Ayer 138 (2) 2025:205-230
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1183
© Hubert R. Kurdelski
Recibido: 15-12-2022 | Aceptado: 01-03-2024 | Publicado on-line: 07-04-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La violencia anarcosindicalista en la Zaragoza republicana. Los responsables y sus vínculos

Hubert R. Kurdelski

Investigador independiente
hubi9@wp.pl

Resumen: Basándose en las fuentes judiciales y la prensa local, este artículo reconstruye el perfil sociolaboral y generacional de los responsables de la violencia anarquista y sindicalista surgida en Zaragoza durante el periodo de la Segunda República. Los resultados de dicho análisis, contextualizados a la luz de fuentes policiales inéditas y documentos internos de la CNT y la FAI, sirven también para reconsiderar el problema de los vínculos entre los responsables de la violencia y dichas organizaciones.

Palabras clave: violencia política, terrorismo, anarquismo, Segunda República española, CNT.

Abstract: This article, based on judicial sources and local press, reconstructs the socio-occupational and generational profile of those responsible of the syndicalist and anarchist violence that appeared in the city of Saragossa during the Second Republic period. The results, of the aforementioned analysis, interpreted in the context of the previously overlooked police sources and the internal documentation of the CNT and FAI, are used to reconsider the problem of the connections between the perpetrators of the violence and the mentioned organizations.

Keywords: political violence, terrorism, Second Spanish Republic, CNT.

La centralidad del problema de la violencia política para el estudio del siglo xx español ha convertido la historiografía de este país en una de las más especializadas en la investigación sobre dicho asunto. Sin pretensiones de aportar un nuevo balance historiográfico, podemos afirmar que los especialistas apuestan por una delimitación del campo de investigación suficientemente amplia para evitar la «sectorialización o parcelación de sus enfoques» 1. Siguiendo tal sugerencia, este trabajo pretende unir en el mismo estudio los casos derivados de la conflictividad sindical con las acciones violentas de corte revolucionario. Dicha perspectiva no está basada solamente en las consideraciones de Eduardo González Calleja, quien ha observado la existencia de procesos de politización de la violencia social 2. También las fuentes estudiadas demuestran que la barrera entre ambas categorías resultaba porosa. En algunos casos, en función de la respuesta estatal, los sindicatos llegaban incluso a presentar el mismo conflicto violento como un asunto sindical o político 3.

A causa de su imagen condicionada por el terrorismo finisecular, también el anarquismo español ha sido abordado a través de estudios centrados en su actividad violenta. Durante el último medio siglo, las investigaciones han permitido matizar la ecuación anarquismo-violencia, ya señalada como simplista por José Álvarez Junco 4. Las nuevas perspectivas han recalcado la influencia de la represión estatal en la actitud libertaria. Asimismo, se ha profundizado en los cambios y continuidades entre los tipos de la violencia anarquista predominantes en cada época. Finalmente, tanto las motivaciones como los métodos de los agresores han sido contextualizados en el marco político y social de su época. Sin embargo, la mayoría de las obras referentes de la historiografía en esta cuestión suele abordar el problema a escala nacional o centrándose en los casos de Andalucía y Cataluña 5. Por tanto, resulta valioso aprovechar la posibilidad de «una percepción más próxima de la práctica sindical y militante, así como discernir entre los discursos de las organizaciones y de los órganos de prensa, la aplicación de los mismos sobre el terreno y su percepción entre la base militante» 6, trasladando el foco hacía una ciudad menos estudiada en el contexto de la violencia anarcosindicalista.

La imagen más popularizada de los anarcosindicalistas violentos de la Zaragoza republicana ha sido creada por Gabriel Jackson. Basándose en los mitos de los años veinte, el autor ha ofrecido una visión general de pistoleros que «iban de ciudad en ciudad, explotando la tensión laboral, hoy en Barcelona, mañana en Sevilla» 7. Con respecto a los anarquistas zaragozanos, Jackson ha presentado parte de dicho grupo como «un puñado de idealistas autodidactas, lectores de Bakunin y Tolstoi, a veces místicos pacifistas, a veces vegetarianos o desnudistas» 8, que malvivían sedientos de una revolución redentora. Otro colectivo manipulado por los anarquistas sería el de los peones y trabajadores semicualificados. Según el historiador estadounidense, «antes de que existiera la FAI, a estos individuos era fácil disuadirles para que no se declararan en huelga. [...] Pero la conciencia de clase y la mística revolucionaria que les había inculcado la FAI les decidió a mostrar a los patronos que la sociedad dependía de ellos, los trabajadores» 9. Finalmente, los responsables directos de la violencia anarquista en la Zaragoza de los años treinta han sido retratados como «un grupo pequeño, pero importante, de pistoleros profesionales, no todos españoles. Cuando los habitantes veían a veinte o treinta forasteros con acento extranjero vendiendo corbatas por las calles, sabían que estaba próxima otra huelga general» 10.

Gracias a las investigaciones posteriores, las afirmaciones de Jackson pueden interpretarse como muestras de los prejuicios de los patronos zaragozanos entrevistados por este historiador. No obstante, pese a los aportes de Graham Kelsey y Alejandro Díez Torre, el colectivo de los anarquistas y sindicalistas zaragozanos involucrados en la actividad violenta no ha sido objeto de un análisis que posibilite estimar su tamaño y entender mejor sus relaciones con el resto del mundo sindical y libertario 11. Por tanto, el objetivo de este artículo consiste en reconstruir un perfil sociológico, laboral y generacional de los activistas violentos. Además, el texto pretende esclarecer los vínculos entre los violentos y las estructuras zaragozanas de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), basándose en fuentes policiales anteriormente ignoradas y documentación de ambas organizaciones, procedente del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza (AHPZ) y el Instituto Internacional de Historia Social (IISH) en Ámsterdam.

Difícilmente alcanzables

La creación de un perfil de los ejecutores de la violencia y sus cómplices resulta complicada a causa de la discontinuidad de las fuentes disponibles y el carácter incompleto de la información que estas aportan. Los datos de los autores de la violencia en cuestión proceden en su mayoría de las noticias de prensa, los libros de sentencias y los sumarios criminales. En contadas ocasiones, la información proviene también de las confidencias policiales citadas en la correspondencia del gobernador civil o conservadas en los fondos del Ministerio de Gobernación. En el caso de los sujetos mencionados por la prensa, hablamos frecuentemente de autores de violencia identificados ad hoc. En muchas ocasiones, la primera mención es la única a la que se limita la prensa, y se pierde así el rastro del acusado y su posible condena judicial. Las sentencias aportan mayor información sobre el sujeto, pero limitan la descripción de los hechos y las razones por las que el juez los ha considerado probados o no. Finalmente, los sumarios amplían la información sobre los hechos y las motivaciones del juez, pero tampoco aportan un criterio fijo sobre la validez de los datos.

Considerando dichas características y el interés en un perfil general de los responsables de la violencia, los criterios de inclusión de datos en este estudio han sido los siguientes: se han incluido todos los casos mencionados en la prensa si el autor fue identificado infraganti; se han tenido en cuenta todos los sumarios y sentencias con una resolución condenatoria, y se ha hecho uso de los datos procedentes de todas las causas en las que el juez consideró los hechos probados, pero no constitutivos de delito. También se han incluido los casos bien documentados cuya instrucción resultó interrumpida por la entrada en vigor de alguna amnistía y las sentencias casadas por faltas formales. Además, se han tenido en cuenta los datos de sumarios y sentencias absolutorias, si el acusado figuraba en los ficheros policiales por su vinculación a la actividad anarquista violenta. Aunque la última premisa pueda resultar controvertida, tal documentación es, a menudo, el único rastro de un sujeto anteriormente identificado como involucrado en la violencia libertaria. Por tanto, sus datos resultan útiles para elaborar un perfil conjunto del colectivo en cuestión, con independencia de la autoría del hecho juzgado.

El análisis cruzado de dichas fuentes y la bibliografía del problema ha posibilitado la identificación de 161 anarquistas o sindicalistas involucrados en la violencia premeditada. Se han excluido todos los casos de violentos itinerantes. Por tanto, dicho número abarca solamente personas asentadas en Zaragoza, al menos durante varias semanas antes de su detención 12. Casi todos los sujetos en cuestión fueron identificados en contexto de posesión ilícita de armas o explosivos, ejecución de atentados, sabotajes o amenazas. Solo cuatro reconocidos fueron detenidos con ocasión de distribución de hojas clandestinas que alentaban a una violencia inmediata, sin constar en sus historiales otros delitos más graves.

La FAI y la violencia

Como demuestran las citas de Jackson, la imagen de la FAI constituyó un elemento crucial para la explicación de la conflictividad y la violencia anarcosindicalista en el periodo republicano. En el contexto nacional, el debate historiográfico gira en torno a dos visiones opuestas de dicha federación. En ambos casos, las apreciaciones generales sobre la organización constituyen la piedra angular para las explicaciones de la radicalización de la CNT en los años treinta y las principales huelgas revolucionarias del bienio constitucional.

Parte de los investigadores interpreta el nacimiento de la FAI como la «conclusión lógica de un proceso de debate y toma de conciencia por parte de los anarquistas españoles respecto de la exigencia de ejercer su control sobre una CNT orientada al “comunismo libertario”...» 13. Desde esta perspectiva, el surgimiento de la FAI supondría la creación de una plataforma que coordinaría un asalto de los anarquistas a los puestos directivos de la confederación en la década de 1930 14.

La segunda vertiente percibe el anarquismo español como un movimiento que, aparte de sus fines particulares, había asistido el desarrollo del movimiento obrero inspirado en la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) y posibilitado su supervivencia en los periodos de clandestinidad y represión. Sus representantes hacen hincapié en que el nacimiento de la FAI fue impulsado por grupos anarquistas de carácter diferente y su colaboración con la CNT fue apoyada por figuras opuestas al predominio anarquista dentro de la confederación. Los mismos investigadores insisten en el hecho de que los militantes de la FAI no suponían una fuerza numérica suficiente como para prevalecer en un sindicato de masas. Finalmente, los detractores de la teoría de un secuestro anarquista de la CNT recuerdan que los miembros de la federación elegidos como delegados sindicales actuaron según las instrucciones de sus sindicatos y no de acuerdo con una supuesta línea marcada previamente por la FAI 15.

En el marco de esta investigación, el carácter semiclandestino de la FAI y su mito revolucionario han dificultado una identificación inequívoca de los responsables de la violencia como miembros de dicha federación. Hay que tener en cuenta que los «hombres de acción» ajenos a la organización libertaria también aprovechaban las siglas de esta en sus discursos. Los activistas de la federación menos conocidos no presumían de su militancia en el momento de la detención. Además, tanto la prensa como las autoridades podían considerar a cualquier detenido como miembro de una organización a la que se presentaba culpable de todas las conjuras subversivas. Finalmente, al calor de los debates sobre el papel de los libertarios dentro de la CNT y la posterior escisión de los sindicatos críticos, la prensa de la época y la historiografía acuñaron el término faísta. El uso de dicha palabra dificulta aún más la adjudicación inequívoca de la actividad violenta a la FAI. Si bien los escindidos, conocidos como treintistas, nunca constituyeron una fracción homogénea. Faísta podía significar: miembro de la FAI, crítico del sindicalismo, anarquista puro, anarcosindicalista radical, defensor de los principios libertarios de la CNT o revolucionario impaciente 16.

En este contexto, los datos recopilados permiten estimar que solamente alrededor del 20 por 100 de los identificados formaba parte de la FAI. Además de la organización libertaria más conocida, al menos doce de las personas reconocidas pertenecían a la Juventud Revolucionaria o a las Juventudes Libertarias 17. A pesar de la falta de datos sobre su participación en las organizaciones de coordinación libertaria, la gran mayoría de los individuos mencionados no podría considerarse aislada de las redes anarquistas. Las sentencias y sumarios trataban a menudo sobre personas detenidas en pareja, en grupos o vinculadas con otros anarquistas. A través de tales lazos, los detenidos recibían o suministraban armas, explosivos o conocimientos sobre su uso. Por tanto, casi todos los involucrados en la actividad violenta pertenecerían a algún tipo de los «grupos de acción». Tal afirmación parece justificada, aun cuando su participación en la FAI o los Cuadros de Defensa de la CNT y la cooperación con otras células terroristas no siempre resultaban tangibles. Por otro lado, no siempre tuvo que existir tal conexión. Como subraya Julián Vadillo Muñoz:

«Los llamados grupos de acción y sus actuaciones también sirvieron para generar confusión y mezclarlo todo y justificar una deriva en la CNT y, por extensión, también de la FAI. Si los grupos de defensa confederal tenían vinculación orgánica con la CNT y algunos grupos anarquistas lo tenían con la FAI, los grupos de acción eran completamente independientes de ambas estructuras y sus actuaciones no respondían a ningún acuerdo organizativo» 18.

La fuerza y condición de la Federación Local de los Grupos Anarquistas de la FAI en Zaragoza también resultan difíciles de reconstruir. Los archivos de la organización arrojan más luz en lo que a la Federación de Grupos Anarquistas de Aragón, La Rioja y Navarra se refiere. En este sentido, el Pleno Regional celebrado en marzo de 1933 reunió a 47 delegados en representación de 480 miembros. En agosto del mismo año, la regional aragonesa declaraba contar con 600 militantes distribuidos entre 92 grupos. Al mes siguiente, 82 grupos (562 personas) enviaron su representación a otro Pleno Regional. En febrero de 1936, la misma Federación Regional informó al Pleno Peninsular de la FAI sobre la existencia de 11 federaciones comarcales y 55 grupos, calificándose como «un tanto abandonada». A pesar de tal condición, el órgano regional subrayó las influencias de la organización específica dentro de la CNT. Sin cifras concretas para Zaragoza, la documentación en cuestión revela que su Federación Local estaba compuesta por grupos como: Los Galeotes, Los Descontentos, Espartaco, El Iris, Los Indomables, La Línea Recta o La Comunidad. A estos habría que sumar también el grupo Alerta de Utebo y Los Icarios de Zuera. No todos estos grupos pueden calificarse como «de acción». Sin embargo, todos participaron en los acalorados debates sobre las estrategias revolucionarias y el uso de violencia.

No se trataba solamente de debates teóricos. En la Zaragoza republicana hubo agresiones que correspondieron a los llamamientos, proclamas o al ambiente presente en los encuentros de la FAI. Por ejemplo, el atentado contra la comisaría de policía que originó la famosa huelga general de los treinta y seis días de abril y mayo de 1934 había sido precedido por llamamientos de la Federación Local de los Grupos Anarquistas a un levantamiento. Las mismas hojas señalaban al comisario jefe de la comisaría atacada como uno de los principales blancos de la ira popular 19.

Las fuentes más reveladoras con respecto al supuesto secuestro de la CNT por la FAI en el ámbito de Aragón son las que reflejan las dinámicas de la organización específica en el periodo anterior a la intentona de diciembre de 1933. Desde finales del verano, los grupos libertarios de la regional tomaban sus decisiones motivados por la escisión del treintismo, la crisis económica, la represión sufrida y la introducción de nuevas leyes de orden público. Entre mediados de agosto y septiembre, la FAI de Aragón, La Rioja y Navarra notificó al Comité Peninsular su influencia en toda la regional de la CNT. Frente al treintismo, los aragoneses y sus vecinos aconsejaron al resto de la FAI «procurar que todos los cargos de más responsavilida [sic] de la CNT RECAIGAN sobre los compañeros más actibos [sic] y solbentes [sic] de la organización específica, de esta forma se evitará que muchos individuos agan [sic] labor anti rebulucionaria [sic]». Los libertarios aragoneses aspiraban también a incitar por todos los medios a la revuelta e «ir de una vec [sic] a la revolución...» 20. Finalmente, su Comité Regional propuso la celebración de un Pleno Regional de Comarcales, con el fin de coordinar la propaganda y «estructurar nuestro plan de combate para la revolución tan anhelada...» 21.

Las declaraciones citadas podrían interpretarse como prueba de que la FAI zaragozana participó en una conjura calculada para apoderarse de las estructuras sindicales y llevarlas a otra prueba revolucionaria. No obstante, los debates del aludido Pleno Regional de las Comarcales demostraron que la mayoría de los grupos representados no tenía intenciones ni posibilidades de hacerlo. El encuentro reveló que cada uno de los grupos tenía una visión diferente de cómo desatar y llevar a cabo la revolución. Si unos llamaban a destruir la economía nacional, otros veían tal propuesta como algo suicida para la sociedad posrevolucionaria. Unos argumentaban que el potencial para la movilización revolucionaria residía en el problema del desempleo, mientras que otros llamaban a propiciar y encauzar cualquier huelga susceptible de desembocar en la revolución. Hubo también voces que veían la posibilidad de provocar una rebelión en respuesta a las nuevas leyes de orden público. Mientras tanto, delegados de grupos diferentes defendían la idea de responder a las represiones con actos de sabotaje. Además, hubo quien dijo que no se hiciera nada si no se iba al movimiento revolucionario. Al mismo tiempo, los representantes de las provincias alegaban que sus comarcales necesitaban más tiempo para fundar sus estructuras en ­todos los pueblos, ya que, sin ello, no estarían en condiciones de dominar sus territorios.

Finalmente, en las instrucciones para sus delegados al Pleno Peninsular, los grupos acordaron que el plan revolucionario debía ser coordinado con la CNT. Los congregados decidieron también que la represión gubernamental fuera respondida con actos de sabotaje realizados de manera conjunta con los comités de defensa confederal. En este contexto, Los Descontentos de Zaragoza indicaron a todos sus compañeros que «nuestra actuación en la CNT debe ser siempre como anarquistas [,] no como FAI [,] y esto no quiere decir que nosotros neguemos el pertenecer a la FAI [,] sino para evitar complicaciones y confusionismos». El mismo grupo rechazó también el acuerdo tomado por los anarquistas de Alcorisa, quienes habían decidido apoderarse de todos los puestos sindicales en dicha localidad para impulsar los movimientos revolucionarios. Por último, a pesar de que ya se habían establecido las instrucciones en cuestión, Los Descontentos explicaron que los comités de defensa y su material de combate no podían ser empleados en ninguna acción que no fuera un movimiento revolucionario 22.

Creados por el Congreso Nacional de junio de 1931, los cuerpos en cuestión tenían como fin preparar los planes y medios de combate para el caso de una revolución. Aunque sujetos a las decisiones confederales, los comités basados en la discutida trabazón entre la CNT y la FAI llegaron a ser interpretados como una de las plataformas del supuesto asalto faísta a la dirección de la CNT. Además, algunos comités de defensa regionales sobrepasaron su mandato y participaron en los conflictos sindicales. Asimismo, las pretensiones radicales de mejorar la coordinación o incluso militarizar las estructuras de dichos comités han motivado teorías contradictorias sobre su naturaleza y el rol desempeñado en la violencia anarcosindicalista 23. Si bien su imagen más radical parece acertada para las dinámicas de la regional catalana, los comités de defensa no llegaron a implementarse y a coordinar los esfuerzos de ambas organizaciones en todo el territorio nacional.

La mayor parte de la documentación de los comités de defensa en Aragón trata sobre el periodo comprendido entre finales de 1933 y finales de 1935, cuando Zaragoza albergó los comités local y nacional de dichos cuerpos. En aquel periodo, la FAI tuvo sus representantes en ambos comités, los cuales contaban con un apoyo económico insuficiente de parte de la CNT 24. Las detenciones de noviembre de 1935, que se abordarán más adelante, demuestran que los responsables de dichos comités tampoco limitaron sus esfuerzos a los preparativos revolucionarios encargados por la CNT. No obstante, tales casos obedecían a las iniciativas de libertarios concretos, y a veces sorprendían incluso al Comité Peninsular de la FAI, el cual no controlaba a su representación en el Comité de Defensa Nacional 25. Por su parte, el ultimó tampoco llegaba a coordinar a todos sus homólogos regionales y locales 26. Por tanto, el funcionamiento de los comités de defensa asentados en Zaragoza distó del esquema teórico presente en los acuerdos orgánicos de la confederación. Tampoco podemos adjudicarles todos los actos violentos surgidos en el marco de la protesta sindical 27.

Los violentos y el mundo sindical

Los vínculos entre los sindicatos confederados y los «hombres de acción» suscitaron controversias desde el nacimiento del pistolerismo anarquista 28. En 110 casos revisados ha sido posible averiguar la ocupación de los involucrados en la actividad violenta. La mayor parte de ellos (41) eran obreros pertenecientes al ramo de la construcción. Entre grupos menos numerosos destacaban también los metalúrgicos (17), los jornaleros (11) y los representantes del ramo de la madera (6). En la mayoría de los casos que posibilitaron tal averiguación, se trataba de hombres insolventes, pero con algún tipo de instrucción recibida.

Los datos recopilados demuestran que los inculpados solían asociarse según su profesión y que, a menudo, entraban en contacto con los militantes más experimentados en el uso de la violencia gracias a las relaciones sindicales. Los encuentros, mítines y charlas de los sindicatos más radicalizados también podían servir como vehículo de la cosmovisión violenta e insurreccional. Una de las conferencias sobre la historia del anarquismo español recordó a los mil obreros de la construcción que incluso Ramón María del Valle-Inclán «dedicó las mejores flores de su ingenio en honor del Angiolillo» 29 —asesino de Cánovas de Castillo—. En otra ocasión, en un encuentro de los cuadros de educación sindical, un representante radical de la FAI argumentó que «la CNT con sus Sindicatos no hubieran hecho nunca la revolución [...], si no hubiera sido por los valiosos elementos luchadores, que le ha prestado la FAI» y anunció que «los que queden sanos y salvos de la gran matanza que se avecina, verán con alegría convertida en la realidad esto que a primeras vistas parecen solo utopías» 30.

Las fuentes policiales demuestran también que los Sindicatos de la Construcción e Industria Hotelera, Cafés y Similares apoyaban a los «anarquistas de acción». Las escuchas en las secretarías sindicales revelaron que, hasta septiembre de 1932, el Sindicato de la Construcción había gastado al menos 1.450 pesetas en pistolas 31. Al mes siguiente los «hombres de acción» del gremio de la construcción utilizaron la sede del Sindicato de la Industria Hotelera como un lugar donde preparar explosivos de cara a la huelga de su ramo 32. Otro informe policial indicaba el café colectivo El Porvenir como lugar donde habían sido planificados los atentados fallidos contra Alejandro Leroux y un administrador del balneario de Panticosa, junto con la prueba revolucionaria de febrero de 1932 y un conato de asalto a la guarnición zaragozana 33.

Según las mismas fuentes, en diciembre de 1932 un representante de la FAI —aunque parece más probable que hablara en nombre de los responsables de la intentona de enero de 1933— informó a la dirección del sindicato de la construcción sobre los planes de un atentado contra dos miembros del Gobierno republicano y el consiguiente intento revolucionario 34. Llamativamente, entre los que fueron avisados no figuraban solamente los miembros más radicales del sindicato. En el encuentro participó también un líder veterano del sindicalismo zaragozano, caracterizado por la literatura como representante de una vertiente intermedia entre el anarquismo maximalista y el posibilismo sindicalista, o incluso un personaje cercano al treintismo 35. La historiografía ha constatado que, entre los anarcosindicalistas zaragozanos, hubo simpatizantes de García Oliver y su propuesta de una «acción colectiva contra las estructuras del sistema capitalista [...] mediante la sistematización de las acciones insurreccionales, la puesta en práctica de una gimnasia revolucionaria» 36. No obstante, la presencia de uno de los críticos del insurrecionalismo en el mencionado encuentro obliga a pormenorizar la imagen de una Federación Local nunca escindida, pero con visibles diferencias entre los radicales y los moderados. También, detalles de otros conflictos violentos sugieren la necesidad de analizar la función cumplida por la violencia en la vida sindical 37.

Según Enrique Montañés, «entre estas acciones esporádicas [las intentonas revolucionarias] y la práctica sindical cotidiana más bien de tipo reformista existía una gran distancia que nunca fue cubierta» 38. Sin embargo, como atestigua la información detallada sobre los conflictos sindicales más enconados, los vínculos entre la violencia de los impacientes y la práctica sindical de los moderados se entrelazaban. Lo demuestra claramente el uso de la violencia con el fin de mejorar la posición negociadora, notado ya por el mencionado autor. Además, la presencia de los pacíficos hermanos Alcrudo entre los miembros del Comité Revolucionario de diciembre de 1933 permitiría acortar la supuesta distancia. Durante los meses que precedieron dicha insurrección, la promesa revolucionaria había sido esgrimida por líderes zaragozanos de ambas tendencias para evitar protestas espontáneas en medio de una coyuntura poco prometedora 39.

Independientemente de su apoyo o críticas a las intentonas revolucionarias, los líderes sindicales incluían la aparición de actos de terrorismo y sabotaje en sus cálculos políticos. Por ejemplo, con ocasión de la huelga de la construcción de 1932, uno de los líderes de dicho gremio dejó claro que, aparte de la cuestión laboral, la huelga mantenida gracias al uso de los explosivos iba a servir para «ver si podemos echar a ESTE TÍO [el gobernador civil] de Zaragoza y de aguar las fiestas del Pilar» 40. Una argumentación parecida resonó en los debates sindicales que precedieron el paro 41. Con respecto al mismo conflicto, uno de los detractores de la «gimnasia revolucionaria» esperó a que «la primera semana se procurara que no trabaje nadie por cuantos medios estén a nuestro alcance y en la segunda se llegará a los sabotajes y a toda clase de desmanes» 42. Según sus cálculos, una huelga general tan violenta serviría para «averiguar quién es la persona que nos hace la guerra, y en el momento que se descubra, se acabará con ella dondequiera que se le encuentre, bien sea en Zaragoza o en Madrid» 43.

Una vez terminado el supuesto ciclo insurreccional de la CNT, la violencia siguió siendo ensayada para mantener la movilización en el momento de la mayor crisis de la Federación Local. Un ejemplo claro de tal fenómeno fueron las explosiones y tiroteos que acompañaron las celebraciones del Jueves y Viernes Santo de 1935. La correspondencia interna revela que los Sindicatos de Construcción, Alimentación y Artes Gráficas habían presionado a la Federación Local (FL) para encontrar alguna manera de interrumpir dichas celebraciones. El último gremio propuso incluso que el Comité de Defensa o sus cuadros «hiciesen demostración objeto restar la brillantez Festejo o impedir por tal causa la salida procesión impopular y arbitraria a todas luces» 44. Estas iniciativas formaban parte de un nuevo intento de una amplia movilización social bajo la bandera anarcosindicalista. Antes de las celebraciones religiosas, la CNT empezó a distribuir octavillas antimilitares y anticlericales, dirigidas a «¡Trabajadores, intelectuales, hombres de información liberal!» 45. Apelando a las figuras utilizadas desde hacía décadas en las campañas republicanas, los autores de estos impresos presentaban su modelo revolucionario del pueblo armado como la única apuesta viable para todos los progresistas. Según las hojas en cuestión, tal estrategia constituía el único remedio contra un posible golpe militar y la manera de recuperar el control de los espacios públicos. Una de las circulares demuestra también que los atentados contra los esquiroles del sindicato Paz y Trabajo coincidieron con una campaña de movilización basada en el señalamiento y cultivo del odio hacia los que rompían unas huelgas sindicalistas cada vez menos enérgicas 46. También esta campaña tuvo su significado político. Durante el verano de 1935, las agresiones originaron una crisis en el Ayuntamiento y causaron el cese del gobernador civil.

La delincuencia común

Otras controversias que acompañaron a los «hombres de acción» fueron sus posibles vínculos con la delincuencia y los atracadores. Para limpiar su imagen y no dejar explotar sus fondos por los delincuentes comunes, la CNT llegó a prohibir que los comités propresos apoyaran a los acusados de atracos o recibieran sus donativos 47.

El estudio del problema en la Zaragoza republicana no revela demasiados lazos entre el mundo anarcosindicalista y el gansteril. La única pista judicial sobre una posible conexión entre los revolucionarios y la delincuencia común atañe a la intentona de diciembre de 1933. No obstante, las declaraciones según las cuales los detenidos habían sido armados, instruidos y pagados por los anarquistas parecen intentos de desvincularse del mundo libertario de cara al juicio 48. En julio de 1934 la prensa informó sobre la detención de anarquistas lugareños y forasteros pertenecientes a un supuesto grupo de atracadores y fabricantes de bombas, quienes preparaban un golpe contra un banco pamplonés 49. A mediados de mayo de 1935 la policía abatió a un oscense de veintisiete años, escondido en la casa de dos anarquistas muy activos en el sindicato de la construcción. El muerto había participado en varios asesinatos sindicales en Barcelona y realizado atracos para ayudar a los campesinos pobres 50. Dos días más tarde fue detenido otro obrero de la construcción de dieciocho años, conocido por sus agresiones contra las fuerzas del Estado en diciembre de 1933 y octubre de 1934. Esta vez, la detención obedecía a su colaboración con un grupo de extorsionadores, capitaneado por un exmilitar 51. En noviembre, fue desarticulado un supuesto grupo de atracadores anarquistas de Zaragoza y Barcelona 52. El mismo mes, otro miembro de la CNT fue sorprendido con un arma automática mientras robaba enseres en la huerta 53. También en noviembre, la policía informó sobre la detención de un supuesto atracador que venía a Zaragoza para donar su botín al Comité Pro-Presos 54.

El último de los casos señalados entraba en contradicción con la visión de una CNT aislada de la delincuencia común. Sin embargo, los sindicatos zaragozanos establecieron con el mundo delincuente una frontera mucho más firme que sus homólogos catalanes. No se han podido comprobar vínculos que unieran o coordinaran la actividad de los grupos libertarios acusados de la actividad criminal. Además, buena parte de los integrantes de grupos asociados a la criminalidad común no estaba asentada en Zaragoza. Finalmente, todos los casos mencionados tuvieron lugar en el periodo de la mayor crisis de la CNT zaragozana, atestiguando más bien el grado de la desesperación de una parte marginal de los obreros, presionados por el señalamiento patronal o condenados a la clandestinidad 55.

Las redes terroristas

Una de las claves para la proliferación de las agresiones fue la supervivencia o rápida renovación de las redes de producción y distribución de armas. En la mayoría de los casos suficientemente documentados, las figuras claves de dichas redes fueron los anarquistas nacidos a principios del siglo xx y conocidos por la policía durante las décadas que precedieron a la Segunda República. Aunque al principio no abiertamente hostiles a la República, los anarquistas armados no pensaban deshacerse de sus arsenales. El 3 de mayo de 1931 la prensa local publicó fotos de una maleta repleta de granadas. El descubrimiento de las sesenta y siete bombas de mano fue fruto de la acción de un agente de vigilancia barcelonés, quien reconoció a Francisco Damiáns entre los transeúntes en la estación de Francia. En los años veinte, el anarquista había vivido en Zaragoza, donde fue condenado por colocar una bomba. Damiáns fue detenido tras ayudar a alojar las maletas en un tren con destino a la capital del Ebro. Los dueños de las maletas resultaron ser un ebanista y un carpintero veinteañeros. Ambos pertenecían a la CNT zaragozana y a la FAI. Uno de ellos había sido condenado en 1930 por «provocación a la sedición» en Jaca 56.

En enero de 1932, la policía descubrió dinamita en el jardín de un treintañero, aunque esta vez sin antecedentes penales. Los explosivos habían sido robados un día antes por sus compañeros de las obras de ferrocarril a Caminreal 57. A finales de mayo de 1933, tras una explosión en la misma línea ferroviaria, las diligencias revelaron otros almacenes de bombas. El atentado podría parecer una venganza de un metalúrgico de veintiocho años despedido de las obras en la vía férrea. Sin embargo, el descubrimiento de cincuenta y cinco bombas en el corral de su casa y su encargo para más cascos indicaban que no se trataba de un simple agravio laboral. El hallazgo de otro alijo de cascos de granadas, materiales para construcción de bombas de metralla y más de mil balas en la casa de un miembro de la FAI confirmó las sospechas. La documentación requisada en los dos casos demostraba que ambos anarquistas pertenecían a una red de distribución de dinero y armas que daba instrucciones sobre cómo actuar durante las huelgas. Su entramado abarcaba a activistas de Huesca, Zaragoza y Madrid 58.

En abril de 1934, la policía registró la casa de un joven metalúrgico anarquista, descubriendo así información sobre la creación de gases lacrimógenos y piezas de bombas iguales a las que habían explotado en la ciudad días antes. Las diligencias demostraron que los artefactos habían sido preparados por su compañero del sindicato de treinta y cinco años. Una semana más tarde, después de la explosión de una bomba en la fachada del Gran Hotel, la policía descubrió un arma automática y treintaiún detonadores en la casa de otro albañil joven. El procesado declaró que había recibido las piezas de un «hombre de acción» de su sindicato. También los jóvenes detenidos en agosto de 1934 en los alrededores del parque Pignatelli indicaron que las armas y los explosivos que portaban provenían de un camarada de treinta años 59.

La red mejor documentada fue la investigada desde noviembre de 1935. Un incendio de cócteles autoinflamables en un almacén de verduras despertó las sospechas de las fuerzas de seguridad. La policía descubrió que la verdulería era propiedad del primo de uno de los miembros de Los Solidarios. El dueño del establecimiento, perseguido por su participación en la revolución asturiana de octubre de 1934, había huido a Zaragoza, donde vivió bajo una identidad falsa. En su empresa colaboraron anarquistas treintañeros locales, miembros de la FAI o al menos tachados de faístas. Casi todos pertenecían al sindicato metalúrgico o de la construcción y tenían antecedentes policiales. Los más conocidos arrastraban también acusaciones de actividad terrorista en el periodo dictatorial. La policía sostuvo que el grupo también era responsable del alijo de bombas y municiones encontrado a cuatrocientos metros de la verdulería. Según esta versión, los zaragozanos contaban con la ayuda de un químico anarquista asentado en un pueblo oscense y condenado anteriormente por fabricación de explosivos. Los responsables de la investigación aseguraban que, utilizando camiones con frutas, los inculpados transportarían armas, explosivos y mensajes entre Aragón, Cataluña, Valencia y País Vasco 60.

Los documentos de la CNT revelan que el entramado formaba parte de una iniciativa del Comité de Defensa Nacional y su homólogo zaragozano. Existía un plan que consistía en una compra conjunta de armas y su distribución entre los comités de defensa de todo el país. El material incautado constituía solo parte del arsenal adquirido, entre otras razones para el atentado contra Gil Robles. Al mismo tiempo, los responsables de toda la trama esperaban usar dichas armas para:

«correr el cerco en una acción mancomunada hacia la regional del Centro en insistente acción violenta que tenga la doble virtud de senbrar [sic] el confusionismo en las filas enemigas y romper su cerco de acero. Es en esta regional donde reside el estado mayor de nuestro enemigo y es sobre el sobre el que hay que operar con decisión presistente [sic], por ser esta regional el punto sensible donde las gestas tienen una mayor resonancia nacional o internacionalmente. Creándole un conflicto de orden público permanente que lo inmovilice en su propio centro, nos permitirá el dejar amplio marge[n] a las otras regionales, que podremos aprovechar para ponerlas en condiciones de lucha, y reconstruir sus cuadros de defensa, sus centros, portavoces...» 61.

El dinero empleado en la empresa procedía de las recolectas internacionales para el Comité Pro-Presos. El secretariado de la AIT detectó las irregularidades y exigió el traspaso inmediato de dichos fondos. Entonces, los involucrados en la iniciativa decidieron asegurar la verdulería e incendiarla para recuperar el dinero invertido en ella y devolver los fondos al Comité Pro-Presos 62.

Aparte de petardos y actos de vandalismo, los «hombres de acción» zaragozanos solían hacer uso de cócteles incendiarios, bombas de gran potencia, artefactos con metralla, detonadores de percusión y fusibles de tiempo. Como décadas antes, las redes libertarias distribuían también el conocimiento necesario. El ejemplo más revelador en este aspecto fue un manual incautado durante los sucesos de diciembre de 1933. Entre sus contenidos podían encontrarse consejos sobre la construcción de barricadas e informaciones sobre métodos para sabotear prácticamente todos los medios de transporte y comunicación. Las hojas recogían recetas de elaboración de más de diez tipos de sustancias explosivas e inflamables. El tutorial explicaba también el manejo de la dinamita y la construcción de varios tipos de bombas. Tal información venía acompañada de ejemplos de uso práctico de cada tipo de los artefactos en cuestión e indicaba la forma de conseguir todas las sustancias mencionadas a lo largo del texto.

A pesar de los vínculos, los grupos mantenían su autonomía y no compartían toda la información. Tal actitud permitía evitar que la detención de miembros de un grupo comprometiera todo el movimiento. No obstante, a causa del modelo organizativo en cuestión, la presión policial podía desorganizar las redes terroristas o provocar conflictos internos en su seno. Según uno de los informes, una serie de registros policiales y el fracaso de varios atentados hicieron que uno de los grupos violentos sospechara que entre los «hombres de acción» zaragozanos había un confidente. En el mismo periodo, otro grupo de acción compuesto por camareros sospechó que el chivato pertenecía al grupo ya mencionado. Al no ser conscientes de que la policía escuchaba sus conversaciones, los camareros barajaron la posibilidad de asesinar al supuesto traidor 63.

Los jóvenes radicalizados

Dentro del colectivo en cuestión, la edad del acusado en el momento de su primera detención en el periodo republicano ha podido determinarse en 129 casos. Solamente diez de los sujetos identificados superaban treinta y cinco años. El mayor de todos tenía cincuenta y dos, mientras que el menor, solo quince. La media de edad de las personas de nuestro interés era de casi veinticuatro años, con una mayoría de veinteañeros por encima de los adolescentes y treintañeros.

Dichos perfiles obligan a completar la imagen presentada por Juan Gómez Casas. Según él:

«Los jóvenes que con nivel medio de veinte o veintidós años habían sostenido con la pistola en la mano a la CNT acosada de 1918-1922, significaban un cambio cualitativo con relación a los militantes más reflexivos y experimentados [...]. La onda expansiva que generó este grupo de hombres de un valor excepcional fue realmente grande dentro de la CNT y del anarcosindicalismo...» 64.

A estos veinteañeros de la posguerra inmediata habría que sumarles sus homólogos de la década posterior. Las fuentes más reveladoras sobre el carácter de dicho colectivo provienen del material incautado tras la detención del grupo que intentaba mudar un alijo de armas en agosto de 1934. El estudio de apuntes de los detenidos permite reconstruir el perfil de obreros autodidactas, vinculados a uno de los ateneos, interesados en la temática social y política, asiduos lectores de la novela social y conocedores de al menos parte de los escritos de los teóricos del anarquismo. El dueño de una de las libretas estaba todavía aprendiendo sobre el funcionamiento de los sindicatos confederados, pero ya sabía diferenciar entre las vertientes internas del movimiento obrero. Sus carencias no anulaban su afán propagandista, demostrado en bocetos de artículos y discursos. Aunque el nombre de su grupo de afinidad (Flor Naciente) no constara en ningún documento de la Federación Local de los Grupos Anarquistas, los contenidos de dichos discursos revelaban su apuesta por la supremacía libertaria dentro de la CNT. Los mismos materiales indicaban también su creencia mesiánica en un proceso revolucionario sangriento, que precisaba de un ejército libertario bien coordinado.

Conclusiones

Frente a la visión estereotipada del pistolerismo itinerante, la violencia anarcosindicalista fue un fenómeno arraigado en la conflictividad local de la Zaragoza republicana. Aunque en las filas de la FAI y entre los obreros confederados no faltaron entusiastas de la «gimnasia revolucionaria» ni defensores de la primacía anarquista dentro de la CNT, los datos contradicen la imagen de una federación responsable de toda la violencia y las conjuras revolucionarias. En este contexto, la explicación de la intensidad y el sostenimiento de la violencia anarcosindicalista tiene que incluir al menos dos elementos, añadidos a la conflictividad local estudiada por Enrique Montañés, Graham Kelsey y Alejandro Diez Torre.

El fenómeno no se habría producido sin la iniciativa de unos 160 obreros dispuestos a recurrir a una violencia premeditada. Dicho colectivo pudo ensayar sus tácticas gracias a una red descentralizada de grupos que aunaban a los treintañeros experimentados en la actividad pistolera con decenas de veinteañeros radicalizados al estrenar su vida laboral en los gremios más afectados por la crisis.

Aunque minoritarios, heterogéneos e incapaces de vencer a las fuerzas del Estado en una batalla campal, los violentos lograron incidir en la trayectoria de la CNT y la vida pública de Zaragoza durante todo el periodo republicano. Su peso podría adjudicarse parcialmente a la actividad de los comités de defensa, que sobrepasaban los límites de su mandato. Sin embargo, tal influencia obedeció sobre todo al hecho de que los actos violentos, motivados por las ansias insurreccionales o la desesperación, resultaban útiles para movilizar a los obreros, ganar los conflictos laborales y repercutir en la vida política local. Incluso los críticos de los experimentos insurreccionales incluían dicho efecto en sus cálculos, lo cual, al menos parcialmente, explica la marginalidad del treintismo zaragozano.


  1. 1 Los balances historiográficos en Eduardo González Calleja: Cifras cruentas. Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República española (1931-1936), Granada, Comares, 2015, pp. 17-55, y Javier Rodrigo Sánchez: «Violencia política y España contemporánea: últimas aportaciones a la historia del violento siglo xx español», Spagna Contemporánea, 21 (2002), pp. 195-209. La cita en Julio Aróstegui: «La especificación de lo genérico: la violencia política en la perspectiva histórica», Hispania Nova, 10 (2012), pp. 9-39, esp. p. 10.

  2. 2 Eduardo González Calleja: «Qué es y qué no es violencia en política», en Jaime Barrull Pelegrí (ed.): Violència política i ruptura social a Espanya, 1936-1945, Lleida, Universitat de Lleida, 1994, pp. 29-66.

  3. 3 Por ejemplo, en las octavillas repartidas en ocasión de la huelga general de treinta y seis días en 1934, Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48657.

  4. 4 José Álvarez Junco: La ideología política del anarquismo español (1868-1910), Madrid, Siglo XXI, 1991, pp. 483-514.

  5. 5 Aparte de los trabajos citados a continuación, véanse Julián Casanova Ruiz: Anarquismo y violencia política en la España del siglo xx, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2007; Walther L. Bernecker: «“Acción directa” y violencia en el anarquismo español», Ayer, 13 (1994), pp. 147-188; Clara E. Lida: «Para repensar La Mano Negra. El anarquismo español durante la clandestinidad», Historia Social, 74 (2012), pp. 3-21; Ángel Herrerín López: Anarquía, dinamita y revolución social. Violencia y represión en la España de entre siglos (1868-1909), Madrid, Los Libros de la Catarata, 2011; Juan Avilés Farré: La daga y la dinamita. Los anarquistas y el nacimiento del terrorismo, Barcelona, Tusquets Editores, 2013, y Albert Balcells: El pistolerisme: Barcelona (1917-1923), Barcelona, Pòrtic, 2009.

  6. 6 Óscar Freán Hernández: «El anarquismo español: luces y sombras en la historiografía reciente sobre el movimiento libertario», Ayer, 84 (2021), pp. 209-223, esp. p. 213.

  7. 7 Gabriel Jackson: La República y la Guerra Civil (1931-1939), Barcelona, Booket, 2013, p. 107.

  8. 8 Ibid., p. 133.

  9. 9 Ibid., p. 134.

  10. 10 Ibid., p. 135.

  11. 11 Alejandro R. Díez Torre: Orígenes del cambio regional y turno del pueblo. Aragón, 1900-1938, vol. 1, Confederados. Orígenes del cambio regional de Aragón, 1900-1936, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2003, y Graham Kelsey: Anarcosindicalismo y Estado en Aragón: 1930-1938, Madrid, Fundación Salvador Seguí, 1994.

  12. 12 Se han revisado los sumarios sobre atentados, posesión ilícita de armas o explosivos, distribución de hojas clandestinas y delitos contra la forma de gobierno, depositados en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza (en adelante AHPZ). Se han analizado las sentencias criminales de la Audiencia Territorial de Zaragoza. Los libros de sentencias y los sumarios constituyen conjuntos de fuentes independientes y no siempre describen los mismos casos. La correspondencia gubernamental y las fuentes policiales en AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC- Mº_Interior_ A, 3, exp. 17, y serie FC-Mº_Interior_POLICIA_H, exp. 71110. Se ha hecho también el seguimiento de los diarios Heraldo de Aragón y El Noticiero. Las obras consultadas: Asociación Isaac Puente: «Proyecto Sangre Anarquista», http://www.navioanarquico.org/index.php/sangre (consultado el 10 de marzo de 2022); Graham Kelsey: Anarcosindicalismo y Estado en Aragón...; Mercedes Sánchez: «Con Nombre & Apellidos. Desaparecidos y represaliados durante la Guerra Civil y la posguerra», https://connombreyapellidos.es (consultado el 1 de marzo de 2022), y Miguel Íñiguez: Enciclopedia del anarquismo ibérico, Vitoria, Asociación Isaac Puente, 2018.

  13. 13 Antonio Elorza: Anarquismo y utopía. Bakunin y la revolución social en España (1868-1936), Madrid, Cinca, 2013, p. 125.

  14. 14 Tal interpretación aparece, por ejemplo, en George Woodcock: Anarquism. A Short History of Libertarian Ideas and Movement, Cleveland, World Publishing Company, 1962, pp. 380-398, y Antonio Elorza: Anarquismo y utopía... Elementos de esta visión también en Ángel Herrerín López: «El insurreccionalismo anarquista durante la Segunda República», Bulletin d’histoire contemporaine de l’Espagne, 51 (2017), pp. 101-117, e íd.: «El movimiento de enero de 1932: ¿insurrección cenetista o asalto anarquista al poder sindical?», Les Cahiers de Framespa, 25 (2017), https://journals.openedition.org/framespa/4436 (consultado el 20 de febrero de 2022).

  15. 15 Diego Abad de Santillán: Contribución a la historia del movimiento obrero español, vol. 3, Del advenimiento de la Segunda República (1931) a julio de 1936, Puebla (México), Cajica, 1971, p. 29; Juan Gómez Casas: Historia de la FAI. Aproximación a la historia de la organización específica del anarquismo y sus antecedentes de la Alianza de la Democracia Socialista, Bilbao, Zero, 1977, pp. 117-134; Julián Vadillo Muñoz: Historia de la FAI. El anarquismo organizado, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2021, pp. 63-144, y Stuart Christie: ¡Nosotros, los anarquistas! Un estudio de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) 1927-1937, València, Universitat de València, 2010, pp. 35-81.

  16. 16 Sobre los usos de término faísta, véase Juan García Oliver: El eco de los pasos, Barcelona, Ruedo Ibérico, 1978, pp. 119-133. Sobre el treintismo, Eulàlia Vega: Anarquistas y sindicalistas durante la Segunda República. La CNT y los sindicatos de oposición en el País Valenciano, València, Institució Valenciana d’Estudis i Investigació, 1987. Incluso Álvarez Chillida, quien profundiza en las diferentes posturas libertarias, a veces incluye el grupo de Los Solidarios dentro del conjunto de los faístas y a veces diferencia sus propuestas de dicha tendencia; cfr. Gonzalo Álvarez Chillida: «Negras tormentas sobre la República. La intransigencia libertaria», en Fernando del Rey (ed.): Palabras como puños. La intransigencia política en la Segunda República española, Madrid, Tecnos, 2011, pp. 45-110.

  17. 17 La Juventud Revolucionaria contaba con unos ciento cincuenta miembros y fue la predecesora local de las Juventudes Libertarias. Entre sus coordinadores figuraban Miguel Chueca Cuadrero, Joaquín Aznar Burdía o Jesús Logroño Larios, representantes del ala radical del anarcosindicalismo zaragozano. Véase Alejandro R. Díez Torre: Joaquín Ascaso. Memorias (1936-1938). Hacia un nuevo Aragón, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006, pp. 12-18, y Heraldo de Aragón, 23 y 26 de mayo de 1931.

  18. 18 Julián Vadillo Muñoz: Historia de la CNT. Utopía, pragmatismo y revolución, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2019, p. 207.

  19. 19 Sentencia núm. 122 de 1934, AHPZ, Audiencia Provincial de Zaragoza, Sala de lo Criminal, J8702. Otra octavilla: «La Federación Local de Los Grupos Anarquistas de Zaragoza al Pueblo» (Zaragoza, marzo de 1934), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA H, exp. 74591.

  20. 20 Informe de la Federación de Grupos Anarquistas de Aragón, La Rioja y Navarra (Zaragoza, 13 de agosto de 1933), International Institute of Social History (en adelante IISH)-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-2C.2.

  21. 21 Circular núm. 2 del Comité de Relaciones de los Grupos Anarquistas de Aragón, La Rioja y Navarra (Zaragoza, 27 de agosto de 1933), IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-2C.2.

  22. 22 Carta del Comité de Relaciones de los Grupos Anarquistas de Aragón, La Rioja y Navarra al Comité Peninsular (Zaragoza, 10 de septiembre de 1933), IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-2C.1, y Actas del Pleno Regional FAI de Aragón, La Rioja y Navarra celebrado en Zaragoza el 24 de septiembre de 1933, IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-2C.3.

  23. 23 Según Antonio Fontecha Pedreza: «Anarcosindicalismo y violencia: la “Gimnasia Revolucionaria” para el pueblo», Historia Contemporánea, 11 (1994), pp. 153-179, esp. p. 174, el proyecto era «próximo a un “aparato político-militar”, apoyado desde fuera por una organización sindical. CNT-FAI aportaría recursos humanos y económicos. [...] Esta vanguardia estaba aislada del sindicato de masas». Para Agustín Guillamón Iborra: Los comités de defensa de la CNT en Barcelona. De los cuadros de defensa a los comités revolucionarios de barriada, las patrullas de control y las milicias populares, Barcelona, Descontrol, 2018, p. 9, los comités fundirían su actividad con el amplio andamiaje social, que sustentaba a la organización sindical más allá de su actividad puramente laboral.

  24. 24 Actas del Pleno de Comarcales y Sindicatos no Adscritos a Comarcal, celebrado el día 4 de mayo de 1935 (copia), AHN, Ministerio de la Gobernación serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48657.

  25. 25 Carta del Comité Peninsular a las Federaciones Regional de Aragón y Local de Zaragoza (Barcelona, 14 de noviembre de 1934), IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-36C.5.

  26. 26 Carta de la Administrativa del Comité Nacional de la CNT al Pleno de la Federación Local de Zaragoza (Zaragoza, 11 de enero de 1936), IISG-Ámsterdam, CNT (España) Archives, 50A.3.

  27. 27 Una reconstrucción de tal índole en Juan J. Alcalde: Tiempos de plomo. Grupos de acción y defensa confederal, Madrid, Fundación Salvador Seguí, 2014.

  28. 28 Para la financiación sindical del pistolerismo durante la posguerra inmediata, véanse Ángel Pestaña: Trayectoria sindicalista, Madrid, Ediciones Giner, 1974, pp. 120-122 y 175-179; Manuel Buenacasa: El movimiento obrero español 1886-1926. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, p. 54, y Emilio Mola Vidal: Lo que yo supe. Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad, Madrid, Librería Bergua, 1933[?], p. 124.

  29. 29 Informe del delegado gubernamental para la conferencia celebrada en el Sindicato del Ramo de la Construcción (Zaragoza, 12 de octubre de 1931), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC- Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48059.

  30. 30 Informe policial reservado y confidencial (Zaragoza, 16 de diciembre de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC- Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48059.

  31. 31 Informe policial reservado y confidencial (Zaragoza, 28 de septiembre de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC- Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48059.

  32. 32 Informe policial reservado y confidencial (Zaragoza, 10 de octubre de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC- Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48059.

  33. 33 Informe policial (Zaragoza, 29 de enero de 1933), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC_Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48074, y Ficha policial (Zaragoza, 21 de julio de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_Interior_POLICIA_H, exp. 48500.

  34. 34 Los responsables de la intentona barcelonesa de enero de 1933 fueron Los Solidarios y parte de los grupos de defensa de dicha ciudad. El causante directo del intento de convertir una huelga pospuesta en una revolución fue Manuel Rivas, quien coordinaba los secretariados del Comité Nacional de Defensa y del Comité Nacional de la CNT; véanse Julián Casanova Ruiz: De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España (1931-1939), Barcelona, Crítica, 2010, pp. 108-109, y Ángel Herrerín López: Camino a la anarquía. La CNT en tiempos de la Segunda República, Madrid, Siglo XXI, 2019, pp. 190-204.

  35. 35 Informe policial reservado y confidencial (Zaragoza, 16 de diciembre de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48059.

  36. 36 Juan García Oliver: El eco de los pasos..., p. 115.

  37. 37 Los términos radicales y moderados sirven para diferenciar a los proclives a las estrategias directamente revolucionarias y los que hacían hincapié en el desarrollo de las estructuras sindicales. Sobre líneas divisorias en la CNT zaragozana, véanse Enrique Montañés: Anarcosindicalismo y cambio político. Zaragoza, 1930-1936, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1989, pp. 73-75 y 89-92; Graham Kelsey: Anarcosindicalismo y Estado en Aragón..., pp. 50-52 y 104-118, y Alejandro R. Díez Torre: Orígenes del cambio regional..., pp. 97-127.

  38. 38 Enrique Montañés: Anarcosindicalismo y cambio político..., pp. 143-145.

  39. 39 Federación Local de Sindicatos: «A los trabajadores. A la opinión» (Zaragoza, 25 de julio de 1933), e Informe del delegado gubernamental a la asamblea de la Federación Local de Sindicatos (Zaragoza, 1 de octubre de 1933), ambos en AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48657.

  40. 40 Informe confidencial y reservado (Zaragoza, 27 de septiembre de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48004.

  41. 41 Informe del delegado gubernamental a la asamblea del Sindicato del Ramo de Construcción (Zaragoza, 30 de septiembre de 1932), e Informe del delegado gubernamental a la asamblea del Sindicato del Ramo de Construcción (Zaragoza, 3 de octubre de 1932), ambos en AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_Interior_Policia_H, exp. 48004.

  42. 42 Informe confidencial y reservado (Zaragoza, 8 de octubre de 1932), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48059.

  43. 43 Ibid.

  44. 44 Carta del Sindicato de Alimentación al Comité de Federación Local (reverso del documento núm. 16, Zaragoza); Carta del Sindicato de Artes Gráficas al Comité de Federación Local (documento núm. 20, Zaragoza, 6 de abril de 1935), y Carta del Sindicato de la Construcción (documento núm. 56, Zaragoza, 7 de abril de 1935), todos en AHPZ, Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Zaragoza, J6005/1.

  45. 45 «Confederación Nacional del Trabajo al pueblo español» (octavilla, Zaragoza, marzo de 1935), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48657.

  46. 46 Circular de la Federación Local (documento núm. 78, Zaragoza, 1 de agosto de 1935), AHPZ, Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Zaragoza, J6005/1.

  47. 47 Laura Vicente Villanueva: Historia del anarquismo en España. Utopía y realidad, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2013, pp. 128-129, y Juan J. Alcalde: Tiempos de plomo..., pp. 75-76.

  48. 48 Sentencia núm. 59 de 1934, AHPZ, Audiencia Territorial de Zaragoza, J8702.

  49. 49 El Noticiero, 27 de julio de 1934, p. 1, y Heraldo de Aragón, 27 de julio de 1934, p. 2.

  50. 50 Heraldo de Aragón, 8, 10, 11 de mayo, y 18 y 19 de junio de 1935, pp. 3, 3, 3, 2 y 3, respectivamente.

  51. 51 Heraldo de Aragón, 16, 18 y 19 de junio de 1935, pp. 3, 3 y 2, respectivamente.

  52. 52 Heraldo de Aragón, 12 de noviembre de 1935, p. 3.

  53. 53 Sumario criminal 242/1935, AHPZ, Audiencia Territorial de Zaragoza, exp. 3091.

  54. 54 La Voz de Aragón, 14 de noviembre de 1935, p. 2, y Heraldo de Aragón, 14 de noviembre de 1935, p. 3.

  55. 55 Sobre el caso catalán, véase Josep Pich Mitjana, David Martínez Fiol y Xavier Casals Meseguer: «Els gàngsters de la FAI. Justo Bueno Pérez», Afers: fulls de recerca i pensament, 89 (2018), pp. 135-164.

  56. 56 El Noticiero, 3 y 8 de mayo de 1931, pp. 1 y 7, respectivamente; Heraldo de Aragón, 3 de mayo de 1931, p. 3; La Voz de Aragón, 3 y 5 de mayo de 1931, pp. 1 y 1, respectivamente; telegrama del gobernador civil al Ministerio de la Gobernación (Zaragoza, 2 de mayo de 1931), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC-M0_Interior_ A, 3, exp. 18, e Informe del camarada Damiáns (Barcelona, 3 de febrero de 1932), IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-36C.4.

  57. 57 Sentencia núm. 418 de 1932, AHPZ, Audiencia Territorial de Zaragoza, J8869.

  58. 58 Un seguimiento de estas conexiones se puede realizar a través de las noticias publicadas desde el 3 de abril al 30 de mayo de 1933 en El Noticiero y Heraldo de Aragón.

  59. 59 Sumario criminal 399/1934, AHPZ, Audiencia Provincial de Zaragoza, exp. 4080.

  60. 60 Remito a lo publicado durante varios días en el El Noticiero y La Voz de Aragón, 12 y 14 de noviembre de 1935, y en Heraldo de Aragón, 12, 14, 24 y 26 de noviembre de 1935. Véase también Sumario criminal 429/1935, AHPZ, Audiencia Provincial de Zaragoza, exp. 4012.

  61. 61 Circular Reservada del Comité Nacional de Defensa Confederal (Zaragoza, 5 de julio de 1935), IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-36C.5.

  62. 62 «Comité Nacional de Defensa Confederal de España a todas las Regionales y Comité Nacional. Nuestro Informe» (Zaragoza, 22 de febrero de 1936), IISH-Ámsterdam, Federación Anarquista Ibérica Archives, CP-36C.5.

  63. 63 Informe policial (Zaragoza), AHN, Ministerio de la Gobernación, serie FC- Mº_INTERIOR_POLICIA_H, exp. 48451.

  64. 64 Juan Gómez Casas: Historia de la FAI..., p. 141.