribimos más la propuesta, centrando el análisis en uno de los medios oficiales de mayor penetración social, el NO-DO, que estudiaremos a lo largo del periodo 1960-1975. Atenderemos a las representaciones y los estereotipos relacionados con Cataluña que proyectaba a todos los españoles, singularmente sobre aquellos lugares comunes (personajes, conmemoraciones, lugares de memoria...) que podían dar lugar a diferentes usos e interpretaciones.
No descubrimos nada nuevo si afirmamos que a lo largo del primer tercio del siglo xx la sociedad catalana estuvo inmersa en un proceso de nacionalización que seguía un canon catalanista. Ciertamente, dispuso de escasa apoyatura institucional (breves periodos de la Mancomunitat, 1914-1923, y la Generalitat, 1931-1939), pero creció gracias a un mar de fondo construido por escritores e intelectuales y difundido por una vasta red asociativa que caló en amplios sectores de la población y cobró también forma con un sistema de partidos políticos propio, que se manifestó con absoluta claridad durante la Segunda República con la hegemonía absoluta de los dos partidos catalanistas, la Lliga y Esquerra Republicana. La durísima conflictividad social que se vivió en aquellos años no impidió que el tejido social catalanista mantuviese unos referentes comunes más allá de la batalla política institucional. Los elementos que configuraban la catalanidad —especialmente lengua, cultura y tradiciones— se fueron identificando con el catalanismo, entendido este como un movimiento de reivindicación de derechos políticos de la colectividad que se concretaba en la demanda de autonomía política dentro del Estado español. Siendo cierto que la identificación entre catalanidad y catalanismo fue asumida por gran parte de la población, resulta innegable que algunos sectores de filiación carlista 3 e incluso monárquicos alfonsinos mantuvieron con eco minoritario una cierta idea de catalanidad que no necesariamente desembocaba en un catalanismo político, y también que otros sectores como el obrerismo cenetista no asimilaban los dos conceptos. La Guerra Civil supuso una ruptura especialmente contundente, puesto que identificó el catalanismo con la República y la Generalitat, mientras que el bando franquista hacía exaltación de un españolismo que prácticamente no dejaba espacio a atisbos de catalanidad.
El fin de la Guerra Civil y la instauración del franquismo supusieron la eliminación de cualquier elemento que se pudiera identificar con el catalanismo político en una oleada españolista sin precedentes por parte de todo el aparato del Nuevo Estado, que identificaba como enemigos a batir definitivamente tanto el marxismo como lo que llamaba separatismo, término sin límites definidos que podía incluir tanto actividades catalanistas de intencionalidad política como otras mucho más inofensivas. Así las cosas, el catalanismo sobrevivía solo en el exilio y en la clandestinidad, mientras que el discurso oficial franquista insistía en la retórica joseantoniana en relación con Cataluña, aunque también en ese punto las visiones de falangistas y carlistas no siempre coincidían, como ya explicó Joan M. Thomàs 4 para la inmediata posguerra.
En cualquier caso, es evidente que el régimen franquista sostenía una articulación bien fundamentada de una determinada visión de la nación española 5 en la que hallaba encaje un papel específico y subsidiario de todo aquello que se consideraba local/regional 6. Si bien es cierto que una de las razones esgrimidas para la sublevación militar de 1936 había sido el peligro que según sus promotores corría la unidad de España y el sentido «disolvente» de esa unidad que protagonizaban los nacionalismos alternativos, también resulta innegable que la dictadura llegaría a plantearse desde el poder la posibilidad de que hubiese regionalismos positivos, incardinados en la lógica superior de la nación española. A partir de esa premisa se podía hablar de regionalismo bien entendido, cuyo solo reconocimiento implicaba que también existía otro mal entendido que era el que se propusieron combatir desde 1936. Es muy revelador, en este sentido, el caso valenciano —profusamente estudiado— 7, con el cuñadísimo Ramon Serrano Súñer poniendo la guinda al afirmar que «es tan sano el regionalismo valenciano que, lejos de cercenarlo, hay que procurar por todos los medios difundirlo» 8. Ese era, sin duda, el regionalismo bien entendido, más fácil de aplicar allí donde los ismos territoriales no habían tomado anteriormente dimensión política, pero que se trataría de aplicar en todas partes 9, incluso en ocasiones fomentando localismos 10 (alicantinismo, leridanismo, tortosinismo...) opuestos a sus respectivos regionalismos.
Lo expuesto hasta aquí nos permite constatar que proyectos políticos distintos, sobre todo el catalanista mayoritariamente autonomista y el regionalista españolista —cada uno de ellos con sus distintas líneas ideológicas—, construían unos determinados imaginarios particulares, pero podían compartir puntos de referencia con claves interpretativas distintas. Imaginarios que se construyen a partir de múltiples indicadores: lugares de memoria, hechos históricos, personajes emblemáticos, distintivos literarios, incluso paisajes, entre otros elementos referenciales que pueden ser utilizados para justificar una identidad local, una de ámbito regional u otra de rango nacional, con distintos grados de interrelación. Todo dependía de la interpretación que se diera a cada uno de estos elementos, ya fuera el monasterio de Montserrat o la figura de Jacint Verdaguer, por poner dos ejemplos.
Así las cosas, nos interesa profundizar en un esquema de análisis poco transitado, ya que para el periodo franquista lo más habitual ha sido estudiar la reconfiguración de los discursos catalanistas 11, ya fuese el de base católica, el socialista o el comunista, la revaloración del europeísmo o las respuestas a los interrogantes sobre la catalanidad y la inmigración 12. Es evidente que todos estos temas son importantes, como también el discurso oficial de la dictadura respecto de la realidad catalana e incluso las percepciones que tenían en privado 13. No obstante, en este momento nos interesa analizar los materiales con los que se construyó durante el franquismo la imagen oficial del régimen sobre Cataluña y la sociedad catalana. Andrea Geniola ya ha llamado la atención sobre este particular señalando la importancia de una correcta definición de los términos región y nación, fundamento imprescindible para analizar sus interrelaciones. Así, si desde la perspectiva franquista la región era una entidad inscrita en el Estado-nación y el regionalismo representaba su fundamentación cultural, «nos percataremos de que ni la región está en contradicción con la nación ni el regionalismo con el nacionalismo» 14. También sabemos perfectamente que este principio general se adaptaba de forma distinta en función de la existencia o ausencia previa de nacionalismos subestatales reivindicativos, que hacían más compleja la ecuación que funcionaba sin conflictos en muchas regiones españolas.
No cabe duda que las construcciones de las imágenes a las que aludíamos toman su verdadero sentido vinculadas a una dinámica histórica precisa. Es por esa razón que vamos a analizar como coyuntura específica la etapa del tardofranquismo, denominación que quizá no es especialmente satisfactoria, como también son parciales la apelación al desarrollismo o al segundo franquismo, pero que la historiografía ha convenido en singularizar como esa fase en que la dictadura había conseguido su consolidación por la vía del reconocimiento internacional e intentó beneficiarse del auge económico que vivía la economía exterior, aunque al mismo tiempo debía hacer frente a una nueva oposición protagonizada en buena medida por las nuevas generaciones. Es una cronología —desde inicios de los sesenta hasta la muerte del dictador— útil también para el tema que nos ocupa.
Si bien los primeros años sesenta supusieron una cierta recuperación de productos culturales en catalán generados por los círculos de la oposición política (la revista Serra d’Or y Edicions 62 serían sus hitos más notables), sometidos a restricciones y siempre bajo el manto de la actividad cultural, las autoridades franquistas afirmaban en público que la unidad de la nación española estaba plenamente consolidada y que ya era posible reconocer la existencia de realidades regionales. Incluso era posible un discurso del desarrollo regional a partir de conceptos geográficos y económicos en boga entre los economistas anglosajones, que de hecho se tomaron en parte para justificar la política de los planes de desarrollo. Es fácil constatar cómo a principios de los sesenta el concepto de la región empezaba a mutar su significado en el mundo oficial franquista. Resulta muy significativo que el primer número de la revista Climas, dirigida por Rafael Ansón (en aquellos momentos asesor de prensa de presidencia del gobierno), se refiriese en el editorial de enero de 1962 al concepto de región en estos términos: «La palabra región ha sufrido en nuestro país un evidente descrédito. Y, sin embargo, es curioso que mientras en España cada vez que alguien habla de regiones o de regionalismo se piensa en un tradicionalismo anacrónico o en un separatismo político, en el extranjero están llegando por diversos caminos a un planteamiento regional de los problemas» 15. Justamente ese mismo año las Ediciones del Movimiento imprimían El desarrollo regional en España, folleto en el que se afirmaba que dicho desarrollo
«sirve al sentido de la unidad nacional —unidad enriquecida por la espontaneidad y la variedad de nuestras comarcas y nuestras costumbres— y representa un esfuerzo para integrar en un solo movimiento positivo la doble línea en que se mueven los impulsos de nuestro pueblo: un afán de modernidad vigoroso y un deseo firme de seguir conviviendo de acuerdo con los valores que constituyen, históricamente, la esencia de la españolidad» 16.
Por otra parte, y específicamente en relación con la dinámica catalana, también debemos tener en cuenta la reactivación de las elites franquistas catalanas que supuso el acceso a la alcaldía de Barcelona de José María de Porcioles (1957-1973) 17, persona ambiciosa que se afianzó en el poder tejiendo una extensa red de complicidades, aprovechando la coyuntura económica expansiva, con guiños públicos a una catalanidad inofensiva políticamente de carácter folklórico. Fue en ese contexto cuando en 1960 el Gobierno orquestó la llamada Operación Cataluña, con la presencia más prolongada de Franco en Cataluña y las famosas tres c (cesión del castillo de Montjuïc a la ciudad de Barcelona, carta municipal y compilación del derecho civil catalán), aunque prácticamente apenas tuvo efectos reales. A esta esquemática caracterización se debe añadir el dinamismo social y económico que caracterizó la década de los sesenta, etapa en que Cataluña vivió el aluvión poblacional más grande de su historia y en la que se visualizó fácilmente el cambio en la industria y el notable impulso de un turismo de masas. Desde esta perspectiva, los elementos asociados a esta nueva fase modernizadora devinieron símbolos de un cambio de época que serían importantes para definir una imagen de coexistencia de tradición y modernidad, muy habitual en los discursos que el franquismo elaboraba sobre la región catalana.
Investigar acerca de las representaciones que se difunden de manera masiva requiere seleccionar medios de difusión de gran alcance dirigidos al conjunto de la población. Interesa analizar estos productos al margen de su calidad, teniendo en cuenta que la dictadura había descubierto muy tempranamente —a imitación de sus aliadas Italia y Alemania— la gran eficacia del control de los medios audiovisuales. Fue así como nació en 1943 el Noticiario Cinematográfico Español (habitualmente conocido como NO-DO) que emitió hasta 1981. Su análisis resulta absolutamente oportuno por dos razones fundamentales: en primer lugar, se trata de un producto informativo elaborado por la Vicesecretaría de Educación Popular y posteriormente por el Ministerio de Información y Turismo, por lo que representa de forma genuina lo que podríamos denominar la línea editorial del estado franquista; en segundo lugar, su inserción obligatoria en todas las sesiones cinematográficas en España hasta agosto de 1975 lo convirtió en un producto de gran penetración social. Ciertamente, en la cronología abordada en el presente artículo, el NO-DO tuvo que compartir el papel de relato audiovisual oficial con Televisión Española 18, el nuevo medio que solo se haría masivo desde finales de los años sesenta, con cuyos informativos resultaría interesante en un futuro poder ofrecer un análisis comparativo 19.
Es ya un acervo común que el NO-DO intentó convertir la apología del régimen en un relato natural sin una sobrecarga ideológica explícita, en parte porque sus promotores situaban el noticiario en lo que Vicente Sánchez denominó «lengua franca del régimen»: «El NO-DO ponía imágenes y sonido al “estándar” del franquismo escenificando su “lengua franca”, a saber: aquello en lo que las distintas familias del régimen (Iglesia, partido, excombatientes, carlistas, ejército, etcétera) podían convenir sin aristas ni desavenencias. Esta huida del matiz le confiere un insospechado vigor, ya que presenta lo incontrovertible del régimen, sus signos, sus símbolos, sus músicas, sus gritos, sus uniformes, sus actos rituales, hasta el punto de hacer de ello una suerte de cotidianeidad para el espectador medio» 20. Así las cosas, es evidente que las noticias del NO-DO devienen un elemento importantísimo en la definición del nacionalismo banal español, y en el mismo sentido podríamos decir que de un «regionalismo banal» que en los sesenta tenía el papel político que hemos descrito anteriormente 21. Han sido diversas las aproximaciones a este ingente material que representa el NO-DO y que se puede complementar con otros productos surgidos de la misma factoría, como los documentales Imágenes. El estudio canónico y con voluntad de aproximación global fue trazado por Rafael R. Tranche y Vicente Sánchez Biosca 22. No obstante, ante la brutal realidad de los más de 1.400 informativos (en muchos casos con tres ediciones con noticias distintas) elaborados durante más de treinta años, ese estudio pionero centró su atención en el análisis de las representaciones de las conmemoraciones más caras al régimen (18 de julio, 20 noviembre y el día de la victoria) y de los lugares de la memoria más significativos (el Alcázar de Toledo, el Valle de los Caídos o el Escorial), además de dos espacios temporales de carácter cíclico, como la Navidad y la Semana Santa. Otros estudios han descrito el papel del NO-DO en una etapa concreta, como el de Saturnino Rodríguez 23 sobre la posguerra o el de Araceli Rodríguez 24 que abarca hasta 1959. En línea con lo que planteamos en este artículo, recientemente podemos constatar un uso del NO-DO como fuente para trabajos más acotados temática y cronológicamente, como por ejemplo sobre deporte 25, representaciones del espacio 26 y símbolos de identidad 27. Incluso se ha defendido alguna tesis doctoral que analiza las noticias reseñadas en relación con un territorio concreto 28. Es evidente, así, un creciente interés por el uso de una fuente que, como todas, se debe utilizar críticamente. En este sentido es muy interesante el número monográfico que le ha dedicado la revista Antropología Experimental 29 no solo por las investigaciones específicas que aporta, sino especialmente por la reflexión que plantea sobre el NO-DO como fuente historiográfica 30.
Es evidente, pues, que son muchas las posibilidades y campos a explorar a partir del material que nos legó el noticiario, y en el terreno que nos interesa ahora, para interrogarlo en su cometido de forjar españoles y, en concreto, de indicar qué referentes catalanes (personas, lugares, conmemoraciones, celebraciones, fiestas...) se trataron en el NO-DO dándoles una significación que les convertía en elementos regionalizados del nacionalismo banal español. Porque, en realidad, esa capacidad de generar imágenes implícitas es mucho más importante que la exaltación abierta y explícita de Franco y su régimen. A través de la machacona repetición de lo que se convertía en estereotipos, el NO-DO contribuía a elaborar una determinada imagen del país mediante aspectos que aparentemente eran más innocuos políticamente, presentados muchas veces como simples curiosidades que tenían un valor únicamente de entretenimiento.
A lo largo de la investigación que presentamos hemos visionado y clasificado más de 800 noticias que relataban hechos que se produjeron en Cataluña, todas ellas datadas entre 1960 y 1975 31. Bajo esta premisa se incluyen todas las noticias, independientemente de la temática que tratasen, tuviesen o no un ámbito local o internacional, o de la procedencia de sus protagonistas. Así, por ejemplo, incluimos eventos deportivos celebrados en Cataluña aunque no intervinieran participantes catalanes o una exposición o acto cultural simplemente porque se realizase en este territorio. El análisis cuantitativo de las noticias del NO-DO sobre Cataluña muestra una notable diversidad temática que, de entrada, podemos agrupar en dos bloques. Por un lado, aquel que se ocupa del folklore, las fiestas, la religión y la cultura, y, por otro, el consagrado a dejar constancia de las obras públicas, la construcción de infraestructuras, los eventos económicos y la irrupción del turismo. El espacio dedicado a uno y otro bloque fue bastante parejo, de manera que podemos afirmar que se daba tanta importancia a aspectos culturales, habitualmente en clave de pasado, como a aquellos de naturaleza material, identificados genéricamente con un concepto de progreso que analizaremos más adelante.
A pesar de la dificultad para clasificar algunas noticias que podrían situarse en más de un apartado, el cuadro resulta bastante significativo en relación con el contraste entre las temáticas culturales, que ocupan el 42,6 por 100 de las noticias, y las que explicaban la modernización material, un 34,7 por 100. Y ciñéndonos a las que se inscriben en el primer bloque, cabe destacar que los ámbitos de atención principal eran las exposiciones artísticas y los premios literarios, homenajes u obituarios de personajes populares, tradiciones, costumbrismo y conmemoraciones históricas. Como veremos cuando desgranemos estos apartados, el hilo conductor de la inmensa mayoría de ellos era una mirada al pasado, sin apenas concesión. Obviamente, los reporteros de NO-DO no elaboraron ningún listado previo de los temas que iban a prefigurar una determinada imagen de Cataluña, sino que, siguiendo los eventos noticiables, sí hacían una selección de cuáles eran adecuados y les daban un determinado tratamiento. En este sentido es tan importante la selección de noticias difundidas como su presentación, bien por lo que respecta al contenido locutado, bien a las imágenes escogidas.
Cuadro> 1
Noticias emitidas por NO-DO en relación con Cataluña (1960-1975)
|
Deportes |
Folklore, |
Cultura, enseñanza |
Política |
Obras públicas, |
Industria, turismo |
Catástrofes, |
Total |
|
|
1960 |
3 |
5 |
13 |
4 |
4 |
5 |
3 |
37 |
|
1961 |
4 |
10 |
13 |
2 |
12 |
9 |
2 |
52 |
|
1962 |
3 |
8 |
8 |
5 |
7 |
11 |
2 |
44 |
|
1963 |
2 |
16 |
16 |
5 |
5 |
11 |
3 |
58 |
|
1964 |
6 |
13 |
21 |
6 |
5 |
16 |
3 |
70 |
|
1965 |
4 |
27 |
12 |
2 |
11 |
18 |
1 |
75 |
|
1966 |
8 |
18 |
11 |
6 |
10 |
18 |
2 |
73 |
|
1967 |
8 |
14 |
9 |
1 |
9 |
11 |
1 |
53 |
|
1968 |
11 |
14 |
7 |
0 |
9 |
11 |
2 |
54 |
|
1969 |
9 |
19 |
9 |
4 |
8 |
9 |
1 |
59 |
|
1970 |
19 |
9 |
5 |
4 |
11 |
7 |
2 |
57 |
|
1971 |
6 |
11 |
10 |
1 |
6 |
13 |
1 |
48 |
|
1972 |
1 |
7 |
9 |
0 |
12 |
9 |
0 |
38 |
|
1973 |
8 |
12 |
5 |
2 |
7 |
8 |
0 |
42 |
|
1974 |
17 |
5 |
9 |
1 |
3 |
9 |
2 |
46 |
|
1975 |
10 |
7 |
9 |
1 |
5 |
5 |
2 |
39 |
|
Total |
119 |
195 |
166 |
44 |
124 |
170 |
27 |
845 |
|
% |
14 |
23 |
19,6 |
5,2 |
14,6 |
20,1 |
3,1 |
— |
Fuente: Elaboración propia.
Como ya se ha dicho, la mirada hacia el pasado fue una constante en el NO-DO, porque permitía apelar a la tradición como eje de la vida de la comunidad nacional; aspecto especialmente interesante para un régimen que quería conectar con la Edad Media y el Siglo de Oro y aborrecía la irrupción de la sociedad liberal en el siglo xix. Las formas de aproximación a ese pasado fueron diversas, desde las evocaciones a unos hechos y personajes históricos determinados al recuerdo de profesiones de antaño, con especial atención a la artesanía, representada como continuidad de unos saberes en que la tradición se confundía con el valor de lo popular, siempre con un regusto de añoranza y de nostalgia.
Veamos ahora algunos ejemplos de las diversas formas de apelación al pasado. En relación con la evocación de hechos históricos podemos destacar cuatro noticias, una de las cuales solo registramos porque se localiza en Barcelona, pero se refiere a la batalla de Lepanto 32. Las otras tres aluden a episodios de la historia medieval, predilecta de los franquistas. En mayo de 1967 se produjo el traslado de los restos de los condes de Urgell al monasterio de Bellpuig de les Avellanes en un acto que contó con una comitiva muy vistosa con «trabucaires» (escopeteros para el NO-DO) vestidos de forma tradicional y tocados con barretina. Naturalmente, los cuarenta y cinco segundos de la noticia no perdían el tiempo en explicar quiénes fueron los condes de Urgell, sino que, con su habitual forma edulcorada, el locutor ponía el énfasis en que «representaciones eclesiásticas, miembros de la nobleza catalana, guardia de honor, los pajes con los atributos y enseñas de los condes de Urgel y los escopeteros de Solsona prestan especial colorido al solemne retorno» 33. Claro está que no se explicaba por qué era solemne dicho retorno. Además del «colorido» del acto, la clave de la noticia estaba en que el director general de Bellas Artes —organismo que había financiado las obras de remodelación del monasterio— presidía el acto.
Más enjundia tenía la conmemoración del milenario del nacimiento del abad Oliba en 1971. Es bien sabido que se trata de un personaje importante en la definición de los inicios de Cataluña como comunidad, biznieto de Guifré el Pilós, hombre de cultura y en el terreno político creador de las asambleas de Pau i Treva. A partir de una exposición de homenaje celebrada en Barcelona, el noticiario destacaba la figura de quien fuera «conde, monje, abad y obispo» 34, al que se atribuía una contribución sobresaliente a la cultura catalana de su tiempo. El énfasis del reportaje se centraba en la acción cultural de la iglesia medieval, para acabar calificando a Oliba como «soldado de Dios en la guerra y en la paz», obviando su papel en la construcción civil de la Cataluña medieval. El contexto político desaparecía y el aspecto religioso —sin duda muy importante— era el único que se transmitía al espectador.
También fue motivo de atención el rey Jaume I y la monarquía catalano-aragonesa. En 1965, la inauguración por parte del ministro de Marina de un monumento a Jaume I en Salou 35 permitía referirse «al rey conquistador que salió de este puerto para arrebatar Mallorca a los árabes», al tiempo que el ministro Nieto Antúnez «exalta la historia del archipiélago balear y de la corona de Aragón y Cataluña». Una segunda referencia al conquistador se produjo a raíz de otra conmemoración, en este caso el 600 aniversario de la construcción del Saló de Cent en el edificio del ayuntamiento de Barcelona. Era una sala para albergar al Consell de Cent, que se había constituido en el siglo xiii como organismo 36 del municipio medieval. La conmemoración permitió a los redactores del NO-DO lanzar todas las alabanzas posibles a Jaume I, que había creado la institución, y a la monarquía medieval, y también servía para loar unas supuestas virtudes del pueblo catalán. Así, el Consejo de Ciento «es pues una muestra de la razonable política de los reyes catalano-aragoneses, una monarquía sensata —recordemos el ejemplar compromiso de Caspe— cuyas cabezas visibles procuraban apoyarse en los gremios y la creciente burguesía para domeñar a la nobleza, habitualmente levantisca». La arcadia medieval así descrita finalizaba con enseñanzas perennes: «En el Salón de Ciento se hallan expresadas muchas de las virtudes del pueblo catalán. Entre ellas su tradición, su amor a la convivencia y su sentido práctico de la vida». Tópicos y lugares comunes que NO-DO repetía insistentemente y en los que la etapa contemporánea quedaba reducida a esporádicas referencias a la guerra de la Independencia 37.
Si el Saló de Cent del ayuntamiento barcelonés servía para glosar una tradición civil, los monasterios de Montserrat y Poblet devenían lugares de memoria regional bien trabados con el franquismo. Montserrat 38 es un espacio privilegiado para un análisis polisémico desde mucho antes, pero muy significativamente durante el franquismo. Recuérdense, especialmente, las divergentes interpretaciones que el régimen y el catalanismo hicieron de las fiestas de entronización de la Virgen de Montserrat en 1947, y la evolución que experimentó el abad Escarré, de franquista a ultranza en 1939 a urdidor de actividades catalanistas más o menos clandestinas a mediados de los años cincuenta, finalmente exiliado después de unas declaraciones claramente antifranquistas en noviembre de 1963. La cuestión es que al margen de las distintas percepciones —y sus cambios— que la sociedad catalana proyectaba sobre el significado del monasterio, NO-DO siguió teniendo interés en mostrar una imagen del monasterio como máxima expresión de la religiosidad de los catalanes y de una tradición regional integrada felizmente en la España franquista. Por eso, cuando terminaron las obras de reconstrucción del recinto en 1963 y se inauguró su pinacoteca, los reporteros estuvieron atentos a dejar constancia de la procesión que se efectuó en la plaza del monasterio, que era conceptuada como «manifestación de acendrada religiosidad y grandiosa belleza», de manera que «Cataluña rinde así homenaje de fervor y devoción a su patrona la virgen morena, que marcha escoltada por un piquete de Mozos de Escuadra» 39. El breve reportaje de cuarenta y cinco segundos ofrecía una iconografía regional con los Mozos de Escuadra que calzaban alpargatas y vestido de gala, junto a los jóvenes de la escolanía y un escaso, pero devoto, público. Dos meses después, Franco visitaba el monasterio entrando bajo palio en la basílica. El reportaje, de un minuto de duración, mostraba a Franco venerando la imagen de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, «tan ligada a las devociones íntimas de todos los naturales de la región» 40. En 1966 NO-DO volvió a recoger una nueva visita de Franco a Montserrat. Las imágenes se ofrecían bajo el fondo musical del canto del Virolai, y naturalmente el operador se detenía en el momento en que Franco besaba a la Virgen. Franco entró en el templo acompañado por el prior, pero no por el abad, que estaba en Italia por las declaraciones críticas a la dictadura que había hecho a Le Monde. La crónica obvió este detalle y convirtió la visita en una reafirmación política del Caudillo y de sus vínculos con los católicos catalanes que le apoyaron durante la Guerra Civil. El contenido, explícitamente político, dedicaba una parte del reportaje a mostrar la salutación de Franco a los miembros del Requeté del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat, que habían combatido durante la Guerra Civil y que tenían allí enterrados a algunos de sus miembros «que dieron la vida en la Cruzada» 41.
También fue motivo de diversos reportajes el monasterio de Poblet. A pesar de que gozaba de menor predicamento popular, Poblet tenía enormes potencialidades simbólicas, puesto que albergaba las tumbas de los reyes de la Corona de Aragón 42. Además, el monasterio fue desamortizado en 1835, de manera que podía considerarse una víctima de la revolución liberal que no había conseguido resarcirse justamente hasta 1940, cuando volvió a instalarse una pequeña comunidad monástica. Podía convertirse en el mejor símbolo de la recristianización y, al mismo tiempo, la existencia del panteón real podía dar lugar a la reivindicación de un poder independiente previo a la unidad española, o bien enfatizar que el destino histórico de la Corona de Aragón era justamente su integración en una unidad superior. Propagandistas franquistas como Felipe Bertrán Güell o Ignacio Agustí proclamaron en diversas obras en la década de 1940 que el catalanismo no había podido apropiarse del simbolismo de Poblet y que la misión de su generación era arraigarlo a una ambición superior. En sintonía con esta línea argumental, NO-DO se acercó en diversas ocasiones al monasterio; se convirtió en un espacio de referencia para las autoridades de la provincia de Tarragona, que revalorizaban así el papel de la demarcación en el pasado medieval catalán. Un reportaje de 1963 presentaba una de las ceremonias rituales con estas palabras:
«Con el rango antiguo de los consejeros de la Corona de Aragón, el monasterio cisterciense de Santa María de Poblet recibe en la bella sobriedad de su arquitectura a la comisión de autoridades tarraconenses que por iniciativa del gobernador civil y por acuerdo del patronato donde están representadas las provincias del antiguo reino de Aragón y Cataluña viene a hacer la ofrenda votiva del pan y el vino que han de consagrarse a la misma».
La ofrenda se hizo con «el voto antiguo de las ciudades, villas y aldeas» 43. La ceremonia rezumaba pasado, todo era pretérito, antiguo. El mismo año, con motivo de la celebración del Día de la Hispanidad en Tarragona, los embajadores hispanoamericanos fueron trasladados a los monasterios de Santes Creus y Poblet, adjetivado este último como «panteón de reyes» 44. A raíz de una visita del ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, se ponía el énfasis en que el monasterio había sido reconstruido y restaurado por el Gobierno español en los últimos años, se hablaba de la belleza del gótico catalán y se mencionaba la importancia de los enterramientos de los reyes de Aragón. El encuentro anual de los presidentes de las diputaciones provinciales del «antiguo reino catalano-aragonés» 45 (en expresión del reportaje de 1964) eran una buena ocasión para mostrar el carácter pretérito y al mismo tiempo solemne de una celebración protagonizada por el abad y unos presidentes vestidos con el uniforme blanco de la Falange y ratificar, año tras año, el recurso retórico sobre la grandeza del gótico. Cada paso en las obras de restauración era seguido por el NO-DO si acudían las autoridades, como en 1966 cuando giró visita el director general de Bellas Artes, organismo que sufragaba las obras 46.
El arte también podía ser una opción para virar la mirada al pasado. Los hallazgos históricos, las excavaciones o las labores de reconstrucción eran una excusa perfecta para recrear el peso del pasado. En algunos casos sin demasiada carga simbólica añadida, como cuando se mostraban las excavaciones del poblado ibérico de Ullastret 47 o en un reportaje sobre la iglesia prerrománica de Caldes de Montbui datado en 1961. También era motivo de orgullo el románico. En 1961 el Gobierno español y el Consejo de Europa celebraron un año dedicado al arte románico, con exposiciones en Barcelona y Santiago, que dieron pie a diversas noticias. El dedicado a Sant Pau del Camp informaba asépticamente de que se atribuía su construcción al conde Guifré II y se enfatizaba que había sido destruido por «las invasiones sarracenas» 48. Unos meses más tarde se recogía la inauguración de una muestra de arte románico en el Palacio Nacional de Barcelona, haciendo hincapié en la participación del Consejo de Europa y en la cesión de piezas por parte de países como Francia, Alemania, Bélgica o Italia. El carácter internacional del evento adquiría una relevancia especial. Y, claro está, se resaltaba también el carácter religioso de esta manifestación artística, que llevaba al ministro de Educación Nacional a concluir que «rebasa la estricta historia del arte para inscribirse en la historia general del espíritu» 49. El arte fue también el eje sobre el que reposaba la exposición «Barcelona, dos mil años de arte y de historia», que se presentó en el Caserón del Buen Retiro de Madrid, inaugurada por Carmen Polo de Franco, y que centraba su relato en el mundo romano y la Edad Media 50.
No es necesario insistir en el empeño franquista por convertir las expresiones folklóricas en una muestra de pureza, de reivindicación de lo popular, de lo genuino y auténtico, que apoyaba la difusión de unos estereotipos regionales; en el caso catalán, las continuas apelaciones al carácter tradicional y laborioso de la población. El NO-DO hizo del ciclo anual de fiestas y tradiciones una de sus materias primas predilectas, en las que confluían lo popular y lo tradicional. En el caso estudiado, las crónicas incidieron de manera reiterada en dos eventos de la ciudad de Barcelona (la festividad de Sant Jordi y la fiesta mayor en honor a la Virgen de la Merced) y en algunas fiestas populares de naturaleza rural, muy especialmente la de San Antonio Abad.
El reportaje sobre la festividad de Sant Jordi (San Jorge en los noticiarios) no faltaba a su cita anual en las pantallas. Los reporteros repetían año tras año el mismo discurso, con imágenes que combinaban la presencia de las autoridades con la aparición de un público que mostraba un intenso interés por las rosas, mientras que los libros quedaban en un segundo plano. En 1960 se hace referencia a la celebración en Madrid de un concurso de sardanas con grupos procedentes de la región y del Círculo Catalán de Madrid, que realizaron «una magnífica labor de acercamiento» 51 en un evento patrocinado por el diario barcelonés La Vanguardia, justo pocos meses después del célebre boicot que había vivido este rotativo por el caso Galinsoga. A menudo el reportaje sobre el día de Sant Jordi era simplemente sobre las rosas, presentado a veces como el patrón de Barcelona (1963), aunque generalmente de Cataluña, sin referencia al día del libro. La disociación entre una y otra actividad se muestra con extrema claridad en 1964, cuando en un noticiario se incluye una crónica de la fiesta del libro porque el ministro Manuel Fraga pronunció un discurso alegórico 52 y en otra edición el NO-DO ofrece una reseña sobre San Jorge y las rosas 53. Las celebraciones de la fiesta mayor barcelonesa también aparecían en pantalla anualmente, con obligada referencia a los actos más institucionales y dando también notable protagonismo a las cabalgatas —que decían inspiradas en «las antiguas ruas»— y a las audiciones de sardanas y actuaciones folklóricas. A pesar de la insistencia del NO-DO con las actividades folklóricas, la realidad era mucho más compleja y admitía percepciones distintas e incluso contradictorias 54.
También se dedicaron reiteradas piezas informativas a la fiesta de los Tres Tombs, a partir de 1969 con esta denominación y anteriormente como fiesta de San Antonio Abad o de los arrieros, y diversas crónicas a la feria de Sant Ponç o a la fiesta de la Patum de Berga —las dos de origen medieval—, a la fiesta mayor de Vilafranca y su concurso de castellers o a las actuaciones de los Xiquets de Valls y la inauguración de un monumento en su honor en el día de la provincia en Tarragona en 1969. En un sentido parecido se enfatizaba el carácter popular de fiestas de base culinaria, como la «calçotada» de Valls o el concurso de «Mestres romescaires» de Tarragona. También formaba parte de esa retórica los concursos de «pubillas», especialmente al ser ataviadas con traje regional. La elección de la Pubilla de Cataluña de 1960 fue organizada por el diario falangista Solidaridad Nacional en un acto en el Palacio de la Música en que el presidente de la Diputación destacó que el objetivo del certamen era «no solo resaltar la hermosura, sino las cristianas virtudes tradicionales» 55. La tradición también se vinculaba a actividades productivas de otros tiempos. La artesanía se presentaba como una manifestación de ese pasado idealizado, que en el caso que nos ocupa se materializaba en noticias, por ejemplo, sobre la escuela de encajeras de Barcelona 56 o de la cerámica de La Bisbal, que aunaba «tradición y prestigio internacional» 57.
Ciertamente, en los años del desarrollismo convivieron la exaltación de la tradición y el orgullo modernizador. En el caso de Cataluña la ecuación era fácil de realizar, puesto que en este territorio la fase desarrollista de la economía española tuvo un impacto especialmente relevante. De manera ritual, el NO-DO se encargaba de difundir una modernización que pasaba por los congresos internacionales que se realizaban en Barcelona, las ferias comerciales y las inauguraciones de obras públicas.
La Feria de Muestras de Barcelona ocupaba cada año uno de esos reportajes, de la misma manera que también eran seguidos cada año los certámenes sectoriales que se fueron incorporando, ya fuese el Salón Internacional del Turismo y el Deporte, la feria Hogarhotel, Graphispack, Sonimag o Expoquímia, entre otros, y de manera muy especial el Salón Náutico y el Salón del Automóvil, grandes escaparates de la emergente sociedad de consumo. La constante presencia de estas noticias permitía acentuar una imagen de modernidad de una Barcelona cuyo ayuntamiento quería presentar como «ciudad de ferias y congresos» y que, al mismo tiempo, pretendía proyectar una imagen de conexión internacional.
Por otra parte, la inauguración de las pocas obras públicas que se realizaban tenían el mismo sentido, especialmente la construcción de autopistas, emblema máximo de modernidad íntimamente conectada con la floreciente industria automovilística, de la que la factoría SEAT de Barcelona era una de sus máximas expresiones, y que motivó reportajes sobre el SEAT un millón en 1969, por ejemplo 58. A partir de 1967 empezaron a editarse noticias sobre la construcción de las tres autopistas que partían de Barcelona, con inauguraciones de pequeños tramos que permitían dar sensación de mayores logros de su real alcance. Por ejemplo, la autopista de Barcelona a Francia mereció un reportaje cada año entre 1969 y 1975, cuando llegó a Figueres. Con una cadencia similar se anunciaba a bombo y platillo los pequeños tramos que se iban inaugurando de la autopista con dirección a Valencia, iniciada en 1969 y que en 1973 solo había llegado a Vilafranca del Penedès (a cincuenta kilómetros), aunque contaba ya con tres piezas en el NO-DO.
Otra importante fuente de inspiración para los redactores fue el turismo, ámbito en el que cabe enmarcar desde las noticias relacionadas con el aeropuerto Girona Costa Brava a los dedicados al Día del Turista o a la llegada de nuevos viajeros; crónicas que pretendían proyectar una imagen de país en constante desarrollo gracias, claro está, a la paz franquista, que se completaba con proyectos de futuro, como los que mostraba en 1970 el ayuntamiento barcelonés (con túneles y cinturones de ronda) para lograr una ciudad «más cómoda, moderna y confortable a nivel internacional» 59.
Es bien sabido que si el NO-DO tuvo un protagonista ese fue Francisco Franco, que aparecía en muchísimas de sus entregas. Como no podía ser de otra manera, las visitas de Franco eran motivo para mostrar la elevadísima adhesión del pueblo catalán al dictador, presentado como máximo garante de la paz. Este discurso, repetido una y mil veces en todas las visitas a cualquier rincón de España, tenía en el caso catalán una apostilla añadida que apelaba siempre a la unidad nacional, argumento que ganaba terreno por encima de otros elementos del argumentario clásico. Durante su visita más prolongada en mayo de 1960, NO-DO elaboró diversas noticias que sintetizaban los argumentos más recurrentes: el carácter trabajador de los catalanes y su españolidad. A su llegada en barco a la capital catalana protagonizó un desfile en coche descubierto junto al alcalde José María de Porcioles, que daba pie a afirmar que «Barcelona vive así una fecha histórica rubricada con la emoción de un pueblo laborioso, que sabe que el orden y la paz bajo los que su trabajo se desarrolla se deben al artífice de la victoria nacional» 60. En otro noticiario se informaba sobre el desfile de la Victoria que presidió Franco, con cerca de tres minutos de metraje, donde se afirmaba: «Como hace 21 años, Barcelona vive la jornada de su liberación, donde nuestros ejércitos lograron la total unidad de todos los españoles y se constituyen una vez más en apasionado símbolo de la integración nacional» 61.
Más allá de la presencia insistente de Franco, resulta de interés seguir la aparición de personajes catalanes en las noticias del NO-DO. Se puede establecer una primera distinción entre los personajes vivos que aparecían en pantalla por alguna de sus actividades y los homenajes póstumos. Entre los primeros, quien apareció con mayor frecuencia fue el pintor Salvador Dalí, un showman muy agradecido, puesto que siempre daba una nota de color supuestamente transgresora, pero al mismo tiempo inocua. Fue objeto de reportajes en 1961, 1963, 1964, 1968, 1973 y 1974. Tildado de «extravagante» y calificado como «universalmente famoso», en 1961 protagonizaba un singular reportaje de más de dos minutos entrando en coche descubierto en la plaza de toros de Figueres en los momentos previos a una corrida de toros «daliniana» 62. Presentado también como el pintor de Cadaqués, recibía en 1964 de manos del ministro Fraga las insignias de la Gran Cruz de Isabel la Católica por «su lealtad a España» 63. En 1968, cuando mostró su obra El atleta cósmico para la olimpiada de México, se afirmaba que «ha plasmado la energía atlética, espiritual y vertical de España» 64, con esa curiosa apelación a la verticalidad que congeniaba con el sistema político. No es de extrañar, pues, que los reportajes sobre Dalí se sucedieran hasta la inauguración de su Teatro Museo, a la que asistieron dos ministros y naturalmente fue seguida por NO-DO 65.
El segundo catalán con mayor presencia fue el también pintor Joan Miró, de significación muy diferente. Naturalmente, NO-DO obvió siempre sus vínculos con el pasado republicano, igual que hizo con Picasso, pero estaba muy interesado en mostrar la relevancia internacional de personajes españoles, y las artes plásticas permitían un margen de interpretación que fue hábilmente utilizado por el franquismo. La aparición inicial de Miró en el NO-DO se produjo en 1963, con motivo de su primera exposición en Barcelona desde la Guerra Civil, detalle este último que tampoco aclaraba la crónica: «El famoso pintor español Juan Miró [...] exhibe por primera vez en una sala de Barcelona. Su pintura de gran personalidad es bien conocida en todo el mundo. Hasta la fecha no había expuesto en España» 66. El reportaje informaba de la asistencia de numerosos artistas a la inauguración, pero obviaba decir que no acudieron autoridades. Un año más tarde, con motivo de la inauguración de tres exposiciones simultáneas sobre Miró, se le calificaba de «pintor español y universal» 67. Más adelante, con ocasión de su 75 aniversario, se informaba de una exposición del «gran artista catalán» en Saint Paul de Vence, en la Costa Azul francesa. Y se subrayaba de Miró «que con Picasso 68 está considerado como una de las primeras figuras de la pintura moderna» 69. NO-DO también se hizo eco de la exposición de Miró en el Grand Palais de París en 1974, cuando fue presentado como «el gran pintor español Joan Miró» 70, citando por primera vez su nombre de pila en catalán. En un extenso reportaje en color de tres minutos de duración se mostraba ampliamente su obra, que adquiría mayor relevancia al celebrarse esta gran exposición en París.
Más allá de Dalí y Miró, los reportajes mostraron a la bailarina Carmen Amaya, al anticuario Frederic Marés, al pintor Mestres Cabanes, al payaso Charlie Rivel, a la cantante Salomé o al músico Xavier Cugat. Entre los homenajes póstumos se encuentran, entre otros, los de Narcís Monturiol, Carmen Amaya, el actor Enric Borràs, el tenor Hipólito Lázaro, el músico Eduard Toldrà, el doctor Barraquer, el pintor Manuel Utrillo, el caricaturista Valentí Castanys y el pintor Josep Maria Sert.
El mundo artístico acaparaba este capítulo de personajes del NO-DO en el que los cargos políticos locales apenas asomaban; en todo caso, como secundarios cuando un ministro o alto cargo del Gobierno participaba en algún acto en Cataluña. Coherente con la centralización del régimen, solo José María de Porcioles (alcalde de Barcelona entre 1957 y 1973) aparece con luz propia, aunque escasamente. El resto, invisibles, incluso la emergente figura de Juan Antonio Samaranch, que solo se ve con motivo de su toma de posesión como delegado nacional de deportes y posteriormente a raíz de una muestra de dibujos de su colección particular en la Editora Nacional.
La presencia de entidades privadas también es minúscula, con algún pequeño reportaje sobre el inicio del curso en el Ateneo Barcelonés, uno sobre la Real Academia de Buenas Letras, sobre el Liceo y otro sobre la nueva sede del Círculo Catalán en Madrid, presentado como «labor ejemplar de un centro regional en la capital de España» 71. El principal espacio para la vida social fueron los premios literarios, centrados en el premio Nadal que concedía la editorial Destino y el premio Planeta, que acapararon de forma exclusiva todos los reportajes de este ámbito.
Un caso particular fue el de la única aparición de Pau Casals un mes después de su fallecimiento en Puerto Rico. La noticia se emitía con motivo de la interpretación de El Pesebre en el Palacio de la Música Catalana de Barcelona bajo el título de «Homenaje a la memoria de Pablo Casals» 72. Ocupaba un espacio relativamente extenso de dos minutos del noticiario, aunque sin ninguna imagen del músico que había fallecido en el exilio y había condenado públicamente la dictadura desde la tribuna de las Naciones Unidas; dos minutos en los que la cámara apenas dedicaba dos segundos a una fotografía del músico supuestamente homenajeado. El reportaje solo mostraba imágenes de El Vendrell, su localidad natal, y del concierto en el Palau.
Teniendo en cuenta los millones de personas que fueron receptores de las imágenes y estereotipos que proyectaba NO-DO no podemos menospreciar su papel en la difusión de un determinado imaginario, en el caso concreto que nos ocupa, en relación con la sociedad catalana. Ciertamente, no gozaba de la exclusividad que como medio de información audiovisual tuvo antes de la aparición de la televisión, pero su difusión no puede obviarse. De manera muy sucinta, se ha podido constatar empíricamente que las noticias de NO-DO repartían su interés en proyectar una doble imagen. Por una parte, la de una sociedad volcada e identificada con sus tradiciones, evocadas a través del folklore, las profesiones en vías de desaparición y los personajes históricos e instituciones seculares que habían tenido un significado en el pasado, pero que ahora eran puro recuerdo melancólico, anacrónico, sin ninguna otra operatividad. Aprovechando fiestas y conmemoraciones, los reporteros insistieron una y otra vez en esa descripción amable y en ocasiones muy repetitiva, con una constancia en el discurso que hacía de esas piezas informativas una suerte de descripción natural de la sociedad, convirtiéndolas en elementos consustanciales de un regionalismo banal que la dictadura reforzaba utilizando todos los resortes posibles. Por otra parte, los cronistas se esforzaron en representar una sociedad en acelerada modernización técnica, explotando la capitalidad que tenía Barcelona como sede de ferias comerciales donde se plasmaban los avances tecnológicos. Una imagen que se completaba con el recurso a las noticias sobre personajes, que en muchas ocasiones resultaban ser obituarios, entre los que solo destacaban como reflejo de la realidad presente una reducida nómina de artistas escogidos especialmente por su repercusión internacional, circunstancia esta muy estimada por el noticiario.
Situados en este punto, cualquier lector conocedor del periodo puede hacer una rápida lista de actividades y personas que actuaban en la legalidad que nunca asomaron en ninguna pieza del noticiario; en definitiva, lo que nunca contó NO-DO, desde los premios literarios en lengua catalana a los cantantes de la Nova Cançó, por poner solo dos ejemplos. Finalmente, el ejercicio hecho hasta aquí debería completarse en el futuro como mínimo en dos direcciones. Por una parte, con trabajos paralelos sobre otros territorios que permitan evaluar hasta qué punto la selección de noticias y su tratamiento en relación con Cataluña presenta o no especificidades; los escasos trabajos disponibles todavía no lo permiten, pero constituye una línea de trabajo que deberá trazarse. Por otra parte, también será interesante un estudio paralelo sobre los informativos de Televisión Española e incluso el contraste entre estos y los programas que en las postrimerías de la dictadura ofreció el Circuito Catalán de TVE 73, muy especialmente a partir de 1971. Una primera aproximación sugiere ya un contraste muy notable, digno de ser analizado con detalle.
1 Una selección mínima entre la ingente bibliografía actual puede partir del dosier coordinado por Alejandro Quiroga y Ferran Archilés: La nacionalización en España, Ayer, 90 (2013). También Javier Moreno y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Ser españoles. Imaginarios nacionalistas en el siglo xx, Barcelona, RBA, 2013. Una visión personal y sugerente en Xosé Manoel Núñez Seixas: Suspiros de España. El nacionalismo español, Barcelona, Crítica, 2018. Más específicamente sobre el periodo franquista, Ismael Saz: España contra España. Los nacionalismos franquistas, Madrid, Marcial Pons, 2003.
2 Una referencia básica, Stéphane Michonneau y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014.
3 Robert Vallverdú: El carlisme català durant la Segona República Espanyola (1931-1936). Anàlisi d’una política estructural, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2008.
4 Joan M. Thomàs: Falange, Guerra Civil, Franquisme. FET y de las JONS a Barcelona en els primers anys del règim franquista, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1992.
5 Véase, por ejemplo, Ismael Saz: España contra España...
6 En este aspecto han incidido diversos trabajos de Andrea Geniola sobre Valencia, Navarra y Cataluña. Un planteamiento general en Andrea Geniola: «El nacionalismo regionalizado y la región franquista: dogma universal, particularismo espiritual, erudición folklórica (1939-1959)», en Ferran Archilés y Ismael Saz (eds.): Naciones y Estado. La cuestión española, València, Universitat de València, 2014, pp. 189-224. Véase también Xosé Manoel Núñez Seixas: «La región y lo local en el primer franquismo», en Stéphane Michonneau y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones en España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, pp. 127-154.
7 Sobre la inmediata posguerra véase Santi Cortés: València sota el règim franquista (1939-1951). Instrumentalització, repressió i resistència cultural, València, Institut de Filologia Valenciana-Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1995.
8 Las Provincias, 23 de julio de 1940.
9 Para una primera aproximación al caso catalán véase Carles Santacana: «Una lectura franquista de la cultura catalana als anys quaranta», en Entre el malson i l’oblit. L’impacte del franquisme en la cultura a Catalunya i les Balears (1939-1960), Catarroja, Afers, 2013, pp. 45-70.
10 El recurso a la historia fue un elemento central en el fomento de este localismo, como muestran los centros de estudios creados por las diputaciones provinciales. Véase Miquel Àngel Marín: «“Por los infinitos rincones de la patria...”. La articulación de la historiografia local en los años cincuenta y sesenta», en Ignacio Peiró y Pedro Rújula (coords.): La historia local en la España contemporánea: estudios y reflexiones desde Aragón, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1999, pp. 341-378. También Miquel Àngel Marín: Los historiadores españoles en el franquismo, 1948-1975. La historia local al servicio de la patria, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2004.
11 Véase desde el trabajo pionero de Josep Maria Colomer: Espanyolisme i catalanisme. La idea de nació en el pensament polític català, Barcelona, L’Avenç, 1984, hasta las panorámicas recientes de Andrew Dowling: Catalonia since the Spanish Civil War: Reconstructing the Nation, Brighton, Sussex Academic Press, 2012.
12 Una síntesis sobre este tema y el catalanismo en Andreu Domingo: Catalunya al mirall de la immigració. Demografia i identitat nacional, Barcelona, L’Avenç, 2014.
13 En este sentido es indicativo el hecho de que el Consejo Nacional del Movimiento reuniese bajo el epígrafe de «Separatismo» sendas ponencias secretas en 1962 y en 1971 para analizar la evolución de los nacionalismos catalán y vasco. Véase Carles Santacana: El franquisme i els catalans. Els informes del Consejo Nacional del Movimiento (1962-1971), Catarroja, Afers, 2000. También Mikel Aizpuru: «Nacionalismo vasco, separatismo y regionalismos en el Consejo Nacional del Movimiento», Revista de Estudios Políticos, 164 (2014), pp. 87-113.
14 Andrea Geniola: «Del regionalismo bien entendido al sano autonomismo. Una transferencia político-cultural problemática», Dictatorships & Democracies. Journal of History and Culture, 5 (2017), pp. 11-16, esp. p. 12.
15 Climas, 1 (enero de 1962), p. 3.
16 El desarrollo regional en España, Madrid, Ediciones del Movimiento, 1962, p. 6.
17 Martí Marín: Josep Maria de Porcioles. Catalanisme, clientelisme i franquisme, Barcelona, Base, 2005.
18 La bibliografía es muy extensa. Como obras generales podemos destacar el estudio clásico de Josep Maria Baget: Historia de la televisión en España (1956-1975), Barcelona, Feed-Back Ediciones, 1993, y el de José-Carlos Rueda Laffond y María del Mar Chicharro: La televisión en España (1956-2006). Política, consumo y cultura televisiva, Madrid, Fragua, 2006. Un estudio colectivo reciente con amplísima bibliografía es el de Julio Montero Díaz (dir.): Una televisión con dos cadenas. La programación en España (1956-1990), Madrid, Cátedra, 2018. En relación con el tema que nos ocupa en este trabajo es imprescindible José Carlos Rueda Laffond: «Franquismo banal: España como relato televisivo (1966-1975)», en Ferran Archilés e Ismael Saz (eds.): Naciones y Estado. La cuestión española, València, Universitat de València, 2014, pp. 225-244.
19 Sobre los temas tratados en los informativos de TVE véase Julio Montero Díaz et al.: «Los telediarios franquistas. Una investigación sobre las fuentes», Revista Latina de Comunicación Social, 69 (2014), pp. 152-175.
20 Vicente Sánchez Biosca: «El NO-DO y la eficacia del nacionalismo banal», en Stéphane Michonneau y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, pp. 177-195, esp. p. 181.
21 La aproximación más reciente a la aplicación de la categoría de nacionalismo banal en el caso español y las discusiones que suscita pueden seguirse en Alejandro Quiroga y Ferran Archilés (eds.): Ondear la nación. Nacionalismo banal en España, Granada, Comares, 2018. También son muy útiles las distintas aproximaciones vertidas en el taller específico que le dedicó el XII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, que pueden consultarse en Pilar Folguera et al.: Pensar con la Historia. XII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2015.
22 Rafael R. Tranche y Vicente Sánchez Biosca: NO-DO, el tiempo y la memòria, Madrid, Filmoteca Española, 2000.
23 Saturnino Rodríguez: El NO-DO, catecismo social de una época, Madrid, Editorial Complutense, 1999.
24 Araceli Rodríguez: Un franquismo de cine. La imagen política del régimen en el noticiario NO-DO (1943-1959), Madrid, Rialp, 2008.
25 Juan Antonio Simón: «El deporte en el NO-DO durante el primer franquismo, 1943-1951», Hispania Nova, 17 (2019), pp. 341-371.
26 Rafael Antonio Casuso Quesada: «Ciudad y espacios de representación del poder a través del NO-DO en la provincia de Jaén», Antropología Experimental, 18 (2018), pp. 87-102.
27 Claudia Gómez García: «La pelota vasca y el NO-DO. Un símbolo vasquista a través del noticiario cinematográfico franquista», Sancho el Sabio, 38 (2015), pp. 117-136.
28 Carme Gil Pardo: Barcelona sota el règim franquista a través del NO-DO (1943-1956), tesis doctoral dirigida por Josep Maria Caparrós y Magí Crusells, Universitat de Barcelona, 2015.
30 Véanse Manuel Jódar Mena: «NO-DO, 75 años después: imágenes proyectadas», Antropología Experimental, 18 (2018), pp. 1-4, y José Luis Anta Félez: «El NO-DO como mal de archivo. De locución propagandística a imaginario social», Antropología Experimental, 18 (2018), pp. 53-60.
31 Se han incluido también noticias protagonizadas por catalanes en el resto de España, pero son cuantitativamente insignificantes; menos de una decena.
32 «Conmemoración de la batalla de Lepanto», 18 de octubre de 1971, NO-DO, 1502B. Se trata del cuarto centenario de la batalla, que se conmemoró en Barcelona presidida por los príncipes de España que visitaron en las Atarazanas una reproducción de la galera La Real que comandaba Juan de Austria en la batalla.
33 «Traslado de los restos de los condes de Urgell. Reposarán en el monasterio de Bellpuig de los Avellanos (Lérida)», 15 de mayo de 1967, NO-DO, 1271B.
34 «Milenario del Abat Oliva», 10 de enero de 1972, NO-DO, 1514A.
35 «Salou honra a Jaime I. Monumento al Rey Conquistador», 6 de diciembre de 1965, NO-DO, 1196C.
36 «600 aniversario Salón de Ciento», 3 de diciembre de 1973, NO-DO, 1613A.
37 «Sección Femenina. Concentración en el Bruch. Exhibiciones de gimnasia y danza», 7 de marzo de 1960, NO-DO, 896B, y «Conmemoración en Tarragona. El CL aniversario del glorioso Sitio», 10 de julio de 1961, NO-DO, 966C.
38 Respecto a la compleja significación de Montserrat es interesante Antoni Batista: Montserrat. Els misteris de la Muntanya Sagrada, Barcelona, L’Arquer, 2008. Una perspectiva específica como lugar de memoria en Albert Balcells: Llocs de memòria dels catalans, Barcelona, Proa, 2008, pp. 209-233.
39 «Homenaje, en Cataluña, a la Virgen de Montserrat», 6 de mayo de 1963, NO-DO, 1061A.
40 «El jefe del Estado y su esposa en Montserrat. Adoración a la Virgen Patrona de Cataluña», 8 de julio de 1963, NO-DO, 1070A.
41 «S. E. el jefe del Estado y su esposa en Montserrat. Impresionante recibimiento en Martorell», 18 de julio de 1966, NO-DO, 1228C.
42 Sobre Poblet como lugar de memoria véase Albert Balcells: Llocs de memòria..., pp. 235-254.
43 «En el monasterio de Poblet. Ofrenda votiva de la Diputación de Tarragona», 3 de junio de 1963, NO-DO, 1065A.
44 «El Día de la Hispanidad en Tarragona. Coinciden con la conmemoración paulina y el bimilenario de la Ciudad», 21 de octubre de 1963, NO-DO, 1085C.
45 «En el Real Monasterio de Santa María de Poblet. Ofrenda de las diputaciones de la corona de Aragón», 16 de noviembre de 1964, NO-DO, 1141C.
46 «Restauración del Monasterio de Poblet. El Palacio del Rey Martín, terminado», 21 noviembre de 1966, NO-DO, 1246B.
47 «España arqueológica. El poblado ibérico de Ullastret, en Gerona», 8 de septiembre de 1969, NO-DO, 1392B.
48 «Una joya románica. El Monasterio de San Pablo de Campo, en Barcelona», 3 de abril de 1961, NO-DO, 952C.
49 «Arte románico. Dos mil piezas de gran valor. Exposición inaugurada en Barcelona por el ministro de Educación», 31 de julio de 1961, NO-DO, 969A.
50 «La Exposición “Barcelona dos mil años de historia”. Inaugurada en Madrid por Doña Carmen Polo de Franco», 22 de mayo de 1967, NO-DO, 1272A.
51 «San Jorge en Barcelona y en la capital de España. Tradicional festividad catalana. Exhibición de sardanas en Madrid», 2 de mayo de 1960, NO-DO, 904A.
52 «El “Día del Libro” en Barcelona. Pregón por el Sr. Fraga Iribarne y Cena Cervantina», 4 de mayo de 1964, NO-DO, 1113A.
53 «“Fiesta de la Rosa” en Barcelona. Conmemoración de San Jorge, Patrón de Cataluña», 4 de mayo de 1964, NO-DO, 1113B.
54 Véase, a modo de ejemplo, el intento de Pablo Giori: «Castells, sardanes i toros. Les disputes culturals dels nacionalismes durant el franquisme», Segle xx. Revista catalana d’història, 7 (2014), pp. 13-32, que aporta una extensa bibliografía al respecto. Específicamente sobre la sardana durante el franquismo véase Carles Santacana: «El sardanisme: entre dansa nacional i “peculiaridad regional”», en Borja de Riquer (dir.): Història, Política, Societat i Cultura dels Països Catalans, vol. X, La Llarga postguerra, 1939-1960, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, 1997, pp. 276-277.
55 «“Pubilla” de Cataluña. Elección en el Palacio de la Música de Barcelona. Triunfo de Rosa María Gumá», 14 de noviembre de 1960, NO-DO, 932B.
56 «La Escuela de Encajeras de Barcelona. Una artesanía salvada de la desaparición», 11 de marzo de 1968, NO-DO, 1314B.
57 «La cerámica de La Bisbal, capital del Bajo Ampurdán, Gerona. Tradición y prestigio internacional», 9 de julio de 1973, NO-DO, 1592B.
58 «El SEAT “un millón”. El ministro de Industria, señor López Bravo, lo pone en marcha», 21 de julio de 1969, NO-DO, 1385A.
59 «Barcelona 74. Exposición del futuro de la ciudad», 9 de marzo de 1970, NO-DO, 1418A.
60 «Franco en Barcelona. S. E. el jefe del Estado llega a la Ciudad Condal. Recorrido por diversas calles de la urbe. Cariñoso recibimiento», 9 de mayo de 1960, NO-DO, 905-A.
61 «Desfile de la victoria. Brillante desfile de las fuerzas ante la tribuna del Generalísmo», 16 de mayo de 1960, NO-DO, 906A.
62 «Salvador Dalí, original y excéntrico. Homenaje en Figueras al pintor y corrida daliniana», 21 de agosto de 1961, NO-DO, 972A.
63 «Salvador Dalí, condecorado. Imposición de la Gran Cruz de Isabel la Católica», 9 de noviembre de 1964, NO-DO, 1140B.
64 «El Atleta Cósmico de Dalí. Inspirado en El discóbolo de Mirón», 2 de septiembre de 1968, NO-DO, 1339B.
65 «Inauguración del Museo Dalí en Figueras», 7 de octubre de 1974, NO-DO, 1656B.
66 «Primera exposición del pintor Juan Miró en Barcelona», 4 de noviembre de 1963, NO-DO, 1087C.
67 «Triple exposición de Miró en Barcelona. Grabados, pinturas y cerámicas del artista universal», 28 de diciembre de 1964, NO-DO, 1147C.
68 La orientación y extensión de este artículo no nos permite detenernos en el tratamiento que el NO-DO hizo de Picasso y específicamente de su museo en Barcelona, que en principio no se identificaba con el nombre del artista. Picasso fue motivo de diversos reportajes que muestran cómo el franquismo intentaba apropiarse de la figura del pintor. Los relacionados directamente con Cataluña datan de 1960, 1963 y 1968; además, también apareció en 1961, 1966, 1971 y 1973.
69 «El 75 aniversario del nacimiento de Joan Miró», 9 de septiembre de 1968, NO-DO, 1340B.
70 «Exposición Miró en el Grand Palais de París. Homenaje de Francia al gran pintor catalán», 16 septiembre de 1974, NO-DO, 1653B.
71 «Nueva sede del Círculo Catalán en Madrid», 5 de febrero de 1973, NO-DO, 1570B.
72 «Homenaje a la memòria de Pablo Casals. Interpretación de El Pesebre, en el Palacio de la Música Catalana de Barcelona», 26 de noviembre de 1973, NO-DO, 1612-B.
73 Hemos iniciado una investigación en este sentido que además se sustenta en estudios clásicos como el de Josep M. Baget Herms: Història de la televisió a Catalunya, Barcelona, Centre d’Investigació de la Comunicació, 1994. Más recientemente, la tesis doctoral de Ferran González: Els programes dramàtics en català a TVE, 1964-2005, Universitat Autònoma de Barcelona, 2013.