Ayer 143 (3): 231-259
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2026
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/3047
© Sandra Gayol
© Mónica Maronna
Recibido: 17-03-2025 Aceptado: 03-10-2025 Publicado on-line: 01-07-2026
Publicado bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.
Radio Colonia, una voz antiperonista en la frontera (1943-1955)
Radio Colonia, an anti-Peronist Voice on the Border (1943-1955)
Sandra Gayol
Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS)/
CONICET
sandra.gayol@gmail.com
Mónica Maronna
Universidad de la República (Udelar)/
Sistema Nacional de Investigadores-ANII
monica.maronna@fic.edu.uy
Resumen: Este artículo se centra en Radio Colonia (estación ubicada en la orilla uruguaya del Río de la Plata, muy próxima a la ciudad de Buenos Aires) con el fin de identificar cómo desde sus micrófonos se expresaron las tensiones políticas entre los Gobiernos de Argentina y Uruguay, teniendo en cuenta la amplia llegada de la emisora a los públicos de ambos países. El trabajo pone el foco en el periodo 1943-1955 y analiza el modo en que a través del dial de Radio Colonia se canalizó la oposición al Gobierno de Juan Domingo Perón. En ese sentido, estas páginas además buscan aportar conocimiento sobre el antiperonismo transnacional, los estudios de radio frontera y los análisis que indagan en los usos políticos de la radio.
Palabras clave: radio, política de masas, Argentina, Uruguay, radio frontera.
Abstract: This article focuses on Radio Colonia (a station located on the Uruguayan side of the Río de la Plata, very close to the city of Buenos Aires) in order to identify how political tensions between the governments of Argentina and Uruguay were expressed through its broadcasts, given the station’s extensive reach among audiences in both countries. The study concentrates on the period from 1943 to 1955 to analyze how Radio Colonia’s programming channeled opposition to the government of Juan Domingo Perón. In this context, the article also seeks to contribute to the understanding of transnational anti-Peronism and to make a contribution to border radio studies and to analyses that explore the political uses of radio.
Keywords: radio, Mass politics, Argentina, Uruguay, border radio.
La radio, en plena expansión durante los años treinta, se fue consolidando como un medio de comunicación inserto en la vida cotidiana. En las décadas siguientes las ondas que se emitían desde un punto central llegaban a todos lados sin pedir permiso, solo limitadas por su alcance técnico. Como ha señalado la historiografía dedicada al tema, la radio construyó una nueva rutina diaria y alentó usos muy variados, entre ellos el uso político. Asimismo, ya en la década de 1920 había sido necesario establecer un encuadre legal al explosivo crecimiento de emisiones que se interferían unas a otras, y desde entonces se impusieron conferencias, instrumentos y acuerdos internacionales para evitar que las ondas se cruzaran entre los países. Sin embargo, más allá de estos acuerdos entre los Estados, la realidad indicaba que las ondas emitidas desde un país tenían la capacidad de llegar con fluidez a otros. Algo muy tentador según las circunstancias, mucho más en el marco de los intensos procesos y conflictos políticos que desde los años treinta no cesaron de multiplicarse.
En este contexto de disputas políticas que pronto se filtraron al terreno de las ondas, Radio Colonia, instalada en la orilla uruguaya del Río de la Plata, en la ciudad de Colonia, a pocos kilómetros de la capital argentina, se convirtió en una peculiar radio codiciada por los Gobiernos de Argentina y Uruguay, y estuvo en el punto de mira por sus actividades políticas. Así, teniendo en cuenta que la emisora buscaba propagarse para captar el público de la amplia zona que cubre los dos países, el artículo indaga en su rol en tanto radio frontera. Radio Colonia, sin abandonar sus objetivos comerciales, participó de la contienda política y de la polarización peronismo-antiperonismo que tuvo lugar en la región 1. Esta participación se manifestó, en concreto, a través de programas como «La Voz Argentina» (conducido por exiliados políticos argentinos), «Tribuna Democrática» (dirigido por el director del diario La Colonia) y la retransmisión de contenidos de Radio Carve o El Espectador, con sede en Montevideo, o también mediante la irradiación propagandística emanada de la Oficina de Asuntos Interamericanos estadounidense, convirtiéndose así en un canal privilegiado para la articulación del activismo antiperonista en el litoral rioplatense.
Para efectos de este trabajo, la expresión radio frontera no remite solo a la ubicación geográfica, es decir, a una antena colocada en un país con emisiones que alcanzan a llegar a otro. En nuestro caso alude a un espacio de interacción y circulación de ideas y bienes culturales que fluye entre emisores y radioescuchas dentro de la zona de alcance de las ondas. Nos referimos, entonces, a un hinterland que supera los límites entre dos Estados —Argentina y Uruguay— y que presenta un conjunto de rasgos comunes y compartidos, como el lenguaje y la historia, rasgos que otorgan sentido a prácticas culturales. Es así como leer revistas, folletines o periódicos producidos en Buenos Aires no resultaba ajeno para quienes residían en la otra orilla del Río de la Plata, porque Uruguay también era parte de esa industria cultural en expansión. Autores, títulos y obras, circulaban naturalmente entre ambas márgenes del río. De hecho, en la década de los treinta la retransmisión en las emisoras uruguayas de programas originados en estaciones argentinas era una práctica común que la legislación liberal de Uruguay no impedía. En las publicaciones enfocadas en los asuntos de la radio se incluían comentarios y programación de lo que se emitía en ambos países.
En el mismo sentido, los asuntos políticos cruzaron las fronteras y se integraron a las dinámicas de ese espacio cultural dentro del cual, como se ha señalado, Radio Colonia jugó un rol destacado. El río Uruguay y el Río de la Plata marcan los límites estatales, pero no culturales, ni tampoco coartaban la intensa dinámica de interacciones sociales y económicas. Las estaciones de radio en ambas orillas podían recepcionarse con gran calidad de sonido, pero, de las tres radioemisoras ubicadas en las ciudades de Salto, Paysandú y Colonia, Radio Colonia fue, durante la coyuntura analizada, el principal foco de tensiones políticas entre los Gobiernos.
Sus emisiones, que se iniciaron con un parlante transmitiendo publicidad e información local, o recitales en vivo y sorteos desde un micrófono instalado en la plaza de la ciudad de Colonia, pronto se comprometieron en la información contra el peronismo hasta su derrota. Más adelante, Radio Colonia se convirtió en un bastión del peronismo en el exilio, y durante las últimas dictaduras del Cono Sur ocupó un lugar central en la transmisión de noticias veraces sobre la guerra de las Malvinas 2.
En esta investigación nos proponemos indagar de qué modo desde los micrófonos de la emisora se expresaron las tensiones políticas entre los Gobiernos de ambos países, al mismo tiempo que buscamos ahondar en las formas en que se canalizó en su dial la oposición política del antiperonismo. Ello supone identificar cuándo y de qué manera esta radio comercial y políticamente amplia (como puede inferirse a partir de sus programas informativos) se incorporó en el proceso de polarización y radicalización política contra el Gobierno argentino. Polarización entendida como el proceso donde los actores políticos se posicionan en extremos del espectro aumentando su intransigencia. Radicalización política entendida como la búsqueda de alternativas extrainstitucionales e ilegales para derrocar Gobiernos constitucionales, que culminó en Argentina con el golpe de Estado cívico-militar de septiembre de 1955. Hay consenso historiográfico en que ambos procesos se profundizaron a partir de 1950 y se aceleraron y transformaron con la muerte de Eva Duarte de Perón en julio de 1952.
Argumentamos que la articulación de Radio Colonia con los avatares políticos entre el Gobierno argentino de Perón y los Gobiernos de Uruguay fue inestable. No se trató de un proceso homogéneo, sino que se combinaron momentos de explícito involucramiento de la emisora en los conflictos políticos y diplomáticos que emergieron de esas relaciones bilaterales con momentos en los que la radio prescindió de ellos. Los motivos que articularon estas oscilaciones no son unívocos ni permanentes en el decurso del tiempo: la defensa del «mundo libre» y la denuncia del «totalitarismo peronista» interactuaban en ocasiones con la aspiración expansionista del Gobierno argentino; podían sumarse competencias y disputas empresariales entre actores de ambas fronteras, presiones e interferencias de Estados Unidos de América, sin omitir, claro está, urgencias e intereses estrictamente económicos 3.
El artículo se sustenta en el análisis de fuentes primarias provenientes del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Cancillería Argentina (AMREC), los National Archives and Records Administration de Estados Unidos y el Archivo Nacional de la Memoria de Argentina, así como en la prensa de la época editada en ambas orillas del Río de la Plata, pero de amplia circulación, así como en publicaciones especializadas en radio como Cine Radio Actualidad. También se han relevado algunos testimonios orales, aunque el carácter efímero del medio radiofónico y la ausencia de archivos sonoros del periodo constituyen limitaciones inherentes al estudio de este medio.
En el primer apartado de este artículo se analiza, de forma breve, el proceso que supuso la transición de la radio de la periferia al centro de la cultura y la política de masas. Se busca mostrar que este desplazamiento contó con la presencia vivaz de Radio Colonia. Si en muchos sentidos el derrotero de la emisora la emparenta con casi todas las estaciones de la época, estudiar su historia permite ver su atipicidad como radio frontera, pues interactuó con fluidez y constancia entre las márgenes de dos Estados nacionales: Argentina y Uruguay 4. En el segundo apartado se explora la importancia de la voz humana en los procesos de transmisión radial, y su relevancia como medio e incluso como mensaje en la política de masas. Sin duda, el amplio alcance de las ondas y las emisiones en tiempo real hicieron de la radio un objeto político codiciado y disputado por diferentes actores. Así que la radio, y Radio Colonia en particular, fue un medio propicio para, a través de la voz, hacerse eco y propagar al instante el flujo de rumores, ideas y noticias falsas que replicaban y exacerbaban las tensiones y los enfrentamientos políticos. El tercer apartado pone el foco en coyunturas y años específicos que, a nuestro criterio, convirtieron a Radio Colonia en un actor político central: 1943, 1946-1947, el pasaje de 1951 a 1952, el mes de abril de 1953 y el periodo de junio a septiembre de 1955.
En la década de 1940 se consolidaron en Argentina las principales emisoras nacionales: Radio Splendid, Radio El Mundo y Radio Belgrano, cada una con repetidoras en varias provincias. Por entonces, en la ciudad de Buenos Aires existían dieciséis emisoras y cuarenta y cinco en el resto del país 5. En esa misma época se instalaron treinta y nueve estaciones de radio en Uruguay (veinticuatro de ellas en Montevideo) para una población total que no sobrepasaba el millón y medio de habitantes, dispersos en una geografía sin escollos naturales que obstaculizaran el libre fluir de las ondas. En el litoral del río Uruguay, a la primera radio en Paysandú instalada en 1924 se sumó, en el departamento de Colonia, Radio Colonia en 1933, así como las estaciones de Salto en 1927 y 1928, más adelante convertidas en Radio Cultural desde 1936 y Radio Tabaré desde 1939 6.
Además de la amplia oferta de radiodifusoras el oyente disponía de programación internacional emitida por la onda corta, que se expandió durante la década de los treinta. Aquel rápido crecimiento del dial no solo evidencia la temprana propagación del modelo comercial de radio que predominaría en Uruguay y Argentina; también constata que, en poco más de una década, la radio pasó a ocupar el centro de la cultura. Todas las expresiones culturales encontraron su lugar en un dial prolífico y, como sucedió en diversas latitudes, la política no fue la excepción. Con rapidez la radio se utilizó para visibilizar candidaturas políticas y exponer ideas, como escenario de intensos debates políticos a los fines de cautivar a las audiencias. Por primera vez en la historia se podía escuchar la voz de los protagonistas del acontecer político desde la comodidad del hogar.
Las noticias escritas que llegaban a los públicos a través de diarios o revistas dejaron de ser el único dispositivo de información. De hecho, perdieron su monopolio frente al nuevo medio. A diferencia de la prensa, la radio, encendida a lo largo de la jornada en el hogar, tuvo otro alcance. Su novedad residió justo en ese rasgo que Raymond Williams señaló como el flujo continuo y la escucha intermitente del sonido, procedentes de los aparatos receptores. Fue así como la compra de radios aumentó durante la década de los cuarenta. Por ejemplo, en Argentina, según el censo de 1947, había una radio cada dos familias. Pese al carácter evanescente de la oralidad mediatizada (al menos en el periodo que nos ocupa), fue la posibilidad de actualizar las noticias minuto a minuto lo que puso a la radio en ventaja frente a la permanencia de lo escrito. De manera que en esos años la primacía informativa pasó a concentrarse en la radio, sin que ello supusiera la desaparición de la noticia escrita. Muy por el contrario, prensa y radio se alimentaron entre sí.
En el caso de Radio Colonia (CW1) —en un principio conocida como Radio Popular (CW37)—, ya en 1933 pretendía ser la «más poderosa estación de radiodifusión sudamericana» 7. La utopía de una proyección trasnacional coexistía con la posibilidad de estar al alcance de la realidad más próxima. En 1938 Radio Colonia presentaba a diario un espacio para el informativo departamental conocido como «La Hora de Carmelo» y el segmento «Noticias del país», además de informaciones internacionales. Por otra parte, combinaba espacios y transmisiones para ciudades cercanas como Rosario o Nueva Palmira. Como en casi todas las radios, la música completaba la programación y provenía de discos y recitales en vivo. Junto con los contenidos directamente vinculados con temas e intereses de la comunidad departamental, se podían escuchar algunas retransmisiones 8.
En cualquier caso, el interés de Radio Colonia por convertirse en una «poderosa estación de radio sudamericana» residía, según el juicio del periódico La Colonia, en el vínculo virtuoso que sostenían los capitales argentinos y uruguayos en el litoral, así como en el potente movimiento artístico y literario que permitía un intercambio de ideas y producciones entre las grandes ciudades y pueblos 9. De hecho, desde épocas remotas, artistas, productores, empresarios y locutores, se desplazaban de un lado al otro del Río de la Plata. Quizá por ello no sorprende que las emisiones radiales conjuntas o la retransmisión de programas tanto en Uruguay como en Argentina hayan comenzado de forma temprana.
Al iniciar transmisiones en 1933 la planta emisora de Radio Colonia ya mantenía conexión con Radio El Pueblo (LS6) de Buenos Aires. Con ella incluso compartía emisiones de su programación. De ahí que no sea aventurado suponer que sus permisarios Ricardo Bernotti y Raúl Montellano aspiraron desde sus comienzos al mercado publicitario porteño, mucho más amplio y vigoroso que el uruguayo 10. En 1937 Radio Colonia se propuso ser una estación uruguaya con sala de transmisión en Montevideo, Colonia y Buenos Aires; aspiración que sugiere un público amplio de escuchas con intereses compartidos, aunque también específicos. Un año más tarde, la publicidad de la revista Cine Radio Actualidad (editada en Montevideo) la anunciaba como la «potente emisora uruguaya para ambas márgenes del Plata» que transmite en cadena con Radio del Pueblo «en todo el Uruguay y en todas las provincias argentinas», y agregaba: «Es una valiosa onda comercial para los mercados publicitarios uruguayos y argentinos» 11. Sin duda, los vínculos entre Colonia y Buenos Aires y entre el litoral de ambos países son de vieja data. La fluidez de las conexiones y el dinamismo en la circulación de personas, bienes y productos culturales tuvo una intensidad semejante a la de los lazos políticos y la circulación de ideas, siempre renuentes a respetar las fronteras geográficas.
Quizás haya sido su precoz intento de convertirse en «La Radio», con mayúsculas, de la región lo que explique la variedad de sus programas, sensibles a las diversidades, gustos e intereses imaginados de los y las oyentes. De igual forma, la expectativa de proyectarse sobre amplias regiones —presente desde los inicios de la radiodifusión— cautivó también a Radio Colonia. Como había ocurrido con sus emisoras colegas un tiempo atrás, dio cuenta de testimonios de oyentes que sintonizaban su dial desde zonas muy lejanas 12. En ese sentido, no resulta extraño que una estación instalada en Colonia, con aspiraciones de alcance regional, esperara obtener publicidad de auspiciantes lejanos para garantizar la financiación de sus emisiones, como era habitual en el medio. Radio Colonia nació, entonces, con el objetivo de irradiarse hacia un mercado más amplio, sin abandonar su cobertura hacia zonas más cercanas del departamento de Colonia. Sin duda, el amplio alcance territorial de las antenas de radio fue, en general, el argumento de mayor peso en la inauguración de cada nueva emisora.
En la década de los sesenta, Radio Colonia aumentó de manera considerable su potencia bajo el fuerte impulso que le dieron tanto Ariel Delgado como Héctor Ricardo García. Esto fue así sobre todo a partir de 1966, cuando se designó a Delgado (de nacionalidad uruguaya) como director de Radio Colonia 13. Durante los años sesenta la monumental antena estaba dirigida hacia Argentina, y sus emisiones adquirieron un largo alcance, un fuerte desarrollo y un nuevo rumbo político. El nuevo local resaltaba en la ciudad de Colonia, y se proyectaba hacia la plaza como parte del espectáculo radial que suponía una activa participación del público para ver a sus artistas preferidos, más cuando estos eran figuras consagradas del mundo musical o del cine rioplatense.
«Mientras la vista aísla, el oído une», desarrolló el investigador Walter Ong en su libro sobre oralidad y escritura 14. En el caso de Radio Colonia, ayudó a formar una comunidad que escuchaba al mismo tiempo en espacios diferentes. En general, el fenómeno de la radiodifusión hizo posible que desde los hogares y trabajos se pudiera sintonizar y compartir la escucha de consignas, músicas o estribillos que actuaban como anuncios, o recordatorios de grupos y reuniones políticos. La amplia variedad de géneros y formatos que cobijaba la radio facilitaba que la propaganda también se filtrara en ellos, como por ejemplo en los populares radioteatros. A diferencia de la tangibilidad de la prensa, aquella ofrecía por entonces muchas más posibilidades a grupos y actores diversos de expresar la palabra, traspasar con facilidad las fronteras geográficas y alcanzar públicos más vastos.
Al igual que un paisaje, sostiene la historiadora Emily Thompson, un paisaje sonoro es a la vez un entorno físico y una forma de percibir ese entorno. Es tanto un mundo como una cultura construida para dar sentido a ese mundo 15. Así, la acción política de Radio Colonia debe analizarse dentro del conjunto de operaciones que se implementaron durante los momentos más álgidos de la disputa peronismo-antiperonismo, así como en el marco de los estrechos vínculos preexistentes que configuraron ese entorno. No hay duda de la proximidad económica, política y cultural de Buenos Aires y Colonia y el litoral uruguayo en términos generales. Estos vínculos intrincados reforzaron el poder de la radio, al tiempo que desvelaron los problemas que conllevaban las palabras (en apariencia incontrolables) emitidas por el éter.
La radio no se modera, «a diferencia de la prensa», entendía el agregado de negocios de Argentina en Colonia, y luego mencionaba que la radio era «un medio de transmisión de pensamiento a la distancia, para la cual no existen fronteras ni medios eficaces de impedir su divulgación» 16. En el mismo sentido, el agregado expresaba que la injerencia en los asuntos domésticos «de las naciones vecinas y/o amigas» se hacía con más frecuencia por medio del dial que a través de los impresos, pues una vez emitida la voz no tenía retorno. Por su parte, el diario uruguayo El Bien Público aseguraba que el «libertinaje de las radios» era inherente al medio y al mismo tiempo un obstáculo para la economía del litoral uruguayo 17.
A las viejas discusiones sobre el uso del lenguaje, el humor o el habla mixturada que la radio toleró desde sus inicios, se sumó el impacto que, en el contexto político, tuvo la oralidad mediatizada. Con su potencia y su capacidad para irrumpir en los hogares «sin pedir permiso», las emisiones radiales desafiaban las concepciones existentes sobre el modo de transmisión de las novedades tanto como sobre el concepto de libertad de expresión originalmente asociado a la prensa. Por un lado, se distinguía entre libertad y libertinaje, marcando la diferencia entre prensa y radio, respectivamente. Por el otro, algunas de las acusaciones políticas cruzadas entre los Gobiernos argentino y uruguayo se relativizaron a causa de su aparente exageración de la mano de la inmediatez y de la entonación e inflexiones de la voz.
A ese respecto, pese a que los adjetivos deformado, exagerado o falso se emplearon para señalar los diversos formatos radiofónicos —entiéndase programas de comentarios, radio magazines, entre otros—, la sección informativa fue la más desacreditada. Los noticieros radiales a menudo compartían información con otros medios; sin embargo, fueron ellos los que cargaron buena parte de las acusaciones de los Gobiernos. Es evidente que la voz del emisor con sus tonos, timbres e inflexiones adquiere un rol fundamental en la transmisión de ideas y emociones, y en la generación de empatía, llegando incluso a inducir los sentidos. En aquel momento los funcionarios gubernamentales consideraban que el tono de los informativistas y comentaristas radiales influía directamente en la opinión pública, y que las inflexiones y los énfasis en la voz impactaban en las opiniones de los escuchas frente a la realidad política nacional e internacional. Así, el «tono intencionado de los locutores y comentaristas de las diversas emisoras uruguayas» (entre las que se encontraba Radio Colonia) y la «prédica agresiva e irresponsable» que se filtraba ignorando las fronteras y que aturdía los oídos de los escuchas argentinos intentaron silenciarse desde Buenos Aires «filtrando ruidos o música», o con propaganda peronista con el fin de interferir en las ondas 18.
La radio no solo ofrecía una voz, sino la capacidad de hacer eco del flujo de los acontecimientos. Facilitaba, en diferentes horarios, la repetición de lo sucedido y, pese a su aparente fugacidad, permitía rectificar lo dicho en un lapso breve. La radio también se autosilenciaba decidiendo no transmitir información por considerarla obsoleta, en el marco de un acontecer político vertiginoso y dinámico donde los hechos podían entrelazarse con rumores e invenciones.
Los documentos existentes en el archivo de la cancillería argentina conservan las protestas de su Gobierno ante una intromisión directa de la palabra mediante las ondas. También se encuentran en esos fondos documentales las réplicas del Gobierno uruguayo señalando, asimismo, una penetración argentina por el aire y haciendo caso omiso de los reclamos provenientes del vecino país.
El amplio alcance que adquirió la radio fue, como indicamos, muy atractivo para la política. En los años treinta y cuarenta del siglo pasado, con la ampliación de la ciudadanía y la consolidación de la política de masas, no hubo agrupación o dirigente político que prescindiera de este medio. Las transmisiones de mando de los gobernantes o los mensajes en vivo transportados por el éter fueron comunes en todo el mundo y en todos los regímenes políticos. La asunción del presidente Marcelo T. de Alvear en 1922 fue transmitida por la Sociedad Radio Argentina 19. En el caso uruguayo, cuando apenas comenzaban las emisiones de Radio Paradizábal —primera radio del país—, el batllismo utilizó sus micrófonos como parte de la intensa campaña presidencial que tuvo lugar en noviembre de 1922. En esa coyuntura electoral, José Batlle y Ordóñez —dos veces presidente del Uruguay— se valió de Radio Paradizábal para ofrecer un discurso proselitista, sin que la prensa dejara de ser su principal tribuna política. Batlle y Ordóñez se acercó a la radiodifusión con su experiencia previa en el universo de la escritura, en concreto en el periódico El Día, fundado por él mismo en 1886. Tuvieron que pasar los años para que su sobrino, Luis Batlle Berres, adquiriera en 1936 una estación a la que llamó Radio Ariel CX10, y que se convirtió en piedra angular de su carrera política. De manera que, en apenas una década, la radio pasó a ocupar un lugar central en el debate político 20.
En los años cuarenta varios Gobiernos de América Latina —entre ellos México, Brasil y Argentina, por mencionar algunos— crearon agencias estatales de información que hicieron uso de la radio para llevar a cabo transmisiones en cadena nacional de eventos o noticias fundamentales 21. En paralelo con esto, la Segunda Guerra Mundial reforzó la importancia de las comunicaciones y la radiodifusión, así como de aquellas agencias estatales de información y de las cadenas internacionales de noticias. Numerosos trabajos han mostrado cómo la conflagración bélica cambió el rol de la radio, pues profundizó sus usos políticos y activó acciones de censura sobre lo que se emitía. A la vez, los dispositivos técnicos de emisión y recepción mejoraron de manera notoria su alcance por aquella época, profundizando aún más el poder de la radio. Los Gobiernos de los Estados beligerantes determinaron qué información se difundía entre la población, qué medios intervenían y cuáles agencias de prensa tenían la posibilidad de proveer noticias. Sin duda, qué decir, cuándo decirlo y cómo fue crucial en aquel momento. Lo mismo sucedió en América Latina, en especial de la mano de la creación de la Oficina de Asuntos Interamericanos (OIAA), agencia de propaganda coordinada por el magnate Nelson Rockefeller, bajo la dirección del Departamento de Estado de Estados Unidos durante el Gobierno de Franklin D. Roosevelt 22. La OIAA desplegó varias estrategias propagandísticas para crear una opinión pública favorable a los Aliados y a Estados Unidos, al tiempo que se propuso contrarrestar la propaganda de los países del Eje en la región haciendo uso, al principio, de las transmisiones de radio de onda corta, y luego entrando en contacto con estaciones de radio en América Latina para efectuar retransmisiones de los programas de la OIAA originados en Estados Unidos. Entre 1941 y 1942 se constituyó el Comité Coordinador de la Oficina de Asuntos Interamericanos en Uruguay (CCOU) 23, pues desde Washington se llegó a considerar que la creación de esos comités —conformados por funcionarios, diplomáticos, empresarios y agentes culturales estadounidenses— en cada país latinoamericano permitía llevar a cabo una gestión más efectiva de sus actividades no solo de propaganda, sino comerciales 24.
Mientras tanto, en materia de política internacional, la postura del Gobierno uruguayo, en particular su adhesión a las políticas hemisféricas de Estados Unidos, acentuó la tendencia de larga duración que consideraba al país del norte como el «escudo protector» de Uruguay, la pequeña república ubicada entre dos Estados grandes y poderosos: Argentina y Brasil 25. Así pues, Uruguay adhería al panamericanismo y recibía con beneplácito los apoyos para modernizar sus fuerzas armadas y renovar su armamento. De modo que, con ese posicionamiento, el Gobierno uruguayo se autoimpuso la tarea de mitigar las enemistades que sobrevinieron con la cancillería del Gobierno argentino, renuente a cualquier tipo de acercamiento con el Gobierno estadounidense.
La mayoría de las radiodifusoras uruguayas se alinearon con la lucha de los países Aliados, y Radio Colonia CW1 no fue la excepción. Mientras buena parte de las estaciones montevideanas trabajaban de la mano del CCOU para emitir programas de radio preparados por los propagandistas estadounidenses, la emisora del litoral también expresaba su apoyo a los Aliados retransmitiendo programas de radio culturales producidos por la OIAA 26. Los diferentes vínculos, como demostró Ivonne Calderón, que esta agencia entabló con intelectuales, artistas y medios de comunicación uruguayos —muchos de los cuales se sumaron a la política propagandística para el continente participando de manera indirecta o más laxa— coincidieron con el interés por los capitales norteamericanos.
Entre las radiodifusoras uruguayas alineadas con la política de propaganda hemisférica de Estados Unidos destacan Radio Carve CX16, asociada a la Columbia Broadcasting System (CBS), y Radio El Espectador CX14, asociada a la National Broadcasting Company (NBC). Los empresarios de estas dos radios uruguayas aprovecharon la coyuntura política de la guerra para crecer en equipamientos con el apoyo tecnológico de Estados Unidos, en ferviente campaña propagandística para ganar a los países del Eje la guerra de las ondas en América Latina. Ubicada a pocos kilómetros de la ciudad de Colonia, Radio Carmelo CW7 —emisora en cadena con Radio El Espectador— retransmitía programación de la OIAA para los oyentes argentinos. Estas emisiones produjeron conflictos diplomáticos que derivaron, incluso, en la cancelación de la licencia a Radio Carmelo, aduciendo interferencias con la estación oficial uruguaya.
Las gestiones de la OIAA lograron colocar en otras emisoras uruguayas los programas antes emitidos por Radio Carmelo para los públicos del otro lado del Río de la Plata. Justo en ese momento Radio Colonia cobró un denotado protagonismo, ya en la última etapa del conflicto bélico mundial. Esa estrategia de la OIAA buscaba mantener las emisiones de programas de radio de tipo político y cultural entre las audiencias argentinas. Una de aquellas transmisiones fue «La Voz Argentina», audición de comentarios políticos conducida por un grupo de exiliados del vecino país en Uruguay, y dedicada a condenar al Gobierno de Edelmiro Farrell en Argentina. El programa fue emitido por Radio El Espectador y retransmitido por las emisoras asociadas a su cadena uruguaya, entre las que se encontraba Radio Colonia 27.
En aquel momento los informativos radiales adquirieron una relevancia política central. Junto con la preeminencia de la cobertura noticiosa de asuntos políticos nacionales y mundiales, empezaron a gestarse coordinaciones y tensiones entre las agencias informativas, los intereses de los empresarios de los medios y los intereses políticos de los Gobiernos 28. El Gobierno militar argentino, surgido de una revolución, instauró en 1943 una nueva dinámica entre radio y política, agudizando los conflictos con los principales empresarios del medio en el país 29. En 1944, por ejemplo, las agencias estadounidenses de noticias Associated Press y United Press fueron prohibidas en Argentina por un breve tiempo 30.
En esta coyuntura se recrudecieron los rumores respecto a la inminente adquisición de una emisora en Colonia desde la que se pretendía transmitir libremente hacia Buenos Aires, rehuyendo así los controles estatales y la censura a la que estaban sometidas las estaciones en Argentina. Radio Colonia parecía una oferta atractiva para el licenciatario argentino de Radio Belgrano, Jaime Yankelevich, además dueño de la primera Cadena Argentina de Broadcasting 31. Sin embargo, esa adquisición nunca llegó a concretarse, y el empresario optó por transmitir conjuntamente —no sabemos con exactitud por cuánto tiempo— desde la Radio Real de San Carlos, ubicada también en la ciudad de Colonia en Uruguay 32.
La asunción de Edelmiro Farrell en 1943 como presidente de la Argentina ocasionó, en términos del historiador Juan Antonio Oddone, un notable distanciamiento una vez que el Gobierno de Uruguay se sumó a la condena del nuevo Gobierno argentino 33. A tono con las tensiones diplomáticas entre los dos países, los medios de comunicación rioplatenses sintieron el revuelo político. En el informe confidencial remitido desde la cancillería argentina en Uruguay, el secretario de prensa de la presidencia de Farrell, coronel González, sostenía que la «actitud de ciertos diarios y estaciones radiotelefónicas uruguayas desvirtúan la posición de la Argentina en el orden interno e internacional» 34.
La radio, con un público masivo consolidado, tomaba parte activa en el complejo proceso político, emprendiendo acciones que contribuyeron a tensar aún más los vínculos entre los dos Gobiernos. Por ejemplo, las radios del litoral uruguayo, entre ellas Radio Colonia, dieron voz a los exiliados argentinos (como se ha señalado), esparcieron rumores y en ocasiones brindaron información violando las normativas internacionales al respecto.
Con la asunción de Luis Batlle Berres 35 en 1947, y la elección de Juan Domingo Perón en Argentina en 1946, se exacerbaron aquellos enfrentamientos bilaterales. Como hemos mencionado antes, Luis Batlle Berres desde 1936 era el concesionario de Radio Ariel. Desde sus ondas desplegó, una vez en el poder, una intensa campaña basada en comentarios internacionales, impulsando su consistente rol de oposición al peronismo. Si el antagonismo entre Uruguay y Argentina se hizo mayormente visible desde 1943, recrudeció con la llegada de Luis Batlle Berres a la presidencia en 1947. Desde los micrófonos de su propia radio afirmó su discrepancia profunda con Perón, a quien acusó de haber intervenido en las elecciones uruguayas de 1946 a favor de Luis Alberto de Herrera, líder del Partido Nacional, cercano a la política del mandatario argentino, con quien llegó a establecer, incluso, un vínculo de amistad 36.
En 1949 las noticias «en contra» del Gobierno de Perón, publicadas en la prensa y emitidas por las radios uruguayas, tuvieron su contraparte en la agencia estatal argentina Télam, que replicó con «noticias alarmantes» sobre su vecino país. Por otro lado, las diferencias ideológicas y los enconos personales cobraron vigor debido a la presencia de exiliados políticos argentinos en Montevideo y en el litoral. El campo del antiperonismo en el exilio uruguayo estaba conformado por una red diversa de actores que incluía dirigentes de los principales partidos opositores argentinos: radicales, socialistas, conservadores y disidentes peronistas. Estos exiliados desarrollaron prácticas políticas específicas que combinaban la denuncia pública del régimen peronista a través de manifiestos y proclamas, la organización de actos y conferencias en espacios como el Ateneo de Montevideo y la articulación con medios de comunicación uruguayos para difundir su mensaje. Su imaginario político se estructuraba en torno a la defensa de la democracia liberal, el anticomunismo y la denuncia del «totalitarismo peronista», estableciendo redes de sociabilidad que conectaban las casas particulares, los cafés del centro de Montevideo, las redacciones de diarios opositores y las emisoras radiales del litoral 37.
El exilio en la capital uruguaya del locuaz diputado de la Unión Cívica Radical (UCR) Rodríguez Araya, expulsado del Parlamento argentino en 1949, y la circulación de panfletos en contra de Perón y la nueva Constitución de 1949 se sumaron al revuelo por la presunta compra de tres radios uruguayas por parte del peronismo, y la reducción de ondas hercianas, que se temía, pudiera afectar al Uruguay 38.
Fueron las páginas de la publicación antiperonista Argentina Libre las que afirmaron que «tres emisoras uruguayas habrían pasado a capitales propiedad de un gobernante de un país vecino» 39. Al mismo tiempo, aunque en mucha menor medida, es importante señalar que el peronismo también contaba con simpatizantes en Uruguay, en particular entre sectores obreros organizados y algunos intelectuales próximos al nacionalismo. En el Partido Nacional la facción vinculada con el herrerismo tenía afinidades ideológicas con el peronismo e hizo un uso táctico de este para dirimir sus escaramuzas internas 40. Además, algunos sectores de trabajadores veían con simpatía las políticas laborales del peronismo y articularon acciones conjuntas con dirigentes de la Confederación General del Trabajo y los delegados obreros del peronismo 41. Sin embargo, el poder de estos sectores filoperonistas palidece comparado con el predominio del antiperonismo en la opinión pública uruguaya, la dirigencia política y los medios de comunicación. Desmentida por los propietarios de las emisoras en cuestión —Radio Oriental, Broadcasting Centenario y Norton—, la noticia apareció justo en medio del debate internacional sobre la distribución de ondas de alta frecuencia 42. La adquisición de ondas con fines propagandísticos y la denuncia de audiciones peronistas infiltradas desde la Argentina aumentaron la preocupación del Gobierno uruguayo. El presidente Batlle Berres reafirmó la necesidad de defender la «soberanía en el aire», mientras el diario colorado opositor al primer mandatario, La Mañana, sostenía que «seguramente el presidente influido en su calidad de propietario de una broadcasting como él mismo lo expresó ha exagerado los términos del problema» 43.
La importancia de definir y controlar qué información traspasaba las fronteras, quién y cómo se difundía, generó acciones que fueron desde «pedidos amistosos» para obtener «el cese de la campaña», pasando por amenazas de «contrapropaganda pues el Gobierno no puede quedarse callado ante tal situación», hasta llegar a gestos públicos como el ofrecido por el ministro del Interior de Uruguay, Alberto Zubiría. En 1949 el ministro citó en la ciudad de Montevideo a los representantes de las agencias informativas telegráficas y de radiodifusión para «conocer el origen de las noticias que en los últimos días se habían adelantado sobre la actual situación argentina». En la conferencia de prensa que prosiguió, Zubiría responsabilizó a la agencia estatal argentina Télam de originar la información que incomodó al Gobierno argentino, noticias que para el ministro «estaban lejos de revestir carácter alarmista» 44.
Radio Colonia suele aparecer en estas dinámicas acusatorias. La estación del litoral participó en el proceso de exacerbar a la opinión pública contra el Gobierno de Perón. La radicalización política del antiperonismo, que como indicamos más arriba se agudizó a partir de los años cincuenta, trascendió los debates y las diferencias ideológicas, pues se nutrió también de una constelación emocional (resentimiento, ira y odio, en especial) y del enorme impacto que algunas medidas económicas del Gobierno argentino produjeron en el litoral uruguayo. En el departamento de Colonia esas medidas implementadas por el Gobierno argentino repercutieron de forma negativa. Por ejemplo, entre 1951 y 1955 el descenso abrupto del turismo argentino afectó su economía y provocó críticas hacia Montevideo, tanto por su ceguera como por el abandono de la región del litoral uruguayo. En el mismo sentido, esos efectos económicos reactivaron la pregunta sobre la pertinencia y conveniencia de inmiscuirse en el debate peronismo-antiperonismo que, se sospechaba, era instigado por los exiliados políticos argentinos en Uruguay 45. Se sabe de la articulación de la emisora con el Comité Antitotalitario de Colonia, así como con los diarios El Ideal y La Colonia de la ciudad homónima. El Comité Antitotalitario de Colonia era una de las filiales del Comité Antitotalitario creado en 1952 en Montevideo y cuya sede central se encontraba en el Ateneo, institución fundada en 1886, y en este contexto convertida en un espacio de sociabilidad de las elites locales vinculado con centros transnacionales asociados con la lucha antifascista y opositores, en ese entonces, al Gobierno de Juan Perón 46. A partir de 1951 y durante los dos años que prosiguieron, la crítica y oposición al Gobierno argentino, expresada tanto por la emisora como por esos medios de prensa, fue constante. El director de La Colonia conducía la audición especial «Tribuna Democrática» que desde las ondas de Radio Colonia enfrentaba al peronismo. Sus contenidos incluían la lectura de editoriales contra las políticas económicas peronistas, en particular las restricciones cambiarias que afectaban el comercio del litoral; denuncias sobre «violaciones a los derechos humanos» en Argentina, y comentarios sobre la situación internacional en clave anticomunista. El programa solía concluir con un llamado «a los hermanos argentinos» para «recuperar la libertad perdida». El programa —según las páginas del mismo diario— aspiraba a «analizar la democracia y exponer sus fundamentos y juzgar sus realizaciones», apelando a la «pasión que ilumina todas las mentes y penetra en las conciencias» 47. Del mismo modo, la emisora uruguaya Radio Berna de Nueva Helvecia (lindante con la ciudad de Colonia) agitaba su antiperonismo justo cuando resurgían las acusaciones de penetración radiofónica. Según una versión retrospectiva dicha luego del golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955, la guerra de las ondas se habría librado desde Buenos Aires, interfiriendo las emisiones del otro lado del Río de la Plata. Esta infiltración peronista que venía por el aire era ideológica y también cultural, y, además, trascendió el espacio de las ondas hercianas. En cuanto a lo primero, se decía que las transmisiones propagandísticas del Gobierno argentino reflejaban el «mal gusto peronista, chabacano», haciendo uso de «un léxico bastardo» 48. Respecto a lo segundo, el diario uruguayo La Unión señalaba que la infiltración ideológica peronista mediante la radio se había extendido a intromisiones «inadmisibles de los cónsules y los agregados obreros». Eso refiriéndose, en particular, al año 1953 y el estallido de manifestaciones políticas en Colonia debido al alza de precios y la importante conflictividad gremial en el litoral uruguayo 49.
De modo que el involucramiento de los medios de comunicación uruguayos en los sucesos argentinos dio un salto hacia delante de la mano de la violencia política que azotó a la Argentina en 1955. En junio de ese año la Armada argentina, con el apoyo de sectores de la Fuerza Aérea, bombardeó la plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires en un intento por derrocar a Perón y tomar el poder, sin reparar en la enorme cantidad de civiles que circundaban el área. Estos hechos acapararon la atención informativa. Desde la ciudad de Colonia se siguieron el rumbo de los aviones, el humo de los bombardeos y el desenlace de los acontecimientos, pues Radio Colonia les permitió a sus oyentes atender el minuto a minuto de los sucesos. Según testimonios de la época, la emisora interrumpió su programación regular a las 12:40 horas del 16 de junio para informar: «Atención, atención. Desde Buenos Aires se informa que aviones de la Marina de Guerra están bombardeando la Casa Rosada y la plaza de Mayo. Se ven columnas de humo sobre el centro de la capital argentina. Mantenemos contacto permanente con nuestros corresponsales». A lo largo de la tarde, Radio Colonia ofreció boletines cada media hora, describiendo el movimiento de tropas, el sonido de la artillería antiaérea y las reacciones de la población porteña, convirtiéndose en una fuente privilegiada de información para las audiencias rioplatenses.
En cuanto a la prensa, luego de aquel bombardeo, el cónsul argentino (acreditado en Uruguay) informaba a su superior que se había acercado a los periódicos de Colonia con el fin de solicitarles que publicaran el encendido discurso del presidente Perón posterior a los cruentos ataques, y había obtenido la negativa de los diarios. En la misma misiva, el cónsul informaba de sus conversaciones con los dueños de Radio Colonia, que también se habían resistido a propalar las palabras de Perón a sus oyentes, argumentando que la información había perdido actualidad pues el discurso era del día anterior. En cualquier caso, y en una línea de acción que parece coordinada con los diarios locales, los licenciatarios de Radio Colonia, Bernotti y Montellano, aceptaron dar a publicidad el comunicado oficial de la Embajada que buscaba transmitir la «calma» reinante en la capital de la argentina y en especial que el Gobierno tenía el control de la situación política interna 50.
Cuando el presidente Juan Domingo Perón resultó derrocado tras el golpe militar del 16 de septiembre de 1955 fue cuando los directores propietarios de Radio Colonia «cuentan» a la opinión pública sus peripecias con el ahora depuesto Gobierno argentino. En el marco de las manifestaciones de apoyo a la «nación hermana» que «había reconquistado la libertad» en varias ciudades de Uruguay, Bernotti y Montellano denunciaron la guerra de ondas proveniente de la Argentina, dirigida a acallar las voces del Uruguay. El diario coloniense El Ideal insistía en que Radio Colonia «soportó desde años atrás la amenazante proximidad de LS4 Radio Porteña, poderosa emisora de Buenos Aires que, saliendo de su lugar en el dial, se colocó al lado de Radio Colonia como una permanente extorsión de que a la menor palabra que disgustara al régimen depuesto, vería ahogada su voz y amenazada su existencia misma» 51. Esta amenazante proximidad —que, según confiesan los mismos propietarios de la estación, intentaron revertir— quizás explique las acusaciones de «tibieza» o indiferencia que le endilgaron a esta emisora por entonces; tibieza en denunciar al régimen depuesto en un momento en que se incitaba a la revisión «en caliente» de la postura de los medios de comunicación frente al peronismo.
En el marco de la Segunda Guerra Mundial, y después con el inicio de la Guerra Fría, las transmisiones radiales ocuparon un lugar relevante en la geopolítica. Fueron un botín codiciado por grupos empresariales, políticos y gubernamentales. La fantasía construida en torno al poder de la radio para traspasar las fronteras geográficas y penetrar en los hogares del mundo fue esencial para el despliegue de la «guerra de las ondas», una guerra en la que también se vio envuelta Radio Colonia. Como la mayoría de las radios surgidas en la región durante la década de los treinta, esta emisora nació como un negocio que —sin desechar la publicidad del departamento de Colonia y sin obviar la publicidad proveniente de Montevideo— aspiraba a conseguir anunciantes argentinos y a conquistar audiencias a ambos lados del Río de la Plata. Aspiraciones que tenían asidero en un hinterland cultural y económico compartido por los dos países, soslayando los límites geográficos y políticos.
A inicios de los años cuarenta la política empezó a meter la cola de manera sistemática y las principales disputas por las emisiones radiales se consolidaron. Como ha señalado el historiador Juan Antonio Oddone, existe un «camino oscilante entre la aproximación y el alejamiento que desde el comienzo mismo de la conformación de ambas nacionalidades» signaron las pendulantes relaciones entre los Gobiernos de Uruguay y Argentina 52. La Segunda Guerra Mundial, la penetración norteamericana en la región, la llegada del peronismo al poder, el lugar de Uruguay para el despliegue de la oposición al peronismo y el impacto de las medidas económicas implementadas por el Gobierno argentino en la economía del litoral uruguayo dispararon el conflicto político, que encontró en la radio un canal de expresión al tiempo que una herramienta para su amplificación, como sucedió con Radio Colonia. Como decía el representante de Estados Unidos en Uruguay en su informe sobre la radio de 1945: «CW1 Radio Popular Colonia es la más poderosa del interior y tiene un poder no solo en la frontera de Uruguay sino también de Argentina» 53.
En efecto, reponiendo el foco en el vibrar de sus ondas, este artículo ha realizado tres aportes fundamentales al conocimiento histórico del periodo. En primer lugar, el antiperonismo no fue solo una oposición doméstica argentina, sino que se articuló con una red transnacional y, también muy importante, utilizó las ondas radiales para coordinar estrategias de acción, discursos opositores legitimantes del férreo cuestionamiento al presidente argentino y al movimiento político que encarnó. El análisis de Radio Colonia revela que las radios fronteras operaron como nodos cruciales de esta oposición transnacional, canalizando el antiperonismo desde programas como «La Voz Argentina» y «Tribuna Democrática» hasta la coordinación con el Comité Antitotalitario de Colonia. El enfrentamiento al peronismo encontró en las emisoras uruguayas un vehículo privilegiado para su expresión, configurando lo que podríamos denominar un «paisaje sonoro antiperonista» rioplatense. En segundo lugar, este trabajo contribuye a la historia social y cultural del periodo, en especial de la mano del concepto de radio frontera como espacio de interacción cultural que supera los límites geográficos tradicionales. A diferencia de estudios previos que han abordado la radio desde perspectivas nacionales, este trabajo demuestra cómo Radio Colonia construyó un hinterland cultural compartido entre Argentina y Uruguay, donde circularon ideas, prácticas y representaciones políticas que configuraron una comunidad de escucha transfronteriza. El análisis de las dieciséis emisoras porteñas, las cuarenta y cinco del interior argentino y las treinta y nueve uruguayas evidencia cómo el fenómeno radiofónico rioplatense constituyó un ecosistema comunicacional integrado que facilitó tanto la expansión comercial como la militancia política antiperonista. Por último, esta investigación hace su aportación al campo de los estudios de comunicación histórico al combinar documentación diplomática de ambos países (cancillerías argentina y uruguaya), registros de la Oficina de Asuntos Interamericanos estadounidense, prensa de época de ambos países y referencias a la programación radiofónica disponible. Esta triangulación de fuentes brinda indicios sobre las intenciones y en ocasiones los contenidos políticos explícitos de las emisiones, y también informa de las estrategias gubernamentales para controlarlas, las tensiones y las amplias audiencias.
Radio Colonia fue una radio frontera particular si se la compara, por ejemplo, con Radio Club Portuguesa (RCP), que planificó una eficaz campaña de propaganda contra el Gobierno democrático español en los años de la guerra civil y logró repercusiones en el curso del conflicto bélico. Asimismo, Radio Colonia se distanció, por ejemplo, de la función política que se adjudicó a las radios de la ciudad de Salto oficiando como portavoces del batllismo y contra el peronismo 54. De manera que no fue la frontera política o un público específico lo que definió a Radio Colonia como una radio frontera, sino la peculiar dinámica del enfrentamiento político para el cual ofreció su dial a los aliados y más adelante a los opositores del Gobierno argentino. Su vocación comercial y transnacional y el hecho de que sus dueños fueran además propietarios de una radio que emitía desde Buenos Aires quizás expliquen la «tibieza» que, vimos, le fue endilgada y que habría expresado durante los picos más altos del conflicto político entre el Gobierno argentino, el Gobierno de Uruguay y la diversa oposición al peronismo.
Meses después del «derrocamiento del tirano» —uno de los motes para aludir a Juan Perón—, a Radio Colonia se la volvió a acusar de impartir rumores, pero esta vez en contra de las autoridades de la «revolución libertadora» 55. En octubre de 1956 Bernotti y Montellano publicaron en diversos periódicos una carta en la que declaraban «su adhesión y colaboración» con el Gobierno argentino. Acusada de estar «pagada por empresas comerciales argentinas» volvió a ser, a inicios de 1957, «esa voz que se mete en todo lo que a ellos no les incumbe y va sembrando discordia [es] una ponzoña» 56. El talante tóxico que irradiaba su dial a «través de comentarios y editoriales eran un acicate para América, es venenoso y perjudicial para la tranquilidad del continente pues mantiene constantemente despierto el odio y fomenta la venganza» 57. Detrás de estas acusaciones se escondía la sospecha de que «trabaja para el peronismo» proscripto 58.
El derrotero de Radio Colonia esbozado en este artículo resulta fundamental para los estudios sobre la oposición al peronismo porque demuestra la centralidad de los medios radiales en la construcción de representaciones y alianzas políticas transnacionales. Esa oposición transnacional al movimiento liderado por Juan Perón, y la creación de una imagen internacional desfavorable que lo retrataba como dictador, perverso y/o corrupto, se edificó también desde las estaciones radiales. Si un conglomerado amplio de diarios y publicaciones contribuyó a la construcción de estas representaciones, la radiodifusión fue crucial. El vértigo con que se propagaba la voz a través de sus ondas, el poder de su antena y la llegada cotidiana a las audiencias de las dos orillas del Río de la Plata revelan la importancia política de Radio Colonia como actor en la configuración de la opinión pública rioplatense en el periodo. Acercase a un estudio histórico de esta radio es relevante porque muestra, además, la diversidad de variables que operaron en el enfrentamiento a Perón: desde la dependencia económica del litoral uruguayo respecto a la provincia de Buenos Aires hasta las redes de exiliados políticos, las interferencias tecnológicas y las estrategias propagandísticas de la Guerra Fría. Las resistencias y cercanías del Gobierno uruguayo frente al Gobierno argentino no se limitaron a disputas ideológicas, sino que estuvieron atravesadas por consideraciones económicas, geopolíticas y culturales que esta investigación aspira a poner en valor 59.
1 El peronismo surgió como movimiento político en Argentina en los años cuarenta del siglo xx en torno a las figuras de Juan Perón y Eva Duarte de Perón. Él fue elegido presidente en 1946, reelegido en 1951 con el 64 por 100 de los votos y derrocado por un golpe militar con apoyo civil en septiembre de 1955. En la historia política argentina el periodo 1946-1955 se conoce como «peronismo clásico». Se caracteriza por las grandes transformaciones económico-sociales y por la intensa y variada oposición política e intelectual transnacional que generó, así como por el cercenamiento de las libertades públicas y los crecientes rasgos autoritarios que mostró en su gestión de gobierno. Una vez derrocado en 1955, Juan Perón y el movimiento político que lideró —desde la dirigencia, los militantes, los símbolos partidarios, etc.— fueron proscriptos de la política argentina. Perón marchó a un largo exilio. Regresó en 1973 y volvió a ser elegido presidente. Falleció en 1974 y lo sucedió Isabel Perón, vicepresidenta y su esposa, que fue derrocada por un golpe militar con apoyo civil en marzo de 1976. El peronismo es todavía hoy una fuerza política competitiva electoralmente y activa en la vida pública de la Argentina y la región. El antiperonismo nucleó a un conglomerado de actores políticos e intelectuales muy variado que involucró a partidos políticos argentinos como la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista y el Partido Conservador, y a redes de intelectuales transnacionales, medios de comunicación, líderes de partidos políticos y propietarios de medios de comunicación, entre otros sectores.
2 Durante la proscripción del peronismo (1955-1973), Radio Colonia recibió denuncias en varias ocasiones y a menudo se la asoció con el movimiento peronista. Durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), esta emisora informaba sobre los sucesos políticos del país, sobre los cadáveres que aparecían flotando en el Río de la Plata y sobre los desaparecidos por el Gobierno dictatorial. Hoy, en ambas orillas, se recuerda su cobertura informativa como «veraz y creíble» durante la guerra de las Malvinas en 1982 a diferencia de la manipulación informativa que desplegó la dictadura argentina.
3 Entre los asuntos económicos que afectaron las relaciones bilaterales se encuentran: el control de divisas a los turistas uruguayos que viajaban a Buenos Aires, la cancelación de las exportaciones de piedra y arena desde Colonia hacia Argentina y la revocación de la venta de trigo de Argentina a Uruguay.
4 Sobre la radio frontera la bibliografía es amplia y diversa, véanse Gene Fowler y Bill Crawford: Border Radio. Quacks, Yodelers, Pitchmen, Psychics, and Other Amazing Broadcasts of the American Airwaves, Austin, University of Texas, 2003; Sonia Robles: «Radio y frontera norte. Empresarios mexicanos y su público de radioescuchas en Estados Unidos durante los años treinta», Trashumante. Revista Americana de Historia Social, 20 (2022), pp. 10-32; Alberto Pena Rodríguez: «Sintonía de combate. La propaganda del Rádio Club Português en la guerra civil española, 1936-1939», Historia Crítica, 58 (2015), pp. 95-115; Sig Mickelson: America’s Other Voice, Radio Free Europe-History and Radio Liberty, New York, Praeger, 1983, y Arch Puddington: Broadcasting Freedom. The Cold War Triumph of Radio Free Europe and Radio Liberty, Kentucky, The University Press of Kentucky, 2000.
5 Andrea Matallana: «Cuando los militares llegaron a los estudios de radio», en Miranda Lida e Ignacio López (eds.): Un golpe decisivo. La dictadura de 1943 y el lugar de Juan Domingo Perón, Buenos Aires, Edhasa, 2023, pp. 213-230.
6 Mónica Maronna: Prendidos al dial. La radio en Uruguay, de la periferia al centro de la cultura: 1922-1940, Montevideo, Planeta, 2022, p. 85.
7 S. a.: «La más poderosa estación radiodifusora sudamericana», La Colonia, 14 de diciembre de 1933, s. p.
8 La revista Cine Radio Actualidad (en adelante, CRA), editada en Montevideo, publicaba toda la programación de las radios uruguayas. Allí se observa que radio Colonia publicitaba sus horarios de «Informativos departamentales», «Noticias del país», «La Hora de Carmelo», «Noticias del exterior», «Notas departamentales», música y todos los días retrasmisiones con LS6 Radio del Pueblo de Buenos Aires a las 13:00 y las 22:00 horas. Los sábados y domingos las retrasmisiones aumentaban la cantidad de horas en el dial. S. a.: «Programación», CRA, III(83) (7 de enero de 1938), s. p.
9 S. a.: «La más poderosa...».
10 No hemos podido precisar con exactitud cuándo y por qué ambos adquieren el permiso para usufructuar las ondas en lugar de Leopoldo María Morelli. Si bien estamos en proceso de reconstruir al detalle la historia empresarial de la emisora, es claro que desde su misma creación apareció asociada con empresarios argentinos por más que fueran uruguayos quienes figuraran como usufructuarios de las ondas, como exigía la legislación de ese país. Este hecho también contribuyó a la relevancia política de la radio durante el peronismo.
11 S. a.: «Publicidad», CRA, III(133) (30 de diciembre de 1938), s. p.
12 Si bien es muy difícil reconstruir las audiencias, las revistas del espectáculo del periodo y las entrevistas que hemos realizado en el marco de nuestro proyecto de investigación brindan indicios de una cobertura territorial muy amplia de la emisora: las ciudades de Montevideo, Salto, Mercedes, Colonia, Entre Ríos, Gualeguay y Buenos Aires, así como numerosas localidades de la provincia de Buenos Aires, sintonizaban CW1.
13 Ariel Delgado había empezado a trabajar en la radio en 1958, época en que esta continuaba bajo la propiedad de Bernotti y Montellano. S. a.: «Radio Colonia, un enigma para el Gobierno», Marcha, 14 de enero 1966, s. p.
14 Walter Ong: Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra, México, Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 71.
15 Emily Thompson: «Sound, Modernity and History», en Jonathan Sterne (ed.): The Sound Studies Reader, London, Routledge, 2012, pp. 117-129, esp. p. 118.
16 Además, la radio expresaba mucho solo apelando, sostenía el funcionario: «al tono intencionado de los locutores y comentaristas de las diversas emisoras». Carta del agregado de negocios de Argentina en Colonia, Uruguay (1947), Archivo Ministerio de Relaciones Exteriores de la Cancillería Argentina (en adelante, AMREC), caja 30, carp. Política, Subsecretaría de Informaciones.
17 El Bien Público, editado en Montevideo y afín al catolicismo, batalló por la necesidad de suprimir polémicas inútiles con Argentina. Todo demuestra, escribió en su edición del 4 de febrero de 1944, que «la Argentina es nuestra vecina más próxima y nuestra amistad más necesaria» (s. p.).
18 S. a.: «Infiltración de propaganda peronista en el litoral del país», El Ideal, 23 de septiembre de 1952, p. 1.
19 Andrea Matallana: Locos por la radio. Una historia social de la radiofonía en la Argentina, 1923-1947, Buenos Aires, Prometeo, 2006, p. 156.
20 Mónica Maronna: Prendidos al dial..., p. 161.
21 Clara Kriger: Cine y propaganda. El orden conservador al peronismo, Buenos Aires, Prometeo, 2021.
22 Gisela Cramer y Ursula Prutsch: «Nelson A. Rockefeller’s Office of Inter-American Affairs and the Quest for Pan-American Unity. An Introductory Essay», en Gisela Cramer y Ursula Prutsch (eds.): Nelson A. Rockefeller’s Office of Inter-American Affairs (1940-1946), Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2012, pp. 15-51.
23 Ivonne Calderón: Buenos Vecinos en el dial. La intervención de la Oficina de Asuntos Interamericanos en la radiofonía uruguaya 1940-1946, tesis doctoral, Universidad de la República (Udelar), 2022, p. 54.
24 Mónica Rankin: México, La Patria. Propaganda and Production during World War II, Lincoln, University of Nebraska Press, 2009, p. 86.
25 María Rodríguez Ayçaguer: Uruguay, entre las grandes potencias y los grandes vecinos. Escritos sobre historia de la política exterior uruguaya (1900-1945), Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2024, p. 467.
26 S. a.: «Una voz uruguaya al servicio de la Libertad», La Colonia, 13 de julio de 1944, s. p.
27 Ivonne Calderón: Buenos vecinos en el dial..., p. 152.
28 Tiempo atrás se habían instalado en la región las principales agencias informativas occidentales: France Press, Associated Press, United Press, BBC, EFE. A inicios de los años cuarenta comenzaron las retransmisiones de programas noticiosos por iniciativa de los empresarios de los medios de comunicación; esto como mecanismo para alcanzar mayores audiencias e incrementar sus negocios. En ese periodo crecieron las vinculaciones de las radios latinoamericanas con las grandes cadenas radiofónicas de Estados Unidos, que producían y emitían audiciones de talante informativo, por supuesto favorables a los países Aliados. Así se concretaron acuerdos como el que tuvo lugar en Uruguay entre Radio Carve y CBS, y Radio El Espectador y NBC. Por otro lado, desde la década de los treinta los Estados latinoamericanos también crearon a ritmo y con éxito dispar sus propias agencias estatales de noticias.
29 Andrea Matallana: «Cuando los militares...», p. 220.
30 Federico Lindenboim: «El desarrollo de la Subsecretaría de Informaciones (1943-1945). Los primeros ensayos de política mediática de Perón antes del peronismo», Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, 55 (2021), pp. 80-103.
31 Andrea Matallana: Jaime Yankelevich. La oportunidad y la audacia, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2013.
32 S. a .: «Trasmite otra onda uruguaya», CRA, V(193) (23 de febrero de 1940).
33 Juan Antonio Oddone: Vecinos en discordia. Argentina, Uruguay y la política hemisférica de los Estados Unidos. Selección de documentos 1945-1955, Montevideo, El Galeón, 2004.
34 S. a.: «Informe confidencial de la cancillería argentina en Uruguay» (1944), AMREC, carp. América del Sur, Uruguay.
35 Luis Batlle Berres, líder político batllista del Partido Colorado, fue el vicepresidente del electo Tomás Berreta, que murió a los pocos meses de asumir el mandato.
36 En 1947 desde el periódico oficial Democracia, editado en Buenos Aires, se denunció la «transmisión irresponsable de noticias falsas y comentarios calumniosos [...] odio y aversión a todo lo nuestro»; véase Secretaría de Prensa y Difusión de Presidencia (1947), Archivo Nacional de la Memoria, caja 2982. Todavía en 1954 la acusación de financiamiento de la campaña de Luis Alberto de Herrera por parte de Perón aparecía en las discusiones entre batllistas y herreristas, diatribas que tenían lugar, eminentemente, en sus respectivos periódicos Acción y El Debate. AMREC (1952-1954), AH/0077, serie 47, Dpto. de América del Sur, América del Sur, Uruguay, C75, A20.
37 En la década de los cincuenta existían en Uruguay diez grandes periódicos de gran circulación y todos asociados a sus respectivos partidos. En esas salas de redacción se integraron periodistas y algunos políticos argentinos exiliados en Montevideo cuya incidencia se observa con claridad en los documentos.
38 La Unión Cívica Radical (en adelante, UCR) fue el primer partido político y el primer partido de masas de la Argentina. Se creó en 1891 y llegó al poder en 1916 con Hipólito Yrigoyen en el marco de una nueva ley electoral que estipuló el sufragio masculino obligatorio y universal. Yrigoyen, elegido de nuevo presidente en 1928, fue derrocado por un golpe cívico militar en 1930. Cuando Juan Domingo Perón irrumpió en la política argentina y después de que llegara a la presidencia, la UCR se convirtió en el principal partido de la oposición.
39 El País, 23 de enero de 1949, p. 1.
40 Para los vínculos de las derechas uruguayas con el peronismo y los intentos del Gobierno argentino de influir en la vida política uruguaya a través de la propaganda, el impulso de organizaciones sociales y sindicales filoperonistas: Fernando Adrover: «El peronismo y las derechas uruguayas (1947-1955)», Anuario IEHS, 35(1) (2020), pp. 75-99.
41 Ernesto Semán: Ambassadors of the Working Class. Argentina’s International Labor Activists and Cold War Democracy in the Americas, North Carolina, Duke University Press, 2017.
42 AMREC, política (1949), caja 30.
43 Ibid.
44 S. a.: «Uruguay», La Nación, 16 de septiembre de 1949, p. 1.
45 Sobre este componente emocional del antiperonismo transnacional, véase el libro de Sandra Gayol: Una pérdida eterna. La muerte de Eva Perón y la creación de una comunidad emocional peronista, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2023.
46 Sobre el Ateneo, su origen antifascista, su posterior perfil antiperonista y anticomunista y su alineamiento pronorteamericano, véase Fernando Adrover: «La movilización antitotalitaria y las miradas sobre el peronismo desde Uruguay, 1936-1955», en Magdalena Broquetas y Gerardo Caetano (coords.): Historia de los conservadores y las derechas en Uruguay, vol. 2, Guerra Fría, reacción y dictadura, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2023, pp. 117-133.
47 S. a.: «Tribuna Democrática», La Colonia, 8 de noviembre de 1951, p. 1.
48 La Unión, 12 de mayo de 1953, p. 3.
49 En relación con la diplomacia obrera peronista y los agregados obreros peronistas en las embajadas y consulados de la Argentina en el exterior, remitimos a Ernesto Semán: Ambassadors... Véanse también Álvaro Sosa: «Libres, “democráticos” e “internacionalistas”. La confederación sindical del Uruguay en los años cincuenta», Claves. Revista de Historia, 5(8) (2019), pp. 95-122, y Daniel Gómez Perazzoli: «El viraje del nacionalismo independiente: elitismo y anticomunismo», en Magdalena Broquetas y Gerardo Caetano (coords.): Historia de los conservadores y las derechas en Uruguay, vol. 2, Guerra Fría, reacción y dictadura, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2023, pp. 99-115.
50 AMREC, América del Sur, Uruguay (25 de junio de 1955).
51 S. a.: «A la opinión pública», El Ideal, 24 y 27 de septiembre de 1955, p. 1.
52 Juan Antonio Oddone: Vecinos en discordia..., p. 7.
53 Reporte de la División de Radio en Uruguay (27 de febrero de 1945), National Archives and Records Administration, Coordinating Committee for Uruguay General Records, Record Group 229, carp. Minutes of Comm Meetings, caja 1455.
54 Alberto Pena Rodríguez: «Sintonía de combate...», pp. 99-115.
55 La «revolución libertadora» fue el nombre que se adjudicó el mismo movimiento militar que, con apoyo civil, derrocó a Juan Perón en septiembre de 1955. Junto con el restablecimiento del sistema de partidos políticos se propuso la «desperonización» de la política, la sociedad y la cultura argentinas. Esto es, prohibir toda referencia pública al peronismo y borrar de la memoria cívica la experiencia peronista.
56 La Razón, febrero de 1957, s. p.
57 Ibid.
58 En 1958 el fantasma del peronismo volvió a sobrevolar las costas uruguayas. Ariel Delgado se incorporó a Radio Colonia y desplegó desde su dial el arte de seleccionar y leer informaciones. Entre especulaciones y rumores sobre quién era en realidad el dueño de la radio en ese momento y cuál era la filiación política de Delgado, el peronismo reapareció como una amenaza no solo para Uruguay, sino también para el nuevo presidente argentino Arturo Frondizi —por ejemplo, en agosto de 1958, año en cuyo mes de julio había sido electo, se acusó a Radio Colonia de haber informado de que se le había depuesto—. La voz del hoy memorable Ariel Delgado fue sometida a escrutinio y denostada por la aparente «falta de ecuanimidad» noticiosa de sus transmisiones, y en ocasiones imitada por la capacidad que tenía para modelar la recepción de los escuchas. El tono, el manejo de los silencios, su personal entonación que remarcaba las erres y el uso de palabras que barnizaban las frases con tremendismo llegaron para quedarse. Tiempo después, en diciembre de 1965, un nuevo «aluvión de peronismo» germinó una vez más desde Radio Colonia. Este asunto de Ariel Delgado y de la compra de Radio Colonia y los «descabellados rumores» que generó en la prensa de Uruguay se desarrollará en otro trabajo. Una historia de Radio Colonia narrada en el semanario Así (propiedad de Ricardo García) se encuentra en la edición del 15 de enero de 1966.
59 En Uruguay hubo voces que dudaron de la necesidad de someter la economía del litoral a las presiones del Gobierno argentino derivadas de la oposición al Gobierno de Perón. Del mismo modo, esta zona de Uruguay buscó distanciarse de prácticas desplegadas por los exiliados políticos argentinos que aumentaban la tensión entre los dos Gobiernos nacionales y «abusaban» del asilo concedido por Uruguay.