Ayer 118/2020 (2): 365-380
Sección: Hoy
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/118-2020-14
© Xavier Casals i Meseguer
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
De Fuerza Nueva a Vox: de la vieja a la nueva ultraderecha española (1975-2019)
Xavier Casals i Meseguer
Universitat Ramon Llull
xaviercm@blanquerna.edu
Resumen: La irrupción institucional de Vox en los comicios celebrados en 2019 pone fin a la marginalidad de la extrema derecha en España desde que en 1982 el partido Fuerza Nueva perdiera su único diputado en el Congreso y se disolviera. Este estudio analiza los principales hitos de esta evolución.
Palabras clave: ultraderecha, neofascismo, España, neofranquismo, derecha radical populista.
Abstract: The explosion of Vox on the political scene during elections in 2019 put an end to the marginalization of the extreme right in Spain. This began in 1982 when Fuerza Nueva lost its only deputy in Congress and the party was dissolved. This study analyses the milestones of this evolution.
Keywords: Extreme right, neo-fascism, Spain, neo-Francoism, populist radical right.
Los resultados de Vox en el último ciclo electoral abren una etapa de presencia institucional de la ultraderecha inédita en nuestra democracia, al obtener representación en los comicios andaluces del 2 de diciembre de 2018 (2-D) (10,9 por 100 del voto total), los legislativos del 28 de abril de 2019 (28-A) (10,2 por 100) y la triple cita electoral del 26 de mayo (26-M): europea (6,2 por 100), autonómica (presencia en nueve Parlamentos) y local (2,9 por 100 y 530 ediles, aunque solo concurrió en 646 municipios de 8.116). Asimismo, en los comicios del 10 de noviembre de 2019 (10-N) devino la tercera fuerza (15,1 por 100) tras el PSOE y el PP. Con anterioridad, en este ámbito político solo había tenido un escaño en el Congreso en la legislatura 1979-1982, que ocupó Blas Piñar, líder del partido Fuerza Nueva (FN). Vox combina rupturas y continuidades respecto a la trayectoria precedente de este espectro ideológico, pues su mensaje amalgama elementos originarios del mismo con otros del Partido Popular (PP), de la ultraderecha europea y del «trumpismo». En este sentido, sostenemos que Vox no refleja un culmen del proceso de modernización que inició la extrema derecha en España desde 1982, tras disolverse FN, sino una reconfiguración profunda de su discurso y espacio político por un actor inicialmente ajeno a la misma. Para constatarlo, este estudio analiza primero la evolución de la ultraderecha desde 1975 hasta la eclosión de Vox y luego examina los rasgos definitorios de este partido y su ascenso en las urnas 1.
Al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha estaba fragmentada (a título de ejemplo, había cuatro partidos falangistas de cierta relevancia) y quedó desconcertada por el cambio político que impulsó Juan Carlos I, pues suponía que este mantendría el régimen dictatorial. Así las cosas, solo destacó una formación, FN, por sus apoyos y capacidad de movilización. En su origen esta era parte del «búnker», un sector político-institucional que cristalizó en los años sesenta y que preconizó el retorno a las esencias ideológicas del franquismo, oponiéndose a toda apertura del régimen. FN se creó a partir de una reunión en el monasterio de San Miguel de las Victorias en Priego (Cuenca), que convocó Piñar en 1964. Allí se discutió un plan «para clarificar ideas con una visión sobrenatural y [...] luchar contra las fuerzas del mal a escala universal» 2. El colectivo actuó como editor de una revista homónima desde 1966, de gran eco en sectores castrenses, y en el posfranquismo se convirtió en partido y devino la formación hegemónica de la ultraderecha. Proclamó su fidelidad a los valores del 18 de julio (la fecha de inicio de la Guerra Civil) y a la obra de Franco. En los comicios legislativos de 1977 concurrió al frente de una coalición que fracasó (0,3 por 100), pero en los de 1979 lideró otra que logró un escaño para Piñar (2,1 por 100). Sus porcentajes de voto máximos radicaron en Castilla-La Mancha (Toledo, Guadalajara, Ciudad Real y Albacete), Madrid, Cantabria y una franja de Castilla y León (Burgos, Valladolid y Palencia). De ello se desprende que FN encarnó el rechazo al cambio político de sectores del interior con epicentro en Madrid: en 1979 esta provincia le aportó 110.730 votos (el 30 por 100 del total, cuando representaba el 12,8 por 100 del censo electoral) 3. Pero al hundirse en los comicios legislativos de 1982 (0,5 por 100) se disolvió ese año 4.
El fracaso de FN obedeció a una suma de factores. De este modo, asoció política y religión de forma poco atractiva, pues Piñar definió a la entidad como «una orden religiosa y política» que actualizaba «la misión de las órdenes de caballeros» medievales 5. De ahí que FN, pese a encarnar un neofascismo autóctono, haya sido considerada también «el último estertor de la tradición teológico-política española» (en relación con la ultraderecha de los años treinta) 6. Igualmente, su ideario nostálgico, ultracatólico y vindicador de la Guerra Civil sintonizó poco con una sociedad secularizada y deseosa de una reconciliación nacional. Por lo demás, FN nunca elaboró un programa, no consolidó una organización, ni desarrolló una táctica y estrategia claras. No dejó claro si optaba por integrarse en el sistema político, como el Movimento Sociale Italiano (MSI), o por destruirlo, apoyando un golpe de Estado militar. Por consiguiente, FN buscó el voto al tiempo que clamó por una intervención del ejército que cercenara la democratización. Su disyuntiva no resuelta entre su afán de ser un «partido de orden» y una fuerza «antisistema» facilitó la comisión de actos violentos desde su entorno (durante la Transición se le atribuyeron ochenta con catorce muertes) 7. Ello proyectó a FN como «partido del desorden», de manera que Alianza Popular (AP) (Partido Popular desde 1989) devino su competidor más serio. Liderado por el exministro Manuel Fraga, este rótulo encarnó entonces otra opción neofranquista que aglutinó a significados políticos de la dictadura, rechazó la parafernalia neofascista e hizo bandera del «desarrollismo» y los logros del régimen, sin incidir en la Guerra Civil 8. AP adquirió así una «respetabilidad» de la que FN carecía y atrajo el voto de su electorado en 1982. Desde esta óptica se ha señalado que la AP inicial (con un apoyo en las urnas del 8,2 por 100 en los comicios de 1977 y 1979) haría mucho menos excepcional a la ultraderecha española en el marco europeo al devenir «un partido nacional-populista perteneciente al área de la derecha extrema europea» 9.
En general, la trayectoria de este sector político en España fue similar a la de Portugal y Grecia tras concluir sus dictaduras en 1974. En Portugal fue extraparlamentario hasta las elecciones legislativas de 2019, cuando Chega logró un escaño (1,2 por 100), y en Grecia conoció los éxitos de Ethniki Parataxis (EP) en los comicios legislativos de 1977 (6,8 por 100) y de Ethniki Politiki Enosis (EPEN) en los europeos de 1984 (2,2 por 100) para eclipsarse hasta la irrupción de Laikós Orthódoxos Synagermós (LAOS) en los europeos de 2004 (2,2 por 100). Esta ausencia institucional de ultraderecha en estos países se compensó con el desarrollo de fuerzas conservadoras escoradas a la derecha: AP, Centro Democrático Social (CDS) y Nea Demokratia (ND).
Al disolverse FN la extrema derecha perdió su polo dinamizador y aglutinador, sumiéndose en la marginalidad, la atonía y la atomización 10. Entonces conoció tres dinámicas que interactuaron entre ellas: una generacional, otra ideológica y una tercera territorial.
En términos generacionales, el grueso de sus militantes de edades intermedias dejó la política activa. Se creó así una brecha entre sus activistas más jóvenes y los de mayor edad, ambos masculinos de forma abrumadora (las mujeres tuvieron una presencia escasa) 11, careciendo de un sector de edades intermedias que actuase como nexo entre jóvenes y ancianos 12. Ello dificultó la articulación de una opción con apoyos en las urnas como el Front National (FN) que lideraba Jean-Marie Le Pen, cuyo éxito fue el resultado de una larga labor de «activistas veteranos» entre 1972 y 1984. En términos ideológicos, el mensaje de matriz «piñarista», asociado al falangismo y al neofranquismo, continuó siendo mayoritario en la ultraderecha. Por una parte, lo reflejó el discurso de Juntas Españolas (JJEE), partido constituido en 1984 con ambición renovadora que asumió un Estado aconfesional y el divorcio, y expresó una nostalgia discreta por el franquismo. Por otra parte, lo plasmó la refundación en 1986 de FN como Frente Nacional (FN), con afán de emular el ascenso del lepenista FN en los comicios europeos de 1984 (11 por 100). Pero Piñar desoyó a Le Pen, quien le sugirió «marginar el recuerdo y la obra de Franco» 13, y el nuevo FN persistió en su neofranquismo, siendo irrelevante hasta su disolución en 1994. Sin embargo, JJEE y otros actores impulsaron la coalición Alternativa Demócrata Nacional (ADN) en los comicios europeos de ese año (0,03 por 100) y en el siguiente, 1995, JJEE y el grueso de elementos de la coalición convergieron en un nuevo partido: Democracia Nacional (DN). Este quiso ser el eje de este ámbito político con un discurso de molde lepenista. Su fracaso en tal empeño facilitó la persistencia de la fragmentación partidista y de discursos nostálgicos, como testimonió Alianza Unidad Nacional (AUN) (1995-2005).
En tal contexto fue muy importante la dinámica territorial, pues la extrema derecha se polarizó en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, siendo apenas relevante lo que políticamente ocurría más allá de ellas. Madrid irradió mensajes e iniciativas que tendieron a perpetuar el discurso de matriz piñarista, mientras los sectores más dinámicos e innovadores emergieron de forma mayoritaria en Barcelona, donde existía una tradición importadora de mensajes europeos (sobre todo italianos y franceses). De este modo, por ejemplo, surgió allí Alternativa Europea (AE), emuladora del fenómeno nacional-bolchevique de la Rusia poscomunista y que originó el Movimiento Social Republicano (MSR) (1998-2019). Finalmente, en Valencia se desarrolló una extrema derecha escuadrista y anticatalanista, defensora del regionalismo valenciano o blaverismo. En este marco se desató una pugna intensa entre ámbitos renovadores y tradicionales que se superpuso a la dicotomía Madrid-Barcelona y a la de jóvenes-viejas generaciones. Ello se tradujo en una notable capacidad de este espectro político para demoler «lo viejo» (siglas y discursos de la nostalgia) y grandes dificultades para articular «lo nuevo» (opciones de éxito en sintonía con la ultraderecha europea). No obstante, este sector político amplió su capilaridad social al influir en la cultura skinhead emergente desde 1985 y su entorno de hinchas de futbol y seguidores de Rock Against Communism (RAC) 14.
La marginalidad de la extrema derecha se ahondó entre 1989 y 2000 por la competencia de opciones populistas protestatarias, críticas con el establishment y exaltadoras de las bondades de los gestores privados en la administración pública. Aludimos a los rótulos liderados por José María Ruiz Mateos, que en las elecciones europeas de 1989 logró dos escaños (3,8 por 100); Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz y gestionó Ceuta, y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios del 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS) y en los gallegos de 2012 con Sociedad Civil y Democracia (SCD) 15. Estas experiencias apenas han suscitado interés académico, pese a que pudieron influir en el ámbito ultraderechista, pues SCD entró en crisis en 2014 al integrarse sus seguidores en Vox, Piñar exploró un acuerdo con Ruiz Mateos y un exmiembro de FN que fue candidato de este empresario, Josep Anglada, creó y lideró en Vic en 2003 una formación de cierto éxito en el ámbito local: la Plataforma per Catalunya (PxC).
En los comicios locales de 2003 la PxC logró cuatro ediles reclamando un «mejor control de la inmigración». Su dirigente, Anglada, fue concejal en Vic, que acogió la sede del partido 16. La PxC se expandió en los comicios locales de 2007 (pasó a diecisiete ediles) y 2011 (logró sesenta y siete, ingresando en la segunda urbe catalana, L’Hospitalet). La formación introdujo novedades esenciales en la ultraderecha, pues desterró el discurso heredero del «piñarismo» al asumir otro homologable al de la ultraderecha europea: reclamó «mejor control» de la inmigración, asumió la islamofobia (el partido cobró protagonismo en protestas contra la creación de mezquitas), denunció la ausencia de seguridad pública, manifestó un antielitismo contundente (empleó ya el término «casta») y preconizó un «chovinismo del Estado del bienestar» al exigir atención prioritaria para los autóctonos con el lema «primero los de casa». A la vez, su Manifiesto por el giro social (de marzo de 2010) apostó por «un sector público fuerte» y opuesto «a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones» 17.
El partido tuvo vínculos notables con fuerzas europeas afines que se oponían a los Estados nación [las secesionistas Lega Nord (LN) y Vlaams Belang (VB) y el pangermánico Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ)]. En este aspecto, la PxC integró el «catalanismo político» en sus principios (Anglada se declaró de modo confuso regionalista, autonomista y autodeterminista) y su lema «primero los de casa» la posicionó al margen del eje de identidad Cataluña-España al proyectar otro alternativo: inmigrantes-autóctonos. Estos últimos podían incluir tanto a quienes se sentían catalanes como españoles, de forma que el partido atrajo a un electorado heterogéneo en términos identitarios (incluyó a independentistas y ultraespañolistas) con una sobrerrepresentación de abstencionistas y exvotantes socialistas 18. No obstante, en los comicios locales de 2015 este se hundió (ocho ediles) al confluir su crisis interna (en 2014 la cúpula del partido expulsó a Anglada y manifestó que su referente era el FN lepenista) con el dominio del secesionismo en la agenda política. Este último eclipsó los temas plataformistas y puso sordina a mensajes xenófobos, pues independentistas y antiindependentistas buscaron ensanchar sus apoyos con voto inmigrante. En febrero de 2019 PxC devino una fundación y una parte sustancial de sus cuadros ingresó en Vox, concurriendo algunos de ellos con esta marca a los comicios locales de ese año e integrándose en su dirección en Cataluña.
Este ascenso y declive de PxC fue casi parejo al de España 2000 (Esp2000) en la Comunidad Valenciana, rótulo impulsado por un conocido ultraderechista local, José Luis Roberto 19. Se definió como un «partido de carácter social y patriota» y, a diferencia de la PxC, asumió elementos notables del discurso de la ultraderecha tradicional y del blaverismo, al tiempo que adoptó el lema «los españoles primero». Así, en 2010 defendía aún un «Estado orgánico» para «restar poder a los partidos y aumentar el poder de la sociedad reintroduciendo la representación corporativa en el Gobierno» 20. Esp2000 fue beligerante en el espacio público, en especial contra el catalanismo. Despuntó en los comicios locales de 2007 (dos ediles en la Comunidad Valenciana) y 2011 (cuatro ediles y otro en Alcalá de Henares). Pero, al igual que la PxC, en los de 2015 se hundió (solo mantuvo un edil valenciano y otro en Alcalá). En los legislativos de abril de 2018 renunció a presentarse para no perjudicar a Vox y en los locales de 2019 perdió su presencia institucional.
En definitiva, los comicios municipales de 2015 pusieron fin al ascenso de la ultraderecha desde el nivel local y la periferia (Cataluña y Valencia), una vía poco explorada en la ultraderecha europea (quizá el caso más similar sea el del partido germano Pro-Köln). Sin embargo, como hemos visto, existieron diferencias entre la PxC y Esp2000, pues la primera conformó una extrema derecha autonomista, dispuesta a asumir las lenguas cooficiales y eventualmente capaz de expandirse en comunidades «históricas» al contraponer autóctonos e inmigrantes. No obstante, sus dos intentos de expansión estatal fracasaron, primero creando réplicas autonómicas [como Plataforma por Madrid (PxM)] y luego impulsando el Partido por la Libertad (PxL), constituido en 2013.
De forma paralela, este ámbito político continuó ampliando su penetración social por diversas vías civiles: las acciones judiciales del sindicato Manos Limpias, de gran eco mediático hasta que en 2016 transcendió una presunta trama corrupta en la entidad; la apertura de entidades cuyo referente era el centro italiano Casa Pound, destacando el casal Tramuntana en Barcelona, activo entre 2011 y 2015, y el Hogar Social Madrid desde 2014; los repartos de alimentos solo para autóctonos emulando el «trabajo social» del partido heleno Chrysí Avgí, y la participación en Cataluña en convocatorias ideológicamente transversales contra el secesionismo.
Este escenario se alteró al irrumpir Vox, una formación inicialmente ajena a la ultraderecha. Su origen radicó en la plataforma reconversión.es, promovida por un colectivo con presencia destacada de cuadros y militantes del PP lanzada en julio de 2012 para dotar de más eficacia a la administración con una recentralización que acabara con las autonomías. En enero de 2014 algunos de sus promotores constituyeron Vox, descollando Aleix Vidal-Quadras, Santiago Abascal [que presidía la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES)] y José Antonio Ortega Lara. En junio, Vox concurrió a los comicios europeos con Vidal-Quadras como candidato, un programa con las directrices de reconversion.es y la extraña aportación de medio millón de euros de miembros del Šurā-ye melli-e moqāwemat e Īrān o Consejo Nacional de la Resistencia Iraní. Vox no logró ningún escaño (1,5 por 100) y Vidal-Quadras dejó el partido en febrero de 2015 al preconizar un acercamiento a Ciudadanos (C’s) y Unión, Progreso y Democracia (UPyD). Abascal le reemplazó y Vox radicalizó su discurso 21. Lo reflejó su mensaje con componentes islamófobos en los comicios andaluces de aquel marzo con malos resultados (0,4 por 100), que se repitieron en las elecciones legislativas de diciembre y junio de 2016 (0,2 por 100 en ambos casos). Pero en los citados comicios del 2-D de 2018 la tendencia cambió (10,9 por 100).
Las causas del súbito crecimiento de Vox obedecieron a que la síntesis ideológica que efectuó entre 2015 y 2016 halló un marco receptivo entre 2018 y 2019 22. Desde nuestra óptica, la formación amalgamó elementos procedentes de cuatro áreas políticas. En primer lugar, recurrió a temas en los que el PP incidió sin incorporarlos a su agenda (como el rechazo al aborto, a leyes como la de «memoria histórica» o matrimonio homosexual o propuestas de devolución de competencias autonómicas). En segundo lugar, adoptó temas propios del universo de la derecha radical y de la extrema derecha tradicional, visibles en el irredentismo sobre Gibraltar, la exaltación de la españolidad de Ceuta y Melilla o la oposición al Estado de las autonomías y al secesionismo. En tercer lugar, asumió temas de la ultraderecha occidental, como la exigencia de mayor control de la inmigración, la oposición implícita al Islam en sus alusiones a Lepanto o a la Reconquista (aunque Vox oficialmente solo rechaza la interpretación fundamentalista de este credo), su denuncia de la «ideología de género» (el rechazo del feminismo y de la ley de violencia de género) 23 y el euroescepticismo del grupo de Visegrado. En cuarto y último lugar, el partido asumió dos ideas-fuerza de Donald Trump: el lema «hacer España grande otra vez» (remedo de «Make America Great Again») y la edificación de muros en Ceuta y Melilla pagados por Marruecos (a semejanza del muro que Trump pretende erigir entre Estados Unidos y México). Asimismo, Vox se relacionó con Steve Bannon (estratega electoral de Trump y exestratega jefe en la Casa Blanca), que tejió vínculos transnacionales entre fuerzas de ultraderecha antes de los comicios europeos de 2019.
El impacto electoral del cambio ideológico de Vox solo se advirtió en los comicios andaluces del 2-D, tras llegar al punto álgido la crisis secesionista de Cataluña en octubre de 2017. En este sentido, planteamos a modo de hipótesis que el independentismo catalán activó un ultranacionalismo español reactivo configurado en el siglo xix entre los peninsulares de La Habana ante el secesionismo cubano: el «españolismo incondicional» 24. Tras la derrota española de 1898 militares y civiles repatriados lo exportaron a la Península y rebrotó en Barcelona en 1919 al crearse la Liga Patriótica Española (LPE) para oponerse a una campaña autonomista 25. Desde entonces este ultranacionalismo devino un componente de la ultraderecha. Vox, que se autodefine como «la España viva», lo asumió como eje de su discurso ante el desafío secesionista (Abascal ya lo explicitó en 2008) 26. Pero su ultranacionalismo también reflejó una respuesta desde la derecha a la crisis del sistema político vertebrado en 1978: mientras Podemos, desde la izquierda, preconiza su abolición y C’s quiere reformarlo desde el centro «liberal», Vox pretende cambiarlo radicalmente al eliminar las autonomías o instituciones como el Tribunal Constitucional.
Consideramos que el éxito de Vox obedeció al protagonismo que cobraron sus temas debido a diversos hechos. De ese modo, en mayo de 2018 se formó un Gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez gracias a una moción de censura apoyada por Podemos, los secesionistas catalanes y «nacionalistas periféricos» que azuzó el fantasma de una «anti-España». En junio el Gobierno de Sánchez acogió a un barco de refugiados rechazado por el ejecutivo italiano, a lo que Vox se opuso, y el tema se incorporó a la agenda política. En septiembre la abstención del PP ante la propuesta del ejecutivo de exhumar el cadáver de Franco del Valle de los Caídos permitió a Vox capitalizar el rechazo a la medida. Por último, al ejercer este partido la acusación popular en el proceso contra líderes independentistas se proyectó como la fuerza más punitiva del secesionismo. Así las cosas, en los comicios andaluces del 2-D la formación halló otra coyuntura favorable por varias razones: el agotamiento político creado por casi treinta y seis años de Gobierno socialista, un gran desgaste de los grandes partidos (PP, PSOE, Podemos y C’s sumaron el 47,6 por 100 del censo electoral), una gran desmovilización (la abstención fue del 41,3 por 100) y, sobre todo, la derecha siguió en buena medida la agenda marcada por Vox durante la campaña electoral. Además, este partido incorporó a la misma nuevos temas que sedujeron a un electorado masculino significativo (como la defensa de la caza y del toreo, el rechazo de la ley de violencia de género) y planteó una suerte de «guerra ideológica» contra la izquierda y el progresismo 27.
Como tras el 2-D, PP y C’s no se plantearon aislar políticamente a Vox y lo aceptaron como interlocutor «respetable» (pues necesitaban sus escaños para formar una mayoría de derecha), favorecieron el voto a este partido el 28-A de 2019. Sin embargo, el 26-M Vox evidenció una alta volatilidad electoral (en los comicios europeos perdió el 48,1 por 100 del voto del 28-A), de implantación (concurrió en menos del 8 por 100 de municipios y solo tuvo ediles en veintiséis de las cincuenta capitales provinciales) y de penetración en diversos territorios (como el País Vasco, Navarra, Galicia, Cataluña o el archipiélago canario). La formación, pues, distaba de estar consolidada. A la par, no mostraba inquietud por desarrollar un ideario de cierta densidad 28, por lo que este último es maleable. Por ejemplo, solo se clarificaron sus fuerzas europeas más afines al incorporarse al grupo de Conservadores y Reformistas Europeos del Parlamento de Estrasburgo [que paradójicamente incorpora a la Nieuw-Vlaamse Alliantie (Nueva Alianza Flamenca), valedora de Carles Puigdemont]. Por lo demás, el bloque formado por PP, C’s y Vox actuó disciplinado y no perdió ningún gobierno local y autonómico donde sumaban mayoría, lo que normalizó Vox como nuevo actor político. Sin embargo, tras el 26-M tenía expectativas electorales a la baja. Según el CIS en julio su voto cayó al 3,3 por 100 y en octubre, antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas, ascendió a 7,9 por 100. Cabe pensar que la controversia que rodeó la exhumación del cuerpo de Franco primero y las protestas por la sentencia en Cataluña después le oxigenaron y el 10-N, en una campaña en la que Vox ofertó con oposición escasa sus temas (antisecesionismo, «invasión migratoria» y su «guerra cultural»), captó el 15 por 100 del voto. Se ha estimado que captó 1.300.000 sufragios procedentes del PP y de un C’s en implosión (su apoyo pasó del 15,8 al 6,8 por 100) 29.
Tras estos comicios Vox afronta tres retos significativos relativos a su arraigo y continuidad. Por una parte, fidelizar sus apoyos, que el 26-M se revelaron muy volátiles. Por otra parte, mejorar su implantación a nivel territorial, en especial en las «comunidades históricas»: en Cataluña solo captó dos escaños de cuarenta y ocho y ninguno en el País Vasco, Navarra y Galicia. Por último, si bien ha diversificado apoyos sociales, si quiere conseguir cierta transversalidad política (como otros partidos afines europeos) debe captar voto obrero sustancial, lo que sus propuestas neoliberales obstaculizan 30.
A modo de balance, subrayamos que Vox no es el resultado de más de cuatro décadas de debates ideológicos y cambios generacionales de la ultraderecha, sino un precipitado originado por una escisión del PP que ha marcado rupturas de calado en este espectro ideológico. De esta manera, Vox ha relegado a la invisibilidad a los grupos que lo habían poblado y configurado hasta el bienio 2014-2015, aunque no falten vínculos con él (por ejemplo, Jorge Buxadé, cabeza de lista en los comicios europeos, fue candidato de listas falangistas en su juventud, época en la que Javier Ortega Smith, secretario general del partido, fue también joseantoniano). Ello ha sido así porque Vox no parece conformar un partido «ecuménico» o integrador de facciones de esta esfera política (satelizando a falangistas, siglas históricas o grupos locales creando tendencias internas), sino que impone una uniformidad ideológica que electoralmente ha sido eficaz. Lo ilustró el resultado insignificante en los comicios europeos (0,05 por 100) de la coalición rival Identidad Española (ADÑ), formada por dos siglas falangistas, DN y Alternativa Española (AES) (partido surgido de la esfera piñarista en 2003). Al ocupar Vox el ámbito de la extrema derecha, los rótulos que hace un quinquenio eran sus referentes han desaparecido (como la PxC) o se asemejan a restos vestigiales. Vox también parece haber marcado una inflexión en las afinidades ideológicas francesas y españolas dominantes en la ultraderecha de antaño al priorizar inicialmente las centroeuropeas (en especial Polonia) y estadounidenses (cuando la extrema derecha precedente había sido marcadamente antinorteamericana), aunque no faltan conexiones con América Latina, como mostró el encuentro de Abascal con el político chileno José Antonio Kast.
Desde nuestra óptica, todo ello refleja cómo una opción situada en España en la derecha más extrema como Vox ha tenido éxito en las urnas al crear un espacio de competencia directa con PP y C’s, influyendo en una agenda política compartida. Como consecuencia, Vox se ha ubicado en el mainstream de la derecha como un socio de gobierno «respetable». Al conseguirlo ha ocupado un ámbito político al que era ajeno inicialmente, erradicando o eclipsando a sus actores, reconfigurando su discurso de modo amplio y combinando continuidades con rupturas abruptas, profundas y sorprendentes. Todo ello abre una etapa de la ultraderecha tan novedosa como incierta.
1 La investigación que ha conducido a estos resultados ha sido realizada mediante fondos procedentes de la Obra Social «La Caixa».
2 Reproducido en José Luís Rodríguez Jiménez: Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994, p. 122.
3 Ibid., p. 226.
4 Sobre el desarrollo y crisis de FN véanse ibid., pp. 195-225; íd.: «Origen, desarrollo y disolución de Fuerza Nueva (una aproximación al estudio de la extrema derecha española)», Revista de Estudios Políticos, 73 (1991), pp. 261-288; Xavier Casals: La tentación neofascista en España, Barcelona, Plaza & Janés, 1998, pp. 31-59; Ferran Gallego: Una patria imaginada. La extrema derecha española (1973-2005), Madrid, Síntesis, 2006, pp. 135-175 y 220-235, y Francisco Torres: «La alternativa neofranquista: el intento de concreción política durante la construcción del sistema de partidos en la Transición (Fuerza Nueva, 1966-1982)», Aportes, 45 (2001), pp. 49-76.
5 José Luís Rodríguez Jiménez: «Origen, desarrollo y disolución de Fuerza Nueva...», pp. 268-269.
6 Pedro Carlos González Cuevas: «Las tradiciones ideológicas de la extrema derecha española», Hispania, LXI/1, 207 (2001), pp. 99- 142, esp. p. 139.
7 Sophie Baby: Le mythe de la transition pacifique. Violence et politique en Espagne (1975-1982), Madrid, Casa de Velázquez, 2012, p. 76.
8 Ferran Gallego: Una patria imaginaria..., pp. 154-156.
9 Ferran Gallego: «Nostalgia y modernización. La extrema derecha española entre la crisis final del franquismo y la consolidación de la democracia (1973-1986)», Ayer, 71 (2008), p. 206.
10 Sobre la ausencia de extrema derecha en las instituciones véanse también Carmen González-Enríquez: The Spanish Exception: Unemployment, Inequality and Immigration, But No Right-wing Populist Parties, documento de trabajo 3/2017, Real Instituto Elcano, 14 de febrero de 2017, y Sonia Alonso y Cristóbal Rovira Kaltwasser: «Spain: No Country for the Populist Radical Right?», South European Society and Politics, 20, 1 (2015), pp. 21-45. Sobre la evolución de la ultraderecha española a partir de 1982 véanse Ferran Gallego: Una patria imaginaria...; Xavier Casals: Ultrapatriotas. Extrema derecha y nacionalismo de la guerra fría a la era de la globalización, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 233-288, y Mariano Sánchez Soler: Descenso a los fascismos, Barcelona, Ediciones B, 1998.
11 Véase Miquel Ramos y Frauke Büttner: «Women and Gender Ideologies in the Far Right in Spain», en Michaela Köttig, Renate Bitzan y Andrea Petö (eds.): Gender and Far Right Politics in Europe, Cham, Palgrave Macmillan, 2017, pp. 111-126.
12 Véase Xavier Casals: «La renovación de la ultraderecha española: una historia generacional (1966-2008)», Historia y Política, 22 (2009), pp. 233-258.
13 Blas Piñar: La pura verdad (tercera parte de Escrito para la historia), Madrid, Fuerza Nueva, 2002, p. 248.
14 Véase Carles Viñas: El mundo ultra. Los radicales del fútbol español, Madrid, Temas de Hoy, 2005, pp. 113-149, e íd.: Música i skinheads a Catalunya. El so de la política, Barcelona, Diputació de Barcelona, 2001, pp. 101-131.
15 Véase un análisis global en Xavier Casals: El pueblo contra el Parlamento. El nuevo populismo en España, 1989-2013, Barcelona, Pasado & Presente, 2013, pp. 31-63.
16 Sobre la PxC véanse Xavier Casals: «La Plataforma per Catalunya, la eclosión de un nacional-populismo catalán (2003-2009)», en Working Paper 274, Barcelona, ICPS, 2009; Aitor Hernández-Carr: «¿La hora del populismo? Elementos para comprender el “éxito” electoral de Plataforma per Catalunya», Revista de Estudios Políticos, 153 (2011), pp. 47-74, e íd.: «La nueva extrema derecha en Catalunya: un análisis del crecimiento electoral de Plataforma per Catalunya», Revista Crítica Penal y Poder, 3 (2012), pp. 78-103. Véanse también Xavier Rius: Xenofòbia a Catalunya, Barcelona, Edicions del 1984, 2011, y Miquel Erra y Joan Serra: Tota la veritat sobre Plataforma per Catalunya, Barcelona, Ara llibres, 2007.
17 PxC: «Manifiesto por el giro social», www.plataforma.cat, recuperado de Internet (https://www.plataforma.cat/es/paginas/manifiesto-por-el-giro-social.html)
18 Sobre sus apoyos véase Sergi Pardos-Prado: Xenofòbia a les urnes, Barcelona, L’arquer, 2012, pp. 163-194.
19 Sobre España 2000 véanse Anna I. López Ortega: «España 2000, ¿la emergencia de una nueva derecha radical populista?», Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 51 (2017), pp. 5-18; íd.: «La marginalidad electoral y política de la extrema derecha valenciana (2003-2015)», Barataria: revista castellano-manchega de ciencias sociales, 22 (2017), pp. 183-200, e íd.: «L’extrema dreta valenciana. Una modernització (afortunadament) infructuosa», L’Espill, 54-55 (2017), pp. 32-52
20 Junta Nacional de España 2000: Identificar problemas, proponer soluciones. Esto es lo que defendemos, s. l., Esp2000, ¿octubre 2010?, pp. 16-17.
21 Xavier Casals: «Catalunya i “la España viva” de Vox», Política & Prosa, 5 (2019), pp. 44-47, y Pedro Carlos González Cuevas: Vox. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria, San Sebastián, La Tribuna del País Vasco, 2019, pp. 107-125.
22 Véase un análisis del programa de Vox, deslindándola de los calificativos de «fascista» o «derecha clásica», en Joan Maria Thomàs: Los fascismos españoles, Barcelona, Ariel, 2019, pp. 275-295.
23 Sobre esta cuestión véanse Mónica Cornejo-Valle e Ignacio Pichardo-Galán: «La “ideología de género” frente a los derechos sexuales y reproductivos. El escenario español», Cadernos Pagu, 50 (2017), pp. 1-32, y Sara Garbagnoli y Massimo Prearo: La croisade «anti-genre». Du Vatican aux manif pour tous, París, Textuel, 2017.
24 Sobre esta cuestión véase Enric Ucelay-da Cal: «Cuba y el despertar de los nacionalismos en la España peninsular», Studia Storica. Historia Contemporánea, 15 (1997), pp. 173-178.
25 Sobre la LPE véanse Enric Ucelay-da Cal: «La Diputació i la Mancomunitat: 1914-1923», en Borja de Riquer (dir.): Història de la Diputació de Barcelona, 1898-1931, vol. 2, Barcelona, Diputació de Barcelona, 2007, pp. 153-156, y Joan Esculies: «La primera denúncia per aturar un Estatut d’Autonomia», Revista de Catalunya, 291 (2015), pp. 15-25.
26 En un ensayo escrito con el filosofo Gustavo Bueno y publicado por DENAES afirmó que la nación designa a sus pobladores vivos y «a los muertos que la constituyeron y mantuvieron, y a los hijos que aún no han empezado a vivir». Por «el pueblo no puede decidir, y menos aún una parte suya, sobre la Nación española» véase Santiago Abascal y Gustavo Bueno: En defensa de España. Razones para el patriotismo español, Madrid, DENAES-Encuentro, 2008, p. 149. Véase también en tal sentido Santiago Abascal: La farsa de la autodeterminación, Madrid, Áltera, 2005, p. 367.
27 Sobre Vox y los comicios del 2-D véanse John Müller (coord.): La sorpresa Vox, Barcelona, Planeta, 2019, esp. pp. 84-111, y Stuart J. Turnbull-Dugarte: «Explaining the End of Spanish Exceptionalism and Electoral Support for Vox», Research and Politics, 6, 2 (2019), https://doi.org/10.1177/2053168019851680.
28 Vox solo ha generado «oficialmente» tres libros de entrevistas: Santiago Abascal: Hay un camino a la derecha, Barcelona, Stella Maris, 2015; Gonzalo Altozano y Julio Llorente: La España Viva. Conversaciones con doce dirigentes de Vox, Madrid, Kalma, 2018, y Fernando Sánchez Dragó: Santiago Abascal. España vertebrada, Planeta, Barcelona, 2019.
29 Oriol Bartomeus: «Decidir “de qué van” las elecciones es empezar a ganarlas», agendapublica.elpais.com, 25 de noviembre de 2019.
30 A la espera de análisis académicos al respecto, este proceso habría podido empezar. Véase Paloma Cervilla: «Vox roba más de 300.00 votos a la izquierda, sobre todo al PSOE, pero también a Podemos», ABC.es, 12 de noviembre de 2019, y José Á. Carpio: «Radiografía del voto del 10N: Vox se extiende más allá de los municipios ricos», www.rtve.es, 13 de noviembre de 2019. Recuperado de internet (http://www.rtve.es/noticias/20191113/datos-hablan-radiografia-del-voto-partidos-10n/1990420.shtml).