Ayer 116/2019 (4): 21-48
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2019
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/116-2019-02
© Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla
Recibido: 28-04-2017 | Aceptado: 12-01-2018
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Coordenadas de la asistencia militar norteamericana al franquismo en los años cincuenta: entre el deseo y la realidad *
Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla
Instituto de Historia, CCHS-CSIC
lorenzo.delgado@cchs.csic.es
Resumen: El rearme y adiestramiento de sus aliados se convirtió en una constante de la política exterior de Estados Unidos en el transcurso de la Guerra Fría, una dinámica a la que también se sumaron las Fuerzas Armadas Españolas (en adelante FAS). La firma de los Pactos de 1953 se interpretó por parte española como el impulso exterior que haría posible la aplazada modernización militar. Tal aspiración se vio lastrada por el papel subordinado asignado por Estados Unidos a las FAS, el deficiente conocimiento de las modalidades de la ayuda norteamericana y una improvisación que ralentizó la absorción del armamento, material y conocimientos técnicos recibidos. La aportación norteamericana promovió la renovación parcial del equipamiento y la mejora en la formación de las FAS, pero no en las dimensiones ni con el ritmo deseados por las autoridades españolas.
Palabras clave: España, Estados Unidos, asistencia militar, Guerra Fría, Fuerzas Armadas, modernización.
Abstract: The rearming and military training of Allies became a constant in U.S. foreign policy in the Cold War. The Spanish Armed Forces (SAF) also participated in such a process. The Spanish government interpreted the signing of the Pacts of 1953 as a necessary foreign stimulus to an overdue military modernization. This aspiration was hindered by the subordinate role assigned to the SAF by the United States, by insufficient knowledge concerning the different forms of American aid, and by too much improvisation with respect to the transfer and reception of weaponry, military material and technical knowledge. U.S. military assistance contributed to a partial renovation of military equipment and a better training of the Armed Forces, although this occurred at far slower pace and was not as extensive as Spanish authorities desired.
Keywords: Spain, United States, military assistance, Cold War; Armed Forces; modernization.
La asistencia militar se convirtió en una constante de la política exterior de Estados Unidos a partir de la Guerra Fría. La Lend-Lease Act, durante la Segunda Guerra Mundial, supuso un importante antecedente condicionado por la coyuntura bélica. Apenas dos años después de acabar aquel conflicto, la doctrina Truman dio paso a la Greek-Turkish Aid Act en mayo de 1947, por la cual el Congreso estadounidense autorizaba un paquete de ayuda económica y militar para ambos países valorada en 400 millones de dólares. Poco más tarde se constituía en Atenas el Joint U.S. Military Adivisory and Planning Group, como organismo de enlace con las fuerzas armadas helenas. En 1948 esa fórmula se extendió a la China nacionalista, también envuelta en una guerra civil contra fuerzas comunistas. Tras la constitución de la Alianza Atlántica (en adelante OTAN) en abril de 1949 se aprobó la Mutual Defense Assistance Act con objeto de facilitar el rearme de sus aliados europeos, que ya venían beneficiándose del European Recovery Program. La nueva iniciativa, desplegada bajo la denominación de Mutual Defense Assistance Program (en adelante MDAP) y más adelante Military Assistance Program (en adelante MAP), comprendía «la transferencia de armamento, equipos, fondos, formación y liderazgo estadounidenses a las fuerzas militares receptoras con la clara intención de hacer de todo ello un instrumento al servicio de la política exterior o la estrategia militar de Estados Unidos» 1. A diferencia de la Lend-Lease Act, esa asistencia militar corría ahora a cargo del contribuyente estadounidense (como grant aid). A comienzos de 1950, Estados Unidos constituyó un Military Assistance Advisory Group (en adelante MAAG) en cada uno de sus aliados de la OTAN, que debía coordinarse con las fuerzas armadas locales para organizar tanto la cesión y préstamo de material y armamento militar (end items) como la instrucción y adiestramiento (training). Todos esos dispositivos estaban bajo el mando del U.S. Commander in Chief Europe (en adelante CINCEUR), encuadrados en la estructura del U.S. European Command (en adelante EUCOM) 2. Ese mismo año, tras consumarse el cisma Tito-Stalin, la comunista Yugoslavia se unía al club de beneficiarios de aquella asistencia militar.
Teniendo en cuenta que el Plan Marshall tenía fecha de caducidad, que crecía la inestabilidad en Oriente Medio y el sudeste asiático, y que la intervención china estaba provocando una escalada en la guerra de Corea (1950-1953), la administración Truman y el Congreso decidieron ampliar el esfuerzo en materia de ayuda económica y militar a sus aliados. Su traducción legislativa fue la Mutual Security Act de octubre de 1951, que ratificó el sistema de grant aid y permitió su extensión mediante nuevos acuerdos con países como la República China en Taiwán, la República de Corea, Japón y Vietnam del Sur. A partir de entonces todos los aliados de Washington dispusieron de esa ayuda en el marco de convenios multinacionales o bilaterales, fuesen democracias o dictaduras, tuviesen conflictos abiertos o no. Esa conducta generó ya por entonces un debate público interno sobre el coste de tales programas y sus repercusiones domésticas e internacionales 3. La polémica acabó trasladándose al debate historiográfico sobre el inicio de la Guerra Fría, pasando de interpretaciones sustentadas en el compromiso de ayuda a los aliados contra la amenaza soviética a otras más críticas que resaltaban los intereses del poderoso complejo político-industrial-militar haciéndole responsable de precipitar la carrera de armamentos 4.
El caso español no fue una excepción a esa dinámica. Con varios años de retraso respecto a los países europeos integrados en la OTAN, España comenzó a recibir, en los años cincuenta, asistencia militar estadounidense. La historiografía española se ha centrado en la aproximación bilateral y la negociación de los acuerdos de 1953 5. Menor atención han recibido las características y evolución de la asistencia militar, las expectativas generadas y los desencuentros que produjo, o sus efectos sobre las FAS en ámbitos como la mejora de la formación técnica y los sistemas logísticos, la familiarización con material y conceptos operativos modernos, junto a los cambios introducidos en las enseñanzas y centros de adiestramiento. Hasta la fecha no se ha profundizado en tales dimensiones, limitándose los estudios existentes a comentarios genéricos sobre la ausencia de un verdadero proceso modernizador debido a la subordinación española a los intereses americanos 6, o sobre la incorporación de equipos y métodos de organización e instrucción que hicieron del ejército de Estados Unidos la referencia doctrinal y operativa 7. En las páginas siguientes trataremos de contextualizar con más precisión ese proceso gracias al empleo de documentación en buena parte inédita hasta el momento.
La inserción de España en el dispositivo estratégico estadounidense en Europa hubo de sortear la condena internacional del franquismo en la posguerra mundial. Una reprobación acompañada de la decisión de las principales potencias occidentales de no autorizar la venta de equipamiento militar con destino al país ibérico. Por entonces, la capacidad de disuasión de las FAS se encontraba muy mermada. Su armamento carecía de homogeneidad (era una mezcla de procedencia francesa, anglosajona, alemana, italiana y rusa) y presentaba un serio estado de desgaste. El material pesado (artillería y blindados) resultaba deficiente y anticuado. Las fábricas de armamento apenas suministraban material ligero para la infantería y su capacidad productiva se encontraba lastrada por la falta de utillaje y especialistas. El Ejército del Aire solo contaba con algunos aparatos de origen alemán e italiano en condiciones de volar, pero todos estaban desfasados. No era mejor el estado de los buques de la Marina. En suma, se trataba de un ejército voluminoso pero inoperante para librar una guerra moderna, apto para poco más que controlar internamente el país y sofocar una invasión guerrillera por la frontera pirenaica (donde se concentraban el 40 por 100 de sus efectivos) 8. Cualquier proyecto verosímil de modernizar las FAS pasaba por recibir una sustancial aportación exterior en suministros y formación.
A finales de 1947, los principales órganos de planificación exterior de Estados Unidos recomendaron una paulatina normalización de las relaciones con el franquismo, persuadidos de no disponer de otra alternativa que no implicase riesgos estratégicos en un panorama europeo ya suficientemente convulso. Además, si se otorgaba asistencia militar a la Yugoslavia de Tito, ¿por qué no hacerlo con la España de Franco? 9 Entre tanto, los intentos españoles de producir o adquirir material militar moderno habían fracasado. Durante la segunda mitad de los años cuarenta, la industria militar intentó utilizar el know-how de ingenieros y tecnología alemanas en varios proyectos (el fusil Cetme, la construcción aeronáutica y de submarinos, etc.). La penuria de medios y recursos financieros resultaron impedimentos insalvables para cualquier modernización de cierta envergadura 10.
Los responsables militares españoles, conscientes de la precariedad de sus efectivos, debían contentarse con algunas tentativas para conseguir información y asistencia técnica 11. Contaban con la disposición favorable de los dirigentes del Pentágono, preocupados por cerrar su sistema defensivo europeo, que demandaban la integración de España en ese dispositivo pese a las objeciones de sus principales socios de la OTAN 12. El Departamento de Estado se mostraba renuente a dar ese paso, hasta que los acontecimientos en Corea erosionaron tales reticencias. Las sanciones diplomáticas impuestas al franquismo fueron atenuándose, a la vez que se sondeó su disponibilidad para aceptar la instalación de bases militares americanas en su territorio.
En los primeros meses de 1951 los observadores estadounidenses realizaron una primera estimación sobre el potencial de las FAS, que apenas difería de la esbozada un lustro antes. Su efectividad y preparación para combatir eran calificadas como «insignificantes defensivamente e inexistentes ofensivamente». Se estimaba que las FAS retrasarían un avance a través de los Pirineos durante un máximo de dos semanas. Las tropas carecían de entrenamiento adecuado, aplicando métodos de la preguerra mundial. Muchos mandos presentaban una insuficiente preparación física y doctrinal. Los sueldos, nutrición e instalaciones eran deficientes. El armamento era heterogéneo y obsoleto. El atraso en equipos de combate y medios técnicos de la Aviación y la Marina las hacía muy vulnerables en caso de enfrentarse a fuerzas modernas. En todo caso, España no estaba llamada a participar de forma directa en la contención de un posible ataque soviético, como ocurría con Grecia y Turquía, su aportación se concebía en otros términos: «El principal activo militar de España, junto a su localización geográfica, es su potencial de mano de obra» 13. Un panorama similar trazó otro informe coetáneo elaborado por el Estado Mayor Combinado de las Fuerzas Armadas francesas. El vecino meridional era incapaz de mantener unas fuerzas navales y aéreas potentes y modernas debido a «las deficiencias de su industria pesada y la modicidad de sus recursos financieros» 14. Tan solo su infantería, muy numerosa, tenía un valor disuasorio, aunque presentaba serias limitaciones de equipamiento y estaba mal alimentada.
En consonancia con la pretensión de sumar a España al dispositivo estratégico estadounidense, empezaron a darse pasos para favorecer el acercamiento en el terreno militar. Las escalas de buques de la Sexta Flota en los principales puertos españoles, iniciadas en septiembre de 1950, se sucedieron en los años siguientes incluyendo invitaciones a presenciar sus ejercicios en aguas del Mediterráneo 15. En abril de 1951, dos escuadrones de la U.S. Air Force (en adelante USAF) efectuaron la primera exhibición de aviación militar a reacción en España 16. A mediados de ese año, el Departamento de Defensa ofrecía cursos formativos en escuelas militares de Estados Unidos y Europa a un pequeño contingente de jefes y oficiales del Ejército de Tierra 17. En el mes de julio el general Eduardo González-Gallarza, ministro del Aire, fue invitado a visitar las principales bases aéreas y centros de construcción aeronáutica de Estados Unidos. Se trató de la primera visita oficial a ese país de un miembro del Gobierno español tras el advenimiento del régimen franquista 18. De manera simultánea, se inició un programa de intercambio anual entre alumnos de la Academia General del Aire y miembros de la Civic Air Patrol 19. A finales de aquel mes el almirante Forrest P. Sherman, Chief of Naval Operations, se desplazó a España para entrevistarse con Franco y sondear su disposición a colaborar en la defensa de Europa. Poco después, dos equipos de especialistas estadounidenses llegaron a España para realizar un diagnóstico de las condiciones militares y económicas del país 20. Entre tanto, Gran Bretaña y Francia reconsideraban su veto a la venta de material militar a España, una medida que acabó eliminándose en los años siguientes 21.
Las negociaciones bilaterales se prolongaron por espacio de más de un año con posiciones de partida bastante distanciadas. En el plano civil, los dirigentes españoles esperaban recibir un volumen de ayuda equivalente al proporcionado por el Plan Marshall a sus vecinos europeos, algo que estuvo lejos de lograrse. En el militar, los altos mandos de los tres ejércitos aspiraban a un programa de suministro de armamento mucho más ambicioso del que acabaron aceptando. Los líderes militares del franquismo, aun conscientes del veto europeo a su participación en la OTAN, también anhelaban que Washington se comprometiese a defender España y sus territorios africanos en caso de agresión externa, y que accediesen a otorgar a las FAS un rol no solo defensivo. Tales pretensiones tampoco se hicieron realidad.
La firma de los acuerdos bilaterales en septiembre de 1953 incorporó el compromiso estadounidense de aportar una suma total de 465 millones de dólares, durante un periodo de cuatro años, como contraprestación por disponer de bases en España 22. Más de tres cuartas partes del total (350 millones) quedaron en un principio reservadas a la asistencia militar. La suma fue sustancialmente inferior a las peticiones españolas, pero aun así era considerable ante la incapacidad del Gobierno para acometer por sí mismo una renovación operativa de las FAS. Aquel fue el precio acordado para dar carta blanca a Estados Unidos en la utilización del territorio español según sus necesidades estratégicas, pues, aunque el acuerdo no contemplase la asociación militar con la Alianza Atlántica, las instalaciones y facilidades concedidas a la potencia americana se utilizarían «en apoyo y en consonancia con los planes de defensa de la OTAN» 23. Los dirigentes españoles que negociaron aquellos convenios no podían ignorar que, en el futuro, importantes decisiones sobre la seguridad nacional se tomarían en otros lugares y por otras personas, ya que las bases se encontraban «al servicio de una estrategia atlántica en cuya elaboración [España] no participa» 24.
Si para el Gobierno estadounidense el acuerdo supuso «un mero eslabón en una larga cadena», para el país ibérico significó el final definitivo de una neutralidad secular ya socavada años atrás con la adhesión al Pacto de Acero suscrito por las potencias fascistas. Mediante aquel compromiso con Estados Unidos el general Franco puso «frente a frente a su pequeño país pobre y a la mayor potencia del mundo» 25. Pese al triunfalismo propagandístico que inundó la prensa y los discursos oficiales españoles, el principal beneficiario fue el país americano, que se aseguraba un despliegue de fuerzas a la medida de sus necesidades con un coste razonable para sus intereses. En la balanza del régimen franquista pesaron más los réditos políticos que las consideraciones militares. El espaldarazo del líder del bloque occidental permitía dejar atrás la cuarentena internacional impuesta a la dictadura. Hasta entonces su política exterior había girado en torno a un objetivo esencialmente defensivo: perdurar. En lo sucesivo, la alianza con Estados Unidos sería el pivote de su proyección internacional, al tiempo que se confiaba en que contribuyese a reforzar el potencial militar y económico del país. Como pronto advertirían sus interlocutores españoles, para el Gobierno estadounidense aquel acuerdo estaba justificado tan solo por razones estratégicas y se limitaría a lo imprescindible para atenderlas.
En los sectores castrenses españoles era difícil sustraerse a la realidad de carecer de material militar moderno, formación técnica y disponibilidad industrial para enfrentarse no solo a una hipotética agresión comunista, sino incluso a eventuales problemas en sus territorios africanos —como ocurriría unos años más tarde—. Pese a ello, los acuerdos con Estados Unidos no suscitaron entusiasmo en el seno de las FAS, pues se arrastraba un poso de antiamericanismo que venía de décadas atrás 26. En tales circunstancias debió ser una píldora amarga constatar la patente superioridad norteamericana en materia tecnológica y logística, o el modesto papel que se les asignó en caso de conflicto, ceñido a la defensa de su territorio y la protección de las instalaciones militares de Estados Unidos. Tampoco resultaría sencillo reconocer las lagunas existentes en cuanto a información sobre las modalidades de la ayuda militar y sus implicaciones.
En el diseño estratégico estadounidense la principal contribución española era poner su posición geográfica al servicio del despliegue del bloque occidental. Se deseaba aprovechar ese ventajoso emplazamiento, beneficiarse de la estabilidad interna que proporcionaba el régimen franquista y sacar partido de la libertad de movimientos en sus bases 27. Para disgusto español, Washington desechó la posibilidad de que tropas españolas asumiesen funciones bélicas fuera de su territorio mientras no se produjera su ingreso en la OTAN, entre otras cosas para no chocar con los aliados europeos. Desde esa premisa, la participación de las FAS en la estrategia de defensa occidental diseñada por el Pentágono era muy limitada. Armada y Aviación debían ser capaces de colaborar con el operativo americano en la península, mientras que el Ejército de Tierra se ocuparía de frenar durante un tiempo prudencial una invasión a través de los Pirineos. España, pues, tan solo necesitaba, en palabras del presidente Dwight Eisenhower, «a Good Little Army» 28.
A tenor de esos condicionantes, el programa de asistencia militar se orientó hacia cuatro grandes áreas definidas por el Joint Chiefs of Staff (en adelante JCS) en noviembre de 1953:
«a) Fuerzas de defensa aérea (radar, aviones interceptores, artillería antiaérea) para la protección de: 1) bases aéreas, 2) bases navales y 3) principales centros gubernamentales, de comunicaciones e industriales.
b) Fuerzas terrestres que se desplegarán en los Pirineos inmediatamente después del estallido de las hostilidades y que prestarán apoyo a los planes de defensa de los Estados Unidos.
c) Fuerzas navales antisubmarinas y contramedidas de minas, e instalaciones para la protección de bases navales, puertos y transporte marítimo costero.
d) Fuerzas terrestres para la defensa de zonas vitales (distintas de los Pirineos) contra las fuerzas aéreas» 29.
El grueso de la ayuda militar debía concentrarse en el cuatrienio inicial (1954-1957), procediéndose a la cesión a las FAS de la mayor parte del material y el armamento previsto, así como a la puesta en marcha de los programas de enseñanza e instrucción. Desde 1958 hasta 1963 la asistencia se negoció de manera anual, ciñéndose los fondos a force maintenance y limited force buildup de las unidades beneficiadas por el MDAP en los años anteriores. Los españoles podían exponer sus preferencias, pero la decisión final sobre el material y los cursos ofrecidos, o el coste asignado a esos servicios, correspondió a la parte norteamericana. El sistema se diferenciaba respecto a la asistencia prestada a los países de la OTAN, que se beneficiaban de un mayor margen de maniobra y recursos. Además, a las FAS les costó su tiempo asimilar el funcionamiento de la administración americana en esta materia y la influencia del poder legislativo en la autorización y fiscalización del gasto.
La gestión de ese proceso quedó a cargo del MAAG Spain, en tanto que el Joint U.S. Military Group Spain (en adelante JUSMG) se encargó de la construcción y operatividad de las bases. Ambos eran orgánicamente independientes, si bien estuvieron bajo el mando conjunto del general de la USAF Arthur W. Kissner, que había liderado la misión militar negociadora desde 1952. Buena parte del personal asignado al MAAG también compartía esa experiencia previa. La pertenencia de Kissner a la USAF reflejaba las prioridades del Pentágono en España: la península ibérica pasó a convertirse en punta de lanza del Strategic Air Command en Europa y el Mediterráneo. De forma análoga, tanto el MAAG como el JUSMG se encontraban bajo la supervisión del Secretary of the Air Force y no del CINCEUR, como ocurría con el resto de sus equivalentes europeos 30. Esa decisión, respaldada por el Departamento de Estado contra el criterio del Departamento de Defensa, buscó evitar complicaciones en dos frentes. Por un lado, ante las suspicacias de los militares españoles a compartir la estructura jerárquica de los países de la OTAN, cuyo acceso les había sido vetado. Por otro, ante los aliados de la organización más críticos con el franquismo, justamente por el razonamiento inverso 31.
El MAAG se ocupó de la coordinación con sus interlocutores españoles a través de reuniones periódicas con los Comités de Enlace establecidos con los Altos Estados Mayores de Tierra (en adelante CEMAG), Marina (en adelante CEMA) y Aire (en adelante CEFFAA). En esos foros se debatían los asuntos relacionados con la financiación del MDAP —entrega y distribución de material, asesoramiento logístico y técnico o formación—. A comienzos de 1954 el MAAG y el JUSMG instalaron la mayor parte de sus oficinas en el nuevo edificio del Ministerio del Ejército del Aire en Madrid, resaltando su importancia como piedra angular del despliegue estadounidense durante aquella década 32. Tal proceder motivó la susceptibilidad de la Marina y el Ejército de Tierra, molestos también por la distribución interarmas del MDAP que privilegió al Ejército del Aire (40 por 100 del total) frente a la Marina (30 por 100) y el Ejército de Tierra (30 por 100) 33.
El objetivo fundamental era conseguir que las FAS contasen con una serie de unidades debidamente equipadas y entrenadas en los mínimos estándares occidentales en las cuatro áreas indicadas. En el Ejército del Aire el force goal fijado por el JCS fue la creación y entrenamiento de nueve escuadrones de interceptación. En la Armada se pretendía modernizar un cierto número de naves encargadas de la protección de los puertos y las aguas territoriales españolas, a la par que incrementar su capacidad en guerra antisubmarina. En el Ejército de Tierra la prioridad era proveer de material y formación a tres divisiones (dos de ellas de montaña), junto a catorce batallones de artillería antiaérea. El programa cuatrienal preveía además la actualización progresiva de la enseñanza militar 34.
Desde la óptica norteamericana se buscaba rentabilizar la ayuda suministrada al menor coste posible tanto económico como político. Lo importante era obtener una colaboración pronta y efectiva que agilizase la disponibilidad de sus bases, que empezaron a construirse en 1954. Por parte española, las expectativas puestas en la aportación norteamericana eran considerables, lo que no significa que estuvieran exentas de recelos. A los factores ya comentados con anterioridad se añadían las incertidumbres ante el desafío tecnológico y logístico que implicaba la llegada de los suministros americanos, mucho más modernos y avanzados que los que las FAS tenían a su disposición. Para su empleo y mantenimiento se precisaba una formación que afectaría en los años sucesivos a varios miles de sus miembros, que habrían de desplazarse a centros de adiestramiento en Estados Unidos y Europa o recibir instrucción por personal americano trasladado a España a tal fin. Los efectos derivados de semejante proceso formativo, más allá de su componente técnica, influirían presumiblemente sobre las posibilidades de promoción profesional, sin mencionar otras secuelas más imprevisibles a medio plazo. Otro elemento que incrementaría en poco tiempo las prevenciones hacia el potente aliado americano tenía su foco en las posesiones coloniales en África, en un momento en que la creciente agitación en el Magreb francés comenzaba a extenderse al Protectorado español. Si la defensa del territorio metropolitano no quedaba cubierta de forma explícita por los pactos militares, ¿qué ocurriría en caso de conflicto en esa zona?
En cualquier caso, en aquella fase inicial de la colaboración bilateral los militares españoles basaban buena parte de sus previsiones sobre el impacto de la ayuda americana en opiniones poco contrastadas con la realidad. En febrero de 1954 se anunció la entrega en San Diego (California) del primer navío —un dragaminas— destinado a modernizar la Marina española. Pocos días después, el USS Northwestern Victory llegaba al puerto de Cartagena con el primer cargamento destinado a los Ejércitos de Tierra y Aire (vehículos, carros de combate, cañones, material de transmisiones, equipamiento electrónico, piezas de recambio para aviones, etc.) 35. Aquellas entregas suponían el preludio de la mayor operación de renovación del arsenal de las FAS emprendida desde el final de la Guerra Civil. La ayuda americana había sido buscada con ahínco y concebida como un espaldarazo para superar su anquilosamiento organizativo, técnico y operativo. Sin embargo, el Ejército español no había tomado medidas previas para la recepción y distribución de ese material:
«A decir verdad, tras dos años de conversaciones sobre los acuerdos nada ha sido preparado ni organizado en vista a recibir una ayuda exterior. Las plantillas de personal y dotaciones están en curso de elaboración; ningún garaje, cisterna o taller ha sido construido para recibir y acondicionar el equipo moderno. Todo está por hacer en materia de táctica, organización y logística» 36.
Los militares estadounidenses, conscientes de las insuficiencias logísticas y de instrucción de sus interlocutores españoles, pusieron pronto el acento en simultanear el envío de suministros militares con la formación del personal que habría de encargarse de su utilización y mantenimiento 37. Durante los primeros dos años (1954-1955) la recepción de nuevas remesas de material militar se acompañó con el trasiego de misiones tanto españolas, que acudían a visitar centros de formación militar en Estados Unidos, como norteamericanas, que se trasladaban a España para inspeccionar sobre el terreno los trabajos de construcción de las bases y la organización del operativo bilateral. En las Fuerzas Aéreas se comenzó por aportar aparatos de entrenamiento para instruir a los pilotos españoles en los vuelos a reacción. En la Marina el esfuerzo preliminar se concentró en la actualización e incorporación de material electrónico, junto a la modernización de los astilleros. En el Ejército de Tierra se procedió con menor premura, habida cuenta de que su aportación para los designios estratégicos estadounidenses no resultaba tan apremiante y los cambios a acometer se antojaban de mayor magnitud.
Tanto en las Fuerzas Aéreas como en la Marina se contó con asesoramiento del MAAG para introducir mejoras sustanciales en materia organizativa y operativa, o para reformar los sistemas de enseñanza. Se trataba de garantizar la adquisición del know-how imprescindible en materia de uso y mantenimiento de los nuevos equipos que iban a ser incorporados. Uno de los problemas más urgentes en aquellos momentos consistió en disponer de personal especializado para afrontar con garantías esas tareas. Ante las limitaciones de las FAS para asimilar el armamento y material que les suministraban, las autoridades norteamericanas decidieron ralentizar la asignación de fondos de ayuda militar, salvo en lo relativo a instrucción del personal: «Las dificultades residen principalmente en la diferencia de organización, con las consiguientes dificultades para sincronizar la pequeña nuestra con la gigantesca de ellos, y también el desconocimiento del idioma, falta de preparación y ritmo de trabajo de mucha de nuestra gente» 38.
En el transcurso de 1955 se evidenciaron los primeros síntomas de descontento por parte española con los plazos de entrega, el tipo de ayuda militar recibida y los procedimientos para su selección. Los militares españoles trasladaron al general Kissner su «consternación» ante los retrasos en los suministros que sufriría el programa de ese año 39. Desde el lado estadounidense se reconocía que en aquel bienio solo iban a materializarse en torno a dos tercios de las dotaciones previstas en un principio. Como justificación se señalaron los largos plazos de entrega del equipamiento que tenía un alto coste por unidad (los aviones F-86F), junto a las complicaciones para cerrar el contrato de modernización de los buques de la Armada 40.
Los dos puntos fundamentales de fricción quedaron sintetizados por el agregado aéreo en Washington. Por un lado, «la discrepancia entre lo que España desea y lo que obtiene», que se achacaba a la lentitud en el suministro y a la deficiente calidad de un material muy usado. Por otro, la «dificultad de hacer sentir directamente a los miembros del Gobierno o altos organismos estadounidenses, en posición de decidir, los deseos del Gobierno de España», ya que, al no ser miembro de la OTAN, el MAAG-Spain estaba situado en un escalón inferior respecto a sus equivalentes en el resto de Europa. A ello se añadían otros factores. La decisión final del material incluido en el MDAP, junto al valor asignado al mismo, correspondían básicamente a los estadounidenses. Además, los convenios de 1953 no preveían sufragar «los gastos de sostenimiento del material de guerra entregado [...], piezas de recambio, servicios técnicos, etc., y, sobre todo, combustibles y lubricantes de aviación» 41. Esas consignaciones, junto con las dietas en Estados Unidos de los militares que allí se formaban, habrían de salir del presupuesto español en un contexto en que el Gobierno restringía los desembolsos en el exterior por su carencia de divisas.
En realidad, se trasladaba a la parte norteamericana lo que eran principalmente deficiencias propias. En la cooperación inicial de las FAS con Estados Unidos hubo lo suyo de improvisación y desconocimiento, dejando que el país americano diseñara el guión y marcase el ritmo del proceso. Los militares españoles habían mostrado un deficiente conocimiento de las modalidades de la asistencia militar norteamericana y sus implicaciones, y tampoco transmitieron una imagen de eficiencia en la recepción de la ayuda acordada. El compromiso del país americano con el régimen franquista no preveía una modernización de las FAS más allá de cuanto afectase a sus propios intereses —la operatividad de sus bases militares—, dedicándole «el mínimo gasto y esfuerzo posible» 42.
A principios de 1956, los españoles plantearon nuevas demandas de material no incluido en un principio en el MDAP. La respuesta estadounidense fue que recibir ese material implicaba renunciar a otro por un importe equivalente al coste del solicitado. El general Kissner recomendó a sus interlocutores españoles atenerse al plan original: «Más tarde, y una vez que España haya demostrado que puede desenvolverse con el material que se le va a entregar con arreglo a lo previsto hasta hoy, podrá pedir, con una fuerza moral de la que ahora carece, más material» 43. El responsable del MAAG puso en evidencia las carencias españolas de personal especialista y de conocimientos logísticos para el mantenimiento de las dotaciones que iban a recibir, la necesidad de emprender con urgencia reformas organizativas —como crear un mando de defensa aérea— y lo contraproducente que resultaba solicitar más fondos para el pago del carburante, pues si no podían sostener el funcionamiento del material ya a su cargo el Congreso retrasaría la autorización de nuevos suministros.
El deseo de los dirigentes españoles de acelerar la modernización de las FAS se topó con la firme resistencia estadounidense, que no lo veía viable ni necesario. Se optó entonces por insistir en que Estados Unidos especificase la misión de las FAS en la defensa occidental como fórmula para sondear la posibilidad de incrementar la ayuda norteamericana. La administración Eisenhower aceptó mantener conversaciones en ese sentido sobre la base de que los españoles desempeñaran un papel limitado e indirecto (la defensa de la península ibérica) y sin compartir con ellos los planes de contingencia estadounidenses 44. Aprovechando su visita al Pentágono en abril de 1956, el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, Fernández Longoria, señaló el aumento de los riesgos asumidos por España desde la firma de los Pactos de Madrid ante los cambios que había experimentado el panorama internacional: ingreso de la República Federal Alemana en la OTAN, creación del Pacto de Varsovia, creciente inestabilidad en la orilla sur del Mediterráneo (Egipto, Magreb) y progresos soviéticos en materia de balística y capacidad nuclear. Todo ello redundaba en «la conveniencia de que se examine de nuevo la participación de España en el esfuerzo defensivo del Mundo Occidental», al igual que se urgía a no retrasar la provisión de los medios precisos para modernizar las FAS y garantizar la defensa del país (solicitándose la inclusión de misiles antiaéreos en la ayuda futura). También se requería acceso a información clasificada de la OTAN e informes sobre «capacidades enemigas», hasta entonces negadas a los españoles. La contraparte estadounidense, interesada en no generar conflictos en un momento clave del programa de construcción de las bases en la península, expuso su disposición a confrontar puntos de vista sobre los mecanismos de la ayuda y accedió a regularizar el flujo de información confidencial a las FAS 45.
Las conversaciones fueron retomadas en los meses siguientes. Los españoles recibieron por primera vez la confirmación oficial del JCS de que las fuerzas enclavadas en la península ibérica o en su perímetro eran un objetivo potencial de un ataque aéreo soviético. En cuanto a la concreción de la misión de las FAS en caso de conflagración mundial, no se pasó de «conceptos estratégicos generales» que venían a subrayar el papel meramente defensivo implícito en la alianza de 1953: la salvaguardia de su territorio nacional y de las bases estadounidenses allí instaladas. Se añadió también, pese a las dudas del Departamento de Estado, que las FAS garantizarían la «seguridad interna» del país —lenguaje que ilustraba el giro de la política americana respecto al franquismo—. Los negociadores españoles asumieron que en Washington no estaban dispuestos a ir más allá mientras España siguiese fuera de la OTAN. Esa exclusión de la OTAN también alimentaba las reticencias de las FAS a actuar fuera de la península, a lo que se sumaban sus carencias materiales y logísticas. No obstante, se afirmaba la disponibilidad a aceptar la presencia de tropas estadounidenses y portuguesas en el territorio español en caso de guerra e incluso de otros países aliados «previo acuerdo gubernamental». Las negociaciones evidenciaron que el verdadero interés de la cúpula militar española residía en agilizar y ampliar la ayuda militar recibida con la incorporación de armamento más avanzado. Los estadounidenses, conscientes de ello, tenían el mandato expreso de no asumir «nuevos compromisos de asistencia militar o económica» 46. Antes de concluir aquel año los dirigentes españoles volvieron a la carga solicitando formalmente treinta millones de dólares adicionales de ayuda económica, que consideraban necesaria para hacer frente a la inflación generada por la construcción de las bases y los costes derivados de la implementación del MDAP 47.
No sería fácil modificar la postura estadounidense reacia a autorizar nuevas partidas de ayuda militar cuando no estaba claro, además, que la librada estuviese siendo empleada de forma eficiente. Lo cierto es que tres años después de la firma de los acuerdos bilaterales la capacidad de disuasión de las FAS no había variado sustancialmente, aunque se esperaba que las medidas emprendidas en cuanto a formación, estructura y equipamiento contribuyesen a mejorar esa situación en el futuro. Según informes del país americano, el Ejército de Tierra disponía todavía de un limitado potencial que solo permitiría ralentizar un avance enemigo en la frontera de los Pirineos. La aportación de la Marina era considerada «virtualmente nula» y su efectividad no pasaría de misiones de control del litoral. Las Fueras Aéreas también mostraban una disponibilidad defensiva más bien «nula», encontrándose en proceso de transición para incorporar los conceptos logísticos y tácticos de sus homólogas estadounidenses 48.
La apelación de los militares españoles al cambiante panorama internacional estaba relacionada fundamentalmente con la creciente inestabilidad en el norte de África. En abril de 1956 el Gobierno español, en la estela de la decisión tomada por Francia, se vio abocado a admitir la independencia del Protectorado de Marruecos, si bien no tenía ninguna intención de ceder su soberanía sobre el enclave de Ifni ni sobre el territorio del Sáhara Occidental 49. De forma simultánea, las FAS solicitaron al MAAG la compra o inclusión en el programa MDAP de equipos de radio y medios de transporte para las tres armas, inclusive lanchas de desembarco anfibio 50. Para los estadounidenses resultaba complicado negarse por razones políticas, teniendo en cuenta que no habían impedido que Francia emplease en su esfera de influencia marroquí equipamiento MDAP de naturaleza mucho más ofensiva. Por ello accedieron a examinar la solicitud. El asunto gravitó en las conversaciones sobre la ayuda entabladas en los meses siguientes, aunque los portavoces americanos eludieron cualquier discusión sobre compromisos de seguridad de Estados Unidos con España no contemplados en los acuerdos de 1953. Los altos cargos militares españoles no dejaron de recordar en cuanto se presentaba la oportunidad que no solo estaban preocupados por la frontera pirenaica, sino también por la africana, y que la incertidumbre en esta última justificaba las peticiones adicionales de ayuda. A finales de 1957 solo se había recibido respuesta afirmativa sobre las lanchas de desembarco 51.
Los sectores más militantes del nacionalismo marroquí incluían entre sus reivindicaciones territorios todavía en manos francesas y españolas que vendrían a completar el diseño de un «Gran Marruecos». A través del Ejército de Liberación Marroquí (en adelante ELM) primero intentaron extender la lucha armada a Mauritania, pero se toparon con la aplastante superioridad militar francesa. Ante tal fracaso pusieron sus miras en las guarniciones españolas en la región 52. La Guerra de Ifni-Sáhara (octubre de 1957-junio de 1958) revelaría las múltiples carencias que todavía lastraban a las FAS en ámbitos claves para un conflicto de este tipo: obsolescencia y nula normalización del armamento ligero y el equipo de campaña; serias deficiencias en material de transporte anfibio y aerotransportado, armamento pesado, aviación de reconocimiento y bombardeo, radiocomunicaciones y logística; mala coordinación entre los tres ejércitos, y uso cuestionable de las unidades paracaidistas y gestión de la información 53. En su transcurso también quedaron patentes los límites de la alianza estratégica con Estados Unidos, así como el carácter condicionado de la asistencia militar del país americano.
La vulnerabilidad de las tropas desplegadas en Ifni y Sáhara hizo que las FAS solicitaran a Estados Unidos un adelanto en la entrega de las embarcaciones de desembarco programadas [Landing Craft Medium (en adelante LCM)], a lo que Washington accedió. Cuando España buscó la opinión de su aliado respecto al empleo del material MDAP, Estados Unidos, que deseaba mantener buenas relaciones con el reino alauita (donde también poseía bases militares), optó por una fórmula calculadamente ambigua. No se discutía el empleo del equipo suministrado por los acuerdos bilaterales en territorio español, pero en caso de su utilización en otros escenarios podrían suscitarse críticas en Estados Unidos hacia la cooperación militar con España. Para no perjudicar ese programa se recomendaba al Gobierno español «en su propio interés ejercer la máxima moderación con respecto a dicho uso». Los militares españoles respondieron haciéndose cargo de la situación y exponiendo su intención de utilizar las LCM únicamente en su territorio y para operaciones de apoyo logístico 54.
Las FAS se vieron obligadas a desistir de un empleo más amplio del material MDAP, especialmente de aquel con mayor potencial ofensivo. Sí se emplearon aviones Dakota y helicópteros SH-19B con base en Rota en labores de transporte aéreo y radar respectivamente, pero las acciones de cobertura y bombardeo aéreo dependieron inicialmente de los viejos e inapropiados modelos alemanes Junker Ju-52 y Heinkel He-111 55. Ante el deterioro de la situación militar, y vistas las reticencias norteamericanas, las FAS optaron por llamar a las puertas de Francia, que ya había ofrecido ayuda con anterioridad, aunque entonces se había desdeñado. Se repetía así lo ocurrido durante la última Guerra del Rif (1920-1925), cuando se apeló a la asistencia francesa para desequilibrar la balanza del conflicto. En enero de 1958 el Gobierno francés cedió o vendió a las FAS diverso material procedente del MDAP franco-estadounidense: buques LSC y LSD para transportar las LCM y el equipo necesario al Sáhara español 56, aviones T-6 Texan habilitados para el ataque a tierra, además de carros ligeros y vehículos blindados 57. Todo ello, unido a la intervención de tropas francesas, fue clave a la hora de repeler y derrotar a las partidas del ELM.
La actitud estadounidense ante esa contienda concienció definitivamente a los responsables españoles sobre las limitaciones de su asistencia militar. En sentido análogo actuó la inflexibilidad de Estados Unidos frente a las demandas para reconsiderar el emplazamiento de las bases cercanas a ciudades como Madrid y Zaragoza, que exponían a sus poblaciones a los efectos de posibles ataques nucleares soviéticos. Formuladas a comienzos de ese mismo año, la respuesta fue restar importancia a tales preocupaciones 58. Todas esas consideraciones apenas tuvieron consecuencias a corto plazo para los intereses de Estados Unidos, cuyas bases en España empezaban a ser operativas. Tampoco era el mejor momento para los dirigentes franquistas de plantear ningún pulso a su aliado estadounidense teniendo en cuenta que la situación económica del país se deterioraba rápidamente con una imparable sangría de divisas —que afectó incluso al programa de instrucción e implicó que no se completasen los cupos preestablecidos para 1957, 1958 y 1959—. El respaldo de Washington podía ser más importante que nunca.
Los españoles empezaban por entonces a echar cuentas del desembolso propio que había acarreado la ayuda norteamericana, motivado «por los gastos extraordinarios para la ampliación de sus aeródromos, instalación de escuelas y servicios, viajes numerosos a América de nuestro personal para capacitarse y organización de nuevos servicios». Una iniciativa emprendida por la Presidencia del Gobierno tras constituirse una Comisión Delegada para el desarrollo de los Convenios con Norteamérica en octubre del año anterior 59. La embajada en Madrid, persuadida del deterioro latente de las relaciones bilaterales, intentó conseguir la comprensión del Departamento de Estado y el National Security Council para realizar alguna concesión a las FAS, al tiempo que sus servicios de información lanzaban una campaña propagandística resaltando la cooperación militar hispano-estadounidense 60. En idéntica línea se orientó el informe del general Kissner al finalizar su prolongada estancia en España, donde situaba al ejército como un fuerte factor de estabilidad política que facilitaba el funcionamiento de las bases estadounidenses y reconocía que las FAS no eran todavía una fuerza de combate moderna, si bien la asistencia militar había incrementado la efectividad de algunas unidades —todavía una pequeña fracción del colectivo— 61. Su sustituto al frente del MAAG Spain, el general de la USAF Stanley J. Donovan, pudo comunicar a sus interlocutores españoles la materialización de parte de sus deseos de manera casi inmediata. En el mes de abril de 1958 se notificó a las FAS que el Gobierno estadounidense había decidido aumentar en otros cuarenta millones de dólares la suma destinada a asistencia militar, a lo que se agregaría en los meses siguientes la incorporación de diversos equipos solicitados anteriormente (aunque no de los ansiados misiles antiaéreos) 62.
En el verano de aquel año el general Barroso, ministro del Ejército, viajó a Washington para trasladar a sus homólogos americanos un ambicioso plan basado en las divisiones pentómicas del U.S. Army, con el objetivo de configurar unidades aptas para la cooperación con otros aliados occidentales (OTAN) 63. El plan, aprobado en septiembre, suponía una reducción de veintidós a doce divisiones y contemplaba que el material americano se concentrase en las unidades seleccionadas 64. Barroso solicitó oficialmente la entrega de misiles guiados para seis batallones, topándose con la negativa del CINCEUR al considerar que no existía seguridad de que España fuese capaz de absorber y mantener armas avanzadas, que la entrega de esos equipos requeriría un tratamiento similar con Portugal y que el coste ascendería a más de cincuenta millones de dólares. Pese a esa negativa, se apoyó una reforma del Ejército de Tierra que introdujo cambios en los procedimientos de suministros y en los parques de mantenimiento para adaptarlos a los sistemas americanos, además de proceder a una reorganización que afectaría en una primera etapa a cinco divisiones experimentales —tres pentómicas y dos de montaña, estas últimas y una de las anteriores pertrechadas con material recibido de la ayuda americana—. De manera simultánea, como antes había ocurrido con sus colegas del Ejército del Aire y la Marina, se pretendía «dar un carácter preferente a la instrucción moderna», formando a un núcleo de la oficialidad en Estados Unidos en «materias electrónicas, atómicas, nucleares, estratégicas y tácticas» 65. España carecía de una industria pesada capaz de fabricar esos armamentos e instrumentos y tampoco disponía de recursos para adquirirlos, pero al menos contaría con personal adiestrado en su manejo por lo que pudiera suceder en el futuro.
Ese mismo verano de 1958 las instalaciones militares estadounidenses en España dieron apoyo por primera vez a una operación bélica: la intervención de la Sexta Flota en Líbano. A finales del año siguiente, el presidente Eisenhower visitó al general Franco en Madrid. Su avión fue escoltado en el espacio aéreo español por los F-86F pertenecientes a las primeras alas de caza activadas. La visita revistió un enorme valor simbólico: veinte años después del final de la Guerra Civil el dictador español recibía el abrazo público del líder del «Mundo Libre». Para entonces, sin embargo, las previsiones más optimistas de la cúpula militar franquista respecto al vínculo estratégico con Estados Unidos se habían desvanecido. El «tiempo de la inocencia» había terminado, el desequilibrio de los compromisos suscritos en 1953 empezó a hacerse patente con toda su crudeza. Entre tanto Francia, tras la pasada colaboración en Ifni-Sáhara y con la llegada de la V República presidencialista del general De Gaulle, pasó a ser vista con otros ojos por parte de las FAS. El Ejecutivo francés, consciente de los deseos españoles de disminuir su dependencia respecto a la potencia estadounidense, se aprestó a sacar partido de esos desencuentros y a favorecer una mayor colaboración militar durante la década siguiente 66.
A la postre, la asistencia militar estadounidense resultó fundamental para promover la renovación parcial del equipamiento y la mejora en la formación de las FAS, pero no en las dimensiones ni con el ritmo deseados por las autoridades españolas. De ahí el reproche con que sintetizaba tal proceso el almirante Luis Carrero Blanco: «Si quisiéramos resumir en pocas palabras el balance de los acuerdos de 1953 desde el punto de vista militar, podríamos decir que los americanos han resuelto su problema, pero nosotros no hemos resuelto el nuestro» 67.
* Este trabajo forma parte de los proyectos de investigación «La modernización del sistema educativo y científico español en su dimensión internacional, 1953-1986» (MINECO, HAR2014-58685-R) y «El factor internacional y la transformación de las Fuerzas Armadas (1953-1982): diplomacia de defensa y transferencia de tecnología» (CUD-Zaragoza, 2014-09). Siglas de archivos: Archivo General Militar-Ávila (AGM-Av), Archivo Histórico del Ejército del Aire (AHEA), Archives du Ministère des Affaires Étrangères-France (AMAE-F), Centro Documental de la Memoria Histórica-Archivo Fundación Nacional Francisco Franco (CDMH-AFNFF), National Archives of the United States-College Park (NACP) y Service Historique de la Défense-Ministère de la Défense (SHD-MD). Las traducciones de textos en inglés y francés son del autor.
1 William H. Mott IV: United States Military Assistance. An Empirical Perspective, Westport-Londres, Greenwood Press, 2002, p. 5.
2 Nathaniel R. Weber: United States Military Assistance Groups during the Cold War, 1945-1965, tesis doctoral, Texas A&M University, 2016.
3 Edgar S. Furniss Jr.: Some Perspectives of American Military Assistance, Princeton, Princeton University Press, 1957; John L. Holcomber: Military Assistance Programs of the United States, Columbia, Bureau of Business and Economic Research, 1957, y Joseph P. Kutger: The Military Assistance Program: Symphysis of United States Foreign and Military Policies, tesis doctoral, University of Colorado, 1961.
4 Sobre el debate historiográfico aludido véanse Caroline Kennedy-Pipe: The Origins of the Cold War, Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2007; Ingo Trauschweizer: Toward a Military History for the Cold War: a Bibliographic Essay, EUI Working Papers MWP 2009/29, pp. 1-15, y Pablo León Aguinaga: «Ecos lejanos. La historiografía sobre “Estados Unidos y el Mundo” durante la Guerra Fría y la historia de España», en Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla et al. (coords.): La apertura internacional de España. Entre el franquismo y la democracia, 1953-1986, Madrid, Sílex, 2016, pp. 87-125.
5 La bibliografía sobre la materia ya es bastante amplia, destacando con relación al tema que aquí se aborda, Ángel Viñas: En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995), Barcelona, Crítica, 2003, pp. 159-207; Antonio Marquina: España en la política de seguridad occidental, 1939-1986, Madrid, Ediciones Ejército, 1986, pp. 498-574; John R. Dabrowski: The United States, NATO and the Spanish Bases, 1949-1989, tesis doctoral, Kent State University, 1996, y Xabier Hualde: El «cerco» aliado. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia frente a la Dictadura franquista (1945-1953), Bilbao, Universidad del País Vasco, 2016, pp. 341 y ss.
6 Gabriel Cardona: El poder militar en el franquismo, Barcelona, Flor del Viento, 2008, p. 185, e íd.: El gigante descalzo: el ejército de Franco, Madrid, Aguilar, 2003, p. 235.
7 Ángel Liberal Lucini: «Cuarenta años después (1953-1993)», Revista de Política Exterior, 35 (1993), p. 185; Miguel Platón: Hablan los militares. Testimonios para la historia (1939-1996), Barcelona, Planeta, 2001, pp. 109 y 122-123; Carles Barrachina Lisón: El retorno de los militares a los cuarteles: militares y cambio político en España (1976-1981), Barcelona, Institut de Ciències Politiques i Socials, 2002, pp. 10 y 13-14, y Fernando Puell de la Villa: «El devenir del Ejército de Tierra (1945-1975)», y Juan Escrigas Rodríguez: «Los Pactos de Madrid y la transferencia de doctrina a las Fuerzas Armadas: el caso de la Armada», ambos en Fernando Puell de la Villa y Sonia Alda Mejías (coords.): Los ejércitos del franquismo (1939-1975), Madrid, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado-UNED, 2010, pp. 78-79 y 310-311. Véanse también las consideraciones globales sobre el alcance de la ayuda americana recogidas en IV Ciclo de Conferencias sobre Defensa Nacional, Madrid, CESEDEN, 1968.
8 «Étude sur la situation politique, économique et militaire de l’Espagne», 25 de marzo de 1946, y «Bulletins de renseignements sur l’Espagne», IV Region Militaire/État-Major/2 Bureau, marzo-julio de 1946, SHD-MD, GR 10 T 309 y 305.
9 Sobre la comparación entre España y Yugoslavia véanse Louis W. Koening: «Foreign Aid to Spain and Jugoslavia», en Alan F. Westin (ed.): These Use of Power. 7 Cases in American Politics, Nueva York, Harcourt, 1962; Brent Scrowcroft: Congress and Foreign Policy: An Examination of Congressional Attitudes toward the Foreign Aid Programs to Spain and Jugoslavia, tesis doctoral, Columbia University, 1967, y John R. Dabrowski: The United States..., pp. 49 y ss.
10 Albert Presas i Puig: «La inmediata posguerra y la relación científica y técnica con Alemania», en Ana Romero de Pablos y María Jesús Santesmases Navarro de Palencia (coords.): Cien años de política científica en España, Bilbao, Fundación BBVA, pp. 173-210.
11 En Estados Unidos se intentó adquirir repuestos o equipamientos. Las gestiones del agregado aéreo en Washington en AHEA, A10907.
12 «Memorandum for the Secretary of State», 8 de mayo de 1950, NACP, RG 59, Lot Files, Office of Western European Affairs (LF-OWEA) 1942-1958, Spain, caja 10.
13 «Capability of Spain to Defend the Spanish Pyrenees Line, Including an Analysis of Terrain Northeast of the Ebro River», 1 de marzo de 1951, recogido en «Spain» y «Annex: Summary and Evaluation of Spanish Armed Forces», 22 de junio de 1951, NACP, RG 59, LF-OWEA 1942-1958, Spain, caja 10.
14 «Le potentiel militaire espagnol au printemps 1951», 25 de mayo de 1951, SHD-MD, GR 12 S 110. Una visión parecida transmitían los agregados militares británicos. Véase Ángel Viñas: «Las Fuerzas Armadas franquistas desde una percepción exterior. El giro histórico de la Unión Militar Democrática (UMD)», Historia del Presente, 27 (2016), pp. 64-65.
15 La Revista General de Marina (RGM) se hizo amplio eco de estas experiencias. Véanse «Impresiones de la VI Flota americana», RGM, 140 (1951), y «La visita de la VI Flota», RGM, 144 (1953).
16 En plena Feria de Abril de Sevilla y después en Madrid. Véase Revista de Aeronáutica, 125 (1951).
17 «Normas para la elección de jefes y oficiales de nuestro ejército que han de realizar cursos en los Estados Unidos», junio de 1951, AGM-Av, 20620.
18 «États-Unis-Espagne. Le Ministre de l’Air espagnol est invité par l’État Major américain», 27 de junio de 1951, AMAE-F, Amérique, Etats-Unis 1944-1952, vol. 187. La prensa española se hizo amplio eco de esta visita, inclusive la militar. Véase Revista de Aeronáutica, 127 y 128 (1951).
19 Información sobre la primera edición de aquel intercambio en AHEA, A10584.
20 Foreign Relations of United States (FRUS) 1951, vol. IV, part 1, Washington DC, US Government Printing Office, 1972, pp. 773 y ss. Al mismo tiempo se incrementaban las noticias en revistas militares sobre la organización de las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados, las primeras experiencias formativas de oficiales españoles en el país americano o la incorporación del escaso material militar de aquella procedencia obtenido mediante compras a terceros. Véase comandante Sancho Sopranís: «Diez meses en Fort Belvoir», Ejército, 154 (1952), y capitán José Cavestany: «Entrenamiento del Jeep», Ejército, 143 (1951).
21 Anne Dulphy: La politique de la France à l’égard de l’Espagne de 1945 à 1955. Entre idéologie et réalisme, París, Ministère des Affaires Étrangères, 2002, p. 748, y Xabier Hualde: El «cerco» aliado..., pp. 354-357 y 389-392.
22 Junto a la bibliografía citada, las claves y contenidos esenciales del proceso negociador en «Details of Spanish Base Negotiations», 26 de septiembre de 1953, y «The Negotiations», octubre de 1953, NACP, RG 59, LF-OWEA 1942-1958, Spain, caja 3. También FRUS, 1952-1954, vol. VI, part 2, pp. 1835 y ss.
23 «Background on Spanish Agreements», 13 de octubre de 1953, NACP, RG 59, LF-OWEA 1942-1958, Spain, caja 3.
24 «De la conception espagnole de la souveraineté», 16 de octubre de 1953, AMAE-F, Europe, Espagne 1944-1960, vol. 166.
25 «Signature du Pacte hispano-américain», 2 de octubre de 1953, AMAE-F, Europe, Espagne 1944-1960, vol. 166.
26 Daniel Fernández de Miguel: El enemigo yanqui. Las raíces conservadoras del antiamericanismo español, Zaragoza, Genueve, 2012, pp. 263-270 y 276-286.
27 Ángel Viñas: «La política franquista de seguridad y defensa», Historia Contemporánea, 30 (2005), pp. 79-113, esp. p. 95.
28 Ángel Viñas: En las garras del águila..., p. 300.
29 Memorandum for the Operations Coordination Board (OCB), «Implementation of the U.S. Aid Program for Spain», 21 de noviembre de 1955, y «Memorandum B. Facts Bearing on the Problem», NACP, RG 218, Geographic File (GF), 1954-1956, caja 33. Estas actuaciones fueron perfiladas en el NCS 5418/1, el documento que guió la política norteamericana hacia España entre 1954 y 1960.
30 «Terms of Reference of Joint United States Military Group (Spain) and Military Assistance Advisory Group (Spain)», 14 de enero de 1954, y «Organization and Terms of Reference for Spain: JUSMG & MAAG», 1954, NACP, RG 59, LF-OWEA 1942-1958, Spain, caja 3.
31 «Question of placing MAAG/JUSMG under CINCEUR», 8 de febrero de 1955, y «Ambassador Lodge to the Secretary State», 31 de marzo de 1958, NACP, RG 59, CDF, 752.5-MSP/2-855 y 752.5-MSP/3-3158.
32 «Kissner to Lt. Gen. Eduardo González-Gallarza», 2 de junio de 1954, NACP, RG 334, General Correspondence (GC), 1954-1963, caja 1.
33 Memorandum for General Caldar, «Bias Against Spanish Navy», 27 de julio de 1960, NACP, RG 334, MAAG Spain, Security Classified Correspondence (SCC), 1952-1962, caja 8.
34 «Implementation of the U.S. Aid Program...».
35 «Application des Accords hispano-américains. Premier envoi de matériel de guerre à l’Espagne», 16 de febrero de 1954, AMAE-F, Europe, Espagne 1944-1960, vol. 167.
36 «Prochaine livraison à l’Espagne de matériel américain», 27 de noviembre de 1954, SHD-MD, GR 14 S 57.
37 Véase el artículo de Pablo León Aguinaga en este monográfico.
38 «General Francisco Fernández Longoria, jefe del Estado Mayor del Aire, al coronel Julio Salvador Díaz Benjumea, agregado aéreo a la embajada de Washington», 10 de marzo de 1955, AHEA, N67/3.
39 «OCB Discussion May 18 of Slowdown in MDAP Deliveries to Span», 17 de mayo de 1955, NACP, RG 59, LF-OWEA 1942-1958, Spain, caja 5.
40 «OCB. Progress Report in Spain (NSC 5418/1)», 8 de diciembre de 1955, NARA, RG 59, Lot File 62 D430, caja 32.
41 «Problema», 20 de octubre de 1955. El documento era un esquema del informe remitido en la misma fecha al jefe del Estado Mayor del Aire, AHEA, N67/3.
42 Agregado aéreo en Washington al general jefe del Estado Mayor del Aire, 16 de diciembre de 1955, AHEA, N67/3.
43 «Nota informativa para el Excmo. Sr. Gral. Jefe del Estado Mayor del Aire sobre conversaciones con el General Kissner, Jefe del MAAG en Madrid», 1 de febrero de 1956, AHEA, N67/3.
44 Memorandum for the Secretary of Defense, «Spain and the Spanish Army», 11 de mayo de 1955, NACP, RG 218, GF, 1954-1956, caja 33.
45 «Entrevistas del teniente general Francisco Fernández-Longoria, jefe del Estado Mayor del Aire, con el presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, almirante Arthur W. Radford, y con el general Nathan F. Twining, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos», 10 y 11 de abril de 1956, AHEA, N67/3, y «CINCEUR to Department of Defense», 3 de julio de 1956, NACP, RG 218, GF, 1954-1956, caja 33.
46 Memorandum for CINCEUR, «Military Planning Discussions on the Defense of the Iberian Peninsula», 1 de junio de 1956; Department of Defense to USEUCOM, 5 de julio de 1956; Note by the Secretary to the JCS, «Preliminary report on U.S.-Spanish-Portuguese Military Talks. Reference: JCS 1821/119», 26 de julio de 1956, y Memorandum for the Chairman (JCS), «U.S. Spanish-Portuguese-Military Planning Talks», 10 de octubre de 1956, NACP, RG 218, GF, 1954-1956, caja 33-34. Antes, durante e inmediatamente después de las conversaciones, los comités de enlace con el MAAG solicitaron medios de transportes terrestre y aéreo, misiles para el Ejército de Tierra y los cazas Sabre F-86F, y un impulso al programa de modernización de la Marina. También se pidió formación en materia de guerra nuclear y en armas avanzadas. Véanse «Meeting between the Minister of the Spanish Army and Brigadier General Dahlen», 22 de octubre de 1956, y MAAG Spain to Naval Attaché, «Instituto Nacional de Electrónica (INE). Request for Technical Support on Guided Missiles», 25 de septiembre de 1956, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 3.
47 «Spanish Request for Additional FY 57 Defense Support Assistance», 23 de noviembre de 1956, NACP, RG 59, CDF, 752.5-MSP/11-2356.
48 «The Spanish Armed Forces», 27 de agosto de 1956, y «Spain. Background and U.S. Policy Objectives», 20 de diciembre de 1956, NARA, RG 59, LF-OWEA 1942-1958, Spain, caja 7.
49 El contexto que rodeó aquel proceso y sus consecuencias en Concepción Ybarra: España y la descolonización del Magreb. Rivalidad hispano-francesa en Marruecos, Madrid, UNED, 1998; Anne Dulphy: La politique de la France..., pp. 691-733, y Mile Elkin: «Franco’s Last Stand: An Analysis of Spanish Foreign Policy Regarding Moroccan Independence», International Journal of Iberian Studies, 17 (2004), pp. 67-86.
50 «Sale of Military Equipment to Spain for Use in Spanish African Protectorates», 16 de marzo de 1956, NACP, RG 218, GF, 1954-1956, caja 33.
51 «Spanish Request for LS Type Vessels» y CNO to Chief, Navy Section, MAAG Spain, 23 de enero de 1957, NCAP, RG 59, CDF, 752.5621/11-1656 y 752.5621/1-2357.
52 Attilio Gaudio: Guerres et paix au Maroc (Reportages, 1950-1990), París, Karthala, 1991, pp. 73 y ss., y Juan Pastrana: La guerra de Ifni-Sáhara y la lucha por el poder en Marruecos, tesis doctoral, Universitat Pompeu Fabra, 2013, pp. 93-409.
53 Sobre la evolución militar del conflicto véanse Rafael Casas de la Vega: La última Guerra de África (campaña de Ifni-Sáhara), Madrid, Ministerio de Defensa, 2008, y Juan Pastrana: «El ejército español en la Guerra del Ifni», en Ángel Viñas Martín y Fernando Puell de la Villa (coords.): La historia militar hoy. Investigaciones y tendencias, Madrid, Instituto Universitario Gutiérrez Mellado-UNED, 2014, pp. 295-314.
54 «Weekly Activity Report for MAAG, Spain, for the Ambassador», 3 de diciembre de 1957; «Discussions with Spanish Army Minister», 2 de enero de 1958; «Utilization of MAP Equipment in Africa (Secret)», 7 de enero de 1958, y «Meeting between Chief Navy Section, MAAG and Spanish Navy Officers», 10 de enero de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 5 y 7.
55 «Weekly Activity Report...», 22 y 29 de enero de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 5.
56 «Weekly Activity Report...», 14 de enero de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 5.
57 Juan Pastrana: La guerra de Ifni-Sáhara..., pp. 324-328 y 362-372, y Baptiste Colom-y-Canals: «El papel de los agregados militares en la cooperación franco-española en el Sáhara», en Ángel Viñas Martín y Fernando Puell de la Villa (coords.): La historia militar hoy. Investigaciones y tendencias, Madrid, Instituto Universitario Gutiérrez Mellado-UNED, 2014, pp. 413-415.
58 En febrero de 1958 se celebraron unas conferencias bilaterales sobre el tema donde se escenificaron las discrepancias de las representaciones española y americana, pese a que esta última trató de dar explicaciones «científicas» del bajo umbral de amenaza que existía (salvo para el caso de Zaragoza). Véase «Conferencias sobre efectos de las armas nucleares», febrero de 1958, CDMH-AFNFF, docs. 23918 y 23920.
59 «Ayuda económica», 1958, CDMH-AFNFF, doc. 21842. AHEA, N953/72.
60 Entre 1957 y 1959 la revista Noticias de Actualidad, su principal medio de expresión, publicó tres monográficos dedicados a esa cuestión: «España-Estados Unidos. En defensa del mundo occidental», 21 de enero de 1957; «España-Estados Unidos. Unidos en la causa de la paz», 17 de febrero de 1958, y «Cooperación militar», 15 de mayo de 1959.
61 «End of Tour Report of Chief, MAAG Spain, for period 1-july-1956/ 30-june-1958», 6 de agosto de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 6.
62 «Reunión del Generalísimo con ministros de Asuntos Exteriores, Ejército, Marina y Aire y los jefes de Estado Mayor de Marina y Aire», 7 de abril de 1958, CDMH-AFNFF, doc. 21840, y «Weekly Activity Report...», 27 de mayo, 10 de junio y 18 de septiembre de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 5.
63 Desde la llegada de Barroso al ministerio la revista Ejército publicó diversos artículos sobre el tema. Véanse «Las nuevas divisiones pentómicas norteamericanas», 211 (1957), y «Estudio comparado de la nueva División de Infantería americana», 217 (1958).
64 Como la Brigada Paracaidista, creada en 1955 y destinada a convertirse en la elite del Ejército, pero cuya flagrante falta de medios se apreció en el conflicto de Ifni-Sáhara. Véase «Weekly Activity Report...», 2 de octubre de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 5.
65 «Informe para el Señor Ministro [del Ejército]», 17 de enero de 1959, NACP, RG 59, LF-OWEA 1953-1962, Spain, caja 3. También se aceptó la formación de militares españoles para encargarse en el futuro de los misiles guiados que entonces no se había accedido a suministrar, pero que sí se lograría unos años después. Véanse «Weekly Activity Report...», 17 de octubre de 1958, y «NYT Report on Spanish Army Reorganization», 21 de octubre de 1958, NACP, RG 334, MAAG Spain, SCC, 1952-1962, caja 5, y RG 59, CDF, 752.5/10-2158, respectivamente.
66 Esther M. Sánchez Sánchez: «Armamento e instrucción militar. Francia y la modernización del ejército español, 1948-1975», Ayer, 63 (2006), pp. 211-232, esp. pp. 217 y ss., e íd.: «French Military Action in Spain from Dictatorship to Democracy: Arms, Technology and Convergence», Journal of Contemporary History, 50, 2 (2015), pp. 376-399, esp. pp. 386 y ss.
67 «Consideraciones sobre los convenios entre España y Estados Unidos y la situación de nuestra defensa nacional», 1961, CDMH-AFNFF, doc. 4399 (cursiva en el original).