Ayer 127/2022 (3): 193-217
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/891
Alberto Pena Rodríguez
Recibido: 06-09-2019 | Aceptado: 22-01-2020 | Publicado on-line: 17-06-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

«El país más feliz de Europa». La recepción de la Guerra Civil española en Portugal

Alberto Pena Rodríguez *

Universidad de Vigo
alberto@uvigo.es

Resumen: Entre 1936 y 1939, Portugal temió el contagio revolucionario de la España republicana, cuyo Gobierno del Frente Popular representaba un peligroso elemento desestabilizador para la dictadura portuguesa, pues era visto como un aliado del comunismo internacional. El apoyo de Salazar a los militares sublevados contra el Gobierno de Madrid durante la Guerra Civil española transformó el territorio portugués en la retaguardia franquista, inmerso en un ambiente de miedo, agitación y movilización anticomunista, fomentado por el régimen para reprimir a la oposición, mientras su propaganda comparaba, cínicamente, la hoguera española con el «remanso de paz» portugués.

Palabras clave: Portugal, Guerra Civil española, propaganda, salazarismo, franquismo.

Abstract: Between 1936 and 1939, Portugal feared the revolutionary contagion of Republican Spain whose Popular Front government, viewed as an ally of international communism, represented a dangerous destabilizing element for the Portuguese dictatorship. Salazar supported the military uprising against the Madrid government during the Spanish Civil War, turning the Portuguese territory became a Francoist rearguard. The regime fostered an environment of fear, agitation and anti-communist mobilization to repress the opposition. Salazar’s propaganda cynically compared the Spanish bonfire with the Portuguese «haven of peace».

Keywords: Portugal, Spanish Civil War, propaganda, Salazarism, Francoism.

Introducción

En los momentos previos al inicio de la Guerra Civil española, las relaciones luso-españolas eran tensas y basadas en la desconfianza, agravadas en muchos casos por una recíproca campaña de propaganda que pretendía deslegitimar el modelo político del otro país ibérico 1. La prensa de ambos países peninsulares fue utilizada por los respectivos gobiernos para atacarse con el objetivo de fomentar movimientos contestatarios en el territorio enemigo que pudiesen favorecer la desestabilización política y servir como detonante para derribar al Gobierno oponente. El sistema republicano español era una fuente de inspiración política y de movilización social contra la dictadura para el movimiento de oposición portugués, que deseaba reinstaurar el sistema republicano inaugurado el 5 de octubre de 1910. Mientras el español era un modelo republicano con una Constitución demócrata-liberal instaurado el 14 de abril de 1931, el portugués era un régimen autoritario nacido en 1926 de un golpe militar. Este había sido refundado por Salazar, inspirado por el fascismo corporativo italiano bajo la denominación de Estado Novo, con un discurso profundamente nacionalista que se adornaba con un retórica imperialista y revisionista de la historia de Portugal 2. Había, pues, una mutua desconfianza entre los dos Estados ibéricos 3, acentuada por un cierto desdén del Gobierno republicano español hacia el país vecino alentado por un nuevo movimiento iberista, que alimentó los recelos del lado portugués y potenció un discurso antiespañol desde algunas instancias de su poder político 4.

Esta falta de complementariedad política e ideológica entre los Estados ibéricos provocó un mutuo deseo de cambio de rumbo político, como se ha explicado en la literatura científica sobre la historia de las relaciones ibéricas 5. De hecho, el Gobierno salazarista estimuló una visceral campaña de propaganda contra la Segunda República española, especialmente a partir de la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936, que para Salazar representaba los intereses de la Internacional Comunista 6. Por esta razón fundamental, el principal leit-motiv propagandístico del régimen portugués en este periodo fue el miedo a un renacido perigo espanhol (peligro español), el atávico miedo al imperialismo castellano, esta vez alegóricamente identificado con la amenaza potencial de una invasión del denominado perigo vermelho (peligro rojo) 7, con el que se relacionaba al Gobierno español y con el que se relacionaría a los defensores de la República española durante la Guerra Civil, lo que permitió al régimen exacerbar el sentimiento nacionalista, muy presente en las informaciones y artículos de fondo de los medios de comunicación portugueses 8. Así, tanto para garantizar su supervivencia política como por razones ideológicas, Salazar deseaba ver a España dentro de la órbita donde se encuadraba el Estado Novo portugués, la de los países europeos con regímenes autoritarios y nacionalistas, con estructuras de poder corporativas y fuertes liderazgos 9.

El ambiente hostil hacia el Gobierno de Madrid fue aprovechado por el general José Sanjurjo, uno de los líderes de la rebelión, quien, desde su exilio en Portugal, colaboró con los preparativos del alzamiento militar, con la aquiescencia y el apoyo implícito de la dictadura lusa 10. La ayuda portuguesa, más que militar, fue sobre todo de naturaleza política, diplomática y propagandística, con continuas campañas de desinformación para favorecer al bando sublevado. Pero fue esencial, pues sin ella, como se ha mostrado en otras investigaciones, los militares insurgentes liderados por el general Franco habrían tenido no pocas dificultades para ganar la guerra 11. El rol de Portugal fue particularmente significativo dentro del Comité Internacional de No Intervención (el Comité de Londres) y otros foros políticos internacionales como la Sociedad de Naciones 12. Esta alianza entre el franquismo y el salazarismo 13, basada en el dualismo y la solidaridad peninsular, sirvió para superar los atavismos del viejo iberismo y consolidar así ambos movimientos autoritarios en la esfera de sus coincidencias ideológicas antiliberales, antirrepublicanas, tradicionalistas, nacional-católicas y de ambición imperialista, dentro de una estrategia de legitimación mutua que forjó una resignificación de las relaciones ibéricas 14.

La pertinaz resistencia portuguesa a la fiscalización de sus fronteras nacionales y peninsulares permitió a Franco contar durante toda la guerra con el territorio luso como segura retaguardia 15. A través de la raya hispano-lusa recibió abundante armamento y combatientes extranjeros, entre ellos más de ocho mil soldados portugueses, los llamados «viriatos», que lucharon integrados en diferentes batallones militares del ejército sublevado 16. La implicación salazarista en el conflicto provocó enfrentamientos diplomáticos y políticos entre Portugal y terceros países, que acusaban a Salazar de estar al servicio de la causa insurgente contra el Gobierno legal español 17. En este contexto, la prensa portuguesa sirvió para legitimar las políticas del Gobierno luso y actuar en defensa de los intereses franquistas en el exterior. Los periódicos diarios más influyentes de Lisboa, entre los que se encontraban el órgano oficial del régimen, el Diário da Manhã, se convirtieron en una eficaz plataforma mediática desde la que se promovieron campañas de comunicación que mejoraron la imagen externa de Franco y perjudicaron los intereses del régimen democrático español 18.

Mediante una metodología basada en técnicas cualitativas y de análisis de contenido, este trabajo pretende explorar la recepción de la Guerra Civil española en Portugal durante los momentos posteriores al estallido del conflicto desde una perspectiva holística centrada en la propaganda, prestando especial atención a las estrategias para agitar y movilizar a la sociedad portuguesa. Con el objetivo de aproximarse a las causas y consecuencias del comportamiento político del régimen salazarista y sus medios de comunicación social en este periodo histórico, se utilizan fuentes hemerográficas y fondos documentales diplomáticos, así como bibliografía especializada. La aproximación se basa en un marco teórico de análisis que concibe la propaganda como un modelo de comunicación persuasiva utilizado por emisores institucionales o líderes con significación o legitimidad política y simbólica, sirviéndose de técnicas y medios de comunicación diversos para difundir mensajes políticos de forma planificada entre determinados grupos de receptores con el objetivo de influir, ganar o conservar el poder 19.

En el contexto del objeto de estudio, la propaganda salazarista intentó que los portugueses asimilaran y asumieran la estrategia política ultranacionalista del régimen, que se apropiaba del pasado glorioso de Portugal. El fin último era legitimar el liderazgo de Salazar 20, presentado este como la encarnación de una nueva época de esplendor, algo que quedaba reflejado en la paradigmática campaña «Portugal não é um País Pequeno» 21. Durante la guerra española, como se verá a continuación, la propaganda salazarista trató de aglutinar un consenso masivo a favor del golpe militar contra el Gobierno legal de España, dentro de una pugna imaginaria que enfrentaba a Salazar contra el «comunismo» español revolucionario e iberista. La idea era situarlo en un plano heroico de superioridad moral frente a sus enemigos. Como concluyó el editorial del Diário da Manhã al finalizar la contienda: «Salazar luchó sin complejos contra la maldad y la hipocresía de unos y la inconsciencia de otros, por la victoria de la dignidad, de la nobleza y la honra de España» 22.

Miedo al perigo vermelho. La propaganda del salazarismo contra Madrid

Durante los años treinta, el comunismo fue uno de los anatemas fundamentales del salazarismo 23, pues el Estado Novo se atribuyó la función de muro de contención frente a la Internacional Comunista, que supuestamente amenazaba la integridad nacional de Portugal. En el imaginario salazarista, la ideología comunista intentaba socavar las tradiciones y la cultura portuguesa, a la par que era culpable de los desórdenes sociales, de la ignorancia de los pueblos, de fragmentar la unidad familiar o nacional y de pervertir la moral cristiana 24. Así, pues, para el régimen de Salazar, el comunismo era el principal enemigo del país, al que atribuía la mayoría de las protestas sociales y los movimientos de oposición contra el Gobierno 25, estimulando un ambiente de anticomunismo maniqueo que representaba al dictador como un nuevo conquistador al servicio de la nación y el imperio portugués 26.

Poco después de tomar posesión el Gobierno del Frente Popular, el 15 de mayo de 1936 llegó a Portugal el nuevo embajador de España, el historiador Claudio Sánchez-Albornoz 27. A pesar de tener una recepción amigable por parte del Gobierno luso, pronto comenzaron las disonancias diplomáticas y el acoso a sus actividades. Tras el golpe militar del 18 de julio, Claudio Sánchez-Albornoz resistió en Lisboa todo tipo de presiones provenientes de miembros del régimen portugués, de los agentes franquistas y de la prensa lusa para que abandonara su puesto 28. El presidente de la Junta de Defensa Nacional, el general Miguel Cabanellas, le envió un telegrama ordenándole que abandonara la embajada y cediera sus poderes en favor de los representantes rebeldes 29. La mayoría de los funcionarios de los consulados españoles secundaron el golpe militar 30, pero el diplomático permaneció en Lisboa, leal a la República, hasta que las relaciones oficiales fueron suspendidas unilateralmente por Portugal el 23 de octubre de 1936. En sus informes, el embajador español dejó constancia de la estridencia propagandística de la prensa portuguesa, que inició una campaña de desprestigio contra el Gobierno de Madrid 31.

Este clima de alarma mediática y social contra la España republicana sirvió para legitimar la política represiva de la dictadura y su movilización anticomunista, que alcanzaría su efervescencia máxima en las primeras semanas del conflicto 32. En aquel momento se produjo uno de los episodios más paradigmáticos de la reacción de los salazaristas ante los acontecimientos de España: el gran mitin anticomunista de la plaza de toros de Campo Pequeno, en Lisboa, el 28 de agosto de 1936; un acto de masas organizado por el capitán Jorge Botelho Moniz, director del Rádio Club Português y posterior jefe de la Sección de Asistencia a los Combatientes Portugueses en España, que sirvió como detonante para la creación de la milicia del Estado Novo, la Legião Portuguesa 33.

La mayoría de las grandes cabeceras, como el Diário de Notícias, O Século, el Diário de Lisboa, el Diário da Manhã, el diario de tendencia católica A Voz y O Comércio do Porto, se convirtieron en instrumentos de la propaganda contra el Gobierno de Madrid impulsada por el Secretariado de Propaganda Nacional (SPN), dirigido por el escritor modernista António Ferro 34. Salazar achacaba cualquier brote de oposición interna directamente a los manejos de los «comunistas» españoles, como ocurrió el 8 de septiembre de 1936, poco después del inicio de la Guerra Civil, con la revuelta de los marineros en varios buques de guerra lusos, cuya verdadera causa era la reclamación de mejoras salariales y la reincorporación de diecisiete compañeros expulsados de la Marina 35. No obstante, el miedo de Salazar no procedía tanto de la posible infiltración de agentes españoles al servicio del Gobierno español, de la que no hay constancia (algo difícil en un Portugal bajo control de la PVDE) 36, sino sobre todo de la influencia política y revolucionaria del bando leal en los ambientes intelectuales y operarios 37, como quedó plasmado en la determinación de la oposición clandestina para golpear al régimen cuando tuvo oportunidad 38.

Tal y como señalaba Salazar en el comunicado oficial, difundido por la prensa portuguesa con agresivas críticas al Gobierno español 39, «fue posible lanzar en el espíritu de sencillos marinos la idea del auxilio internacional a los “camaradas” rojos, uniendo los barcos propios a los de ellos, gracias a la [...] campaña de los periódicos españoles y folletos portugueses, a la influencia contagiosa de los malos ejemplos» 40. De este modo, el Gobierno portugués aprovechó el incidente para culpar al Gobierno republicano español de exportar la revolución comunista a Portugal. Esta estrategia de miedo al contagio revolucionario alcanzó su paroxismo con la realización de la gran superproducción e icono cinematográfico del salazarismo, A Revolução de Maio (1937), un film propagandístico que exaltaba los logros de la dictadura frente al peligro rojo procedente del exterior 41.

En este contexto, los intelectuales salazaristas expresaron su rechazo explícito al republicanismo ibérico por su supuesta relación con la ideología comunista publicando artículos y manifiestos en la prensa portuguesa o editando obras financiadas, directa o indirectamente, por el SPN 42. Este ambiente favorable a los sublevados españoles fue aprovechado también por intelectuales partidarios del golpe para difundir mensajes que pretendían legitimar la nueva España en el seno de la colonia de inmigrantes españoles en Portugal. El popular escritor español Wenceslao Fernández Flórez, entre otros, impartió conferencias en Lisboa y Oporto para advertir de los peligros del terror rojo español 43.

La preocupación del régimen luso por la influencia comunista se convirtió en una obsesión durante toda la guerra. Por todo el país, había confidentes al servicio del Gobierno que alertaban a la policía política (PVDE) en cuanto percibían alguna señal de propaganda reviralhista (opositora) o favorable al bando republicano español 44. De hecho, durante la guerra, circularon en Portugal algunos periódicos de resistencia antifascista que publicaban llamados a la rebelión contra la dictadura para apoyar a los «hermanos» de España. Cabeceras como Avante, Barricada o Solidariedade, entre otros, atacaron al Gobierno por su apoyo al fascismo español 45. En este ambiente de agitación tras el inicio de los combates en España, el ministro de Comercio e Industria, Pedro Teotónio Pereira, concedió una subvención de 100.000 escudos al organismo corporativo Federação Nacional de Alegria no Trabalho (FNAT), encargado del adoctrinamiento político de los operarios portugueses, al tiempo que advertía a Salazar de que era necesario que los opositores sintieran el «pulso de hierro» del Estado Novo 46. Asimismo, para infundir pavor y forjar un amplio consenso anticomunista, el SPN intentó impresionar gráficamente a la sociedad portuguesa con los «crímenes» del Gobierno de Madrid. A tal efecto, inauguró en su sede una exposición con fotomontajes sobre la supuesta acción genocida de la Internacional Comunista en varios países del mundo 47, cuyo objetivo era evidenciar la fortuna del pueblo portugués que, gracias a Salazar, no sufría la presunta lacra que destruía España 48.

Es importante subrayar que la propaganda de la dictadura salazarista ante el presunto peligro rojo español creó un sustrato ideológico sobre el que galvanizó la legitimación posterior del salazarismo y el franquismo 49, especialmente durante los años cuarenta, cuando la memoria oficial del Estado Novo seguía invocando su contribución a la derrota del comunismo al lado del caudillo español, que viajó a Coimbra para ser distinguido por la universidad de esta ciudad en 1940 50. El imaginario épico del conflicto español funcionó, en cierto sentido, si no como un mito fundacional del régimen luso, sí como una prueba de fuego de su fortaleza y capacidad de supervivencia en la forja del consenso alrededor del liderazgo de Salazar, marcado por su ambición de perpetuación en el poder 51. Así, el espantajo de la guerra, presentada como la consecuencia lógica de los desmanes del comunismo internacional, fue un argumento referencial para invocar los terribles riesgos a los que se podía enfrentar la nación portuguesa si cedía a las demandas democratizadoras de la oposición 52.

El fin de las relaciones luso-españolas y la reacción «patriótica» del salazarismo

El corte de las relaciones diplomáticas entre el Estado Novo y la Segunda República Española sobrevino por una serie de circunstancias derivadas del estallido de la Guerra Civil que fueron recibidas por el Gobierno portugués con una sobreactuación exagerada, tildándolas de ofensas inasumibles contra la nación lusa, a las que la prensa salazarista le concedió una cobertura sensacional. Entre los agravios estaban las quejas sobre una supuesta aprehensión de correspondencia diplomática, un incidente con el buque de guerra portugués Nyassa, supuestas antipatías hacia el cuerpo diplomático portugués acreditado en España y las críticas de Claudio Sánchez-Albornoz hacia el Gobierno del Estado Novo. Pero lo que precipitó oficialmente la ruptura diplomática de Salazar fue la decisión del Gobierno de Madrid de presentar ante el Comité de Londres, a principios de octubre de 1936, pruebas de la intervención portuguesa, alemana e italiana en España 53. El fin de las relaciones venía a confirmar lo que ya parecía evidente: el Gobierno luso deseaba cuanto antes retirar el reconocimiento implícito del derecho legítimo del Gobierno español a defenderse del golpe militar. De este modo, podría actuar con mayor coherencia y contundencia en los foros internacionales en contra de Madrid 54.

La suspensión oficial de relaciones agravó aún más el panorama diplomático de la Segunda República, pues a partir de entonces Portugal pasó a establecer un contacto fluido con el Gobierno rebelde a través de la Representación de la Junta de Burgos en Lisboa 55, que desempeñó un papel trascendental en la contienda 56. Su misión fue crucial para gestionar la compra de armamentos en Portugal y otros países, para reclutar combatientes o para transformar el territorio luso en el gran altavoz de la propaganda franquista hacia el mundo 57. Sus agentes, entre los que destacaban Manuel Falcón 58, monitorizaban el discurso de los medios informativos para evitar comentarios perjudiciales 59, mientras enviaban decenas de comunicados a los periódicos, muchos basados en informaciones falsas o sesgadas. El líder de la CEDA, José María Gil Robles, fue uno de los promotores de la «fabricación» de noticias favorables a los rebeldes. El 21 de agosto de 1936, por ejemplo, envió al director del Diário da Manhã una información falsa sobre la «descarada» intervención de Francia a favor de la Segunda República 60. Además de la sistemática denuncia de la destrucción comunista, los artículos trataban temas como como la preparación de la revolución en Portugal planeada por Azaña, la venta en el extranjero de objetos de arte «robados» por las milicias leales o el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera 61. A veces, los comunicados se remitían al SPN 62 o a Salazar, que se ocupaba personalmente de su difusión 63.

El 18 de octubre de 1936, poco antes de la ruptura oficial entre Portugal y España, el Diário de Notícias hizo un minucioso relato sobre las «miserables campañas del marxismo español contra Portugal» ilustrado con la foto del embajador ruso en Madrid 64. En este se recordaba la conspiración del presidente español, Manuel Azaña, con los exiliados políticos portugueses para «bolchevizar» la Península Ibérica desde la plataforma de la asociación madrileña Amigos de Portugal, instigados, según el diario, por la prensa «marxista» 65. El embajador republicano intentó advertir a la opinión pública de la manipulación informativa, pero los censores del régimen lo silenciaron 66. Varios periódicos portugueses, principalmente el Diário da Manhã, O Século y el Diário de Notícias, así como otras publicaciones de carácter ultranacionalista como Alma Nacional, adoptaron una posición intervencionista, y de hecho fueron ampliamente distribuidas en la zona controlada por el bando insurrecto. Por tanto, la prensa portuguesa no proporcionó únicamente una «cobertura externa» a los franquistas 67, sino que su influencia se extendió al territorio español. En las zonas fronterizas, como por ejemplo en Galicia, las cabeceras portuguesas alcanzaron una enorme popularidad 68. O Século incluso llegó a insertar en sus páginas anuncios publicitarios de comerciantes gallegos junto a reportajes especiales sobre los logros sociales de la Falange Española 69.

La propaganda anticomunista contra el Gobierno español se extendió también a celebraciones y actos populares de homenaje a la política exterior del Estado Novo, a los que la propia prensa daba una oportuna resonancia pública de forma orquestada. Uno de los momentos culminantes de la campaña de agitación y movilización popular fue la gran manifestación «patriótica» el 31 de octubre de 1936, cuyo fin era agradecer al dictador su firmeza frente a España en la defensa de Portugal ante los ataques del «comunismo español» 70. Los manifestantes recorrieron las principales calles de Lisboa en medio de una planificada parafernalia paramilitar, portando pancartas y banderas contra el Gobierno de Madrid. Esta escenificación de las masas representaba tácitamente la aprobación popular a la política de ayuda a los sublevados, pues, según el Diário da Manhã, el pueblo se ponía así «al servicio del Jefe para que este lo guíe y haga del sacrificio de su vida su grandeza y la inmortalidad de la Patria» 71. El dictador afirmó entonces que era su deber preservar la independencia del país frente a las amenazas procedentes del Gobierno español, justificando así su derecho a realizar las «campanhas diplomáticas» contra el Gobierno republicano en Europa 72.

De hecho, Salazar emprendió una ofensiva internacional a favor de la nueva España de Franco, transformando algunas de sus legaciones diplomáticas en plataformas de apoyo a los rebeldes en el exterior 73. Este apoyo era correspondido por el Gobierno de Burgos remitiendo periódicamente al Gobierno portugués informes elaborados por agentes franquistas sobre las intrigas de los exiliados políticos lusos en varios países 74. En el contexto europeo, mientras los periódicos izquierdistas atacaban a Salazar, varias cabeceras conservadoras como Action Française, Le Journal, Le Figaro, L’Echo de Paris o L’Ami du Peuple 75 se alinearon con su política denunciando la ayuda militar de Leon Blum a Madrid 76. Sin embargo, en Gran Bretaña, los reportajes del News Chronicle y The Times sobre la vulneración portuguesa de la política de no intervención derivaron en manifestaciones ante la embajada de Portugal con lemas como «Stop aid to the Spanish fascists» 77.

«El país más feliz de Europa». El Portugal de Salazar durante la guerra española

Durante la guerra de España, al tiempo que se difundían mensajes de alarma anticomunista, la imagen que transmitían los medios de comunicación lusos del Portugal de Salazar era la de un país afortunado, a salvo de la hoguera española gracias a la pericia política del dictador portugués. Este era presentado como un héroe, sabio infalible, redentor del país, alguien de quien todos los portugueses se sentían orgullosos, proyectándolo como el nuevo «descubridor», y situándolo en una línea de continuidad con la era gloriosa de los navegantes exploradores. Su prestigio, según la prensa del régimen, hizo renacer el «espíritu civilizador» de su país en apoyo del general Franco y su cruzada contra la «anti-España» 78.

La constante publicación de noticias y comentarios elogiosos sobre los dos líderes autoritarios ibéricos tenía como objetivo evitar las disidencias internas en el momento más crítico desde la instauración del Estado Novo, en 1933. Cada una de las decisiones políticas de Salazar era una lección, «la lección de Salazar», representado con un cierto halo divino 79. Este discurso mitificador intentaba cohesionar a la sociedad portuguesa en torno a su figura y los principios ideológicos del régimen en un momento de máxima inestabilidad, como explicaba el Diário da Manhã: «Asistimos a una época en la que aquellos que defienden una ideología política de salvación y engrandecimiento nacional necesitan hacer propaganda intensa y continua de sus principios y convicciones, como medio de defensa propia» 80.

El salazarismo se aprovechó de los acontecimientos trágicos de España para resaltar el valor de la obra del Estado Novo, llegando a establecer una relación entre los presuntos éxitos militares y sociales del franquismo y la dictadura portuguesa 81. La propaganda salazarista difundió la idea de que la fortaleza política y económica de Portugal, como retaguardia de los insurgentes españoles, era su garantía de éxito para el triunfo sobre los «comunistas» 82. Según el diario oficial del Estado Novo, Salazar desarrolló una «genial» política internacional, que había permitido a Portugal adoptar la posición más digna y conveniente para su país y para España. De este modo, la imagen de Salazar salió fortalecida tras las acciones más graves contra el Gobierno autoritario luso durante la guerra, como la citada revuelta de los marineros el 8 de septiembre de 1936 o los atentados terroristas contra varias instituciones. De hecho, al día siguiente de aquellos ataques contra las sedes del Rádio Club Português (RCP) la Emissora Nacional (EN), la Cámara de Comercio y la embajada de España, el 20 de enero de 1937, el Diário de Notícias expresó de forma elocuente cuál era el panorama al que se enfrentaba su país: «La Península Ibérica es hoy un campo de batalla y Portugal, quieran o no los cobardes y traidores, constituye ahora la retaguardia de un ejército en campaña» 83.

Según el discurso oficial del salazarismo, los verdaderos agitadores internos eran unos imaginarios (pues el Gobierno nunca aportó pruebas) agentes al servicio del bando republicano que pretendían exportar la guerra a Portugal. En este sentido, el momento más utilizado por el régimen para destacar la figura de Salazar, y acusar al Gobierno de Madrid a nivel propagandístico, fue el atentado con bomba que varios militantes anarquistas cometieron contra él el 4 de julio de 1937 en Lisboa, del que «milagrosamente» salió indemne 84. Con un mensaje de épica nacionalista, la propaganda convirtió al dictador en víctima de una persecución del comunismo internacional, que pretendía derrocarlo, al tiempo que se fraguaba la leyenda de su invulnerabilidad y protección divina 85.

La ayuda de Salazar al ejército sublevado español aumentó también su popularidad y prestigio en medios de comunicación internacionales de tendencia conservadora o afines al fascismo, que alabaron y apoyaron su política exterior. Esta proyección mediática fue destacada por la prensa portuguesa, que alimentó el mito haciéndose eco de noticias de periódicos extranjeros que elogiaban al dictador luso 86. Para el Diário da Manhã, la autoridad política de Salazar tenía un «valor universal» 87, mientras que el Diário de Notícias afirmaba que su perfil político era el de un gobernante con derecho a influir en el destino de Europa 88. En las cabeceras portuguesas también era habitual la reproducción de testimonios de intelectuales o políticos de otros países que emitían algún juicio favorable sobre el líder portugués y su modelo político, como el del historiador francés Pierre Gaxotte, que retrataba a Salazar como uno de los «más profundos pensadores» del momento 89, o el del escultor danés Jean Ganguin, que consideraba a la nación peninsular «el país más feliz de Europa» 90. Para el diario oficial del régimen estos elogios demostraban que el dictador representaba la encarnación de Portugal, «porque cuando habla Salazar, habla Portugal, y cuando Portugal habla lo escuchan» 91.

En este contexto de culto a la personalidad del dictador, Portugal era representado como un país sano en una Europa «enferma» gracias a la acción política del líder del Estado Novo. La prensa portuguesa utilizó el contraste con el drama español para construir una empalagosa retórica de agradecimiento popular a un líder que supuestamente había modernizado Portugal. A este respecto, João Ameal, uno de los ideólogos más influyentes del salazarismo, hizo una descripción paradigmática del momento político que atravesaba su país, afirmando que «mientras España recorre, con gloria amarga la vía dolorosa de la Reconquista, Portugal prosigue su marcha, cada día más feliz y segura, en la vanguardia de las naciones de Europa» 92. En definitiva, el «jefe» portugués era, según el intelectual franquista Eugenio Montes, el ejemplo a seguir por la nueva España del general Franco 93.

La «artillería» de las ondas. La intervención de la radio portuguesa

En el contexto bélico, la radio portuguesa desempeñó una función especialmente relevante, sobre todo como instrumento de guerra psicológica. Su intervención a favor del golpe militar en España hizo de esta un frente de lucha desde el que se elevaba la moral de las tropas insurgentes, se combatía el desconcierto y la desmoralización de los sublevados y se fomentaba la confusión y el desánimo en las líneas enemigas 94. El público ibérico, tanto español como portugués, estuvo sometido a la «guerra de las ondas» que protagonizaron las emisoras españolas y lusas en un intento por captar adeptos para una u otra causa 95. Tanto la estatal EN, dirigida por el capitán Henrique Galvão, como el RCP fueron potentes altavoces de la batalla propagandística contra las emisoras leales al Gobierno de Madrid 96.

El RCP fue, posiblemente, el medio de propaganda más eficaz con el que contaron los rebeldes durante los primeros seis meses del conflicto, cuando todavía carecían de medios de comunicación relevantes 97. No solo fue un altavoz contra Madrid, un espacio de legitimación exterior para el franquismo o un simple instrumento para animar a las tropas sublevadas en algunas batallas especialmente simbólicas, como la resistencia del coronel Moscardó en el Alcázar de Toledo 98; la emisora lusa cubrió en directo el conflicto español y colaboró en la organización de decenas de actos de propaganda en Portugal, siempre con el objetivo de adoctrinar a la sociedad portuguesa sobre los peligros del Frente Popular español 99. En una atmósfera de excitación colectiva, su director, Jorge ­Botelho Moniz, fue uno de los mayores propagandistas a favor de la militarización de la sociedad lusa para impedir el avance «marxista». Así se explica que transformara la sede de la emisora, en Parede, en un centro de alistamiento de voluntarios portugueses para combatir junto al general Franco 100. Gracias a su propaganda se reclutaron decenas de «viriatos» en los banderines de enganche del bando franquista en Portugal 101.

Además de las crónicas bélicas, el RCP emitió programas específicos para combatir el «peligro rojo» como «5 minutos anticomunistas», un espacio diseñado por el SPN, en el que participaban intelectuales y políticos franquistas o salazaristas que atacaban al Gobierno de Madrid 102. Junto a numerosos miembros de la colonia franquista, desde sus micrófonos hicieron propaganda el embajador del Gobierno de Burgos en Lisboa, Nicolás Franco (hermano del caudillo español) 103, y su ministro de Cultura, José María Pemán 104. Tras la insurrección contra el Gobierno de Madrid, el RCP reclutó locutores entre los miembros de la colonia española de Estoril para transmitir en castellano hacia España 105, como Marisabel de la Torre de Colomina o el marqués de Quintanar, Fernando Gallego de Chaves. De hecho, es significativo que, al empezar la guerra, el RCP aumentara su programación considerablemente, hasta las catorce horas diarias, desde las dos de la tarde a las cuatro de la madrugada 106.

En su estrategia de combate, el RCP desmentía con frecuencia los relatos informativos transmitidos por las emisoras republicanas 107, o captaba mensajes telegráficos cifrados de la zona leal a Madrid a través de un servicio de escucha, que posteriormente comunicaba al Gobierno sublevado, como hizo con una de las comunicaciones secretas del ministro republicano de Defensa, Indalecio Prieto 108. Asimismo, revelaba las posiciones del ejército fiel a la Segunda República 109, leía en antena los editoriales favorables a los franquistas en la prensa, comentaba las charlas del general Queipo de Llano desde Radio Sevilla, ponía en contacto a los rebeldes del frente sur con los del norte, era una fuente esencial para la prensa franquista y, a veces, producía interferencias en las emisoras de Madrid transmitiendo en su misma lon­gitud de onda 110.

Mientras el RCP se lanzó al auxilio de los rebeldes, la estatal EN se mostró prudente en los primeros momentos de la guerra. La condición de estación radiofónica «particular» fue la excusa de Salazar para justificar la campaña del RCP ante las quejas del Gobierno republicano 111. En cambio, la EN adoptó las primeras semanas una actitud acorde con la fingida neutralidad del Gobierno portugués en el conflicto y en sintonía con el Acuerdo de No Intervención firmado en septiembre de 1936. No obstante, a medida que el Gobierno rebelde consolidaba sus posiciones, Salazar y la EN dejaron de guardar las formas y la propaganda radiofónica oficial se fue tornando más profranquista.

En un ejercicio de cinismo político, la cadena intentó aparecer ante el mundo en sus emisiones exteriores como una emisora neutral y ante sociedad portuguesa como el azote del comunismo que amenazaba Portugal. De hecho, desde el comienzo de la guerra se iniciaron los contactos entre los agentes rebeldes y la dirección de la EN para constituir un frente de propaganda radiofónica en el país. La ayuda de la EN tuvo incluso un carácter militar, pues el Gobierno de Burgos utilizó sus servicios telegráficos para enviar comunicaciones a sus agentes en el extranjero 112.

En definitiva, durante el transcurso del conflicto, las emisiones radiofónicas se convirtieron en un medio con capacidad de persuasión, agitación y movilización. Los sublevados no solo se sirvieron de ellas para manipular las opiniones públicas portuguesa y española, sino también como un poderoso instrumento de legitimación política internacional y propaganda de guerra en el apoyo de la nueva España de Franco.

Conclusiones

La victoria del Frente Popular en las elecciones españolas de 1936 y su manifiesta incompatibilidad ideológica con la dictadura portuguesa provocaron el temor de Salazar a que el Estado Novo se viese sometido a continuas presiones y desestabilizaciones en el marco ibérico. En un contexto de animadversión mutua, el golpe de Estado en España se presentó como una oportunidad para el instinto de supervivencia del salazarismo, que vio en el bando rebelde español un potencial aliado para consolidar su proyecto político. Al mismo tiempo que la Guerra Civil era observada como una amenaza, servía para justificar políticas más represivas y para construir un discurso mediático que legitimaba su dictadura frente a la tragedia española.

La retórica ultranacionalista de la propaganda salazarista, exacerbada especialmente por la colaboración de las autoridades españolas con los exiliados portugueses, describía al Gobierno republicano como un peón del comunismo internacional, con ambiciones territoriales sobre Portugal, recuperando así el viejo mito del perigo espanhol, convertido ahora en el perigo vermelho. El territorio luso se transformó así en un escenario de agitación y movilización anticomunista, en el que la invocación del peligro rojo español era parte de una retórica nacionalista de tintes épicos, asociada al temor a una invasión comunista, todo lo cual permitió a la dictadura afianzar sus estructuras frente a sus opositores y mitificar la figura de Salazar, mientras fraguaba una nueva alianza ibérica basada en un dualismo solidario entre las dictaduras que intentaba superar el viejo iberismo republicano. En la esfera mediática, la EN y el RCP se transformaron en eficaces instrumentos de persuasión al servicio del bando sublevado, que los utilizó para difundir sus campañas de desinformación y como soportes de comunicación estratégica para incrementar la moral de sus tropas y atacar al enemigo.

Mediante la apelación constante al miedo a un contagio revolucionario, con mensajes que producían desasosiego y comparando su privilegiada situación frente al desastre español, el régimen luso difundía una imagen idílica de Portugal. Para exagerar el contraste, el Gobierno portugués hacía propaganda de su país describiéndolo como un remanso de paz, un lugar donde la gente estaba razonablemente satisfecha, «el país más feliz de Europa», de acuerdo con los reportajes y artículos del Diário da Manhã y otros medios de comunicación controlados por el SPN.

Esta recurrente comparación con el clima bélico español era una forma de presión emocional destinada implícitamente a estimular un sentimiento de gratitud hacia la dictadura por salvaguardar a Portugal y proteger a la sociedad de la guerra. Así lo expresó el intelectual salazarista João Ameal al reconocer en el sufrimiento de España una razón poderosa para comprender el «valor extraordinario» de la supuesta estabilidad y los presuntos beneficios sociales del Estado Novo.


* Esta investigación se enmarca en el proyecto de investigación del Plan Nacional «Los discursos geopolíticos de la Península Ibérica durante las dictaduras de Salazar y Franco: proyectos y realidades de la alianza peninsular y su proyección internacional», Ref. HAR2015-68492-P, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia, Subprograma Estatal de Generación de Conocimiento, Ministerio de Economía y Competitividad de España (2016-2019).

1 César Oliveira: Portugal e a II República de Espanha, Lisboa, Perspectivas e Realidades, s. d. [1985]; Iva Delgado: Portugal e a Guerra Civil de Espanha, Lisboa, Publicações Europa-América, s. d. [1980], pp. 91-92, y Fernando Rosas (ed.): Portugal e a Guerra Civil de Espanha, Lisboa, Elo Artes Gráficas, 1996, pp. 57-61.

2 Para entender el Estado Novo, véanse Fernando Rosas: Salazar e os Fascismos, Lisboa, Tinta da China, 2019; António Costa Pinto: Corporatism and fascism. The corporatist wave in Europe, Londres, Routledge, 2017; íd.: Os camisas azuis e Salazar. Rolão Preto e o fascismo em Portugal, Lisboa, Edições 70, 2015; Luis Reis Torgal: Estado Novo, Estados Novos, Coimbra, Imprensa da Universidade, 2011; Goffredo Adinolfi: Ai confini del fascismo. Propaganda e consenso nel Portogalo salazarista (1932-1944), Milán, Franco Agneli, 2007, o Jorge Pais de Sousa: O fascismo catedrático de Salazar, Coimbra, Imprensa da Universidade, 2011.

3 Sobre las relaciones peninsulares, véanse, entre otros, António Pedro Vicente: Espanha e Portugal: Um olhar sobre as relações peninsulares no séc. xx, Lisboa, Tribuna da História, 2003; César Oliveira: Cem Anos nas Relações Luso-­Espanholas. Política, e Economia, Lisboa, Edições Cosmos, 1995, y José Medeiros Ferreiras: Um Século de Problemas. As Relações Luso-Espanholas, da União Ibérica à Comunidade Europeia, Lisboa, Livros Horizonte, 1989.

4 Véase Hipólito de la Torre Gómez: «El error portugués de la Segunda República», en Ángeles Egido (coord.): La Segunda República y su proyección internacional, Madrid, La Catarata, 2017, pp. 74-106.

5 Véanse, entre otros, Hipólito de la Torre Gómez: La relación peninsular en la antecámara de la Guerra Civil (1931-1936), Mérida, UNED, s. d. [1988]; César Oliveira: Portugal e a II República...; Juan Carlos Jiménez Redondo: Franco y Salazar. La respuesta dictatorial a los desafíos de un mundo en cambio, 1936-1968, Madrid, Sílex, 2019, y Josep Sánchez Cervelló: «Portugal y España: encuentros y ­desencuentros (1640-2002)», Historia y Política: ideas procesos y movimientos sociales, 7 (2002), pp. 267-287.

6 Soledad Gómez de las Heras: «Portugal ante la guerra civil española», Espacio, Tiempo y Forma, Serie V. Historia Contemporánea, 5 (1992), pp. 273-292, y César Oliveira, Portugal e a II República..., pp. 71-77.

7 Juan Carlos Jiménez Redondo: España y Portugal en los siglos xx y xxi. Geopolítica de una vecindad conflictiva, Granada, Comares, 2019, pp. 15-55.

8 Alberto Pena: Salazar, a Imprensa e a Guerra Civil de Espanha, Coimbra, Minerva-Coimbra, 2007.

9 César Oliveira: Salazar e a Guerra Civil de Espanha, Lisboa, Edições O Jornal, 1988.

10 El general Sanjurjo falleció en accidente de avioneta tras despegar de Cascais el 21 de julio de 1936 para incorporarse a la rebelión militar.

11 César Oliveira: Salazar e a Guerra..., e Iva Delgado: Portugal e a guerra...

12 Fernando Rosas: «O Estado Novo e a Guerra Civil de Espanha na Sociedade das Nações», Revista Portuguesa de História, 38 (2006), pp. 135-153, y Luís Soares de Oliveira: Guerra Civil de Espanha. Intervenção e não intervenção europeia, Lisboa, Ministério dos Negócios Estrangeiros, pp. 72-81.

13 Léase a Juan Carlos Jiménez Redondo: Franco y Salazar..., pp. 19-47.

14 Véase Hipólito de la Torre Gómez: «Unidad y dualismo peninsular: el papel del factor externo», Ayer, 37 (2000), pp. 11-38. Para profundizar en este aspecto, véanse Juan Carlos Jiménez Redondo e Hipólito de la Torre Gómez: Franquismo y salazarismo en el exterior: de la Guerra Civil a las guerras de África, Madrid, UNED, 2013; Manuel Loff: O Nosso Século é Fascista: o Mundo Visto por Salazar e Franco (1936-1945), Oporto, Campo das Letras, 2008; íd: Salazarismo e Franquismo na Época de Hitler (1936-1942). Convergência Política, Preconceito Ideológico e Oportunidade Histórica na Redefinição Internacional de Portugal e Espanha, Oporto, Campo das Letras, 1996; Josep Sánchez Cervelló: «Portugal y España...», y Juan Carlos Jiménez Redondo: Franco e Salazar. As Relações Luso-Espanholas durante a Guerra Fria, Lisboa, Assírio & Alvim, 1996.

15 Sobre la retaguardia franquista, véase el dossier editado por Javier Rodrigo: Retaguardia y cultura de guerra, 1936-1939, Ayer, 76 (2009), pp. 13-207.

16 Alberto Pena Rodríguez: «Salazar y los viriatos. Los combatientes portugueses en la Guerra Civil española (1936-1939)», Spagna Contemporanea, 47 (2015), pp. 7-24. Para prestar asistencia a los «viriatos», en 1937 el Gobierno de Salazar envió al territorio rebelde la Missão Militar Portuguesa de Observação em Espanha, dirigida por el general Raul Esteves. Véase Rui Aballe Vieira: Tomar o Pulso ao Tigre. Missões Militares Portuguesas em Espanha, entre a Vigilância e a Cooperação (1934-1939), tesis de maestría, Universidade Nova de Lisboa, 2011. También César Oliveira, Salazar e a Guerra..., pp. 163-172. Sobre el alistamiento de soldados en el bando franquista, véase Christopher Othen: Franco’s International Brigades: Adventurers, Fascists, and Christian Crusaders en the Spanish Civil War, Nueva York, Columbia University Press, 2013.

17 Luís Soares de Oliveira: Guerra Civil de Espanha...

18 Para una visión general, véase Alberto Pena Rodríguez: Salazar y Franco. La alianza del fascismo ibérico contra la España republicana: diplomacia, prensa y propaganda, Gijón, Ediciones Trea, 2017. Para una perspectiva centrada en la censura, consúltense Nelson Ribeiro: «Censorhip and Scarcity. Controlling new and old media in Portugal, 1936-1945», Media History, 21(1) (2014), pp. 74-88, o Alberto Pena Rodríguez: «Periodismo, guerra y propaganda. La censura de prensa en Portugal y la Guerra Civil de España», Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 18(2) (2012), pp. 563-576.

19 Véase, entre otros, Nicolas Jackson O’Shanghnessy: Politics and Propaganda. Weapons of Mass Seduction, Ann Arbor, The University of Michigan Press, 2004.

20 David Crokill y José Carlos Pina Almeida: «Commemorations and Propaganda in Salazar’s Portugal: The Mundo Português Exposition in 1940», Journal of Contemporary History, 44(3) (2009), pp. 381-399.

21 Heriberto Cairo: «“Portugal is not a Small Country”: Maps and Propaganda in the Salazar, Regime», Geopolitics, 11(3) (2006), pp. 367-395. Véase también Bernardo F. Pereira: A diplomacia de Salazar (1932-1949), Lisboa, Dom Quixote, 2012.

22 «A vitória da Espanha» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 23 de marzo de 1939, p. 1. Traducción del autor.

23 João Madeira: Os engenheiros de almas. O Partido Comunista e os intelectuais, Lisboa, Estampa, 1996. Véase también Helena Matos: Salazar. A propaganda, 1934-1938, Lisboa, Temas & Debates, 2010.

24 Sobre la relación ideológica entre el salazarismo y la Iglesia católica, véanse Paula Borges Santos: A segunda separação. A política religiosa do Estado Novo (1933-1974), Lisboa, Edições Almedina, 2016; Valentim Alexandre: O Roubo das almas. Salazar, a igreja e os totalitarismos, Lisboa, Dom Quixote, 2006, y Rita Almeida de Carvalho: A concordata de Salazar, Lisboa, Temas & Debates, 2013.

25 Luís Farinha: O reviralho..., pp. 56-71.

26 Para comprender la figura de Salazar, véase Luis Filipe Ribeiro de Meneses: Salazar. A Political Biography, Nueva York, Enigma, 2010.

27 Claudio Sánchez-Albornoz, Discurso ante el presidente de la República portuguesa, el general Óscar Carmona, s. d. [1936], Archivo Rafael Heras/Fundación Largo Caballero (ARH/FLG), 536-50-1/1, en José Luis Martín (ed.): Claudio Sánchez-Albornoz. Embajador de España en Portugal (mayo-octubre 1936), Ávila, Fundación Sánchez-Albornoz, 1995, doc. 1, pp. 94-96.

28 Claudio Sánchez-Albornoz, Informe al ministro de Estado (Lisboa, 8 de agosto de 1936), Archivo General de la Administración (AGA), Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores (AMAE), R-1031, exp. 111.

29 [General] Miguel Cabanellas, Telegrama al embajador de España en Lisboa (Burgos, 11 de agosto de 1936, ARH/FLG, 538-50-3/1, en José Luis Martín (ed.): Claudio Sánchez-Albornoz..., doc. 8, p. 109.

30 Armindo Monteiro, Telegrama 93 del ministro de Negócios Estrangeiros al encargado de Negócios de Portugal en Madrid (Lisboa, 4 de agosto de 1936), en Dez Anos de Política Externa (1936-1947). A Nação Portuguesa e a Segunda Guerra mundial, vol. 4, Lisboa, Imprensa Nacional, 1964, doc. 94, p. 76.

31 Claudio Sánchez-Albornoz, Informe del embajador de España al ministro de Estado, s. d. (Lisboa, agosto de 1936), ARH/FLG, 538-50-3/4, en José Luis Martín (ed.): Claudio Sánchez-Albornoz..., doc. 26, p. 159.

32 César Oliveira: Salazar e a guerra..., pp. 67-92.

33 Luis Nuno Rodrigues: A Legião Portuguesa. A milícia do Estado Novo (1936-1944), Lisboa, Estampa, 1996, pp. 53-72.

34 Sobre el SPN y António Ferro, véanse Orlando Raimundo: António Ferro. O inventor do salazarismo, Lisboa, Dom Quixote, 2015; Margarida Acciaiuoli: António Ferro. A vertigem na palavra: retórica, política e propaganda, Lisboa, Bizâncio, 2013; Jorge Ramos Do Ó: Os anos de Ferro. O dispositivo cultural durante a política do espírito (1933-1949), Lisboa, Estampa, 1999, o Alberto Pena Rodríguez: «Tudo pela Nação, nada contra a Nação. Salazar, la creación del Secretariado de Propaganda Nacional y la censura», Hispania: Revista Española de Historia, 240(LXXII) (enero-abril de 2012), pp. 183-210.

35 Véanse João Borda: Revolta dos marinheiros, Lisboa, Edições Sociais, 1974, pp. 18-31, y Varela Gomes: Guerra de Espanha. Achegas ao redor da participação portuguesa, Lisboa, Versus, 1987, pp. 94-97.

36 El Gobierno republicano mostró desde el inicio de la guerra un nulo interés por hacer propaganda en Portugal, posiblemente porque entendía que era un país cuya hostilidad era difícil revertir. Véase el Informe del Gabinete Político del Ministerio de Estado (Madrid, abril de 1937) en AGA, AMAE, R-96, carpeta 1.

37 Véase João Madeira: Os engenheiros de almas..., pp. 68-73.

38 Véase «Retagarda contra o comunismo» [s. a.], Diário de Notícias, Lisboa, 21 de enero de 1937, p. 1. También António Araújo: Matar o Salazar. O Atentado de Julho de 1937, Lisboa, Tinta da China, 2017.

39 Claudio Sánchez-Albornoz, Oficio s. n. al ministro de Estado (Lisboa, 10 de septiembre de 1936), AGA, AMAE, RE-35, carpeta 42.

40 Portugal y la Guerra Civil de España. Documentos y notas, Lisboa, Ediciones del SPN, s. d., [1939], p. 29.

41 Alberto Pena Rodríguez: «El icono cinematográfico del Estado Novo salazarista: A Revolução de Maio (1937)», Historia y Comunicación Social, 14 (2009), pp. 295-312.

42 Como muestra, véanse Henrique Baptista: A Mentira Comunista, Oporto, edición del autor, s. d. [1937]; Fernando Campos: A Ofensiva da liberdade, Lisboa, Edições Nação Portuguesa, 1937, y A. Vieira: Moscovo por um funcionário do Komitern, Lisboa, Editorial Império, 1936.

43 Wenceslao Fernández Flórez: O Terror Vermelho, Lisboa, Empresa Nacional de Publicidade, 1938.

44 Véanse Fabio Alexandre Faria: «Refugiados em Portugal. Fronteira e vigilancia no tempo da Guerra Civil de Espanha (1936-1939)», Revista Portuguesa de História, 48 (2017), pp. 61-84, y Luís Farinha: O reviralho..., pp. 137-142.

45 Véanse los informes del Arquivo do Ministério do Interior, Arquivos Nacionais Torre do Tombo (AMI/ANTT), Gabinete do Ministro (GM), M 493, C 48.

46 Comissão do Livro Negro sobre o Regime Fascista: Correspondência de Pedro Teotónio Pereira para Oliveira Salazar (1931-1939), Lisboa, Presidência do Conselho de Ministros, 1987, doc. 28, p. 57.

47 António Ferro, Oficio 193-C a Salazar (Lisboa, 18 de abril de 1938), Arquivo Oliveira Salazar (AOS), ANTT, CO/PC-12, carpeta 1, 18.ª subdivisión.

48 «A ordem fascista» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 9 de junio de 1938, p. 4. Traducción del autor.

49 Véanse Juan Carlos Jiménez Redondo: «Salazarismo y política exterior», Studia Histórica, 21 (2003), pp. 155-182, o «Salazar y el salazarismo vistos desde el exterior», Espacio, Tiempo y Forma, Serie V. Historia Contemporánea, 25 (2013), pp. 187-214.

50 Véase Clara Sanz Hernando y Ana Cabrera González: «Paladines ideológicos con resonancia internacional. La prensa española y portuguesa ante el viaje de Franco a Portugal», Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 24(2) (diciembre de 2018), pp. 1789-1806.

51 Fernando Rosas: Salazar e o poder. O arte de saber durar, Lisboa, Edições Tinta da China, 2012, pp. 52-57.

52 António José Telo: «La estrategia de Portugal y sus relaciones con España», en Stanley G. Payne y Delia Contreras García (eds.): España y la Segunda Guerra Mundial, Madrid, Editorial Complutense, 1996, pp. 131-144.

53 Soledad Gómez de las Heras: «Portugal ante la guerra...».

54 Iva Delgado: Portugal e a guerra..., pp. 74-81, y César Oliveira: Salazar e a guerra..., pp. 190-201.

55 António de Oliveira Salazar, Nota oficial 27 al embajador de España comunicando el fin de las relaciones diplomáticas (Lisboa, 23 de octubre de 1936), en Dez Anos de Política Externa..., doc. 526, pp. 508-512.

56 La Representación de la Junta en Lisboa estaba integrada por personalidades de la aristocracia española, miembros de la Falange y funcionarios de la embajada. Su presidente era Mariano Amoedo Galarmendi. Entre sus integrantes estaban José María Gil Robles, el marqués de Quintanar, el conde de Peña Castillo, el marqués de Contadero y Gabriel Maura Gamazo. Véanse César Oliveira: Salazar..., pp. 183-184, y O Secúlo, núm. 20151, Lisboa, 24 de abril de 1938, p. 9.

57 Véase Antonio César Moreno Cantano (coord.): Propagandistas y diplomáticos al servicio de Franco, Madrid, Trea, 2012.

58 Manuel Falcón formaba parte de los servicios informativos del SPN al servicio de los sublevados. AOS/ANTT, CO/PC-19, Pasta 8, 12.ª subdivisión, hoja 317.

59 Marqués de Miraflores, Oficio 32 al ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Burgos (Lisboa, 14 de febrero de 1938), AGA, AMAE, R-1058, exp. 6.

60 José María Gil Robles, Comunicado de prensa enviado a Salazar para su publicación (Lisboa, 21 de agosto de 1936), AOS/ANTT, CO/NE-9I, carpeta 2, 5.ª subdivisión.

61 Manuel Arias Paz, Oficio 963 del jefe del Servicio Nacional de Prensa al embajador de Franco en Lisboa (Salamanca, 15 de noviembre de 1938), AGA, Exteriores, caja 6637.

62 Mariano Amoedo Galarmendi, Oficio 154 de la Representación de la Junta de Burgos al Ministerio de Negócios Estrangeiros (Lisboa, 20 de noviembre de 1938), AGA, Exteriores, caja 6638.

63 Marqués de Quintanar (Fernando Gallego de Chaves y Calleja), Carta a Salazar (9 de septiembre de 1936), AOS/ANTT, CO/NE-9I, carpeta 1, 10.ª subdivisión, hoja 42.

64 «Misérias do marxismo» [s. a.], Diário de Notícias, Lisboa, 18 de octubre de 1936, p. 1.

65 Ibid.

66 Boletim de Registo e Justificação de Cortes, núm. 169, Lisboa, 22 de julio de 1936, p. 7, AMI/ANTT, GM, M 482, C 35.

67 César Oliveira, Salazar e a guerra..., p. 212.

68 «Os jornais portuguese na Galiza» [s. a.], Comércio do Porto, Oporto, 23 de octubre de 1936, p. 2.

69 Véase O Século, Lisboa, 24 de marzo de 1938, p. 9.

70 «Grande manifestação patríotica» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 31 de octubre de 1936, p. 1.

71 «O povo português apoia Salazar» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 1 de noviembre de 1936, p. 8. Traducción del autor.

72 Véase el discurso de Salazar, «Os grandes princípios da política exterior portuguesa. Suspensão das relações diplomáticas com a Espanha» (Lisboa, 31 de octubre de 1936), en Dez Anos de Política Externa..., doc. 566, pp. 536-538. Y también Fernando Rosas: «A Guerra Civil de Espanha na Sociedade das Nações. Salazar, ministro dos Negócios Estrangeiros do Governo de Burgos», História, 82 (1985), pp. 32-53.

73 Véase, por ejemplo, João de Bianchi, Telegrama 3 del embajador de Portugal en Estados Unidos a Oliveira Salazar (Washington, 11 de enero de 1937), AOS/ANTT, CO/NE-9G, carpeta 1, 1.ª subdivisión (5), hoja 18.

74 Secretario del Cuartel General, Telegrama 668 a Mariano Amoedo (Salamanca, 2 de mayo, 1937), AOS/ANTT, CO/PC-3G, carpeta 1, hoja 51. Entre otros.

75 «Mentiras da imprensa francesa» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 15 de septiembre de 1936, p. 1.

76 «Leon Blum» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 25 de septiembre de 1936, p. 5.

77 Sebastião Lopes de Calheiros e Meneses, Telegrama 115 del encargado de Negócios de Portugal en Londres al ministro de Negócios Estrangeiros, Armindo Monteiro (31 de agosto de 1936), en Dez Anos de Política Externa..., doc. 249, p. 219.

78 Alberto Pena Rodríguez: «Los grandes héroes ibéricos. Salazar, Franco y la Guerra Civil española: prensa y propaganda», Journal of Spanish Cultural Studies, 14(1) (2013), pp. 36-51. Véase también João Medina: «Salazar e Franco. Dois ditadores, duas ditaduras», História, 20 (1996), pp. 4-15.

79 Moisés de Lemos Martíns: O olho de Deus no discurso salazarista, Oporto, Edições Afrontamento, 2016.

80 «Doutrinas desnacionalizadoras» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 21 de mayo de 1937), p. 1. Traducción del autor.

81 Véase Manuel Loff: O Nosso Século é Fascista...

82 «O apoio a Franco» [s. a.], O Século, Lisboa, 18 de julio de 1937, p. 1.

83 «Retagarda contra o comunismo» [s. a.], Diário de Notícias, Lisboa, 21 de enero de 1937, p. 1. Traducción del autor.

84 Véanse a João Madeira: 1837. O atentado a Salazar. A frente popular em Portugal, Lisboa, A Esfera dos Livros, 2013, y António Araújo: Matar a Salazar...

85 Fernando de Souza: «O comunismo, contra Salazar», A Voz, Lisboa, 8 de julio de 1937, p. 1.

86 Projecção de Salazar no estrangeiro (1928-1948), Oporto, União Nacional, 1949.

87 «Valor universal» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 14 de enero de 1938, p. 1.

88 «A Europa e Salazar» [s. a.], Diário de Notícias, Lisboa, 25 de junio de 1937, p. 1.

89 «O que din os pensadores de Salazar» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 24 de junio de 1937, p. 1.

90 Carta anónima enviada al director del Diário de Notícias, Lisboa, 9 de julio de 1937, AOS/ANTT, CO/PC-3G, C 1, 4.ª subdivisión, hojas 11-12.

91 Ibid. Traducción del autor.

92 «Na vangarda da Europa» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 8 de octubre de 1936, p. 1. Traducción del autor.

93 Véase el suplemento dedicado a la «Revolução Nacional» en Diário da Manhã, Lisboa, 28 de mayo de 1938, p. 7.

94 Nelson Ribeiro: «Using a new medium for propaganda: The role of transborder broadcasts during the Spanish Civil War», Media, War & Conflict, 7(1) (2014), pp. 37-50.

95 Daniel Arasa: La batalla de las ondas en la guerra civil española, Maçanet de la Selva, Editorial Gregal, 2015.

96 Véase Alberto Pena Rodríguez: «Sintonía de combate. La propaganda del Rádio Club Português en la Guerra Civil española (1936-1939)», Historia Crítica, 58 (2015), pp. 95-115.

97 Ibid.

98 «Discurso de José María Pemán a través del micrófono del Radio Club Portugués», El Alcázar, Toledo, 29 de agosto de 1936, pp. 1-2.

99 «O comício de Campo Pequeno» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 29 de agosto de 1936, pp. 1 y 3.

100 «A campanha do RCP» [s. a.], Diário de Notícias, Lisboa, 1 de septiembre de 1936, p. 5.

101 Cuartel General, Telegrama [s. a.] a la Representación de la Junta en Lisboa (Salamanca, 3 de diciembre de 1936): AGA, AMAE, Fondo «Embajada de España en Lisboa», R-1111, exp. 5.

102 Véase, por ejemplo, «5 minutos anti-comunistas» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 31 de agosto de 1936, p. 3.

103 Noticia de portada [s. a.], «O embaixador de Espanha fala ao microfone do RCP», Rádio Nacional, Lisboa, 29 de febrero de 1939, p. 1. Sobre el rol de Nicolás Franco, véase Juan Carlos Jiménez Redondo: «El papel de Nicolás Franco en la conducción de la política española hacia Portugal», Historia Contemporánea, 15 (1996), pp. 179-191.

104 «Pemán no RCP» [s. a.], A Voz, Lisboa, 30 de agosto de 1936, p. 6.

105 «Marisabel de la Torre de Colomina, la Berta de Parede» [s. a.], Radio Nacional, Salamanca, 14 de mayo de 1939, p. 45.

106 «O RCP não descansa» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 3 de agosto de 1936, p. 8.

107 «Mentiras de Madrid» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 22 de julio de 1936, p. 5.

108 «A estratégia de Indalecio Prieto» [s. a.], Diário de Notícias, Lisboa, 27 de julio de 1936, p. 4.

109 «Notícias da guerra do RCP» [s. a.], Diário da Manhã, Lisboa, 25 de julio de 1936, p. 5.

110 Véase Alberto Pena Rodríguez: «Sintonía de combate...».

111 Maria Filomena Abreu: «As rádios portuguesas e a causa franquista. A “Guerra do Éter”», História, XVIII (nova série), 20 (1996), pp. 37-39.

112 Carta anónima al marqués de Quintanar, (Lisboa, 24 de julio de 1936), AGA, AMAE, R-592.