Ayer 107/2017 (3): 305-322
Sección: Hoy
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2017
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/107-2017-13
© Kostis Kornetis
Recibido: 17-12-2016 | Aceptado: 13-01-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Grecia antes y después del referéndum: ¿los niños mimados de la vieja Europa?

Kostis Kornetis

Universidad Carlos III
kkorneti@hum.uc3m.es

Resumen: Este artículo se centra en cómo la juventud ha sido considerada un poderoso elemento dentro de la cultura política griega desde los años setenta. Contempla, en particular, cómo el papel de los jóvenes ha sido ensalzado o demonizado visto, bien como una fuerza orientadora (por ejemplo, el movimiento estudiantil de 1973), bien como puramente destructivo para la sociedad griega (por ejemplo, durante las revueltas de 2008). El artículo se concentra en las formas en que el ascenso al poder de Syriza en 2015 y su manejo de las negociaciones con la troika han sido vistas como una muestra paradigmática del conjunto de Grecia actuando como los niños mimados de Europa.

Palabras clave: infantilización, estudiantes, crisis, revueltas, Junta.

Abstract: This article focuses on how youth has been regarded as a powerful determinant of Greek political culture ever since the 1970s. It looks, in particular, at how the role of youth has been either hailed or demonized, either seen as a guiding force (for example the 1973 student movement) or as purely destructive force in Greek society (for example the 2008 riots). The article focuses on the ways in which Syriza’s rise to power in 2015 and its handling of the negotiations with the troika have been regarded as a paradigmatic case of the entirety of Greece acting as European enfants gâtés.

Keywords: infantilisation, students, crisis, riots, Junta.

En 2010 el conocido escritor y activista político británico-pakistaní Tariq Ali comentaba que «si existiese una guía Michelin de las grandes protestas Francia todavía estaría en la cumbre con tres estrellas, mientras Grecia le pisaría los talones con dos» 1. Ali se refería, por una parte, a los motines de 2005 en Francia y, por otra, a los disturbios civiles de 2008 en Grecia, en particular una serie de revueltas a escala nacional tras el asesinato a sangre fría del estudiante de quince años Alexis Grigoropoulos en el centro de Atenas por un policía armado. Los «sucesos de diciembre» de 2008 consistieron en tres semanas de desobediencia civil, manifestaciones violentas y la destrucción de propiedad privada y pública, pero también en sentadas pacíficas a las puertas del Parlamento, todo ello desencadenado al conocerse la muerte de Alexis. Tuvieron lugar manifestaciones espontáneas y disturbios de gran calado, varios edificios universitarios fueron ocupados, se produjeron enfrentamientos diarios entre manifestantes y policía y se expresó con vigor una rabia generalizada contra la arbitrariedad del Estado y la impunidad policial. Incluso se alzó una bandera en la Acrópolis llamando a la «resistencia». Los disturbios civiles desarrollados durante aquellos días fueron los más graves de todo el periodo posterior a 1974 hasta 2010.

Al mismo tiempo, no obstante, Ali hace referencia a la estructura de longue durée de la desobediencia civil en ambos países que se remonta concretamente a los años sesenta y setenta del siglo xx. Si el momento más emblemático en la cultura de la protesta reciente en Francia sigue siendo mayo del 68, el vértice sin discusión para los procesos posteriores del activismo político en Grecia lo constituyó la ocupación estudiantil del Politécnico de Atenas en noviembre de 1973. Dicho suceso fue el más espectacular, y la culminación de todas las actividades de resistencia que tuvieron lugar en el país durante los siete años de la dictadura de los coroneles (1967-1974). El levantamiento duró tres días y terminó de forma sangrienta al ser aplastado por los tanques del régimen; al menos veinticuatro personas murieron oficialmente y otras quince fueron declaradas «desaparecidas» 2. El «Politécnico», como se le conoce, ha ocupado un lugar simbólico central en la sociedad griega desde la consolidación de la democracia que se produjo el año siguiente. Con su memorialización se convirtió en un importante suceso legitimador de la transición democrática, como evidencia el hecho de que las primeras elecciones tras la Junta se fijaron para el 17 de noviembre de 1974, de modo que dicha fecha fue adoptada y transformada en símbolo nacional. No mucho después, el 17 de noviembre fue establecido como día de fiesta nacional. La ocupación del Politécnico se acabó convirtiendo en una obsesión para futuras generaciones, al ser visto como el arquetipo definitivo de resistencia, acción militante y sacrificio personal. Cada movilización estudiantil griega desde entonces (desde los masivos movimientos estudiantiles de finales de los setenta y ochenta a los motines de diciembre de 2008) implícita o explícitamente ha evocado el Politécnico como modelo, mientras que la organización terrorista más violenta y longeva activa en el país se denomina «Organización Revolucionaria 17 de noviembre». En cuanto a la conmemoración ritual del Politécnico, todos y cada uno de sus aniversarios termina con serios enfrentamientos entre policía y anarquistas en los alrededores del emblemático edificio en el que se produjo la ocupación de 1973. Mientras a mediados de los setenta los activistas de izquierda organizaban manifestaciones masivas cada 17 de noviembre para celebrar simbólicamente la insurrección, a la altura de los últimos años de esa década y hasta hoy esas manifestaciones han dado lugar a violentos choques con los policías. Este fenómeno constituye una reedición salvaje de los acontecimientos «reales», confiriéndole a la memoria histórica un carácter altamente performativo, pero en un modo perverso y distorsionado.

Todavía resulta más interesante que en la memoria colectiva griega haya quedado impreso que fueron los estudiantes del Politécnico quienes derribaron a la Junta. En el verano de 2011, durante una ola de protestas contra las medidas de austeridad adoptadas por el gobierno para hacer frente a los problemas económicos, un eslogan lanzado por los autodenominados indignados griegos rezaba: «Pan, educación, libertad: la Junta no terminó en 1973» (ilustración 1), apropiándose del lema más conocido del alzamiento del Politécnico pero, a la vez, perpetuando la difundida creencia de que fue el movimiento estudiantil el que tumbó al régimen en 1973 (en vez de en 1974). A pesar de la aportación simbólica y real del Politécnico para desacreditar la evolución democrática putativa del régimen, esta interpretación es claramente inexacta, ya que la Junta se colapsó debido a su intervención en Chipre y a un inminente conflicto armado con Turquía a causa de la isla en el verano de 1974. Al mismo tiempo, el eslogan implicaba que tras la transición a la democracia Grecia no había dejado atrás el autoritarismo. Además existe cierto revisionismo que resulta interesante señalar aquí: para la gente que coreaba dicho eslogan la historia de la transición griega a la democracia (o Metapolitefsi) no era ni la mitad de color de rosa de cómo se solía representar hasta hace muy poco en los libros de texto y similares. Al mismo tiempo, el eslogan reflejaba la necesidad de replantear el mismo comienzo de la democracia en 1974, remontándose incluso más atrás en el tiempo hasta finales del otoño de 1973, cuando la democracia debería haber empezado realmente de acuerdo con el eslogan. Tal interpretación atestigua, en todo caso, el hecho de que la generación del Politécnico todavía posee una cierta aureola mítica en sectores de la sociedad griega. Por ese motivo Mimis Androulakis, un antiguo líder estudiantil de la época de la dictadura y actualmente un político centrista al que la izquierda ve como un traidor a ese legado, ha sostenido en su momento que la generación del Politécnico en realidad actuó como un grupo de «vampiros» para la siguiente generación. A través de su deificación, explicaba, su generación absorbió en su propio pasado a grupos de edad más jóvenes en lugar de permitirles desarrollar sus propias rebeliones 3.

En el lado opuesto del espectro político, para algunos analistas mediáticos y segmentos de la población griega la «generación del Politécnico» viene siendo actualmente atacada como responsable política de la vasta crisis económica y política que golpeó a Grecia a partir de 2009. Dado que el «Politécnico» se convirtió en metonimia de todo el periodo de Metapolitefsi, su deificación inicial (de la mano de la teoría de una transición democrática modélica) dio paso a su actual demonización, que encaja bien con la reciente tendencia al rechazo de pleno de todo el legado político posterior a 1974 de modo similar a lo que está sucediendo en España desde el inicio de la crisis y una actitud más crítica con respecto a la Transición. Llama, sin embargo, la atención que en las elecciones de enero de 2015, que catapultaron al partido de izquierda radical Syriza al poder, varios analistas, incluido Peter Spiegel del Financial Times, señalaron la llamativa presencia de militantes de 1973 de mediana edad en la primera línea del partido al lado del joven Alexis Tsipras, insinuando una clara genealogía política que llegaba hasta los años de la dictadura 4. La idea era que se trataba de uno de esos casos típicos en los que el pasado todavía atormenta al presente y el presente al pasado.

Cinco meses más tarde, tras la ruptura dramática de las negociaciones con la llamada troika de acreedores solamente unos días antes de que expirase el programa de rescate de Grecia, Tsipras, entonces primer ministro, anunció en la madrugada del 27 de junio de 2015 un referéndum que era una apuesta peligrosa con pocas posibilidades de éxito. El presunto deseo de Syriza era servir como catalizador de futuros acontecimientos en Europa, rompiendo el círculo vicioso de la política de austeridad y el predominio del ordoliberalismo, convirtiéndose así en una especie de Ifigenia cuyo papel sería abrir las grietas necesarias para resucitar la moribunda idea de Europa. Los medios de comunicación y el público debatieron interminablemente si esto era de un idealismo ingenuo, utópico, suicida, oportunista o simplemente brillante. Lo que es seguro es que el resultado del referéndum tuvo un efecto debilitador, en vez de fortalecedor, para la posición negociadora frente a sus socios europeos. Al mismo tiempo, produjo una profunda frustración en el 61 por 100 del electorado griego que votó «no» a las medidas propuestas, que ellos interpretaban como un rechazo de la austeridad, solamente para encontrarse con que el plan que le siguió incluía medidas agravadas de austeridad, haciendo inútil su actitud desafiante en el referéndum. Iba a ser el primero de una serie de referendos que demostrarían, una y otra vez, la decepción y la frustración del cuerpo político en Europa con las «elites» y su agenda.

Forever Young?

¿Pero por qué votaron los griegos como lo hicieron? Inicialmente, el referéndum fue acogido con desconfianza, especialmente tras el cierre de los bancos y la violenta imposición de controles de capital. No obstante, esa decisión poco a poco terminó siendo interpretada por algunos como una retorcida táctica de los acreedores extranjeros para chantajear al pueblo griego a través del Banco Central Europeo. El desesperado llamamiento a los ciudadanos griegos del presidente del Parlamento Europeo Martin Schultz el día del referéndum para que votasen «sí» (dado que un «no» equivaldría a un rechazo del propio euro) también fue contraproducente; enseguida fue percibido como una injerencia directa en los asuntos internos de Grecia, un intento de imponer, influir y dictar el resultado electoral, de forma parecida a lo sucedido más recientemente en Italia en torno al referéndum del 4 de diciembre sobre la reforma constitucional. Sin embargo, en el caso griego parece que la apelación patriótica del Gobierno al orgullo y la dignidad del pueblo, la caracterización de los socios europeos como culpables de todos los males, incluido juego sucio, y una tendencia a actuar emocionalmente (alentada por el propio primer ministro personalmente en un discurso populista) fueron factores cruciales para determinar la decisión del electorado. Por último, pero no menos importante, la pregunta ciertamente ambigua, como poco, del referéndum proporcionó al pueblo la sensación de que tenía poder de decisión sobre si aceptar o no un futuro no muy prometedor.

Los intelectuales tanto de dentro como de fuera del país se precipitaron a interpretar esta toma de posición. Algunos la defendieron como un admirable acto de rebeldía por parte de un pueblo atormentado. Muchos leyeron en ella una estructura subyacente de irracionalidad. Resulta interesante que un cierto número de historiadores y periodistas hayan reconocido en ella una supuesta cualidad infantil de la conducta electoral griega. El historiador griego Kostas Kostis, por ejemplo, interpretó el resultado de la votación como la confirmación de que los griegos eran a todas luces los niños mimados de Europa, que es el expresivo título de su popular libro sobre la historia de la Grecia contemporánea 5. Niall Ferguson, el conocido historiador conservador de Harvard, llegó al extremo de establecer un paralelismo entre Syriza y Alexis Tsipras con el célebre Alex —con el que casualmente comparte nombre propio—, el personaje principal de la polémica novela de Anthony Burgess La naranja mecánica. Según el provocador punto de vista de Ferguson 6, Syriza irrumpía en la sala de negociaciones de Bruselas de forma similar al modo en que los jóvenes matones de la obra maestra distópica de Burgess utilizaban una violencia radical, exigiendo tenerlo todo. El renombrado historiador de Columbia y especialista en la Grecia contemporánea Mark Mazower, por otro lado, hablaba de una táctica tenaz de resistencia que evocaba la juvenil oposición contra la dictadura de los coroneles por los estudiantes griegos en 1973 7. Leonid Bershidsky, un columnista de Bloomberg, en un artículo titulado «Occupy Greece», intentaba sacar a la luz esa misma genealogía de un repertorio de protesta que se remontaba a los años setenta 8; éste incluía tácticas de ocupación que Bershidsky de forma discutible compara con los acontecimientos recientes que condujeron al referéndum. Por el contrario, el influyente historiador y activista en los años sesenta Antonis Liakos establecía un paralelismo entre su propia experiencia traumática de joven en Grecia, encarcelado por sus actividades de resistencia durante los años de la Junta, con la intransigencia de Europa en la actualidad. Liakos criticaba con dureza el proyecto actual de Europa de «o lo tomas o lo dejas», que él cree similar a la Grecia autoritaria de aquel momento:

«La opinión de que sin un programa de austeridad no puede haber euro, que sin ella se adentraría en aguas desconocidas, es la interpretación que identifica la moneda común y la política de austeridad con Europa. Se parece al argumento de las dictaduras: si no te gusta el régimen del 21 de abril no te gusta Grecia, deberías marcharte, nos decían. Cuando era precisamente porque amábamos a Grecia que luchábamos para que se fuese la Junta» 9.

Existe, pues, una constante analogía trazada por intelectuales entre Syriza y el radicalismo juvenil, con especial referencia a los años setenta, ya sea en términos negativos o positivos. Los políticos pronto se sumaron. La infantilización del gobierno griego fue un marco analítico empleado por la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, que en una frase muy característica afirmó, irritada por la actitud de Syriza, que preferiría negociar «con adultos en la sala» 10. Se trataba de una forma ingeniosa de erosionar la credibilidad de sus interlocutores griegos. Cuando el radical franco-aleman de 1968 y hoy en día influyente europeísta Daniel Cohn-Bendit se pronunció decididamente en favor de un voto del «sí» en el referéndum griego, los medios de comunicación centristas de Grecia le definieron como «alguien que sabe lo suyo sobre política radical». Claro que la idea implícita tras este retrato es que el anciano y sabio Cohn-Bendit es mucho más relevante que su versión joven, ya que la política radical de 1968 forma parte del pasado y es bastante irrelevante en el contexto actual. Si el momento «justo» para el radicalismo juvenil se localiza en el pasado y en los «largos años sesenta», ahora es el momento de la madurez política, independientemente de la edad que se tenga.

La juventud igualmente se utiliza como un indicador negativo también por lo que se refiere al hecho de que el propio Tsipras, con cuarenta años, sea mucho más joven que sus equivalentes en el escenario europeo, con la notable excepción hasta hace poco del primer ministro italiano Matteo Renzi. Tsipras es descrito con frecuencia por sus oponentes en Grecia como un escolar activista y un joven «okupa» (καταληψίας), dada su participación personal, entre otras, en las ocupaciones de escuelas que sacudieron a Grecia a principios de los años noventa contra una impopular ley de educación propuesta por el gobierno derechista de la época. El argumento de la edad es, por tanto, utlizado para poner en duda su fiabilidad y su capacidad de juicio, que se suma a su carencia de experiencia profesional, que sus críticos atribuyen a un estatus infantilizado. En una viñeta reciente que circuló ampliamente en los medios sociales griegos Tsipras aparece siendo sacado por la oreja por su «madre» Angela Merkel del funeral de Fidel Castro en Cuba, al que efectivamente asistió el primer ministro griego, para ser llevado de vuelta a las negociaciones referentes a la evaluación de la situación de Grecia. Mamá-Merkel masculla: «Ya me estás cansando, hijo» (ilustración 2).

En esta batalla entre juventud y madurez, emoción y razón, pragmatismo y utopía, los años setenta, como hemos visto, eran a menudo evocados, bien por analistas, bien por los propios políticos de Syriza. Una interesante reaparición del discurso en torno a los setenta se produjo cuando en septiembre de 2016, en medio de una grave crisis de refugiados, Documenta, la exposición radical quinquenal alemana que normalmente se celebra en Kassel, tomó la decisión radical de exhibir en Atenas en un acto de solidaridad, pero también como reconocimiento del hecho de que el país estaba atravesando una transformación radical que convertía el arte directamente en político. En una serie de actos bajo el título «Aprendiendo de Atenas», los comisarios Adam Szymczyk y Paul B. Preciado decidieron dedicar la exposición a las conexiones entre el final de las dictaduras en el sur global en los setenta y ochenta y la era neoliberal actual, para lo cual la violencia se suponía que era una lente privilegiada. Los comisarios eligieron como espacio para la exposición las antiguas cámaras de tortura EAT/ESA, empleadas sistemáticamente por la dictadura de los coroneles durante el periodo 1967-1974 y que ahora se utilizan en parte como un museo sobre la represión bajo la Junta. La decisión de los comisarios de poner el foco en el tema del pasado violento y sus conexiones con el presente, un tema bastante delicado para cualquier sociedad, ya no digamos en la Grecia de hoy en día sacudida por las crisis, hizo de Documenta una cause célèbre.

La respuesta desde gran parte de la prensa conservadora, de centro-derecha y de centro-izquierda por igual, fue extremadamente crítica, por decirlo suavemente, y no hacía justicia ni a las intenciones ni al resultado de la exposición tal como se mostraba. Casi la totalidad de los críticos hicieron referencia al mencionado eslogan de los indignados griegos «La Junta no se terminó en 1973», referido no sólo al Politécnico, sino también a la brutalidad policial frente a la protesta política en la década de 2010, lo que llevaba, pues, implícito que Grecia no había dejado de ser autoritaria a pesar de su democratización y del tiempo que había transcurrido desde 1974; este aspecto fue interpretado como el espíritu que inspiraba la totalidad de Documenta. El periodista y escritor Elias Maglinis se implicó mucho en el rechazo público al Documenta en Atenas como editor de la sección de arte del periódico derechista Kathimerini. Resulta interesante que el propio Maglinis hubiese analizado la tortura en el pasado, sobre todo en su brillante relato corto Interrogation (2008) 11. El libro trataba precisamente del legado y la memoria del pasado doloroso y, en particular, la transmisión intergeneracional del trauma entre un padre que había sido torturado en el pasado y su hija artista de treinta años en el presente que exige conocer detalles morbosos sobre la salvaje forma en que le habían maltratado. En un furibundo editorial titulado «Zorba el rebelde» Maglinis, al igual que otros comentaristas, acusó a los responsables de la exposición de ignorar el hecho de que Grecia no había sufrido un giro neoliberal como, digamos, Chile después de 1973, y, por tanto, rechazaba el lema «De la dictadura al neoliberalismo» que utilizaban los comisarios en su manifiesto inaugural como completamente fuera de lugar 12. Es más, los críticos acusaron a los organizadores de dar cobijo a un gran número de académicos y comisarios izquierdistas, entre ellos especialistas griegos como la antropóloga Neni Panourgiá, pero también gurús izquierdistas como el italiano Toni Negri, y de querer reavivar la dolorosa memoria de la dictadura, instrumentalizándola al tiempo para ponerla al servicio de intereses políticos actuales 13. De forma llamativa, la edad se convirtió de nuevo en un marco privilegiado de análisis, sólo que esta vez en lugar de la juventud era la edad madura la que se convertía en blanco de los ataques: en contraste con el caso antes mencionado de Cohn Bendit, buena parte de la prensa rechazó el discurso de Toni Negri, a través del cual su versión madura se representaba intentando deducir lecciones de su versión radical de juventud, como ridículamente retro y casi vampírico, un intento de revivir la política izquierdista de los setenta en un marco cronotópico totalmente distinto. Sólo un par de meses después una ola de críticas del 43º aniversario del Politécnico se movió más o menos en torno a las mismas líneas.

Deseo de juventud

El 17 de noviembre de 2016, el día de la celebración del Politécnico, el escritor Takis Theodoropoulos, un tenaz crítico del Documenta, escribió un artículo titulado «¿Deberíamos seguir celebrando el Politécnico?» 14. Theodoropoulos recordaba que el Politécnico condujo a la sustitución del coronel Georgios Papadopoulos por el brigadier Dimitrios Ioannidis y al endurecimiento del régimen, lo que desembocaría con cierto determinismo en la tragedia chipriota. «En esencia celebramos sin saber qué estamos celebrando», concluía el autor del artículo, dando a entender claramente que la sociedad griega hubiese salido favorecida de no haberse producido el levantamiento. Un elemento clave que hacía superflua la conmemoración según este experto eran los disturbios asociados a ella (que continúan produciéndose de manera regular en las instalaciones del Politécnico), que incluyen casi inevitablemente actos de vandalismo. La pasividad de la sociedad griega frente a estos fenómenos sería un síntoma de que ha «envejecido gravemente», concluía con dramatismo Theodoropoulos. En Grecia existiría, según había argumentado unos años antes el también escritor Apostolos Doxiadis en un artículo titulado «Zoología política en la mediana edad», una tolerancia psicopatológica hacia la «violencia juvenil» 15. Únicamente remontándose a los años de la propia dictadura, cuando los adultos actuales eran ellos mismos estudiantes, se podía comprender por qué gente de sesenta años podía conectar con jóvenes que destrozaban objetos y provocaban incendios, felicitándoles con frases como «estos chicos tienen razón» o «es culpa nuestra». La propia dictadura había hecho sentir a estos jóvenes en 1967-1974 —«sí, yo también fui uno de ellos»—, añadía Doxiadis, la intensidad de luchar por una causa. No obstante, la causa se revelaba una trampa dado que les educaba para luchar no por lo que realmente querían, sino por lo que no querían, es decir, la dictadura, alimentando así su nihilismo. La actual comprensión hacia los actos de violencia realizados por los jóvenes demuestra el hecho de que esta gente de edad madura no ha «realizado el luto» por el final de su militancia juvenil, no pasó página y, por tanto, nunca se convirtieron plenamente en adultos, rezaba el argumento. No es una coincidencia que tanto Theodoropoulos como Doxiadis se contasen entre los más destacados analistas críticos con los eventos de diciembre de 2008, que presentaban como un subproducto directo de la cultura del desafío y de una excesiva tolerancia hacia la política del conflicto izquierdista que había caracterizado siempre a la sociedad griega a partir de 1974 y que era a su vez un legado de la política del enfrentamiento durante los años de la Junta 16. El politólogo de Yale Stathis Kalyvas compartía la crítica, tildando los eventos de diciembre de 2008 de «violencia irracional» y de «inmoralidad juvenil», violencia e inmoralidad relacionadas con la cultura del «oprimido» rebelde que reinaba en el país desde el restablecimiento de la democracia. Kalyvas utilizaba el término «cultura de Metapolitefsi» para describir este espíritu negativo y perturbador de desafío juvenil que remonta sus raíces a los años setenta 17. Es precisamente esta cultura de la ilegalidad juvenil la que ha sido culpada de todos los males recientes en la sociedad griega, incluyendo las trágicas muertes por asfixia de tres personas que trabajaban en un banco del centro de Atenas cuando antiautoritarios sin identificar le prendieron fuego durante una gran huelga contra las medidas de austeridad en mayo de 2010.

Las cosas, sin embargo, se complicaron en lo que se refiere a las referencias al pasado cuando en febrero de 2012, el día en que el segundo memorándum estaba siendo debatido y votado en el parlamento, treinta y cinco edificios fueron incendiados en el centro de Atenas, incluido el neoclásico que albergaba el histórico cine Attikon. El líder izquierdista Alekos Alavanos, fundador de Syriza, se apresuró a comparar a los jóvenes que prendieron fuego al Attikon con un personaje literario, Gavrauche, el canalla de Los miserables de Víctor Hugo. Alavanos argumentó que «si Gauvrauche viviese en nuestros días haría exactamente eso, incendiar bancos y cines» 18. Hay que precisar que ese mismo político había defendido en diciembre de 2008 que el trauma se hereda y que el legado de la violencia de la guerra civil de 1946-1949 se había transmitido entre generaciones. Se preguntaba entonces si era o no una coincidencia que los jóvenes activistas del presente utilizasen la violencia para conseguir fines políticos, del mismo modo que sus «abuelos» trataban de resolver sus diferencias con el Estado griego a finales de los años cuarenta 19. Tanto en el caso de diciembre de 2008 como en el de febrero de 2012, sea como sea, los argumentos aducidos para defender una cierta continuidad con los jóvenes de los años cuarenta, los setenta o incluso con el personaje de un muchacho fruto de la imaginación literaria del siglo xix parecen poco consistentes y en ocasiones incluso ridículos.

En el verano de 2016 el escritor y conocido intelectual Christos Chomenidis reiteraba que Grecia se caracteriza por un perverso «deseo de juventud» (neolagneia): «¡Los jóvenes siempre tienen razón! ¡Escuchemos a los jóvenes! ¡Que pasen los jóvenes!» 20. Del mismo modo, durante la crisis varios psicoanalistas y expertos, adoptando el punto de vista de un terapeuta colectivo, divagaron en torno a la «inmadurez» del pueblo griego 21. En la misma línea (refiriéndose al deseo de juventud y a la tolerancia hacia todo lo que defendiese) una fotografía de amplia circulación de las manifestaciones antiausteridad de 2012 representaba a una madre llevando a su hijo, que se enfrentaba a pecho descubierto a los antidisturbios delante del Parlamento griego, su camiseta para que no cogiese un resfriado (ilustración 3). Según el aguzado análisis de Konstantinos Kalantzis de las reacciones a esta imagen, «la posición del hijo en complicidad con una madre que apoya su transgresión al tiempo que la subordina mediante su sobreprotección es ciertamente familiar para los griegos a través de varios registros culturales» 22. El mismo antropólogo ha escrito sobre cómo un determinado informante repitió la noción lacaniana de un padre ausente como la «ley» para contextualizar esta imagen, así como las protestas, en un sentido más general. En línea con este marco psicoanalítico en particular Grecia está produciendo un ciclo interminable de culturas rebeldes infinitas contra cualquier «figura paternal» 23.

Conviene subrayar aquí que, además de atraer duras críticas, esta perpetua cultura de la protesta, esta actitud inmaduramente radical hacia la política (desde los eventos de 2008 hasta el referéndum de 2015) era también reverenciada por sectores de la prensa liberal e izquierdista y por espectadores extranjeros, en lo que constituía en gran medida una proyección de una fantasía occidental 24. Las huelgas sin fin, los choques sangrientos con la policía, los cócteles Molotov llameantes volando por los aires... todo pasó a formar parte de una imagen estereotípica de Grecia durante la crisis. La política a cara de perro de Syriza, un partido que a lo largo de la crisis se había reforzado por todos estos movimientos desde abajo, encajaba de este modo en la imagen. A este respecto, varios radicales en el extranjero quedaron conmocionados por el hecho de que, pese a que 1973 funcionase como guía revolucionaria, pese a su propio pedrigrí como un personaje de la protesta en el pasado y, sobre todo, a pesar del resultado efectivo del referéndum, Alexis Tsipras decidiese jugar el juego «maduro» de la política de la Unión Europea alcanzando un acuerdo duro sobre Grecia.

Syriza, con todo su bagaje generacional, alcanzó el poder a través de una plataforma basada en la renovación y la esperanza. No obstante, la distancia entre esperanza y desesperación era extremadamente corta. El gobierno dio marcha atrás de forma espectacular y aceptó una austeridad mucho más dura y prolongada en lugar de una ruptura con sus acreedores, que también probaron ser excepcionalmente intransigentes. Niall Ferguson demostró tener razón cuando concluyó sarcástico, siempre aludiendo a Burgess, que a pesar de todo «en el mundo de la aceituna mecánica, incluso “la enferma” Grecia, el droog bolnoy veck de Europa, ha saneado su acción política» 25. Con todo, fueron los votantes griegos quienes en la práctica saborearon los amargos frutos de votar como jóvenes radicales en una vieja Europa.

Conclusiones

Este artículo trata de demostrar las formas a través de las cuales la categoría «juventud» funcionó como un destacado marco tanto para los actores sociales como para los analistas que trataban de comprender las complejidades de la política griega reciente. Tomando los emblemáticos momentos de 1973-1974 como punto de referencia, 2008 como un estallido de acción colectiva y 2015 como un desafío electoral, ha buscado exponer los usos y abusos del término y sus connotaciones, que con frecuencia convirtieron dicha categoría en esquemática, si no redundante. A través de los años de la crisis ha existido un constante reproche de infantilismo hacia el cuerpo político griego (tanto políticos como votantes), expresado tanto dentro de la propia Grecia como desde el extranjero. Este discurso que sostiene que existe una actitud inmadura de niño mimado que sería en cierto modo endémica en la cultura política griega se entrelazaba con otros dos tipos de caracterización: una más antigua que sólo recientemente ha adquirido un nuevo ímpetu, que habla de una cultura que glorifica a los jóvenes, dejando en suspenso de forma en cierto modo patológica su juicio crítico y reflexivo, negándose a crecer, y, en segundo lugar, otra que insistía en que lo que realmente estaba en juego era la poética de las identidades juveniles radicales posdicatoriales de los setenta que imponían una cultura de protesta y violencia que terminó atormentando a las posteriores generaciones y tomando como rehén a toda la sociedad griega hasta el día de hoy. La generación del Politécnico (un grupo de edad totémico de antiguos jóvenes que llevaron a la práctica el más espectacular acto de resistencia contra los Coroneles) terminó por ser visto como paradigmática en toda esta compleja tarea generacional: sus exponentes eran vistos por unos como vendidos que arruinaban el país, mientras otros todavía rinden tributo a ese momento como un grito crucial en favor de la democracia que por desgracia fracasó en su resultado. Es más, la masiva presencia de miembros de esta generación en la primera fila de la política, e incluso en el Gobierno actual, hizo que los analistas argumentasen que todo lo que está sucediendo en el presente no es más que una prolongación de la pasada juventud de esta gente, una juventud que había sido deificada durante un tiempo antes de ser demonizada más adelante, sin que nunca se haya llevado a cabo satisfactoriamente el luto por ella ni haya sido superada del todo.

Los resultados del crucial referéndum griego de 2015 fueron interpretados en gran medida como una prueba de que los ciudadanos griegos eran niños desobedientes que se habían negado a crecer, atrapados en cierta forma en el mito de la resistencia del Politécnico. En términos de edad real, es cierto que fueron los jóvenes de entre dieciocho y veinticuatro años quienes votaron «no» (85 por 100), mientras el voto del «sí» correspondía a gente de más de sesenta y cinco años (70 por 100). Incluso si la victoria del «no» es fácil interpretarla como un triunfo de la irracionalidad sobre la razón, sin embargo, el infantilismo constante utilizado por analistas en Grecia o el extranjero es un tropo en absoluto inocente. Como contrapunto podrían mencionarse los atributos cada vez más envejecidos del continente, típicamente señalados por novelistas no europeos como el griego-australiano Christos Tsiolkas y el peruano Santiago Roncagliolo, quienes han subrayado el hecho de que los antiguos resentimientos y conflictos pasados están transformándose en estereotipos y prejuicios tóxicos en la bastante intolerante Eurozona de hoy en día. Incluso el relativamente joven proyecto eu­ropeo ha perdido mucho de su frescura y atractivo durante la crisis. Como han mostrado las recientes elecciones italianas, el marco «juventud» en última instancia destaca los restos de una Europa que como viejo continente desconfía bastante de los actores jóvenes en su conjunto.

[Traducción de Miguel Cabo]


1 Tariq Ali: «Why Can’t we Protest Against Cuts Like the French?», The Guardian, 19 de octubre de 2010.

2 Kostis Kornetis: Children of the Dictatorship. Student Resistance, Cultural Politics and the «Long 1960s» in Greece, Nueva York, Berghahn Books, 2013.

3 Mimis Androulakis: Βαμπίρ και κανίβαλοι. Το ρίσκο μιας νέας σύγκρουσης των γενεών, Atenas, 2004.

4 Peter Spiegel: «Alexis Tsipras: Greece’s Radical or Realist?», Financial Times, 23 de enero de 2016.

5 Kostas Kostis, Τa kakomathimena paidia tis istorias, Atenas, Polis, 2013.

6 Niall Ferguson, «The Nasty Greek Outcomes that Democracy Precludes», Financial Times, 2 de julio de 2015.

7 Mark Mazower: «A Last Chance for Alexis Tsipras to Choose Country over Party», Financial Times, 24 de junio de 2015.

8 «Tsipras’ Occupy Tactics», Bloombergview, 2 de julio de 2015, disponible en https://www.bloomberg.com/view/articles/2015-07-02/tsipras-s-occupy-greece-tactics.

9 Antonis Liakos: «Το “όχι» ως ευρωπαϊκή επιλογή», Chronos, 27 de julio de 2015, disponible en http://www.chronosmag.eu/index.php/ls-p-plg.html.

10 En especial Lagarde ha acusado a menudo a los griegos de comportarse como niñatos mimados, irracionales y temperamentales. Véase a este respecto Konstantinos Kalantzis: «Από την “παιδικότητα» στον “ιθαγενισμό»: κοσμολογία και κοινωνικό φαντασιακό εντός “κρίσης»», en Manos Avgeridis, Efi Gazi y Kostis Kornetis (eds.): Μεταπολίτευση. Η Ελλάδα στο μεταίχμιο μεταξύ δυο αιώνων, Atenas, Themelio, p. 370. El artículo de Kalantzis se refiere expresamente al hecho de que la idea del niño se ha convertido en un tropo resonante a la hora de analizar la política griega.

11 Elias Maglinis: Η ανάκριση, Atenas, Kedros, 2008. La Universidad de Birmingham publicó la traducción inglesa a cargo de Patricia Felisa Barbeito en 2013.

12 Elias Maglinis: «Ο εξεγερμένος Ζορμπάς», Kathimerini, 10 de septiembre de 2016.

13 Una crítica similar en el sentido de autoorientalización y autoconmiseración fue dirigida contra el volumen recopilatorio de poesía griega de la helenista Karen Van Dyck: Austerity Measures, Londres, Penguin, 2016.

14 Takis Theodoropoulos: «Γιατί γιορτάζουμε το Πολυτεχνείο», Kathimerini, 17 de noviembre de 2016.

15 Apostolos Doxiadis: «Πολιτική Ζωολογία της Μέσης Ηλικίας», Ta Nea, 10-11 de enero de 2009.

16 Apostolos Doxiadis, Takis Theodoropoulos y Petros Markaris: «Πού μπαίνει το όριο στην κωμικοτραγική “πολιτιστική επανάσταση» των απολίτιστων» («¿Dónde está el límite en la tragicómica “Revolución Cultural» de los incultos?»), Ta Nea, 25 de diciembre de 2009.

17 Stathis Kalyvas, «Η “εξέγερση του Δεκέμβρη» ως σύμπτωμα της κουλτούρας της Μεταπολίτευσης», Athens Review of Books, 2 de diciembre de 2009, pp. 58-59. Véase también su reciente Modern Greece: What Everyone Needs to Know, Oxford, Oxford University Press, 2015. El periodista Elias Kanellis también argumentó con ocasión del primer «aniversario» desde diciembre que, en contraste con mayo del 68, los disturbios eran una fiesta irracional de destrucción en aras de la destrucción misma. Véase Elias Kanellis: «Η κουλτούρα του Δεκέμβρη», Athens Review of Books, 3 de enero de 2010.

18 Alekos Alavanos: «Η βία του συστήματος γεννά Γαβριάδες», To Vima, 13 de febrero de 2012.

19 Alekos Alavanos entrevistado por Maria Choukli. Véase «O Αλέκος Αλαβάνος από το Α στο Ω», disponible en http://www.protagon.gr/Default.aspx?tabid=444&VideoId=1875.

20 Christos Chomenidis: «Όποιος δεν έχει γέρο, πάει και αγοράζει», Ta Nea, 27-28 de agosto de 2016.

21 Véase en particular el papel del psicoanalista Matthaios Yosafat y del filósofor Stelios Ramfos. Sobre este tema véase Konstantinos Kalantzis: «Από τον Ιθαγενισμό», 370. Falta cita completa.

22 Konstantinos Kalantzis: «“Fak Germani»: Materialities of Nationhood and Transgression in the Greek Crisis», Comparative Studies in Society and History, 57, 4 (2015), pp. 1037-1069, esp. p. 1050.

23 Konstantinos Kalantzis: «Από τον Ιθαγενισμό...», p. 371.

24 Ibid. Sobre cómo el paradigma griego funcionó como fuente de inspiración para movimientos pero también teóricos por toda Europa véase Kostis Kornetis y Hara Kouki: «From the Centre to the Periphery and Back to the Centre: Social Movements Changing Theory in Greece», en Guya Accornero y Olivier Fillieule (eds.): Social Movement Studies in Europe: a State of the Art, Nueva York, Berghahn Books, 2015, pp. 371-387.

25 Ibid.