Ayer 117/2020 (1): 75-7102
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/117-2020-04
© Alan Granadino González
Recibido: 06-11-2017 | Aceptado: 04-05-2018
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
La evolución del PSOE en la Transición. Entre el socialismo del sur de Europa y la socialdemocracia europea *
Alan Granadino González
Tampereen yliopisto
alan.granadinogonzalez@tuni.fr
Resumen: Este artículo examina la recepción de las influencias del socialismo francés y de la socialdemocracia alemana en el PSOE durante la transición a la democracia. La tesis principal es que los socialistas españoles estuvieron atraídos por el denominado socialismo del sur de Europa que propugnaba el PSF. Por otro lado, el PSOE estuvo influido por el modelo socialdemócrata imperante en los partidos del norte de Europa. Como resultado el PSOE desplegó una retórica radical y al mismo tiempo llevó a cabo una política moderada. Esta combinación le sirvió para luchar por la hegemonía de la izquierda durante la Transición.
Palabras clave: PSOE, socialismo del sur de Europa, socialdemocracia, unión de la izquierda, Transición.
Abstract: This article examines the influence of French Socialism and German Social Democracy on the PSOE during the Spanish transition to democracy. The central thesis is that the Spanish socialists were attracted to so-called «southern European socialism», an ideological line promoted by PSF. At the same time, the PSOE received influences from the social democracy of Northern Europe. As a result, the Spanish socialists employed a radical rhetoric while carrying out a moderate political practice. This combination was useful in the struggle for hegemony within the Left during the transition.
Keywords: PSOE, southern European socialism, social democracy, union of the left, transition.
El objetivo de este artículo es analizar cómo el Partido Socialista Obrero Español (en adelante PSOE) recibió, adoptó (o rechazó) y adaptó las influencias, ayudas y presiones que dos de los principales partidos socialistas europeos ––el Partido Socialista Francés (en adelante PSF) y el Partido Socialdemócrata Alemán (en adelante SPD)–– ejercieron sobre los socialistas españoles entre 1972 y 1977. La tesis principal es que el PSOE se debatió durante esos años entre dos concepciones de socialismo que estuvieron muy influidas por los modelos existentes en Europa occidental. Por un lado, el PSOE se vio atraído por el denominado socialismo del sur de Europa que propugnaba el PSF. Por otro, el PSOE estuvo influenciado por el modelo socialdemócrata imperante en los partidos de la Europa de lengua germana.
Estas dos concepciones de socialismo eran incompatibles. Los franceses proponían un socialismo democrático que rompiera con el capitalismo y que privilegiara la autogestión, y creían necesaria la unión de la izquierda (sobre todo entre socialistas y comunistas) para llevar a cabo estas ideas. Los socialdemócratas europeos, sin embargo, proponían gestionar el capitalismo con fines sociales y estaban en contra de cualquier tipo de alianza entre socialistas y comunistas en Europa occidental.
Los partidos europeos intentaron ejercer influencia ideológica sobre el PSOE, circunstancia que afectó a la ideología y el discurso de los socialistas españoles, quienes supieron aprovechar esta coyuntura para explotar una doble imagen que les fuera útil en el contexto de cambio de régimen en España. El PSOE mostró en público su cercanía ideológica con el PSF, ya que esto les proporcionaba un aire de radicalidad que era útil para competir por la hegemonía tanto dentro del laberinto socialista 1 como dentro de la izquierda con el Partido Comunista. Además, el PSOE usó el apoyo de los potentes partidos socialdemócratas europeos para aparecer ante los españoles como un partido bendecido por Europa, progresista pero responsable, capaz de aproximar a España a la próspera y democrática Comunidad Europea.
Este artículo se basa en fuentes inéditas del archivo histórico del PSOE (Fundación Pablo Iglesias) y del Centre d’Archives Socialistes (Fundación Jean Jaurès), y en fuentes publicadas.
La renovación orgánica e ideológica del PSOE a principios de los años setenta coincide con las de varios partidos socialistas europeos. Entre 1969 y 1973 el PSF, el Partido Laborista británico (en adelante PL) y el Partido Socialista Portugués (en adelante PSP) experimentaron en distinto grado refundaciones, renovaciones orgánicas y ajustes ideológico-programáticos 2. Diversos factores nacionales e internacionales se combinaron para que parte del socialismo europeo girara hacia la izquierda en aquellos años. Imperativos de tipo electoral, demandas de cambio político y sociocultural, la competencia ideológica de los partidos eurocomunistas, las posibilidades abiertas por la relajación internacional vinculada al proceso de distensión de la Guerra Fría, la percepción del declive norteamericano y el inicio de la crisis económica internacional en 1973 se conjugaron para que estos partidos buscaran trascender los límites de la socialdemocracia.
Entre todos los partidos socialistas de Europa occidental, el socialismo francés fue el pionero en este proceso de cambio ideológico. El PSF se creó entre 1969 y 1971 sobre la base de la Section Française de l’Internationale Ouvrière (en adelante SFIO). El nuevo partido experimentó un giro ideológico a la izquierda caracterizado por el uso del concepto «autogestión», entendido como una forma de profundizar la democracia y de combinar socialismo y libertad; la unión entre socialistas y comunistas, y el objetivo final de romper con el capitalismo. Más aún, en 1972 los socialistas franceses formaron la Union de la Gauche firmando un programa común con el Partido Comunista Francés (en adelante PCF) y el Movimiento de Radicales de Izquierda (en adelante MRG) 3. Este giro a la izquierda, en especial la alianza entre socialistas y comunistas, provocó recelos dentro de la Internacional Socialista (en adelante IS), a la que el PSF pertenecía. La característica ideológica principal que hasta entonces había aglutinado a los partidos miembros de la Internacional era el anticomunismo, y tras el pacto entre el PSF y el PCF las relaciones entre los socialistas franceses y los socialdemócratas europeos se volvieron tensas 4.
La renovación del PSOE se produjo en este contexto, y es pertinente poner la transformación del partido socialista en perspectiva europea para entender su evolución ideológica durante la Transición. Se ha escrito mucho sobre la renovación del partido español durante los años 1972 y 1974, y los motivos principales de la ruptura del PSOE han sido identificados y analizados por los historiadores en varias ocasiones 5. No es mi objetivo abrir un debate sobre los factores que explican la fractura y renovación del PSOE. Aceptando las principales interpretaciones en la historiografía, mi intención es poner de manifiesto la relación entre la renovación del partido español y la del socialismo francés, dentro de un contexto más amplio de renovación de parte del socialismo europeo occidental. Esto servirá de base para entender más adelante en este artículo el significado que los socialistas europeos le dieron al papel que el PSOE desempeñó en la Transición. También ayudará a comprender cómo los socialistas españoles recibieron las influencias y transferencias conceptuales e ideológicas provenientes del exterior. Esto último permitirá recuperar ideas y discursos que han caído en el olvido y arrojará luz sobre cómo el PSOE luchó por la hegemonía de la izquierda durante aquellos años.
La renovación del PSOE se inició en 1971 y no estuvo exenta de traumas. De hecho, este proceso implicó la ruptura del partido en dos. Por un lado, el PSOE(r) renovado, compuesto en su mayoría por miembros del partido residentes en España, entre los que cabe destacar el grupo de Sevilla, y por miembros residentes en el exilio. Por otro lado, el PSOE(h) histórico, compuesto por el secretario general del partido, Rodolfo Llopis, y por sus seguidores tanto en el exilio como en España. Como es sabido, fue la intervención de la Internacional Socialista en la disputa del PSOE la que acabó inclinando la balanza a favor del PSOE(r) 6. En enero de 1974, la IS declaraba reconocer a los renovadores como los únicos representantes del socialismo español en la Internacional. Con ello se privaba al PSOE(h) de la principal fuente de legitimidad y medios materiales que tenía para continuar reclamando ser el verdadero partido socialista.
Aunque habitualmente han sido minimizadas en la historiografía, en este artículo nos interesa señalar las diferencias estratégicas, tácticas e ideológicas entre ambas facciones. Uno de los motivos que propició el cisma del PSOE fue la propuesta de los renovadores de establecer algún tipo de relación con los comunistas. Ante todo, los renovadores proponían establecer contactos con el PCE por dos motivos: para luchar con más eficacia contra la dictadura y para reactivar al partido en las luchas que la oposición estaba llevando a cabo dentro de España, de las que hasta ese momento el PSOE estaba prácticamente ausente. Por el contrario, los históricos, para los que la memoria de la Guerra Civil seguía viva, rechazaban cualquier tipo de aproximación con el PCE. Sus argumentos eran que el PCE era un partido antidemócrata y que la colaboración entre socialistas y comunistas serviría a la propaganda franquista para agitar el fantasma de un nuevo frente popular.
Si bien es cierto que la propuesta de los renovadores de colaborar con el PCE respondía al contexto político específico español, muy diferente del resto de los países de Europa occidental, también lo es que esta propuesta se enmarcaba en un contexto más amplio, el de la distensión de la Guerra Fría. Este contexto internacional estaba favoreciendo el desarrollo ideológico de algunos partidos comunistas europeos de manera independiente a los dictados de Moscú (por ejemplo, los partidos comunistas francés, italiano y español). Estos partidos denominados eurocomunistas contaban con un apoyo social importante y defendían tanto la colaboración entre clases como una vía al socialismo dentro de la democracia parlamentaria, lo cual amenazaba el espacio político de los partidos socialistas del sur de Europa. Para evitar la marginalidad, y alentados por la mayor capacidad de maniobra que la distensión internacional les proporcionaba, algunos de estos partidos socialistas consideraron necesario establecer relaciones con los comunistas. De manera general, los socialistas del sur de Europa creían que pactar con los comunistas podría favorecer la llegada de la izquierda al poder por medios democráticos. Por otro lado, la conjunción entre socialistas y comunistas parecía la mejor manera de asegurar una transición al socialismo en la que la libertad y la democracia fueran respetadas. Además, los socialistas pretendían establecer una colaboración competitiva con los comunistas a través de la cual esperaban atraerse el apoyo social con el que contaban estos últimos. Es decir, mediante el pacto con los comunistas, los socialistas pretendían obtener el dominio de la izquierda.
Algunas de estas ideas no podían ser extrapoladas a España debido a la existencia de una dictadura que mantenía ilegalizados a los partidos políticos. Sin embargo, el desarrollo de los partidos eurocomunistas y las respuestas de los socialistas a este desarrollo, en especial la del socialismo francés, influyeron en los renovadores del PSOE 7. No es mi argumento que el renovado socialismo francés fuera la única fuente de inspiración ideológica del PSOE. Sin embargo, a partir de aquí desarrollaré la idea de que los socialistas franceses eran el principal referente europeo y contemporáneo de los renovadores del PSOE en la primera mitad de los años setenta 8.
Desde la década de los cuarenta hasta 1972 las relaciones bilaterales entre el PSOE y los socialistas franceses habían sido fraternales. La ejecutiva del PSOE en el exilio estaba establecida en Francia (Toulouse) y los franceses apoyaban y colaboraban con los españoles cediéndoles locales, ayudándoles a organizar cursos de formación para los militantes y, cuando la ocasión lo requería, publicando comunicados de condena al régimen franquista. Sin embargo, una vez el PSOE se rompió, los también recién renovados socialistas franceses tomaron partido, si bien de forma discreta, a favor de los renovadores españoles. Las bases del PSF se posicionaron de forma clara favorables a la renovación del PSOE 9, pero los líderes del partido en un principio fueron cautos a la hora de mostrar sus preferencias. Esta cautela se debía a que, en su precaria situación dentro de la IS, los franceses no querían enfrentarse con otros partidos miembros a causa de los españoles. Además, los líderes franceses no conocían a los jóvenes renovadores del PSOE y mantenían relaciones con Tierno Galván, por lo que tenían reservas a la hora de hacer público su apoyo 10.
Esta cautela desapareció después del congreso de Suresnes del PSOE, una vez que el partido ya había sido reconocido por la IS. De hecho, una de las personalidades de mayor talla internacional presente en este congreso fue François Mitterrand. El líder socialista francés intervino en el congreso alabando la capacidad de los socialistas españoles de renovar el partido combinando «una formación a la vez nueva y a la vez representando los frutos de las más ricas tradiciones». En su intervención Mitterrand también hizo una defensa velada de la unión de la izquierda. El líder francés puso énfasis en la interpretación marxista de la historia, considerando la lucha de clases como motor de cambio histórico ––en sus propias palabras, «frente de clases contra frente de clases»—. De esta interpretación se derivaba que el frente de clases compuesto por los explotados por el sistema capitalista estaría formado por sus principales representantes políticos, socialistas y comunistas, lo que implicaba la unión de la izquierda. Además de abogar por esta unión, Mitterrand también expresó su deseo de «internacionalizar la lucha» de los partidos socialistas del sur de Europa, los cuales vivían en países (Francia, Italia, Portugal y España) «donde acaba de nacer esta nueva estrategia de unión de la izquierda que pretende que los socialistas, rehusando insertarse en la socialdemocracia [...] trabajen por la unión total de los trabajadores» 11.
El congreso de Suresnes fue la primera vez en la que el líder del PSF mostraba su apoyo sin ambages a los renovadores del PSOE. En el otoño de 1974 la IS ya había solucionado el asunto de cuál de las dos facciones del partido español reconocer. Además, tras la caída del Estado Novo en abril de 1974, la participación de socialistas y comunistas en el Gobierno provisional portugués parecía estar siendo positiva en dos sentidos, en el de contener a las fuerzas reaccionarias y en el de avanzar hacia la democracia y el socialismo. Aún más, la colaboración entre socialistas y comunistas franceses parecía ser positiva para la izquierda, y en especial para los socialistas. En las elecciones presidenciales de 1974 la izquierda mejoró sus resultados en general y los socialistas en particular a expensas de los comunistas. Esto suponía un ejemplo muy a tener en cuenta para los socialistas italianos, portugueses y españoles que tenían que lidiar con partidos comunistas fuertes. En este contexto, los socialistas franceses creyeron que el momento era propicio para extender su influencia ideológica sobre los socialistas de la Península Ibérica 12.
Esta ambición de ejercer padrinazgo sobre los socialistas de la Península siguió varios caminos en el caso del PSOE. Uno de ellos fue el apoyo a los cursos de formación para los militantes. En el verano de 1974, el PSOE organizó varios cursos en Lieja (Bélgica), Lión, Pau, Carmaux y París (Francia) con el apoyo de los socialistas y sindicalistas franceses y belgas. Para los cursos en Francia el PSF proporcionó los locales. Además, los socialistas franceses ayudaron a alojar a los participantes españoles, provenientes tanto del interior como del exilio, y proveyeron profesores para algunos de los cursos 13. La mayoría de los profesores eran españoles, miembros de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, pero Pierre Guidoni, el secretario internacional del PSF, participó impartiendo un curso sobre autogestión 14.
En general, los contenidos de estos cursos eran marcadamente marxistas 15, y aunque es muy difícil medir la influencia que estos contenidos tuvieron sobre los militantes del PSOE, es probable que contribuyeran a su manera de entender la política y a definir la identidad del partido de puertas adentro. En esta dirección apuntan las respuestas de los cuestionarios que los militantes del PSOE tuvieron que rellenar después de recibir las clases. La mayoría de ellos enfatizó lo útiles y reveladores que habían sido los contenidos de los cursos. En las palabras de uno de los participantes: «He obtenido algunos conocimientos marxistas muy concretos y palabras nuevas que son muy necesarias para la clase trabajadora, ya que nos aclaran muchas dudas de la construcción ideológica de esta sociedad» 16.
Otra manera de guiar al PSOE fue animarle a seguir el camino de reunificación socialista que el PSF había recorrido apenas cinco años antes. Los franceses trataron de favorecer la unión del atomizado socialismo español patrocinando, junto con la socialdemocracia alemana, la Conferencia Socialista Ibérica (en adelante CSI) en el verano de 1974 17. Los participantes en esta conferencia eran el PSOE, el Partido Socialista Galego, el Moviment Socialista de Catalunya, el Secretariado de Ordenación Democrática y el Partit Socialista del Pais Valenciá. Sin embargo, las negociaciones para la unificación llevadas a cabo en dos reuniones en París y en Bonn no fructificaron. El motivo principal era que estos partidos discrepaban sobre la fórmula para conseguir la unidad. El PSOE pretendía que el resto de los partidos se integraran en su organización, constituyendo federaciones regionales dentro del partido. Por el contrario, el resto de grupos querían una unión con el PSOE en un nuevo partido que tuviera una denominación nueva, lo que implicaba abandonar las siglas históricas del socialismo español 18.
Una manera más de ejercer influencia sobre el PSOE fue estrechando los lazos entre las comisiones ejecutivas. En diciembre de 1974, los nuevos líderes del PSOE y los del PSF se reunieron en París y decidieron intensificar las relaciones fraternales, en especial en el citado campo de la formación de los militantes y en el intercambio de información. Los líderes del PSOE también expresaron su interés en la colaboración con otros partidos socialistas del sur de Europa, en la línea de lo expresado por Mitterrand en el congreso de Suresnes 19. Además, los españoles intentaron asegurarse el apoyo exclusivo del PSF pidiendo a los franceses el establecimiento de relaciones «permanentes, estrechas y exclusivas» con el PSOE. Esto iría en detrimento de otros partidos socialistas españoles como el Partido Socialista del Interior de Tierno Galván, con el que los franceses también mantenían contactos, por lo que los líderes del PSF evadieron dar una respuesta inequívocamente afirmativa. Pese a ello, al final del encuentro Mitterrand hizo unas declaraciones públicas en las que decía considerar al PSOE como el único representante cualificado del socialismo español 20. En un contexto de fuerte competencia dentro del campo socialista español este era un espaldarazo importante para el PSOE.
Unas semanas después del primer encuentro entre las ejecutivas del PSOE y del PSF, en enero de 1975, los secretarios de formación de ambos partidos, Francisco Bustelo y Lionel Jospin, se volvieron a reunir en París para poner en práctica las decisiones adoptadas en diciembre. Los dos secretarios decidieron establecer un servicio de copia de las publicaciones de cada partido para poder intercambiarlas y también seguir colaborando en la formación de los militantes del PSOE, un tema en especial interesante para los españoles. Esta colaboración se llevaría a cabo mediante la organización de más cursos de formación y a través de la invitación de algún miembro del PSOE a pasar unos días (entre dos y ocho) en la sede del PSF para que se familiarizase con el funcionamiento diario del partido. Bustelo también invitó a Jospin a visitar Madrid en el futuro, aunque no determinaron la fecha 21.
Así pues, la colaboración entre PSOE y PSF comenzó con buen pie en 1975, lo cual fue ratificado por el hecho de que Felipe González fuera uno de los invitados internacionales a intervenir en el congreso de Pau del PSF en enero de 1975. De esta manera los socialistas franceses mostraban su cercanía con los españoles y a la vez daban visibilidad internacional al nuevo líder del PSOE, lo cual entraba dentro de una estrategia más amplia delineada por la IS para favorecer al partido español. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que para los franceses era útil aparecer como valedores del PSOE, un partido que, en palabras de Richard Gillespie, en aquel momento era considerado la extrema izquierda de la IS 22 por motivos domésticos. El patronazgo que los franceses ejercían sobre los españoles resultaba beneficioso para resaltar la imagen radical del PSF justo cuando el partido estaba siendo acusado por el PCF de ser moderado y socialdemócrata y de solo utilizar el programa común de la izquierda para aprovecharse de los comunistas. Enfatizar su imagen radical también era importante para los franceses porque justo en ese momento la facción más a la izquierda del partido y la más comprometida con la Union de la Gauche, el Centre d’Études de Recherches et d’Éducation Socialistes (en adelante CERES), estaba siendo marginada en la ejecutiva del PSF.
En su intervención en Pau, González analizó la situación en España, desarrollando la idea de que el régimen franquista estaba en crisis y que debido a sus contradicciones internas no podría sobrevivir a la muerte de Franco. El régimen ya no era el marco ideal para la burguesía española que, ante todo, ansiaba la integración de España en la Europa comunitaria. Además, González aprovechó la ocasión para expresar en público que «los socialistas españoles están dispuestos a reforzar la Internacional Socialista. Es por ello que la comisión ejecutiva de nuestro partido ha hecho suya la proposición de François Mitterrand de juntar a los partidos socialistas de la Europa del sur, los cuales tienen intereses comunes, con el fin de organizar conjuntamente el futuro del socialismo» 23.
El PSOE estaba comprometido con la construcción de una tendencia dentro de la IS patrocinada por el PSF, el socialismo del sur de Europa, y parecía considerar la idea de la unión de la izquierda, eje principal de esta corriente. Pero, ¿en qué medida esto afectaba a sus relaciones con el PCE? Los comunistas habían creado en julio de 1974 la Junta Democrática, una coalición de partidos de diverso signo ideológico que incluía al Partido Socialista Popular (PSP) de Tierno Galván, pero no al PSOE. En un principio el PSOE era reacio a entrar en esta coalición. El argumento principal usado en público por los líderes del partido era que el PCE había pactado con la derecha un programa conservador y que la Junta se propugnaba como una alternativa al poder, lo cual chocaba con la estrategia socialista de colaboración con otras fuerzas solo hasta la caída de la dictadura 24. Sin embrago, había otras razones para rechazar entrar en la Junta, sobre todo el miedo de subordinación al PCE que ello implicaba 25.
Así pues, la llamada del PSOE en el congreso de Suresnes a la unión de la oposición, en especial la de izquierdas, no pasaba por integrar al partido dentro de la Junta. Los socialistas tenían que encontrar otra fórmula para relacionarse con los comunistas que no implicara la subordinación a estos últimos. En el PSOE había razones para creer que, una vez llegada la democracia, el partido sería más atractivo electoralmente que el PCE 26. Sin embargo, en ese preciso momento, a nivel organizativo el partido socialista era inferior al comunista. Por tanto, si el PSOE quería desempeñar un papel protagonista propiciando el fin de la dictadura y, al mismo tiempo, emerger como un partido independiente tras el periodo de transición a la democracia, necesitaba relacionarse con el PCE de igual a igual.
La primavera de 1975 estuvo llena de acontecimientos convulsos en la Península Ibérica, en especial en el Portugal revolucionario, donde el enfrentamiento entre socialistas y comunistas se hacía cada vez más intenso. En este contexto, Mitterrand decidió organizar un encuentro de los líderes de los partidos socialistas del sur de Europa en su casa de campo en Latche (Francia). El objetivo principal de este encuentro era debatir y, si fuera posible, llegar a una posición común sobre cómo relacionarse con los partidos comunistas del sur de Europa. Esta reunión informal también serviría para sentar las bases de la futura Conferencia de los Partidos Socialistas del Sur de Europa.
La propuesta francesa fue bienvenida por parte del PSOE. A los socialistas españoles, embarcados en un proceso de renovación identitaria, les era muy útil el intento francés de fomentar una corriente nueva dentro de la IS. La creación de esta tendencia podría proporcionar al PSOE una etiqueta internacional que representara los valores que querían transmitir desde la renovación del partido, diferente tanto de la socialdemocracia como del comunismo 27. Así, más allá de lo discutido en Latche, la reunión de los líderes socialistas del sur de Europa era relevante por la repercusión mediática de la misma y por el hecho de vincular con claridad al PSOE con esta tendencia internacional.
Una vez en Latche, el 23 y 24 de mayo de 1975, la mayor parte de la reunión se centró en discutir el caso portugués. Los socialistas portugueses habían conseguido una victoria holgada en las elecciones de abril de 1975, pero estaban encontrando dificultades para hacer valer los resultados electorales debido a la firma de un pacto entre el Movimiento de las Fuerzas Armadas (en adelante MFA) y los partidos políticos que limitaba la validez de las elecciones. En este marco, los socialistas de Mário Soares acusaban a los comunistas portugueses de intentar implantar una democracia popular en Portugal. En estas circunstancias, Soares consideraba imposible pactar con el Partido Comunista Portugués. El rechazo de los socialistas portugueses a avanzar hacia una mayor cooperación con los comunistas implicaba un serio revés para la expansión de la estrategia que los franceses pretendían promover en el sur de Europa.
En Latche también se trató el caso español. González explicó a sus colegas la interpretación que el PSOE hacía de la crisis del régimen franquista, cuyas líneas básicas han sido esbozadas más arriba, y analizó la situación de la oposición española. Como también se ha señalado ya, González consideraba difícil establecer relaciones con el PCE porque los comunistas querían negociar en el marco de la Junta Democrática. Aunque los socialistas deseaban establecer algún tipo de acuerdo con los comunistas, afirmaba González, este no podría llevarse a cabo desde una posición subalterna. Además, el líder del PSOE consideraba necesario establecer un canal de comunicación con el Gobierno español para negociar una salida a la dictadura que excluyera la violencia, pero tenían dificultades para encontrar un interlocutor válido 28.
A pesar de que no se avanzó mucho en el delineado de una estrategia común para los socialistas del sur de Europa, la reunión de Latche fue considerada un éxito en la prensa vinculada a los socialistas de estos países, en especial porque todos los partidos implicados accedieron a celebrar una conferencia internacional a finales del año en Marsella (que finalmente tendría lugar a principios de 1976 en París) 29. La reunión también tuvo repercusión en la prensa internacional y en la española, donde influyentes medios progresistas como Cambio 16 consideraron que había sido un encuentro «informal pero histórico» 30. Este mismo medio interpretó que en Latche se había constituido un nuevo tipo de socialismo, que denominaron «socialismo latino», cuyas principales características eran las descritas más arriba (unión de la izquierda, ruptura con el capitalismo y socialismo en libertad). Esta interpretación también estaba presente en las declaraciones de algunos de los líderes del PSOE. El secretario internacional del partido, Pablo Castellano, decía al respecto que «[n]osotros damos una enorme importancia a este encuentro de socialistas mediterráneos. Será un primer paso muy fuerte en la renuncia a las versiones socialdemócratas que nos impiden ser socialistas verdaderos» 31.
Asimismo, los líderes del socialismo francés consideraban que con este encuentro se sentarían las bases para la creación de una nueva tendencia ideológica fundada en Francia. Según el líder del CERES, Jean-Pierre Chevènement, la base de esta tendencia sería la unión entre socialistas y comunistas:
«El proceso de unión será difícil en los cinco países mediterráneos, pero los socialistas franceses somos optimistas [...] [L]o sucedido en 1974 crea una nueva situación para la “unión de la izquierda” en los países mediterráneos [...] la elección presidencial en Francia con la izquierda rozando el poder, el abril portugués, la derrota de la derecha italiana en el referéndum contra el divorcio, el cambio democrático en Grecia, y lo de España, con todas las esperanzas que suscita cara al futuro [...]. Costará la unión [...] pero el ejemplo francés está presente» 32.
Sin embargo, las reacciones de los partidos socialdemócratas de la IS no fueron tan positivas. De hecho, los socialdemócratas italianos del Partido Socialista Democrático Italiano (PSDI), los alemanes del SPD, los suecos del Partido Socialdemócrata Sueco (SAP) y los austríacos del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) se mostraron molestos con la iniciativa de Mitterrand, considerándola un intento de romper la unidad ideológica y orgánica de la IS 33. La preocupación principal para estos partidos era que el socialismo del sur de Europa se estaba creando sobre la idea de la unión de la izquierda. De esta manera se puede comprender que, casi al mismo tiempo que la reunión de Latche, los socialdemócratas alemanes, suecos y austriacos se congregaran en Viena y condenaran cualquier tipo de colaboración entre socialistas y comunistas 34.
De hecho, Latche fue un punto de inflexión, en el sentido de que casi al mismo tiempo que se fraguó esta reunión de socialistas de sur de Europa, y justo cuando la Revolución de los Claveles se volvía más convulsa en Portugal con el MFA dividido y con los socialistas, comunistas y extrema izquierda enfrentados, la socialdemocracia alemana empezó a colaborar de manera decidida con los principales partidos socialistas ibéricos, el PSP 35 y el PSOE. Como el historiador Antonio Muñoz ha demostrado, a principios de mayo de 1975 los socialdemócratas alemanes decidieron dar «todo el apoyo imaginable» 36 al PSOE para ayudarle a convertirse en el principal partido de la izquierda española, contrarrestando así la influencia del PCE. Así, los alemanes pretendían prevenir que los socialistas ibéricos fueran tan receptivos a la influencia francesa en general, y en particular a su idea de la unión de la izquierda.
El apoyo que la socialdemocracia alemana podía ofrecer al PSOE a través del SPD, del Gobierno del que formaban parte, de los sindicatos y de la Fundación Friedrich Ebert era con probabilidad superior al que ningún otro partido de la IS pudiera proporcionar. Además, a través de los canales diplomáticos y gubernamentales, los socialdemócratas alemanes podían proporcionar al PSOE ese interlocutor dentro del Gobierno español que Felipe González lamentaba no tener durante la reunión de Latche. Más aún, el apoyo alemán al PSOE tenía el objetivo de proporcionar —y de hecho proporcionaba— a los socialistas españoles la posibilidad de competir con los comunistas de una manera diferente a como se había concebido hasta el momento, es decir, sin tener que buscar una alianza con ellos ––entendiendo esa alianza de manera competitiva—. Todo esto hacía del SPD un actor muy influyente.
Así pues, desde la primavera de 1975 las dos corriente ideológicas dentro de la IS, la socialdemocracia del norte y el socialismo del sur de Europa, se enfrentaron por ganar influencia entre los socialistas ibéricos 37. Para el socialismo europeo, en la Península Ibérica estaba en juego el definir cuál sería la tendencia ideológica predominante dentro de la IS y cuál sería el significado del socialismo democrático. Además, hay otro factor que explica este enfrentamiento, el cual es probable que fuera aún más relevante para los socialdemócratas alemanes que los factores ideológicos y políticos: el factor geopolítico. El riesgo de que las transiciones portuguesa y española pudieran desestabilizar el proceso de distensión internacional justo cuando el acta final de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea estaba a punto de celebrarse en Helsinki, y el potencial riesgo que esto suponía para la ostpolitik desarrollada por los socialdemócratas alemanes, llevaron al SPD a intentar contrarrestar la influencia del socialismo francés tanto en España como en Portugal.
Esta nueva situación influyó a los socialistas españoles. Las principales repercusiones que este enfrentamiento entre socialistas europeos tuvo en el PSOE fueron las siguientes. Primero, los líderes del partido español abandonaron cualquier pretensión de aliarse con los comunistas emulando el ejemplo francés. Segundo, el PSOE moderó su postura política, la cual se volvió más posibilista, al establecer contactos con el Gobierno español favorecidos por los alemanes. Tercero, al tiempo que la postura política del PSOE se hacía más posibilista, su discurso en público se mantuvo radical; esto se debía a que sus relaciones con los alemanes y con otros partidos miembros de la IS hicieron al PSOE blanco de las críticas de otras formaciones de la izquierda española, que acusaban al partido socialista de ser moderados socialdemócratas y de estar negociando con el régimen 38. Cuarto, las relaciones entre los socialistas franceses y españoles se deterioraron, aunque la imagen radical del socialismo francés continuó siendo de gran utilidad para el PSOE, que intentó capitalizarla vinculándose a ella. Por último, los líderes del PSOE concentraron un gran poder dentro del partido gracias al control de sus relaciones internacionales.
A través de sus contactos con los partidos de la IS, el PSOE podía enviar diferentes mensajes a diferentes sectores del público español. Por un lado, a la militancia, al resto de los partidos socialistas existentes en España y al PCE, el PSOE mandaba el mensaje de estar bien anclado en la izquierda y dispuesto a la colaboración con otras fuerzas progresistas, como sus colegas franceses 39. Por el otro, a los españoles menos politizados, futuros votantes, y al régimen, el PSOE ofrecía una imagen tanto izquierdista como moderada, fiable, vinculada con la Europa comunitaria y de futuro partido de gobierno, como sus colegas alemanes y otros socialdemócratas de la IS.
La ayuda alemana permitió al PSOE centrarse, a partir de ese momento, en aumentar su visibilidad pública y en llevar a cabo su reconstrucción orgánica 40. El partido también se centró en crear la Plataforma de Convergencia Democrática, que suponía una alternativa a la Junta Democrática. Tras la creación de esta plataforma el PSOE podía pactar en igualdad de condiciones con el PCE. A partir de ese momento los mensajes ambiguos del PSOE con respecto a la unión de la izquierda en España fueron constantes. Por un lado, parecía que los contactos entre Junta y Plataforma suscitaban esperanzas de colaboración entre socialistas y comunistas para luchar no solo por la democracia, sino también para avanzar hacia el socialismo una vez la democracia hubiera sido alcanzada 41. Por otro, las declaraciones de los líderes del PSOE parecían mostrar que la unión de la izquierda española era difícil y poco deseable, debido a los riesgos de reacción militar que esta entrañaba.
González mostró esta ambigüedad en cuanto a las posibilidades de una unión de la izquierda en España durante una entrevista realizada para el periódico oficial del PSF L’Unité en octubre de 1975. El objetivo de esta entrevista, en la que también participó Santiago Carrillo y los líderes socialistas y comunistas franceses, portugueses e italianos, era estudiar las posibilidades de la unión de la izquierda en estos países 42. El líder del PSOE consideraba que esta vinculación era necesaria y que el PSOE era un partido revolucionario que sería capaz de pactar de igual a igual con el PCE. Sin embargo, no creía que esta unión fuera factible en España. El responsable de hacerla inviable, siempre según González, era el PCE por haber privilegiado en la Junta los pactos con la oposición de derechas 43.
Tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, el apoyo de la socialdemocracia alemana al PSOE aumentó en importancia para los socialistas españoles, al tiempo que las relaciones entre socialistas españoles y franceses sufrían un relativo deterioro. Ante la buena recepción de la ayuda alemana en el PSOE, el PSF empezó a dudar del compromiso de los líderes del socialismo español con las ideas que ellos intentaban promover. Los franceses incluso se plantearon si habían prestado su ayuda al partido socialista correcto en España 44. Esto les llevó a descuidar hasta cierto punto sus relaciones con el PSOE, lo que supuso una gran decepción para los socialistas españoles 45. El PSF además estaba contrariado por el enfrentamiento desatado con el SPD a causa de su influencia sobre los partidos del sur de Europa, lo que contribuyó aún más a que, a partir de ese momento, mantuvieran una relación con el PSOE llena de altibajos y sin un rumbo claramente definido.
Por un lado, los franceses siguieron intentando consolidar el socialismo del sur de Europa contando con los españoles. Por el otro, intensificaron sus contactos con otros líderes de la izquierda española. La falta de consistencia en las relaciones entre socialistas franceses y españoles no solo se debía al conflicto surgido con la socialdemocracia del norte de Europa; también se debía al uso táctico que el PSF hacía de estas relaciones. En la primera mitad de 1975, la alianza entre los socialistas y los comunistas en Francia se había deteriorado por varios motivos, entre los que se encontraba el apoyo que el PSF había brindado a los socialistas portugueses contra los comunistas durante la Revolución de los Claveles. Además, los socialistas franceses estaban divididos a causa de la Revolución portuguesa 46. En este complejo marco, el PSF y sus diferentes facciones utilizaron sus relaciones con Santiago Carrillo y con otros partidos socialistas españoles en clave nacional para criticar o seducir al PCF y a algunas de las facciones rivales dentro del propio partido. Esto llevó a que el PSOE y el PSF tuvieran algunos roces en un momento crucial para los españoles, justo cuando Franco acababa de morir. Así, lo que a principios de 1975 parecía ser el contacto internacional más sólido de los socialistas españoles pasaba por momentos bajos justo cuando la dictadura llegaba a su fin.
Las relaciones entre socialistas franceses y españoles se reactivaron con la celebración de la primera Conferencia de los Partidos Socialistas del Sur de Europa, en París el 24 y 25 de enero de 1976. Esta conferencia era de enorme importancia para los franceses y su intención de consolidar su línea ideológica a nivel internacional 47. Asimismo, era importante para el PSOE, que, a pesar del apoyo e influencias moderadoras de la socialdemocracia alemana, quería consolidar la imagen bien anclada en la izquierda que proporcionaba la etiqueta «socialismo del sur de Europa». Prueba de la importancia que este encuentro tenía para la imagen del PSOE es que cuando el PSF envió las invitaciones a los partidos participantes también les preguntaron si en esta conferencia deberían incluirse otros partidos interesados en participar. La respuesta del PSOE fue que «solo los partidos que estuvieron presentes en Latche deberían participar» 48. Alfonso Guerra fue incluso más directo, exhortando a los franceses a que «no invitéis a [Tierno] galván» 49.
Una vez en París, al PSOE le tocó presentar el tema que más interés generó de toda la conferencia: la coordinación de la acción entre las diferentes fuerzas de la izquierda en Europa. El encargado de desarrollar y presentar el texto del PSOE fue Alfonso Guerra. El entonces secretario de prensa e información hizo un análisis sobre las posibilidades de colaboración entre las fuerzas de la izquierda, sobre todo socialistas y comunistas, en los países del sur de Europa. Según Guerra, las condiciones objetivas en estos países (el radicalismo y la división de la clase trabajadora, el carácter depredador del capitalismo sur europeo y la influencia social de la Iglesia católica) hacían posible y necesaria la unión de la izquierda. Sin embargo, las diferencias de tipo político que existían entre estos países dificultaban establecer un modelo único para llegar a esta unión. Pese a todo, el texto de Guerra defendía que «la unión es necesaria, ahora más que nunca». Para avanzar en este sentido, el PSOE consideraba indispensable la colaboración entre los partidos socialistas del sur de Europa, entre socialistas y comunistas, con otras fuerzas progresistas y con los sindicatos. Un primer paso en esta dirección debía ser el establecimiento de encuentros regulares entre los partidos socialistas del sur de Europa 50.
Este texto era congruente con las ideas que el partido había estado madurando desde principios de los setenta. Sin embargo, la intervención de Felipe González en la inauguración de la conferencia matizó estas ideas. El líder del PSOE dijo que la situación específica de España, único país del sur de Europa que aún vivía bajo una dictadura, determinaba las relaciones entre las fuerzas de la izquierda. En su opinión, un acuerdo entre todas las fuerzas democráticas españolas era necesario, pero solo hasta la caída de la dictadura. Sin embrago, la unión de la izquierda no era posible en España porque podría provocar la reacción del ejército. Además, González quiso enfatizar que esta conferencia no significaba ningún intento de dividir a los socialistas del sur y a los socialdemócratas del norte de Europa. Al contrario, él consideraba que el objetivo de todos estos partidos era construir una Europa socialista y democrática, y que esto solo se podía lograr mediante «la decisiva confluencia entre socialistas y socialdemócratas» 51.
La evidente contradicción entre las intervenciones de Guerra y González y la mención de este último a la división entre socialismo del sur y socialdemocracia del norte de Europa se explican incluyendo en el análisis la reunión de la ejecutiva que la IS tuvo en Elsinore (Dinamarca) cinco días antes de la Conferencia de París. Allí, los líderes de los partidos miembros debatieron sobre las relaciones entre socialistas y comunistas. La discusión fue acalorada, quedando clara la división dentro de la Internacional sobre este tema. Por un lado, Mitterrand defendió la unión entre socialistas y comunistas como la única manera que la izquierda tenía para llegar al poder en Europa del sur. Además, consideró que esta alianza era fundamental para construir el socialismo en libertad. El canciller alemán Helmut Schmidt, por el contrario, acusó a los partidos socialistas del sur de poner en peligro la unidad ideológica de la IS, la unidad europea y el equilibrio político-militar en Occidente por querer pactar con los comunistas 52.
Este enfrentamiento dentro de la IS influyó en el resultado de la Conferencia de los Partidos Socialistas del Sur de Europa. Tratando de limar las asperezas surgidas dentro de la Internacional, todos los partidos participantes fueron cautos en sus intervenciones. Los oradores remarcaron siempre que pudieron que a través de esta conferencia no se intentaba romper la Internacional ni patentar una nueva ideología 53. Además, no hubo ninguna posición común sobre el tipo de relaciones que adoptar entre socialistas y comunistas. En este marco, la cobertura que esta conferencia recibió en el periódico oficial del PSOE, El Socialista, enviaba un mensaje ambiguo. Para los españoles era valioso aparecer como uno de los partidos denominados socialistas del sur de Europa, pero también como socios de la potente socialdemocracia europea. Así, el mensaje que este periódico enviaba era que entre los socialistas del sur y los socialdemócratas del norte de Europa existía armonía. Con respecto a los rumores de división dentro de la Internacional, el PSOE se pronunciaba de la siguiente manera: «Nada más lejos de la realidad [...]. [N]o se debe ver en esta Conferencia un signo de divergencia, sino como lo que realmente es, un estudio de problemas comunes de los Partidos Socialistas de Europa del Sur» 54.
A lo largo de 1976, el PSOE también mantuvo una actitud ambigua y llena de dobles mensajes con respecto a sus intenciones con los comunistas. Como es bien sabido, en la primavera de ese año la crisis del régimen franquista se profundizó y el endurecimiento de la represión facilitó la aproximación de toda la oposición española. A finales de marzo, la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática se fusionaron creando la Coordinación Democrática. Si esto podía ser entendido como un paso más en la unión entre socialistas y comunistas españoles, y de hecho así lo interpretaron los socialistas franceses 55, los líderes del PSOE se encargaron de clarificar ante los socialdemócratas alemanes que no era este el caso. Esta unión debía ser entendida solo como una respuesta de tipo táctico al estancamiento del régimen 56.
Durante este año el PSOE fue capaz de participar en las negociaciones para el cambio político con el Gobierno, en parte gracias a la intermediación alemana, y de combinar esta faceta con la presión que la oposición unida en Coordinación Democrática podía ejercer sobre el régimen. Los socialistas estaban dispuestos a participar en unas futuras elecciones aunque el PCE no fuera legalizado, como sabía el Gobierno 57, pero su postura en público era la contraria. De hecho, el PSOE debía ser muy cauteloso en público para no ser acusado por los comunistas de colaborar con el régimen. Así, la producción ideológica y algunas declaraciones públicas de los líderes del PSOE llevaban a pensar que el partido no solo defendía la legalización del PCE, sino que todavía consideraba, si bien de forma remota, la unión de la izquierda.
En 1976 Alfonso Guerra desarrollaba más en profundidad las ideas presentadas en la Conferencia de los Partidos Socialistas de el Sur de Europa en París y las publicaba en la revista Sistema en octubre 58. En su artículo, Guerra reflexionaba sobre la unión de la izquierda considerándola una necesidad para avanzar hacia el socialismo y no solo como una unión táctica para presionar al régimen. El secretario de prensa e información del PSOE partía de la base de la existencia de una línea ideológica autónoma, el socialismo del sur de Europa, a la que pertenecía el PSOE, la cual era diferente de «los modelos socialistas del centro y norte de Europa». Desde este punto de partida, Guerra argumentaba que la previsible llegada al poder de los partidos socialistas del sur de Europa en un futuro cercano, en especial en España y Francia, llevaría a un desbordamiento ideológico que cambiaría el paradigma socialista en Europa occidental. El texto desarrollaba las implicaciones que este cambio tendría en el orden internacional, pero lo que más importa aquí es hacer notar que los líderes del PSOE aún presentaban la unión de la izquierda, aunque fuera desde una perspectiva puramente teórica, como algo deseable 59.
Durante la segunda mitad de 1976 las relaciones entre las ejecutivas del PSOE y del PSF disminuyeron todavía más (no así las relaciones entre las diferentes federaciones de ambos partidos). A medida que el PSOE se involucraba en el proceso de transición negociada, sus relaciones con los socialistas franceses se hicieron menos importantes. Esta pérdida de relevancia fue notada en el PSF. Sin embargo, los franceses interpretaron que su pérdida de influencia sobre el PSOE no solo se debía a que los españoles estuvieran ahora negociando con el Gobierno. El PSF admitía su parte de culpa en un documento interno producido por Antoine Blanca:
«Hay una evidencia: el PSOE necesita apoyo moral y material. Esto es un hecho. El PS[F] no proporciona ningún apoyo material y su apoyo moral es muy condicional [...]. Pero el aspecto material de la solidaridad tiene hoy más importancia que ayer [...]. El PSOE recibe un apoyo efectivo y eficiente de muchos partidos de la IS (belgas, italianos, holandeses, noruegos y suecos) pero el más consecuente y regular es el del SPD».
Así, Blanca proponía hacer un esfuerzo para incrementar el apoyo material al PSOE. Esto era fundamental para el PSF si querían mantener a los socialistas españoles como socios privilegiados dentro de la IS. El documento producido por Blanca continuaba:
«El PSOE, al nivel de la dirección y al de la base, desea tener al PS[F] como interlocutor privilegiado. Sus análisis son muy próximos a los nuestros. Sin embargo, al nivel de la directiva la reticencia [a apoyarles plenamente] que han creído ver de nuestra parte ha sido sentida con amargura [...]. Ellos están irritados por la preferencia que nosotros damos a Santiago Carrillo, a pesar de nuestras explicaciones basadas en la situación francesa» 60.
En diciembre de 1976, el PSOE pudo celebrar su vigésimo séptimo congreso en Madrid, el primero que el partido celebraba en España desde la Guerra Civil. A este congreso acudieron los principales representantes del socialismo europeo, tales como Willy Brandt, François Mitterrand, Olof Palme, Pietro Nenni y Michael Foot. La significación y las resoluciones de este congreso, en el que el PSOE se autodenominó marxista, han sido discutidas en numerosas ocasiones en la historiografía citada a lo largo de este artículo. Todos estos autores coinciden en señalar que en este congreso se combinaron una retórica radical con unas propuestas moderadas.
Con respecto a la línea ideológica aprobada, había continuidad con los congresos anteriores, pero también discontinuidades y ambigüedades (por ejemplo, con respecto al asunto de la política de alianzas). Esto muestra la relativa independencia del partido socialista, que no tradujo ni adoptó de forma literal las ideas y propuestas de otros partidos europeos (de hecho, en este congreso la manera de legitimar el giro a la izquierda del partido no fue vinculándose con ningún referente internacional, sino usando la propia historia del partido, enfatizando el apego al Programa Máximo, cuyo objetivo era la destrucción del capitalismo y su sustitución por el socialismo). Sin embargo, esto también señala que el PSOE había sido influido por sus colegas europeos. En algunos sentidos, el PSOE seguía mostrándose cercano al PSF, como en su adopción del socialismo autogestionario, y en otros se percibe la influencia de la socialdemocracia europea, como en el abandono de la idea que más polémica había provocado entre los europeos del norte en los años anteriores, es decir, las alianzas de izquierda. Ahora el partido abandonaba cualquier mención a la unión de la izquierda y se proponía seguir una línea independiente. Como Antonio Andrade ha notado, la línea independiente adoptada por el PSOE en un contexto de división de la izquierda como el español implicaba que en adelante tendría que buscar votos en el centro político, lo que haría necesario moderar su línea ideológica en el futuro 61.
La renovación del PSOE y su posterior evolución política e ideológica durante la Transición están relacionadas con el contexto internacional. Los socialistas españoles, necesitados de apoyo y modelos internacionales, fueron influidos por los desarrollos teóricos del socialismo francés a principios de los setenta, en especial por la manera en que el PSF estableció una colaboración competitiva con el PCF a través de la Union de la Gauche. Los franceses no solo ofrecían un modelo interesante para el PSOE, sino que también proyectaban una imagen radical, diferente de la socialdemocracia y del comunismo, que coincidía con la imagen que el PSOE quería desplegar para luchar por la hegemonía dentro de la izquierda española. Al mismo tiempo, el socialismo francés estaba interesado en extender y validar su estrategia a nivel internacional, para lo que contaba, entre otros, con el PSOE. El resultado de esta coincidencia de intereses fue que los socialistas españoles adoptaran y adaptaran a su propia realidad en el plano discursivo algunas de las ideas del PSF, sobre todo la unión de la izquierda y el concepto de autogestión.
Este juego de influencias se dio en un marco internacional más amplio, caracterizado por el apogeo de la distensión europea. Los principales partidos socialdemócratas de la IS, en especial el SPD (pero no solo), estaban muy interesados en profundizar y mantener la distensión, la cual se veía amenazada por diversos asuntos internacionales entre los que estaban las transiciones a la democracia en Portugal y España. Un factor clave para comprender el potencial que las transiciones ibéricas tenían para desestabilizar el equilibrio internacional era la influencia que los partidos comunistas ejercían en la clase trabajadora española y portuguesa. Así, el hecho de que los socialistas ibéricos consideraran la opción de la unión de la izquierda provocó la reacción de la socialdemocracia europea, liderada por el SPD, para prevenir esta estrategia. El apoyo que la socialdemocracia alemana proporcionó al PSOE a partir de la primavera de 1975 tenía como objetivo hacer de los socialistas el principal partido de la izquierda en España, lo que implicaba que el PSOE abandonara cualquier intención de aliarse con el PCE.
Esta confrontación de las estrategias del socialismo francés y de la socialdemocracia alemana influyeron tanto en el comportamiento político como en la ideología y el discurso del PSOE. Los socialistas españoles se debatieron entre los modelos francés y alemán, y acabaron adoptando y adaptando características de ambos en provecho propio. Por un lado, mantuvieron un discurso en la línea del socialismo francés durante las primeras fases de la Transición y usaron la etiqueta socialismo del sur de Europa para autodefinir su posición ideológica. Por el otro, la ayuda alemana fomentó la moderación política de sus líderes y coadyuvó a que estos abandonaran en la práctica cualquier pretensión de unión con los comunistas que hubieran podido albergar.
* Este artículo forma parte del proyecto de investigación ref. HAR2017-84957-P.
1 Abdón Mateos: «Del “laberinto” socialista al “partido de la transición”», en Rafael Quirosa-Cheyrouze y Muñoz (ed.): Los partidos en la Transición. Las organizaciones políticas en la construcción de la democracia española, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, pp. 221-234.
2 Donald Sassoon: One Hundred Years of Socialism. The Western European Left in the Twentieth Century, Londres, I. B. Tauris, 1996.
3 David S. Bell y Byron Criddle: The French Socialist Party. The Emergence of a Party of Government, Nueva York, Oxford University Press, 1988.
4 Christelle Flandre: Socialisme ou social-démocratie? Regards croises français allemands, 1971-1981, París, L’Harmattan, 2006.
5 Véanse Abdón Mateos: El PSOE contra Franco. Continuidad y renovación del socialismo español, 1953-1974, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 1993; Santos Juliá: Los socialistas en la política española, 1879-1982, Madrid, Taurus, 1997, y Richard Gillespie: The Spanish Socialist Party. A History of Factionalism, Oxford-Nueva York, Clarendon Press, 1989.
6 Pilar Ortuño Anaya: Los socialistas europeos y la transición española (1959-1977), Madrid, Marcial Pons, 2005.
7 En su etapa de formación ideológica, los renovadores habían sido influidos por varias fuentes francesas, entre las que se encontraban la facción del PSF llamada CERES y la nueva izquierda de Michel Rocard. Véase Alfonso Guerra: Cuando el tiempo nos alcanza. Memorias, 1940-1982, Barcelona, Espasa Calpe, 2004.
8 Los renovadores del PSOE también se inspiraron en teóricos del socialismo italiano, como Lelio Basso, en teóricos históricos del socialismo, como Rosa Luxemburgo, y en la propia historia del PSOE. Véase Abdón Mateos: «La transición del PSOE en perspectiva Europea: socialismo y modelos de partido en el sur de Europa», en Abdón Mateos y Antonio Muñoz Sánchez (eds.): Transición y democracia. Los socialistas en España y Portugal, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 2015, pp. 27-45.
9 Nicolas Brimo y Gilbert Sans: «Espagne: la renaissance des socialistes», L’Unité, 28 de julio de 1972, pp. 10-11.
10 Alicia Heras Quintano: L’influence du Parti Socialiste Fraçais dans le role du Parti Socialiste Ouvrier Spagnol pendant la transition democratique spagnole (1970-1982), tesis de máster, Institut d’Etudes Politiques de Paris, 1998.
11 «Palabras de Mitterrand, primer secretario del Partido Socialista Francés, al XIII Congreso: “hay que internacionalizar la lucha”», El Socialista, 29 (1974), pp. 2-3.
12 «Pour assumer la dimension internationale de la lutte des classes», Le poing et la rose, 34 (1974), p. 7, y «L’action internationale du Parti socialiste», Le poing et la rose, 36 (1975), p. 5. En contra de este análisis estaría el derrocamiento violento del gobierno de unidad popular chileno por las fuerzas reaccionarias en 1973.
13 Secretaría de Formación del Militante, «Cursillos realizados en 1974 (exterior)», Archivo histórico del PSOE, Fundación Pablo Iglesias (en adelante FPI), AE-628-8.
14 Carta de la Comisión de formación a José Riera, 24 de julio de 1974, Archivo histórico del PSOE, FPI, AE-628-8.
15 Juan Antonio Andrade Blanco: El PSOE y el PCE en (la) transición. La evolución ideológica de la izquierda durante el proceso de cambio político, Madrid, Siglo XXI, 2012, pp. 235-238.
16 «Observaciones de los participantes», Archivo histórico del PSOE, FPI, AE-628-8.
17 «Les socialistes espagnols a Paris», L’Unité, 5 de julio de 1974, p. 8.
18 Abdón Mateos: El PSOE contra Franco..., p. 452.
19 «Rencontre avec le PSOE (4 décembre 1974)», 4 de diciembre de 1974, Centre d’Archives Socialistes (en adelante CAS), Fondation Jean-Jaurès (en adelante FJJ), 424 RI3.
20 Pilar Ortuño: Los socialistas europeos..., p. 161.
21 «Note à Lionel», 10 de enero de 1975, CAS, FJJ, 424 RI1.
22 Richard Gillespie: The Spanish Socialist Party..., p. 299.
23 «Felipe (P.S.O.E.): “Un même combat”», L’Unité, 7-13 de febrero de 1975, p. 13, y «Congreso en Pau», El Socialista, 33 (1975), p. 14.
24 «Entrevista con el secretario de Información y Prensa», El Socialista, 34 (1975), p. 4, y «Rueda de prensa del PSOE», El Socialista, 39 (1975), p. 4.
25 Richard Gillespie: The Spanish Socialist Party..., p. 304.
26 «Los españoles se mantienen a favor del socialismo», El Socialista, 33 (1975), p. 13.
27 Pierre Guidoni y Felipe González: Entretiens sur le socialisme en Espagne, París, Tema, 1976, p. 40.
28 «Latche, Landes, 23/24.5.75», Conférence des PS de Europe du Sud (Latche) mai 1975, CAS, FJJ, 41 RI1.
29 Robert Pontillon: «Spécial International», Le poing et la rose, 41, suplemento (1975), p. 1, y «Une vérité a Paris une autre a Lisbonne?», L’Unité, 30 de mayo de 1975, p. 1.
30 «Socialistas del Sur», Cambio 16, 183 (1975), p. 63.
31 «Socialismo latino», Cambio 16, 175 (1975), pp. 17-19.
32 Ibid., pp. 17-19.
33 «Complaint by the Democratic Socialist Party of Italy», Conférence des PS de Europe du Sud (Latche), mayo de 1975, CAS, FJJ, 41 RI1.
34 «Socialistas del Sur», Cambio 16, 183 (1975), p. 63.
35 Ana Monica Rôla da Fonseca: «The Federal Republic of Germany and the Portuguese Transition to Democracy (1974-1976)», Journal of European Integration History, 15, 1 (2009), pp. 35-56, e íd.: «Apoio da social-democracia alemã à democratização portuguesa (1974-1975)», Leer Historia, 63 (2012), pp. 93-108.
36 Antonio Muñoz Sánchez: El amigo alemán: el SPD y el PSOE de la dictadura a la democracia, Barcelona, RBA, 2012, p. 184.
37 Christelle Flandre: Socialisme ou social-démocratie?...
38 «Pureza de sangre», Cambio 16, 177 (1975).
39 «Mitterrand a Madrid» y «Entrevistas prohibidas en España», El Socialista, 41 (1975), pp. 1 y 7-8, respectivamente.
40 Antonio Muñoz Sánchez: «The Friedrich Ebert Foundation and the Spanish Socialists during the Transition to Democracy, 1975-1982», Contemporary European History, 25, 1 (2016), pp. 285-314.
41 «¿Quién quiere la unidad?» y «La crisis del comunismo», El Socialista, 48 (1975), pp. 1 y 5, respectivamente, y «Propuesta de organismo unitario», El Socialista, 50 (1975) pp. 3 y 5.
42 «Les huit readers socialistes et communistes de l’Europe du Sud parlent pour la première fois des chemins de l’unité», L’Unité, 10-16 de octubre de 1975, p. 2.
43 Claude Estier: «Felipe Gonzalez (PSOE): “L’avenir de l’Espagne est, ineluctablemente socialiste”», L’Unité, 10-16 de octubre de 1975, pp. 4-6.
44 Antoine Blanca: «A propos des socialistes espagnols et de leurs rapports avec le PS Français», CAS, FJJ, 424 RI3.
45 «Carta de Manuel Garnacho a Gilles Martinet», 16 de enero de 1976, CAS, FJJ, 424 RI1.
46 Alan Granadino: «Fertile soil for socialism or communist threat? The Carnation Revolution through the eyes of the french socialists», Ricerche Storiche, 46, 1 (2016), pp. 61-70.
47 Jean-Pierre Cot: «Documento dirigido a la Assemblee Nationale», 5 de enero de 1976, CAS, FJJ, 41 RI2.
48 «Carta de Luis Yedro a Robert Pontillon», 12 de agosto de 1975, CAS, FJJ, 41 RI2.
49 «Manuscrit d’après les notes de R. Pontillon», CAS, FJJ, 41 RI2. Las mayúsculas aparecen en el documento original.
50 «Rapport introductif presente par le PSOE. Coordination de l’action entre les différentes forces de gauche de l’Europe du sud», 24 de enero de 1976, CAS, FJJ, 41 RI4. Este texto también fue publicado en El Socialista, 58 (1976), pp. 4-5.
51 Felipe González: «La construcción de una Europa socialista y democrática», El Socialista, 58 (1976), pp. 2-3.
52 «La Internacional va por barrios», Cambio 16, 217 (1976), p. 52; Christelle Flandre: Socialisme ou social-démocratie?..., y Michele di Donato: «Un socialismo per l’Europa del Sud? Il PS di François Mitterrand e il coordinamento dei partiti socialisti dell’Europa meridionale», en Michelangela di Giacomo et al. (eds.): Nazioni e Narrazioni tra l’Italia e l’Europa. Atti del Convegno «Persistenze o rimozioni 2011» presso la Fondazione Lelio e Lesli [sic] Basso-Issoco in occasione del 150o dell’unità d’Italia, con il patrocinio del Comitato per le celebrazioni di Italia 150, Roma, Aracne, 2013, pp. 235-251.
53 «Conclusions d’Andre Cools president de la seance de cloture», 25 de enero de 1976, CAS, FJJ, 41 RI5.
54 «La Conferencia de Partidos Socialistas de Europa del Sur», El Socialista, 57 (1976), p. 3.
55 Daniel Taber: «Espagne. La gauche se prepare», L’Unité, 26 de marzo de 1976, pp. 14-16.
56 Antonio Muñoz Sánchez: El amigo alemán..., p. 309.
57 Ibid., p. 321.
58 Alfonso Guerra recuerda en sus memorias que publicó este texto en 1973. Igualmente, Guerra cree recordar que la conferencia de los partidos socialistas del sur de Europa mencionada más arriba tuvo lugar en 1973. Véase Alfonso Guerra: Cuando el tiempo nos alcanza..., p. 252. También véase Alfonso Guerra: Felipe González. De Suresnes a la Moncloa, Madrid, Novatex, 1984.
59 Alfonso Guerra: «Los partidos socialistas del sur de Europa y las relaciones socialistas-comunistas», Sistema. Revista de Ciencias Sociales, 15 (1976), pp. 53-60.
60 Antoine Blanca: «A propos des socialistes espagnols et de leurs rapports avec le PS Français», CAS, FJJ, 424 RI3.
61 Juan Antonio Andrade Blanco: El PSOE y el PCE en (la) transición..., p. 123.