Ayer 126/2022 (2): 331-345
Sección: Ensayo bibliográfico
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/886
David Pretel
Recibido: 25-08-2021 | Aceptado: 19-11-2021 | Publicado: 08-06-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Capitalismo y esclavitud: Nuevas historias, viejos debates

David Pretel *

Universitat Pompeu Fabra
david.pretel@upf.edu

Resumen: El presente artículo discute las principales aportaciones de la Nueva Historia del Capitalismo escrita en los últimos quince años, prestando especial atención al interés de esta perspectiva historiográfica por repensar la vieja cuestión de la relación entre capitalismo y esclavitud. El ensayo cuestiona el lugar relativamente periférico de América Latina y el Caribe en esta renovada historiografía y muestra los beneficios de ampliar el debate hacia la extracción de recursos y formación de capital durante la «segunda esclavitud» en Brasil y Cuba. A lo largo del ensayo se apuntan asimismo nuevas vías de investigación como los estudios centrados en las dimensiones tecnológica, empresarial y medioambiental de la forma de producción esclavista en el continente americano y el mundo atlántico.

Palabras clave: capitalismo, esclavitud, mercancías, Cuba, Brasil, Estados Unidos, siglo xix.

Abstract: This article discusses the main contributions of the New History of Capitalism written over the past fifteen years by paying particular attention to how this scholarship has reconsidered the old question of the relationship between capitalism and slavery. It questions the relatively peripheral place of Latin America and the Caribbean in this revisionist historiography and argues in favour of expanding the debate to include resource extraction and capital formation during the «second slavery» in Brazil and Cuba. New research avenues, such as studies on the technological, business, and environmental dimensions of slave production in the Americas and the Atlantic world, are explored throughout the article.

Keywords: capitalism, slavery, commodities, Cuba, Brazil, United States, nineteenth century.

La NHC y el debate sobre la esclavitud

La historia del capitalismo escrita durante la última década y media ha probado ser un gran éxito editorial. Nacida de los rescoldos de la última crisis financiera, la llamada Nueva Historia del Capitalismo (NHC) ha llegado expresamente para devolver el estudio de la economía al campo de los historiadores. Los autores asociados con la NHC destacan por estudiar cómo ha operado el capitalismo realmente existente, y no su supuesta representación ideal, mostrando una sombría historia de violencia y poder. La gran aportación de estos historiadores ha sido avanzar una investigación preocupada por los actores, instituciones e ideas que han cimentado la modernidad capitalista.

La NHC se distancia de la historia económica convencional en que es una narrativa a menudo escrita por historiadores generalistas y dirigida a un público amplio que trasciende los círculos académicos. Aunque no es una historia escrita «desde abajo», la NHC intenta explicar la construcción política del capitalismo —en ocasiones incluso desde una perspectiva de economía política— y su yuxtaposición con el ascenso de una nueva elite financiera y empresarial con ambiciones globales. En cuanto a las temáticas, la NHC se ha interesado sobremanera por entender el lugar de la esclavitud en el capitalismo estadounidense entre 1783 y 1861, poniendo en duda el mito del norte libre de servidumbre. La premisa de partida es que el desarrollo industrial de los Estados Unidos se construyó, en gran medida, sobre la explotación de personas y recursos naturales alejados del norte industrial.

Seth Rockman, entre otros autores de la NHC, define al capitalismo estadounidense anterior a la guerra civil como esclavista, ante la centralidad de la agricultura comercial del sur en la más amplia historia económica de los Estados Unidos 1. De esta manera, el recurso al trabajo esclavo, junto a las mejoras técnicas y la modernización agrícola explicarían los incrementos de productividad del sector algodonero durante las décadas centrales del siglo xix. Algo similar se podría decir del trabajo forzado en la producción de tabaco y las actividades portuarias en Mississippi y Luisiana. Por su parte, Caitlin Rosenthal y Calvin Schermerhorn han mostrado que el ascenso de la gran empresa y la gestión empresarial moderna no se pueden entender sin las innovaciones en la organización (operaciones, contabilidad, control, procesos) de la plantación esclavista, entendida como una institución plenamente capitalista dirigida por emprendedores racionales 2. Estos argumentos contravienen el consenso anterior entre historiadores económicos que afirmaban que la esclavitud tuvo una importancia marginal en la acumulación de capital productivo, así como en la arquitectura financiera y empresarial de los Estados Unidos 3.

Este redescubrimiento del papel fundacional de la esclavitud en la construcción industrial y financiera de los Estados Unidos ha recibido destacada atención pública, ocupando portadas de los principales periódicos y medios digitales de este país. Sin lugar a dudas, historiadores como Sven Beckert, Ana Lucía Araujo, Walter Johnson, Caleb MacDaniel y Edward Baptist, además de los ya citados, han sabido conectar sus investigaciones con las demandas actuales de reparaciones por la esclavitud y respeto de los derechos civiles de la población afroamericana. La recepción positiva de la prensa y del público general ha llevado incluso a empresas, universidades e instituciones a reconocer sus estrechos vínculos con la esclavitud y, en ocasiones, desplegar maneras de reparar el daño causado.

La NHC ha despertado un notable interés entre historiadores y académicos de disciplinas afines. Prueba de ello son los artículos publicados por las principales revistas del campo, la inauguración de centros especializados, la organización de conferencias y el lanzamiento de revistas y series de libros. Ahora bien, la recepción entre historiadores ha sido mucho más ambivalente que la de la opinión pública. Una crítica habitual es que estos nuevos estudios de la conexión entre capitalismo y esclavitud ofrecen pocos argumentos novedosos. En efecto, como reconocen exponentes de la NHC, estos análisis tienen una larga tradición desde que Eric Williams publicara en 1944 su provocador estudio sobre el papel del comercio de esclavos y la plantación en la industrialización británica durante el siglo xviii 4. El rol de la esclavitud en la llamada Revolución Industrial y la construcción nacional británicas ha sido un asunto ampliamente debatido en las últimas décadas, como ­demuestran los trabajos de, entre otros muchos, Joseph Inikori y Nicholas Draper 5.

Otros antecedentes a la NHC, que avanzan algunas de sus tesis centrales, son los trabajos en torno a la Gran Divergencia, en particular las aportaciones de Kenneth Pomeranz sobre el papel de las plantaciones esclavistas del Nuevo Mundo como «acres fantasmas» que aliviaron las tensiones maltusianas en Gran Bretaña 6. A diferencia de los debates sobre la Gran Divergencia, la NHC ha vuelto a reorientar la discusión al Atlántico, dejando de lado el papel de Asia y las revoluciones en el consumo durante el siglo xviii. De igual manera, estos historiadores han presentado relativamente menos atención a cuestiones de clase y género que tanto interesan a historiadores sociales y culturales de la esclavitud Atlántica 7.

La reacción a la NHC de los historiadores económicos ha sido especialmente hostil. Es cierto que esta nueva historiografía no resuelve el inacabado debate sobre la centralidad del capital esclavo en el desarrollo económico de Gran Bretaña y los Estados Unidos. En este sentido, economistas especializados en la historia del sur esclavista, como Alan Olmstead, Paul Rhode y Eric Hilt, mantienen que las conclusiones de la NHC no se sostienen ni empírica ni metodológicamente 8. Para estos autores críticos, en la línea del trabajo pionero de Gavin Wright, las evidencias apuntan a que —aun pudiendo aceptar que la esclavitud fue una institución rentable— el trabajo esclavo y la reinversión del capital obtenido de la esclavitud tuvieron una importancia marginal en la industrialización estadounidense 9. De manera similar, Trevor Burnard y Giorgio Riello critican el excesivo foco en la producción y formas de trabajo a costa de los estudios sobre la demanda y consumo de mercancías 10. En última instancia, todos estos historiadores económicos reafirman los trabajos de Engerman y Eltis 11 y aquello que señaló hace años Patrick O’Brien de que, para el desarrollo económico europeo, la periferia fue periférica 12. Habitual en estos estudios es el recurso a argumentos contrafactuales y teorías económicas neoclásicas, en su empeño último por demostrar que la esclavitud no tiene cabida en un sistema capitalista.

Es importante subrayar que la NHC parte de una definición poco precisa, y en ocasiones confusa, de capitalismo. Como reivindica Seth Rockman, los autores identificados con esta corriente parten de una amplia y flexible conceptualización de capitalismo 13. Podríamos hablar incluso de una preferencia por el empirismo y una aversión a discusiones teóricas en torno a la temporalidad y naturaleza del capitalismo moderno. Antes que un compromiso con una única definición a priori de capitalismo, estos autores buscan reconstruir y narrar su historia. En este sentido, la falta de atención de la NHC a la naturaleza del capital —y su relación con el beneficio empresarial y el sistema económico— ha sido también criticada por la historiadora económica Mary O’Sullivan 14.

La NHC no se entiende sin el renovado interés por la más amplia historia global de la explotación y procesado de recursos naturales de exportación —en particular productos de plantación como el caucho, el azúcar o el algodón—. Por supuesto, muchas de estas mercancías han sido históricamente extraídas y procesadas por esclavos, peones o sirvientes. Para estudiar la historia de las mercancías globales se ha desarrollado y perfeccionado todo un marco analítico que incluye los conceptos de «cadena de mercancías» —del que hablaré más adelante— y «frontera de mercancías» —este último acuñado por Jason Moore, sociólogo histórico con lazos intelectuales con la NHC— 15. A diferencia de la NHC, excesivamente centrada en la conexión entre capitalismo y esclavitud en los Estados Unidos, la historia global de las mercancías amplía el debate al capitalismo comercial en la Edad Moderna y a otras fronteras de producción capitalistas más allá de las plantaciones americanas del siglo xix.

En este sentido, otra posible crítica a la NHC es que su excesivo énfasis en la esclavitud en el sur algodonero resta foco a otras dimensiones de la historia del capitalismo, así como a otras latitudes y periodos. A pesar de sus pretensiones, parece claro que la NHC no ofrece una mirada verdaderamente global. En realidad, la suya es una historia del desarrollo económico estadounidense en perspectiva internacional. Este último aspecto ha recibido repetidas críticas, al olvidar no solo las regiones del ahora llamado «sur global», sino también el lugar de Europa y, sobre todo, Gran Bretaña en estas discusiones. Algunos como Leonardo Marques hablan incluso de una suerte de «nacionalismo metodológico» que ignora a América Latina 16. En efecto, una constante en la historiografía anglosajona ha sido su desproporcionado interés por la esclavitud y el comercio de esclavos en los Estados Unidos y el Caribe no hispano, así como una frecuente simplificación de las dinámicas en el sistema atlántico hispano.

Sorprende esta relativa desatención de la NHC por el capitalismo en América Latina, sobre todo en un contexto historiográfico de creciente interés por interpretar la historia global de las mercancías de esta región. Ciertamente, el foco de la NHC en la historia de las fronteras de mercancías —y sus conexiones más amplias— bien podría extenderse a estudios de América Latina. Para esta región, la mejor historia del capitalismo, contada a través de los itinerarios globales de algunas de sus principales recursos, sigue siendo el libro De la Plata a la Cocaína, editado por Carlos Marichal, Steven Topik y Zeyphr Frank, originalmente publicado en inglés en 2006 y recientemente traducido al castellano 17. Este libro renovó un tradicional campo de investigación sobre la región, dejando de lado estudios nacionales de producción de bienes primarios para centrarse en las cadenas internacionales de extracción, procesado, transporte, distribución y consumo de mercancías latinoamericanas. Como no podía ser de otra forma en un trabajo tan ambicioso, temática y cronológicamente, se echa en falta una atención más sostenida a las heterogéneas formas de organización del trabajo libre o coercitivo, incluyendo el trabajo animal.

Los otros capitalismos esclavistas

Cuba y Brasil fueron zonas de fuerte expansión de una nueva forma de producción esclavista vinculada a la construcción del capitalismo industrial atlántico durante el siglo xix. Los argumentos esgrimidos por la NHC para la producción de algodón en el sur eslavista de los Estados Unidos se pueden, por tanto, hacer extensibles al caso de las plantaciones de café en el sur de Brasil y las de azúcar en Cuba. En este sentido, el concepto de «segunda esclavitud», enunciado inicialmente por Dale Tomich, subraya la nueva fase de las plantaciones americanas durante la primera mitad del siglo xix 18. De forma parecida a la NHC, el enfoque de la «segunda esclavitud» invita a superar el dualismo entre esclavitud y trabajo libre asalariado para así interpretar la interdependencia entre las dos y su lugar en la transformación del capitalismo atlántico. Para Tomich la esclavitud decimonónica es capitalista en tanto que forma histórica y diferenciada de producción de mercancías para el intercambio en mercados competitivos de escala mundial. Dicho enfoque, a diferencia de formulaciones marxistas iniciales, niega la naturaleza precapitalista de las relaciones de producción esclavistas en las plantaciones americanas. La discusión del carácter proletario de la esclavitud en las plantaciones del Caribe es, en cualquier caso, un debate también clásico, discutido, entre otros, por Sidney Mintz 19.

La «segunda esclavitud» supera visiones estáticas y se concentra en las transformaciones espaciales y temporales de esta institución americana. El énfasis de esta perspectiva es subrayar el salto histórico que experimentó el modo de producción esclavista de plantación durante el siglo xix, antes que en la enorme capacidad de subsistencia de la servidumbre en las Américas —con sus metamorfosis, disfraces y acomodos—. En definitiva, el concepto de la «segunda esclavitud» pone el foco en los nuevos vínculos entre trabajo esclavo y asalariado, entre plantación e industria, pero pierde de vista la continuidad en las formas de coerción y su adaptabilidad para enfrentar los cambiantes ordenamientos legales. Por otro lado, el énfasis de esta historiografía se pone en la plantación esclavista, como modo de producción de mercancías, antes que en la trata de esclavos, la abolición de la esclavitud, las transformaciones ideológicas o las disposiciones legales, con importantes excepciones como el trabajo pionero de Cristopher ­Schmidt-Novara o un reciente volumen editado por Tomich 20.

El procedimiento metodológico distintivo del enfoque de la «segunda esclavitud» consiste en la comparación de las economías esclavistas emergentes durante la primera mitad del siglo xix (Cuba, Puerto Rico, Brasil, Luisiana) y, por extensión, de otras zonas del Gran Caribe precursoras del trabajo coercitivo de plantación y principales economías esclavistas en un ciclo anterior de expansión (Jamaica, Barbados, Haití, Guayana). En cuanto a la escala de la investigación, hay una preocupación por la articulación entre lo local y lo global en el largo plazo. Lejos de ser una comparación convencional, se trata de una estrategia de investigación enmarcada en la teoría del sistema-mundo en el que cada zona productora forma parte de un todo. Una innovación relativamente reciente de este enfoque es el estudio comparativo de la representación visual de la plantación esclavista, como modo de analizar su reconfiguración espacial y el auge de nuevas formas de organizar la producción 21. El recurso a la comparación puede ser un valioso método interpretativo, como bien demuestra esta historiografía, pero también presenta límites cuando se intenta contrastar la esclavitud africana con realidades históricas diferentes como la servidumbre indígena 22.

La NHC y la historia de la «segunda esclavitud» son narrativas que, aunque entrelazadas, se han desarrollado en gran medida por separado. A diferencia de la NHC, que es marcadamente anglosajona y centrada en los Estados Unidos, la historiografía de la «segunda esclavitud» ha integrado mejor al Caribe hispano, francés y holandés, así como a Brasil y Venezuela, en las historias del capitalismo mundial, aunque las publicaciones en español y portugués siguen siendo escasas. Con todo, asistimos a un creciente diálogo, e incluso síntesis, entre la narrativa de la NHC y el enfoque de la «segunda esclavitud». Por ejemplo, son varios los estudios recientes que sitúan a América Latina y el Caribe en la historia de la construcción del capitalismo atlántico y la modernidad esclavista 23. Estos trabajos apuntan a la existencia de más extensos circuitos transnacionales y transimperiales de intercambio de conocimiento, capital y recursos entre las economías esclavistas de las Américas durante el siglo xix.

Por lo general, la NHC se aleja tanto del enfoque rígido del sistema-mundo como de complejas digresiones conceptuales, siendo su propósito último reconstruir la historia del capitalismo estadounidense. A pesar de su renuncia a partir de marcos teóricos y grandes estructuras históricas, la NHC no deja de tener una deuda intelectual y metodológica con las teorías que observan el capitalismo como un sistema conformado por cadenas de mercancías y redes internacionales de trabajo. De manera diferente, la construcción del capitalismo como sistema histórico global —inicialmente postulado por Terence Hopkins e Immanuel Wallerstein, entre otros— es el punto de partida explícito del enfoque de la «segunda esclavitud». Ahora bien, hay en esta perspectiva de la «segunda esclavitud» una preocupación por superar marcos teóricos abstractos que pueden llevar a una suerte de «estructura histórica sin historia» 24.

La confluencia, o mayor diálogo, entre las historiografías de la NHC y la «segunda esclavitud» significaría no solo que América Latina es incorporada a las nuevas historias del capitalismo, sino que asistimos a una expansión de temáticas y puntos de vista. De manera pionera, y para el caso del Caribe hispano, algunos historiadores han mostrado que la relación entre capitalismo y esclavitud es una historia multifacética que no se entiende sin prestar atención a las transformaciones tecnológicas, científicas y medioambientales a lo largo y ancho del mundo atlántico 25. Por ejemplo, en el caso cubano, tuvieron lugar innovaciones en la trata negrera desde finales del siglo xviii hasta la tardía abolición de la esclavitud. Ante la retirada de los comerciantes de esclavos británicos, los negreros españoles aprendieron el oficio e introdujeron mejoras en las técnicas comerciales (nuevas formas de crédito, financiación, seguros e inversión), así como avances en el aprovisionamiento, las infraestructuras portuarias y las tecnologías navieras, que transformaron radicalmente el modelo de negocio de la trata 26.

La expansión sin precedentes de la producción de azúcar en Cuba, durante la primera mitad del siglo xix, fue el resultado de la utilización de nuevas tecnologías y trabajo especializado, junto a trabajo esclavo. Sin duda las mejoras en el cultivo y los avances científicos y médicos para someter la naturaleza tropical desempañaron también un papel central en el ascenso de nuevas formas de producción esclavista. Los enormes avances en la fase industrial de refinado de azúcar aumentaron la producción a un fuerte ritmo e intensificaron el empleo de trabajo esclavo. Las plantaciones cubanas utilizaron desde temprano gran número de máquinas de vapor y esta isla fue, en 1837, el primer lugar de América Latina en tener una línea de ferrocarril, antes incluso que la España metropolitana. En este sentido, trabajos recientes refuerzan la idea de que las fábricas erigidas en medio de las plantaciones azucareras fueron importantes mercados de tecnología importada y espacios altamente tecnificados con fuerte inversión en maquinaria —centrifugadoras, clarificadoras, calderas de vapor— y presencia de mano de obra cualificada —ingenieros, maquinistas y expertos químicos— llegados de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos 27. Por otro lado, hubo importantes innovaciones locales, convirtiéndose los complejos azucareros cubanos en centros de experimentación tecnológica que desencadenaron el desarrollo de tecnologías criollas de azúcar y ferrocarriles adaptadas a las condiciones del trópico. Estos autores, por consiguiente, se apartan del enfoque usual para subrayar cómo las nuevas máquinas y expertos industriales reinventaron la esclavitud cubana, situándola en el centro de la construcción del capitalismo atlántico.

La insistencia habitual en estudiar las fronteras agrícolas impide ver otros lugares de la esclavitud como las ciudades, los bosques o las minas. Así, en el caso cubano, el florecimiento de un capitalismo esclavista en las plantaciones de azúcar y tabaco estuvo acompañado de procesos similares en la minería de cobre entre las décadas de 1830 y 1860. En este caso, las principales explotaciones de cobre cubanas fueron propiedad de empresas británicas que introdujeron nuevas técnicas mineras y dispusieron de un gran contingente de trabajadores esclavos. Estas empresas también abastecieron a las explotaciones de cobre cubanas con numerosos expertos técnicos, muchos de ellos ingenieros, y nueva mano de obra asalariada llegada del otro lado del Atlántico. Como muestra Chris Evans, algo parecido ocurrió en Brasil durante la década de 1840, cuando centenares de esclavos fueron llevados a trabajar en las minas de oro británicas en Minas Gerais 28. En definitiva —y aun cuando la esclavitud y la trata estaban abolidas en Gran Bretaña—, la mano de obra esclava fue mayoritaria en las explotaciones mineras británicas en Cuba y Brasil. Como en otros casos, y a pesar de las denuncias de las asociaciones abolicionistas inglesas, las empresas mineras eludieron cualquier restricción por cuestiones de jurisdicción.

Otra prometedora línea de investigación es la reconstrucción de las ganancias y beneficiarios de la esclavitud en las Antillas españolas. Si bien no disponemos de cálculos concluyentes, los esclavos parecen haber sido los activos más valiosos en Cuba durante las décadas centrales del siglo xix. Lo elevado del capital esclavo se puede presumir de las infructuosas demandas de compensación por parte de los hacendados ante el gradual proceso de abolición de la esclavitud. Asimismo, como muestra Martín Rodrigo, la economía esclavista de Cuba y, en menor medida, Puerto Rico, fueron fuente de generación y reproducción de capital. Los beneficios obtenidos con la trata atlántica y el trabajo esclavo no solo fueron considerables, sino que aquellos enriquecidos con estas prácticas reinvirtieron sus capitales en ciudades europeas y estadounidenses 29. Algunos comerciantes de esclavos y capitanes negreros, que llegaron a ser destacados individuos de la sociedad española, participaron asimismo en la fundación de importantes bancos españoles 30. Una cuestión abierta consiste en discernir en qué medida se trató sobre todo de un consumo ostentoso, de una nueva clase burguesa ávida de estatus social, y en valorar la importancia relativa del capital esclavista en la inversión productiva en fábricas españolas.

Conclusión: esclavitud como capitalismo

Salta a la vista que el capitalismo moderno tiene muchas variantes, con frecuencia tomando la forma de un sistema que combina episodios de enorme creatividad con infame explotación humana. Generaciones de historiadores han mostrado que la esclavitud moderna fue parte integral de la expansión del capitalismo liberal en el mundo atlántico. Tampoco es nuevo el interés en la interdependencia entre la producción industrial con trabajo asalariado y la producción agraria en la plantación esclavista. Desde esta perspectiva, la producción esclavista no sería solo un factor de acumulación primitiva anterior al capitalismo industrial, ni tampoco un modo de producción anacrónico e incompatible con la modernidad industrial.

Necesariamente cualquier historia de la esclavitud en el siglo xix debe considerar su coexistencia y complementariedad con formas de trabajo libre asalariado y de subsistencia. En efecto, el nuevo contexto industrial y comercial decimonónico no se entiende sin la reconfiguración de la división internacional del trabajo. En otras palabras, el entrelazamiento entre formas de producción solo se observa teniendo como unidad de análisis la economía atlántica y sus procesos sistémicos de expansión. Aquí desempeñan un papel destacado las cadenas internacionales de mercancías, que se erigieron en redes de acumulación de capital que conectaban las fronteras de extracción de recursos en lugares relativamente periféricos, como, por ejemplo, el Caribe hispano, con los centros del capitalismo industrial en el Atlántico norte. Aunque con frecuencia relegados a un segundo plano por la historia económica, los factores políticos fueron también claves en la reconfiguración de la esclavitud atlántica, incluyendo las intensas transformaciones de la era de las revoluciones, las independencias en la América española y los movimientos abolicionistas.

El renacer de la historia de la relación entre esclavitud y capitalismo —a menudo con la aproximación esclavitud como capitalismo— no es solo un regreso a antiguos argumentos y teorías. El auge de esta nueva historiografía es en gran parte atribuible al actual contexto de recurrentes crisis económicas y generalizada desafección política. El capitalismo como concepto ha pasado a discutirse con entusiasmo en la esfera pública y en muy diversos foros, con frecuencia de manera crítica. Entre otros, autores como Thomas Piketty y Naomi Klein, además de películas y documentales, han contribuido a la popularización de una nueva cultura crítica con el capitalismo durante los años de la gran recesión 31. El gran acierto de los historiadores de la NHC ha sido —más allá de presentar a los Estados Unidos como una «república esclavista» o revivir la clásica tesis de Williams y sus epígonos— aprovechar este momento maduro para poner el foco en el capitalismo como categoría de análisis. Los postulados de la NHC, por tanto, no se pueden comprender sin situarlos en el contexto de los debates actuales en los Estados Unidos en torno a la desigualdad, la discriminación y el racismo. La impresión es que la revolución historiográfica de la NHC se encuentra más en la forma que en el fondo, demostrando que los historiadores pueden llegar a un público amplio y participar en el debate político en cuestiones como los legados, memoria y reparación de la esclavitud.

Pero los autores identificados con la NHC no se han limitado a revivir el inacabado debate sobre el capitalismo y la esclavitud, sino que han contribuido con nuevas narrativas que muestran la compleja historia de la reinvención de diversas formas de servidumbre como consecuencia de la industrialización del mundo atlántico. Especialmente fructíferos han sido los estudios que examinan la esclavitud desde la historia empresarial, tecnológica y medioambiental. Desde estas perspectivas se reafirma la idea de que el capitalismo industrial y la esclavitud son compatibles. Sigue abierta, sin embargo, la cuestión, soslayada por esta nueva corriente, de la cuantificación de la contribución de la trata y el trabajo esclavo como formas de acumulación de capital productivo y su importancia en los procesos de industrialización en Europa y Norteamérica.

En la NHC hay una fuerte concentración en la historia de la esclavitud en el sur de los Estados Unidos con vistas a iluminar su participación en el capitalismo de este país y explicar su expansión internacional; pero ¿es este un caso singular y diferente al de la «segunda esclavitud» en Cuba o Brasil? ¿Cuál fue la contribución de las plantaciones y minas cubanas y brasileñas al ascenso del capitalismo estadounidense, europeo y atlántico en el siglo xix? De una u otra forma estos interrogantes han ocupado a los historiadores desde hace décadas. Sin embargo, es necesario que se profundice en nuevas cuestiones como, por ejemplo, las prácticas contables, la coordinación de información, el cambio tecnológico, el trabajo animal, el uso de combustibles o el procesado industrial en plantaciones, bosques y minas de América Latina, siguiendo el ejemplo de la abundante historiografía de la NHC. Esto permitiría entender el lugar de las nuevas formaciones esclavistas latinoamericanas en la más amplia historia de la construcción de una modernidad capitalista, trascendiendo el exagerado foco en las plantaciones algodoneras de los Estados Unidos.

Por último, una investigación renovada de la historia del capitalismo debe prestar atención también a otras formaciones laborales coercitivas en el continente americano como el peonaje, el trabajo forzado de convictos o la migración masiva de trabajadores asiáticos. En este sentido, cabe preguntarnos sobre la rearticulación de una «segunda esclavitud» indígena en las repúblicas latinoamericanas y en los Estados Unidos en tiempos de ascenso del capitalismo industrial. Repensar las interpretaciones tradicionales de las formas de trabajo nativo, así como su temporalidad, pueda ayudar a mostrar que la esclavitud en las Américas no fue una institución única ni inmutable, sino un conjunto de dinámicas formas de control destinadas a privar a los trabajadores de su libertad y obtener rédito económico. En definitiva, parece claro que la historiografía reciente no ha considerado suficientemente cómo las grandes transformaciones industriales y económicas del siglo xix precipitaron nuevas formas de trabajo forzoso indígena, del enganche al peonaje por deudas, pasando por la servidumbre doméstica.


* El autor agradece los comentarios de los evaluadores anónimos y el apoyo de los proyectos TRANSCAP (PGC2018-097023-B-100) y «Memoria y lugares de memoria de la esclavitud y el comercio de esclavos en la España contemporánea» (PID2019-105204GB-100).

1 Seth Rockman: «What Makes the History of Capitalism Newsworthy?», Journal of the Early Republic, 34(3) (2014), pp. 439-468.

2 Calvin Schermerhorn: The Business of Slavery and the Rise of American Capitalism, New Haven, Yale University Press, 2015, y Caitlin Rosenthal: Accounting for Slavery, Cambridge, Harvard University Press, 2018.

3 Gavin Wright: Slavery and American Economic Development, Baton Rouge, Louisiana State University, 2006, y David Eltis y Stanley Engerman: «The importance of slavery and the slave trade to industrializing Britain», Journal of Economic History, 60(1) (2000), pp. 123-144.

4 Eric Williams: Capitalisms and Slavery (1944), Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1994.

5 Joseph E. Inikori: Africans and the Industrial Revolution in England, Nueva York, Cambridge University Press 2002, y Nicholas Draper: The Price of Emancipation, Cambridge, Cambridge University Press, 2013.

6 Kenneth Pomeranz: The Great Divergence, Princeton, Princeton University Press, 2000.

7 Nan Enstad: «The “Sonorous Summons” of the New History of Capitalism», Modern American History, 2 (2019), pp. 83-95.

8 Alan Olmstead y Paul Rhode: «Cotton, Slavery, and the NHC», Explorations in Economic History, 67 (2018), pp. 1-17, y Eric Hilt: «Economic history, historical analysis, and the NHC», Journal of Economic History, 77(2) (2017), pp. 511-536.

9 Gavin Wright: Slavery and American...

10 Trevor Burnard y Giorgio Riello: «Slavery and the New History of Capitalism», Journal of Global History, 15(2) (2020), pp. 225-244.

11 David Eltis y Stanley Engerman: «The importance of...».

12 Patrick K. O’Brien: «European economic development: the contribution of the periphery», Economic History Review, 35(1) (1982), pp. 1-18.

13 Seth Rockman: «What Makes...».

14 Mary O’Sullivan: «The Intelligent Woman’s Guide to Capitalism», Enterprise and Society, 19(4) (2018), pp. 751-802.

15 Jason Moore: «Sugar and the Expansion of the Early Modern World-Economy», Review (Fernand Braudel Center), 23(3) (2000), pp. 409-433.

16 Leonardo Marques: «New World Slavery in the Capitalist World Economy», en Kaveh Yazdani y Dilip Menon (eds.): Capitalisms: Towards a Global History, Nueva Delhi, Oxford University Press, 2020, pp. 79- 90.

17 Carlos Marichal, Steven Topik y Zephyr Frank (eds.): De la plata a la cocaína: Cinco siglos de historia económica de América Latina, 1500-2000, México, FCE, 2017.

18 Dale Tomich: Through the Prism of Slavery, Lanham, Rowman, 2004, e íd.: «La segunda esclavitud y el capitalismo mundial: una perspectiva para la investigación histórica», Historia Social, 90 (2018), pp. 149-164.

19 Sidney Mintz: «Was the plantation slave a proletarian?», Review (Fernand Braudel Center), 2(1) (1978), pp. 81-98.

20 Christopher Schmidt-Nowara: Empire and Antislavery, Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, 1999, y Dale Tomich (ed.): The Politics of the Second Slavery, Albany, SUNY, 2016.

21 Dale Tomich et al.: Reconstructing the Landscapes of Slavery, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 2021.

22 Marcela Echeverri: «Slavery in Mainland Spanish America in the Age of the Second Slavery», en Dale Tomich (ed.), Atlantic Transformations: Empire, Politics, and Slavery during the Nineteenth Century, Albany, SUNY, 2020, pp. 19-44.

23 Mikael Zeuske y Stephan Conerman (eds.): The Slavery/Capitalism Debate Global. From «Capitalism and Slavery» to Slavery as Capitalism, dosier de Comparativ, 30(5/6) (2020), y Seth Rockman y Sven Beckert (eds.): Slavery’s Capitalism. A New History of American Economic Development, Pennsylvania, University of Pennsylvania Press, 2016.

24 Dale Tomich: «La segunda esclavitud...», p. 156.

25 Daniel Rood: The Reinvention of Atlantic Slavery, Oxford, Oxford University Press, 2017.

26 José Ortega: «Cuban Merchants, Slave Trade Knowledge, and the Atlantic World, 1790s-1820s», Colonial Latin American Historical Review, 15(3) (2006), pp. 225-251, y Manuel Barcia y Effie Kesidou: «Innovation and entrepreneurship as strategies for success among Cuban-based firms in the late years of the transatlantic slave trade», Business History, 60(4) (2018), pp. 542-561.

27 Jonathan Curry-Machado, Cuban Sugar Industry, Nueva York, Palgrave-Macmillan, 2011, y José Ortega: «Machines, modernity, and sugar: The greater Caribbean in a global context, 1812-1850», Journal of Global History, 9(1) (2014), pp. 1-25.

28 Chris Evans: «Brazilian Gold, Cuban Copper and the Final Frontier of British Anti-Slavery», Slavery&Abolition, 34(1) (2013), pp. 118-134.

29 Martin Rodrigo: «From Periphery to Centre: Transatlantic Capital Flows, 1830-1890», en Adrian Leonard y David Pretel (eds.): The Caribbean and the Atlantic World Economy, Londres, Palgrave-Macmillan, 2015, pp. 217-237.

30 Martín Rodrigo, «From Slave Trade to Banking in 19th Century Spain», Comparativ, 30(5/6) (2020), pp. 600-614.

31 Naomi Klein, The Shock Doctrine, Nueva York, Metropolitan Books, 2007, y Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century, Cambridge, Harvard University Press, 2013.