Ayer 119/2020 (3): 319-332
Sección: Ensayo bibliográfico
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/119-2020-13
© Temma Kaplan
Recibido: 20-12-2019 | Aceptado: 22-05-2020
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
El movimiento #MeToo y la larga marcha contra el acoso sexual en los Estados Unidos
Temma Kaplan
Rutgers, The State University of New Jersey
temma555@aol.com
Resumen: El movimiento #MeToo arroja luz sobre la conexión entre los derechos civiles y la libertad contra el acoso sexual que por lo general se ha subestimado en todo el mundo. En los Estados Unidos, la violación de esclavas y trabajadoras de todas las razas; los intentos de defensores de los derechos civiles como Rosa Parks para documentar las violaciones de mujeres negras; la voluntad de ciertos senadores estadounidenses de humillar a Anita Hill cuando defendió los derechos de las mujeres y los derechos civiles; y la lucha de las trabajadoras agrícolas, del servicio doméstico, empleadas de hotel y obreras de fábrica junto con sus aliadas de clase media en Hollywood y más allá, han ayudado a dar a conocer la situación de las mujeres de todas las clases y razas, quienes, durante muchos años, han estado tratando de resistir política, sexual y laboralmente tanto a nivel nacional e internacional.
Palabras clave: #MeToo, movimiento feminista, Estados Unidos, acoso, abuso sexual.
Abstract: The #MeToo movement casts light on the connection between civil rights and freedom from sexual harassment that has generally been underestimated all over the world. In the U.S., the rape of slave women and women workers of all races; the attempts of civil rights advocates like Rosa Parks to document the rapes of Black women; the willingness of certain U.S. Senators to humiliate Anita Hill when she stood up for women’s rights as well as civil rights; and the struggle of women agricultural, household, hotel and factory workers along with their middle-class allies in Hollywood and beyond has helped publicize the situation of women of all classes and races, who, for many years, have been trying to resist political, sexual, and labour abuses nationally and internationally.
Keywords: #MeToo, feminist movement, USA, sexual abuse, sexual harassment.
Los historiadores siempre han tenido problemas para explicar cómo surgen ciertos desafíos a las relaciones sociales existentes, cómo se extienden por países enteros y cómo luego asumen nuevas formas organizativas o reestructuran instituciones políticas, prácticas laborales y redes sociales relativamente antiguas, en momentos y lugares particulares. Parte del problema al evaluar tales movimientos es que tienden a involucrar a diferentes personas durante largos periodos; dependen de momentos clave que empoderan a los diferentes grupos de interés; y a menudo ofrecen resultados diferentes. Prácticamente en todas partes donde ocurren, estos movimientos se basan en situaciones sociales anteriores, que, en los Estados Unidos, casi siempre tienen que ver con la raza. Aunque el acoso sexual puede variar según la clase, la raza y la nacionalidad, algo que ocurre en todos los países y que explica por qué movimientos como #MeToo son inteligibles en todo el mundo, en especial cuando se trata de alguna forma de violencia sexual.
Cuando Oprah Winfrey apareció ante la audiencia de Hollywood en los Globos de Oro para aceptar su premio Cecil B. Demille a toda la trayectoria profesional a principios de enero de 2018, habló sobre su madre, perteneciente a la clase trabajadora, que se ganaba la vida limpiando las casas de otras personas, y elogió a las mujeres de todas las clases y razas que habían lanzado el movimiento #MeToo. Winfrey contó la historia de Recy Taylor, una joven madre afroamericana de la zona rural de Alabama que fue interceptada por seis hombres blancos armados mientras caminaba a casa desde la Iglesia en 1944. Sus secuestradores la llevaron a un camino secundario y la violaron repetidamente mientras ella rogaba por su vida. Cuando los hombres terminaron, la soltaron y le dijeron que encontrara el camino a casa. Sin recurrir a la justicia de las autoridades blancas, ella y su familia recurrieron a la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color). Enviaron a uno de sus investigadores, una activista llamada Rosa Parks, para investigar y documentar el caso de Taylor, aunque no pudieron obtener justicia. Catorce años después, Parks inició el boicot a los autobuses Montgomery, al ser arrestada por negarse a ceder su asiento cuando el conductor del autobús, de raza blanca, le ordenó que pasara al fondo, a la parte segregada del autobús destinada a las personas de su raza. Alrededor del 80 por 100 de los que apoyaron a Parks boicoteando los autobuses locales durante más de un año eran mujeres afroamericanas, que recorrían a pie muchos kilómetros bajo el calor y las inclemencias del tiempo camino de sus trabajos como cocineras o sirvientas en casa de los blancos donde trabajaban para mantener a sus familias 1.
Winfrey relacionó esa historia con el abuso sexual de mujeres «cuyos nombres nunca sabremos. Son limpiadoras, cuidadoras, sirvientas y jornaleras. También obreras, camareras, profesoras, ingenieras, médicas y científicas. Forman parte del mundo de la tecnología, la política y los negocios. Son nuestras atletas en los juegos Olímpicos y son nuestras soldados en el ejército» 2. Winfrey era consciente de que muchas de las mujeres de las razas y las clases que describía se encontraban entre la audiencia de los Globos de Oro. El movimiento #MeToo había ganado inicialmente audiencia en los principales periódicos cuando parecía centrarse en las glamurosas actrices y en los abusadores que detentaban puestos de poder en la industria cinematográfica. Como un fenómeno de masas, había inflamado los titulares en octubre de 2017, llamando la atención mundial, al estar, en principio, asociado con escándalos sexuales en Hollywood.
Sin referirse al abuso sistemático de niñas y mujeres de color y de otras mujeres de clase trabajadora, las actrices Rose McGowan y Alyssa Milano habían denunciado, a principios de octubre de 2017, al productor de cine Harvey Weinstein. McGowan afirmó públicamente que Weinstein la había violado en el Festival de Cine de Sundance en 1997. Luego, el 15 de octubre de 2017, utilizando el término «MeToo» que una amiga había empleado en un contexto similar, la actriz y activista, Alyssa Milano, envió el siguiente tuit: «Si ha sido acosada o agredida sexualmente, escriba “yo también” como respuesta a este tuit» 3. Nadie más sorprendida que ella al recibir 55.000 respuestas de la noche a la mañana. En cuarenta y cinco días, 85 millones de publicaciones de mujeres de todo el mundo aparecieron en Facebook.
Cuando la trabajadora social afroamericana Tarana Burke, después de haber trabajado con niñas y jóvenes de color entre doce y dieciocho años que habían sido objeto de abusos sexuales desde la década de 1990, y de haber organizado Just Be Inc. en 2007 para supervivientes de agresiones sexuales, acuñó el término «MeToo» para asociar también a las jóvenes mujeres de color a esta difícil situación, Milano rápidamente la acogió en el grupo de protesta 4. Burke, que se había convertido en la directora principal de «Girls for Gender Equity» en Brooklyn y Nueva York, continuó trabajando con mujeres jóvenes pobres, ayudándolas a ganar confianza en sí mismas y a hacerse un lugar en el mundo. De hecho, cuando Time lanzó su famoso número especial de reconocimiento del «Personaje del año 2017», en lugar de Donald Trump, que podía haber pensado en ser su centro, la revista sorprendió a casi todos. Dedicó el número a #MeToo con el siguiente subtítulo «Las rompedoras del silencio: las voces que lanzaron el movimiento». En sus páginas se escribió sobre mujeres de todas las razas que habían luchado contra el acoso y el abuso sexual mientras trabajaban en hoteles, casas particulares, restaurantes, fábricas y granjas.
Poco después de que Time hiciera pública su edición el 18 de diciembre de 2017, varias actrices decidieron invitar a sus congéneres de la clase trabajadora para que las acompañases a la presentación de los Globos de Oro que tendría lugar unas semanas después. Cuando Ai-Jen Poo, directora ejecutiva de la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas (NDWA), levantó su teléfono, se quedó completamente estupefacta al escuchar a Meryl Streep al otro extremo de la línea, invitándola a acompañarla a la ceremonia del Globo de Oro unas semanas después 5. Más o menos al mismo tiempo, la actriz Michelle Williams invitó a Tamara Burke y Laura Derne invitó a Mónica Ramírez, una abogada de derechos civiles, cofundadora de la Alianza Nacional de Campesinas. Ante el micrófono, Ramírez argumentó: «juntas podemos poner fin a la agresión sexual, el acoso y la desigualdad entre las trabajadoras, entre las campesinas y las mujeres inmigrantes con bajos salarios» 6.
Como las mujeres de la industria del espectáculo, por mucho que se opusieran al abuso de mujeres y de hombres homosexuales, no habían tenido en cuenta hasta entonces a las trabajadoras de hoteles, empleadas de hogar, jornaleras y trabajadoras de la industria del automóvil, incluidas las nuevas inmigrantes y las mujeres pobres de color, que en realidad estaban más expuestas a los abusos sexuales que las estrellas de Hollywood, la gente comenzó a sospechar que se estaba preparando algo nuevo.
Si la ceremonia que siguió hubiese sido todo, habría quedado en un acto de autopromoción de Hollywood. Pero, de hecho, si bien las denuncias en Hollywood, en la televisión, en los negocios y en las instituciones educativas se centraron sobre todo en los abusadores, las mujeres más pobres y sus defensores se preocuparon por cómo hacer cambios estructurales de gran alcance en las condiciones laborales y en la vida diaria para replantear las condiciones sociales y sexuales en toda la sociedad.
* * *
Para los historiadores que siempre tienen problemas para explicar cómo surgen ciertos movimientos que recorren países enteros para luego asumir nuevas formas organizativas que dan forma a instituciones políticas, prácticas laborales y redes sociales en diversos contextos espacio-temporales, tales cambios polifacéticos a menudo representan un enigma. Parte del problema es que tales campañas tienden a involucrar a varios grupos, a centrarse en diferentes aspectos del problema, y nunca se concretan en un solo cambio. De hecho, aunque en apariencia sobre otros temas, en los Estados Unidos tales movimientos casi siempre tienen un componente racial. Casi en todas partes donde se dan cita estos grupos de mujeres de la clase trabajadora se plantea la cuestión racial. Los esfuerzos en los Estados Unidos para traducir emociones como el miedo y la ira en movimientos de cambio institucional con frecuencia se traducen en políticas públicas diseñadas para poner fin a la discriminación, con el objetivo de cambiar las leyes sobre el acoso sexual e institucionalizar relaciones sociales más democráticas.
Estos hechos desencadenantes han aparecido periódicamente, al menos desde la marcha a Versalles protagonizada por las mujeres del mercado que impulsaron la Revolución Francesa. En los Estados Unidos, otra serie de eventos que movilizaron a las mujeres de todas las razas fue el desafío de Anita Hill al nombramiento de Clarence Thomas para el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en 1991.
Aunque al principio el testimonio de Anita Hill ante el Comité Judicial del Senado despertó interés solo en los Estados Unidos, de hecho, fue significativo para todo lo que siguió en el movimiento #MeToo. Hill, descendiente de esclavos, era la pequeña de trece hermanos. Creció en una pequeña granja en Oklahoma. Contra todo pronóstico y con la ayuda de su familia, logró progresar en el sistema educativo y se graduó en Derecho en una de las facultades más distinguidas del país. Tras entrar Departamento de Educación en Washington DC en 1981, colaboró con un abogado afroamericano, Clarence Thomas, que era subsecretario de Derechos Civiles. En la oficina, además de Hill, estaban Thomas y otros cinco abogados. Hill y sus colegas eran, según todos los indicios, conscientes de la forma en que Thomas la acosaba con propuestas de citas, alusiones a películas pornográficas y chistes verdes a su costa. Cuando pensó que Thomas y ella habían logrado por fin establecer una relación más profesional y las cosas se habían calmado un tanto, él se ofreció a llevarla a casa y ella accedió e incluso lo invitó a tomar una Coca Cola o una cerveza.
Cuando fue ascendido al puesto de jefe de la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC), muchos izquierdistas de la organización gubernamental, como la propia Hill, pensaron que «promovería la igualdad mediante el diseño de políticas que ayudaran a los históricamente desfavorecidos, incluidas las mujeres y las minorías». Ella aceptó rápidamente unirse a él para colaborar 7, pero Thomas entendió mal su interés en los derechos civiles. Volvieron las burlas sexuales y supuestamente bromeó sobre un vello púbico en una lata de refresco, entre otros comentarios peculiares, en apariencia orientados a captar su atención y humillarla ante sus colegas. En febrero de 1983, comenzó a tener dolores de estómago muy fuertes y decidió acudir a un hospital. Como ya no podía soportar más sus burlas, renunció y se fue a casa con su familia en Oklahoma.
Poco tiempo después, Thomas fue nombrado candidato para suceder al juez Thurgood Marshall en el Tribunal Supremo, propuesta que indignó a la izquierda. Marshall había estado al frente del consejo directivo de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP) y había dirigido el NAACP en «Brown contra la Junta de Educación de Topeka Kansas», un caso que terminó legalmente con la segregación escolar en los estados Unidos en 1954. Su nombramiento por el presidente Lyndon Johnson como el primer juez negro en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos cambió el curso de la historia del país. Hill, que había dejado la función pública para desempeñar un puesto como profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oklahoma, se sintió obligada a hablar sobre su experiencia laboral con Clarence Thomas y cuando el FBI solicitó entrevistarla, ella accedió, sin sospechar que sería la única en cuestionar su capacidad para el cargo ante la mirada de todo el país.
En 1991, en el momento de la audiencia en el Senado de los Estados Unidos solo había dos senadoras entre los cien integrantes de esa cámara, y veintinueve mujeres miembros de la Cámara de Representantes de un total de 435. Siete de estas últimas se dirigieron al Senado para intervenir en sus deliberaciones sobre Clarence Thomas, pero su pretensión fue rechazada. Sin embargo, consiguieron una audiencia con el presidente del Senado, quien, a regañadientes, accedió a que el Comité Judicial del Senado permitiera que Anita Hill se expresara.
El 19 de octubre de 1991, la afroamericana Anita Hill, de treinta y cinco años, aceptó con valentía someterse a tres días de testimonio televisado a nivel nacional frente a catorce senadores blancos, en el Comité Judicial del Senado, para describir cómo Clarence Thomas la había acosado sexualmente. El senador republicano Orrin Hatch de Utah se erigió en líder de los críticos con la testigo, presentándola como una mujer desvergonzada y malévola y a Clarence como una víctima en lugar de como un acosador. Los intentos sexualmente explícitos de Thomas de degradar a Hill en su lugar de trabajo acabaron convirtiéndose en acusaciones contra ella. Aunque otras cuatro mujeres que habían trabajado con Hill y Thomas estaban dispuestas a testificar en apoyo de Hill, el Comité y todo el Senado se negaron a escucharlas. Y, a pesar del testimonio, ratificaron a Thomas como magistrado del Tribunal Supremo, un cargo que aún mantiene.
Clarence Thomas estaba indignado por las revelaciones, considerando que no debería haber tenido que someterse a preguntas sobre el posible acoso sexual que denunciaban Anita Hill y otras mujeres que trabajaban con él. Para aplacar el enfado de Thomas, el presidente del Comité Judicial alegó que él y los demás demócratas tan solo hacían su trabajo escuchando las acusaciones y añadió que Clarence Thomas «cometía un error si pensaba que los demócratas habían concluido, antes de considerar las pruebas, que Thomas era culpable de acoso». Por el contrario, el presidente del Comité señaló que, aunque comprendía su enfado, «no debía negarse a contarlo todo porque le servía para aclarar algunas dudas; de hecho, el testimonio les había dado alguna información completamente nueva para ellos, como que fue invitado al apartamento de la Profesora Hill para tomar una Coca Cola o una cerveza». Esta circunstancia se presentó de un modo tal que parecía que la supuesta invitación de Anita Hill a un colega para «tomar una Coca Cola o una cerveza» equivalía a una puerta abierta para agredirla sexualmente.
Al final, el Senado confirmó a Thomas con el margen más ajustado de cualquier nombramiento desde 1881. Pero la humillación del Senado a Anita Hill llevó a las feministas de muchas corrientes políticas a entrar en contacto con ella. Por ejemplo, la conferencia «Las mujeres dicen la verdad», celebrada en el mes de abril siguiente en el Hunter College de CUNY, atrajo a 2.200 personas, incluidas las jóvenes mujeres que lanzaron la llamada Tercera Ola del movimiento feminista estadounidense. Y, en respuesta a la vergonzosa forma en que Hill había sido tratada por el Senado y el abuso sexual que las mujeres de todas las razas y clases habían sufrido, muchas mujeres decidieron postularse para un cargo público. En 1992, el llamado «Año de la Mujer», cuatro mujeres fueron elegidas senadoras, el mayor número hasta entonces en el Senado. Y a la altura de 2019 el Senado de los Estados Unidos alcanzó un 25 por 100 de mujeres. Mientras tanto, aunque las mujeres constituían solo un poco más de la cuarta parte de la Cámara de Representantes (compuesta por 104 mujeres y 333 hombres) en 2019, resultaba el mayor porcentaje de mujeres de toda la historia de la nación. Muchos atribuyeron este aumento a una respuesta a la elección de Donald J. Trump en 2016 y a la irrupción del movimiento #MeToo nueve meses después de su elección.
En los Estados Unidos, las elecciones en sí provocaron una crisis política que aún no se ha resuelto. Más una república constitucional que una democracia, los Estados Unidos deciden la presidencia y la vicepresidencia según quién gana la mayoría en cada uno de los cincuenta estados en vez de quien gane la mayoría del total de los votos emitidos. El hecho de que Hillary Clinton, la primera mujer en postularse para la presidencia de los Estados Unidos como candidata de un partido político importante, recibiera tres millones de votos más que Trump, indignó a muchas mujeres (y algunos hombres) en todo el país. A diferencia de la mayoría de los candidatos a la presidencia, Trump, un hombre de negocios con una carrera ampliamente publicitada en la industria del entretenimiento, no pudo ocultar escándalos pasados. Mucha gente encontró insufrible la revelación en 2016 de la infame cinta de 2005 «Access Hollywood» que revela su abuso a mujeres: en la grabación afirmaba que «cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa». El estupor ante la negativa de Trump a reconocer las normas legales o cualquier sistema moral como restricción a su comportamiento, impulsó a muchas mujeres y a algunos hombres a tomar medidas.
El 9 de noviembre de 2016, el día después de las elecciones, Teresa Shook, una feminista de sesenta años y con cuatro nietos, se despertó en su casa de Hawai y decidió que tenía que hacer algo. Por medio de Internet, envió un mensaje de texto sugiriendo una marcha de mujeres a Washington para el 21 de enero de 2017, el día después de la toma de posesión de Trump como presidente. El 10 de noviembre, había recibido 10.000 respuestas positivas 8. Ella junto a la feminista Bob Bland invitaron a las mujeres de color Linda Sarsour, Tamika Mallory y Cármen Pérez, activistas del movimiento por los derechos de los prisioneros, Black Lives Matter y el movimiento islámico-americano, así como los derechos de las mujeres de todas las clases y razas, a unirse a la organización de la marcha. La llamada Tercera Ola del Feminismo que comenzó en 1992 asumió su forma organizativa más espectacular con los millones de mujeres, hombres y personas trans que participaron en las Marchas de Mujeres, con estimaciones de participación que oscilan entre los tres y los cinco millones de personas. Apenas nueve meses después, nació el movimiento #MeToo.
La fascinación con Hollywood y a la visibilidad de las actrices feministas no deberían restar valor a los logros casi revolucionarios de las activistas #MeToo del movimiento obrero estadounidense. Pensemos, por ejemplo, en la Alianza Nacional de Campesinas, compuesta en gran parte por trabajadoras agrícolas méxico-americanas y sus familias 9. La Alianza sostiene que representa «a unas 700.000 trabajadoras agrícolas que dicen “sufrir en silencio” el acoso sexual generalizado al que se enfrentan habitualmente en su trabajo» y no cabe minusvalorar su impacto en el #MeToo. Esa declaración se hizo pública en una edición especial de la revista Time, en la que añadían que «aunque trabajamos en entornos muy diferentes, compartimos la experiencia en común de ser rehenes de personas que tienen el poder de contratar, despedir, incluir en la lista negra y amenazar nuestra seguridad económica, física y emocional» 10.
El coraje y la solidaridad de estas mujeres, en buena parte trabajadoras sin papeles, no quedó oculta por la acción colectiva de «más de 300 mujeres que trabaja[ban] en televisión, cine, teatro y artes» que respondieron, sumando su apoyo a las trabajadoras del campo. Y la National Women’s Law Center recaudó 15 millones de dólares para ayudarlas a presentar denuncias y demandas ante los tribunales 11.
El movimiento #MeToo también ha arrojado luz sobre las luchas de la clase trabajadora en favor de los derechos de mujeres, que la prensa estadounidense había pasado por alto. Los intentos de Clarence Thomas por avergonzar y posiblemente coaccionar a Anita Hill y el acoso sexual ampliamente difundido por las mujeres en Hollywood pusieron de relieve la situación de las mujeres de la clase trabajadora que durante muchos años habían estado tratando de resistir agresiones semejantes a nivel nacional e internacional.
De hecho, incluso antes de que las actrices captaran la atención del público, las camareras de hotel en lo que los Estados Unidos se llama «la industria de la hospitalidad» habían estado luchando contra los ataques sexuales de hombres que se alojaban en las habitaciones que limpiaban; las mujeres de la hostelería se habían enfrentado a daños físicos infligidos por chefs y supervisores famosos que las violaron en lugar de enseñarles el oficio; y las mujeres de todo el mundo se habían organizado a nivel local para recuperar el control de sus propios cuerpos. Debido al movimiento #MeToo comenzaron por fin a conseguir un hueco en la atención pública que durante mucho tiempo les había sido negada. Y se hizo posible, cada vez más, enfrentarse a aquellos que usaban la violencia y la humillación para silenciar a decenas de mujeres y hombres homosexuales que tan solo intentaban ganarse la vida.
En los Estados Unidos, las empleadas de hotel allanaron el camino. Trataron de difundir sus problemas, en particular al encontrarse a clientes desnudos cuando entraban en sus habitaciones para limpiar, con una elevada inseguridad, pues trabajan solas, fuera de la mirada de testigos que puedan socorrerlas. De hecho, en 2011, seis años antes de que #MeToo apareciera en los titulares, un caso dio a conocer lo que el personal de la limpieza de los hoteles de Nueva York a menudo soportaba. Dominique Strauss-Kahn, presidente del Fondo Monetario Internacional y ampliamente considerado como el próximo presidente de Francia, fue acusado de agredir a la trabajadora de hotel Nafissatou Diallo, una inmigrante guineana que era madre soltera y el único apoyo de su hija. Según Diallo, la atacó y la violó. Cuando la gerencia del hotel se negó a defenderla, contrató a un abogado especializado en casos de acoso sexual. Junto con el apoyo de los sindicatos locales, al final, consiguió un acuerdo civil con una indemnización de más de un millón de dólares.
Al igual que Diallo, otras 900.000 mujeres en el conjunto de los Estados Unidos, principalmente inmigrantes, están empleadas en la limpieza de habitaciones de hotel, fuera de la vista de otros empleados o gerentes que podrían ayudarlas si un cliente o un compañero de trabajo las atacaran. Una encuesta del «Unite Here, Local 1» de Chicago estima que el 58 por 100 de las camareras de hotel locales sufren ataques sexuales por parte de compañeros y clientes. En octubre de 2017 (justo cuando #MeToo despegaba), el Consejo Municipal de Chicago aprobó la ordenanza «Manos fuera, pantalones puestos», que serviría como modelo para proteger a las trabajadoras. Aunque no resuelve el problema por completo, la ley estipula que se proporcionen alarmas portátiles, conocidas como «alarmas personales», a todas las camareras de hotel de la ciudad. Chicago también aprobó una legislación que previene las represalias contra las trabajadoras que denuncian ataques o el acoso de un huésped del hotel. Con todo, las mujeres sindicalistas se negaron a verse a sí mismas como víctimas y buscaron formas de controlar sus propias condiciones de trabajo.
La simple distribución de «alarmas personales» parecía proporcionar un modelo de cómo establecer estándares nacionales de seguridad y reducir el acoso al personal de limpieza en todo Estados Unidos. Cuando el Consejo de Comercio de Nueva York y la Coalición de Mujeres Sindicalistas (CLUE) en Nueva York pudieron aliarse con «Unite Here» en Chicago, la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento, y los grupos «Hands Off Pants On», formaron una coalición que en el otoño de 2018 obligó a las cinco cadenas hoteleras más grandes de los Estados Unidos a proporcionar las «alarmas personales» a todas las trabajadoras, para permitirles pedir ayuda si un huésped del hotel (o un miembro del personal) intentaban asaltarlas 12.
Además de proporcionar estos dispositivos de alarma, la asamblea legislativa de California propuso vetar durante tres años en cualquier establecimiento hotelero a los clientes que atacaran a una empleada de hotel 13. Campañas similares se desarrollaron en el Reino Unido, donde los sindicatos descubrieron que el 89 por 100 de las trabajadoras habían denunciado acoso sexual en el trabajo 14. Desafortunadamente, aunque los sindicatos de Estados Unidos intentaron que las cinco principales cadenas hoteleras proporcionaran dispositivos de seguridad similares y capacitación contra el acoso a las camareras de hotel en todo el mundo, ninguna de las cadenas hoteleras ha accedido a la petición hasta el momento. Otros sindicatos han visto insatisfechas demandas similares en todo el mundo.
Lo que hace que el movimiento #MeToo sea diferente de las luchas pasadas por los derechos políticos y sociales es que, más que otras campañas en los Estados Unidos, se ha basado en los esfuerzos de las mujeres de todas las razas y clases para controlar sus propios cuerpos y definir sus derechos individual y colectivamente a través de la acción colectiva directa. Según la historiadora de la Universidad de Stanford Estelle Friedman, las luchas de las mujeres afroamericanas se remontan al siglo xix, cuando participaron en movimientos pioneros que vinculaban los derechos individuales con las demandas colectivas 15. En los Estados Unidos, el movimiento en favor de los derechos civiles que ayudó a luchar contra la violencia hacia las mujeres de color y la postura de Anita Hill contra la ratificación del nombramiento del presunto abusador sexual, Clarence Thomas, y muchas otras batallas, de mujeres de todas las razas y clases han ayudado a trazar el camino. #MeToo continuó la lucha llevándola a la industria del entretenimiento en Hollywood. La rabia reprimida durante mucho tiempo, que impregnaba la vida de muchas mujeres en todo el mundo, ha comenzado a encontrar un medio para hacer del abuso sexual un tema político y social importante.
Tres feministas de India, Argentina y Estados Unidos no se sorprendieron de que el primer grupo que expresó su solidaridad con las portavoces de #MeToo fueran la unión de trabajadoras del campo, en gran parte sin papeles, de California que «reconocieron inmediatamente a Harvey Weinstein no simplemente como un depredador, sino como un jefe poderoso, capaz de decidir quién trabajaba en Hollywood y quién no». Cuando le pregunté a una importante feminista estadounidense, vieja y querida amiga, su opinión sobre por qué #MeToo ocurrió cuando ocurrió, me contestó: «ya estábamos hartas y simplemente no podíamos soportarlo más. Ha sido un grito de rabia que nadie ha podido acallar» 16.
1 Danielle McGuiere: At the Dark End of the Street: Black Women, Rape, and Resistance. A New History of the Civil Rights Movement from Rosa Parks to the Rise of Black Power, Nueva York, Vintage Books, 2011. A pesar de estar centrado en los Estados Unidos, este es un libro que todo el que esté interesado en #MeToo y en la relación entre acoso sexual, raza y clase debería leer. https://www.penguinrandomhouse.com.
2 El discurso completo en Giovanni Russonello: «Read Oprah Winfrey’s Golden Globes Speech», The New York Times, 7 de enero de 2018, Disponible en www.nytimes.com.
3 Nadja Sayej: «Alyssa Milano on the #Me Too movement: “we’re not going to stand for it any more”», The Guardian, 1 de diciembre de 2017, www.theguardian.com.
4 Sandra E. Garcia: «The Woman Who Created #MeToo Long Before Hashtags», The New York Times, 20 de octubre de 2017, www.nytimes.com.
5 Jessica Stites: «Beyond Hollywood: Domestic Workers Say #MeToo», In These Times, 19 de febrero de 2018, https://inthesetimes.com.
6 Dana Rose Falcon en People magazine, 7 de enero de 2018, https://people.com.
7 «The Civil Rights Act of 1964 and the Equal Employment Opportunity Commission», a summary prepared by Professor Linda Simmons for the National Archives, Educator Resources, www.archives.com.
8 Leslie Jamison: «The March on Everywhere: The ragged glory of female activism», Harper’s magazine, (2017), https://harpers.org.
9 «Sexual Abuse and Insurance in the Agricultural Industry», IRMI (2000-2019 International Risk Management Institute, Inc.) (2018), p. 2, https://www.irmi.com.
10 Sarah Jaffe: «The Collective Power of #MeToo», Dissent Magazine (2018), www.dissentmagazine.org.
11 «Sexual Abuse and Insurance...», p. 2.
12 Rosie Spinks: «In the #MeToo era, U.S. hotels are giving workers panic buttons», 10 de septiembre de 2018, Quartz Membership, www.qz.com; Allison Herrera: «Chicago hotel workers join #MeToo, Demand protections against sexual assault», PRI’s The World, 9 de octubre de 2018, https://www.pri.org.
13 Rachel Rekowski: «Hotel Workers Say #MeToo and Fight Back», AFL-CIO: What We Care About, 26 de enero de 2018, https://aflcio.org.
14 The World, 138, https://www.pri.org.
15 Estelle B. Freedman: «Women’s Long Battle to Define Rape», The Washington Post, 24 de agosto de 2012, https://www.washingtonpost.com.
16 Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser: Feminism for the 99%: A Manifesto, Londres-Nueva York ,Verso, 2019, pp. 32-33.