Ayer 130/2023 (2): 137-162
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2023
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1271
© José Miguel Sanjuan
Recibido: 14-10-2019 | Aceptado: 09-07-2020 | Publicado on-line: 10-04-2023
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
¿Es la banca un buen negocio? La elite burguesa catalana y los negocios financieros, 1853-1919
José Miguel Sanjuan
Universidad de Barcelona
Centre d’Estudis Jordi Nadal
d’Història Econòmica
josemiguelsanjuan@ub.edu
Resumen: Barcelona fue conformándose durante el siglo xix como uno de los principales ejes económicos de España a medida que avanzaba un complejo proceso de industrialización y se desarrollaba una estrecha vinculación con las colonias. Esta transformación fue acompañada de la formación de una elite económica que impulsó fuertes vínculos con unas nuevas instituciones financieras convirtiéndose en uno de los puntales sociales y económicos de la ciudad. En este artículo se analizan los vínculos de esta elite económica con el sector bancario de la ciudad y su evolución en el largo plazo (1853-1919).
Palabras clave: elites, siglo xix, Cataluña, historia financiera, historia empresarial.
Abstract: During the nineteenth century, Barcelona gradually became one of the major economic centers of Spain as a result of its complex process of industrialization and the development of strong colonial networks. Accompanying this transformation was the rise of an economic elite, closely tied to new financial institutions, who became one of the economic pillars of the city. This article analyses the long-term evolution of this elite from 1853 to 1919 by focusing on their links with the banking sector of the city.
Keywords: elites, nineteenth century, Catalonia, financial history, business history.
El estudio de las elites es un tema recurrente en las ciencias sociales que ha vuelto a cobrar importancia a causa de la Gran Recesión y el aumento de la desigualdad. En este contexto el estudio de su formación y su evolución toman especial relevancia al ser parte del discurso que explica las causas de las crisis 1. Para el caso español, la historiografía ha evolucionado desde un estudio de las elites entendidas como bloques homogéneos a otro que muestra cómo los diferentes grupos que las componían tenían una relación compleja y cambiante en función de los intereses del momento 2.
En esta línea, el objetivo del artículo consiste en analizar la formación de la estructura de las elites financieras en la ciudad de Barcelona entre 1845 y 1920 a través del análisis de las biografías de personajes relevantes, mostrando cuál era su relación con el sector bancario. Asimismo, el artículo pretende destacar cómo la posibilidad de participar en la fundación de los negocios que se detallan en estas páginas supuso para algunas de las familias aquí descritas una oportunidad única de acumular un capital que asentó su posición durante las siguientes generaciones.
Metodológicamente, el artículo se basa en la investigación de un grupo de 80 familias que formaban parte de los mayores contribuyentes de la ciudad en dos años concretos, 1853 y 1919, seleccionadas de forma objetiva a partir de los impuestos y las inversiones realizadas. Se ha analizado su evolución durante los sesenta y seis años que comprende el intervalo entre las dos fechas mencionadas 3. Las familias estudiadas corresponden a las grandes fortunas barcelonesas ya identificadas, en mayor medida, por otros autores y que integraron el núcleo de lo que Gary Mcdonough llamó las buenas familias de Barcelona 4. Para este artículo se han seleccionado a aquellas de entre esas 80 familias que tuvieron una participación relevante en la banca.
El estudio de Barcelona resulta especialmente interesante puesto que albergó durante el siglo xix al núcleo de la burguesía catalana. La progresiva importancia que adquirió la ciudad fue paralela a la formación de una elite industrial, comercial y bancaria con fuertes vínculos financieros con el territorio catalán, con el resto de España y con las colonias. A medida que la ciudad de Barcelona iba adquiriendo importancia como consecuencia de los cambios derivados del proceso de industrialización, su elite desarrolló un nuevo papel dentro de la economía española. Defendió que el nuevo Estado de corte liberal debía favorecer un proceso de especialización industrial protegido a través de aranceles, a la vez que solicitaba un marco comercial que permitiese una relación asimétrica con las colonias. La defensa de los instrumentos que debían permitir este escenario devino una posición común entre la elite económica catalana 5.
El éxito de este proyecto pasaba en parte por la construcción de un sistema bancario moderno. La burguesía se involucró en ello siguiendo la lógica de las empresas familiares que habían protagonizado los primeros años de la industrialización 6, pero la evolución del sector bancario implicaba superar la estructura propia de la empresa familiar avanzando hacía la constitución de sociedades anónimas. En algunos casos supuso la creación de largos linajes vinculados al negocio financiero; en otros solo implicó una cooperación coyuntural. Esta participación se hizo de forma tardía si tomamos como referencia Europa y Estados Unidos, pero tanto allí como aquí se fueron creando largas dinastías vinculadas a la banca 7.
La historiografía ha analizado el sistema bancario catalán desde una doble vertiente: la de la evolución del sector en sí mismo y la de su influencia en el desarrollo económico 8. Ha resaltado, para el periodo que nos concierne, el notable impacto de las nuevas instituciones, a pesar de existir un cierto subdesarrollo en el sector, en palabras de Carles Sudrià 9. Asimismo, ha revelado la importancia que tuvo el capital indiano en la formación del capital bancario al impulsar determinadas sociedades de crédito muy relevantes 10. Por último, hay consenso en que durante las dos primeras décadas del siglo xx hubo una progresiva decadencia de la banca creada durante el siglo xix y una sustitución de los principales actores 11.
La estructura del artículo es la siguiente: en primer lugar, se realiza un análisis de la evolución del sector bancario; en segundo lugar, se presentan una serie de biografías relacionadas con dicho sector cuya actividad transcurrió entre los años 1853 y 1919, ya fuera promoviendo la creación de entidades bancarias, gestionando casas de banca, invirtiendo fuertemente en ellas o realizando préstamos a título personal. Las relaciones con el sector financiero se han clasificado según el grado de vinculación.
En Barcelona no cuajó ninguna iniciativa para impulsar un banco comercial hasta la fundación del Banco de Barcelona en 1845. La antigua Taula de Canvi (Tabla de Comunes Depósitos desde 1714), de titularidad municipal, perdió protagonismo tras las Reformas de Nueva Planta al no poder prestar ni efectuar giros. Otras dos iniciativas impulsadas en 1776 y 1777, el Banco de Vitalicios y la Compañía de Banco en Cambios de Barcelona, tuvieron una vida efímera debido a la oposición de los comerciantes de la ciudad. El Banco de San Fernando, creado en 1829, tampoco desempeñó un papel como banco comercial al estar orientado a financiar al Estado.
El Código de Comercio de ese mismo año no permitió la creación de entidades financieras, aunque sí la existencia de casas de banca privadas. Esta ausencia de sociedades anónimas configuró en España, durante el crecimiento económico de los primeros años del siglo xix, un sistema financiero que, como describió Pedro Tedde, pivotaba en torno al Banco de San Fernando, a los capitalistas vinculados con el Tesoro y la Corte y a los comerciantes banqueros, que progresivamente fueron ocupando una posición central 12. En el caso de Barcelona, puesto que los comerciantes debían financiar las compras y las ventas del incipiente sistema industrial, se habituaron al uso de instrumentos financieros. Y estas actuaciones, en algunos casos, derivaron hacía una especialización en actividades financieras, que en ocasiones evolucionaron a formas más complejas una vez establecidas las primeras sociedades anónimas.
Para mediados de siglo, los cambios provocados por la industrialización, la fuerte vinculación con los mercados coloniales y el remplazo en el seno de las elites comerciales provocaron un cambio en la actitud de la nueva burguesía catalana, que ya no se oponía a la aparición de entidades financieras como décadas atrás. Así, cuando en los años cuarenta cambió la legislación española que regulaba la creación de entidades financieras, las dos ciudades más dinámicas de la península, Cádiz y Barcelona, constituyeron bancos propios 13.
En este sentido la creación del Banco de Barcelona no fue una imposición externa sino una evolución que respondía a las necesidades de lo más dinámico del sector comercial e industrial catalán, como pone de manifiesto que su formación fuese iniciativa de importantes casas comerciales. Este proyecto atrajo a lo más granado de la sociedad barcelonesa; pero, a diferencia de las iniciativas impulsadas anteriormente, la nueva entidad no se encontró con la oposición frontal de la clase comerciante y se convirtió en una de las instituciones de referencia durante las siguientes siete décadas, un papel ligado a su condición de banco emisor hasta 1874.
La dinámica del banco fue pareja a los intereses de sus directivos, quienes desarrollaron actividades particulares en paralelo. A modo de ejemplo, en 1846 la mitad de los préstamos sobre algodón correspondían a miembros de la Junta de Gobierno y durante los siguientes años se financiaron iniciativas vinculadas a sus directivos, como las sociedades anónimas impulsadas por la familia Girona. Ello no evitó que se desarrollasen mecanismos para asegurar la prudencia y solidez de las inversiones. Tampoco se desligaron del futuro que imaginaban para el país, ya fuese a través de antiguos proyectos de la Junta de Comercio como el Canal de Urgell, a través de la promoción de los ferrocarriles, o bien para dotar a la ciudad de un espacio cultural propio como el Liceo. Algunas de estas inversiones significaron buenos negocios para sus promotores; otras, no tanto 14.
A la creación del Banco de Barcelona y de la Caja de Barcelona le siguió a partir de 1856 (gracias a la nueva ley de Sociedades de Crédito) el fomento de una serie de compañías con trayectorias variadas. Hubo algunas que no llegaron a nacer, como el Banco de Castilla y Cataluña; otras tuvieron un recorrido efímero, como la Unión Comercial (1856-1860), el Crédito Mobiliario Barcelonés (1856-1867) o las longevas Catalana General de Crédito (1856-1914) y el Crédito Mercantil (1863-1920). Sus estatutos preveían una amplia variedad de actividades, en línea con las de las casas comerciales de corte familiar de las que procedían sus promotores 15.
La aparición de nuevas entidades se explica en parte por los beneficios extraordinarios que arrojaba la industrialización y por el papel que desempeñó en la ciudad la repatriación de los capitales indianos. Estos últimos, durante los años del reinado de Isabel II, apoyaron muchos de los negocios de la ciudad: impulsaron el ferrocarril, invirtieron en la renovación del estratégico sector textil, mantuvieron relaciones fluidas con las colonias y fueron parte importante en la construcción del Eixample. En el sector financiero también tuvieron un rol decisivo. Una parte de los inversores y directivos del Banco de Barcelona eran indianos o mantenían fuertes vínculos con el mundo colonial. El Crédito Mercantil fue en buena parte impulsado por este grupo. Asimismo, el primer director de la Caja de Barcelona fue José Xifré, cuya fortuna se forjó a caballo entre Cuba y Estados Unidos; y casas de banca privada como la de los Vidal Quadras tenían un origen colonial. Pero, sin duda, el culmen de esta influencia llegó con la creación del holding Comillas de Antonio López y López, responsable de impulsar junto con otros grupos financieros de Barcelona, Madrid y la Habana, el Banco Hispano Colonial, una excepción tanto por el volumen de la inversión como por su propósito 16. De esta forma se fue creando una estructura en la que convivían nuevas entidades de crédito con las casas de banca particulares de comerciantes-banqueros como los Vidal Quadras o la de Andrés Anglada, que, aun siendo pocas en número, desempeñaban un papel importante al ocupar un espacio al que las nuevas compañías anónimas no llegaban.
Paralelamente, existió un mercado privado de préstamos, poco estudiado hasta la fecha. Pere Pascual es uno de los pocos que ha abordado el tema a través del caso de Igualada, relacionando la existencia de este tipo de actividades con la ineficacia de la banca tradicional, cuya labor no alcanzaba a la mayoría de los comerciantes y fabricantes 17. Dicha dinámica se reforzaba con el hecho de que la banca tradicional evitaba dar créditos hipotecarios al orientar su negocio hacía el largo plazo. Entre las familias estudiadas encontramos una fuerte suma de créditos hipotecarios o préstamos personales, tanto en el inventario post-mortem de Gerónimo Juncadella Casanovas (1800-1875), fabricante y fundador del Crédito Hipotecario Mercantil, como en el de Isabel Milà de la Roca (¿-1869), hija y mujer de comerciantes indianos. Complementando los negocios de las grandes casas de banca y sociedades anónimas, existía una serie de negocios, como los de los corredores reales de cambios o los prestamistas, que daban soporte a dicha estructura y de cuya evolución sabemos realmente poco.
Para el caso de Barcelona, se puede estudiar la evolución de este sector a través de las contribuciones vinculadas al sector financiero, a pesar de las limitaciones inherentes a la fuente ya que no incluye las sociedades anónimas ni las actividades de préstamo personales 18. En 1853 y en 1868, junto con los comerciantes, existían otros negocios relacionados con los asuntos financieros como los corredores reales de cambios, cambiantes de moneda o los prestamistas. La relevancia de estos últimos puede parecer pequeña, pero algunos de sus miembros aparecen entre la mitad del decil superior de la contribución. En esos años los comerciantes banqueros se hallan junto con los comerciantes y no es posible distinguirlos.
Para 1883 la metodología de las contribuciones había cambiado y había aumentado el número de epígrafes. Gracias a esta modificación, podemos diferenciar a los comerciantes banqueros de los comerciantes y observar lo reducido de su número, ya que eran diecisiete contribuyentes aquel año. Entre ellos destacaban las grandes sociedades no anónimas, como Vilumara y cia., o los dueños de sociedades de crédito anónimas como Claudio López Brú, junto con casas de banca particular como las de los Vidal Quadras. En un segundo rango aparecen los corredores, prestamistas, empleados de la banca y de otras sociedades anónimas y, bajo el epígrafe de «Directores Gerentes y Administradores», los del Banco de Barcelona y del Hispano Colonial. A partir de la última década del siglo xix resulta complicado detectar los cambios a través de la contribución industrial debido a las modificaciones que experimentó este impuesto 19.
Sin embargo, sabemos que hubo un relevo en la estructura bancaria creada durante los años centrales del siglo xix. Al Banco de Barcelona y a las sociedades creadas durante los cincuenta, se unieron como bancos de referencia las compañías capitaneadas por la familia López-Güell apoyadas por los Girona (el Crédito Mercantil y el Banco Hispano Colonial) que tenían un volumen excepcional de inversión. Esta sustitución se consolidó tras las quiebras derivadas de la febre d’or y la repatriación de fondos provocada por el desastre de 1898, cuando aparecieron en la ciudad entidades financieras creadas por un capital foráneo diferente al de la elite burguesa barcelonesa que había dominado los negocios financieros de la localidad hasta entonces. Por citar a los más relevantes, se matricularon en la ciudad condal la sucursal del Crédit Lyonais, el Banco Hispano Americano, formado por capitales madrileños y mexicanos, o el Banco Español de Río de la Plata, de origen argentino 20. En paralelo las casas de banca privadas fueron perdiendo relevancia, junto con los grandes protagonistas del siglo xix como el Banco de Barcelona, el Crédito Mercantil o la Caixa Vilumara, que desaparecieron por diversas razones durante las primeras décadas del siglo xx. Observamos, en resumen, la decadencia del sector bancario barcelonés creado medio siglo antes, algo que no pasó desapercibido a los propios protagonistas de la época como Cambó, que en 1915 se quejaba amargamente de ello:
«Nosotros habíamos tenido grandes bancos de negocios: el Hispano Colonial y el Crédito Mercantil. No había gran negocio que se tratase de crear en España que no pasase por los grandes bancos de negocios de Barcelona. Y fíjense en esto que ha pasado desde que la banca de negocios ha ido en decadencia [...] que en Barcelona y en Cataluña no se ha creado ningún gran negocio catalán» 21.
La elite económica barcelonesa del siglo xix, las llamadas buenas familias, se correspondían con el 1 por 100 superior en la distribución de la propiedad. A mediados de ese siglo estaba fragmentada por su origen y por su oposición o apoyo al liberalismo. Sin embargo, conforme avanzó el siglo, se fueron homogeneizando en torno a la defensa de la propiedad y del orden, como sucedió en Europa. Desde el punto de vista económico, no podemos hablar de una elite cohesionada puesto que existían distintas redes unidas por parentesco, negocios y distintos niveles de riqueza. A modo de ejemplo, asimilamos a las personas descritas en este apartado como miembros de la misma elite, pero Manel Girona y Antonio López dejaron a su muerte una fortuna de algo más de 18 millones de pesetas, Gerónimo Juncadellas unos 5,5 millones y Manuel Vidal Quadras en torno a los 2 millones. A pesar de las diferencias, no hay que olvidar que todos ellos formaban parte del mismo núcleo social y que la mayoría de ellos acabarían relacionados entre sí por vínculos familiares y se encontraban probablemente entre las grandes fortunas de España.
Es difícil hablar de una elite financiera dentro de las buenas familias, puesto que aquellos dedicados en exclusiva a la Alta Banca eran relativamente pocos en número. Es más correcto señalar que la burguesía barcelonesa se involucró en el negocio de la banca buscando obviamente la rentabilidad que daba ocupar un espacio en un nuevo sector, pero también con un deseo transformador. Es dentro de este contexto donde se debe inscribir la creación de múltiples entidades financieras durante los años centrales del siglo xix, entidades que en unos pocos casos serían de muy largo recorrido, aunque otras duraron apenas unas décadas y otras fueron efímeras. La participación en ellas de las familias burguesas sigue una pauta similar: muchas invirtieron activamente en el sector financiero cuando este se estaba formando, pero relativamente pocas se mantuvieron vinculadas más allá de una generación.
Las familias que se presentan en esta sección corresponden a aquellas cuyo negocio estaba vinculado a la banca. Forzosamente, al basarse en una muestra como se ha explicado al inicio del artículo, quedan excluidas algunas importantes familias vinculadas al sector bancario como los Arnús o los Marsans, por citar dos de las más destacadas. Aun así, las familias biografiadas son lo suficientemente significativas como para mostrar la evolución del sector.
Las biografías se han ordenado en dos círculos según su relación con el sector financiero. El primero de ellos aglutina a aquellas familias fuertemente vinculadas con el negocio bancario. Metodológicamente, son aquellas cuya actividad principal fue la banca a partir de un momento dado. En un segundo círculo encontramos a miembros de las elites que también tuvieron una fuerte presencia en el sector financiero, pero de forma coyuntural; es decir, que invirtieron puntualmente en la banca, si bien no se convirtió en su negocio principal. Las biografías ofrecen breves apuntes sobre las trayectorias vitales, centrándose en las relaciones con el sector financiero.
Dada la relevancia que tuvieron el Banco de Barcelona y el Hispano Colonial, dos de los ejes de la economía barcelonesa durante la segunda mitad del siglo xix, es obligado empezar este recorrido por las familias Girona y López. No solo acumularon dos de las mayores fortunas de la ciudad, sino que fueron probablemente los empresarios más relevantes de la Barcelona de la segunda mitad del siglo xix, convirtiéndose en los grandes referentes de la sociedad burguesa. Es importante destacar que ambos llegaron al sector financiero cuando sus negocios comerciales estaban consolidados. En el caso de Manuel Girona su implicación con el Banco de Barcelona comenzó cuando la casa comercial fundada por su padre era una de las más relevantes de la ciudad. Por su parte, Antonio López promovió la Sociedad de Crédito Mercantil y el Banco Hispano Colonial cuando su holding empresarial estaba fuertemente asentado. Para ambos, el acceso al mundo financiero fue una forma de llevar al siguiente nivel unos negocios que habían alcanzado un alto grado de madurez.
De las dos familias, la de los Girona fue la que tuvo una vinculación más estrecha y larga con la banca 22. El fundador de la Casa Girona, Ignacio Girona i Targa, provenía de una familia acomodada de Tarrega (Lleida) vinculada al comercio y al complicado mundo de los censales y de las rentas feudales. De hecho, es probable que la decisión de dejar Lleida por Barcelona buscase superar el callejón sin salida que significaba la gestión de estos. Una vez en la ciudad condal, consiguió acumular un importante capital en una década y media mediante operaciones financieras, lo que pone de manifiesto que contaba con conocimientos y dinero. Durante las décadas de los veinte y los treinta formó el núcleo de lo que sería la Casa Girona invirtiendo en el arrendamiento de derechos señoriales, préstamos, fábricas de indianas y en la adquisición de bienes desamortizados, con lo que consolidó una importante fortuna valorada a su muerte en tres millones de pesetas que se repartió a partes iguales entre sus hijos.
Entre todos ellos, destaca la figura de Manuel Girona y Agrafel (1817-1905). Junto con los hijos del segundo matrimonio de su padre, articuló una red de empresas incrementando el capital heredado a través de la inversión en ferrocarriles, fábricas de maquinaria, fundiciones, empresas de construcción y un largo etcétera 23. Todo ello le granjeó un patrimonio valorado en 18,6 millones de pesetas en 1906, un capital extremadamente elevado que aumentaría considerablemente si se añadiese el de sus hermanos, puesto que solo en 1864, tras la liquidación de Girona Hermanos, se repartieron dentro de la familia quince millones de pesetas 24.
El eje principal de sus actividades fue el Banco de Barcelona, que se convirtió en uno de los referentes de la economía catalana, especialmente cuando retuvo el privilegio de emisión entre 1845 y 1874. La vinculación de Manuel Girona se inició desde su creación junto con otros miembros de la elite comercial de la ciudad. Tras colaborar en solucionar la primera gran crisis de la entidad en 1848, estuvo de forma cuasi ininterrumpida vinculado a la dirección del Banco.
Junto con Manuel Girona, el otro gran protagonista fue Antonio López y López, que acumuló su capital a través de dinámicas distintas. Él y su hijo compartieron con los Girona protagonismo e inversiones como las realizadas en el Banco Hispano Colonial, en el Ferrocarril de Alcantarilla a Lorca o en la Hullera Española, por citar algunas de las más importantes. Antonio López y López (1817-1883) era originario de Cantabria y, desde una posición humilde, se convirtió en una de las principales fortunas de España. Sus primeros pasos los dio en Santiago de Cuba, donde inició en 1848 un negocio como intermediario en la compra y venta de esclavos. Durante esa época la presencia catalana en Cuba era muy relevante e inició una relación con dichos círculos, desposándose con Luisa Brú Lassús, hija de un comerciante de Barcelona. La dote le permitió aumentar el alcance de sus negocios ampliando el de la venta de esclavos, entrando en la actividad naviera y en la compra de propiedades en la isla 25.
A partir de 1854 empezó a liquidar sus intereses allí y en 1857 constituyó la naviera A. López y Cía. dedicada a la explotación de buques a vapor. El capital invertido en esta empresa no dejó de revalorizarse gracias a las continuas reinversiones y al uso de las contratas estatales. Tal es así que dos décadas después, al transformarse la compañía en anónima, su valor había alcanzado los 19 millones de pesetas. Paralelamente Antonio López había ido centralizando sus negocios en la ciudad condal. En 1863 se involucró con otros indianos en la creación del Crédito Mercantil en Barcelona y en 1876 constituyó el Banco Hispano Colonial, junto con otros grupos de Madrid, la Habana y Barcelona. Estos dos negocios fueron clave para el futuro crecimiento del holding Comillas.
Sin embargo, la historia de la familia López estaría incompleta sin añadir a los Güell. Antonio López y López y Joan Güell unieron sus linajes al casarse Eusebi Güell, hijo del segundo, con Isabel, la hija del primero, en 1871. La unión no fue fruto de la casualidad. Joan Güell i Ferrer (1800-1872) era un indiano como Antonio López. Al igual que él, había acumulado su capital desde prácticamente cero y se integró activamente en la economía catalana, invirtiendo en el sector productivo y defendiéndolo políticamente. También tuvo un papel importante en la banca, aunque menos relevante que el de su consuegro.
Los orígenes del capital de Joan Güell son vagos: en el transcurso de una década consiguió acumular un capital muy importante partiendo prácticamente de la nada, a través de negocios que sus biógrafos evitan detallar. Volvió a Barcelona en julio de 1835 con un capital sólidamente invertido en Estados Unidos 26. En la ciudad condal, las primeras inversiones estuvieron centradas en actividades relacionadas con la industria. En 1840 formó parte de los fundadores de la fundición La Barcelonesa, embrión de lo que luego sería la Maquinista 27. Al cabo de un año fundó una fábrica textil en Martorell e invirtió en la de hilados y producción de terciopelo de su cuñado. Tras la muerte de este y de su padre trasladó la fábrica al pueblo de Sants y fundó el Vapor Vell, que conseguiría el privilegio de producir panas durante cinco años gracias al socio industrial, Domingo Ramis 28. La instalación se asentó entre las más destacadas de España y su más reciente biógrafo Andreu Farràs la sitúa como la base de la fortuna de los Güell durante las siguientes tres generaciones. En el sector financiero fue uno de los fundadores del Banco de Barcelona, siendo parte de la primera Junta y director del Banco entre 1845 y 1849 29. A inicios de la década de los cincuenta empezó a dar señales de agotamiento personal y se apartó progresivamente de los negocios, centrándose en la política como diputado de la Unión Liberal. A su muerte en 1872 Joan Güell dejó una fortuna de unos siete millones de pesetas 30.
Sin embargo, no todas las familias que se involucraron en el sector bancario durante los años en que se inició la industrialización catalana consiguieron asentarse en este negocio. Tal vez el ejemplo más destacado fuera Francisco Fontanellas. Como Manuel Girona, nació en el seno de una próspera familia de fuera de Barcelona, en este caso vinculada a la fabricación y el comercio de papel. Su hermano se centró junto con su padre en la gestión de la fábrica y Francisco, junto con otros dos de sus hermanos, emigró a Cádiz en 1788 para abrir una tienda y comprar materia prima para la fábrica del padre. Durante los años siguientes el negocio fue mal y solo se salvaron de la bancarrota gracias a una contrata con la Corte que acabó gestionando Francisco. En 1803 inició un pleito con su hermano mayor por el control de la gestión de la contrata que acabó ganando Francisco, lo que acarreó la ruina económica de aquel.
A partir de entonces, Francisco pasó a combinar el comercio con las contratas estatales, conseguidas tras apoyar al ejército español durante las Guerras Napoleónicas. Las contratas habitualmente las arrendaba, asegurando un flujo de caja que le permitió entrar en el negocio del préstamo. Sus negocios le llevaron a introducirse en los círculos de la Corte y de la administración estatal, vinculándose al Banco de San Fernando: en 1838 se convirtió en el único autorizado para descontar letras en Barcelona y, en 1852, en el sexto accionista de dicha entidad. Su vinculación con el entorno estatal le llevó a casarse con la hija de un alto funcionario estatal y fue nombrado en 1849 Marqués de Casa Fontanellas. Asimismo, realizó inversiones en el sector naval y en diversas compañías de ferrocarriles, seguros, financieras e industriales dentro y fuera de la ciudad 31.
Sin embargo, tal y como describe Stephan Jacobson, Francisco Fontanellas nunca llegó a integrarse socialmente ni en los círculos burgueses de la ciudad dominados en los cincuenta por la Casa Girona y sus satelites (Vidal Nadal, Vidal Ribas, Clavé...), ni en los círculos indianos de los Güell y López, ni en la órbita más excéntrica de los Xifré o los Samà. Jacobson menciona entre sus «pecados» la falta de integración en las instituciones locales y la ausencia de obras piadosas y filantrópicas. Pero, sobre todo, lo apartó de las buenas familias el escándalo que supuso la querella con su hermano y la actitud implacable que le llevó a desahuciarlo. La sociedad catalana, que se basaba fuertemente en estructuras empresariales cuyo núcleo eran las relaciones familiares, no podía aprobar este tipo de conductas.
El heredero del Marquesado de Casa Fontanellas y de sus intereses fue su hijo Lamberto Fontanellas y Sala, el cual también tuvo su ración de escándalo social con la desaparición de su hermano Claudio 32. Lamberto centró sus inversiones en el sector financiero y en los ferrocarriles, pero se descapitalizó durante la crisis de 1866 y tuvo que abandonar el sector bancario. A pesar de ello, retuvo suficientes propiedades como para continuar siendo uno de los principales propietarios de Barcelona y, según el censo de 1875, también uno de los mayores de España. Su sobrino Francisco Lara Fontanellas aparecía en 1919 como uno de los 200 mayores potentados de la ciudad.
Hay que considerar que, a pesar de la relevancia que tuvieron las grandes sociedades bancarias, una parte importante del negocio financiero estaba en manos de casas de banca particulares. En este sentido resulta interesante el caso de los Vidal Quadras, pues su casa de banca duró varias generaciones y sus inicios estuvieron ligados al comercio colonial 33. Al igual que los Girona que necesitaron de generaciones para acumular un patrimonio considerable, los Vidal Quadras tardaron un tiempo en conformar una casa de banca importante. El origen de la saga se puede situar en Josep María Vidal Robert, un pescador originario de Sitges, que a finales del siglo xviii se instaló en Maracaibo (Venezuela), donde existía una prospera comunidad catalana y vasca involucrada en el negocio del cacao. Tras la proclamación de la independencia de la ciudad en 1821, Josep María regresó a la Península y sus dos hijos Alejo y Manuel Vidal Quadras emigraron a Santiago de Cuba. Allí crearon una compañía centrada en el giro de letras y en la consignación de buques que en el transcurso de dos décadas se convirtió en una de las principales de la isla, a medida que se especializaba en el negocio financiero. En 1843 se establecieron en Barcelona, traspasando sus negocios de banca a la ciudad de forma progresiva 34. Su tarjeta de presentación fue la compra de dos edificios en la zona más exclusiva del momento (Pla de Palau) por cerca de medio millón de pesetas. Resultó una buena forma de entrar en la ciudad, puesto que en 1853 su casa de banca era el decimocuarto contribuyente de Barcelona en términos absolutos. Pero al contrario del Banco de Barcelona o del Hispano Colonial, esta casa de banca realizó pocas incursiones fuera del mundo financiero. El volumen de la herencia de los dos miembros de la primera generación sería similar y alcanzó unos dos millones de pesetas cada uno. En ambos casos la fortuna pivotó alrededor de la casa de banca, cuyo valor se multiplicó varias veces entre 1846 y 1871 35.
La segunda generación establecida en Barcelona se emparentaría con las principales familias de la ciudad, como Milà de la Roca, los Villavecchia y los Girona, manteniendo la casa de banca entre las más rentables de la localidad hasta la década de 1880. Con la tercera generación decaería y sería vendida al Banco de Barcelona en 1912, quedando el patrimonio de la familia reducido a bienes inmuebles 36. En 1919 ya no aparecían entre los mayores propietarios de Barcelona.
Para cerrar este primer círculo, hay que mencionar a varios individuos que participaron en el negocio financiero realizando préstamos personales, pero sin constituir una casa de banca. Estas actividades no eran infrecuentes ya que los industriales se veían forzados a financiar tanto a proveedores como a clientes o a su propio entorno social. Un ejemplo de ello fue el caso de la familia Juncadella, una de las sagas industriales más relevantes de Cataluña durante la segunda mitad del siglo xix y parte del xx. Inició su andadura durante los difíciles años que siguieren a la invasión napoleónica. Para mediados de siglo la fábrica de hilados y tejidos de Jerónimo Juncadella pagaba la contribución más elevada de Barcelona dentro de la tarifa segunda. Sin embargo, no se limitó a desarrollar un negocio industrial. Durante los siguientes años llevó a cabo una política de diversificación invirtiendo e impulsando diversas sociedades bancarias como el Banco de Barcelona, la Sociedad Catalana General de Crédito y la Sociedad de Crédito Mercantil. Entre ellas destaca la inversión en la Caja Catalana Industrial y Mercantil, donde Jerónimo Juncadella fue vocal de la Junta.
En su legado, el 40 por 100 del patrimonio inventariado (que aparece subestimado, dado que no incluye diversas propiedades) estaba invertido en actividades no industriales y, de estas, 1,2 millones correspondían a actividades financieras. Resulta relevante que según su testamento también se involucrara en el negocio de los créditos, que en el momento de su muerte ascendían al 11 por 100 de su capital. De ellos el más importante es el que realizó a Jaume Safont por valor de 320.000 pesetas, préstamo que en su testamento ya aparecía como ejecutado pues las propiedades de aquel se encontraban inventariadas como propias. Pero esta diversificación no supuso que dejase de lado sus intereses industriales. En su testamento dejó parte de su fortuna a su hija, nietos y sobrinos y repartió los intereses comerciales e industriales a partes iguales entre los hijos asegurando la pervivencia de la empresa 37. Aparte de continuar al frente de la compañía, uno y otro hijo estarían presentes en la fundación Credit & Docks, en la Compañía Catalana de Vapores Transatlánticos, en el consejo del Crédito Mercantil, en la Junta del Banco de Barcelona, etc. 38
El otro ejemplo de préstamos hipotecarios corresponde al de Isabel Milà de la Roca, mujer del indiano Josep Milà de la Roca y Soler. Al volver a Barcelona, con una parte de la fortuna invertida en los Estados Unidos y el resto repatriada, empezó a actuar como corresponsal para otros indianos como Josep Xifré, a quien facilitó la compra de los terrenos para la construcción de los Porxos, o Miquel Biada, al que facilitó la entrada de capital extranjero para su inversión en el ferrocarril a Mataró 39. La inversión directa en el sector bancario que se ha podido localizar es relativamente reducida y se limita a la que realizó en el Banco de Barcelona, que le permitió formar parte de la Junta Suplente entre 1845 y 1848.
Sin embargo, a través del inventario de su mujer Isabel Milà de la Roca podemos observar la relevancia que tuvieron los prestamos particulares, aunque ignoro si la iniciativa fue de ella, de su marido o de su cuñado Gerónimo Rabassa al aglutinarse los bienes de los tres 40. En el testamento, donde no aparece el valor de su casa comercial, las propiedades representan el 59 por 100 del valor total de los bienes; y los créditos, que están muy repartidos, suponen una tercera parte del valor de los activos. Se realizaban a unos tipos de interés cercanos al 6 por 100, una rentabilidad que se exigía en muchos de los negocios de la época, y en algún caso al 7 y 10 por 100. Estaban concedidos a comerciantes, fabricantes y propietarios que ocupaban una posición relevante en las contribuciones 41.
En un segundo círculo encontramos a los individuos cuya presencia fue coyuntural. Un ejemplo de este tipo de inversión lo representa Joaquín Serra y Franch, un comerciante con un recorrido similar al de Fontanellas o Girona, pero cuyas inversiones no acabaron de cuajar en el mundo bancario. Joaquín Serra heredó su fortuna de Miquel Elias i Vilarubia, comerciante de draps de Barcelona, y pertenecía a una familia extensa, con vinculaciones no solo con la industria papelera sino también con el mundo financiero a través de su suegro Francesc Fontanellas, al que me he referido antes 42. En 1842 fundó con su tío político Serra y Parladé una de las Casas de Comercio más activas de la ciudad, dedicada al comercio mayorista y a la actividad naviera. Junto con Manuel Girona y el Marqués de Casa Fontanellas estaba entre los mayores contribuyentes de la exclusiva categoría de comerciantes en 1853 y poseía 29 barcos. Cuando Parladé se separó de la sociedad en 1858, se incorporó el sobrino de Joaquín, Juan Jover i Serra (1823-1879) que heredó el negocio, pasando a denominarse Serra y Nebot y más tarde Jover y Serra. Joaquín no solo consolidó la actividad naviera de su tío, sino que diversificó las inversiones. Participó en el Banco de Barcelona, donde fue miembro de la Junta de Gobierno y director; en los negocios del entorno del Marqués de Comillas, como el Banco Hispano Colonial, los Ferrocarriles del Norte, la España Industrial, la Compañía General de Crédito; y en la fundación de la empresa papelera la Gelidense, por citar las inversiones más destacadas. De los dos hijos de Joan Jover fue Joaquín Jover Costas (1854-1922), futuro Marques de Gelida, quien continuó al frente de la naviera y del resto de las inversiones, apareciendo en la contribución de 1919 entre los doscientos primeros propietarios, pero sin que la banca fuese su negocio principal 43.
Otro caso de diversificación y progresivo abandono del sector bancario es el de la familia Inglada, comerciantes con estrechas relaciones con Cuba. En la década de 1820 Isidro y Josep Inglada y Marques, junto con su padre, invirtieron fuertemente en la ciudad condal comprando varias casas y la gran propiedad de la Granja Vella de Horta, donde se gestó con el tiempo una colección de animales que acabaría conformando el primer núcleo del zoológico de Barcelona. El patrimonio de los hermanos Inglada se repartió, pero solo continuaría en un lugar prominente entre los contribuyentes barceloneses la rama de los Marti i Codolar. Joaquin Martí i Codolar, un comerciante originario de Sevilla, diversificó las inversiones y entre 1840 y 1850 participó en la fundación de la Caja Catalana de Crédito, en el Banco de Barcelona e invirtió en Barcelonesa de Seguros Marítimos 44. Sin embargo, el hijo, Llúis Martí-Codolar, a pesar de haber participado en el Hispano Colonial y de pertenecer al entorno de Manuel Girona, se centró sobre todo en el comercio de bienes agrícolas apartándose del entorno bancario 45.
De forma similar, la familia Villavecchia tuvo un contacto puntual, aunque importante, con el sector bancario, pero sin consolidar su presencia. El fundador de esta casa comercial, Ignazio Villavecchia de Ferrari (1744-1825) se enriqueció importando trigo durante los turbulentos años veinte. Su heredero y sobrino Ignazio Villavecchia Viani (1792-1874) aparece en 1853 como uno de los principales comerciantes de la ciudad muy vinculado con el sector naviero a través de Navegación e Industria y especialmente a través de la empresa Nuevo Vulcano, con la que la familia mantuvo una larga vinculación 46. Como otras familias llevó a cabo una política de diversificación de las inversiones en numerosas compañías como en el Banco de Barcelona, de cuyo Consejo formó parte, así como en minas, seguros e inmuebles 47. Durante los cincuenta y los sesenta, Ignazio Vilavechia continuó comerciando e invirtiendo en diversas compañías, entre las que destacó la Caja de Ahorros y Monte de Piedad en cuya junta participó durante doce años (1844-1856). Al fallecer Ignazio Villavecchia Viani, el patrimonio fue legado a partes iguales entre sus hijos, que continuaron la actividad comercial mediante la firma Canadell y Villavecchia, especializada en inversión. Dicha firma estuvo entre las principales casas comerciales, pero sin una presencia relevante en el sector bancario.
Por último, hay que mencionar a la familia Vidal Ribas, en la que se observa la vinculación entre negocios personales y sociedades de crédito. Los orígenes se sitúan en el entorno gremial relacionado con el comercio de productos químicos y coloniales, dos sectores que durante las primeras décadas del siglo xix experimentaron un gran crecimiento, lo que permitió a la familia Vidal fundar una casa de comercio que durante los años treinta adquirió una posición relevante en Barcelona. En este entorno uno de sus miembros, Josep Vidal Ribas (1814-1870), consiguió crear una fortuna en los años cuarenta mediante el tráfico de esclavos, reinvirtiéndola en diferentes negocios entre los que destacaban la especulación inmobiliaria, la inversión financiera, las navieras y la producción y distribución de productos químicos. Entre 1844 y 1866 realizó inversiones valoradas en más de un millón y medio de pesetas, una cantidad que lo sitúa entre los primeros inversores de Barcelona en dicho periodo; en concreto, en 1853 aparecía como el vigésimo contribuyente de la ciudad (el primero entre los mercaderes de drogas). A su muerte su patrimonio superaba el millón de pesetas, sin contar los bienes inmuebles 48.
Las inversiones que realizó en Barcelona no fueron muy afortunadas y parece que solo logró superar pérdidas de más de medio millón de pesetas con los beneficios de la trata. La mayor de las pérdidas se atribuye a su inversión en Fomento del Ensanche. Esta empresa debía urbanizar una zona muy extensa del Eixample financiada a través de la Sociedad Catalana de Crédito, empresa que Josep había ayudado a fundar 49. Fomento del Ensanche quebró debido a que no había considerado la lentitud en la construcción y el tiempo que debía soportar las cargas financieras. Josep Vidal se resintió de este mal negocio, pero sus otras inversiones le permitieron evitar la quiebra de su casa de comercio. Tras su muerte sus descendientes se especializaron en el negocio de las droguerías, dejando de lado el resto de los sectores donde solo realizaron inversiones puntuales. En 1883 sus herederos aparecían entre los mayores comerciantes de la ciudad y en 1919 uno de ellos era el tercer contribuyente local, detrás de Claudio López Brú y Manuel Girona Vidal.
El periodo que cubre este artículo muestra la eclosión de parte de la burguesía barcelonesa que sustituyó a la aristocracia mercantil del siglo xviii durante la primera mitad del xix. En la segunda mitad del siglo sus miembros se convirtieron en una elite económica relativamente cerrada sobre sí misma, que controlaba buena parte de la actividad económica del principado y contaba con gran capacidad de influencia a nivel nacional. A inicios del siglo xx comenzó una cierta decadencia, sin que desapareciera de las elites económicas, políticas y sociales. Este proceso de ascenso y posterior decadencia no fue único de Cataluña, también se observa en otras partes de España y Europa.
Durante este proceso, la burguesía catalana se involucró activamente en la formación de la estructura bancaria, creando estructuras similares a las de sus casas de comercio y usando las nuevas sociedades para impulsar sus negocios. En este sentido durante los años centrales del siglo xix, además de irse formando una reducida elite financiera, nos encontramos sobre todo con una elite que invertía en negocios financieros.
La respuesta a la pregunta planteada en este artículo es sin duda afirmativa, si consideramos la evolución de la economía catalana durante el siglo xix. Difícilmente puede explicarse la industrialización del principado sin valorar este sector. De igual forma, tampoco se pueden entender determinadas acumulaciones de capital sin el acceso a la banca. Sin embargo, si analizamos las inversiones a título individual, la respuesta no es tan clara. Involucrarse en la banca fue parte de la adaptación de la elite barcelonesa a los cambios en la economía. Para algunas casas de negocios, como la de Antonio López, la del Marqués de Casa Fontanellas o la de Manuel Girona, fue la forma de llevar sus negocios al siguiente nivel. Para otros como Jerónimo Juncadellas, o la viuda de Milà de la Roca, fue una consecuencia de los vacíos existentes en los mercados de crédito. En cambio, para los Villavecchia o los Vidal Ribas, constituyó una forma de diversificar sus inversiones. Pero este nuevo sector no fue la panacea. No todas las compañías que se iniciaron tuvieron éxito o un largo recorrido, ni todas las familias que se involucraron en el sector financiero consiguieron aumentar sus patrimonios por esta vía. Para la familia Fontanellas o los Vidal Ribas la inversión dejó de ser rentable a partir de un cierto punto y para los Juncadella e Isabel Milà de la Roca nunca pasó de ser una inversión marginal.
Evaluar el desarrollo de dichas familias en el muy largo plazo resulta complicado debido al acceso a las fuentes. Aun así, sabemos que parte de las familias que aparecen en este artículo forman todavía hoy parte de la elite económica de la ciudad, lo que pone de relieve la importancia que tuvo aprovechar las ventanas de oportunidad que se abrieron a mediados del siglo xix. Tal vez el caso más conocido es el de una de las ramas de la familia Girona, que emparentó con los Folch-Rusiñol y se vinculó a Industrias Titan y más recientemente al Banc de Sabadell. La familia Juncadellas apareció hace poco como una de las mayores fortunas de España principalmente debido a su presencia en el Consejo de Administración de Catalana Occidente, donde también encontramos a un representante de la familia Villavecchia. Los miembros de la familia Güell-López durante los años centrales del siglo xx fueron liquidando su participación en algunos de los grandes negocios que les habían enriquecido, como la Compañía Transatlántica o el Banco Hispano Colonial, aunque quedaron con un importante patrimonio que incluía la presencia en grandes empresas. Sus miembros participaron en el desarrollo del Círculo Ecuestre, de la Fundación Güell y eran consejeros de entidades financieras e industriales. La Familia Vidal-Ribas liquidó su negocio de productos químicos tras la Guerra Civil, aunque de igual forma mantuvo una presencia destacada en la vida social de la ciudad durante la segunda mitad del siglo xx.
1 Sobre el estudio de la desigualdad y el porcentaje de las rentas que acumulan las elites Thomas Piketty: Capital in the Twenty-first Century, Londres, Belkap Harvard, 2013. Para un resumen sobre el debate en torno al rol de las elites y las crisis financieras Youssef Cassis y Giuseppe Tesca: «Financial Crises and the Public Discourse on Financial Elites», en Youssef Cassis y Giuseppe Tesca (eds.): Financial Elites and European Banking, Oxford, Oxford University Press, 2018.
2 Un resumen del debate en torno a las elites en Javier Moreno Lunzón: «La historiografía sobre las elites de la España liberal», en Rafael Zurita y Remato Camurri (eds.): Las elites en Italia y en España (1850-1922), Valencia, PUV, 2008. Asimismo, véase Juan Pro Ruiz: «De empresarios modernos y malvados patronos en la España del siglo xx», Papeles de economía española, 73 (1997), pp. 294-304, y Mercedes Cabrera y Fernando del Rey Reguillo: El poder de los empresarios, Madrid, Taurus, 2002.
3 La investigación completa se halla recogida en José Miguel Sanjuán: Las elites económicas barcelonesas, 1714-1919, tesis doctoral, Universidad de Barcelona, 2018.
4 Gary McDonough: Las buenas familias de Barcelona, Barcelona, Ediciones Omega, 1989. Sobre las elites barcelonesas es imprescindible la obra de Solà, concretamente Àngels Solà: «La societat barcelonina en una època de canvis», Barcelona Quaderns d’Historia, 11 (2004), pp. 39-68; íd.: L’Elit Barcelonina a mitjans del segle xix, tesis doctoral, Universidad de Barcelona, 1977; íd.: «Tres notes entorn les actituds i valors de l’alta burgesia barcelonina a mitjan segle xix», Quaderns de l’Institut Català d’Antropologia, 3 (1981), pp. 101-128, e íd.: «Características de la burguesía barcelonesa del siglo xix», Notas historiográficas y apuntes de contenido. Cahiers de la Méditerranée, 46-47 (1993), pp. 41-51.
5 Alejandro Sánchez: «Crisis económica y respuesta empresarial. Los inicios del sistema fabril en la industria algodonera catalana, 1797-1839», Revista de Historia Económica, 3 (2000), pp. 485-524; íd.: «Els fabricants d’indianes: orígens de la burgesia industrial barcelonina», Barcelona Quaderns d’Història, 17 (2011), p. 197; Josep Fradera: Indústria i Mercat. Les bases comercials de la indústria catalana moderna (1814-1845), Barcelona, Crítica, 1987, pp. 220-221.
6 Francesc Cabana: Bancs i banquers a Catalunya, Barcelona, Edicions 62, 1972.
7 Véase David S. Landes: Dinastías, Barcelona, Crítica, 2006. Para el caso de las elites madrileñas, véase Jesús Cruz: Los notables de Madrid. Las bases sociales de la revolución liberal española, Madrid, Alianza Editorial, 2000, y Miguel Artola Blanco: El fin de la clase ociosa. De Romanones al estraperlo, 1900-1950, Madrid, Alianza Editorial, 2015. En torno a las elites agrarias, véase Ricardo García Orallo: «Una “nobleza capitalista”? Actitudes mercantiles y financieras de la aristocracia titulada en la España de la segunda mitad del siglo xix», en Mónica Moreno Seco et al. (eds.): Del siglo xix al xxi. Tendencias y debates. Actas del XIV Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Septiembre-2018, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2019.
8 Vicencs Vives: Industrials i politics, Barcelona, Vicencs Vives, 1958; Francesc Cabana: Caixes d’estalvi catalanes, Barcelona, Enciclopedia Catalana, 1999; íd.: Bancs de Catalunya I, Barcelona, Enciclopedia Catalana, 1999; Pere Pascual Domenech y Carles Sudrià: «Industrialización, desarrollo financiero y oferta monetaria en Barcelona a mediados del siglo xix», Investigaciones de Historia Económica, 12 (2008), pp. 45-77; Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià: El Banc de Barcelona 1844-1874. Història d’un banc d’emissió, Barcelona, Generalitat de Catalunya, 2009; Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià: El Banc de Barcelona, 1874-1920. Decadència i fallida, Barcelona, Universidad de Barcelona, 2016; Marc Badia Miró, Yolanda Blasco-Martel, Sergi Lozano y Raimon Soler: «Redes sociales y negocios. La red de inversión del Banco de Barcelona en la economía catalana a mediados del siglo xix», Investigaciones de Historia Económica-Economic History Research, 9(3) (2019), pp. 143-154, y Martín Rodrigo y Alharilla: «El banco Hispano Colonial y Cuba 1876-1898», Illes i imperis: Estudios de historia de las sociedades en el mundo colonial y post-colonial, 4 (2001), pp. 49-70.
9 Carles Sudrià: «Capitalistes i fabricants. El finançament de la industrialització catalana (1815-1866). Conferència inaugural del curs 1993-1994», Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, 5 (1994), pp. 29-40, e íd.: «Comerç, finances i industria en els inicis de la industrialització catalana», Barcelona Quaderns d’Historia, 11 (2004), pp. 9-38.
10 Yolanda Blasco-Martel y Martín Rodrigo y Alharilla: «Human capital and financial capital in the Atlantic space: from America to Catalonia, 1829-1855», Atlantic Studies, 12(4) (2015), pp. 1-19.
11 Para una visión de conjunto de la economía española y el sector financiero, véase Pedro Tedde de Lorca: «La formación de la economía liberal en España: el contexto de las primeras cajas de ahorros», Papeles de economía española, 97 (2003), pp. 15-28.
12 Ibid., p. 23.
13 Junto con el Banco de Barcelona se creó en 1844 la Caja de Ahorros de Barcelona, una entidad financiera que pretendía sustituir el rol benéfico de la antigua Tabla de Comunes depósitos. Pero, aun con ese objetivo, la propia desregulación del sector provocó que acabase compitiendo con el Banco de Barcelona en la captación de depósitos. Debido a su naturaleza, su junta directiva tuvo un perfil diferente al del Banco al aglutinar grandes propietarios e industriales como Ramón Bacardí, Erasmo de Janer y Gònima o José Xifré. Francesc Cabana: Caixes d’estalvi catalanes..., vol. I, pp. 1-52.
14 Yolanda Blasco-Martel: «La aparición del Banco de Barcelona, 1844-1848», Barcelona Quaderns d’Historia, 11 (2004), pp. 177-196; Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià: El Banc de Barcelona 1844-1874..., pp. 41-118 y 182-183, y Carles Sudrià: «Capitalistes i fabricants...», p. 37. Sobre las dificultades iniciales del Banco, véase Yolanda Blasco-Martel y Lluisa Plà: «Manuel Girona, El fundador de la Banca Moderna», Historia Social, 64 (2009), pp. 79-98. En José Miguel Sanjuán: Las elites económicas barcelonesas..., pp. 261-269, se observa cómo el núcleo directivo del Banco de Barcelona fue clave en las inversiones realizadas entre 1845-1855.
15 Francesc Cabana: Bancs i banquers a Catalunya..., pp. 282-283. Un ejemplo de esta variedad lo encontramos en la Caja Catalana Industrial y Mercantil, que podía comprar materias primas a cuenta de terceros (Arxiu Històric de Protocols de Barcelona/AHPB-Moragas Ubach, F 29-3-1856), o en la Caja Catalana de Crédito, que podía crear toda clase de empresas, administrar contribuciones y empresas de obras públicas (AHPB-Rufasa Fco de Sales 12 de marzo de 1856). Una visión global para el caso español, en Pablo Martín Aceña: «La conformación histórica de la industria bancaria española», Mediterráneo Económico, 8 (2005), pp. 21-44.
16 Francesc Cabana: Bancs i banquers a Catalunya..., y Martín Rodrigo y Alharilla: Los Marqueses de Comillas 1817-1925, Madrid, Lid, 2000.
17 Pascual Domenech: «L’epoca daurada dels prestadors de crèdit hipotecari informal. El cas d’Igualda durant la segona meitat del xix», Estudis histórics i documents del Arxius de Protocols, 30 (2012), pp. 269-308.
18 Un estado de la cuestión sobre el uso de la Contribución Industrial en José Miguel Sanjuán: Las elites económicas barcelonesas..., pp. 49-57.
19 Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Hacienda 12576, 12577, 12578, 1-6125; inv-1.1266, 1.112668, 1.12669, 1.12670, 1.112672, 1.6513, 1.6514, 1.6515, 1.6524, 1.5680, 1.6150, TER-B-28, 29, 109, 110, 111, 112, 189, 190, 191.
20 José Miguel Sanjuán: Las elites económicas barcelonesas..., p. 328.
21 Francesc Cabana: Bancs i banquers a Catalunya..., p. 8 (en catalán en el original). Sobre la progresiva decadencia del sector bancario, véase la propia obra de Francesc Cabana y el segundo volumen de la historia del Banco de Barcelona Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudriá: El Banco de Barcelona, 1874-1920: decadencia y quiebra, Madrid, Marcial Pons, 2016. Joan Ramon Roses: «La Banca Catalana: de la febre d’or a la crisis», Revista L’Avenç, 148 (1991), pp. 16-22. Un resumen del debate en Lluís Castañeda: El Banco de España (1874-1900). La red de sucursales y los nuevos servicios financieros, Madrid, Banco de España, 2001, pp. 133-149.
22 Para este esbozo se ha usado Lluisa Pla-Tolra: Els Girona. La gran burguesía catalana del segle xix, Barcelona, Fundació Noguera, 2014, y Yolanda Blasco-Martel y Lluisa Pla-Tolra: «Manuel Girona, El fundador de la Banca Moderna», Historia Social, 64 (2009), pp. 79-98.
23 La casa de comercio de los Girona estuvo presente en la formación del Banco de Barcelona, en la promoción del Ferrocarril de Barcelona a Zaragoza, en el Canal de Urgell, la fundición Nuevo Vulcano, la empresa Navegación e Industria o la financiación de la Construcción del Teatro del Liceo, por citar los hechos más destacados.
24 Lluisa Pla-Tolra: Els Girona..., p. 226. El reparto de Girona Hermanos en los apéndices.
25 Según el biógrafo de la familia Güell, los Brú eran una familia de ciudadanos honrados de Barcelona, una de cuyas ramas se estableció en la Selva del Camp. Uno de los descendientes, Andreu Brú Punyet, ya estaba establecido en 1825 en La Habana, donde se casó con la criolla de origen francés Luisa Lassús Ganne, viuda de un comerciante catalán. Mateo Sainz de Medrano: Los Güell. La pervivencia de un modo de ser, Barcelona, Estudi Gràfic Pedregosa, 2009, nota 26. Quiero agradecer a la familia Güell el acceso a esta fuente.
26 Mateo Sainz de Medrano: Los Güell..., y Andreu Farràs: Els Güell, Barcelona, Ediciones 62, 2016, pp. 18-37.
27 AHPB-Planas Compte, JM. 12-5-1840.
28 AHPB-Plana Compte, JM. 10-6-1848, Constitución de Güell y Compañía. La fábrica continuó en Sants hasta 1890, cuando se trasladó a la Colonia Güell situada en Santa Coloma de Cervelló.
29 Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià: El Banc de Barcelona 1844-1874..., pp. 90-101.
30 Gary McDonough: Las buenas familias de Barcelona..., p. 281.
31 Stephan Jacobson: «Francisco Fontanellas: el comerciante-banquero en la época del capitalismo romántico», Historia Social, 64 (2009), pp. 53-78, esp. p. 65. Es la mejor y más extensa biografía de los Marqueses de Casa Fontanellas y la usada para esta breve descripción, complementada con Miquel Gutiérrez-Poch: «Redes en la génesis y desarrollo de un distrito papelero catalán: el caso de Capellades», Investigaciones de historia económica, 10 (2019), pp. 69-96.
32 La desaparición del hermano mayor de Francisco, Claudio, y su posterior reaparición dieron mucho de qué hablar en la ciudad, dado que aparentemente esta reaparición fue un fraude. La resolución judicial por la cual se traspasaba la fortuna de Lamberto Fontanellas a su sobrino Francisco Lara Fontanellas se encuentra en Boletín Oficial de la Provincia de Barcelona, núm. 237, 4 de octubre de 1883.
33 Para esta breve biografía se ha usado Lluis Castañeda y Martín Rodrigo y Alharilla: «Los Vidal Quadras: familia y negocios, 1833-1871», Barcelona Quaderns d’Historia, 11 (2004), pp. 115-144; Carme Grandas Sagarra: Presencia de los indianos en Barcelona, Barcelona, Ambit Serveis Editorials, 2012, y Martín Rodrigo y Alharilla: «Una saga de banqueros: la familia Vidal-Quadras» Historia Social, 64 (2009), pp. 99-119.
34 David Jou i Andreu: Els sitgetans a Amèrica, Sitges, Grup d’Estudis Sitgetans, 1994, p. 351.
35 Lluis Castañeda y Martín Rodrigo y Alharilla: «Los Vidal Quadras...», p. 128.
36 Martín Rodrigo y Alharilla: «Una saga de banqueros...», pp. 117-119, y Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià: El Banc de Barcelona 1844-1874..., pp. 238-240.
37 AHPB, Ignasi F 18-1-1875, testamento de don Antonio Juncadella y Vila.
38 Enciclopedia Catalana, entrada «Jeroni Juncadella». La siguiente generación, la de los nietos de Jeroni Juncadella, daría el siguiente salto en la acumulación patrimonial. Josep María Juncadella i Bures se uniría a la familia textil Bures a principios de siglo incrementando la fortuna familiar. Hoy en día algunos de sus descendientes directos se encuentran entre las fortunas más importantes de España.
39 Carme Grandas Sagarra: Presencia de los indianos en Barcelona..., p. 20.
40 AHPB, Francisco Jordana, 6 de octubre de 1869.
41 Entre ellos figuraban: Eusebio Coronas, un comerciante que aparecía en 1868 y 1883 entre los doscientos mayores propietarios de la ciudad, al que prestan 105.000 pesetas; Antonia Moré i Oller, situada entre los doscientos mayores contribuyentes del comercio en 1853, 70.000 pesetas; José Margarit i Lleonart fabricante de blondas en 1868 al que se le presta 100.000 pesetas, y Juan Calafell que aparece en 1853 entre los doscientos mayores propietarios de bienes inmuebles y al que presta 135.000 pesetas, por citar los más destacados. Se trata en todos los casos de comerciantes de una condición inferior a la suya, pero lo suficientemente prósperos como para aparecer entre el 5 por 100 superior de los contribuyentes.
42 Para su biografía se ha utilizado Miquel Gutiérrez-Poch: «Redes en la génesis y desarrollo...», pp. 135-183, y Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià: El Banc de Barcelona 1844-1874..., cap. 3.
43 Otra de las ramas de la familia Jover tiene su origen también en el siglo xviii y serían los creadores de la Banca Jover en 1880. Enciclopedia catalana on-line, entrada «Banca Jover», https://www.enciclopedia.cat/gran-enciclopedia-catalana/banca-jover.
44 AHPB-Planas Compte, JM 28-4-1849, Constitución de Barcelonesa de Seguros Marítimos, y AHPB-Rufasa, Fco. de Sales, 12 de marzo de 1856, pp. 140-153, Constitución de Caja Catalana de Crédito.
45 Colaboró con la Refinería Azucarera Española y realizaba transacciones vitícolas con Francia a través de la Societé Lyonnais. Ramon Alberdi y Rafael Casanovas: Martí-Codolar. Una obra social de la burguesía, Barcelona, Obra Salesiana Martí-Codolar, 2001, p. 105.
46 José María Sánchez Carrión: «Talleres Nuevo Vulcano: un nombre, un espíritu y una historia para no olvidar», Barcelona quaderns d’história, 22 (2015), pp. 111-126, esp. pp. 113-114.
47 Información obtenida de la tesis de master de Laura Calosci: Comerciantes genoveses en Barcelona entre los siglos xviii y xix. La familia Villavecchia (2000 mimeo).
48 La familia Vidal Ribas ha sido analizada más exhaustivamente en José Miguel Sanjuán: «El tráfico de esclavos y la elite barcelonesa. Los negocios de la casa Vidal Ribas», en Martín Rodrigo y Alharilla y Lizbeth J. Chaviano Pérez (eds.): Negreros y esclavos, Barcelona, Icaria, 2017, pp. 131-158. Puede encontrarse información complementaria en Àngels Solà: «Producció, inversió i especulació en la gran burguesia barcelonina del segle xix. El cas dels germans Vidal i Nadal», Estudis histórics i documents del Arxius de Protocols, 14 (1996), pp. 305-338, sobre sus primos los Vidal Nadal y sobre la sociedad Fomento del Ensanche.
49 AHPB-Falp, J 3-9-1863, 16 de noviembre de 1863 y 23 de abril de 1864. Catalana General de Crédito reconocía en junio de 1866 que la mitad de la deuda incobrable que poseía era con Fomento del Ensanche.