Ayer 136 (4) 2024:125-152
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2024
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1468
© Laura Branciforte
Recibido: 03-10-2023 | Aceptado: 15-05-2024 | Publicado on-line: 22-11-2024
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Mujeres pacifistas en los ochenta en España: vínculos y redes transnacionales *
Laura Branciforte
Universidad Carlos III de Madrid
lbranciforte@hum.uc3m.es
Resumen: El trabajo se focaliza en el desarrollo de los movimientos pacifistas de mujeres en España, entre 1982 y 1986. Se analizan los grupos de mujeres pacifistas y su relación con el feminismo —principalmente del entorno de Madrid, Zaragoza y Barcelona—, donde adquirieron relevancia en el activismo de los ochenta a nivel nacional e internacional. Tras este análisis se examinan las conexiones y los vínculos transnacionales que estos grupos instauraron tanto por el cauce más formal del movimiento European Nuclear Disarmament (END) como por las redes tejidas con el campamento antinuclear de Greenham Common.
Palabras clave: mujeres, pacifismo, feminismo, movimientos sociales, transnacionalidad, campamentos, no violencia.
Abstract: The article focuses on the development of the women’s pacifist movement in Spain between 1982 and 1986. It analyses women’s pacifist groups and their relationship with feminism by focusing on Madrid, Zaragoza, Barcelona and their surrounding metropolitan areas. In these places, the movement gained relevance in the 1980s at a national and transnational level. The article continues by examining the transnational bonds and links established by these group through the formal channel of the European Nuclear Disarmament (END), and through the informal networks of the Greenham Common antinuclear camp.
Keywords: women; pacifism; feminism; social movements; transnationality; camps; nonviolence.
Este trabajo se focaliza en el desarrollo de los movimientos pacifistas de mujeres en España, entre 1982 y 1986, desde la entrada de España en la OTAN, el 30 de mayo de 1982, hasta el referéndum del 12 de marzo de 1986 sobre la permanencia en ella. Se analizan los grupos de mujeres pacifistas y su relación con el feminismo —principalmente del entorno de Madrid, Zaragoza y Barcelona, donde adquirieron relevancia en el activismo de los ochenta a nivel nacional e internacional—. Tras este análisis se examinan las conexiones y los vínculos transnacionales que estos grupos instauraron tanto por el cauce más formal del movimiento European Nuclear Disarmament (END) como por las redes tejidas con el campamento antinuclear de Greenham Common instalado en Berkshire en 1981 por el grupo Women for Life on Earth en protesta por la instalación de los euromisiles 1. Finalmente, constatados los vínculos y redes transnacionales forjados entre España y el movimiento europeo, se analiza cómo se afianzó la relación entre el pacifismo y el feminismo en las organizaciones estudiadas.
El movimiento pacifista de mujeres en los años ochenta fue un fenómeno global, transversal, que se propagó desde EEUU a Australia y a Europa 2. Las protestas brotaron en todo el mundo como reacción al anuncio de la OTAN de la aplicación de la política del dual-track que desde 1982 se puso en práctica con la instalación de una nueva generación de misiles de medio alcance con cabezas nucleares en Europa Occidental. Esta decisión, fruto de la política interaliada de las elites políticas y militares de los países de Europa Occidental y del conocido auge de las políticas conservadoras a ambos lados del Atlántico con Reagan, Thatcher y Schmidt 3, afectó, de una forma u otra, no solo a los cinco países donde se instalaron los 464 misiles de crucero y los 108 Pershing II, sino a todo el mundo. El miedo a la guerra nuclear se extendió entre la población civil 4 y la reacción a esta nuclearización fue «una de las mayores movilizaciones en la historia europea contemporánea» 5.
En los años de la crisis de los euromisiles, España contaba ya con un arraigado movimiento pacifista que había empezado a tomar forma desde principios de los setenta con la oposición a las bases militares estadounidenses y al arsenal y las centrales nucleares instaladas en 1968, 1971 y 1973 6, que habían alimentado las protestas ecologistas y socioambientales 7. A eso se sumaba que el país se asomaba a los ochenta con una fuerte preocupación por la seguridad nacional: el golpismo reciente (23F de 1981), la tradición del antimilitarismo y un arraigado y diversificado antiamericanismo 8.
Frente a todo ello, el pacifismo se afirmaba como uno de los movimientos sociales cruciales en la primera andadura de la democracia 9, y el rol de las mujeres y del feminismo alcanzaba un lugar destacado. En el plano internacional España buscaba su nuevo papel en la política, en Europa y en el marco Atlántico, en años del aumento de la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En este difícil equilibro geoestratégico el movimiento pacifista crecía en su capacidad de movilización rechazando la polarización de la Guerra Fría: «Ni con el Este ni con el Oeste, sino leales con nosotros mismos», era el lema común del movimiento por el no alineamiento 10 y, al mismo tiempo, se revigorizaba y retroalimentaba siempre más decididamente con la movilización paneuropea contra la instalación de los euromisiles, pese a no tenerlos en su territorio.
Desde el punto de vista historiográfico, la atención prestada a los estudios sobre las mujeres y el pacifismo en la Segunda Guerra Fría ha sido limitada pese a la acreditada producción de la pionera historiografía anglosajona sobre las peace research 11 y la relevancia alcanzada en la historiografía española 12. Sin embargo, el positivo acercamiento, desde los noventa, a las categorías internacional/trasnacional, género y pacifismo, ha contribuido a ampliar el concepto de paz y de «paz positiva» 13, con la introducción de la «variable de género» 14, así como ha favorecido la renovada atención al rol de las mujeres en la política internacional y transnacional 15.
La movilización pacifista de las mujeres en España se articuló en grupos distintos y a veces divergentes: antimilitaristas, antinucleares, ecologistas, nacionalistas vascos 16 y canarios 17, pero todos convergían en su oposición al ingreso en la OTAN. Las modalidades de las protestas —en sintonía con aquellas europeas, con las marchas, las cadenas humanas, las sentadas (de Ópera) 18, las acampadas—, así como la originalidad y jocosidad de las acciones, y la noviolencia 19, fueron las características predominantes.
Fue en los ochenta cuando el pacifismo español pasaba de ser un fenómeno limitado a un amplio y diversificado movimiento social debido a factores de índole nacional e internacional. Entre 1981 y 1983 asistimos a la consolidación de los núcleos organizados del movimiento y a la formación de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas (CEOP) 20. El amplio consenso ganado por el pacifismo en la opinión pública fue clave para su propagación: más de la mitad de la población (un 74 por 100) era contraria a la instalación de los euromisiles y un 55 por 100 era «partidaria de rechazar todas las armas nucleares» 21.
En esta eclosión situamos a los colectivos de mujeres que, desde distintos enfoques, pero unidos en las campañas anti-OTAN, sirvieron, al mismo tiempo, de dinamizadores del pacifismo y del feminismo.
Desde los setenta las mujeres habían tomado partido por el pacifismo de forma activa y en especial dentro del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC). En el MOC, que se creó en 1977 —movimiento sobre el cual existe una amplia y acreditada bibliografía— 22, las mujeres realizaron desde sus inicios «la misma labor que sus compañeros: difusión, acciones directas, debates, tareas para el funcionamiento del grupo» 23; crearon grupos de apoyo a sus compañeros insumisos, desde el primer caso de Pepe Beúnza 24. Pronto optaron por reivindicaciones propias como la campaña por la educación para la paz y campañas en favor de juguetes no bélicos, la reubicación de los gastos militares como gastos sociales o la objeción fiscal 25.
Esta última elección fue común a muchas organizaciones europeas y promovida con fuerza por la War Resisters International (WRI), de la cual el MOC era miembro 26.
En los ochenta asistimos a la diversificación de la acción de las mujeres dentro del pacifismo —además de dentro del MOC, donde se organizan comisiones de mujeres— 27, dentro de otros grupos de nueva formación como la Comisión Anti-OTAN (CAO), el Colectivo por la Paz y el Desarme, el grupo Lisístrata 28 y Mujeres por la Paz del Comité de Acción por la Paz y el Desarme (CAPD) 29. Dejo fuera de este análisis el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL) 30, vinculado en su mayoría al PSOE y por ende identificado con las decisiones gubernamentales sobre España y la OTAN.
Este análisis no pretende ser exhaustivo, sino que persigue incluir los colectivos con mayor conexión nacional e internacional. Frente a la peculiaridad de cada uno de ellos, los elementos que podemos destacar como comunes son, seguramente, el preponderante componente antimilitarista y el crecimiento a lo largo de los ochenta del nexo, por otro lado, de larguísima trayectoria, entre pacifismo y feminismo 31.
El entretejido entre antimilitarismo, feminismo y antinuclearismo militar y civil constituyó un evidente elemento de fuerza del pacifismo a nivel nacional e internacional. Desde los años setenta se habían experimentado en España un poderoso movimiento feminista y un proceso de aceleración inusitado en el avance de los derechos de las mujeres; en los ochenta, ese movimiento se fue entremezclando con fuerza con las reivindicaciones del movimiento pacifista. Este vínculo entre el feminismo y el pacifismo se hizo visible en las pancartas de protesta sobre «Derecho al aborto sí, nuclear no», «Ni guerra que nos destruya, ni paz que nos oprima», que fueron de las más sonadas y comunes en las manifestaciones en toda Europa.
Si en España las prioridades del movimiento feminista habían sido necesariamente otras, el antifranquismo y luego la abolición de las leyes discriminatorias (adulterio, anticonceptivos, aborto) 32, ahora la apertura a nuevos debates (la lucha contra el patriarcado, la liberación sexual, el cuerpo), a otras formas de actuación y de contenidos 33, hizo que el feminismo adoptase y se uniera al pacifismo como uno de sus cometidos 34. Contra el «aparente declive del feminismo», donde hubo «tanto de desaparición como de transformación», según Ergas, el pacifismo de los ochenta contribuyó al «resurgimiento feminista» de aquellos años 35.
El distanciamiento desde mediados de los años setenta de la ideología marxista, así como de la subordinación a los planteamientos jerárquicos de los partidos, va a repercutir positivamente en las formas de actuación y organización de estos grupos pacifistas que, en su mayoría, se acercan al antimilitarismo feminista. En los colectivos pacifistas se crearon comisiones y grupos de mujeres en búsqueda de autonomía organizativa e ideológica; se propusieron nuevas cuestiones y estrategias de lucha desde posiciones feministas en sus distintas expresiones 36, de acuerdo con los métodos del pacifismo: la no violencia, el rechazo del autoritarismo, del militarismo, en fin, el rechazo a la guerra como expresión máxima de una construcción del patriarcado.
De «fe antimilitarista» eran las mujeres del MOC 37, que protagonizaron su reorganización en un amplio «movimiento social». Este grupo se acercó con facilidad a las reclamaciones de los demás movimientos y tuvo un número muy consistente de mujeres, quizás el mayor, aunque no podamos cuantificarlo 38. En el MOC muchas optaron por una movilización siempre más feminista —a veces de forma consciente, otras no—, crearon «comisiones separadas de mujeres» «para abordar e intervenir temas desde su perspectiva, temas específicos para buscar un lugar desde donde poder intervenir en la política del MOC» en un ambiente a menudo poco propenso a escucharlas 39.
En el II Congreso del MOC, celebrado en mayo de 1986 en Madrid, las mujeres del MOC empezaron a hablar claramente de la relación entre el antimilitarismo y el feminismo en la Segunda Declaración Ideológica 40, donde se hacía manifiesto que, contra el militarismo y sus valores machistas, el feminismo era la única posibilidad de resistencia:
«El MOC se compromete en la lucha por superar la actual situación de opresión que se ejerce sobre la mujer potenciando todo el trabajo feminista que en él se desarrolla [...] con un espíritu no machista en las relaciones personales [...] se empeñará en la denuncia de la función del ejército y del militarismo como transmisor y exaltador de los valores machistas y patriarcales» 41.
Sin embargo, la cuestión de las mujeres ya había sido puesta encima de la mesa en el I Congreso del MOC, en agosto de 1979, donde, pese al exiguo número de mujeres en aquel entonces (14 frente a un total de 95 hombres), se sacó a relucir como necesaria la «oposición al machismo y a las relaciones interpersonales autoritarias y violentas» 42.
Las mujeres del MOC empezaron a defender en varios escritos su acercamiento al «feminismo de la diferencia»; veían, por ejemplo, como la primacía del valor de la igualdad conllevaba en ciertos sectores institucionales la incorporación de las mujeres a las Fuerzas Armadas 43:
«Nosotras defendemos una confluencia entre la filosofía antimilitarista y el feminismo de la diferencia. [...] No deseamos identificarnos con el hombre, no competir con él, [habiendo de dejar] de lado los modelos y puntos de referencia masculinos, que, especialmente en caso de los ejércitos, tanto por su forma como por su fondo y función no hacen sino impedir el verdadero desarrollo de nuestra condición de personas y sobre todo de nuestra especificidad de mujeres» 44.
El feminismo de la diferencia se había difundido en España desde finales de los años setenta y puede que haya tenido cierta trascendencia en las prácticas pacifistas, como nos dicen estos escritos mencionados y otro de las mujeres del MOC de 1991 45, pero, en los informes y panfletos, no hay una adhesión consciente al feminismo desde la teoría de la diferencia, sino que prevalece, como en buena parte del pacifismo feminista en los ochenta, la elección por la vía de la acción autónoma y separada. Lo mismo ocurre en las entrevistas realizadas entre las mujeres del MOC 46, donde lo que sí se detecta es la necesidad de un espacio propio y de un alejamiento de los patrones masculinos, pero no con una adhesión explícita al feminismo de la diferencia: «¡Que nos dejen participar en algo que ellos ya han decidido qué, cómo y cuándo!» 47.
Para las mujeres del MOC «la cultura y los valores feministas [fueron] parte consustancial del antimilitarismo» 48 y un arma frente a «un machismo muy arraigado» y a «la escasa inclusión en la toma de decisiones de calado más explícitamente político» según comenta michelle renyé [sic], «sobre todo en la dirigencia» 49, como precisa Concha Martín, y de aquí «la necesidad de reivindicar una historia no solo de apoyo, sino que [fuera] de mujeres antimilitaristas». «Nuestro espacio propio nos salvó» comentaba Victoria Serna 50.
Un discurso distinto, con un enfoque aparentemente menos feminista, venía desde las mujeres de la CAO, cuyo rol en la bibliografía y documentación es menos visible. La CAO fue una de las principales promotoras de las protestas en la capital, y tenía su origen en la primera marcha de Torrejón del 25 de enero de 1981. Se crea cuando la Comisión Promotora se convierte, de un grupo reducido, en la Comisión Anti-OTAN. Tuvo desde el principio una fuerte vinculación con los movimientos ecologistas, de hecho «se reunía en la sede del grupo Ecologistas en Acción» 51. Finalmente estuvo formada por una veintena de comités anti-OTAN a los que se sumaron colectivos antimilitaristas, feministas, vecinales y ecologistas.
A diferencia del MOC, que estaba desvinculado de toda formación política y a favor de la no violencia, la CAO, que no rechazaba formas de desobediencia civil y de resistencia activa 52, estaba vinculada al Movimiento Comunista (MC) y a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) que habían entrado en escena adquiriendo un papel central en el movimiento pacifista, aunque, como precisa una de sus miembros, «no estábamos allí como representantes de partidos» 53. Esto influyó en que no hubiese una comisión de mujeres de la CAO, «el MC tenía una estructura de mujeres autónoma que evitaba la creación de grupos independientes fuera del mismo» 54, como también la tenía la LCR.
Como ha añadido María Gascón, una de sus activistas:
«No hubo una comisión de mujeres propiamente dicha, porque estaba el movimiento feminista en marcha. [...] Las que formaban parte de la CAO todas eran simpatizantes del feminismo [...] no había fuerza para crear una comisión aparte. [...] No había un grupo separado, pero mucha sensibilidad. [...] Tampoco había un ambiente machista... o quizá no lo reconocíamos como tal. Era un momento de lucha por el aborto, con las mujeres de Bilbao que iban a ser condenadas y había un movimiento muy activo» 55.
El discurso de la CAO sobre las mujeres se hace más explícito en los artículos de su boletín Zona Cero. Se decía que, pese a no tener una comisión propia, las mujeres de la CAO desarrollaban una labor crítica y autónoma dentro del movimiento y que «el movimiento antimilitarista de mujeres nacía en el interior de dos movimientos bastante consolidados: el feminista y el pacifista» y del «rechazo de los valores machistas defendidos y difundidos por la institución militar» 56. Se reivindicaba finalmente «un trabajo diferenciado y específico de mujeres en esta lucha por la paz» 57, hecho que queda confirmado por la opinión de las entrevistadas, que reconocen las dificultades de llevar adelante discursos feministas, como comenta Pilar Yuste, «reducto de feminista cristiana e internacionalista»:
«Teníamos un discurso propio de mujeres [...] pero a veces ser feminista era invalidarse, las luchas tenían que ser fuertes. Yo venía del feminismo... de un grupo llamado “Mujeres Internacionalistas de Madrid”. Mi vocación por la justicia se sumaba a mi amor a la Iglesia y al Mundo, a la Teología y la Solidaridad [...]. Yo voy a la CAO..., no por un partido, y acudí y colaboré también con el MOC» 58.
Parecido es el testimonio de María Jesús Díez, mujer de la CAO, proveniente del feminismo (de los Grupos de Mujeres de la Complutense), que recuerda un grupo muy masculinizado y la dificultad de filtrar el feminismo y su decisión de unirse luego a las mujeres de la revista En Pie de Paz también por su feminismo más definido 59.
En efecto, dentro del movimiento pacifista de las mujeres en España, la voz cantante en el encuentro entre feminismo y pacifismo la tuvo el Colectivo por la Paz y el Desarme, cuyo germen radicaba en Zaragoza, en la organización, entre el 22 y el 28 de noviembre de 1982, de la Campaña por la Paz y el Desarme en respuesta al llamamiento de la ONU a la suspensión de pruebas nucleares 60.
Nacía como grupo mixto, aunque, como dicen las mujeres del Colectivo, «establecimos una relación preferente entre nosotras dentro del grupo mixto [...] que nos daba la autoridad de la palabra y el hacer en femenino» 61. En 1986 se creó, a raíz del Colectivo, el Grupo En Pie de Paz alrededor de la revista homónima 62 que se articulaba en tres principales núcleos organizativos muy conectados entre sí: Zaragoza, Madrid y Barcelona 63. Las mujeres adquirieron en este grupo un papel relevante en los distintos centros: «nos hicimos conscientes de ser portadoras de una diferencia que nos llevaba a iniciar un itinerario de conocimientos de nosotras mismas como mujeres para transformar la extrañeza de nuestras experiencias políticas en un saber» 64.
Como decía Carmen Magallón, figura clave del grupo de Zaragoza: «queríamos ser feministas, ejercer nuestro feminismo en el movimiento por la paz [...] lo que inicialmente fue una intuición llegaría a ser un planteamiento consciente» 65. Así como Violeta Ibáñez desde Barcelona hacía hincapié en que «el modo de hacer política de las mujeres parte fundamentalmente de la práctica de la cotidianidad y es este carácter específico de la acción feminista el que muchas mujeres proponemos incorporar... en la lucha contra la carrera a los armamentos, la estructura de poder militar, la economía de guerra...» 66.
En Madrid, el grupo pacifista estaba vinculado al feminismo de la igualdad, como Marián Cao me relata 67, mientras que, en Barcelona, tuvo un papel central en el desarrollo del feminismo pacifista la adopción del «pensamiento italiano de la diferencia» 68, por la influencia que ejerció la feminista italiana Gulia Adinolfi: «El feminismo italiano de la diferencia [...] nos dio las palabras y la reflexión teórica que necesitábamos» 69.
Adinolfi fue una de las referentes en los debates de las feministas españolas desde que se fundó Mientras Tanto en 1979: «los artículos n.º 1, 2 y 3 nos cambiaron la vida: nuestro feminismo se gestó en estas experiencias de lectura y de práctica política en el pacifismo» 70 y «cuando nos llegaron los escritos de las mujeres desde Italia, nosotras ya estábamos gracias a Giulia en la diferencia» 71.
Las mujeres de En Pie de Paz rechazaron al mismo tiempo toda forma de violencia: militar, patriarcal y nuclear; crearon, como todas ellas relatan, una red a nivel nacional e internacional, y entablaron relaciones sobre todo con las mujeres del MOC, más afines a ellas, así como lugares de encuentro, como fue, por ejemplo, la asamblea alternativa de Madrid 72.
En fin, el pacifismo, el antimilitarismo y el feminismo fueron los términos que prevalecieron en los discursos de todos estos colectivos de mujeres. Si el feminismo era el denominador común, el antimilitarismo y el pacifismo se alternaban o se solapaban indistintamente, lejos de las distinciones teóricas de estos términos. Un elemento diferenciador era la primacía dada a la oposición al servicio militar obligatorio por parte del MOC y la CAO, respecto a En Pie de Paz, donde primaba la libre elección de cada mujer 73. Si es verdad que era posible hasta los años setenta definirse como «antimilitarista sin ser para nada pacifista o viceversa» 74, en los discursos del pacifismo/antimilitarismo de los ochenta no se reconoce esta diferenciación y, como hemos visto, las mujeres son ahora al mismo tiempo pacifistas, antimilitaristas y feministas: «somos pacifistas, no solo antimilitaristas» decían desde Zaragoza 75, «el feminismo iba por delante del antimilitarismo y de la no violencia y lo unía todo», decía Paz Cacho 76. La ideología de género y su transversalidad habían roto estas categorías 77 y las finalidades de estos grupos de mujeres antimilitaristas o pacifistas eran comunes: la lucha contra la OTAN y la guerra nuclear.
Vamos a tratar ahora cómo estos grupos de mujeres se vincularon con el movimiento pacifista antinuclear europeo. Las entrevistas, la documentación de la Women’s Library de la London School of Economics y el análisis del Journal of European Nuclear Disarmament 78 muestran estas conexiones y cómo el foco de atracción y el punto de mira de Europa fue Greenham Common: un lugar que fue no solo una referencia simbólica del activismo pacifista feminista 79, sino también el espacio del que muchas mujeres formaron parte.
El movimiento pacifista internacional se organizó a través de numerosísimas organizaciones internacionales. De todas ellas, el END es el que adquiere especial importancia en la reconstrucción de los vínculos transnacionales de las organizaciones españolas con el movimiento europeo.
El END nacía en 1980 por iniciativa de Edward Palmer Thompson y su pareja Dorothy, como filiación y en discrepancia con el Campaign for Nuclear Disarmament (CND), que había sido fundado por Bertrand Russell en los años cincuenta 80. El objetivo del END fue promover un movimiento paneuropeo por el no alineamiento 81 puesto en marcha en Roma en noviembre de 1981 con organizaciones pacifistas de diversa procedencia 82. El END fue concebido pues como un «foro común [para] ciudadanos de ambos lados del telón de acero», «una herramienta de la diplomacia popular no violenta» 83 para facilitar una «distensión desde abajo» 84 y que, finalmente, logró contar con un amplio abanico de organizaciones y participantes 85.
En el marco del END, adquirieron relevancia para el desarrollo del movimiento pacifista sus convenciones, que se celebraron entre 1982 y 1991 86 y que, en el periodo aquí analizado, entre 1982 y 1986, se convirtieron en foro internacional de debate y también en caja de resonancia de las campañas anti-OTAN. La visita que Edward Thompson realizó a España pocos días antes del referéndum, el 12 de enero 1986, fue uno de los momentos de mayor visibilidad de esta relación entre el END y España 87.
La participación de las mujeres españolas en las convenciones del END fue importante, quizás no numéricamente hablando, aunque no podemos saber exactamente cuántas fueron, pero sí porque reforzó el fuerte compromiso español entre la movilización anti-OTAN y la movilización antinuclear. Muchas de las mujeres entrevistadas relatan el viaje hacia las convenciones y la permanencia en ellas como una de las experiencias más formativas y positivas en términos de solidaridad 88.
La conexión con el movimiento antinuclear europeo en España había sido desde el principio muy fuerte en Zaragoza, donde se experimentaba el rechazo a la existencia de la base norteamericana. En mayo de 1983 se organizaba el «Primer Encuentro de Organizaciones Pacifistas del Estado Español y la primera cadena humana que reunió a 25.000 personas», el «Puente por la Paz» de quince kilómetros (entre el castillo Palomar y las verjas de la base americana) 89 que fue uno de los actos más parecidos a los que se habían organizado en las protestas europeas (en abril la CND lograba unir con una cadena humana las bases de Greenham Common, Aldermaston y Burghfield) 90. En Zaragoza «la población viv[ía], muy en su piel y de modo análogo a cómo se vivía en Europa, el sentimiento y la percepción del peligro, lo que facilitó la sintonía con el movimiento pacifista europeo» 91.
Al calor de las protestas por la instalación de los euromisiles florecieron varios grupos en España, como fue el caso en 1982 del Comitè per la Pau i el Desarmament del Guinardó (núcleo inicial de la revista En Peu de Pau), que reconocía en las protestas antinucleares de Greenham un modelo:
«Desde muy pronto las mujeres del Comité del Guinardó empezamos a hacer actividades de difusión de la experiencia del campamento de Greenham Common con vídeos, charlas, etc. Para estas actividades nos juntamos con mujeres del Comité Antinuclear de Catalunya (CANC), grupo ecologista contrario a la energía nuclear de uso civil que muy pronto se posicionó también en contra de su uso militar. Nos autodenominábamos “Mujeres del CANC y del Guinardó”» 92.
Estas «muestras» de la resonancia de la movilización antinuclear en España son un ejemplo de la conexión con el movimiento pacifista en Europa que se afianzó en las convenciones del END. En la Convención de Berlín Occidental, en 1983, el Colectivo por la Paz y el Desarme entró en contacto con uno de los iconos del pacifismo alemán internacional, Petra Kelly 93, relación que mantuvo, como se observa cuando, durante su visita a Madrid en 1989, publicaron una entrevista en En Pie de Paz:
«[En Berlín] conocí a Petra Kelly —dice Magallón—[...] y descubrí por primera vez las acciones simbólicas que protagonizaban las mujeres en su lucha contra la guerra nuclear. El entusiasmo que traje venía de la efervescencia de aquel movimiento que arrastraba a miles de personas, de la radicalidad y la determinación de los jóvenes alemanes de ambos sexos en Berlín, de la gran marcha de Perugia a Asís al año siguiente, de la horizontalidad y las acciones no violentas, de las Mujeres de Greenham Common...» 94.
Esta Convención y la siguiente marcaron la forma de actuar del pacifismo de las mujeres en España, cuando empezaron a darse formas de movilización muy parecidas y en sintonía con Greenham, como si de un proceso de ósmosis se tratara, ya que el lenguaje y la simbología se uniformaban y las palabras efervescencia, horizontalidad, acciones no violentas se difundían y compartían. En la Convención del END por una Europa Desnuclearizada, organizada en Perugia entre el 17 y el 21 de julio de 1984, las mujeres pacifistas españolas recogieron el guante que lanzaban las mujeres de Greenham, con el llamamiento «Diez millones de mujeres en diez días», del cual el END actuó como caja de resonancia. Pese a la importancia modélica de Greenham, este campamento fue una realidad alejada de la política del CND y del END y de sus actuaciones 95, y fueron pocas las mujeres del campamento de Berkshire que participaron en las convenciones. Una de ellas fue Rebecca Johnson, figura relevante del pacifismo feminista británico, que declaró que no siempre compartieron sus formas de actuación y menos aún de la CND «bloqueada en un aburrido y tradicional movimiento de izquierda [...] donde existía una mentalidad patriarcal» 96.
Las mujeres de Greenham pedían a las europeas que «desarrollaran labores de paz» del 2 al 30 de septiembre y que «salieran de sus casas para manifestarse» en contra de la guerra. La respuesta fue la creación de campamentos de mujeres en muchas localidades españolas, como Madrid, Barcelona, Fuente Dé en Cantabria 97, Las Palmas de Gran Canaria, Zaragoza 98:
«Las mujeres del Campamento [de Zaragoza] teníamos claro que una de las bazas de la no violencia es la creatividad. Queríamos huir de los eslóganes desgastados, crear nuevos lenguajes, convivir, implicarnos del todo. Por eso el campamento fue también una fiesta: con una radio libre, La Violetera, desde la que emitíamos día y noche, con risas, cartas, telegramas, visitas...» 99.
En otras realidades, algunas locales, como en Santa Coloma (Barcelona), las mujeres antimilitaristas, en solidaridad con las mujeres de Greenham, dieron vida a un campamento donde se manifestaban al son de «Ni OTAN, Ni bases Ni euromisiles, por la Neutralidad» 100.
En Tortosa las mujeres crearon otro campamento en coincidencia con el Día Internacional de las Mujeres por la Paz, el 24 de mayo de 1985 —fecha de celebración a la cual España se sumó ese mismo año y que se venía celebrando desde 1981— 101, en los terrenos donde se iba a construir una academia militar para mujeres 102.
Como relata Montserrat Cervera, feminista y pacifista destacada de Dones Antimilitaristes (DOAN), un importante colectivo de mujeres antimilitaristas nacido en 1982 en Barcelona 103, «la idea de “los campamentos por la paz” nos vino desde Greenham [...] invitamos a una mujer de Greenham a Barcelona, nos contó, y luego, empezamos a pensar: ahora, nosotras, ¿qué podemos hacer? Entonces, en el 85 [...] empezamos a pensar: ¿y si vamos a Tortosa?» 104.
Esta acampada finalmente «reunió a mil mujeres» que llegaron por medio del «tren violeta» que trasladó solo a mujeres y fue conducido por mujeres, que tuvo un elevado impacto simbólico en España, como una experiencia hecha desde el separatismo —en línea con muchos campamentos de mujeres en Europa— 105 y que fue señalada como una de las actividades logradas entre las iniciativas europeas del 24 de mayo 106.
Volviendo a la III Convención, en Perugia, nos encontramos con la presencia de la CAO, que estrechó relaciones con otros grupos de mujeres pacifistas de Gran Bretaña, Francia e Italia: «por cuatro días [nos] reuni[mos] el pasado mes de enero mujeres representativas del Women’s Peace, CND, END, del Grupo 10 de Marzo de Italia, del CODENE y del Resistance Internationelle de Femmes à la Guerre de Francia» 107. Allí, en representación de las mujeres españolas, María Gascón pronunciaba una conferencia sobre «Mujer, militarismo, pacifismo», donde se rechazaban los valores del machismo y del autoritarismo, se animaba a luchar en contra de la guerra, pero también contra un tipo de paz «que oprime a las mujeres», una paz pasiva y un supuesto «pacifismo “natural” [atribuido] a las mujeres» 108.
A raíz de este discurso, se puede observar que en los escritos y conversaciones mantenidas con las pacifistas españolas no hay referencias a los postulados «biologicistas» y a los debates sobre un «pacifismo esencialista de mujeres» 109. Desde la no violencia o la desobediencia civil, experimentaron un concepto de paz activo, resistente y feminista no imbricado en el debate teórico feminista sobre el reduccionismo esencialista 110.
Regresando a Perugia cabe destacar que representó un paso adelante para el pacifismo feminista; la limitada presencia femenina en las acciones de estos foros puso sobre la mesa como exigencia inmediata la creación de un grupo propio de pacifistas, de un Subcomité de Mujeres dentro del Comité de Enlace, para promover actividades propias en las convenciones, para fomentar el aumento del número de las speakers en las intervenciones de las convenciones futuras (50 por 100), así como la creación de talleres mixtos de debate, grupos de afinidad de mujeres y la necesidad de avivar la implicación de las mujeres en el difícil diálogo entre las organizaciones pacifistas del Este y del Oeste 111. La propuesta que llegó al Comité de Enlace reunido en Madrid en febrero de 1985 —que muestra la centralidad que adquiere España en este movimiento— fue aprobada y dio pie a la primera reunión del Subcomité de Mujeres, en abril de 1985, en París, para preparar la IV Convención de Ámsterdam que se iba a celebrar del 3 al 6 de julio de 1986 112.
El Subcomité reunió finalmente dieciséis grupos de mujeres de toda Europa; por España estuvo presente la CAO, que formaba parte del comité coordinador. El programa detallado de las intervenciones de las mujeres para la IV Convención y los temas presentados mostraban la especificidad de los discursos feministas, como, por ejemplo, la no violencia, las mujeres y el Tercer Mundo, mujeres y Guerra Fría, feminismo y pacifismo 113.
En Ámsterdam, la CAO, en sintonía con los discursos antes expuestos, presentó una conferencia en los talleres mixtos: «Mujeres y militarismo» 114 y otra, ofrecida por la comisión internacional, «Contra el militarismo y por una cultura de paz» 115.
La fuerza de esta organización a nivel nacional explica la presencia de la CAO como única organización del Comité de Enlace, aunque, por supuesto, otras organizaciones, como las Mujeres por la Paz del CAPD 116 o las mujeres de En Pie de Paz o Dones Antimilitaristes acudieron, así como lo hicieron a nivel individual mujeres de otros colectivos, mientras que el MOC se movía por otro cauce internacional, que era la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG).
Finalmente, las convenciones del END llevaron a las mujeres españolas a estrechar vínculos con el pacifismo feminista internacional, a poner en común sus experiencias con las europeas y a fortalecer relaciones con Greenham y los demás campamentos o experiencias parecidos que se estaban desarrollando en todo el mundo.
A la luz del análisis de las experiencias del pacifismo de los diversos colectivos en España, podemos convenir en que el acercamiento de estos grupos hacia posiciones feministas fue gradual, y algunos se acercaron al pacifismo desde una posición y conciencia feministas previas. El feminismo y en general la acción de las mujeres vinieron a «mitigar» un entorno muy masculinizado y se convirtieron en una perspectiva concreta, una opción política que hizo que las mujeres dieran un nuevo significado al activismo pacifista. Estas mujeres, en los ochenta, adquirieron el rol de protagonistas de este cambio y en los noventa ocuparon lugares de dirección en las organizaciones pacifistas.
La relación entre el pacifismo y el feminismo se afianzó y se modificó gracias también a la internacionalización de las experiencias de estos grupos. El carácter transnacional del feminismo pacifista fue lo que permitió que la participación de estas mujeres tanto en las redes formales (END, IRG) como en las informales sirviera para «la difusión de ideas, estilos y métodos de acción política» 117. Las redes entretejidas fueron una opción y finalmente una oportunidad política 118, como se lee, por ejemplo, en la revista En Pie de Paz, cuando, con la mirada puesta en Greenham, Isabel Ribera decía: «Habíais optado por la acción directa no violenta. Nos impresionaron las acciones que [...] realizabais cotidianamente. Significaban una bocanada de aire fresco que chocaba con las formas de protesta a las que estábamos habituadas» 119.
La llegada de las mujeres de Greenham a España fue además expresión del logrado funcionamiento de estas redes. Su gira por toda España, en la «que vinieron a hablar del campamento y a invitar a las españolas» 120, o las numerosas visitas de las pacifistas de Greenham (Jo Page, Anita Gray, Heather Hunt), y la aportación de algunas de ellas en algunas de las revistas pacifistas, como En Pie de Paz para dar a conocer su experiencia, son pruebas de esta puesta en común de contenidos.
Al mismo tiempo estas redes espontáneas trasnacionales también experimentaron, en la reciprocidad de las relaciones, la presencia de las mujeres españolas en el activismo internacional: «En la acción de enfrentase a la alambrada, los días 12 y 13 de diciembre de 1986, llegaron a Greenham unas 8.000 mujeres. Entre ellas [...] una mujer de Barcelona que había participado activamente en la reciente campaña del referéndum sobre la OTAN en España» 121.
Muchas pacifistas españolas por iniciativa propia, o en grupo, decidieron vivir una temporada en Greenham y compartir esta experiencia de resistencia. Este fue el caso de Paz Cacho: «Yo estaba en la puerta azul» 122; «volví varias veces... la tercera estuve más tiempo, finalmente volví por amor». Hoy sigue viviendo en Liverpool 123; y de michelle renyé [sic], otra de las jóvenes españolas que se dirigió a la blue gate entre los años 1989 y 1992, donde como ella comenta «aprendí que la separación era necesaria» y «me hice feminista» 124.
Las mujeres españolas, aunque no adquirieran protagonismo en términos numéricos en las redes trasnacionales, sí contribuyeron a afianzar el movimiento internacional desde su visión, propia del feminismo antimilitarista, basado en una arraigada experiencia de resistencia y oposición política.
Tanto los foros oficiales como estas redes transnacionales cambiaron las formas del activismo pacifista e influyeron decididamente en el pacifismo feminista tras el referéndum sobre la OTAN de 1986, cuando el pacifismo se reinventó con nuevos objetivos y se reafirmó en el feminismo. Casi todas las mujeres entrevistadas se volcaron en los noventa hacia un activismo pacifista y feminista consciente, algunas en grupos separados, como las Anjiras 125, o volviendo al ecologismo (al grupo AEDENAT), donde hubo cierta confluencia entre feminismo, pacifismo y ecologismo, no coincidente con el ecofemismo académico y posterior. Muchas se volcaron en el activismo internacional en Mujeres de Negro 126, en la Women’s International League for Peace and Freedom (WILPF), otras, en fin, hicieron del pacifismo feminista el objeto de sus investigaciones en el mundo académico y fuera de él.
El balance del pacifismo feminista de los ochenta es, en fin, positivo a la luz de lo que promovió en la militancia y en la investigación, tras la debacle sufrida con el referéndum anti-OTAN.
* El presente trabajo ha sido elaborado en el marco del proyecto de investigación «Género, compromiso y transgresión en espacios transnacionales e intergeneracionales. Siglo xx» (PID2020-118574GB-100/AEI/10.13039/501100011033), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación, y con la ayuda inestimable de todas aquellas que generosamente han querido compartir sus experiencias.
1 Jill Liddington: The Road to Greenham Common. Feminism and Anti-Militarism in Britain since 1820, Syracuse-Nueva York, Syracuse University Press, 1989, y Alice Cook y Gwyn Kirk: Greenham Women Everywhere: Dreams, Ideas & Actions from the Women’s Peace Movement, Londres, South End Press, 1983.
2 Cynthia Cockburn: Antimilitarism: Political and Gender Dynamics of Peace Movements, Londres, Palgrave MacMillan, 2012.
3 Kristina Spohr-Readman: «Conflict and Cooperation in Intra-Alliance Nuclear Politics: Western Europe, the United States, and the Genesis of NATO’s Dual-Track Decision, 1977-1979», Journal of Cold War Studies, 13 (2011), pp. 39-89, esp. p. 40.
4 David Cortright: Peace: A History of Movements and Ideas, Cambridge, University Press, 2008, p. 3.
5 Benjamin Ziemann: «A Quantum of Solace? European Peace Movements During the Cold War and their Elective Affinities», Archiv für Sozialgeschichte, 49 (2009), pp. 351-389, esp. p. 370.
6 Josep Espluga Trenc et al.: «Las dimensiones sociales de la percepción de la energía nuclear. Un análisis del caso español (1960-2015)», Revista Internacional de Sociología, 75(4) (2017), e075.
7 Ladislao Martínez: «El movimiento ecologista. La lucha antinuclear y contra el modelo energético en España», Mientras Tanto, 91-92 (2004), pp. 83-105, y Montserrat Huguet: «En las trincheras de la naturaleza. Ambientalismos y mujeres en las sociedades contemporáneas», en Carlos Fernández Liesa y Eugenia López Jacoiste: Nuevas dimensiones del desarrollo sostenible y derechos económicos, sociales y culturales, Madrid, Thomson Reuters, 2021, pp. 211-248.
8 Charles F. Powell: El amigo americano. España y Estados Unidos: de la dictadura a la democracia, Madrid, Galaxia Gutenberg, 2011, y Misael Arturo López Zapico e Irina Alexandra Feldman: Resistiendo al Imperio: nuevas aproximaciones al antiamericanismo desde el siglo xx hasta la actualidad, Madrid, Sílex, 2019.
9 Pedro Oliver Olmo: «El movimiento pacifista en la transición democrática española», en Rafael Quirosa-Cheyrouze Muñoz (coord.): La sociedad española en la Transición: los movimientos sociales en el proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2001, pp. 271-286, y Jaime Pastor Verdú: «El movimiento pacifista (1977-1997)», en Manuel Ortiz Heras et al. (coords.): Movimientos sociales y Estado en la España contemporánea, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2001, pp. 457-472.
10 Carmen Magallón: El Movimiento por la Paz en Europa, 1984-2009. 25 años de trabajo por la paz, Zaragoza, Fundación SIP, 2009, p. 18.
11 Véase Massimo de Giuseppe (ed.): «La storia della pace. Riflessioni storiografiche e prospettive future», Contemporanea: Rivista di Storia dell’800 e dell’900, 25(1) (2022), pp. 99-113.
12 Mario López-Martínez y Andrés López-Estapé: «El pacifismo académico en España», en Ángeles González, Inmaculada Cordero y Alberto Carrillo (coords.), El ámbito de lo posible. Crisis y reconstrucciones en el último medio siglo (1970-2020), Madrid, Sílex, 2023, pp. 291-308.
13 John Galtung: Sobre la paz, Barcelona, Fontamara, 1985.
14 Berenice A. Carroll: Feminism and Pacifism: Historical and Theoretical Connections, Londres, Routledge, 1987, y John M. S. Moolakkattu: «Feminism and Peace Studies: Taking Stock of a Quarter Century of Efforts», Indian Journal of Gender Studies, 13(2) (2006), pp. 137-162.
15 Julie Gottlieb y Gaynor Johnson: Gendering Peace in Europe c. 1880-2000, Londres, Routledge, 2022.
16 Raúl López Romo: «Tiñendo la patria de verde y violeta: la relación del nacionalismo vasco radical con los movimientos antinuclear y feminista en la Transición», en Encarna Nicolás y Carmen González (eds.): Ayeres en discusión: temas clave de historia contemporánea hoy, Murcia, Universidad de Murcia, 2008.
17 Heriberto Dávila Ojeda: «El ecologismo en Canarias. El movimiento ecologista canario en sus primeros años», El Ecologista, 46 (2005-2006), pp. 56-58.
18 Acción no violenta anti-OTAN y antimilitarista del MOC que se fue celebrando desde 1981 cada sábado de siete a ocho de la tarde en Madrid, Donación del Archivo Privado de Concha Martín (MOC).
19 Se elige, siguiendo la literatura social de la investigación para la paz, el término noviolencia. Véase Mario López-Martínez: NOVIOLENCIA. Teoría política y experiencias históricas, Chaco, Editorial de la Universidad Tecnológica Nacional, 2012.
20 Gonzalo Wilhelmi Casanova: «El movimiento por la paz en Madrid de la Transición al primer Gobierno socialista (1975-1986)», en Álvaro Soto Carmona (dir.) y Abdón Mateos López (coord.): Historia de la época socialista: España, 1982-1996, Madrid, UNED-UAM, 2011, p. 45.
21 «El interés con la cooperación defensiva con los EEUU es solo del 11 por 100 (frente a un 34 por 100 en el Reino Unido y un 33 por 100 en la RFA)», en London School of Economics, Politics, economics and social science collections, Western Countries, Spain, 1982-1987, END/20/10, https://archives.lse.ac.uk/records/END/20/10.
22 Los más recientes Carlos Ángel Ordás García: «El Movimiento de Objeción de Conciencia en la década de 1980», Ayer, 116 (2019), pp. 277-303, y Pedro Oliver Olmo: «El movimiento de objeción de conciencia e insumisión en España (1971-2002)», Hispania Nova, 19 (2021), pp. 353-388.
23 Movimiento de Objeción de Conciencia: «Género e identidad sexual en la objeción antimilitarista», en En legítima desobediencia: tres décadas de objeción, insumisión y antimilitarismo, Madrid, Traficantes de Sueños, 2002, pp. 133-135.
24 Pedro Oliver Olmo: La utopía insumisa de Pepe Beúnza. Una objeción subversiva durante el franquismo, Barcelona, Virus, 2002.
25 Concha Martín: «La mujer y la objeción de conciencia», en Mujer, paz y militarismo, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 1984.
26 Carlos Ángel Ordás: «The Antimilitarist Campaign against Compulsory Military Service in Spain during the 1970s and 1980s», Contemporary European History, 33 (2022), pp. 286-304.
27 Distinto del Grupo de Mujeres Antimilitaristas del Movimiento de Objetores de Conciencia que se crea a finales de los ochenta y se disuelve a principios de los noventa. Movimiento de Objeción de Conciencia: «Género e identidad sexual...», pp. 133-134.
28 Grupo feminista de la Universidad de Zaragoza que empezó en 1983-1984 muy activo en el pacifismo, formado por una veintena de mujeres. Entrevistas a Esther Moreno (Google Meet, 15 de junio de 2022) y Paz Cacho (Google Meet, 11 de julio de 2022).
29 «Un grupo plural, había miembros de partidos, pero ningún partido tenía fuerza especial. La mayoría eran mujeres. Formado por Mujeres por la Paz, Club de Amigos de la UNESCO, Cristianos por la Paz, Movimiento de Objeción de Conciencia...», entrevista a Mercedes Pardo (Madrid, 2 de marzo de 2023), del colectivo Mujeres por la Paz y portavoz en la CEOP.
30 Hubo voces en la organización en contra del referéndum; al respecto véase Francisca Sauquillo, Francisco Aldecoa y Jacobo Echeverría: «Sobre el pacifismo», Tiempos de Paz, 100 (2011), pp. 93-100.
31 Véanse Teresa María Ortega López y Mónica Moreno Seco: «Mujeres contra la guerra, mujeres por la paz», en Teresa María Ortega López y Mónica Moreno Seco: Historia de las mujeres y del feminismo desde 1945. Nuevos debates, nuevos espacios, nuevas identidades, Madrid, Síntesis, 2023, pp. 159-184, y Marisa Revilla Blanco y Anabel Garrido Ortolá: «Mujeres y movilizaciones por la paz, feminismo y pacifismo desde la segunda mitad del siglo xx», en Francisco J. Leira Castiñeira (coord.): El pacifismo en España desde 1808 hasta el «No a la Guerra» de Iraq, Madrid, Akal, 2023.
32 Pilar González Ruiz, Carmen Martínez Ten y Purificación Gutiérrez López (eds.): El movimiento feminista en España en los años 70, Valencia, Universidad de Valencia-Cátedra, 2009.
33 Geraldine M. Scanlon: «El movimiento feminista en España, 1900-1985: logros y dificultades», en Judith Astelarra (comp.): Participación política de las mujeres, Madrid, CIS, 1990, pp. 83-100, esp. p. 94.
34 Mercedes Agustín Puerta: «El feminismo independiente: un recorrido teórico a través de sus encuentros», en María José Jiménez Tomé (coord.): Pensamiento, imagen, identidad: a la búsqueda de la definición de género, Málaga, Universidad de Málaga, 1999, pp. 83-98.
35 Yasmine Ergas: «El sujeto mujer: el feminismo de los años sesenta-ochenta», en Georges Duby y Michelle Perrot (eds.): Historia de las mujeres en Occidente, vol. 5, Madrid, Taurus, 1993, pp. 546-572, esp. 570-571.
36 Sandra Blasco Lisa: «Las españolas y la paz como cuestión de género durante la segunda ola feminista», en Giulia Quaggio y Sergio Molina (eds.): Imaginando la Guerra Fría desde los márgenes. La sociedad española y la OTAN (1978-1989), Granada, Comares, 2023, pp. 81-100.
37 El primer estudio sobre las mujeres del MOC en Josemi Lorenzo: «Antimilitarismo y feminismo: las mujeres. La campaña Insumisión y 25 Años Desobedeciendo», en Ana Aguado (ed.): Mujeres, regulación de conflictos sociales y cultura de la paz, Valencia, Universitat de Valencia, 1999, pp. 177-200.
38 «... el MOC no tiene registros o nóminas de las/os militantes, no expide carnets de ningún tipo y basa su funcionamiento en un asamblearismo radical». Movimiento de Objeción de Conciencia: «Género e identidad sexual...», p. 134.
39 Entrevista a Concha Martín (MOC) y Yolanda Juarros (IRG) (Madrid, 28 de abril de 2022).
40 Oveja Negra, 32 (1986), p. 13.
41 Grupo de Mujeres Antimilitaristas del MOC: Mujer y antimilitarismo, Madrid, Fundación Salvador Seguí-Centro de Estudios Libertarios, 1991, p. 29,
42 Oveja Negra, 1 (1982), pp. 8-9, y Actas del MOC, 1979, en https://www.antimilitaristas.org/Actas-del-Primer-Congreso-del-Movimiento-de-Objetores-y-Objetoras-de-Conciencia.html (consultado el 12 de diciembre de 2022).
43 «Con nosotras que no cuenten», un artículo escrito para El País por Concha Martín que no se llegó a publicar. Archivo Privado de Concha Martín (MOC).
44 La Oveja Negra, 39 (1988), pp. 9-11.
45 Grupo de Mujeres Antimilitaristas del MOC: Perspectivas hacia una nueva ética feminista, Madrid, Fundación Salvador Seguí-Centro de Estudios Libertarios, 2006, pp. 35-37.
46 Entrevista a Concha Martín.
47 Informe MOC, 1988/3, p. 1, en Josemi Lorenzo: «Antimilitarismo y feminismo...», nota 18, p. 184.
48 Xabier Agirre et al.: La insumisión, un singular ciclo histórico de desobediencia civil, Madrid, Tecnos, 1988, p. 166.
49 Entrevista a michelle renyé [sic] (Google Meet, 7 de junio de 2022), voluntaria de IRG.
50 Entrevista a Victoria Serna (MOC) (Google Meet, 23 de junio de 2022).
51 «Se usa porque no era una sede de partido y la sede de Ecologistas era céntrica y neutra». Entrevista a María Gascón, de la CAO (Google Meet, 24 de junio de 2022).
52 Zona Cero, 10 (1986), pp. 5-6,
53 Entrevista a María Gascón.
54 Entrevista a Javier Álvarez Dorronsoro (Google Meet, 7 de julio de 2023), de la dirigencia de la CAO y afiliado del MC.
55 Entrevista a María Gascón.
56 Panfleto antimilitarista en Zona Cero, 7 (1984), p. 2.
57 María Gascón: «Mujer», Zona Cero, 7 (1985), p. 12.
58 Entrevista a Pilar Yuste (Google Meet, 3 de febrero de 2023).
59 Entrevista a María Jesús Díez (Madrid, 18 de enero de 2023), mujer de la CAO, inicialmente, y, luego, del grupo de mujeres de En Pie de Paz.
60 Carmen Magallón: «El Movimiento por la Paz en Europa...», pp. 23-24.
61 Elena Grau Biosca, Violeta Ibáñez Royo e Isabel Ribera Domene: «Mujeres de la revista En Pie de Paz», DUODA. Revista d’Estudis Feministes, 23 (2002), pp. 131-139.
62 En Pie de Paz provino de la fusión de la revista catalana En Peu de Pau y de la aragonesa Euroshima y disfrutó de la colaboración de la revista Mientras Tanto, fundada por Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán en 1979. Nacía en los momentos anteriores a la celebración del referéndum. «Saldremos de la OTAN», En Pie de Paz, 0 (1986).
63 En Madrid tuvieron una función principal Carmen Sacristán, María Jesús Díez y Marián Cao; en Barcelona, Elena Grau, Isabel Ribera y Violeta Ibáñez, y en Zaragoza, el mismo núcleo que dio vida al Colectivo por la Paz y el Desarme, con Carmen Magallón como referente. Entrevista a Carmen Magallón (Google Meet, 12 de enero de 2023).
64 Elena Grau Biosca, Violeta Ibáñez Royo e Isabel Ribera Domene: «Mujeres de la revista En Pie de Paz...», p. 132 (cursiva de la autora).
65 Carmen Magallón: Mujeres en pie de Paz. Pensamiento y práctica, Madrid, Siglo XXI, pp. 10-11.
66 Violeta Ibáñez: «El grupo de afinidad de mujeres», En Peu de Pau, 2 (1984), p. 19 (cursiva de la autora).
67 Entrevista a Marián Cao (Google Meet, 6 de febrero de 2023).
68 María-Milagros Rivera Garretas: «Historia de una relación sin fin: la influencia en España del pensamiento italiano de la diferencia sexual (1987-2002)», DUODA. Revista d’Estudis Feministes, 24 (2003), pp. 19-37, esp. p. 20.
69 Entrevista a Elena Grau (Google Meet, 10 de febrero de 2023).
70 Ibid.
71 Giulia Adinolfi: «Por un planteamiento democrático de la lucha de las mujeres», Mientras Tanto, 94 (2005), pp. 53-60.
72 «Un colectivo donde confluían del movimiento de En Pie de Paz (Marián Cao), Cristina Leralta, Ecologistas en Acción, Ana Domínguez de la Librería de mujeres». Entrevista a Pilar Yuste.
73 Entrevista a Carmen Magallón.
74 Carlos Ángel Ordás: «El movimiento antimilitarista y pacifista en España en el último tercio del siglo xx: estado de la cuestión», Spagna Contemporánea, 45 (2014), pp. 85-99.
75 Entrevista a Carmen Magallón.
76 Entrevista a Paz Cacho (Google Meet, 11 de julio de 2022).
77 Emily S. Rosenberg: «Gender», The Journal of American History, 77(1) (1990), pp. 116-124.
78 END. Journal of European Nuclear Disarmament (1982-1989), The Modern Record Centre, Universidad de Warwick, Coventry, MSS.181X/5/1/2-7.
79 Laura Branciforte: «The Women’s Peace Camp at Comiso, 1983: Transnational Feminism and The Anti-Nuclear Movement», Women’s History Review, 31 (2021), pp. 316-343.
80 Sobre el CND, véase WL, LSE, END, Conventions, END/17/1, box 56, https://archives.lse.ac.uk/Record.aspx?src=CalmView.Catalog&id=END%2F17 (consultado el 12 de diciembre de 2022).
81 Patrick Burke: «European Nuclear Disarmament: Transnational Peace Campaigning in the 1980s», en Eckart Conze et al. (eds.): Nuclear Threats, Nuclear Fear and the Cold War of the 1980s, Cambridge, Cambridge University Press, 2016, pp. 227-250, esp. p. 237.
82 Por España estaba presente Enrique Gomáriz de la Fundación Pablo Iglesias. «Consultation of European Nuclear Disarmament», 11/12 November, WL, LSE, END, Conventions, 17.
83 José Ángel Ruiz Jiménez: El Desarme Nuclear Europeo (END). Movimiento social y diplomacia ciudadana, Granada, Universidad de Granada, 2006, pp. 14-15.
84 Benjamin Ziemann: «A Quantum of Solace?...», p. 367.
85 En 1983, 2.000 participantes asistieron a la II Convención de Berlín. «Background to the Perugia Convention», END, Conventions, Perugia papers, 1-52, box 56.
86 Bruselas (1982), Berlín (1983), Perugia (1984), Ámsterdam (1985), Evry (Francia, 1986), Coventry (Reino Unido, 1987), Lund (Suecia, 1988), Vitoria-Gasteiz (España, 1989) y Finlandia/Tallin, Estonia (1990), siendo la última en Moscú (1991).
87 «Visit to Spain, Feb 20-24», WL, LSE, END, 20/10, España.
88 Mercedes Pardo, María Gascón, Elena Grau: todas ellas acudieron a las convenciones del END.
89 «Un autobús de personas de España, entre las que había un grupo de Zaragoza», en Carmen Magallón: «El Movimiento Por La Paz...», pp. 22-23.
90 Soledad Gallego-Díaz: «Éxito de las marchas antinucleares en Europa. El “fin de semana por la paz” cubrió sus objetivos en el Reino Unido», El País, 5 abril de 1983.
91 Carmen Magallón: Mujeres en Pie de Paz..., p. 12.
92 Se crea en el barrio del Guinardó un grupo pacifista en 1981-1982, que da vida a la revista en En Peu de Pau. Entrevista a Elena Grau.
93 Petra Kelly: Luchar por la esperanza. Sin violencia hacia un futuro verde, Madrid, Debate, 1984.
94 «Los Verdes en crisis. Entrevista a Petra Kelly», En Pie de Paz, 13 (1989), pp. 19-20.
95 Benjamin Ziemann: «A Quantum of Solace?...», p. 384.
96 Entrevista a Rebecca Johnson (19 de julio de 2023), activista en Greenham y, entre otros cargos, presidenta de la International Campaign to Abolish Nuclear Weapon y vicepresidenta de CND.
97 «Campamento de Mujeres Antimilitaristas» del MOC, Fuente Dé, 13-15 de agosto, 1985, Archivo Privado de Concha Martín.
98 «Más de cincuenta mujeres dormíamos en las tiendas, y la gran carpa reunía a cientos en los debates que se organizaban durante el día... Llegaron mujeres de Madrid, Barcelona, Bilbao, Huesca, San Sebastián, Vitoria, Valladolid, Salamanca, Vinaroz... Y el fin de semana un autobús completo desde Euskadi». Carmen Magallón: «El campamento de mujeres por la paz: una acción del pacifismo feminista en Zaragoza», en Colectivo Zaragoza Rebelde: Zaragoza rebelde. Guia de movimientos sociales y antagonismos 1975-2000, Zaragoza, Colectivo ZGZ rebelde, 2009, p. 35.
99 https://zaragozarebelde.org/campamento-mujeres-paz/ (consultado el 12 de diciembre de 2022).
100 «Grupos de Mujeres de Santa Coloma», WL, LSE, END, 20/10, España.
101 «Documento sobre el DOAN y la acampada en Tortosa» y «El tren violeta», WL, LSE, END, 20/10, España.
102 Entrevista a Montserrat Cervera, Un tren de mujeres para cambiar el mundo, en https://www.antimilitaristasmadrid.org/entrevista-a-montserrat-cervera/ (consultado el 5 de junio de 2023), y «Mayo de 1985. Mil mujeres se desplazan a protestar en tren hasta Tortosa», en https://www.elsaltodiario.com/planeta-desarmado/entrevista-a-montserrat-cervera-un-tren-de-mujeres-para-cambiar-el-mundo (consultado el 5 de junio de 2023).
103 «DOAN. Dones Antimilitaristes», DUODA. Revista d’Estudis Feministes, 7 (1994), pp. 167-173.
104 Entrevista a Montserrat Cervera.
105 Greenham Common, Kerzetskamp (Países Bajos), Reckershausen (Alemania Occidental), La Ragnatela (Italia). Laura Branciforte: «The Women’s Peace Camp at Comiso, 1983...», p. 16.
106 «Women’s Subcommittee (of the Liaison Committee)», WL, LSE, END, 17/11, box 55.
107 Panfleto antimilitarista en Zona Cero, julio (1984), p. 16.
108 «Women, Militarism and Pacifism», END, Conventions, Perugia papers, 1-52, WL, LSE, END, 17/6, box 54, 1984.
109 Teresa de Lauretis y Salvador Mendiola: «La esencia del triángulo, o tomarse en serio el riesgo del esencialismo: teoría feminista en Italia, los EUA y Gran Bretaña», Debate Feminista, 2 (1990), pp. 77-111.
110 Linda Alcoff: «Cultural Feminism versus Post-Structuralism: The Identity Crisis in Feminist Theory», Sign, 13(3) (1988), pp. 405-436.
111 Fiona Weir: «Women at Work. Women and END Convention», Disarmament Campaign (abril de 1985), 17, END, Conventions, Ámsterdam, Women’s workshops, 1985, https://archives.lse.ac.uk/Record.aspx?src=CalmView.Catalog&id=END%2F17 (consultado el 23 de julio de 2022).
112 «Women’s Subcommittee (of the Liaison Committee) papers», WE, LSE, END, 17/11, box 55.
113 Ibid.
114 «Women and Army/Militarism», informe del encuentro del Subcomité de Mujeres de END, 20/21. Abril, París. END - European Nuclear Disarmament, 17 - END Conventions, END, Conventions, Ámsterdam, Women’s workshops in LSE.
115 «Against Militarism, for a Culture of Peace», END, Conventions, Perugia papers, 1-52, WL, LSE, END, 17/6, box 54, 1984.
116 Entrevista a Mercedes Prado.
117 Padraic Kenney: «Borders Breached: The Transnational in Eastern Europe since Solidarity», Journal of Modern European History, 8 (2010), pp. 179-195, esp. p. 194.
118 Elena Grau: «Redes de mujeres por la paz», Tiempos de Paz, 92 (2009), pp. 32-38, e íd.: «L’experiència del campament de Dones Per La Pau De Greenham Common», En Peu de Pau, 0 (1984), pp. 11-15.
119 Isabel Ribera: «Nuestro horizonte: la horizontalidad para las mujeres de Greenham Common», En Pie de Paz, 5 (1987), p. 3 (cursiva de la autora).
120 Las mujeres de Greenham organizaron, en coordinación con el grupo Lisístrata, una Gira del Norte y una Gira del Sur en la ciudades y universidades para contar la experiencia del campamento. Entrevista a Paz Cacho y Vicky Serna (Google Meet, 23 de julio de 2022), que la organizaron.
121 Heather Hunt: «Greenham todavía existe», En Pie de Paz, 5 (1987), p. 3.
122 Esta puerta daba acceso a uno de los siete campamentos de Greenham, fue uno de los últimos en desmontarse y se caracterizó por un amplio debate sobre temas de género, https://thefenceandtheshadow.wordpress.com/2017/03/16/the-different-gates/ (consultado el 15 de junio de 2023).
123 Entrevista a Paz Cacho.
124 «Llegar a la puerta azul», en Michelle Renyé: La saltadora. Relatos feministas, s. l., s. e., 2022, pp. 69-82.
125 Anjiras, un colectivo de mujeres convergentes de movimientos sociales (Cristina Leralta, María Jesús Díez, Marián Cao, nuestra librera comunista Ana Domínguez, etc.). Entrevista a Pilar Yuste.
126 Cynthia Cockburn: Mujeres ante la guerra: desde donde estamos, Madrid, Icaria, 2009.