Ayer 132 (4) 2023: 13-21
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2023
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2006
© Francisco Javier Ramón Solans
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Presentación
Francisco Javier Ramón Solans
Universidad de Zaragoza
fjramon@unizar.es
El siglo xix ha sido representado durante mucho tiempo bajo un solo prisma, aquel de las revoluciones, el progreso y la secularización. Todo aquello que no encajaba dentro de la explicación de una victoria arrolladora de la modernidad política liberal quedaba en los márgenes, como una rémora de un pasado que se resistía a dejar de existir o, en el mejor de los casos, como un elemento excepcional, la constatación de una paradoja que no distorsionaba en nada el curso conocido de la historia. Sin embargo, en las últimas décadas, la historiografía ha cuestionado este paradigma para mostrar una realidad mucho más compleja, aquella de una modernidad desencantada, marcada por numerosas persistencias, readaptaciones y reinvenciones 1.
En esta línea de renovación historiográfica, la religión se ha revelado como un terreno particularmente fértil, ya que su estudio se había visto especialmente distorsionado por las representaciones forjadas durante los enfrentamientos políticos de finales del siglo xix. De hecho, buena parte de los útiles heurísticos empleados para estudiar la religión habían sido fraguados durante aquella centuria. El historiador Ian Hunter ha demostrado que la idea de secularización se forjó al mismo tiempo como «concepto moderno de combate» con el que deslegitimar el monopolio religioso. Las teorías de los grandes pensadores sociales —desde Auguste Comte hasta Émile Durkheim, pasando por Max Weber o Ernst Troeltsch— se contagiaron del enfrentamiento público en torno al papel de la religión en la esfera pública y asumieron como punto de partida incuestionable de sus estudios la tesis del declive de las religiones en época contemporánea 2.
En este sentido, las conocidas como guerras culturales que se libraron entre clericales y anticlericales a finales del siglo xix y principios del xx contribuyeron decisivamente a configurar nuestra propia visión de la religión en la época contemporánea 3. A la luz de las disputas y visiones políticas del fin-du-siècle se reinterpretó el papel de la religión en toda la centuria. En este sentido, el historiador norteamericano Dale van Kley se quejaba de los efectos que habían tenido estas disputas en el estudio de la religión en la era de las revoluciones, ya que tanto aquellos liberales de izquierdas que se reclamaban herederos de 1789 como la derecha católica coincidieron a la hora de eximir a la religión de cualquier posible papel en el origen de la Revolución francesa 4.
En las ciencias sociales ha pervivido durante mucho tiempo la imagen de que nación y religión eran dos conceptos incompatibles cuanto no antinómicos. Este antagonismo se basaba en la atribución a la religión de dos rasgos que le impedían contribuir al desarrollo de identidades nacionales: universalidad y antimodernidad. En lo que respecta al primero se entendía que la lealtad a una autoridad religiosa supranacional planteaba un claro límite al desarrollo de una identidad nacional de carácter confesional 5. Esta percepción vendría reforzada por las críticas que algunos líderes religiosos vertieron contra el nacionalismo. Con frecuencia se suele aludir al Syllabus Errorum (1864) en el que el papa Pío IX condenaba los juramentos religiosos rotos por «amor a la patria». Sin embargo, en este tipo de textos, lo que se censuraba no era el nacionalismo religioso, sino la supeditación de los intereses eclesiales a los estatales y/o la intromisión gubernamental en asuntos que se consideraban espirituales.
En primer lugar, conviene recordar que esta tensión entre una vocación universal y una articulación nacional no es patrimonio del espacio religioso y que también atraviesa otros movimientos sociales y políticos. Entre otros ejemplos se podrían mencionar las contradicciones manifiestas entre una declaración de derechos universales y su restricción en una definición de una ciudadanía que los disfruta o el caso de la ruptura del internacionalismo del movimiento obrero durante la Primera Guerra Mundial. Además, esta vocación transnacional, como está demostrando la historiografía reciente, lejos de ser un obstáculo para los procesos de nacionalización puede suponer un aliciente al proporcionar no solo modelos y referentes, sino también al reforzar la identidad nacional, alimentando ensoñaciones imperiales o proyectos de hegemonía política, militar o cultural 6.
La vocación universal no supuso ningún obstáculo para la nacionalización de las diversas iglesias protestantes y la Iglesia católica. Estas iglesias no solo se adaptaron y acomodaron a las nuevas estructuras nacionales, sino que contribuyeron al desarrollo de identidades nacionales confesionales. Lejos del modelo de la separación entre Iglesia y Estado, en el siglo xix la mayor parte de las naciones europeas adoptaron soluciones confesionales y las Iglesias adoptaron un claro perfil nacional y/o estatal, como sería el caso de la Iglesia anglicana en Inglaterra o las diversas iglesias luteranas en Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.
Con frecuencia, la Iglesia católica ha sido descrita como el ejemplo paradigmático de incompatibilidad entre nación y religión, dada la centralidad que tiene Roma y el papa para los creyentes de todo el mundo. Sin embargo, esto implica no comprender del todo las dinámicas de una institución que en muchos sentidos puede considerarse única en la historia, ya que es a la vez una confesión religiosa y un Estado con representación diplomática en todo el mundo; una confesión capaz de conjugar una fuerte vocación universal con una extraordinaria capacidad de adaptación e inserción en lo local.
Además, las mencionadas objeciones con respecto a la fidelidad al papa no tienen en cuenta que las relaciones entre la Santa Sede y el resto del mundo se vieron profundamente modificadas a lo largo del siglo xix. Al comenzar la centuria, para los católicos la figura del papa resultaba mucho más lejana, tanto física como simbólicamente, que la del rey. Durante el siglo xviii las monarquías habían reforzado y consolidado sus prerrogativas sobre la Iglesia católica, atribuyéndose derechos en la designación de la jerarquía religiosa, siendo capaces de restringir el contenido y la circulación de documentos papales, limitando el desarrollo de órdenes religiosas e incluso interviniendo en la reforma de sus asuntos materiales y espirituales. En la era de las revoluciones, estas estructuras eclesiales estatales, así como las cosmovisiones que las legitimaban favorecieron la transición de soberanía de una monarquía católica a una nación católica 7. Este cambio permitió en algunos países de raíz católica como el reino de las Dos Sicilias, España o las repúblicas hispanoamericanas una temprana nacionalización de la Iglesia católica, así como el desarrollo de marcos constitucionales que reafirmaban la confesionalidad de la nación y la intolerancia religiosa 8.
Al igual que otras confesiones, el catolicismo experimentó durante el siglo xix un proceso de globalización, homogeneización, jerarquización y centralización de las estructuras eclesiales en torno al papa 9. Sin embargo, la consolidación de esta fidelidad transnacional tampoco fue un obstáculo para el desarrollo de un nacionalismo religioso como prueban varios artículos de este dosier. De hecho, en el caso de la Península itálica en 1848, la figura del papa se convirtió durante un breve lapso de tiempo en la bandera de la lucha nacionalista italiana.
Un segundo conjunto de objeciones se fundaría en la idea de que la nación constituye un elemento fundacional de la modernidad política mientras que la religión es un resto atávico del pasado, incompatible con las nuevas identidades políticas. Dentro de las narrativas de la modernización, la nación desempeñaba un papel clave, ya que o bien contribuía a la secularización, o bien ocupaba el espacio dejado por el declive de las religiones 10.
En los últimos años, las ciencias sociales, primero, y la historiografía, después, cuestionaron esta visión dicotómica proponiendo la existencia de nacionalismos religiosos 11. Para estos estudios fueron decisivas las revisiones del paradigma de la secularización como consecuencia del espectacular desarrollo de movimientos político-religiosos en la década de 1980 12. Las ciencias sociales constataron que el mundo seguía siendo religioso y que la modernidad había generado también modernos y potentes movimientos de contra-secularización capaces de inspirar identidades nacionalistas.
De hecho, el primer trabajo monográfico sobre el nacionalismo religioso, The New Cold War? (1993) se concentró precisamente en estos movimientos políticos de finales de la Guerra Fría. Su autor, el sociólogo americano Mark Juergensmeyer, los interpretaba como una reacción al desarrollo de nacionalismos seculares en diversas partes del mundo 13. Pronto este enfoque fue ampliado tanto cronológicamente como metodológicamente, incluyendo el estudio de discursos, símbolos y prácticas religiosas que servían para articular estas identidades nacionales 14.
Asimismo, esta reevaluación del papel de la religión coincidió con las críticas al paradigma modernista que hacía del nacionalismo el producto exclusivo de los procesos asociados a la modernidad. Frente a estas visiones, las corrientes etno-simbólica o perennialista subrayaron la importancia de ciertos elementos pre-modernos en la configuración de modernas identidades nacionales. Dentro de esta línea, la religión desempeñó un papel central, ya que no solo ofreció un fértil sustrato cultural (discursos, símbolos, mitos y prácticas) sobre el que articular y movilizar identidades nacionales, sino que también contribuyó decisivamente a la homogeneización cultural de la nación 15.
El desarrollo historiográfico de los estudios sobre el nacionalismo religioso fue algo más tardío. Las excepciones la constituyen aquellos trabajos dedicados a movimientos nacionalistas entre finales del siglo xix y la primera mitad del siglo xx como el nacionalcatolicismo en España 16. Por ello, resultaron fundamentales los dos volúmenes colectivos coordinados por Heinz-Gerhard Haupt y Dieter Langewiesche, ya que ofrecían por primera vez una visión de conjunto del papel que desempeñaron las religiones en la articulación y consolidación de diversos proyectos nacionalizadores en Alemania y Europa. Tanto las autoridades políticas como religiosas entendieron desde muy pronto los enormes beneficios, así como las extraordinarias complicaciones y contradicciones, que se derivaban de asociar las Iglesias con el desarrollo de identidades nacionales 17.
En esta línea, el presente dosier plantea la necesidad de realizar un balance sobre las relaciones entre nacionalismo y religión en el siglo xix, explorando las aparentes contradicciones que existen entre catolicismo universal y su declinación nacionalista, entre liberalismo y nacionalismo confesional, independencias e intolerancia religiosa o entre revolución liberal y cruzada nacionalista. Con ello, este monográfico pretende superar esta interpretación paradójica y mostrar una realidad mucho más compleja, aquella de las diversas y fecundas relaciones entre nacionalismo y religión en el siglo xix.
Para abordar estas cuestiones, los tres primeros artículos nos ofrecen tres panorámicas sobre las relaciones entre nación y religión en España (María Cruz Romeo y Jesús Millán), Europa (Ignazio Veca) y las repúblicas hispanoamericanas (Gregorio Alonso). En el primer artículo se propone una revisión de las conexiones entre nación, religión y ciudadanía a lo largo del siglo xix, desde el surgimiento de un modelo confesional e intransigente de raíz contractualista en el que la nación se reconocía como católica y, por tanto, con capacidad para reformar a la Iglesia, hasta la crisis de este modelo y la reformulación de la nación católica en clave de estabilización social y orden.
La segunda contribución de Ignazio Veca nos acerca al surgimiento de la idea de nación católica en el marco del catolicismo postrevolucionario, así como a su dificultosa acomodación el magisterio pontificio. Se centra especialmente en la movilización de esta idea por el neogüelfismo italiano, que pretendía no solo construir una Italia en torno al papa, sino también transformar al soberano pontífice en árbitro de la paz y libertador de los pueblos y naciones oprimidas. Por su parte, el texto de Gregorio Alonso nos ofrece una completa y compleja revisión de las independencias hispanoamericanas para subrayar la importancia que tuvo el catolicismo y la intolerancia religiosa en el nacimiento y configuración de estas nuevas naciones católicas. Para ello se evidencian las continuidades y rupturas con respecto al mundo colonial y se destacan los lenguajes, símbolos e instituciones católicas que fueron utilizados durante las guerras de independencia con el fin de sacralizar las nuevas naciones católicas.
Tras estas visiones panorámicas, los tres siguientes artículos del dosier ofrecen nuevas perspectivas sobre tres aspectos hasta ahora insuficientemente explorados: la idea de cruzada, las políticas del pasado y el regionalismo. Daniele Menozzi nos ofrece un minucioso análisis sobre cómo los nacionalistas italianos utilizaron el discurso de cruzada para apoyar la insurrección milanesa contra el Imperio austrohúngaro en marzo de 1848. Durante este primer momento, el papa mantuvo una actitud ambivalente que favoreció la legitimación de la expedición militar en dichos términos.
A continuación, se explora la relación entre nacionalismo, políticas del pasado y catolicismo a través del estudio de conmemoraciones, contra-conmemoraciones y monumentos impulsados por sectores católicos durante las guerras culturales europeas (Javier Ramón Solans). Finalmente, el último texto analiza cómo se conjugan identidades religiosas, regionalistas y nacionalistas en País Vasco y Flandes a través del papel de los sacerdotes como «santos culturales» (Barbara van der Leeuw).
Con ello, este dosier ofrece una completa y actualizada síntesis interpretativa del desarrollo de nacionalismos religiosos en España, Europa y América, a la vez que ofrece nueva luz sobre la utilización en clave nacionalista del discurso de cruzada y la relación entre religión, políticas del pasado y regionalismo. Por último, más allá del estudio del siglo xix, este número monográfico supone una contribución al estudio del complejo y plural engarce entre religión y el surgimiento de identidades nacionales que nos permita superar visiones dicotómicas y entender la pluralidad de proyectos nacionalistas que se articularon desde los albores de la contemporaneidad.
1 Véanse, entre otros, los recientes balances de Emmanuel Fureix y François Jarrige: La modernité désenchantée. Relire l’histoire du xixe siècle français, París, La Découverte, 2015, y Pedro Rújula y Javier Ramón Solans (eds.): El Desafío de la Revolución. Reaccionarios, antiliberales y contrarrevolucionarios (siglos xviii y xix), Granada, Comares, 2017.
2 Ian Hunter: «Secularization: The Birth of a Modern Combat Concept», Modern Intellectual History, 12 (2015), pp. 1-32. La propia idea actual de religión es un producto de las dinámicas decimonónicas, véase Tomoko Masuzawa: The Invention of World Religions. Or, How European Universalism Was Preserved in the Language of Pluralism, Chicago, The University of Chicago Press, 2005.
3 Para las guerras culturales, véase el clásico Christopher Clark y Wolfram Kaiser (eds.): Culture Wars. Secular-Catholic Conflict in Nineteenth-Century Europe, Cambridge, Cambridge University Press, 2003.
4 Dale van Kley: Los orígenes religiosos de la Revolución francesa. De Calvino a la constitución civil (1560-1791), Madrid, Encuentro, 2002, p. 24.
5 Véase, por ejemplo, José Álvarez Junco: «El conservadurismo español: entre religión y nación», en Luis Castells (ed.): Del territorio a la nación Identidades territoriales y construcción nacional, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006, pp. 39-64.
6 Gustavo Alares y Javier Moreno Luzón: «Conmemoraciones e identidades (trans)nacionales, entre España y América Latina», dosier en Mélanges de la Casa de Velázquez, 50(2) (2020).
7 José María Portillo Valdés: «De la monarquía católica a la nación de los católicos», Historia y Política, 17 (2007), pp. 17-35.
8 Maurizio Isabella: «Citizens or Faithful? Religion and the Liberal Revolutions of the 1820s in Southern Europe», Modern Intellectual History, 12 (2015), pp. 555-578, y Gregorio Alonso: «A Transatlantic Loyalty in the Age of Independence: Catholicism and Nation Building in Spain and Latin America», en Paul Garner y Angel Smith (eds.): Nationalism and Transnationalism in Spain and Latin America, 1808-1923, Cardiff, University of Wales Press, 2017, pp. 45-67.
9 Una visión general en Christopher A. Bayly: El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914, Madrid, Siglo XXI, 2010.
10 Alain Dieckhoff : «Nationalisme», en Régina Azria y Danièle Hervieu-Leger (eds.): Dictionnaire des faits religieux, París, Presses Universitaires de France, 2010, pp. 787-793; Rogers Brubaker: «Religion and nationalism: four approaches», Nations and Nationalism, 18(1) (2012), pp. 2-20, y Jonathan Eastwood: «Religious Nationalism», en Mark Juergensmeyers y Wade Clark Roof (eds.): Encyclopedia of Global Religion, vol. 2, Londres, Sage, 2012, pp. 1082-1089.
11 Un balance en Javier Ramón Solans: «Patronas de la nación. Devociones marianas y nacionalismo en la España Contemporánea», en Xavier Andreu Miralles (ed.): Vivir la nación. Nuevos debates sobre el nacionalismo español, Granada, Comares, 2019, pp. 129-152, esp. pp. 129-130.
12 Peter L. Berger: «Le désecularisation du monde: un point de vue global», en Peter L. Berger (dir.): Le réenchantement du monde, París, Bayard, 2001, pp. 13-36.
13 Mark Juergensmeyer: The New Cold War?: Religious Nationalism Confronts the Secular State, Berkeley, The University of California Press, 1993.
14 Peter van der Veer: Religious Nationalism: Hindus and Muslims in India, Berkeley, University of California Press, 1994, y Peter van der Veer y Harmut Lehmann (ed.): Nation and religion. Perspectives on Europe and Asia, Princeton, Princeton University Press, 1999.
15 Véase el pionero trabajo de Anthony D. Smith: The Ethnic Origin of Nations (1986), Oxford, Wiley-Blackwell, 1991, así como íd.: Chosen Peoples. Sacred Sources of National Identity, Oxford, Oxford University Press, 2008. Una visión más radical que llegaba a hablar del origen medieval de la nación, Adrian Hastings: La construcción de las nacionalidades, Madrid, Cambridge University Press, 2000. Tanto para el balance de estas corrientes, como para la idea de homogeneidad cultural religiosa, véase Roger Brubaker: «Religion and nationalism...», pp. 2-20.
16 Alfonso Álvarez Bolado: El experimento del nacional-catolicismo (1936-1975), Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1976, y Alfonso Botti: Cielo y dinero. El nacionalcatolicismo en España (1881-1975), Madrid, Alianza Editorial, 1992. Un balance en Joseba Louzao Villar: «Nación y catolicismo en la España contemporánea. Revisitando una interrelación histórica», Ayer, 90 (2013), pp. 65-89. Un caso similar que ha recibido atención recientemente ha sido el Polak-Catolik en Polonia, véase un balance en Geneviève Zubrzycki: The crosses of Auschwitz: nationalism and religion in post-communist Poland, Chicago, University of Chicago Press, 2006. En el contexto de la Europa de entreguerras vemos el desarrollo de movimientos ultranacionalistas fascistas de corte religioso, Roger Griffin: «The “Holy Storm”: “Clerical Fascism” through the Lens of Modernism», Totalitarian Movements and Political Religions, 8(2) (2007), pp. 213-227.
17 Heinz-Gerhard Haupt y Dieter Langewiesche (eds.): Nation und Religion in der deutschen Geschichte, Frankfurt, Campus 2001; e íd. (eds.): Nación y religión en Europa. Sociedades multiconfesionales en los siglos xix y xx, Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 2010. Dos recientes balances sobre esta línea de estudio en España, en Joseba Louzao Villar y José Ramón Rodríguez Lago: «Religión y nacionalización. Una aproximación desde la historia española», en Félix Luengo Teixidor y Fernando Molina Aparicio (eds.), Los caminos de la nación, Granada, Comares, 2017, pp. 53-76, y en el dosier coordinado por Gregorio Alonso: «Benditas banderas: nacionalismo y catolicismo en la modernidad hispanoamericana», en Rúbrica contemporánea, 9(17) (2020).