Ayer 127/2022 (3): 263-283
Seccion: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1100
© Vicent Bellver Loizaga
Recibido: 02-07-2019 | Aceptado: 19-05-2020 | Publicado on-line: 28-10-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La memoria insumisa del anarquismo español: el lugar del pasado en el movimiento libertario durante el posfranquismo (Valencia, c. 1970-1980)

Vicent Bellver Loizaga

Universitat de València
belloivi@uv.es

Resumen: Este artículo pretende adentrarse en las complejas y cambiantes relaciones del movimiento libertario español de la década de 1970 con su pasado, especialmente aquel referido a los años de la Segunda República y la Guerra Civil. El interés en estas relaciones se debe a que dicha memoria conformó una particular cultura militante. De hecho, se ha atribuido a esta la trayectoria del movimiento en el posfranquismo, aspecto que pretendo revisar. Para ello me baso en el análisis de los testimonios de una serie de militantes que actuaron en aquellos años en la ciudad de Valencia.

Palabras clave: anarquismo, memoria, transición a la democracia, Segunda República, historia oral.

Abstract: This article aims to delve into the complex and changing relationship between the Spanish anarchist movement of the 1970s and its past, and in particular, the years of the Second Republic and the Civil War. The interest in this relationship is due to the fact that historical memory shaped a particular militant culture. In fact, the trajectory of the movement in the waning years and during the aftermath of Francoism has been attributed to this peculiarity, which I intend to review here. In order to accomplish this task, I analyse the testimonies of a series of militants who acted in those years in the city of Valencia.

Keywords: anarchism, memory, transition to democracy, Second Republic, oral history.

Entre 1976 e inicios de 1978, en plena transición a la democracia, el movimiento libertario en el Estado español experimentó una eclosión que se materializó en un importante número de personas identificadas como tales, la aparición de prensa y revistas de dicho signo, la abertura de ateneos, la organización de actos públicos por parte de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la intervención de esta en la conflictividad laboral de entonces. Un fenómeno que ha sido clasificado por algunos analistas como el segundo «corto verano de la anarquía», realizando un paralelismo con los revolucionarios meses del verano de 1936 1. Sin embargo, los montajes policiales organizados contra el anarquismo —siendo el caso Scala, quizás, el más emblemático— 2, la desatención y desinformación a la que los medios de comunicación envolvieron a este, la represión a la que se vio sometido el movimiento y las problemáticas internas llevaron en muy poco tiempo a este y, especialmente a la CNT, a un lugar prácticamente marginal en el panorama sociopolítico posfranquista.

Esta trayectoria, que pasa del revival a la marginalización, está siendo revisitada en los últimos años 3. Dentro de ella, diversos estudios han puesto de relieve que el pasado del movimiento, especialmente el concerniente a los años de la Segunda República y la Guerra Civil, y la(s) memoria(s) sobre este se convirtieron en una de las piezas nodales dentro de dicha cultura política 4. En primer lugar, porque en la reorganización y reconstrucción del movimiento libertario confluyeron dos generaciones: la de los años treinta, que vivió la guerra y la revolución; y la de aquella juventud que asumió una subjetividad radical en el tardofranquismo e inicios de la llamada «transición». Dos generaciones cuyas experiencias eran diferentes, pero que, sin embargo, entablaron, de alguna manera, un diálogo y una convivencia en los locales libertarios del posfranquismo —e incluso antes en algunos casos—. Por otro lado, la versión historiográfica predominante sobre el «fracaso» de dicho movimiento (particularmente de la CNT) en la democracia reciente, también se ha revestido de argumentos que ponen en el centro el peso de la historia y del legado de los años treinta 5. Según esta, el anarcosindicalismo de esos años habría llegado «demasiado tarde» a un contexto, el de finales de la década de 1970, al que no habrían sabido «adaptarse», ya que el Estado, concebido ahora como «del bienestar», y las relaciones laborales habrían mutado, pero no sus estrategias respecto a estos (al menos hasta la división de la organización, ya a inicios de la década de la siguiente) 6. Un demasiado tarde que sería, realmente, un haber permanecido (demasiado) anclado en ese pasado «mítico».

Este artículo pretende adentrarse en las complejas y cambiantes relaciones del movimiento libertario español de la década de 1970 —o, mejor dicho, de algunas de las personas que confluyeron en este— con su pasado, en especial aquel referido a los años de la Segunda República y la Guerra Civil, y su memoria. El interés en estas relaciones se debe a que dicha memoria conformó una particular cultura militante, que aquí pretendo exponer. Además, como he señalado antes, la historiografía ha atribuido a dicha peculiaridad la trayectoria del movimiento en el posfranquismo, afirmación que, pienso, debe matizarse. Para ello propongo una revisión basada en algunos de los testimonios de la colección de entrevistas, realizadas bajo el formato de historia de vida, que realicé a una cuarentena de militantes de esos años para mi investigación doctoral. Todos ellos corresponden a personas cuyo ámbito de actuación fue la ciudad de Valencia. Pese a las peculiaridades del movimiento valenciano, pienso que, en buena medida, las dinámicas identificadas pueden ser extrapolables al conjunto del Estado.

El texto se ha estructurado de manera cronológica. En primer lugar, me centraré en los años del tardofranquismo y del franquismo sin Franco (1975-1976), en los que empezaron a proliferar, aún de manera clandestina, diversos grupos libertarios por todo el Estado. Seguidamente, me centraré en los años de la «transición» y más concretamente en los albores de la legalización de los sindicatos en abril-mayo de 1977 hasta 1979, momento en el que se encuentra ya aprobada la Constitución. Es en estos años cuando se produjo la convivencia intergeneracional de militantes que dio lugar a una particular cultura militante. También sucedió en esos años, de manera más global, una mutación en cómo era percibido el pasado republicano. Por último, y a modo de conclusión, presentaré algunas de las líneas que marcaron la posterior trayectoria del movimiento, así como una reevaluación de esta en aquellos años.

Culpables por la historia (c. 1970-1975/1976)

Desde la segunda mitad de los sesenta fueron articulándose nuevas formas de protesta y conflictividad en los lugares de trabajo, así como en los centros de enseñanza secundaria, las universidades y los barrios. En esta multiplicación de la disidencia, en algunos casos además muy radicalizada, algunos de los activismos y militancias, aunque de manera minoritaria, se desplazaron hacia lo libertario ¿Por qué eligieron, entre todo el abanico de opciones revolucionarias, una vía que parecía entonces enterrada por la Historia?

Para el caso del movimiento libertario en el Estado español, más allá de la existencia de cierto sentimiento de melancolía y gusto por la derrota en la izquierda 7, hay un elemento que no podemos obviar: dicha cultura política ocupa(ó) un lugar casi mítico en la memoria revolucionaria por su acción de «masas» durante el primer tercio del siglo xx y su papel en la revolución social ocurrida durante la Guerra Civil. Esa experiencia y, sobre todo, su memoria fue, en cierta medida, una de las peculiaridades del mundo libertario que iba a evidenciarse en estos años.

En un reciente y sugerente ensayo, Germán Labrador ha sostenido que la literatura en los años sesenta y setenta, concretamente aquella de tipo contracultural, fue el territorio y la materia sobre la que se produjo toda una serie de metamorfosis subjetivas. En ese sentido, el mundo contracultural habría funcionado como una forma de expansión de las vidas de sus lectoras y lectores, ofreciéndoles una especie de puerta abierta a la imaginación y experimentación de otras formas de vivir frente a las estrechas expectativas vitales de la España franquista. Aunque con una incidencia social y geográficamente diversa, esa literatura habría «atravesado» las vidas de muchas de sus lectoras y lectores de la España tardofranquista y posfranquista 8. En algunas de nuestras historias de vida también los libros, y concretamente los libros de y sobre anarquistas, se muestran decisivos en la asunción y configuración de una identidad política de ese signo. En un momento, además, en el que, como recuerda algún entrevistado: «había mucha literatura, mucha, leíamos mucho», sobre todo en ciertos ambientes 9.

Entre las narraciones contamos, por ejemplo, con el testimonio de Jaume Martínez, quien marca como hito su encuentro con la historia del movimiento obrero de Abad de Santillán: «[L]’editorial ZYX [...] pues tenien una història del moviment obrer espanyol de Diego Abad de Santillán, que ahí, claro, la mirada és una mirada construïda des del pensament llibertari, des de l’experiència anarquista, i jo recorde que aquell llibre va ser una influència important per a mi» 10.

Pero no es la única. Manolo Bigotes, quien se unió al Sindicato de Construcción aun en clandestinidad, refiriéndose a su primera politización cuenta: «Existían —en la España franquista—, pero de lejos, los rojos y tal. Mi padre era Municipal y, la verdad, yo no tenía conciencia. Lo que sí que leía era muchos libros. Y un día cayó en mis manos un pequeño, que no tendría más de cien páginas, llamado Los anarquistas españoles y me impresionó. ¡Coño! Me impresionó y supe que yo si era simpatizante o..., era eso» 11.

La entonces emergente literatura antifranquista revelaba, pues, un fascinante universo libertario —no exclusivamente ibérico— que proporcionaba a sus lectores una vasta gama de modelos y referentes: sindicalistas revolucionarios, anarquistas puros, librepensadoras, maestros racionalistas, protofeministas, expropiadores e incluso, pese a la aparente paradoja, «empresarios» 12.

Además, muchas de estas historias de anarquistas y sobre anarquistas remitían a la década de los treinta. O, en un camino inverso, se llegaba a ellas a través de historias de la Guerra Civil, como ocurrió en el caso de Carlos Martínez: «Entonces a mí, cuando yo empiezo a leer, realmente empiezo a leer por la Guerra Civil que era por lo que entonces mucha gente nos concienciábamos... de la Guerra Civil partíamos hacia la dictadura franquista» 13.

Llegados a este punto, puede ser interesante traer a colación la conceptualización de Alison Landsberg de «memoria prótesis» (prosthetic memory). Esta es así considerada porque «they are not the product of lived experience, but are derived from engagement with a mediated representation, such as a film or an experiential museum, and like an artificial limb, they are actually worn on the body; these are sensuous memories produced by an experience of mass-mediated representations» 14.

En la obra de Landsberg este tipo de memoria es importante, ya que corporiza una emoción de empatía que podría servir, según ella, para experimentar formas más radicales de democracia. Aunque esta proyección política excede los objetivos de este texto, creo, sin embargo, que esta conceptualización puede ser útil para señalar cómo la empatía con las representaciones del pasado libertario pudo servir para llevar a algunas personas a una autoidentificación como tales:

«Prosthetic memories emerge at the interface between a person and a historical narrative about the past, at an experiential site such as a movie theater or museum. In this moment of contact, an experience occurs through which a person sutures him or herself into a larger historical narrative. In this process, the person does not simply learn about the past intellectually, but takes on a more personal, deeply felt memory of a past event through which he or she did not live in the traditional sense» 15.

Pero ese contacto no solo estaba mediado por las representaciones literarias. Ese universo libertario también fue «legándose» a través de los contactos que algunos de estos nuevos grupos estaban empezando a establecer con la antigua militancia que «sobrevivía» en algunos lugares de trabajo (como la fábrica de industria pesada MACOSA, la cooperativa de transportes urbanos local SALTUV, los estibadores portuarios o entre los recogedores de basura para el caso valenciano). O en el exilio. Aunque hijo de cenetista, Manolo rememora: «El compromiso militante, como tal..., y más en la CNT luego, pues empieza a los 18 años. Yo me voy a París [...]. Y en París bueno pues el vínculo que, con quien me relaciono pues, un poco buscando y un poco fortuitamente me encuentro con la gente de la CNT [...]. Y bueno pues ahí, es donde digamos me viene mi compromiso político» 16. Unos contactos intergeneracionales que, más tarde, ya en los años del posfranquismo se materializarían de manera más frecuente en los propios locales de la CNT. ¿Podríamos hablar entonces, a la luz, de la existencia de una «postmemoria» entre la juventud libertaria?

En este sentido, hay que recordar que la postmemoria sería ese tipo de memoria que

«describe la relación de la “generación del después” con el trauma personal, colectivo y cultural de la generación anterior, es decir, su relación con las experiencias que “recuerdan” a través de los relatos, imágenes y comportamientos en medio de los que crecieron. [...] [E]xperiencias —que— les fueron transmitidas tan profunda y afectivamente que parecen constituir sus propios recuerdos» 17.

Tal vez puede resultar exagerado plantearlo en esos términos. Más aun teniendo en cuenta que sería una traslación fuera del ámbito familiar, para el que el concepto parece inicialmente pensado.

No obstante, Fermín Palacios, director de la escuela sindical de la Organización Sindical Española (OSE) en Valencia en los últimos años de la dictadura y que durante un breve tiempo formó parte de la CNT reconstituida, plantea: «¿[Q]ué pasa? Pues pasa que también hijos y nietos de aquellos eran gente, unos estaban dentro de los puestos de trabajo o de cada empresa, otros estaban estudiando en la universidad, y había una especie de idealismo anarcosindicalista que vivía dentro del mundo del trabajo» 18.

Sin embargo, sí que es cierto que algunos grupos fueron escorándose hacia el anarquismo a través del contacto con algunas y algunos anarquistas de viejo cuño, cómo ocurrió con la Federación de Grupos Solidaridad 19. Y no sería el único caso. En Asturias, por ejemplo, en 1969 el profesor José Luis García Rúa 20 fundaba las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista (CRAS), un grupo de origen marxista que derivaría cada vez más hacia el anarquismo debido al contacto con un núcleo de antiguos cenetistas radicados en la localidad de La Felguera 21. O el grupo de jóvenes, mayormente estudiantes en la Universitat de València, que formarían desde 1972 el núcleo autotitulado como CNT-AIT en la ciudad del Turia.

El eco de la fantasía libertaria (1976/1977-1979)

Durante los años de la «transición», la progresiva abertura de los locales cenetistas, en el contexto de reorganización y «salir a la luz» del movimiento, los contactos intergeneracionales se intensificaron, hasta el punto de ser moneda corriente 22. Como recuerda Mercedes Arancibia: «Venían, por una parte, los abuelos, que venían de Burjassot, de Alcudia, de no sé qué... y que venían que habían sido toda la..., que habían hecho la República, la guerra, la colectivización del pueblo y todo, y venían con muchas ganas [...] [S]e venían todas las tardes a Valencia para estar en el sindicato un rato» 23.

Incluso en algún caso, la militancia «veterana» estuvo detrás de la formación de algunos de los sindicatos. Así relata, por ejemplo, Madera, el boletín del Sindicato de Madera de la Federación Local de Valencia, la creación de este:

«A las 8,30 de la noche y en vista de que no se presentaba ningún trabajador más comenzó la asamblea de reorganización, estando presente el delegado de Coordinación del Comité Local [...] quién tomó acta de lo expuesto en la reunión. Cabe resaltar el ambiente lúgubre que imperaba en esa fecha puesto que como música de fondo podíamos escuchar las sirenas de las fuerzas anti-disturbios que en esos momentos reprimían una manifestación que celebraba el 46 aniversario de la instauración de la II República» 24.

Un relato creo que muy interesante ya que nos retrotrae, seguramente de manera inconsciente, a una especie de metáfora de tiempos cruzados entre los años treinta y ese presente de la segunda mitad de los setenta. Justamente, a través de la represión de una manifestación en conmemoración del pasado republicano. Un pasado que resultaba incómodo, pese al interés que despertaba entre ciertos sectores.

Pero no para toda la «antigua» militancia iba a ser tan fácil volver a salir a la luz. Eutiquio Sanz, quien entonces trabajaba en la empresa de limpieza municipal FOCSA, en la que también había antiguos cenetistas, recuerda que «algunos —de ellos— tenían muchísimo miedo, claro [...]. Habían estado represaliados y tenían mucho miedo» 25.

Este contacto intergeneracional entre la militancia «veterana» y el aluvión de jóvenes que se produjo en la reorganización resultaría, sin embargo, ambivalente, ya que se produjeron acercamientos, pero también frecuentes desencuentros. Así, por ejemplo, Mercedes Arancibia, del sindicato de Artes Gráficas, recuerda que «los abuelos nos fueron muy útiles porque nos enseñaron mucho, eran unas buenísimas personas, con lo cual aprendimos como es la gente buena de verdad, como es la gente solidaria y fraternal... todos eran naturistas, vegetarianos [risa], la Escuela Libre, Ferrer Guardia... ¿sabes?» 26.

En un sentido parecido, José Quintás, de Enseñanza, rememora un episodio con un «veterano» en un bar del marítimo barrio del Cabanyal. En un momento el «abuelo» se dirige a él y le dice lo siguiente:

«“A un anarcosindicalista se le conoce por los pequeños detalles, por ejemplo [...] no cogerá esto —el papel de un sobre de azúcar— y lo tirará al suelo. No, señor”. [...] Fíjate que cosa, que yo me quedé a cuadros [...] pero tiene su cosa... [...] porque alguien lo tiene que recoger [...], le estas dando faena a otro. ¿Sabes? Vas de rey por el mundo [risa]» 27.

A su vez, sin embargo, Mercedes también señala «venían con muchas ganas, pero con mucha demagogia también, todo hay que decirlo» 28. Mucho más contundente se muestra Manolo Bigotes, de Construcción, quien recuerda: «había viejos de gran calidad, y otros que eran unos hijos de la gran puta, soberbios» 29. De hecho, los problemas intergeneracionales fueron objeto de atención ya entonces en la prensa confederal de la Regional valenciana 30. E incluso, para Héctor González, quien ha estudiado la CNT asturiana en estos años, esos desencuentros estarían en el centro de la conflictividad interna de dicha Regional 31. Algo parecido podemos constatar en la localidad valenciana de Sueca, en la comarca de la Ribera Baixa, según la narración de Joan: «[E]n Sueca no se vivia molt —las divisiones internes—, però sí que ascomença [sic] a haver polarització generacional: la gent més jove, curiosament menos radical tal vegada, i la gent més major, els que venien de ser fills d’algú, d’un radicalisme inaudit, no? Inclús [sic] en un alabo extraordinari de la FAI i tal» 32.

Este esquema interpretativo, sin embargo, no está tan claro en el caso de la Local valenciana. Un ejemplo de esto es, por ejemplo, el caso de Antonio Fernández Bailén (1897-1996), conocido como Progreso Fernández, un anarquista histórico que, entre otras cosas, fue uno de los fundadores de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en 1927. Para Mercedes, de Artes Gráficas, Progreso «era super faiero» y recuerda:

«Porque ese, o sea, la FAI era... pero, además, esta gente, como de verdad habían pertenecido a la FAI antes y la FAI había sido la vanguardia, aparte de que fueran pistoleros, pero habían sido la vanguardia, ellos seguían con esa idea y entonces eran, o sea, cortaban algunas iniciativas porque su idea era que, iba a pasar igual que después de la República, que los anarquistas iban a salir en los prados como si fueran amapolas ¿sabes? Y que no había que hacer nada, había que esperar que iban a venir [...] y era, era un poco complicao».

En ese sentido, cabe destacar que entre la militancia joven valenciana se tejieron alianzas con los sectores históricos en diferentes sentidos. Así, Progreso conectó con los sectores que podríamos considerar más cercanos a las posturas integrales, especialmente el colectivo Bicicleta, y que, considero, que en cierta medida pudieron recordarle a ese anarquismo de los años treinta del que él formó parte. Por otro lado, la misma Mercedes, señala también una relación estrecha de los sectores más declaradamente anarquistas, los «faístas», que, en su caso, identifica concretamente con una parte del Sindicato de Educación, con otro sector diferente de la militancia veterana. Una relación que, según ella, se debía a la predilección de algunas y algunos de esos jóvenes por los temas relacionados con la Segunda República y la Guerra Civil 33.

No obstante, también muchos viejos militantes se vieron desplazados. De hecho, una parte de la militancia que se había mantenido activa durante el franquismo hizo público en octubre de 1976 un manifiesto que fue recogido por algunos diarios. Juan Gómez Casas, veterano militante anarcosindicalista que ocupó la Secretaría General del primer Comité Nacional de la CNT reorganizada, en su panorama sobre esos años, recoge el episodio:

«Hacia finales de 1976, con el primer comité nacional ya en marcha recibí una carta firmada por Sigfrido Catalá Tineo [...] notable militante valenciano de orientación treintista y uno de los secretarios nacionales durante la clandestinidad. [...]. En su nombre y en el de varios compañeros de la regional, algunos de los cuales firmaban también la carta, reclamaba una conferencia nacional de militantes para marcar la trayectoria de la organización, que a ellos hasta entonces les parecía inocua. Creo que en lo sucesivo la marea organizativa y los enfrentamientos y dificultades de la reconstrucción confederal los mantuvo al margen de todo. Constituyeron un centro cultural en Valencia, donde hicieron un trabajo de divulgación de sus posturas» 34.

En la carta-comunicado, se hacía un breve repaso por la trayectoria de la Confederación y se recogía el funcionamiento de esta. El objetivo, en cierta manera, era «ilustrar» a las nuevas generaciones y advertirles de la necesidad de una concepción «moderada» —en lo libertario— de la CNT: «[S]i la impregnación libertaria favorece a la organización, extremar la dosis supondría tararla y negar su propia autodeterminación. Ya no sería movimiento obrero, sino cenáculo elitista y sectario, sin posibilidad de trascender» 35. Una cautela que respondía al «requerimiento de una organización sindical que integra a trabajadores con interés idénticos, pero que pueden diferir en la forma de entender la política» 36. Por su parte, uno de sus firmantes, Isidro Guardia 37, también publicaría a título personal algún ar­tículo de opinión en la prensa valenciana criticando la fragmentación del movimiento obrero en diferentes centrales sindicales y llamando, por el contrario, a la unidad sindical ¿Respondían estas propuestas de Guardia y sus otros compañeros (el masculino es deliberado por la identidad de los firmantes) a un intento de reactualización de la experiencia que habían tenido en los años treinta? El texto anterior, no obstante, fue desautorizado desde la Regional valenciana, pero, como comentaba Gómez Casas en la cita de unas líneas arriba, se formó por esta militancia veterana un centro cultural en la ciudad, el Libre Studio, situado en el céntrico Pasaje de la Sangre, donde se organizaron charlas, conferencias y homenajes 38.

Más llamativo, sin embargo, resulta el caso de aquella militancia que no llegó a incorporarse nunca a la CNT reconstruida. Es el caso, por ejemplo, de Isabel Mesa, activa en la resistencia libertaria a la dictadura, quien, en una entrevista que le realizaron a finales de los años noventa del siglo pasado, reconocía que no se adhirió a la vida orgánica tras la muerte del dictador: «Fui a varias reuniones allí, pero... no me... no me hizo bien aquello, ¿sabes?» 39. Un testimonio en el que, curiosamente, pone el cuerpo, y más concretamente el malestar en este, como factor explicativo.

En un sugerente artículo, Joan Scott ha propuesto como vía para entender cómo las identidades se construyen y operan la metáfora del «eco de la fantasía» (fantasy echo) Una expresión que, en inglés, puede ser tanto adjetivo, la repetición de algo imaginado; como substantivo, una repetición imaginada. Según esta autora, el establecimiento de «genealogías» en las identidades, como ocurre en los feminismos, actúa en estas como una especie de operación mental clave. A través de dicha operación se «borrarían» las diferencias históricas entre sujetos y tiempos y, en cambio, se crearían y subrayarían las aparentes continuidades. Esto permitiría operar a dichas identidades como identificaciones colectivas y retrospectivas 40. En este sentido, aquellas y aquellos jóvenes que se acercaron al movimiento libertario en esos momentos encontraron en este una «atractiva» genealogía en la que anclarse, en cierta medida imaginada, aunque no por ello sin implicaciones. De hecho, la contestación contracultural en ebullición en esos momentos encontraba su «eco» en temas como el naturismo o el vegetarianismo, desarrollados por algunos grupos de afinidad en las décadas de 1920 y 1930:

«Había un home major que li diuen Floreal [todo apunta que se refiere, no obstante, a Progreso] que vivia en el carrer Murillo, que tenia dos filles i que era un històric d’estos de la guerra. Ja veus tu, que ja li deien Floreal! Ehhh... i que, bueno, anàvem a escoltar-los hores i hores i hores a voltant de temes que ells tenien... sobretot temes sindicals i també molts temes relacionats en el naturisme... ehh? Eixe tipo de coses... Recorde jo que era el que a mi em cridava l’atenció. Ahí ja ens contaven, perquè la gent major havia sigut de la FAI casi tota, d’algun grup de la FAI, pues estos d’algun grup naturista, i ens contaven [...] tot això» 41.

Y, seguramente, de igual modo, el lenguaje de clases y el obrerismo tan presente en estos años de «transición», y con conflictos laborales intensos, sonaba como un eco para muchos de aquellos «veteranos» (mientras que, en cambio, otros emergentes lenguajes, como el feminismo y la liberación sexual, la ecología o las reivindicaciones nacionalistas generaban por su parte incomprensión).

Esta repetición imaginada, a su vez, también iba a ser una repetición de algo imaginado, pues se recreó, en la vida orgánica de la CNT —y no solo—, el mundo anarquista de los años treinta. Así, por ejemplo, como recuerda Llum, muchas de las actividades en la sede del sindicato en los años inmediatamente posteriores se realizaban «cantant, perquè s’aprenguérem, jo deprenguí, que me les aprenguí amb el significat, lo de A las barricadas, lo de Hijos del pueblo... molta música tot el rato de momento República, momento CNT» 42.

Por otro lado, también se reconstruyeron otras organizaciones del movimiento, como las históricas FAI, Juventudes Libertarias (JJLL) y Mujeres Libres (MMLL). Para, Josep Felip, de Químicas y de la específica: «vam escomençar mosatros també a veure en els orígens lo que existia, que coses tenia sentit el retraure-les» 43. Resultan interesantes para el análisis las palabras de Josep, pues si bien desde la historiografía se ha argumentado que uno de los motivos del «fracaso» del anarcosindicalismo fue, justamente, el no haberse sabido adaptar a la realidad de la década de los setenta y permanecer, en cierta medida, anclados en el pasado, este testimonio parece apuntar hacia una dirección distinta. Esa se dirige, más bien, a un uso consciente —incluso instrumental— de ese pasado en busca de una readaptación a las realidades socioculturales de los setenta. En ese sentido, considero que puede ser interesante la distinción ofrecida por Svetlana Boym, entre la «nostalgia restauradora», que busca restablecer una especie de verdad transhistórica en el pasado, y la «nostalgia reflexiva», que ofrece más bien una lectura crítica del presente a través de dicha añoranza 44. En este caso, y aunque, sin duda, entre más de un anarquista hubo una «nostalgia restauradora» (especialmente entre la militancia veterana), puede ser interesante explorar la reaparición de estas organizaciones más bien desde la óptica de esa «nostalgia reflexiva».

Todo lo expuesto, además, parece evidenciar la existencia de un discurso y de unas personas que apelaron a las experiencias de los años treinta y la Guerra Civil. Este recurso, al menos durante un determinado momento, tuvo cierta repercusión social. Esto problematiza y complejiza, pues, el llamado «pacto del olvido». En estos momentos, algunos investigadores empiezan a cuestionar el carácter de «pacto» de este, viéndolo más bien como la imposición de dicho relato como discurso dominante 45. De hecho, todo apunta que la «presencia» en la esfera pública de esas experiencias de los años de la Segunda República y la Guerra fue progresivamente cancelándose o, quizás, mejor dicho, mutándose. El interés en el pasado traumático —entonces reciente— no parece haber desaparecido, pero sí los términos en los que circulaba. De hecho, se empezaron a poner trabas a algunas de las actividades que habían surgido de forma entre espontánea en los primeros años del posfranquismo, como fueron las primeras exhumaciones de fosas y homenajes a represaliados 46. Por lo que aquí nos atañe, tenemos constancia en prensa, por ejemplo, de la prohibición por el Gobierno Civil del homenaje que desde la CNT se pretendió realizar a las personas fusiladas en Paterna en 1979 47.

Conclusiones: la memoria insumisa del anarquismo español

En La siega del olvido, un interesante y heterodoxo libro sobre la memoria y presencia de la represión, Pedro Piedras se introduce en el tema a partir de la vivencia de su tío abuelo, «tío Ángel», represaliado durante la posguerra. A lo largo de toda su vida este estuvo constantemente reescribiendo diarios sobre lo vivido, así como listas de las personas que habían sido represaliadas en su pueblo. Una experiencia que es leída por su sobrino como un intento de hablar desde un lugar de enunciación subalterno. Pero lo que nos interesa es cómo, «tío Ángel», ilusionado con la victoria del PSOE en 1982, rápidamente iría desencantándose por el olvido en que las víctimas del franquismo iban cayendo, pese a —o por— los socialistas. Aun así, «lo que más le obsesionaba» era el silencio autoimpuesto del resto de ancianas y ancianos de la «comunidad» a la que había pertenecido 48. ¿Se interiorizó desde abajo ese «pacto del olvido» o respondía más bien a una negociación? Una pregunta que excede este texto, pero que considero interesante plantear.

A diferencia de lo vivido por «tío Ángel», en el mundo libertario la memoria de la década de 1930 continuó presente. De hecho, y pese a la ruptura de la CNT en dos organizaciones sindicales, una parte no desdeñable de los y las antiguos cenestistas mantuvieron su presencia en los locales del sindicato. Una «pervivencia» que les permitió continuar manteniendo relaciones con las nuevas generaciones que llegaron a estos en la década de los ochenta. En ese sentido, Fernando, un entonces joven libertario que entraría en el anarcosindicalismo a mitad de la década de 1980, afirma «lo bueno de CNT [...] fue el recibir alguna de esa herencia histórica, ese bagaje cultural histórico político muy importante, teníamos todavía supervivientes de la Guerra Civil... Fue una experiencia muy, muy, muy importante» 49.

Pero hubo también algunas transformaciones: durante la década de los ochenta la memoria anarquista de la Segunda República y la guerra empezó a «trabajarse» cada vez de manera más profesionalizada. Un fenómeno que podemos constatar en la proliferación de investigaciones, especialmente aquellas realizadas a través de las herramientas de la historia oral, pero también con la creación de dos fundaciones dedicadas al estudio y a la conservación de la documentación de ese pasado libertario: la Anselmo Lorenzo (FAL) y la Salvador Seguí (FSS).

Como podemos ver, la memoria sobre el pasado libertario, especialmente aquella referente a la década de 1930, ocupó un papel destacado en la cultura anarquista y en las prácticas militantes del movimiento. Incluso en aquellos momentos en que parecía que el resto de las culturas políticas, también las «históricas», dejaban este de lado. El pasado, aunque hubiera sido en buena medida (re)creado en el posfranquismo por personas que no habían tenido una experiencia directa sobre este, acabó convirtiéndose para el anarquismo en una especie de baluarte insumiso.

Esto, a su vez, pese a que se haya visto como una especie de enquistamiento, debería analizarse más allá de los aparentes parecidos formales. Como he intentado demostrar, en el movimiento libertario español de entonces convivieron, siguiendo la tipología ofrecida por Svetlana Boym, tanto una «nostalgia restauradora» como una «reflexiva». En ese sentido, creo que una parte importante de la herencia anarquista recuperada en los setenta respondía, más bien, a intentar dar respuestas a inquietudes propias de entonces, especialmente aspectos como la contracultura, el ecologismo o el feminismo «de segunda ola». Una relación ambigua con el pasado que también se materializó —o corporizó— en las relaciones con la militancia veterana.


1 Antonio Rivera: «El otro (corto) verano de la anarquía: de la contracultura a la CNT», Libre Pensamiento, 60 (2009), pp. 74-75. Para el de 1936, aunque se trata realmente de una especie de «biografía novelada» de la vida de Buenaventura Durruti, Hans Magnus Enzensberger: El corto verano de la anarquía: vida y muerte de Buenaventura Durruti, Barcelona, Anagrama, 1998.

2 El 15 de enero de 1978 se celebró en Barcelona una manifestación en contra de los Pactos de la Moncloa convocada por la CNT. Al mediodía, una vez concluida la manifestación, la sala de fiestas Scala comenzaba a arder, teóricamente, debido a un ataque con cócteles molotov. Morían en el incendio cuatro trabajadores, dos de los cuales estaban afiliados a la CNT. Desde muy pronto se acusó a la central anarcosindicalista de estar detrás del incidente, lo que supuso una criminalización de esta.

3 Vicent Bellver: Hilos rojinegros. El movimiento libertario en València en el posfranquismo, Madrid, Postmetropolis, 2021; Juan Pablo Calero: «Reconstruir un sueño», en Juan Gómez: Historia del anarcosindicalismo español, Madrid, LaMalatesta, 2006, pp. 357-396; Pablo César Carmona: Libertarias y contraculturales: el asalto a la sociedad disciplinaria. Entre Barcelona y Madrid, 1965-1979, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2011; Reyes Casado: La Confederación Nacional del Trabajo en el Estado español: reorganización y crisis (1973-1980), tesis doctoral, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2016; Héctor González: La CNT asturiana durante la Transición española, Oviedo, KRK Ediciones, 2017; Gonzalo Wilhelmi: El movimiento libertario en la Transición. Madrid 1976-1979, Madrid, Fundación Salvador Seguí, 2012, y Joan Zambrana: La alternativa libertaria (Catalunya 1976-1979), Badalona, Edicions Fet a Mà, 1999.

4 Los intentos de caracterización del «movimiento libertario», debido a su pluralidad interna, resultan complejos, tal y como han señalado diversos autores y autoras. Así, para Óscar Freán: «Escribir sobre el anarquismo español es algo sencillo y, al mismo tiempo, extraordinariamente complejo. Sencillo en el sentido de que todos identificamos rápidamente las organizaciones, personajes y acontecimientos que forman parte del movimiento libertario. Complejo porque la más mínima profundización en la cuestión revela las dificultades que encierra este tema de estudio debido, por un lado, a la propia definición del mismo y, por otro, a la heterogeneidad que encierra». Óscar Freán: «El anarquismo español: luces y sombras en la historiografía reciente sobre el movimiento libertario», Ayer, 84 (2011), pp. 209-223, la cita en p. 209. Opto, pues, aquí por una aproximación pragmática al concepto de «cultura política», de manera que lo uso para hacer referencia a las manifestaciones y las cosmovisiones subyacentes en el mundo libertario.

5 La primera formulación de esta visión es la de Margaret Torres Rayan: «El anarquismo viejo y nuevo: la reconstrucción de la CNT, 1976-1979», en VVAA: La oposición libertaria al régimen de Franco, 1936-1975. Memorias de las III Jornadas Internacionales de Debate Libertario, Madrid, Fundación Salvador Seguí, 1993, pp. 653-674. Posteriormente, y quizás la que más peso ha tenido en la historiografía a la hora de interpretar la trayectoria del anarcosindicalismo en la transición, es la de Antonio Rivera: «Demasiado tarde (El anarcosindicalismo en la transición española)», Historia Contemporánea, 19 (1999), pp. 329-353. Cabe señalar que, en esta formulación, están presentes también aspectos políticos y vivenciales, pues se ha formulado desde los sectores que se escindieron de la CNT en 1980 y que acabaría siendo la Confederación General del Trabajo (CGT).

6 Antonio Rivera: «Demasiado tarde...».

7 Respecto a la melancolía en la izquierda, Enzo Traverso: Mélancolie de gauche. La force d’une tradition cachée (xixe-xxie siècle), París, La Découverte, 2016.

8 Germán Labrador Méndez: Culpables por la literatura. Imaginación política y contracultura en la transición española, Tres Cantos, Akal, 2017. Labrador explica toda esta operación a través del concepto de bioliteratura. Este se trata de una adaptación del foucaltiano «biopolítica», que hace referencia, originalmente, a las formas de regulación, no siempre evidente, de las vidas y los cuerpos por parte de los poderes.

9 Entrevista a Carlos Martínez realizada por el autor (15 de mayo de 2017). Carlos proviene de una familia de pasado republicano, pero no activa en el antifranquismo. Siendo muy joven se vio atraído por el anarcosindicalismo por unos amigos suyos que estaban en ese momento estudiándolo. Desde 1972 formó parte del grupo autotitulado como CNT-AIT. En los años de la transición ocupó un lugar destacado en la vida de la Regional. Producida la escisión, tomó partido por las corrientes impugnadoras del V Congreso, llegando a ser elegido el primer secretario general de la CNT-Congreso de Valencia.

10 Entrevista a Jaume Martínez realizada por el autor (10 de julio de 2017): «La editorial ZYX [...] pues tenían una historia del movimiento obrero español de Diego Abad de Santillán, que ahí, claro, la mirada es una mirada construida desde el pensamiento libertario, desde la experiencia anarquista, y yo recuerdo que aquel libro fue una influencia importante para mí» (traducción propia). Jaume Martínez, valenciano criado en el barrio de Marxalenes, formó parte a lo largo de la primera mitad de los setenta de diferentes grupos libertarios, entre ellos el grupo editor de la revista Barricada. Más tarde formará parte del grupo Margarida.

11 Entrevista a Manolo Bigotes realizada por el autor (23 de junio de 2017). Manolo Bigotes proviene de Minas de Riotinto (Huelva). Se integró en el aún clandestino Sindicato de la Construcción de la CNT. Aparte del anarcosindicalismo, se implicó en el mundo ecologista, especialmente a través del GEL, y en diversas iniciativas del mundo cultural, como los Ateneos Progrés y Al Margen. Además de todo esto, es la persona detrás del PARRÚS, un peculiar «partido» con mucho humor.

12 Como es el caso del polémico anarquista Laureano Cerrada (Miedes de Atienza —Guadalajara—, 1902-París, 1976). Cerrada, ferroviario emigrado a Barcelona, se unió a la CNT y a las organizaciones anarquistas en la década de 1920. Activo durante la Segunda República, el 19 de julio de 1936 intervino en la toma de las Atarazanas y Capitanía General en Barcelona. Su fama, no obstante, se forjaría en su exilio francés después de la guerra, desde donde organizó una extensa red de propaganda, arsenales y puestos francos para la lucha antifascista. Estuvo involucrado en un intento de asesinato a Franco en 1948. Se dedicó también a la falsificación de documentos y de dinero para apoyar la causa libertaria. Fue asesinado en París. Biografía a partir de Miguel Iñíguez: Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001, pp. 142-143, y César Galiano: Laureano Cerrada, el empresario anarquista, Logroño, Pepitas de Calabaza, 2009.

13 Entrevista a Carlos Martínez realizada por el autor (15 de mayo de 2017).

14 Alison Landsberg: «Memory, Emphaty, and the Politics of Identification», International Journal of Politics, Culture, and Society, 22 (2009), pp. 221-229: «no son el producto de la experiencia vivida, sino que se derivan del compromiso con una representación mediada, como una película o un museo experiencial, y como un miembro artificial, que ahora se llevan en el cuerpo; estos son recuerdos sensibles producidos por la experiencia mediada de las representaciones de masas» (traducción propia).

15 Ibid.: «Los recuerdos protésicos surgen por el contacto entre una persona y una narración histórica sobre el pasado —que se produce— en un lugar experiencial como una sala de cine o un museo. En este momento de contacto, ocurre una experiencia a través de la cual una persona se “sutura” a sí misma en una narrativa histórica más amplia. En este proceso, la persona no solo aprende sobre el pasado, sino que adquiere un recuerdo más personal y profundo de un hecho pasado, aunque él o ella no lo viviera en un sentido tradicional» (traducción propia).

16 Entrevista a Manolo el Francés realizada por el autor (22 de febrero de 2018). Manolo (¿1953?) proviene de una familia anarcosindicalista, siendo su padre uno de los detenidos en uno de los Comités Nacionales que cayeron en la década de los sesenta. A principios de los setenta en París, reafirmó su militancia. Con gente de allí formó un grupo con el que, más tarde, pasó a Alacant. Ya en España fue uno de los grupos que estuvo a favor de la reconstrucción de la CNT. Con la muerte de Franco, fue a Valencia, donde se integró en el Sindicato de la Construcción. Ocupó también cargos orgánicos y formó parte de la FAI. Tras la escisión se quedó en la CNT-AIT. A finales de los ochenta pasó a la UGT.

17 Marianne Hirsch: La generación de la posmemoria. Escritura y cultura visual después del Holocausto, Madrid, Carpe Noctem, 2015, p. 19.

18 Entrevista a Fermín Palacios realizada por el autor (17 de mayo de 2017). Fermín Palacios (¿Valencia?, 1949) es de profesión abogado. Durante el tardofranquismo ejerció como abogado de la OSE y llegó a encargarse de la Escuela Sindical de la organización en Valencia. Según su propio relato, fue desde esta ocupación que contactó con antiguos cenetistas y empezó a interesarse por el pasado de la Confederación. Después de un breve paso por la CNT, pasó a formar parte de la Central de Trabajadores Independientes (CTI), cuyo secretario era el exfalangista Ceferino Maestú. En la actualidad es el secretario general del Sindicato Independiente, central que se proclama heredera de la anterior.

19 La Federación de Grupos Solidaridad, presente en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, se trataba de una serie de grupos que trataron de organizar de manera autónoma núcleos de trabajadoras y trabajadores. En palabras de quienes formaron parte de ella apareció a inicios de 1970 «[a] partir de organizaciones sindicales de matriz revolucionario y autogestionario, como la Federación Solidaria de Trabajadores y de la Unión de Trabajadores Sindicalistas, de grupos autónomos de trabajadores y de viejos militantes confederales, surgen numerosas federaciones sindicales que, actuando sin siglas, tratan de servir a la confluencia de militantes y grupos dispersos para una futura presencia masiva de las ideas que representó la Confederación Nacional del Trabajo». «Disolución de los grupos Solidaridad», FSS, CR-1. Reconstrucción CNT (1973-1976), Carpeta Federación de los grupos de solidaridad, 1970-1976.

20 José Luis García Rúa (Gijón, 1942-Granada, 2017) estudió Clásicas en la Universidad de Salamanca y durante una temporada fue lector en la Universidad de Maguncia. A su vuelta a España dio clases de filosofía gratis. Nombrado profesor en la Universidad de Gijón, este cargo fue rápidamente revocado por «desafecto» al régimen. En 1975, fue finalmente nombrado profesor en la Universidad de Granada, donde llegó a ser catedrático. En los años del postfranquismo destacó como orador en diversos actos públicos de la organización y fue también secretario de la CNT andaluza en dos ocasiones (1977 y 1981-1983). Ocupó, asimismo, los cargos de secretario general de la CNT entre 1986 y 1990, director del CNT y secretario general de la AIT entre 1997 y 1999. Biografía extraída a partir de Miguel Iñíguez: Esbozo de una..., p. 258.

21 Héctor González: La CNT asturiana..., p. 58.

22 Por su parte, las representaciones (especialmente las literarias e historiográficas —militantes—) continuaron siendo un elemento presente en muchas de las historias de vida de las libertarias y libertarios de estos momentos, dando continuidad, pues, a las dinámicas analizadas en el anterior apartado.

23 Entrevista a Mercedes M. Arancibia realizada por el autor (7 de abril de 2017). Madrileña de origen, es periodista desde principios de los años setenta. En 1972 se instaló en Valencia, donde entabló contactos con algunos de los miembros valencianos de Solidaridad. Muerto Franco, se integró a la vida de la CNT, donde compaginó la vida orgánica de la central con su actividad periodística. Fue también parte del colectivo Bicicleta. Después de los enfrentamientos ocurridos en el V Congreso abandonó toda vinculación orgánica con el mundo libertario, aunque sigue reivindicándose como tal.

24 Madera. Portavoz del Sindicato de la Madera CNT (F-L Valencia CNT-AIT), 2 (s. f. ¿1977-1978?), contraportada.

25 Entrevista a Eutiquio Sanz realizada por el autor (2 de junio de 2017). Eutiquio Sanz (Pedrajas de San Esteban —Valladolid—, 1946), sacerdote, trabajó de obrero y, posteriormente, de barrendero hasta que se jubiló. Miembro de la HOAC y de la editorial ZYX en el tardofranquismo, en el momento de la reorganización de la CNT pasó a esta porque así decidieron afiliarse mayoritariamente en su empresa, FOCSA. Con la ruptura en el V Congreso pasó a lo que acabaría siendo la CGT.

26 Entrevista a Mercedes M. Arancibia realizada por el autor (7 de abril de 2017).

27 Entrevista a José Quintás realizada por el autor (26 de marzo de 2018). José Quintás (Astorga, 1949) estudió Física en Zaragoza y fue a Valencia durante la primera mitad de los setenta, donde empezó a trabajar en una escuela privada. En la ciudad mediterránea contactó con la UGT y formó un núcleo que derivó hacia posturas anarquistas y anarcosindicalistas. Con la reorganización de la CNT formó parte del Sindicato de Enseñanza.

28 Entrevista a Mercedes M. Arancibia realizada por el autor (7 de abril de 2017).

29 Entrevista a Manolo Bigotes realizada por el autor (23 de junio de 2017).

30 «Viejos y jóvenes. La indispensable solidaridad», Fragua social, 5 (enero de 1977).

31 Héctor González: «¿Pero estos quiénes son? La difícil relación entre el exilio y las nuevas generaciones de militantes durante la reconstrucción de la CNT en la transición española», Historia del Presente, 28 (2016), pp. 131-143.

32 Entrevista a Joan Cebolla realizada por el autor (17 de mayo de 2017): «En Sueca no se vivía mucho, pero sí que empezó a haber polarización generacional: la gente más joven, tal vez y curiosamente menos radical, y la gente más mayor, los que venían de ser hijo de alguien, de un radicalismo inaudito, ¿no? Incluso con un alabo extraordinario de la FAI» (traducción propia). Joan Cebolla (Sueca) se afilió a la CNT de su localidad siendo un adolescente. Al saber escribir, fue elegido secretario de la FL. Con la escisión, pasó a formar parte de la CNT-CV, de la que llegó a ser secretario general del País Valenciano. Abandonó la militancia en el anarcosindicalismo, fruto de los problemas internos de la CNT.

33 Entrevista a Mercedes M. Arancibia realizada por el autor (7 de abril de 2017).

34 Juan Gómez Casas: Relanzamiento de la CNT, 1975-1979 (con un epílogo hasta la primavera de 1984), Móstoles, Federación Local de Móstoles de la CNT-AIT, 1984, pp. 33-34.

35 «En torno a la Confederación Nacional del Trabajo», Las Provincias, 13 de octubre de 1976.

36 Ibid.

37 Isidro Guardia (Valencia, 1921-Valencia, 2012) perteneció desde muy joven a la CNT, concretamente al sindicato del ramo gastronómico. Durante la guerra, además, se alistó como voluntario y fue nombrado, según su propio testimonio, sargento con solo quince años. Acabada esta, formó parte de la reorganización en clandestinidad de la CNT en Valencia, tanto a nivel local como de la Regional de Levante.

38 «Ciclo de conferencias organizado por Agrupación Cultural», Levante, 21 de septiembre de 1977, y «Sesión conmemorativa de Sigfrido Catalá en Libre Studio», Levante, 11 de septiembre de 1979.

39 Entrevista a Isabel Mesa y Angustias Lara realizada por Rafael Maestre y Javier Navarro (6 de junio de 1997). Isabel Mesa (Ronda, 1913-Valencia, 2002) nació en el seno de una familia cenetista, trabajó desde bien joven como costurera y en 1928 marchó a Ceuta, donde militó en la CNT. Formó parte también de las JJLL de Tetuán, hasta que fue expulsada de la ciudad por sus actividades libertarias. Con el estallido de la guerra, ayudó a escapar a muchos compañeros y compañeras hasta que se vio obligada a volver a la península. Estando en Málaga, se vio obligada a huir hasta Valencia. En la ciudad, trabajó como enfermera y participó de la extensión de la agrupación Mujeres Libres en esta. Acabada la guerra, consiguió eludir la cárcel al utilizar un pseudónimo, Carmen Delgado. Con otras libertarias formó la Unión de Mujeres Demócratas (UMD), organización clandestina de apoyo a presos y sus familias. En Valencia, además, montó un quiosco junto con Angustias Lara, otra compañera libertaria, en cuya trastienda distribuían prensa anarquista.

40 Joan W. Scott: «El eco de la fantasía: la historia y la construcción de la identidad», Ayer, 62 (2006), pp. 111-138.

41 Entrevista a Llum Sanfeliu realizada por el autor (10 de marzo de 2015): «Había un hombre mayor que se llamaba Floreal, que vivía en la calle Murillo, que tenía dos hijas y que era un histórico de estos de la guerra ¡Ya ves tú, que ya le llamaba Floreal! Ehhh... y que, bueno, íbamos a escucharlos horas y horas y horas sobre aquellos temas que ellos tenían... sobre todo temas sindicales, pero también muchos temas relacionados con el naturalismo, ¿eh? Ese tipo de cosas... Recuerdo que era lo que a mí me llamaba la atención. Ahí ya nos contaban, porque la gente mayor casi toda había sido casi toda de la FAI, de algún grupo de la FAI, pues estos de algún grupo naturista, y nos contaban [...] todo eso» (traducción propia). Llum Sanfeliu nació en Tavernes Blanques en 1956. Con diecinueve años entró a trabajar, siguiendo los pasos de su padre, en la Caja de Ahorros de Valencia, a la vez estaba cursando también la licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia. Fue en esos momentos cuando se implicó en la reconstrucción del Sindicato de Banca de la Federación Local de Valencia de la central anarcosindicalista CNT.

42 Ibid.: «cantando, porque aprendimos, yo aprendí, que me las aprendí con el significado, lo de A las barricadas, lo de Hijos del pueblo.. mucha música todo el rato del momento República, momento CNT» (traducción propia).

43 Entrevista a Josep Felip realizada por el autor (14 de febrero de 2018): «empezamos nosotros también a ver en los orígenes que existía, que cosas tenía sentido reflotarlas» (traducción propia). Josep es original de Castelló y formó parte del núcleo de la CNT de 1972. Con la reorganización de la CNT en 1976 se integró en el Sindicato de Químicas de la FL de Valencia. Ocupó la Secretaría de Organización del CR desde 1977 hasta que se produjo la escisión de 1979-1980 (con excepción del tiempo que pasó haciendo del servicio militar). Formó parte también del grupo reorganizador de la FAI.

44 Svetlana Boym: El futuro de la nostalgia, Madrid, Machado Libros, 2015, p. 19.

45 Lidia Mateo y Zoé de Kerangat: «The limits of remembrance during the Spanish Transition: Questioning the “Pact of Oblivion” through the analysis of a censored film and mass-grave exhumation», Memory Studies, 2018, pp. 1-22.

46 Paloma Aguilar y Leigh A. Payne: El resurgir del pasado en España. Fosas de víctimas y confesiones de verdugos, Barcelona, Taurus, 2018, p. 19.

47 «Prohibido homenaje de la CNT», Levante, 21 de julio de 1979.

48 Pedro Piedras: La siega del olvido. Memoria y presencia de la represión, Madrid, Siglo XXI, 2012.

49 Entrevista a Fernando realizada por el autor (19 de agosto de 2017). Fernando estaba en el instituto en los años de la «transición». Se afilió, primero, a la CNT-CV, pero unos pocos años después pasó a la CNT-AIT. Formó parte del Ateneu Llibertari Llibertat y de Radio Libertaria. Se vinculó al MOC desde su aparición hasta la actualidad.