Ayer 109/2018 (1): 137-168
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2018
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/109-2018-06
© Jordi Sant Gisbert
Recibido: 09-06-2016 | Aceptado: 05-05-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
El negocio del cacao: origen y evolución de la elite económica colonial en Fernando Poo (1880-1936)
Jordi Sant Gisbert
Universitat Pompeu Fabra
jordisant@hotmail.com
Resumen: El artículo aborda el desarrollo de la agricultura y el comercio del cacao en Fernando Poo (Guinea Española), desde sus albores en el último tercio del siglo xix hasta la Guerra Civil Española. Unas actividades económicas que si bien en un inicio estuvieron lideradas por la elite africana local, rápidamente atrajeron la llegada de capitales peninsulares, principalmente catalanes. Se analizan también las múltiples dificultades que acompañaron el desarrollo económico colonial y que obligaron a los principales terratenientes y comerciantes a crear organizaciones para proteger sus intereses. Las actividades de estas entidades, los límites de sus actuaciones, las crisis y contradicciones internas o el enfrentamiento con organizaciones metropolitanas son piezas fundamentales para la comprensión de la historia colonial española.
Palabras clave: Fernando Poo, cacao, comercio, colonialismo, chocolate.
Abstract: This article addresses the agriculture and cocoa trade in Fernando Po (Spanish Guinea) from the last third of the nineteenth century until the Spanish Civil War. Although initially dominated by a local African elite, this business rapidly attracted Spanish investment and businessmen, many of whom came from Catalonia. The article also analyses how colonial economic development created multiple difficulties, forcing principal landholders and traders to create organizations in order to protect their interests. In order to understand Spanish colonial history, it is necessary to take into account the activities of these organizations, the limits that they faced, their internal contradictions, and their conflicts with metropolitan organizations.
Keywords: Fernando Po, cocoa, trade, colonialism, chocolate.
Aunque el origen formal del dominio español de la isla de Fernando Poo (actual Bioko) hay que buscarlo en la firma de los tratados de San Ildefonso (1777) y el Pardo (1778) con Portugal, cierto es que no existió ningún control efectivo sobre el territorio hasta bien entrado el siglo xix. Entre los varios motivos de este prolongado abandono destaca el tratado anglo-hispano de 1817 que prohibía el comercio de esclavos, convirtiendo en anacrónico el plan inicial del secretario de Estado Floridablanca de convertir la isla en una base comercial que facilitara la trata hacia las posesiones americanas 1. Esta situación fue aprovechada por los ingleses para controlar de manera unilateral el territorio, fundando en 1827 la ciudad de Clarence (actual Malabo). Aunque la presencia inglesa se escudaba en la necesidad de establecer los Tribunales Mixtos, que debían juzgar sobre las naves esclavistas apresadas en el Atlántico, existía otro interés más crematístico: convertir Fernando Poo en una gran base comercial para facilitar la explotación de un importante lubricante industrial —el aceite de palma— en la desembocadura del río Níger 2. Sin embargo, la presencia inglesa fue bastante corta (1827-1835), debido sobre todo al azote de las enfermedades entre la población británica 3.
El fin de la ocupación inglesa dejó, sin embargo, la decisiva presencia en la isla del grupo social de los criollos o fernandinos, formado por trabajadores africanos procedentes mayoritariamente de Sierra Leona y la costa del Kru, así como por un importante contingente de esclavos liberados por las autoridades británicas. Muchos se dedicaron al comercio, al servicio de las factorías comerciales inglesas, traficando con los nativos de la isla, los bubis 4.
Esta situación dejó perpleja a la primera expedición oficial española que llegó a la isla en 1843. Juan Lerena, su comandante, no pudo sino reconocer las secuelas de la presencia británica: aceptar que Clarence (Santa Isabel desde entonces) era una ciudad dominada por la comunidad fernandina, culturalmente anglófona y con una importante presencia de misioneros protestantes. Tuvo que limitarse a nombrar gobernador «español» al comerciante inglés John Beecroft y a establecer un mínimo marco legal y fiscal como manifestación de la soberanía española 5.
En el terreno económico, entre 1830 y 1858 la isla experimentó un importante crecimiento debido a la exportación de aceite de palma, extraído tanto por bubis como por fernandinos, destinado principalmente a puertos ingleses. Por su parte, los capitales españoles solo hicieron tímidos intentos de acercarse al potencial económico de la isla. La mayoría era de carácter especulativo y no llegó a invertir en la región, aunque casas comerciales barcelonesas como Vidal y Ribas, y Montagut y Compañía, con una presencia activa en las costas africanas, se mostraban expectantes ante un posible dominio real por parte de las autoridades españolas. Ambas fueron un claro reflejo de las dificultades que sufría el comercio español en el África occidental en las décadas de 1840 y 1850, porque, aunque formalmente se dedicaban al comercio lícito, fueron perseguidas por las autoridades inglesas, acusadas de tráfico negrero 6.
Estas acciones despertaron críticas desde España, y la Junta de Comercio de Barcelona y la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País denunciaron, en 1857 y 1858, que las autoridades británicas, con el pretexto de luchar contra la trata, obstaculizaban la consolidación de sus rivales comerciales. Al mismo tiempo pedían una mayor presencia de cónsules españoles en los principales puertos africanos y el definitivo establecimiento de un plan de colonización para Fernando Poo 7.
Esta presión condujo al Gobierno español a enviar en 1858 una nueva expedición al mando del primer gobernador español, Carlos Chacón. También dotó a la colonia de una mínima estructura institucional. Asimismo, llegaron los primeros misioneros jesuitas (prohibiéndose el culto protestante), se proyectaron las primeras obras públicas y se intentó desarrollar una política de atracción sobre la población bubi a través del comercio y de la acción misional 8.
No obstante, estas medidas tampoco significaron un aumento de la presencia comercial española. Si en 1861 arribaban a Santa Isabel 79 buques, de los que 63 eran británicos y solo uno español, en 1880 llegaban 85 de los primeros, dos alemanes y ninguno del país colonizador 9.
La casi inexistencia del comercio español se explicaría por dos factores complementarios. En primer lugar, las mencionadas dificultades que habían tenido algunas naves catalanas desalentaban el interés privado, más aún desde que en 1835 Gran Bretaña reforzó la persecución de la trata acordada en el tratado de 1817 10. En segundo lugar, la propia debilidad interna de la economía española. El dinamismo industrial y comercial catalán todavía no era capaz de competir con el dominio comercial inglés, y más si tenemos en cuenta la crisis industrial que azotó Cataluña durante la década de 1860 11. Aun así, cabe señalar que la mayor parte de las embarcaciones metropolitanas que llegaron a Santa Isabel durante el periodo 1860-1880 eran catalanas, de Barcelona. Aunque disponemos de poca información sobre ellas, tenemos constancia de que algunas transportaban aceite de palma y goma. Los testimonios de la época, sin embargo, no dudaron en corroborar este dominio. Así, mientras el geógrafo Beltrán y Rózpide reconocía que «la gloria y la iniciativa en las gestiones para establecer corrientes de comercio entre la Guinea Española y la Península corresponde a Barcelona» 12, el vizconde de San Javier, en un viaje por los puertos principales del África Occidental en 1871, concluía que «la única provincia que mantiene relaciones mercantiles con la costa de África es Barcelona, y por todas partes se ve el genio laborioso y mercantil del pueblo catalán» 13.
El fracaso en hacer de Fernando Poo una colonia comercial condujo a un nuevo cambio de orientación. La opción defendida a partir de la década de 1860 por parte de las autoridades españolas pasaba por facilitar concesiones de tierras que favorecieran el traslado de colonos para que estos iniciaran la explotación agrícola del territorio. Aunque durante la década de 1860, y aprovechando la crisis conocida como «el hambre del algodón» que afectó con dureza a la industria textil catalana, se abrió la posibilidad de introducir este cultivo, el producto que finalmente se consolidó fue el cacao. La mayoría de autores sitúan su introducción entre las décadas de 1850 y 1860, bien a través de portugueses procedentes de Sao Tomé o bien directamente desde Cuba. Sobre el motivo de por qué triunfó finalmente el cacao también se han apuntado distintas causas. Las principales lo relacionan con las óptimas condiciones climáticas y geológicas que ofrecía la isla, o con la posibilidad de utilizar menos mano de obra que en otros cultivos tropicales, hecho que rebajaría los costes de producción 14.
Sin embargo, existe otro motivo mucho más relevante. El inicio del cultivo del cacao en la isla de Fernando Poo coincide con la revolución que sufrió el sector chocolatero mundial a partir de 1870 y 1880. Una revolución marcada por una serie de cambios técnicos iniciados con la prensa hidráulica de Van Houten (1828), que proporcionaban la oportunidad de obtener un cacao más soluble y un chocolate menos graso, y que finalizaba en las décadas de 1860 y 1870 con los avances de Robert Lindt, Daniel Peter o Henry Nestlé, que permitían conseguir nuevas formas de chocolate. A partir de entonces, este producto dejaba de ser solo una bebida propia de las clases privilegiadas para convertirse en un producto más asequible, apreciado por su alto valor calórico y que podía consumirse en múltiples formas (tablitas de chocolate, repostería, bombonería, chocolate con leche, etc.) 15.
Lógicamente, este proceso conllevó un aumento de la demanda mundial de cacao y el África tropical (en pleno reparto colonial) se convirtió en un espacio privilegiado para su cultivo 16. Como podemos observar en los gráficos 1 y 2, la exportación de cacao mundial aumentaba de manera exponencial a la vez que crecía la producción procedente de las recién creadas colonias de explotación africanas.
No obstante, hay que preguntarse si el proceso de industrialización del chocolate afectó del mismo modo a España. En este aspecto, los datos que muestra el cuadro 1 indican que mientras el consumo de cacao crecía aceleradamente en Estados Unidos y en gran parte de los países europeos, en España quedaba estancado y muy por debajo del resto de países industrializados 17.
Y es que, ciertamente, la industrialización del sector chocolatero español, como en el resto de ámbitos industriales, también fue lenta. En el caso de Barcelona, ciudad que concentraba un mayor número de fábricas de chocolate, la sustitución de la vieja estructura gremial por la adopción de fábricas modernas fue lenta y fueron pocas las empresas (Amatller, Juncosa, Boix) que destacaron
Gráfico 1
Exportación mundial de cacao, 1760-1914 (miles de toneladas)

Fuente: Elaboración propia a partir de William Gervase Clarence Smith: Cocoa and Chocolate, Londres, Routledge, 2000, pp. 177-182.
Gráfico 2
Producción de cacao por continentes, 1895-1925 (miles de toneladas)

Fuente: Elaboración propia a partir de «Producción mundial de cacaos en toneladas en los años citados», La Voz de Fernando Poo, núm. 439, abril de 1933, p. 1.
Cuadro 1
Consumo de cacao por países (toneladas)
|
|
1894 |
1904 |
1908 |
1912 |
|
Estados Unidos |
7.935 |
32.164 |
42.615 |
66.553 |
|
Alemania |
8.320 |
27.101 |
34.352 |
55.085 |
|
Inglaterra |
9.950 |
20.543 |
21.052 |
28.044 |
|
Francia |
14.871 |
21.794 |
20.445 |
26.891 |
|
España |
6.725 |
5.816 |
6.580 |
5.250 |
|
Holanda |
9.656 |
12.184 |
15.821 |
24.921 |
|
Suiza |
2.115 |
6.839 |
5.821 |
10.342 |
Fuente: Elaboración propia a partir de «Consumo de cacaos por países en los años citados», La Voz de Fernando Poo, núm. 90, marzo de 1914, p. 3.
por su envergadura. Ninguna de ellas tuvo la capacidad de conquistar mercados exteriores y la exportación de chocolate español fue casi inexistente 18. De hecho, el valor máximo de las exportaciones de chocolate español se registró durante el periodo de la Primera Guerra Mundial y este no llegó a superar los dos millones de pesetas 19. Por este motivo debemos considerar que el estímulo que significó a nivel europeo la industrialización del chocolate para la ampliación del cultivo del cacao en las posesiones africanas no tenía la misma correlación en el caso español.
Esto explicaría por qué las primeras plantaciones de cacao en la isla no fueron desarrolladas por colonos españoles, sino por terratenientes fernandinos. Estos no exportaban sus productos a puertos españoles, sino mayoritariamente a los ingleses (Liverpool, Manchester) y alemanes (Hamburgo), ciudades donde la fabricación de chocolate estaba en plena ebullición. Y no fue hasta que se demostró el éxito de estas primeras plantaciones que se creó una corriente de colonos españoles dispuestos a invertir en el negocio del cacao y disputar la hegemonía que los cacaos latinoamericanos (Guayaquil, Caracas) tenían en el mercado español.
Las primeras grandes plantaciones de cacao establecidas en la isla de Fernando Poo se crearon durante el último tercio del siglo xix. Aunque Francisco Romera, un oficial de la Marina española procedente de Cuba, obtuvo importantes concesiones, rápidamente el panorama agrícola quedó controlado por los criollos. De hecho, de las 99 concesiones de tierras otorgadas entre 1880 y 1890, solo 36 fueron a colonos españoles. Casi todas las demás recayeron en fernandinos, destacando William Allen Vivour, Joseph Dougan, Manuel Balboa o la familia Barleycorn (emparentada con los Vivour). También destacaba algún afroportugués procedente de Sao Tomé (Díaz de Cunha) 20. Asimismo, cabe resaltar la figura de Maximiliano Jones, quien llegó procedente de Sierra Leona en 1864. Jones, gracias a su contacto con funcionarios españoles, se trasladó temporalmente a España para estudiar en los jesuitas de Bilbao (donde fue aceptado aun siendo protestante). Después de regresar a la colonia pasó a trabajar con los misioneros claretianos, pero al cabo de poco consiguió importantes concesiones de tierras al sureste de la isla (San Carlos). Maximiliano Jones, además, encarnó el prototipo de fernandino (no demasiado extendido en un inicio) que culturalmente se alejó del mundo anglófono para acercarse al hispano 21.
Sin embargo, a partir de la década de 1890 las cosas empezaron a cambiar. Favorecidos por la conexión regular entre los puertos españoles (principalmente Barcelona y Cádiz) y Santa Isabel a través de los vapores de la Trasatlántica y el establecimiento, en 1891, de la libertad comercial entre la colonia y los puertos metropolitanos, los primeros capitales de la península llegaron a Fernando Poo. Mayoritariamente procedían de Barcelona y consiguieron concesiones de tierras de entre 100 y 500 hectáreas. Como observamos en el cuadro 2, poco a poco las exportaciones de cacao empezaron a superar a las de aceite de palma, consolidándose como el principal producto agrícola de la isla.
Cuadro 2
Valor de las exportaciones de cacao y aceite de palma
desde el puerto de Santa Isabel, 1889-1899 (pesetas)
|
Año |
Cacao |
Aceite de Palma |
|
1889 |
474 |
6.500 |
|
1890 |
88.331 |
6.360 |
|
1891 |
231.023 |
21.136 |
|
1892 |
296.944 |
80.756 |
|
1893 |
309.041 |
49.273 |
|
1894 |
499.799 |
65.112 |
|
1895 |
546.559 |
149.733 |
|
1896 |
635.417 |
253.356 |
|
1897 |
748.827 |
108.854 |
|
1898 |
1.029.598 |
7.720 |
|
1899 |
1.144.398 |
4.035 |
|
Total |
5.530.411 |
752.835 |
Fuente: Elaboración propia a partir de La Voz de Fernando Poo, núm. 17, 15 de febrero de 1911, p. 6.
La misma Compañía Trasatlántica, propiedad del marqués de Comillas, aprovechó el control de las conexiones marítimas para diversificar sus negocios. Así, en 1890 consiguió concesiones que superaban las 500 hectáreas. Además, algunos de sus agentes, como Pedro Bengoa o Gerónimo López, también se convirtieron en propietarios de renombre. Aun así, la importancia de la Trasatlántica fue decreciendo, sobre todo porque la línea que unía Fernando Poo con Barcelona era deficitaria (aunque se mantuvo hasta la década de 1930 porque otras concesiones lo compensaban con creces) y porque paulatinamente fue vendiendo sus plantaciones hasta deshacerse de todas ellas en 1925 22.
Otra sociedad barcelonesa de renombre establecida en Fernando Poo fue Rius y Torres, que en 1894 puso en funcionamiento la finca La Barcelonesa, que con los años sería una de las más conocidas de la isla. Sus promotores eran Salvador de la Trinitat Rius i Torres, su hermano Gabriel y su tío, Sebastià Torres. Este último fue, tal vez, el prohombre de negocios catalán más importante en Fernando Poo durante el primer tercio del siglo xx. Destacó por ser el impulsor de la Liga de Defensa Industrial y Comercial de Barcelona, entidad que agrupaba a la principal burguesía catalana con el objetivo de promover el proteccionismo económico. Asimismo fue uno de los impulsores de la Lliga Regionalista de Catalunya, el principal partido catalanista conservador de la Restauración, por el que fue diputado, lo mismo que Salvador de la Trinitat. La empresa Rius y Torres también disponía de cinco vapores mercantes que unieron Barcelona y Santa Isabel entre 1899 y 1912, cuando fueron comprados por la valenciana Vapores y Correos de África 23.
En 1895 se estableció en Fernando Poo la empresa Buxeres Hermanos y Font, de los hermanos barceloneses Francesc y Joan Buxeras Bultó y de Joan Font, quienes dejaron la administración de sus fincas a Bonaventura Roig, un aventurero catalán procedente de Cuba que finalmente adquirió una de las fincas (Westbay) y fue también gerente de algunas plantaciones de las misiones claretianas. La Vigatana, propiedad de Miquel Trías, Jaume Riera y Josep Vilarrassa (naturales de Vic, provincia de Barcelona), también se convirtió en una de las fincas más famosas y antiguas de la isla, bajo la gestión del también barcelonés Josep María Boada. En 1903 fue el turno de la empresa Hijos de Guillermo Huelín que compró las propiedades de Francisco Romera y las de La Colonial de Fernando Poo, empresa que se había establecido sin éxito tres años antes 24.
Dos barceloneses más, que con los años se convertirían en los terratenientes más activos dentro de las organizaciones coloniales, fueron Joaquim Rodríguez Barrera y Antonio Pérez López. El primero llegó a Fernando Poo en 1894 (con diecinueve años), procedente de Sant Feliu de Guíxols (Girona), para trabajar en una finca de cacao propiedad de dos industriales de su ciudad que la habían adquirido con finalidad especulativa. Estos le ofrecieron la posibilidad de comprarla y de este modo Joaquim Rodríguez creó las plantaciones «Montserrat» y «Montseny», nombres de clara reminiscencia catalana 25. Antonio Pérez López, por su parte, se convirtió en el propietario de la empresa «Francisco Pérez y Compañía», creada por su padre (el leonés Francisco Pérez Castañón) en 1885. Más tarde se convertiría en uno de los comerciantes de cacao más ricos de Barcelona, conocido en la década de 1930 como el «emperador del cacao» 26. Junto a estos, también destacan las figuras del tarraconense Francesc Potau y la de su socio Joan Doménech (procedente como Joaquim Barrera de Sant Feliu de Guíxols), que fundaron la sociedad Potau y Doménech.
Además de los catalanes, también podemos destacar el establecimiento de los andaluces José y Armando Ligero y Alfonso Casajuana, o los aragoneses Mariano Mora Abad y, más tarde, los hermanos Mallo, procedentes del valle de Benasque. Uno de estos, Joaquín, tuvo una intensa participación en la vida política y social de la colonia, y también en la metrópoli, siendo diputado del Partido Radical. La unión de las familias Mora y Mallo dio lugar a una de las fincas más grandes y prestigiosas de la colonia, Sampaka 27.
Asimismo, hay que tener en cuenta la presencia de capitales extranjeros. Además de varias compañías comerciales inglesas y alemanas, destacó la presencia de varios terratenientes portugueses, algunos de los cuales procedían de Sao Tomé y Príncipe. Según testimonios de la época, su mayor conocimiento del cultivo del cacao les otorgó una posición de prestigio dentro de la agricultura colonial y una importancia económica relevante, al adquirir extensas plantaciones 28. A modo de resumen, el cuadro 3 muestra la distribución de las grandes plantaciones de la isla en 1911 según la nacionalidad de los propietarios, apreciándose un predominio fernandino, seguido de los procedentes de la península, en su mayoría catalanes.
Cuadro 3
Plantaciones superiores a las 100 hectáreas según nacionalidad (1911)
|
Nacionalidad |
Número |
Hectáreas |
Porcentaje |
|
Fernandina |
10 |
3.468 |
39,2 |
|
Española |
11 |
3.287 |
37,1 |
|
Portuguesa |
2 |
857 |
9,7 |
|
Inglesa |
2 |
540 |
6,1 |
|
Alemana |
1 |
705 |
8,0 |
|
Total |
26 |
8.857 |
100 |
Fuente: Elaboración propia a partir de «Lista general de fincas rústicas puestas al cobro», 1911, ANC, caja 13.
Por último, existe un tercer actor que no deberíamos menospreciar. Se trata de los propietarios bubis que establecieron pequeñas plantaciones de cacao, la mayoría de las cuales no superaban las 5 o 10 hectáreas. Muchos actuaron por mimetismo de los terratenientes fernandinos y aunque el producto era nuevo para ellos, su extenso conocimiento del medio físico y su larga tradición agrícola facilitaron el proceso. Otros se convirtieron en pequeños propietarios después de residir en las misiones claretianas establecidas desde 1883 en la isla. De hecho, los claretianos creían que una forma de civilizar a los bubis era habituarlos a trabajar para el mercado y por ello lograron que se les cedieran pequeñas parcelas para cultivar cacao. En otros casos fueron los mismos bubis quienes abrieron sus pequeñas plantaciones para poder escapar de las prestaciones personales que establecían las autoridades coloniales, ligadas a abusos y malos tratos. No obstante, los bubis carecían del capital y la mano de obra necesarios, por lo que su cacao terminaba siendo el de peor calidad. Asimismo, muchos quedaron endeudados con los grandes terratenientes o comerciantes españoles y no pocos terminaron perdiendo sus propiedades 29.
Los terratenientes del cacao tuvieron que afrontar pronto una serie de dificultades que amenazaban el éxito de sus plantaciones. La primera, sin lugar a dudas, era la ausencia de las infraestructuras necesarias. Las vías de comunicación eran inexistentes y Santa Isabel y San Carlos, los dos núcleos urbanos alrededor de los cuales se situaba la mayoría de las plantaciones, no estaban unidos por carretera. Algunos plantadores se veían obligados a utilizar pequeñas embarcaciones de cabotaje (balleneras) para hacer llegar el cacao al puerto de Santa Isabel, un muelle que no disponía de almacenes para guardar adecuadamente el producto que esperaba ser embarcado en los vapores de la Trasatlántica, que durante muchos años tuvieron una periodicidad bimestral. De este modo, el cacao llegaba a los puertos de destino en unas condiciones pésimas que menguaban su valor 30. Asimismo, Santa Isabel (donde residía gran parte de los colonos) era una ciudad sin agua potable y con infraestructuras sanitarias deficientes para tratar adecuadamente los numerosos casos de paludismo, fiebre amarilla y epidemias cíclicas de cólera y viruela 31.
En segundo lugar, cabe señalar que una buena parte de los nuevos terratenientes llegó a la colonia como auténticos aventureros y sin el capital necesario para poner en adecuado funcionamiento una plantación de cacao. Según los cálculos de la época, una nueva explotación no empezaba a producir hasta el quinto año, no alcanzaba su máximo de producción hasta el octavo y no daba ganancias netas hasta el décimo tercero. Esto conllevaba que la mayoría de terratenientes utilizase múltiples créditos para sufragar los importantes gastos que la plantación acarreaba, sobre todo durante los primeros años. Al no existir ninguna entidad bancaria española en la colonia (solo existía una sucursal del Bank of British West Africa), los más accedieron al crédito privado de ciertas empresas que disponían de más capital. Este se concedía en condiciones de usura (con intereses que superaban el 20 por 100 anual) y normalmente era devuelto a plazos con una parte de la producción, que era comercializada, así, por los acreedores. Muchos pequeños y medianos propietarios no podían hacer frente a la deuda contraída y bastantes perdieron sus tierras en favor de los grandes plantadores 32.
Junto a la descapitalización de una parte de los terratenientes, existía un problema arancelario crucial que dificultaba la consolidación de la agricultura cacaotera. Aunque, como hemos dicho, a partir de 1891 las autoridades españolas habían decretado la libre entrada del cacao guineano en la metrópoli, en 1898 se estableció que debía abonar de arancel 0,45 pesetas por kilo al entrar en los puertos españoles, cantidad que fue doblada un año más tarde. Con esta reforma las autoridades metropolitanas dejaban clara su voluntad de financiar los gastos que originaba la colonia mediante una imposición fiscal sobre su principal (y casi única) actividad económica 33.
Sin embargo, los problemas no terminaban aquí. Existe un tercer factor que agravó la crisis: la dificultad de dotar las plantaciones con la mano de obra (braceros) necesaria. Hasta la década de 1890 gran parte de las mismas utilizó trabajadores procedentes de distintas colonias inglesas (Lagos, Accra y Calabar), debido a la resistencia a asalariarse extendida entre los bubis. Pero en 1900 las autoridades inglesas prohibieron la emigración de trabajadores de sus colonias a Fernando Poo tras la revuelta de doscientos trabajadores procedentes de Lagos (a los que posteriormente se unieron quinientos más de Costa de Oro), que acusaban a los terratenientes (tanto españoles como fernandinos) de numerosos abusos y de no cumplir con las raciones de comida que establecían sus contratos 34. Sin tener todavía suficientemente controlada la zona continental de la colonia (Río Muni) para crear una corriente migratoria hacia las plantaciones de Fernando Poo, los terratenientes tuvieron que buscar alterativas ante la falta acuciante de braceros. La última opción fue la contratación de trabajadores liberianos, aunque el precio de su reclutamiento aumentó de forma notable debido al veto inglés y no se regularizó hasta que en 1914 se firmó un tratado hispano-liberiano para favorecer la recluta.
Para intentar sobreponerse a este conjunto de factores que hacían peligrar la consolidación de la agricultura cacaotera, los principales terratenientes se organizaron para dar una respuesta colectiva. Aunque ya en 1899 y 1901 elevaron algunas protestas contra las trabas comerciales establecidas por las autoridades metropolitanas, no fue hasta 1906 que se creó la que sería la primera organización de lobby colonial. Así, la Cámara Agrícola de Fernando Poo (en adelante, la Cámara) nació con el objetivo de presentar a las autoridades coloniales y metropolitanas propuestas de mejora en el ámbito agrícola y comercial. A la Cámara podían adherirse tanto agricultores como comerciantes que residieran en los territorios guineanos. Debido a la importancia de las empresas no españolas, se autorizó a que formaran parte de la entidad, siempre que no superaran la sexta parte de sus miembros. Un hecho de vital importancia en el nacimiento de la Cámara es que rápidamente se dotó de un Comité permanente en la metrópoli.
Escoger la ciudad no fue tarea difícil, pues Barcelona era el puerto de entrada principal del cacao guineano y la ciudad donde residían gran parte del año los terratenientes y comerciantes más adinerados, que se podían permitir dejar temporalmente las plantaciones en manos de un gerente 35. El Comité de Barcelona no tardó en recabar apoyos de personalidades importantes dentro de la economía catalana y hasta contó con alguna presidencia de renombre. Fue el caso de Ignasi Girona Vilanova (sobrino de Manuel Girona, fundador del Banco de Barcelona), presidente del Institut Agrícola Català de Sant Isidre (la principal patronal agraria catalana) y diputado por la Lliga Regionalista. Otros prohombres catalanes que actuaron como asesores del Comité fueron Joan Antoni Güell (segundo conde de Güell y tercero de Comillas) y Frederic Rahola, que pocos años antes había presidido la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional 36.
Aun contando con estos apoyos, ni la Cámara ni el Comité de Barcelona tuvieron facilidades para hacerse escuchar. En Santa Isabel, la Cámara padecía la extrema debilidad e inoperancia administrativa, ejemplificada por los cortos mandatos que ostentaba la mayoría de gobernadores generales y la nula formación de los funcionarios coloniales. En Barcelona, el problema residía en cómo articular un discurso colonial genuinamente guineano en un contexto donde la opinión pública no mostraba ningún tipo de interés por estos territorios.
La mejor prueba de esta compleja situación la tenemos en la participación que la Cámara y el Comité de Barcelona tuvieron en los cuatro congresos africanistas que se celebraron en España entre 1907 y 1910. Habían sido convocados por iniciativa de las principales entidades industriales y comerciales españolas, para fomentar la «penetración pacífica» en Marruecos después de que la Conferencia de Algeciras de 1906 delimitara la zona de influencia española. Aunque se presentaron como un espacio para debatir el futuro de todas las posesiones españolas, los cuatro congresos giraron mayoritariamente sobre Marruecos y el norte de África y no podemos sino considerar minoritarios (sino marginales) los temas relacionados con Guinea. Antonio López, en representación del Comité, fue una de las figuras más activas, presentando múltiples ponencias sobre temas relacionados con la falta de mano de obra, las dificultades arancelarias, la necesidad de crear una entidad bancaria colonial o las mejoras más urgentes en el campo de las infraestructuras 37.
Aunque la mayoría de las proposiciones del lobby guineano fue aprobada en los distintos congresos, su concreción práctica fue inexistente. Por este motivo, desde el Comité de Barcelona se defendió redirigir la presión política en dos direcciones. La primera pasaba por crear un medio de comunicación propio que sirviera para romper el silencio mediático acerca de los territorios guineanos (básicamente Fernando Poo) y dar a conocer su realidad y sus necesidades. Esta publicación apareció en 1910 bajo el nombre de Boletín de Defensa Agrícola, aunque un año más tarde pasó a llamarse La Voz de Fernando Poo. Con su redacción en Barcelona, esta publicación estuvo dirigida hasta 1922 por Francisco López Canto, hijo de Gerónimo López, uno de los primeros hacendados en la colonia.
La segunda consistió en acciones de presión política más concretas ante la Sección Colonial del Ministerio de Estado, órgano del cual dependía la mayor parte de las decisiones que afectaban a la colonia. El mejor ejemplo lo tenemos el mismo 1910, cuando una comisión del Comité de Barcelona se trasladó a Madrid, alertada por el entonces diputado Salvador de la Trinitat Rius i Torres, ante la posibilidad de que el Gobierno español llegara a acuerdos comerciales con otras potencias productoras de cacao (principalmente Portugal). Las distintas reuniones sirvieron no solo para que los acuerdos no incluyeran ventajas arancelarias para los cacaos extranjeros, sino también para plantear la necesidad de establecer una rebaja de los derechos de importación que permitiera aumentar el margen de beneficio en las exportaciones 38.
Aunque en un inicio el Gobierno no cambió su postura, en diciembre del mismo año otra comisión, formada básicamente por los mismos protagonistas (con Antonio López y Francisco López Canto en la cabeza), regresó a Madrid con una propuesta más concreta bajo el brazo. Se trataba de convencer al ministro de Hacienda de que era posible una reducción arancelaria a las importaciones de cacao sin reducir sustancialmente los ingresos fiscales. La propuesta pretendía establecer una reducción de 20 céntimos por kilogramo sobre los derechos de importación, pero solo a las 2.000 primeras toneladas importadas. El resto pasaría a pagar 1,2 pesetas por kilogramo, poco menos de las 1,6 que pagaban los cacaos extranjeros. Esta propuesta implicaba solamente una pérdida de poco más de 100.000 pesetas en la recaudación y daba 20 céntimos por cada kilogramo más de beneficio a los terratenientes, margen que se creía necesario para velar por la rentabilidad de las plantaciones 39.
Los efectos de la reforma arancelaria fueron, en líneas generarles, positivos. No solo se aumentó el margen de beneficio, sino que también aumentó el margen arancelario respeto a los cacaos extranjeros. Así, como muestra el cuadro 4, las cotizaciones tendieron al alza, pasando de las 2,8 pesetas por kilogramo en 1912 a superar las 4 pesetas por kilogramo en 1918. Al mismo tiempo, la medida también ayudó a que, dentro de las importaciones españolas, aumentara el peso del cacao procedente de Fernando Poo, pasando de un 27,6 por 100 en 1906 a un 45,8 por 100 en 1913 40.
Sin embargo, esta propuesta de carácter proteccionista escondía unas consecuencias mucho más profundas y que, a la larga, marcaron el desarrollo económico de la isla. La cantidad de 2.000 toneladas con derechos reducidos (cantidad conocida como el cupo) se calculó a partir de la producción de la colonia en aquel momento. Se entendía que en años venideros esta cantidad sería aumentada paulatinamente en función de las necesidades de la agricultura colonial. No obstante, el rápido crecimiento de la producción, debido a que muchas plantaciones empezaron a llegar a su máximo apro-
Cuadro 4
Importación de cacao procedente de Fernando Poo,
cupo y cotizaciones (1912-1920)
|
Año |
Importación (kilogramos) |
Cupo |
Precio máximo (pesetas/kilogramo) |
|
1912 |
2.238.506 |
2.000.000 |
2,80 |
|
1913 |
2.824.479 |
2.750.000 |
3,35 |
|
1914 |
3.144.410 |
2.750.000 |
3,25 |
|
1915 |
3.860.833 |
3.500.000 |
3,35 |
|
1916 |
3.860.833 |
3.500.000 |
3,45 |
|
1917 |
3.803.759 |
3.500.000 |
3,90 |
|
1918 |
4.220.162 |
4.000.000 |
3,38 |
|
1919 |
3.411.623 |
4.000.000 |
4,45 |
|
1920 |
4.741.225 |
4.500.000 |
4,00 |
Fuente: Elaboración propia a partir de La Voz de Fernando Poo, 1912-1920, y «Precios por kilogramo fijados para la venta del cacao de Fernando Poo y Guinea Continental Española en las fechas que se indican», ANC, caja 5.
vechamiento durante la década de 1910, hizo que la necesidad de ampliar el cupo fuera perentoria ya en 1912. Y es aquí donde los grandes terratenientes y comerciantes no solo no se pusieron de acuerdo, sino que empezó una pugna entre ellos que dinamitó gran parte de la lucha colectiva realizada.
A grandes rasgos, se empezaron a dibujar dos sectores. El primero defendía la necesidad de aumentar de manera limitada el cupo, teniendo más en cuenta la capacidad de consumo del mercado español que la producción de la isla. Su razonamiento era doble. Por una parte, una oferta limitada en el mercado español permitiría mantener al alza las cotizaciones y, por otra, fomentaría la necesidad de buscar mercados extranjeros donde exportar el resto de la producción. Este sector estaba formado básicamente por los conocidos como receptores, un pequeño grupo de comerciantes que controlaban la mayor parte del producto a su llegada al puerto de Barcelona. Aunque unos pocos simplemente compraban el cacao a comisión, la mayoría también poseía plantaciones y actuaba como prestamista de los pequeños y medianos plantadores, cuya cosecha también comercializaba (en función de su interés).
Enfrentado al sector comercial (básicamente barcelonés) existía una parte importante de los agricultores coloniales interesados en que el cupo fuera ampliado en función de la producción. Este sector denunciaba las estrategias monopolistas de unos pocos comerciantes y terratenientes, más preocupados en los aspectos comerciales que en los agrícolas. Pronto se les unieron unos aliados provisionales, los fabricantes de chocolates que, agrupados bajo la Asociación de Fabricantes de Chocolates de España (AFCE), denunciaron desde el primer momento el establecimiento del cupo que, desde su punto de vista, era una injusta medida proteccionista que dañaba sus intereses, puesto que hacía aumentar de manera desmesurada e injustificada las cotizaciones del cacao 41.
De este modo, la Sección Colonial del Ministerio de Estado tuvo que lidiar entre estos dos sectores en pugna para establecer los controvertidos aumentos del cupo. Así, de las 2.000 toneladas iniciales en 1911 se pasó a las 3.500 en 1914. No obstante, el estallido de la Primera Guerra Mundial ese año permitió una tregua en las disputas en el seno de la elite colonial. La conflagración europea implicó un contexto favorable para la economía española, que se tradujo en un aumento de la producción y las exportaciones. En el caso del chocolate, las exportaciones ascendieron, y el valor de la reexportación de cacao al extranjero, hasta el momento inexistente, ascendió a los 10 millones de pesetas en 1919. Asimismo, las cotizaciones del cacao en el puerto de Barcelona se situaron por encima de las 4 pesetas por kilogramo en 1919 y 1920, y el cupo fue aumentado, sin discusión alguna, hasta las 4.500 toneladas 42.
Durante estos años, la actividad institucional de la elite económica de la isla (la Cámara y el Comité de Barcelona) se redujo hasta la casi total paralización. La Cámara, en expresión de uno de sus presidentes, «tuvo una vida lánguida sin que pudiera dar señales de vida» 43, mientras que el Comité, afectado por las luchas sobre el cupo, no fue capaz de articular ningún proyecto de envergadura.
Una vez terminado el contexto favorable de la Primera Guerra Mundial, el precio del cacao en puertos metropolitanos empezó a decaer, pasando de las 4 pesetas por kilogramo a inicios de 1920 a las 3 pesetas por kilogramo un año después. La competencia entre las casas receptoras, temerosas de quedarse con una cantidad invendida importante, aumentó la devaluación del producto. Ante esta situación, tanto la Cámara como el Comité intentaron reactivarse. La primera emprendió un proceso de reestructuración interna que pasaba también por refundar el comité de Barcelona, que a partir de 1921 se denominó Delegación de la Cámara, ganando independencia respecto a Santa Isabel para emprender las acciones de presión necesarias en la península.
De hecho, de los miembros de esta Delegación saldrían los dos nuevos proyectos que buscaban solucionar la difícil situación de competencia comercial que afectaba al cacao guineano. El primero fue crear, en 1921, un Consorcio de Receptores (comerciantes) que pactara unos precios de venta del cacao en función de la calidad del producto. La nueva entidad, entendida como un trust, se configuraba alrededor de un pacto de honor entre todos sus miembros, que debían acatar las disposiciones decretadas por dos comisiones: la que clasificaba el cacao en función de su calidad a su llegada a la metrópoli y la que fijaba el precio de venta en función de la situación del mercado 44. El problema de este proyecto es que estaba liderado solamente por los receptores, algunos de los cuales, como hemos dicho anteriormente, no tenían plantaciones en la colonia. Fueron estos y sobre todo las casas comerciales extranjeras The Ambas Bay y Moritz, quienes no cumplieron los preceptos marcados por el Consorcio. De este modo, las acusaciones entre casas receptoras se multiplicaron y la entidad desapareció con apenas un año de vida, víctima de la competencia entre sus miembros.
De los errores cometidos por el Consorcio salió la segunda propuesta. Esta vez su arquitecto fue Joaquim Rodríguez Barrera. Su perfil económico resulta interesante para comprender el alcance del nuevo organismo. Rodríguez Barrera, aunque no figuraba entre los mayores terratenientes, poseía plantaciones que superaban las 200 hectáreas. Figuraba también entre los receptores de cacao del puerto de Barcelona, sin ser de los principales. Este perfil de comerciante-terrateniente hacía pensar a Rodríguez Barrera que el problema principal que afectaba al cacao fernandino solo se superaría de dos modos: creando una nueva entidad que agrupara a todos los terratenientes y que contara con el beneplácito de los comerciantes, y emprendiendo medidas concretas para que la calidad del cacao fernandino aumentara y fuera más competitivo, tanto en el mercado español como en el extranjero 45.
Después de distintas conversaciones con los principales actores económicos de la isla y la metrópoli, la nueva entidad nació a finales de 1923 bajo el nombre de la Unión de Agricultores de Fernando Poo (de ahora en adelante, la Unión). Su novedad respeto al Consorcio de Receptores (del que copiaba la clasificación de clases de cacao y de precios) fue que quien determinaba que la producción quedaba sujeta a los preceptos de la nueva entidad no era el comerciante (receptor), sino el terrateniente (agricultor). Así, Rodríguez Barrera la presentó la Unión no como un trust, sino como un auténtico sindicato agrícola. La Unión nació bajo la protección y promoción de la Delegación de la Cámara, presidida por Antonio Pérez, con la que compartía sede social.
Sin lugar a dudas, durante los primeros años de su existencia, la Unión consiguió, paulatinamente, controlar y estabilizar el mercado del cacao guineano. Bajo su protección, la agricultura cacaotera entró en sus felices años veinte. Como se observa en el cuadro 5, la Unión fue capaz de controlar un alto porcentaje de la producción de cacao de la isla, elemento imprescindible para que sus propuestas de cotizaciones fueran realmente efectivas. Asimismo, como muestra el gráfico 3, su empeño para promover mejoras en las plantaciones de Fernando Poo surgió efecto y, por primera vez, las importaciones de cacao procedentes de los territorios guineanos
Cuadro 5
Importación de cacao adscrita a la Unión de Agricultores
y evolución de las cotizaciones fijadas por la misma (1923-1931) 46
|
Años |
Importación total |
Importación adscrita a la Unión (Toneladas) |
Porcentaje |
Cotización máxima (ptas./kg.) |
|
1923-1924 |
6.387 |
5.015 |
78,51 |
4,27 |
|
1924-1925 |
6.039 |
4.604 |
76,24 |
4,27 |
|
1925-1926 |
6.304 |
4.504 |
71,44 |
3,93 |
|
1926-1927 |
6.328 |
4.599 |
72,68 |
4,15 |
|
1927-1928 |
7.855 |
5.152 |
65,58 |
3,85 |
|
1928-1929 |
7.516 |
5.060 |
67,32 |
3,75 |
|
1929-1930 |
9.275 |
6.970 |
75,14 |
3,90 |
|
1930-1931 |
8.195 |
6.086 |
74,27 |
4,00 |
Fuente: Elaboración propia a partir de la Memoria de los trabajos llevados a cabo por la Junta de Gobierno de la Unión de Agricultores de la Guinea Española, 1923-1924 y 1930-1931.
superaron a las de procedencia extranjera (latinoamericanas, principalmente).
La Unión y la Delegación de Barcelona (lideradas por el tándem Joaquim Rodríguez y Antonio López) mantuvieron unas excelentes relaciones con las nuevas autoridades coloniales salidas del golpe de Estado de septiembre de 1923. La creación de la Delegación General de Marruecos y Colonias (DGMC) en 1926 y el establecimiento, una vez pacificado Marruecos después de la victoria de Annual, de un presupuesto extraordinario de 22 millones de pesetas ejemplificaron el cambio de etapa. Aunque el desarrollo de las infraestructuras sanitarias y de comunicaciones no fue al final tan espectacular ni rápido como se esperaba, se registró un aumento de las peticiones de concesiones de tierras, principalmente para establecer explotaciones forestales en la zona de Río Muni. En Fernando Poo, aunque estas fueron más moderadas, entre 1923 y 1929 se otorgaron 23.000 nuevas hectáreas, más del doble que en el periodo 1909-1923 47.
Gráfico 3
Importaciones de cacao en España según procedencia,
1917-1930 (toneladas) 48

Fuente: Elaboración propia a partir de La Voz de Fernando Poo, núm. 421, octubre de 1931, p. 10.
Sin embargo, estas concesiones no fueron a parar, como a principios de siglo, a manos catalanas, sino que mayoritariamente fueron asignadas a empresas madrileñas, como Veiga y Avendaño, o la Compañía Colonial de África, que compró las plantaciones de una Compañía Trasatlántica en retirada, y vascas, como la Compañía Agrícola Industrial de Fernando Poo (CAIFER) e Izaguirre y Compañía. Aunque también ampliaron notablemente sus plantaciones los hermanos Mallo o el gallego Eloy Estrada. La ampliación de la superficie cultivada, como muestra el cuadro 6, afianzó a los terratenientes españoles por encima de los propietarios fernandinos, que redujeron notablemente su protagonismo.
Cuadro 6
Comparación de las plantaciones superiores a les 100 hectáreas
según nacionalidad (1911-1928)
|
Terratenientes |
1911 |
1928 |
||||
|
Número |
Hectáreas |
Porcentaje |
Número |
Hectáreas |
Porcentaje |
|
|
Españoles |
11 |
3.287 |
37,1 |
36 |
10.802 |
60,9 |
|
Portugueses |
2 |
857 |
9,7 |
8 |
4.165 |
23,5 |
|
Fernandinos |
10 |
3.468 |
39,1 |
6 |
1.770 |
10,0 |
|
Alemanes |
1 |
705 |
8,0 |
3 |
986 |
5,5 |
|
Ingleses |
2 |
540 |
6,1 |
0 |
0 |
0 |
|
Total |
26 |
8.857 |
100 |
53 |
17.723 |
100 |
Fuente: Elaboración propia a partir de «Lista general de fincas rústicas puestas al cobro», 1911, y «Relación de declaraciones juradas», 1928, ANC, caja 12.
Estos cambios en la propiedad de la tierra también acabaron generando dos procesos relevantes. En primer lugar, la producción de cacao ascendió a un ritmo más rápido que el consumo español. Aunque el cacao guineano seguía desplazando al que procedía de Latinoamérica, la mayor calidad de este hacía imposible sustituirlo del todo. De este modo, las discusiones sobre el cupo volvieron a surgir con fuerza y los nuevos terratenientes acusaron al lobby barcelonés de la Unión y de la Delegación de defender visiones extremadamente proteccionistas y limitadoras. La tensión entre estos dos sectores tuvo su punto álgido entre 1929 y 1930, cuando el sector vasco y madrileño se apoderó del control de la Cámara en Santa Isabel (después de unas elecciones que la Unión consideró fraudulentas) y trasladaron la Delegación de Barcelona a Madrid. Desde allí trabajaron para ampliar el cupo y debilitar la Unión, que poco a poco fue perdiendo el control del mercado de cacao. Si en 1923-1924 llegaba a Barcelona el 74,2 por 100 del cacao de la colonia, nueve años después la proporción se había reducido al 54,9 por 100. En las mismas fechas, la llegada a los principales puertos del norte (San Sebastián, Bilbao, Santander, Gijón y La Coruña) ascendía del 23,4 al 36,4 por 100 49.
Así, a principios de la década de 1930 el lobby colonial quedó dividido en dos claros sectores enfrentados: el barcelonés, identificado con la Unión y partidario de la protección de un cupo limitado, y las grandes compañías madrileñas y vascas, que dominaban la Cámara (y la Delegación de Madrid), defensoras de un aumento sustancial de las exportaciones a través de un cupo más elevado, confiando en que el mercado español podría absorberlas. Para contrarrestar el poder de la Unión, este sector potenció la creación, en 1934, de una nueva entidad, el Sindicato Agrícola Colonial Español (SACE), con sede en Madrid y que en líneas generales pretendía sustituir las funciones de la Unión, fijando precios y calidades al cacao que llegaba a los puertos del norte 50.
Sin embargo, estos dos sectores (Cámara y Unión) rápidamente tuvieron que plantear una tregua en su pugna, debido a la llegada de la tercera crisis del cacao. Como apuntábamos anteriormente, la ampliación de las plantaciones durante la década de 1920 hizo crecer de forma desmesurada la producción unos años después, pasando de 6.000 a 14.000 toneladas entre 1925 y 1935. Aunque en los últimos años de la década de 1920 las autoridades coloniales alertaron de los peligros de centrar todo el desarrollo agrícola en el cultivo de cacao e intentaron potenciar nuevos productos tropicales (principalmente el café, pero también el banano, la vainilla o el caucho) ninguno de ellos llegó a prosperar 51. Asimismo, aunque después de la Primera Guerra Mundial una parte de la producción pudo ser vendida en Alemania, que había perdido sus colonias, los beneficios de estas exportaciones eran mínimos debido a la baja cotización del cacao guineano fuera del mercado metropolitano.
Por este motivo, tanto la Unión como la Cámara decidieron unir sus esfuerzos para fomentar el aumento del consumo nacional de cacao. Este objetivo pasaba inevitablemente por presionar al sector chocolatero para que incrementara la proporción de cacao en sus mezclas para elaborar chocolate. De hecho, la lucha entre estos dos sectores no era nueva, porque la legislación española sobre la fabricación del chocolate había tendido a proteger los intereses de los chocolateros. Así, mientras en la mayoría de países la composición mínima de cacao para elaborar chocolate era del 30 o 35 por 100, en España este porcentaje no superaba el 18 por 100, a la vez que se facilitaba su adulteración con productos grasos y harinas feculentas, dando lugar al conocido como «chocolate familiar». La Voz de Fernando Poo no se cansó de denunciar que el chocolate español era el de peor calidad de toda Europa y que la adulteración del producto llegaba a tal nivel (utilizando productos no alimenticios) que podía generar un serio problema de salud pública 52.
Ante la crisis de sobreproducción que azotaba la agricultura colonial, el enfrentamiento entre terratenientes y comerciantes, por un lado, y fabricantes de chocolate, por el otro, estaba servido. Así, los primeros unieron todos sus esfuerzos en trabajar para cambiar la legislación del chocolate y homologarlo al europeo. Enfrente los chocolateros de la AFCE, con el apoyo de múltiples cámaras de comercio españolas, exigían que cualquier modificación de la legislación tenía que ir estrechamente ligada a una rebaja del precio del cacao, que, desde su punto de vista, solo se conseguiría con el aumento del cupo hasta el total de la producción de cacao de la colonia. Al mismo tiempo, los fabricantes de chocolate denunciaban que, en los últimos años, las autoridades españolas habían aumentado el margen arancelario que protegía el cacao guineano en comparación con el extranjero, hecho que permitía tanto a la Unión como al SACE establecer unas cotizaciones extremadamente altas 53.
Por su parte, comerciantes y terratenientes, aunque habían divergido sobre la cantidad del cupo, entendían que la liberalización total del mercado que exigía la AFCE significaría una devaluación excesiva del cacao y la desaparición de la mayoría de terratenientes. Argumentaban que la deficiencia del chocolate español solo podía solucionarse con un aumento del porcentaje del cacao que, de paso, alejaría el fantasma de la sobreproducción 54.
Es interesante resaltar que el problema de sobreproducción no era solo patrimonio de los territorios guineanos, sino que a partir de 1931-1932 afectó a gran parte de las colonias africanas. Hay que recordar que los azotes de la Gran Depresión iniciada en Estados Unidos en 1929 llegaron con fuerza al viejo continente, con una contracción general del consumo que, lógicamente, también afectó al sector chocolatero.
En 1932, a petición de la mayoría de países productores de cacao, se celebró una serie de conferencias internacionales (auspiciadas por Bélgica) con el objetivo de solucionar la crisis. No obstante, no se llegó a grandes acuerdos más allá de aunar esfuerzos para promocionar el consumo de chocolate. En el caso español, tanto la Unión y la Cámara como la AFCE participaron en algunos de estos encuentros, sin que llegaran a coordinar acción alguna. De hecho, la propaganda alrededor del chocolate ya causó importantes conflictos debido a que la Unión y la Cámara solicitaron al Gobierno que se prohibiera el regalo de cromos en los envoltorios, aludiendo a que había que promocionar el chocolate por su calidad y no mediante regalos 55.
Entre 1933 y 1934, la lucha se decantó a favor del sector chocolatero, consiguiendo situar el cupo en 11.000 toneladas, muy por encima del consumo interno que apenas superaba las 9.000. Inmediatamente, las cotizaciones de cacao volvieron bajar sustancialmente y a principios de 1935 tanto la prensa nacional como la colonial anunciaban la ruina absoluta de la agricultura cacaotera. Existían más de 3.000 toneladas de cacao sin vender en los puertos españoles y las cotizaciones se acercaban peligrosamente a las 3 pesetas por kilo.
La Inspección General de Colonias (adaptación republicana de la DGMC creada por Primo de Rivera) intentó mediar entre los dos sectores, convocando en Madrid unas conferencias nacionales sobre el cacao y el chocolate. Aunque el lobby guineano participó activamente, intentando demostrar que un aumento del cacao en la elaboración del chocolate no tenía por qué significar una reducción sustancial de ventas (aduciendo que la diferencia final de precio era mínima), la AFCE se mantuvo también en su postura y las conferencias terminaron sin ningún acuerdo 56.
Sin embargo, la Unión tenía preparada una última bala en la recámara. Desvirtuada como estaba su tarea de fijación de precios, que había casi desaparecido, más aún tras la creación del SACE, se dedicó a elaborar un plan para crear una entidad sindical que, controlada por el Gobierno, autorizara las ventas sobre unos precios mínimos. Al no aceptar la Inspección General de Colonias esta iniciativa, la Unión buscó la protección del Ministerio de Industria y Comercio. Esta vez las negociaciones directas llevadas a cabo por el abogado Josep Maria Boada, gerente de La Vigatana y secretario de la Unión, alcanzaron el éxito. Así, en septiembre de 1935 se creaba el Comité Sindical del Cacao, una entidad que obligaba a la sindicación de todos los terratenientes y comerciantes de cacao bajo la presidencia del secretario del ministro de Industria y Comercio. La nueva entidad debía establecerse en Barcelona y la Unión puso a su disposición sus locales en el Paseo Colón 57.
Aunque debemos considerar la creación del Comité Sindical del Cacao como uno de los grandes logros de la Unión y del lobby guineano, esta victoria fue extremadamente efímera. Si bien las cotizaciones se recuperaron y se situaron cerca de las 4 pesetas por kilo, su actividad contó con dos escollos principales. El primero fue el boicot de los chocolateros, que durante unos meses se negaron a comprar cacao procedente de Fernando Poo. El segundo, la incapacidad real de las autoridades republicanas para controlar las ventas en todos los puertos españoles. Finalmente, el estallido de la Guerra Civil bloqueó el comercio de cacao, pues Barcelona y el País Vasco quedaron en zona republicana y los territorios guineanos pasaron pronto al dominio de los nacionales, con lo que la actividad del Comité Sindical del Cacao se paralizó.
Después del conflicto, el lobby cacaotero intentó reorganizarse, pero las nuevas coordenadas políticas y económicas del franquismo limitaron en gran medida su acción. La Unión se convirtió en La Casa de la Guinea Española (con un perfil más social que económico) y la Cámara y el Comité Sindical del Cacao pasaron a estar controlados estrictamente por el nuevo régimen. Terminaba, de este modo tan incierto, un periodo de desarrollo y consolidación de la agricultura colonial marcado por las crisis recurrentes del monocultivo del cacao y los enfrentamientos constantes entre sus protagonistas. Sin embargo, con el permiso de la madera, explotada en la zona de Río Muni, el cacao se mantendría hasta la independencia de Guinea Ecuatorial (1968) como la principal actividad económica. No obstante, la evolución de la economía cacaotera durante el franquismo merece, sin duda, un trabajo aparte.
A tenor de lo expuesto, podemos concluir que la evolución económica de Fernando Poo durante el periodo estudiado (1880-1936) transitó estrechamente ligada al monocultivo del cacao. Un producto que, aunque en un inicio fue controlado mayoritariamente por la comunidad fernandina, a partir de 1890 estimuló la llegada de capitales procedentes de la metrópoli, destacando entre estos los de procedencia catalana, mayoritarios hasta la década de 1920.
Sin embargo, el desarrollo de la economía cacaotera fue lenta y se vio frenada por una serie de crisis que entorpecieron su expansión. Entre los principales obstáculos destacan la escasa capitalización de buena parte de los terratenientes, la constante falta de trabajadores para nutrir las plantaciones, un marco arancelario desfavorable hasta que en 1910 se protegió el cacao guineano o la rivalidad comercial, que constantemente devaluaba las cotizaciones ante la limitada capacidad de consumo español. Estas circunstancias obligaron a los principales terratenientes y comerciantes coloniales a crear organizaciones de defensa para intentar incidir en las políticas coloniales y generar mecanismo de actuación conjunta.
Estas organizaciones, que acabaron por desarrollar un africanismo guineano de corte empresarial, tuvieron su máximo exponente en la Cámara Agrícola de Fernando Poo, el Comité de la Cámara (establecido en Barcelona) y, posteriormente, la Unión de Agricultores de la Guinea Española, con sede también en la Ciudad Condal. Aunque estas entidades consiguieron éxitos relevantes, no pudieron escapar de ciertas dificultades, tanto internas (lucha por el control de las propias organizaciones) como externas (incapacidad de sobreponerse a la crisis de sobreproducción que azotó la isla en la década de 1930). En este aspecto, el duro enfrentamiento entre terratenientes y comerciantes coloniales, por un lado, y los fabricantes de chocolates, por el otro, son un claro reflejo de los límites del negocio del cacao en Fernando Poo.
1 María Dolores García Cantús: Fernando Poo: una aventura colonial española, vol. I, Las islas en litigio: entre la esclavitud y el abolicionismo (1777-1846), Vic, Ceiba, 2006, pp. 7-14.
2 Ibrahim K. Sundiata: From a Slaving to Neoslavery. The Bight of Biafra and Fernando Poo in the Era of Abolition, 1827-1930, Madison, The University of Wisconsin Press, 1996, p. 41.
3 Amador Martín del Molino: La ciudad de Clarence. Primeros años de la actual ciudad de Malabo, capital de Guinea Ecuatorial (1827-1859), Malabo, Centro Cultural Hispano-Guineano, 1993, pp. 87-88.
4 Ibid., p. 94, e Ibrahim Sundiata: From a Slaving to Neoslavery..., p. 57.
5 Mariano de Castro y María Luisa de la Calle: La colonización española en Guinea Ecuatorial (1858-1900), Vic, Ceiba, 2007, pp. 143-149.
6 Francesc Cabana: La burgesia catalana. Una aproximació històrica, Barcelona, Proa, 1996, p. 52.
7 Juan José Díaz Matarranz: De la trata de negros al cultivo del cacao. Evolución del modelo colonial español en Guinea Ecuatorial de 1878 a 1914, Barcelona, Ceiba, 2005, p. 49.
8 Mariano de Castro y María Luisa de la Calle: Origen de la colonización española en Guinea Ecuatorial (1777-1860), Valladolid, Biblioteca General Universitaria, pp. 192-206.
9 «Estado del movimiento de los buques habido en este Puerto durante el mes de la fecha» (1861 y 1880), Archivo General de la Administración (en adelante, AGA), caja 81/6967.
10 Ibid., pp. 142-143.
11 Juan José Díaz Matarranz: De la trata de negros al cultivo del cacao..., p. 77.
12 Ricardo Beltrán y Rózpide: La Guinea Española, Madrid, Gallach, 1901, p. 123.
13 José Muñoz: Tres años en Fernando Poo: viaje a África, Madrid, Urbano Manini, p. 122.
14 Jaime Nosti: Agricultura de Guinea. Promesa para España, Madrid, Instituto de Estudios Africanos, 1948, pp. 48-49, e Ibrahim Sundiata: From a Slaving to Neoslavery..., p. 111.
15 Sophie de Coer y Michael de Coer: The True History of Chocolate, Londres, Thamesand Hudson, 1996, p. 250, y William Gervase Clarence Smith: Cocoa and chocolate, 1765-1914, Londres, Routledge, 2000, pp. 19-22.
16 Cabe recordar que en 1884-1885 se celebró la Conferencia de Berlín, donde las principales potencias europeas presentaron sus objetivos imperiales para evitar un conflicto en la carrera imperial africana.
17 La Voz de Fernando Poo, 15 de enero de 1914, p. 9.
18 Jordi Sant Gisbert: «La Barcelona del cacau i la xocolata», Premi de la Societat Económica Barcelonesa d’Amics del País, 2014.
19 Resúmenes mensuales de la estadística de comercio exterior de España, 1920, Barcelona, Biblioteca Nacional de Catalunya, p. 146.
20 Ibrahim Sundiata: From a Slaving to Neoslavery..., pp. 92-93.
21 Fernando Ballano Gonzalo: Aquel negrito del África tropical. El colonialismo español en Guinea (1778-1968), Madrid, Sial, 2014, p. 121.
22 Martín Rodrigo: «Una avanzadilla española en África: el grupo empresarial Comillas», en Eloy Martín Corrales: Marruecos y el colonialismo español (1859-1912): de la guerra de África a la «penetración pacífica», Barcelona, Bellaterra, 2002, pp. 144-145.
23 Mutua General de Seguros 1907-1982, revista conmemorativa del 75 aniversario de la entidad, 1982, p. 9.
24 Juan José Díaz Matarranz: De la trata de negros al cultivo del cacao..., pp. 101-102.
25 Anna Vicens: Ganxons a Guinea Equatorial (2012), documental sobre las historias de las familias de Sant Feliu de Guíxols que emigraron a la Guinea española, Arxiu Municipal de Sant Feliu de Guíxols.
26 «Los territorios del Golfo de Guinea vistos por un colono al terminar el año 1934», AGA, fondo I, Organismos centrales de la Administración Colonial, caja 81/12427.
27 José María Brunet, José Coscubiela y José María Mur: Guinea en Patués. De los bueyes del Valle de Benasque al cacao de Fernando Poo, Huesca, Diputación de Huesca, p. 54.
28 La Voz de Fernando Poo, 10 de marzo de 1922, p. 7.
29 William Gervase Clarence Smith: «African and European Producers on Fernando Poo, 1880’s to 1910», Journal of African History, 35 (1994), pp. 179-199.
30 «Fernando Poo. Estado actual y porvenir de la colonia», AGA, caja 81/6413.
31 Federico Montaldo: Fernando Póo, observaciones médicas e higiénicas, Madrid, Impr. Celestino Apaolaza, 1898, p. 18.
32 «Resumen por años de los saldos que arrojan los desembolsos con sus intereses y los ingresos de una supuesta plantación de cacao de 50 hectáreas de terreno virgen», AGA, caja 81/6373.
33 Juan José Díaz Matarranz: De la trata de negros al cultivo del cacao..., pp. 200-202.
34 Dolores García Cantús: «“Videantconsules”. El trabajo forzado bubi en la colonia española de Fernando Poo, 1891-1912», en Between Three Continents, Hofstra University, 2009, disponible en http://www.hofstra.edu/pdf/Community/culctr/culctr_guinea040209_VIIIAcantus.pdf.
35 Juan José Díaz Matarranz: De la trata de negros al cultivo del cacao..., pp. 195-196, y Teresa Pereira: «Aspectos marítimo-comerciales del colonialismo español en el Golfo de Guinea (1900-1930)», en II Aula Canarias y el Noroeste de Africa (1986), Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1988, pp. 247-272.
36 «Información del Comité de la Cámara Agrícola de Fernando Poo en Barcelona» (1908), AGA, caja 81/6410.
37 Memorias de los congresos africanistas, Barcelona, Impr. España en África, 1907, 1908, 1909 y 1910.
38 Relación de los trabajos realizados por la Comisión del Comité de Barcelona en Madrid en el mes de febrero de 1910 en defensa de los intereses agrícolas de las posesiones españolas del Golfo de Guinea en el África Occidental, Barcelona, Comité de la Cámara Agrícola de Fernando Poo de Barcelona, 1910.
39 Juan José Díaz Matarranz: De la trata de negros al cultivo del cacao..., p. 205.
40 «Precios por kilogramo fijados para la venta del cacao de Fernando Poo y Guinea Continental Española en las fechas que se indican», Arxiu Nacional de Catalunya (en adelante, ANC), Fondo de la Casa de la Guinea Española, caja 5.
41 La Voz de Fernando Poo, 1 de agosto de 1912, p. 8.
42 «Instancias sobre el cupo», AGA, caja 81/6373.
43 «Correspondencia remitida a la Cámara Agrícola Oficial de Fernando Poo desde 1923 hasta 1929» (15 de junio de 1926), ANC, caja 12.
44 «Consorcio de los productores y receptores de cacao de Fernando Poo y demás territorios del Golfo de Guinea. Documento Convenio» (30 de diciembre de 1921), ANC, caja 5.
45 «Bases para la constitución de la Unión» (26 de enero de 1923), ANC, caja 11/37.
46 La Unión de Agricultores actuaba según el llamado «año agrícola», que se iniciaba en octubre con la cosecha de cacao.
47 «Estadística de los terrenos concedidos a título provisional y definitivo, enclavados en la Isla de Fernando Poo, a partir del año 1909 hasta el 31 de marzo del año 1930, ambos inclusive», ANC, caja 15.
48 Se utiliza el término «guineanos» en vez de Fernando Poo porque una pequeña parte del cacao importado a partir de la década de 1920, llamado Bata, procedía de Río Muni, siendo el de peor calidad y categoría.
49 La Voz de Fernando Poo, agosto de 1933, p. 21, y Memoria de los trabajos llevados a cabo por la Junta de Gobierno de la Unión de Agricultores de la Guinea Española, 1932-1933.
50 «Estatutos del Sindicato Agrícola Colonial Español», ANC, caja 6.
51 «Informe de la Delegación General de Marruecos y Colonias sobre el peligro del monocultivo del cacao» (1929), AGA, caja 81/6413.
52 La Voz de Fernando Poo, 1 de febrero de 1914, pp. 1-3.
53 «Instancia de la Asociación de Fabricantes de Chocolate de España al Consejo de Ministros» (2 de abril de 1934), AGA, caja 81/6861.
54 La Voz de Fernando Poo, marzo de 1935, p. 4.
55 Cartas de la Unión a la Inspección General de Colonias (3 y 27 de abril de 1935) y de Joaquín Rodríguez Barrera al Ministerio de Trabajo y Sanidad (27 de abril de 1935), AGA, caja 81/6861.
56 «Conferencia del cacao y el chocolate. Acta de la Primera Sesión» (12 de septiembre de 1935), AGA, caja 81/6861.
57 Agustín Miranda Junco: Leyes Coloniales, Madrid, Impr. Sucesores de Rivadeneyra, 1945, norma 1394.