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Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1098
© Joaquín Fermandois
Recibido: 19-08-2019 | Aceptado: 04-05-2020 | Publicado on-line: 28-10-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Hipótesis de conflicto en el cono sur: Chile ante Perú, 1968-1979 *

Joaquín Fermandois

Universidad San Sebastián (Chile)/
Pontificia Universidad Católica de Chile
jfermand@uc.cl

Sebastián Hurtado-Torres

Universidad San Sebastián (Chile)
sebastian.hurtado@uss.cl

Resumen: Se ha afirmado repetidamente que en la década de 1970 existió la posibilidad de una guerra internacional clásica entre países del cono sur, incentivada por la existencia de dictaduras militares en la mayoría de ellos. Había una tensión entre la simpatía, o alianza ideológica, y la visión geopolítica, nacionalista /territorial, herencia del siglo xix, que de vez en cuando emergía a la superficie en el siglo xx. Los años setenta fue una de esas ocasiones. Hay muchas referencias a esta situación, pero no existen estudios en profundidad. Este artículo constituye una primera pieza, basada en fuentes primarias para el caso chileno, con asistencia de archivos norteamericanos, ingleses y de las dos Alemanias. Chile afrontaba un grave aislamiento internacional —producto de la reacción mundial al golpe y a la dictadura—, situación más compleja y precaria por la posibilidad de conflicto(s) internacional.

Palabras clave: Chile, Perú, percepción de la guerra, memoria de la guerra, regímenes militares, relaciones internacionales.

Abstract: Many authors have argued that the countries of the Southern Cone almost went to war against one another in the decade of the 1970s due to the existence of military dictatorships in most of them. A tension existed between ideological affinities and geopolitical, nationalist, and territorial legacies that dated back to the nineteenth century and reemerged in the twentieth. The 1970s was one of these occasions. Although references to this situation abound, there does not exist any in-depth studies of this phenomenon. This article represents a first piece of the puzzle. It is based on Chilean primary sources and is complemented by records from the United States, England, and the two Germanies. Chile confronted a situation of international isolation as a result of a world-wide reaction to the coup d’état and the dictatorship. The situation grew increasingly complex and precarious due to the ongoing possibility of international conflict.

Keywords: Chile, Perú, perception of war, war memory, military regimes, international relations.

La percepción de la circunstancia ocupa un lugar crucial en el debate sobre la raíz de los conflictos. Aun a los estallidos de guerra incuestionablemente ofensivos, sus actores los aureolan de una idea de victimización, o por un temor genuino o construido a una agresión. Esta noción se expresa con argumentos defensivos, enmascarando a veces una voluntad ofensiva. La convicción de una agresión inevitable se convierte en facilitadora de conductas que concurren a la guerra. Nunca terminarán las polémicas por la crisis de julio de 1914 1.

Puede parecer increíble que en la década de 1970 hubiese una alta posibilidad de conflicto entre Chile y Perú, y entre Chile y Argentina, y quizás incluso entre ambos países y Chile, así como de un conflicto entre Perú y Ecuador 2. La raíz de esta posibilidad se potenció con la prevalencia de regímenes militares en la región y a la vez se hunde en la historia del siglo xix, leída en términos de territorialidad y geopolítica, y contingentemente complicada por los avatares ideológicos de la Guerra Fría. Ocasionalmente la ideología sobrepasaba a la geopolítica; esta vez sucedió lo contrario, ya que regímenes militares aproximaron sus respectivos países a una guerra entre ellos 3. En el caso de Perú, existía un origen implacable, la Guerra del Pacífico (1879-1883), cuando Chile se expandió hacia el norte adquiriendo por conquista las provincias de Antofagasta, hasta entonces boliviana, y Tarapacá y Arica, peruanas. El tratado de paz final con Perú solo se firmó en 1929. La llegada al poder del régimen militar de izquierda nacionalista del general Juan Velasco Alvarado en 1968 complicó el horizonte de Chile. La llegada al gobierno de Chile de la coalición de la izquierda liderada por Salvador Allende en 1970 complejizó las cosas, pero al mismo tiempo creó una real simpatía entre los gobiernos 4.

Sin embargo, simultáneamente se alimentaba la desconfianza, porque la parte de sensibilidad nacionalista de Perú intensificó la memoria de la Guerra del Pacífico —importante en la cultura cívica de ambos países— lo que sirvió para legitimar una gran compra de armamentos, orientada a superar la debilidad militar que había permitido, de acuerdo con la interpretación de los oficiales peruanos, la derrota del siglo xix, todo esto intensificado por la proximidad del centenario del conflicto en 1979. Tras el golpe militar en Chile en 1973 y el ascenso de un régimen antimarxista, la desconfianza mutua se intensificó. Entre 1973 y 1975 se especuló mucho acerca de una guerra inminente, vista en Chile como un ataque fulminante por parte de Perú, pero también temida por otros Estados en la región y por las grandes potencias.

La literatura sobre las relaciones internacionales del cono sur alude a este tema como un asunto lateral, no estudiado en profundidad; mientras que el conflicto del Beagle acaparó titulares en 1978, no hubo una vivencia internacional —e incluso en el interior de Chile y Perú— acerca de la probabilidad de un conflicto 5. La historiografía chilena se refiere a la percepción de posible conflicto como parte de esta rivalidad, pero sin un análisis detallado y empleo circunstancial de fuentes 6. En el marco de las dictaduras militares de la década de 1970, el tema de las fijaciones por los conflictos del pasado y la geopolítica se ha tratado como un hecho, pero no se ha traducido en investigaciones específicas 7.

Este artículo estudia la percepción que se tenía en Chile, tanto bajo el Gobierno de Allende como en los años de la dictadura, de la posibilidad de una guerra basándose en lo principal en fuentes diplomáticas. La pregunta básica del Gobierno chileno y de la región era si Perú tenía o no intenciones de atacar. Quizás en Lima había un alma dividida en torno a esto, en lo que operaba una memoria histórica herida y conciencia de peligro. La parte peruana no será el tema de este artículo en lo principal, salvo en la medida en que los chilenos intentan leer las intenciones peruanas. Chile, en constante temor de un ataque militar durante gran parte de la década de 1970, tenía interés en averiguar cuán serio podía ser el propósito supuestamente agresivo del régimen peruano. Como se sabe, la percepción de la posibilidad de una guerra es un factor que puede provocar conflictos 8.

La investigación se basa en la correspondencia intercambiada entre la embajada de Chile en Lima y la Cancillería en Santiago. Nos parece que ello da una buena pauta para entender la visión del Estado y de una parte de la sociedad chilena representativa para comprender la conducta internacional y la toma de decisiones de política exterior. Se emplean, asimismo, fuentes extraídas de otros archivos, de Estados Unidos, de la República Federal de Alemania, de la República Democrática Alemana y de Gran Bretaña. Este material no es la columna vertebral del artículo, pero sí confirma que la «percepción de guerra» no era solo un temor de Chile (o de Perú), sino que, en diversos grados, también se sostenía en otros países 9. Percepción engañosa o no, la posibilidad de guerra estaba en la mente de los actores, y de ese modo era parte de la realidad de la época. Este artículo procura estudiar a través de fuentes primarias, que resultan relativamente escasas, la percepción de guerra inminente en la sociedad chilena.

Gobiernos convergentes y divergentes

El grado de relativa convergencia ideológica entre Salvador Allende (1970-1973) y Velasco (1968-1975) podría haber ayudado a una aproximación estratégica entre ambos gobiernos, y algo de esto hubo. Sin embargo, la sombra geopolítica alimentada por la memoria se proyectó fuertemente hasta 1973. Allende envió como embajador en Lima a un antiguo dirigente socialista, Luis Jerez. En sus memorias, Jerez se refiere a la cuestión de la rivalidad geopolítica en términos elusivos, distintos a lo que aquí se leerá, aunque no necesariamente contradictorios 10.

A la embajada encabezada por Jerez no se le escapaba que en Perú existía una presión constante de grupos no claramente delimitados ni organizados, que surgían en izquierda y derecha, que azuzaban el temor a la agresividad chilena; esta observación permaneció inalterada en los años de Allende, al igual que el temor de que unos u otros activaran en Perú un plan político para deteriorar las relaciones 11. La cancillería chilena siguió varias pistas, afirmando que Chile estaba dispuesto a convivir en un sistema internacional pluralista en lo político, y que Chile quería mantener las mejores relaciones con el Gobierno de Velasco 12. Sin embargo, en La Moneda preocupaba que Brasilia se aprovechara de la coyuntura para atraerse a Perú a una entente ante el caso chileno 13. Frente a Perú, el Gobierno de Allende siempre ponía énfasis en el paralelismo de los dos gobiernos, que establecía una solidaridad básica en metas y en política exterior 14.

La buena relación entre Allende y Velasco se mantuvo, pero el fondo de desconfianza geopolítica y hasta ideológica entre ambas fórmulas nunca se disolvió. En febrero de 1972, la embajada creía detectar un estado de ánimo revanchista en Perú, que requería «de un análisis profundo de la situación fronteriza, que, a no dudarlo, ha adquirido en los últimos tiempos una singular sensibilidad, cuya potencialidad conflictiva nos puede llevar a alternativas de extrema gravedad»; las reacciones peruanas, despojadas «de causas y efectos circunstanciales, están insertas en un esquema cuya inalterabilidad seguirá sorprendiéndonos con aconteceres inquietantes». Había una campaña nacionalista, lo que en un país tan fraccionado como Perú ayudaba a crear sentido de nación, y se activó extraordinariamente, sostiene la embajada, con la «llegada al poder de las Fuerzas Armadas» 15.

Más directo todavía fue el embajador en un extenso oficio de abril de 1972, donde decía que «el estudio que debe merecer el delicado campo de la seguridad nacional resulta imperioso y urgente». El régimen militar peruano era una «categoría propia» dentro de su estilo. Quería unificar al país y a la vez era un peligro para Chile:

«Hoy la experiencia cotidiana nos muestra que entre los grupos económica y políticamente más poderosos subsiste un fuerte sentimiento revanchista, antichileno. Este sentimiento, real, concreto, no imaginario, se manifiesta de mil maneras diferentes. El Perú más consciente, más dinámico, no ha olvidado la humillación de la derrota y la pérdida de territorios. El recuerdo se encuentra particularmente vivo entre los miembros de las Fuerzas Armadas, hoy Gobierno [...] Pero el peligro que la existencia de estas tendencias y sus tensiones encierra para Chile es que, siendo todas nacionalistas, pueden buscar, para su reafirmación momentánea, un enemigo externo [...] [Las] relaciones del Perú con los americanos han tendido a normalizarse, en la medida que ha encontrado aplicación el bien conocido pragmatismo del Gobierno militar del Perú. [...] Por ello es sumamente fácil que el enemigo pase a ser Chile» 16.

Aunque se señala que la política que Perú tendrá ante Chile —la posibilidad de conflicto— no está todavía definida, es muy ­perceptible el sentido de inquietud del embajador; su consejo es aunar una política de mano abierta con una de firmeza:

«Todo [esto] indica la imperiosa necesidad de mantener una política más dinámica que asegure nuestra integridad territorial, nuestra seguridad y nuestra independencia. Ello no implica de manera alguna una política hostil. [...] Hoy, nuestra política frente al Perú puede ser graficada por una mano con guante de seda. Pero en el quehacer diplomático, las manos con guante de seda solo tienen valor cuando esconden un puño de hierro» 17.

También el embajador comunicaba alguna distensión a través de atenciones extraordinarias a invitados chilenos. Ante la queja de Jerez por las tendencias antichilenas que se dejaban escuchar con insistencia en la oposición, el canciller peruano Miguel Ángel de La Flor replicaba que lo entendía y que trataría de remediarlo 18. El embajador sostenía que Perú pugnaba por «lograr una superioridad de poder marítimo frente a Chile» 19.

El factor geopolítico preparaba otra sorpresa: el vínculo entre el armamentismo peruano y los países del bloque soviético y Cuba. Los enviados de ese bloque que conversaban con el escéptico Jerez le transmitían la impresión de que Moscú y sus aliados percibían al proceso peruano como socialista en el largo plazo. En cualquier caso, la visión de los países del bloque socialista sobre las relaciones entre Chile y Perú ignoraba las diferencias entre ambos países:

«[Los] países socialistas hacen caso omiso y prefieren ignorar la existencia de eventuales problemas entre Perú y Chile para los efectos de su ayuda militar a este país, basándose en que el único enemigo real es el Imperialismo; [...] en sus relaciones con Perú y Chile los países socialistas parecieran colocarlos en un mismo nivel de interés e importancia, para los efectos de su colaboración económica y militar» 20.

Estas líneas se escribieron a partir de una conciencia de vulnerabilidad internacional 21. En cualquier caso, el temor al estallido de un conflicto era real entre los oficiales chilenos que organizaron el golpe. Semanas antes del derrocamiento de Allende, la Marina envió a un oficial retirado a sondear a los brasileños, por la posibilidad de que Perú atacara a Chile aprovechando la coyuntura. Los brasileños le aseguraron que no ocurriría 22.

Alteridad y continuidad, consecuencias del golpe en Chile

A los pocos meses del golpe del 11 de septiembre de 1973 comenzaron a surgir los comentarios de la prensa internacional acerca de rumores sobre una guerra, que en general se presentaban como confiables, pero que señalaban que no había ninguna seguridad de que ello ocurriera 23. El golpe representaba un desafío y una oportunidad para Perú por la debilidad internacional de Chile. En Perú se podía fortalecer un nacionalismo de izquierda que asumiera con naturalidad el revanchismo. En cambio, la dictadura chilena debió confrontar un repudio de la opinión pública internacional al que paulatinamente se plegaron los gobiernos de las democracias occidentales con los que el régimen de Pinochet quería alinearse. La simpatía que le mostraron las dictaduras militares sudamericanas no alcanzó a compensar el drástico aislamiento diplomático y estratégico de Santiago; para colmo, el factor geopolítico complicaría las cosas 24. Si bien para Perú inicialmente el golpe en Chile era un factor que lo podía aislar, también era la oportunidad de perfilarse como un modelo internacionalmente más atractivo 25.

La embajada en Lima tenía una percepción de hostilidad profunda de ciertos sectores ante lo sucedido en Chile. El encargado de negocios Gastón Illanes advertía que «la animosidad y propósitos de revancha surgidos de la Historia» encontraban su caldo de cultivo en las instituciones armadas y en la educación 26. El aire se veía peligroso y unas palabras de Velasco, según el diplomático, parecían implicar una amenaza en vista de los sucesos recientes en Chile 27. En un largo oficio del 25 de octubre, el encargado de negocios advertía que antes del golpe la embajada había recibido muchas informaciones acerca de lo inminente de una guerra, lo que además debería haberle constado a Allende precisamente por los informes de la embajada. Citando el oficio de abril de 1972, añadía que había una «alta probabilidad de que el Perú intentara una acción bélica en contra de Chile, antes de cumplirse el centenario de la Guerra del Pacífico. Ella estaría encaminada a recuperar los territorios que perdió en esa contienda [...] [para superar] el trauma provocado por la derrota» 28.

Había tensión en los medios. El encargado de negocios se quejaba ante el canciller De La Flor por los ataques a la Junta chilena de parte de la prensa peruana; este respondía fríamente que en Perú había libertad y que Lima no se había quejado por un artículo en El Mercurio de Santiago con implicaciones expansionistas; que cuando Perú «asumió» el gobierno revolucionario en 1968, Chile demoró veinte días en reconocerlo, en medio de ataques de la prensa chilena, en contraste con la actitud reciente del Gobierno peruano que de inmediato reconoció a la Junta ­chilena 29.

La embajada recibía todo tipo de informaciones acerca de preparativos para la guerra 30. El encargado de negocios resaltaba que tanto el expresidente José Luis Bustamante y Rivero, como el exalcalde de Lima Luis Bedoya le habían transmitido su preocupación por la posibilidad de un conflicto, cargando los dados en Velasco y su entorno 31. Se trataba de una típica situación prebélica, en la que ambas partes interpretan las circunstancias como una agresión o posibilidad de agresión del otro.

Se cierne la tormenta

A comienzos de 1974 arribó a Lima el nuevo embajador de la Junta. Siguiendo la pauta de la mayoría de los nombramientos del régimen de Pinochet en los primeros años, se envió a Perú a un ex comandante en jefe de la Fuerza Aérea, Máximo Errázuriz. Se presumía que entre militares habría mayor comprensión, además de constituir un dejo de spoils system; en general, donde había regímenes militares se envió a militares en retiro y, en paralelo, se condujo una diplomacia con militares en servicio activo, la llamada «diplomacia ideológico-pretoriana», que a veces tenía utilidad, pero en general desenfocaba acerca de lo sustancial de la diplomacia 32. Para el caso de Lima, emergió tempranamente la figura del general Sergio Arellano como enviado personal de Pinochet en momentos de crisis o en que se sospechaba que esta emergía 33. Existía también algún grado de cooperación en asuntos de inteligencia frente a movimientos de guerrilla, pero sobre todo contra simples opositores políticos, lo que posteriormente sería la Operación Cóndor, aunque con Perú parece haber sido muy limitado, de intercambio de información, y no de otros aspectos siniestros que tuvo entre Chile, Argentina y otros países 34. El embajador Errázuriz aseguraba que la misión que se le había encomendado desde Santiago era evitar una guerra 35. Privilegió sus vínculos con los dirigentes militares, sobre todo por su acceso a la Fuerza Aérea de Perú, en detrimento de las relaciones con Torre Tagle, al menos en opinión del personal diplomático de la embajada 36.

Al informar de su presentación de cartas credenciales a Velasco, en enero de 1974, el embajador chileno destacaba la amabilidad del mandatario peruano. Ello, creía Errázuriz, debía estar relacionado con la proposición, formulada por Velasco inmediatamente después de la reunión, de una moratoria en la compra de armamento, realizada, se creía, con la finalidad de complicar a Chile 37. En un informe posterior destacaba el peligro para Chile, debido a las «cuantiosas adquisiciones de armamento» por parte de Perú, en especial a la Unión Soviética 38.

El embajador era consciente de la situación económica de Chile y explicaba por qué resultaría bueno mantener los contactos personales con los militares peruanos; dependía mucho de conversaciones casuales y fuentes indirectas. La opinión más tajante de Errázuriz contenía un elemento de incertidumbre:

«Resulta incuestionable que se está tratando de mostrarnos una sincera intención de amistad y de alejar los temores sobre un eventual enfrentamiento [...] ¿Realmente el Perú no desea ahora un conflicto con Chile o, en cambio, solo persigue, al buscar tranquilizarnos, adormecer nuestra vigilancia y dilatar nuestros aprestos defensivos? [...] Si bien no creemos que fatalmente deba producirse un nuevo conflicto con Perú, US. conoce nuestra opinión, basada en antecedentes concretos, en cuanto a la muy elevada probabilidad de que el enfrentamiento llegue a materializarse» 39.

El embajador creía que el conflicto podría desatarse a fines de 1974, cuando Perú hubiera recibido todo el armamento soviético encargado; las duras declaraciones de Velasco sobre el acceso al mar para Bolivia, de que solo podía ser por territorio que antes fue boliviano, podían ser una mecha inicial, como excusa, aunque se creía en la embajada que una posible guerra con Chile creaba divisiones en el seno del alto mando 40. Frente a la propuesta de limitación de armamentos, un recurso políticamente vistoso de Velasco, Errázuriz, representando muy bien las inquietudes del Gobierno chileno en estos años, aconsejaba acogerla con reservas. El propósito de la propuesta era «frenar o impedir las adquisiciones militares de Chile [...] dada nuestra imperiosa necesidad de ganar el tiempo necesario para mejorar nuestras condiciones de seguridad frente al Perú» 41.

En un completo informe de febrero de 1974 enumera las adquisiciones y armamento peruano, valorando la preocupación por seleccionar a los oficiales más capaces en los puestos decisivos, todos frente a Chile, sin descuidar la frontera con Ecuador; el material es muy moderno, destacando lo que provenía de la Unión Soviética, así como el adiestramiento nocturno, el paracaidismo y los ejercicios en quebradas; lo mismo, aunque con menos énfasis, en la armada y fuerza aérea: «Indudablemente la potencialidad del aparato militar peruano, sus nuevas adquisiciones y, sobre todo, su orientación hacia Chile, constituyen una grave amenaza a nuestra seguridad externa [...] la elevada probabilidad de que tengamos que afrontar un ataque por sorpresa» 42.

Chile, de acuerdo con la conclusión del embajador, debía coexistir con esta realidad: «Podemos manifestar que, en nuestra opinión, al día de hoy aparecen muy claras las posibilidades de que las fuerzas armadas peruanas intenten una aventura reivindicacionista en contra de Chile, en un plazo relativamente corto». Había cambios de parecer en el embajador: en 1974 habría tranquilidad «relativa» y quizá no ocurriera la agresión, mostrando la incertidumbre de la que emanaban estas apreciaciones 43. Igualmente, sonaba la alarma a raíz de un discurso del ministro Edgardo Mercado Jarrín, sobre las guerras del mundo actual, en el que afirmaba que había que aprender las lecciones para no repetir «el desastre de 1879». Acorde con ello, la guerra debería ser ofensiva, «guerra relámpago», limitada en el tiempo y en el espacio; no cabe duda de que del cuadro diseñado por Mercado lo que más se destacaba era el «frente sur» 44.

Velasco intentó dar garantías personales al embajador. Cuando este lo visitó para entregarle un obsequio de Pinochet, Velasco aseguró que era anticomunista, y que, cuando ya se hubieran entrenado en las armas que compraron a la Unión Soviética, los asesores soviéticos se irían; lo mismo los cubanos: «Velasco dice que un conflicto no traería beneficios a ninguna de las dos partes. Perú “no tiene ninguna ambición territorial”. El país vencido caería de inmediato en el marxismo y el vencedor haría lo mismo al poco tiempo. Cualquier gobierno que declarase la guerra sería derribado al poco tiempo» 45.

Los días alrededor del derrocamiento de Velasco —29 de agosto de 1975— fueron de incertidumbre, incrementada por el acercamiento entre Chile y Bolivia; en Chile se especulaba que en cualquier momento se produciría un ataque bajo el pretexto y temor de que Chile le entregaría a Bolivia una salida al mar por territorios que fueron peruanos, sin la debida venia de Lima 46. Lima estaba llena de especulaciones y rumores que la embajada transmitía, otorgándoles algún peso: una presunta preocupación por un acuerdo entre Chile y Bolivia, con la supuesta «aquiescencia» de Brasil; el zarpe de la armada peruana al sur; los temores de los sectores civiles del Gobierno a una guerra, etc. Las actividades militares peruanas eran seguidas con atención por la embajada, que se sumaba al temor chileno de que en la sociedad peruana se proyectara un «nacionalismo exacerbado y artificial que el Gobierno Revolucionario inyecta a la masa peruana» 47.

De peligro inminente a peligro latente

La caída de Velasco por un golpe desde el interior del régimen pareció disminuir la inminencia de conflicto. El general Francisco Morales Bermúdez mostraba menos poder y era más moderado, aunque conduciendo una política exterior con acento tercermundista y a la vez coexistiendo cordialmente con Estados Unidos. Dentro de América del Sur la posición peruana, por lo menos en 1975 y 1976, parecía debilitada a ojos chilenos. Sin embargo, las negociaciones entre Chile y Bolivia para que este último país obtuviera acceso soberano al océano Pacífico, el llamado proceso de Charaña, que ayudaban a debilitar la hipótesis de guerra, también la azuzaban, ya que Perú llegó a verlas como un peligro para su posición. Con todo, en Chile la probable inminencia de guerra fue apenas calmada por un estado de alerta a que reviviera esa posibilidad.

Meses después la embajada envió un largo informe en el que advertía que, a pesar de las dificultades económicas de Perú, la fuerza militar temible seguía intacta: «No es posible, con los elementos de juicio objetivos y subjetivos actuales, señalar el camino de un enfrentamiento; pero rechazarlo de plano sería alejarse de una realidad sobre la que debemos fijar permanentemente nuestra atención». Entretanto se hizo pública la propuesta de Chile a Bolivia para entregarle un corredor con soberanía que llegara hasta el norte de Arica, al tiempo que se pedía el asentimiento de Perú, según lo previsto en el Tratado de 1929. Para la Cancillería chilena, las negociaciones con Bolivia le quitaron la excusa a Perú para atacar, ya que entonces quedaría claro que no deseaba ningún acuerdo; pero no había que engañarse con la tranquilidad. El peligro de un ataque subsistía:

«Se ha trazado una estrategia global que contempla dejar de tener fronteras con el Perú, mediante la cesión de un corredor a Bolivia, situado al Norte de Arica y al sur de la Línea de la Concordia. Con el fin de mantener la integridad territorial, esta cesión se ha concebido como un canje de territorios. El éxito de esta estrategia, por su trascendencia internacional y por el espíritu americanista que refleja, debería mejorar significativamente la posición externa de Chile, especialmente en América Latina. Teniendo presente que el objetivo histórico del Perú es la recuperación por lo menos de parte de los territorios que perdió en la Guerra del Pacífico, se puede apreciar que la estrategia parcial diseñada para hacer frente a la negociación chileno-boliviana, guarda perfecta armonía y sirve también a aquel propósito. En efecto, sus objetivos parciales no se limitan al fracaso de la negociación, sino que apuntarían hacia la ruptura de Chile con Bolivia, al acercamiento de esta hacia el Perú» 48.

El panorama se completaba con el convencimiento del régimen chileno de que la Unión Soviética y Cuba estaban detrás de la presunta intención agresiva de Perú y que incluso se incentivaría la participación de chilenos de izquierda en un eventual conflicto, tomando partido por este último país. ¿Imaginación fabuladora? Quizás en Santiago no se estaba al tanto de que un proyecto de declaración de los partidos de la Unidad Popular, reunidos en México en marzo de 1976, incluía culpar a Chile por acariciar un proyecto agresivo contra un régimen progresista como el de la dictadura militar peruana:

«Sin embargo, en América Latina adquiere especial peligrosidad la política agresiva de la Junta Militar, instrumento de las compañías multinacionales y del subimperialismo brasileño. De acuerdo con ello, hoy centra su política exterior en preparar una provocación contra el pueblo hermano del Perú y su Gobierno, culpable a los ojos de la dictadura de desarrollar un proceso nacionalista y popular. Para ello ha buscado la alianza de la dictadura reaccionaria de Banzer, tratando de crear así un frente común antiperuano» 49.

En 1976 también fue nombrado un nuevo embajador en Perú, Francisco Bulnes Sanfuentes. Sin ser ni diplomático ni tener mayor experiencia internacional, era la personificación del savoir faire social y político. Senador hasta 1973, caricaturizado como prototipo del orden tradicional, Bulnes iba con una misión para la que estaba muy capacitado: empatizar con el mundo social y político de Perú e influir hasta donde se pudiera para apaciguar las presuntas tendencias belicistas. Aunque su misión terminó mal, tuvo éxito hasta el momento más peligroso, a finales de 1978.

En un informe sobre Morales Bermúdez, Bulnes decía que las relaciones fueron normales entre 1929, año del tratado, y 1968. Pero si en Perú no había odio hacia Chile, sí había resentimiento; el revanchismo solo residía en «círculos castrenses». En 1968 no ocurrió un cuartelazo, sino la instauración de un régimen militar y de tinte claramente nacionalista, aunque no necesariamente popular:

«El Ejército peruano, es una fuerza con excelente equipamiento bélico y adecuada instrucción y disciplina. El estatus del Ejército no guarda relación con la realidad económica del país, tanto en lo referido a equipamiento bélico como a infraestructura de cuarteles e infraestructura social. La ciudadanía no siente afecto por sus FF.AA.» 50.

Al mencionar la cultura institucional del régimen peruano se trazaba una línea directa con el informe del embajador Jerez en 1972, una nueva mentalidad gobernante y la compra de armas a un nivel extraordinario 51.

Al conversar francamente sobre armamentismo con el canciller peruano De la Puente, este adujo que la Unión Soviética les ofreció un precio muy favorable y añadió algunas ideas interesantes: el revanchismo quedó atrás; Perú solo se defendería si Chile atacaba; la lucha ahora era por el desarrollo; y los militares peruanos habían evolucionado y Morales y Guillermo Arbulú, presidente del Consejo de Ministros, eran «cultísimos» y de «anchas perspectivas» 52.

Bulnes observaba que por la situación económica de Perú los soviéticos vendieron las armas a «precios políticos», y agregaba que, si en el pueblo peruano faltaba educación y sentido de país, los esfuerzos del ejército «por preparar oficiales y personal bajo reclutamiento [para] que cumpla las condiciones compatibles con un ejército regular [...] [han] llegado a un nivel aceptable» 53. La urgencia parecía menor que en el periodo entre 1973 y 1975. Los chilenos quedaron en la misma incertidumbre cuando el canciller De la Puente, a quien sabían criticado por los sectores más nacionalistas por no apoyar abiertamente a Argentina, justificaba el elevado gasto militar en un país en crisis económica 54. Más allá de la verosimilitud de la explicación y de la honestidad subjetiva del canciller, el tema era central para los chilenos: ¿por qué se había invertido tanto en armas, creando un desequilibrio estratégico en la región, si Perú estaba en frágil situación económica? La respuesta de que era para evitar que en 1979 se repitiera la experiencia de 1879 inquietaba todavía más a los chilenos.

La Cancillería chilena recordaba al embajador que su tarea específica era «evitar que se [materializara] un conflicto armado entre Chile y Perú». Debía relacionarse con Torre Tagle más allá de lo protocolar; con sectores políticos que más adelante tendrían influencia, así como con personas selectas de clase alta y clase media que todavía la tenían, todo ello sin desagradar al gobierno; con altos mandos de fuerzas armadas, con prensa y mundo cultural, etc. Sin embargo, esto debía hacerse sin «caer en la obsequiosidad [...] pues el mantenimiento de la paz no depende solo del grado de amistad que exista entre ambos países, sino también —y tal vez primordialmente— del temor que el Perú tenga a experimentar una nueva derrota» 55. Lo que principalmente trascendía a los chilenos como voluntad revanchista era la idea de que Perú estaba en condiciones de responder a un ataque chileno con una fuerza devastadora 56. Se quería la paz, pero no aparecer temeroso.

En septiembre de 1977, en un pasaje revelador, el embajador Bulnes indicaba que se había logrado el propósito fundamental, lograr un acercamiento con Perú, ya que «lo más peligroso habría sido mantener el clima de incomunicación y de tensión que existió entre ambos países hasta no hace mucho tiempo». El mismo Perú había mostrado voluntad de acercamiento, por lo que se le haría difícil justificar una guerra de agresión: «Si bien una agresión del Perú a Chile es una posibilidad siempre latente y de la cual nuestro país no puede prescindir, hay razones suficientes para suponer que, en el actual momento histórico, el Gobierno peruano y las superioridades de sus Fuerzas Armadas no tienen propósitos agresivos concretos» 57. Bulnes reforzaría este mensaje de tranquilidad relativa señalando que, aunque en Perú «la maquinaria bélica está muy bien montada ya que el equipo adquirido sobrepasa con creces las necesidades del país», no había trabajo psicológico para exacerbar el revanchismo de los peruanos 58.

A partir de este momento las relaciones con Perú fueron vistas a través del prisma del diferendo y cuasi-guerra entre Chile y Argentina en diciembre de 1978, cuando la Junta en Buenos Aires, tras rechazar un fallo arbitral sobre el límite en el extremo sur (Canal Beagle), amenazó y dispuso las medidas de una guerra con Chile, aventada por la intervención diplomática de terceros y la mediación del papa. La pregunta que se hacían los chilenos era qué iba a hacer Perú 59. Para Chile, el grado de cooperación o hasta coordinación de Perú con Argentina —buscada por el último— pasó a ser un elemento fundamental para aquilatar la situación. No hubo una respuesta segura. La misión del embajador seguía siendo «impedir a toda costa la materialización de un conflicto entre Chile y Perú». ¿Lo lograría?:

«Aunque el fantasma de la guerra aparece mucho más lejano que cuando llegué a hacerme cargo de mis labores en Lima, creo que es indispensable continuar trabajando en forma incansable en esta materia, pues la naturaleza misma de las relaciones entre dos países hace posible que cualquier acto precipitado, por pequeño que este sea, pueda producir un efecto multiplicador que deshaga el camino recorrido» 60.

La embajada seguía con máxima atención cualquier signo que anticipara una participación peruana en un eventual conflicto, observando si los edificios militares o el palacio presidencial tenían vigilancia de soldados en tenida de combate, o si había mucha iluminación nocturna en esos edificios 61. También se informaba de aviones de guerra sobrevolando Lima y de la presencia en Tacna de los SU-22 de origen soviético 62. Una evaluación efectuada por los agregados militares acerca de las intenciones peruanas informaba que «se habría establecido como estrategia de Perú en caso de conflicto Chile con Argentina que entra a él solo si operaciones bolivianas-argentinas se desarrollan contra Chile en provincia de Tarapacá. Si conflicto fuera en otras partes incluyendo provincia de Antofagasta, Perú se mantendría al margen» 63. El embajador de Brasil en Lima, Manuel Emilio Guillao, le decía a Bulnes en octubre de 1978 que no creía que Argentina fuera a la guerra, que eran solo «bravatas», y que la mayoría de los peruanos no quería mezclarse en el conflicto; que lo probable era que Perú fuera neutral y que, si había guerra general contra Chile, Brasil no permanecería impasible 64.

Repetimos que esta información no se juzga aquí según su veracidad intrínseca. Solo se quiere leer el cuadro mental que se formó la embajada y el Gobierno chileno acerca de las intenciones peruanas. En Perú, en particular desde la izquierda y los militares más radicales, se puso bajo fuego al canciller De la Puente por haber viajado a Chile a fines de noviembre en una visita oficial muy publicitada; la visita paralela de un alto jefe militar a Buenos Aires fue al parecer mal recibida allí porque todo indicaría una neutralidad peruana en caso de conflicto. Los sectores nacionalistas expresaban que se hizo un desaire a Argentina 65. La embajada, que había gestionado mucho la visita del canciller peruano, seguía estos debates con el máximo interés, percibiendo el combate entre dos almas al interior de Perú, la que prefería la paz —pero también herida por las consecuencias de 1879— y aquella a la que le era más difícil resistir una tentación de reivindicación que podría ser «histórica».

Fin de la crisis, agudización de la crisis

En 1977 y 1978, la embajada creía que las relaciones habían mejorado. A la vez, la crisis entre Argentina y Chile creaba en el cono sur una corriente difícil de contrarrestar. Poco antes de la Navidad de 1978 casi estalló una guerra entre ambos países, evitada por la puesta en marcha de la mediación papal, firmándose un compromiso el 8 de enero de 1979 en el Acta de Montevideo. Simultáneamente se produjo un grave incidente entre Chile y Perú. Debido a un acto doble no coordinado de la inteligencia de Chile, un suboficial peruano fue contactado por chilenos para que entregara información. Este militar sería posteriormente fusilado. En los mismos días, unos oficiales navales chilenos que bajaron de su barco en Talara fueron sorprendidos sacando fotos a una base aérea. No existía relación con la embajada, pero esta, como organización, se vio alcanzada a través del agregado naval, principalmente por la sensibilidad del asunto, ya que no participó directamente en los hechos de Talara. El canciller De la Puente mantuvo al comienzo el asunto en secreto e informó de inmediato al embajador Bulnes el 15 de diciembre, expresándole la gravedad del hecho. Lima expulsó a los dos oficiales y además al agregado aéreo chileno por el caso del suboficial peruano. De inmediato se percibió que esto podría influir en un cambio de la posición oficial o real de Perú ante el conflicto en ciernes 66. Bulnes envió varios informes enérgicos a Santiago pidiendo al Gobierno que prohibiera estos actos y que castigara a los oficiales 67. Esto último es lo que empezarían a exigir los peruanos y que, en Santiago, en medio de una posible guerra con Argentina, no estaban dispuestos a aceptar.

La noticia se filtró y creó un escándalo de grandes proporciones en Perú, concluyendo en el cambio de canciller —previsto con antelación— y un presumible endurecimiento con Chile 68. Bulnes, desesperado, pedía a Santiago instrucciones sobre qué decir —quería ofrecer alguna disculpa—, pero no obtuvo respuesta; tras viajar a Santiago, regresó con una explicación a medias 69. Entretanto, Chile, recurriendo a la diplomacia militar, había enviado a dos generales a conversar con el alto mando peruano 70.

Se fue más allá. El 20 de enero de 1979 el Gobierno peruano declaró persona non grata a Francisco Bulnes, extremando normas diplomáticas. El embajador, víctima de las circunstancias, lo supo por radio (para ser exacto, horas antes había sido advertido desde Santiago por El Mercurio). Quizás, de parte peruana, fue una suerte de compensación por no participar en el abortado conflicto entre Chile y Argentina a través de un acto de castigo a Santiago que pudiera satisfacer al menos en parte a la herida sensibilidad interna 71.

El ministro consejero Demetrio Infante asumió el mando de la embajada chilena como encargado de negocios. Su visión era negra, pero no porque creyera en la posibilidad de un conflicto. El Gobierno de Morales Bermúdez, ya en su última etapa con una asamblea constituyente establecida, no estaba para una acción unilateral. Infante no ocultaba su desilusión porque todo el edificio de confianza construido con Bulnes colapsó en pocos días y habría que comenzar desde cero. Para él, se había logrado «aminorar el resentimiento congénito» de los peruanos y las relaciones eran las mejores desde hacía cien años. En 1979, para el centenario de la Guerra del Pacífico, escribía en un sentido tan de alarma como el del embajador Jerez en 1972: «Se ha orquestado una campaña anti-chilena que no tiene parangón en último tiempo». Había llegado al Gobierno el sector «antichileno» más radicalizado. En su análisis, al Gobierno peruano el episodio de espionaje le dio ocasión para cambiar la orientación hacia Chile. En último término, como lo reflejaban las palabras de Infante días después de la expulsión de Bulnes, las relaciones entre Chile y Perú, inherentemente complejas, requerían de conducción diestra y paciencia: «Ya he sido advertido que relaciones permanecerán frías por un tiempo largo. Lo que diga un amigo peruano entre cuatro paredes no cambia el cuadro. Sobre Chile se sostiene algo en privado, pero es diferente en público» 72.

Conclusión: el peso del pasado

Desde el Tratado de Paz de 1929 hasta 1968 hubo una continuidad de paz junto a una memoria viva. Con el régimen militar de izquierda nacionalista, la situación a ojos chilenos experimentaba un cambio. El dominio de las identificaciones ideológicas, que se veían como el gran tema internacional de la región, se entremezclaba con el de la geopolítica 73. Sin embargo, el paralelismo relativo entre el régimen de Velasco y la experiencia de Salvador Allende, con su transición democrática al socialismo y la simpatía entre ambos gobernantes, no alteró en lo fundamental el legado de la historia cultivado celosamente por la memoria en ambos países.

Si bien el golpe en Chile en septiembre de 1973 fue una divisora de aguas, lo geopolítico, el nacionalismo territorial y la herencia del siglo xix se expresaron de manera parecida a lo largo de la década de 1970, imponiéndose incluso sobre lo ideológico. Entre 1973 y 1979 ambas razones se potenciaron hasta cierto punto; los chilenos veían a Perú recibir generosa asistencia de la Unión Soviética sin que la norteamericana experimentara mucho cambio, mientras que el régimen de Santiago se sumía en un grave aislamiento. Paradójicamente, la diplomacia militar, que a veces es considerada como un factor propicio al conflicto, en este caso también fue una nueva vía de comunicación, aunque no suficiente para crear un espacio de confianza. Es interesante señalar que tanto el embajador de la Unidad Popular como los del régimen militar chileno coincidían en un aspecto: solo incrementando esa parte de confianza en las relaciones entre ambos países podía compensarse la tendencia peligrosa hacia el enfrentamiento. Ambas diplomacias también ponían el acento en que la posición de Chile no podía confundirse con debilidad.

No se puede decir si Perú estaba dispuesto a la guerra. Las fuentes a las que hemos podido acceder muestran que la posibilidad existió y que en Perú la idea de haber sido agredidos en un remoto pasado, cumplía un papel fundamental. Esta relación de mutua hostilidad resultante de una historia más que centenaria, a pesar de los lazos que vinculaban económica y socialmente a los países, parecía una anomalía después de la Segunda Guerra Mundial, una rémora del pasado. Su realidad y su peso, sin embargo, eran innegables.

En el siglo xxi, en un sistema internacional que según las apariencias gira más y más en torno a la competencia de grandes Estados, los estudios históricos e internacionales deben poner atención a estas situaciones, tanto en sus grandes esquemas y procesos como en esa microhistoria de la diplomacia que revela el origen del conflicto y también de los intentos, a veces exitosos, para evitar su estallido, incluso en presencia de factores que apuntan en esa dirección.


* La investigación para este artículo fue financiada por el Proyecto Fondecyt Regular núm. 1160098. Los autores agradecen a Alejandro Díaz y a Milton Cortés su asistencia en la recopilación de material para la redacción de este trabajo.

1 Joseph S. Nye, Jr.: Understanding International Conflicts. An Introduction to Theory and History, Nueva York, Longman, 2003, pp. 67-80. Al aproximarse el centenario de 1914, aparecieron excelentes interpretaciones acerca del proceso que se resumen como «percepción de guerra o conflicto»” aunque no trabajan el concepto, Margaret McMillan: 1914. De la paz a la guerra, Madrid, Turner, 2013, y Christopher Clark: The Sleepwalkers. How Europe went to War in 1914, Nueva York, Harper, 2013, pp. 20-28.

2 Para el panorama general en este sentido, véase Sebastián Hurtado-Torres y Joaquín Fermandois: «The War that Didn’t Break Out: Military Rule and Regional Tensions in the Andes in the 1970s», The International History Review (2019), DOI: 10.1080/07075332.2019.1652839.

3 Para conceptualización, Klaus Dodds: Geopolitics. A Very Short Introduction, Oxford, Oxford University Press, 2007, pp. 42-49.

4 Lourdes Hurtado: «Velasco, Nationalist Rhetoric, and Military Culture», en Carlos Aguirre y Paulo Drinot (eds.): The Peculiar Revolution. Rethinking the Peruvian Experiment under Military Rule, Austin, University of Texas Press, 2017, pp. 171-196, y José Rodríguez Elizondo: Chile-Perú. El siglo que vivimos en peligro, Santiago, La Tercera-Mondadori, 2004.

5 Para el armamentismo peruano, Víctor Torres Laca: Las armas de la revolución: armamentismo durante del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada 1968-1980, tesis doctoral, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008. Lateral al tema, Germán Alburquerque: «No alineamiento, tercermundismo y seguridad en Perú: la política exterior del gobierno de Juan Velasco Alvarado (1968-1980)», América Latina Hoy, 76 (2017), pp. 149-166.

6 Joaquín Fermandois: Mundo y fin de mundo. Chile en la política mundial, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2005, pp. 439-450. El estudio más completo sobre las relaciones internacionales del periodo, Heraldo Muñoz: Las relaciones exteriores del gobierno militar chileno, Santiago, Las Ediciones del Ornitorrinco, 1986, lo trata sucintamente, como «dinámica preventiva» después de 1973, hasta que declaraciones de Velasco distienden la situación; de ahí habría habido un idilio hasta que Perú expulsa a Bulnes en 1979 (pp. 151 y ss.). Para el rearme chileno, Juan Pablo Rosso Streeter: El rearme del Ejército del Ejército de Chile entre 1974-1984, tesis, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1996. Para la literatura, con aspectos ocasionales de «percepción de conflicto», pero sin que los autores referidos muestren empleo sistemático de fuentes, Claudia Arancibia: «En torno a la historiografía sobre la crisis militar entre Chile y Perú (1974-1975). Alcances y fuentes», Perspectivas de Historia Militar (2019), https://www.academiahistoriamilitar.cl/academia/en-torno-a-la-historiografia-sobre-la-crisis-militar-entre-chile-y-peru-1974-1975/; lo mismo, concentrado en la parte chilena, Arturo Fernández: «La movilización de 1975. El Ejército en la crisis con el Perú», Perspectivas de Historia Militar (2019), http://www.academiahistoriamilitar.cl/academia/wp-content/uploads/2020/10/Mov.-de-1975.-PERSP.-AFR.-DIC.2019.pdf.

7 Frederick M. Nunn: The Time of the Generals. Latin Professional Militarism in World Perspective, Lincoln-Londres, The University of Nebraska Press, 1992, pp. 33-35.

8 Ralph K. White: «Misperception and the Vietnam War», Journal of Social Issues, XXII(3) (1966), https://doi.org/10.1111/j.1540-4560.1966.tb00978.x.

9 Víctor Torres Laca: Las armas de la revolución, tesis doctoral, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2018, y Alejandro Santistevan Gutti: Entre el nacionalismo y el peso del dólar: Perú y Estados durante el gobierno de Juan Velasco (1968-1975), tesis doctoral, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2018.

10 Luis Jerez: Ilusiones y quebrantos (Desde la memoria de un militante socialista), Santiago, Forja, 2017.

11 Del encargado de negocios Gastón Illanes al ministro de Relaciones Exteriores de Chile (MRE), 27 de octubre de 1970, oficio confidencial 2194/168, Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones de Chile (en adelante, ARREE), Fondo Perú (en adelante, FP), vol. 1156; y del embajador Sergio Larraín a MRE, 9 de diciembre de 1970, oficio estrictamente confidencial 2355/201, ARREE, FP, vol. 1156.

12 De Luis Jerez a MRE, 21 de mayo de 1971, oficio confidencial 761/85, ARREE, FP, vol. 1167.

13 De MRE al embajador en Lima, 6 de abril de 1971, oficio confidencial 24, ARREE, FP, vol. 116. La preocupación de que combine la rivalidad ideológica con una carrera armamentista era compartida por políticos peruanos. Conversation (ambassador Belcher) with Luis Bedoya Reyes, Airgram A-376, 19 de noviembre de 1970, National Archives and Records Administration (en adelante, NARA), General Records of the Department of States (en adelante, RG) 59, 1970-1973, Political & Defense, box 2543. Meses después Mercado Jarrín sostiene ante Rogers, secretario de Estado, y Kissinger que la revolución peruana no es marxista, pero que, si el «experimento marxista» de Chile tiene éxito, ello será un peligro para América Latina y en especial para Perú. Memorandum of Conversation, ministro de Relaciones Exteriores de Perú Edgardo Mercado Jarrín y William P. Rogers, 28 de septiembre de 1971, NARA, RG 59, 1970-1973, Political & Defense, box 2544, y Memorandum of meeting, Edgardo Mercado Jarrín y Henry Kissinger, 29 de septiembre de 1971, NARA, RG 59, 1970-1973, Political & Defense, box 2544.

14 Del embajador Luis Jerez a MRE, 16 de marzo de 1971, oficio estrictamente confidencial 379/33, ARREE, FP, vol. 1166.

15 Del embajador Luis Jerez a MRE, 25 de febrero de 1972, oficio estrictamente confidencial 217/15, vol. 1176, y De Luis Jerez a MRE, 11 de julio de 1972, oficio confidencial 760/77, ARREE, FP, vol. 1177.

16 Del embajador Luis Jerez a MRE, 11 de abril de 1972, oficio estrictamente confidencial 341/28, ARREE, FP, vol. 1176. Después del golpe este oficio es citado varias veces como documento básico, pero sin nombrar el papel del embajador. El embajador inglés en Santiago, Seconde, recuerda en enero de 1974 que José Tohá, cuando fue ministro de Defensa de Allende, le había hablado del peligro de un ataque peruano. De Seconde a Foreign Office, 25 de enero de 1974, National Archives, Fco 7/2584, Latin America, tel. 47, ALC 3/348/1.

17 Ambos textos en Del embajador a MRE, 11 de abril de 1972, ARREE, oficios confidenciales 341/28, vol. 1178.

18 Del embajador Luis Jerez a MRE, 23 de mayo de 1972, oficio confidencial 461/45, ARREE, FP, vol. 1176.

19 Del embajador Luis Jerez a MRE, 8 de marzo de 1973, con copia al Estado Mayor de la Defensa Nacional, oficio confidencial 201/14, ARREE, FP, vol. 1186.

20 Del embajador Luis Jerez a MRE, 31 de agosto de 1972, oficio confidencial 980/101, ARREE, FP, vol. 1177.

21 Esta idea se refuerza en Del embajador a MRE, 29 de diciembre de 1972, oficio confidencial 1460/149, ARREE, FP, vol. 1177.

22 Patricia Arancibia: Conversando con Roberto Kelly V. Recuerdos de una vida, Santiago, Biblioteca Americana, 2005, pp. 145-147.

23 Un panorama sobre las informaciones de prensa, en memorando interno del Foreign Office, Allott, IRD, FO, ALC 3/348/1.

24 Joaquín Fermandois: Mundo y fin de mundo..., pp. 439-454; también, Sebastián Hurtado y Joaquín Fermandois: «The War that Didn’t Break out...».

25 El embajador de la República Democrática Alemana consideraba y alentaba a Velasco a sacar las conclusiones de profundizar el modelo empleando los «instrumentos de poder». Del embajador Fries a MfAA (Ministerium für Auswärtige Angelegenheiten), 12 de septiembre de 1973, PAAA (Politisches Archiv Auswärtigen Amtes), MfAA, M 1 C, 3389.

26 De Gastón Illanes a MRE, 17 de octubre de 1973, oficio confidencial 1004/91, ARREE, FP, vol. 1186.

27 De Gastón Illanes a MRE, 26 de octubre de 1973, oficio confidencial 1004/101, ARREE, FP, vol. 1186.

28 De Gastón Illanes a MRE, 25 de octubre de 1973, oficio confidencial 1038/99, ARREE, FP, vol. 1186.

29 De Gastón Illanes a MRE, 26 de octubre de 1973, oficio confidencial 1004/101, ARREE, FP, vol. 1186.

30 De Gastón Illanes a MRE, 30 de octubre de 1974, oficio confidencial 1060/104, ARREE, FP, vol. 1186. El embajador Belcher, de Estados Unidos, le confirma, alarmado, el tema de la reunión de Tantalean. De Gastón Illanes a MRE, 2 de noviembre de 1973, oficio confidencial 1073/105, ARREE, FP, vol. 1186.

31 De Gastón Illanes a MRE, 13 de noviembre de 1973, oficio confidencial 1123/111, ARREE, FP, vol. 1186.

32 Es la tesis de Heraldo Muñoz: Las relaciones exteriores del gobierno militar chileno...

33 De Gastón Illanes a MRE, 13 de noviembre de 1973, oficio confidencial 1125/114, ARREE, FP, vol. 1186.

34 De Carlos Valenzuela, Depto. América del Sur, al embajador en Lima, 20 de junio de 1974, oficio confidencial 01446/37, ARREE, FP, vol. 1196. Una completa investigación, en John Dinges: Operación Cóndor. Una década de terrorismo internacional en el cono sur, Santiago, Ediciones B, 2004, breve mención al caso con Perú en pp. 222-224.

35 En efecto, de Juan José Fernández a MRE, 19 de febrero de 1974, oficio confidencial múm. 00545/13, ARREE, FP, vol. 1196.

36 Sobre colaboración de inteligencia, Del embajador a MRE, 23 de enero de 1974, oficio confidencial 179/18, ARREE, FP, vol. 1196.

37 De Máximo Errázuriz a MRE, 10 de enero de 1974, oficio confidencial 102/8, ARREE, FP, vol. 1196.

38 De Máximo Errázuriz a MRE, 11 de enero de 1974, oficio estrictamente confidencial 104/10, ARREE, FP, vol. 1196.

39 Del embajador Máximo Errázuriz a MRE, 1 de abril de 1974, oficio confidencial 534/56, ARREE, FP, vol. 1196. Para la diplomacia de Alemania Oriental, las tensiones venían de muy atrás y eran agitadas por el «imperialismo». Del embajador a MfAA, 18 de abril, 17 de mayo y 2 de julio de 1974, PAAA, MfAA, M 1 C, 3052.

40 Del embajador Máximo Errázuriz a MRE, 3 de junio de 1975, oficio confidencial secreto 17, ARREE, FP, vol. 1205.

41 Del embajador a MRE, 19 de febrero de 1974, oficio confidencial 304/28, ARREE, FP, vol. 1196.

42 Del embajador a MRE, 27 de febrero de 1974, oficio confidencial 342/30, ARREE, FP, vol. 1196. Para un análisis del número en la diferencia de armamento, cfr. Sebastián Hurtado y Joaquín Fermandois: «The War that Didn’t Break Out...».

43 Del embajador a MRE, 20 de marzo de 1974, oficio confidencial 464/48, ARREE, FP, vol. 1196.

44 Del embajador a MRE, 27 de marzo de 1974, oficio confidencial 507/54, ARREE, FP, vol. 1196. Sin duda en Mercado hay una alusión a la Guerra de los Seis Días y a la del Yom Kippur.

45 Oficio Circular Secreto, ejemplar 9, 28 de enero de 1975, y Del MRE a jefes de misiones de América del Sur y Washington, ARREE, FP, vol. 1205.

46 Acta 228-A de la Junta Militar de Gobierno, 28 de agosto de 1975, en https://www.bcn.cl/obtienearchivo?id=recursoslegales/10221.3/34413/1/acta228_1975_A.pdf (consultado el 30 de marzo de 2020).

47 Del embajador a MRE, 23 de septiembre de 1975, oficio secreto 36, ARREE, FP, vol. 1205.

48 De embajador a MRE, 25 de febrero de 1976, oficios confidenciales secretos 7, ARREE, FP, vol. 1216.

49 Partido MAPU, Obrero y Campesino, Proposición Programática, Preparación de conferencia UP en México, Documentación anexa a material reunido en reunión preparatoria en Berlín (Oriental) del 14 y 15 de marzo de 1976, preparatoria para conferencia en abril siguiente en México, de partidos UP, en Zur Vorbereitungstagung der UP-Konferenz, Berlin, den 23 März, 1976, Abteilung Internationale Verbindungen, Bundesarchiv, SAPMO, DY 30/98723.

50 Del embajador a MRE, 15 de octubre de 1976, oficio secreto 44, ARREE, FP, vol. 1216.

51 Del embajador a MRE, 22 de octubre de 1976, oficio secreto 46, ARREE, FP, vol. 1216.

52 Del embajador a MRE, 10 de noviembre de 1976, oficio secreto 51, ARREE, FP, vol. 1216.

53 Del embajador a MRE, 19 de enero de 1977, oficio secreto 2, ARREE, FP, vol. 1232.

54 Del encargado de negocios Demetrio Infante a MRE, 20 de febrero de 1978, télex 86, ARREE, FP, vol. 1258.

55 De Pablo Valdés, ministro consejero, director de Relaciones Internacionales, al embajador, 6 de abril de 1977, oficio secreto 13, ARREE, FP, vol. 1232.

56 En una reunión social el general Enrique Vega Olivares había dicho que «cualquier golpe chileno se devolvería en forma brutal». De Gabriel del Río Espinoza, cónsul general de Chile en Tacna, al embajador en Lima, 23 de mayo de 1977, oficio secreto 69/2, ARREE, FP, vol. 1232.

57 Del embajador a MRE, 8 de septiembre de 1977, oficio secreto 33, ARREE, FP, vol. 1232.

58 Del embajador a MRE, 21 de octubre de 1977, oficio secreto 38, ARREE, FP, vol. 1232.

59 El embajador de Alemania Federal creía que Perú no iría a la guerra, por envío del canciller De la Puente a Santiago y del ministro de Defensa a Buenos Aires, aunque en círculos militares chilenos se escuchaba mucha desconfianza. Del Embajador Strätling a AA, 11 de diciembre de 1978. PAAA, ZA, B 33, Pol. 322, PER-Ver, 1290/78, 111042.

60 Del embajador Francisco Bulnes a MRE, 22 de agosto de 1978, oficio reservado y secreto 14, ARREE, FP, vol. 1249.

61 Del encargado de negocios Demetrio Infante a MRE, 31 de octubre de 1978, télex reservado 713, ARREE, FP, vol. 1260.

62 Del embajador a MRE, 17 de diciembre de 1978, télex secreto 917, ARREE, FP, vol. 1260. Habría indicios de acuartelamiento parcial de la guarnición de Lima y trabajo anormal en cuartel general del ejército. Del embajador a MRE, 17 de diciembre de 1978, télex secreto 918, ARREE, FP, vol. 1260.

63 Del encargado de negocios Demetrio Infante a MRE, 31 de octubre de 1978, télex reservado 715, ARREE, FP, vol. 1260.

64 Del embajador a MRE, 20 de octubre de 1978. ARREE, télex reservado secreto 715, vol. 1260. En sus memorias, Infante desecha una voluntad peruana para intervenir en 1978 en caso de ataque argentino a Chile. Demetrio Infante Figueroa: Confidencias limeñas. Charaña, espionaje y algo más, Santiago, Catalonia, 2014, pp. 194 y ss.

65 Del embajador a MRE, 27 de noviembre de 1978, télex reservado 835, ARREE, FP, vol. 1260.

66 Del embajador a MRE, 15 de diciembre de 1978, télex reservado 908, ARREE, FP, vol. 1260.

67 De embajador a MRE, 15 de diciembre de 1978, télex secreto 911, ARREE, FP, vol. 1260.

68 De la reacción casi unánime de indignación destaca una frase reveladora del estado de ánimo: «El Perú de 1979 no es el Perú de 1879». El Tiempo, 20 de diciembre de 1978.

69 El ánimo del embajador, que se siente aislado incluso desde Santiago, es muy bajo. Del embajador a MRE, 21 de diciembre de 1978, télex reservado 942, ARREE, FP, vol. 1260.

70 De Infante a MRE, 28 de diciembre de 1978, télex núms. 963 y 967, ARREE, FP, vol. 1260, y De Infante a MRE, 29 de diciembre de 1978, télex 973, ARREE, FP, vol. 1260.

71 Demetrio Infante: Confidencias limeñas..., sostiene que Lima prefirió castigar al embajador antes que a los agregados militares chilenos —lo que hubiera sido más lógico— para no inferir una ofensa a Pinochet (pp. 144-179).

72 Del encargado de negocios Demetrio Infante Figueroa a MRE, 26 de enero de 1979, oficio secreto 1, ARREE, FP, vol. 1267.

73 Habría que matizar las categorías del notable libro de Charles S. Maier: Once Within Borders. Territories of Power, Wealth, and Belonging since 1500, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 2016, cap. 6, «Geopolítica e ideología pueden alcanzar las más extrañas combinaciones».