Ayer 111/2018 (3): 79-107
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2018
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/111-2018-04
© Francisco J. Leira-Castiñeira
© Andrés Domínguez-Almansa
Recibido: 26-01-2017 | Aceptado: 07-09-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Reclutados para ganar. Movilización y respuesta de «los soldados de Franco»*
Francisco J. Leira-Castiñeira
Universidade de Santiago de Compostela
francisco.leira@live.com
Andrés Domínguez-Almansa
Universidade de Santiago de Compostela
andres.dominguez@usc.es
Resumen: El 8 de agosto de 1936 el ejército sublevado inició un reclutamiento militar que duró toda la Guerra Civil. En el artículo se explica el contexto en el que se produjo la movilización. Caracterizado por la instauración de un nuevo poder a través de la violencia política y la movilización de todos los recursos humanos y económicos. También se tienen en cuenta las respuestas de los llamados a filas, produciéndose casuísticas diversas en un escenario de terror. Lo que conlleva una participación forzosa, alejada de la imagen de colaboración difundida por la propaganda del nuevo régimen.
Palabras clave: Guerra Civil Española, reclutamiento, soldados de Franco, movilización, ejército sublevado, golpe de Estado.
Abstract: On August 8, 1936 the rebel army instituted a military conscription program that was to last throughout the Spanish Civil War. The article explains the context in which this took place. The program established a new power that repressed and mobilized human and economic resources. The article also takes into account the attitudes of the call-ups, who exhibited diverse reactions within a climate of terror. The reality of forced-recruitment was far removed from the image of collaboration deployed by regime propaganda.
Keywords: Spanish Civil War, recruitment, Franco soldiers, mobilization, nationalist army, coup d’état.
«Millares y millares de jóvenes, de hombres de esta generación en puertas de la que hará entregarse al mañana español, luchan hoy en los frentes de combate. ¡Todo olvidado! ¡Todo pospuesto por el honor y la salvación de España!» 2. Este fragmento del artículo «Rumbo de la nueva España», publicado en La Ametralladora, periódico que se repartía en las trincheras del ejército sublevado, evidencia el objetivo de movilizar y cohesionar a los soldados a través de la pulsión nacionalista. Se acentuaban los valores que los combatientes debían representar en el nuevo régimen político: la masculinidad; la camaradería como epílogo de la lucha de clases, primero en el frente y posteriormente en el seno de la comunidad nacional, y la palingenesia del imperio tras el fin de la contienda 3.
La Guerra Civil Española se convirtió en el hito fundacional del régimen franquista 4 porque su legitimidad política estaba asentada en el Parte de la Victoria del 1 de abril de 1939 5. La propaganda convirtió al soldado y a los muertos del bando sublevado en la imagen de la nueva sociedad surgida de las cenizas de la guerra. Una construcción retórica que tuvo su punto álgido durante la posguerra con la «literatura de Cruzada», pero que se fue construyendo a lo largo del conflicto 6. El recluta se convirtió en un excombatiente franquista y los muertos en combate pasaron a ser mártires de la Cruzada patriótica, una simplificación narrativa que pervivió y empleó no solo la dictadura, sino también la oposición antifranquista. La utilizaron para construir fidelidades políticas perdurables con el fin de conseguir sus objetivos 7. Se redimensionó cuando el régimen obligó a los combatientes desmovilizados a adoptar una actitud complaciente para optar a los beneficios derivados de la participación en la contienda 8. Una imagen estereotipada producto de la propaganda de la dictadura que la transición y la democracia no modificaron. Frente a esta distorsión acomodada a discursos heredados del pasado, el objetivo de este trabajo es presentar una narración histórica compleja no del ejército franquista, sino de «los soldados de Franco».
El contexto espacial es el territorio gallego, uno de los primeros que controlaron los golpistas. Galicia se convirtió en espacio de ensayo del aparato represivo, propagandístico y de movilización civil y militar del nuevo poder. Desde los inicios del régimen, las principales cabeceras periodísticas mostraban una Galicia entregada al Movimiento Nacional. Fervor contado en Galicia en guerra (1938) del falangista Luís Moure Mariño: «Todo el pueblo gallego salió hacia los frentes, empujado por su capacidad emotiva para sentir la gran hora de España» 9. Pero no fueron millares de jóvenes los que se lanzaron a defender a España. La movilización civil fue tan insuficiente que las autoridades golpistas tuvieron que iniciar, desde la temprana fecha del 8 de agosto de 1936, un proceso de reclutamiento militar obligatorio que duró todo el conflicto. Afectó a todos los reemplazos comprendidos entre los años 1928-1941, un grupo profundamente heterogéneo en lo social, político, cultural, generacional o su lugar de procedencia. La necesidad de hacer un nuevo relato sobre este colectivo implica entender las guerras civiles como la suma de conflictos sociales, con una línea divisoria muy difusa 10.
El comportamiento y sentir de la sociedad gallega ante el golpe de Estado está relacionado con el proceso previo de formación de una sociedad civil diversa y dinámica donde convivían diferentes organizaciones y cosmovisiones ideológicas. A lo que hay que añadir el complejo análisis de las lealtades políticas, que fluctúan en función del marco social en el que interactúan los individuos. Las identidades sociopolíticas no son fijas ni asumidas conscientemente o de manera dogmática, ya que influye el espacio de socialización, las relaciones personales con la política local y estatal e incluso conflictos inter y extracomunitarios transmitidos a través de la memoria. Además, existen sectores de la sociedad, difíciles de precisar en términos cuantitativos, que no participan en la vida política o lo hacen en contadas ocasiones, sin que esto signifique el desconocimiento del debate público al que pueden acceder a través de sus relaciones cotidianas 11.
Los cimientos sobre los que se construyeron las relaciones que van desde lo político a lo emocional en la España del primer tercio del siglo xx se tambalearon con el golpe de Estado y terminaron por derrumbarse a consecuencia de la guerra y su prolongada duración. Se modificaron las formas de interacción con el entorno social y político. Con el estallido de las guerras civiles se abre la caja de Pandora que guardaba todos los problemas sociopolíticos y culturales de una sociedad y surge una violencia sin precedentes 12. Tras el fracaso del golpe, la violencia se convirtió en protagonista de la vida pública, modificando las reglas de interacción social y política que habían prevalecido hasta el momento. Este escenario de terror 13 conlleva la victimización de una parte importante de la sociedad gallega, generando un escenario que debe ponerse en relación tanto con el sistema de alistamiento al que recurre el nuevo poder como las respuestas de los llamados a filas.
Galicia, el bastión de los golpistas, era en realidad una retaguardia fracturada por el terror político y la militarización y requisa de todos los efectivos humanos y económicos disponibles. El miedo, la coerción, la incertidumbre y la persecución forzaron a una generación a tomar un camino por el que no esperaba transitar, debido a que los nuevos poderes políticos la obligaron a participar en una guerra que no había provocado. Esta conscripción forzosa se hizo en el seno de una sociedad civil heterogénea y en un escenario de violencia desmedida, sin despreciar la importancia que tuvo el apoyo activo y pasivo al golpe en determinados sectores de la sociedad. Al tratar de mostrar actitudes diferentes ante el reclutamiento, se pretende poner en duda el mito de una juventud entregada a la defensa de la España que habían construido en su imaginario político los sublevados. En definitiva, complejizar el relato sobre nuestro pasado reciente para poder entender el conflicto, la concordia, la diversidad y las contradicciones inherentes a toda sociedad.
En definitiva, los objetivos del artículo son explicar el proceso de movilización militar forzoso y ponerlo en su contexto, caracterizado por una inusitada y radical violencia política. La finalidad es correlacionar ambos fenómenos, generados por el ejército insurgente, para comprobar sus consecuencias. No entrelazarlos, pero sí ver cómo de forma paralela se desarrollaron dos procesos y cómo afectó a los que luego fueron soldados. En segundo lugar, también se pretende explicar las actitudes sociales y del estamento militar durante el alistamiento. Una retaguardia que, según los periódicos, estaba volcada con los golpistas, pero que realmente estaba fracturada y silenciada por la violencia y en la que el estamento militar se encontró, a causa de la duración de la guerra, con la obligación de crear un ejército procedente de una sociedad plural. En definitiva, se trata de mostrar cómo la realidad fue más compleja y cómo distintos procesos que se desarrollaron de forma paralela influyeron tanto a nivel social como institucional.
Asimismo, se aborda el debate sobre la movilización bélica. Al contrario de lo defendido para el caso de las guerras mundiales, la Guerra Civil presenta diferencias. No se trata de una contienda entre naciones, por lo que el componente nacionalista debe ponerse en cuestión para entender la acción social 14. No se desecha, debido a que también existieron por ambos bandos, las pulsiones ideológicas por parte de los soldados movilizados, al contrario de lo defendido por Sönke Nietzel para la Alemania nazi o por Michael Seidman para el caso español 15. El último, resta importancia al proceso de socialización previo al golpe y ambos individualizan en exceso las actitudes sociales, que están condicionadas por un escenario 16. Hubo soldados que apoyaron y realizaron una resistencia al golpe, desorganizada en un primer instante, pero que forman un grupo de actuación que es necesario tener en cuenta 17. Por eso, esta investigación, en un primer instante, se centra en explicar el contexto en que se desarrolló este proceso de conscripción militar, sin el cual sería imposible entender sus resultados. El último epígrafe se centra en quienes fueron a la fuerza al frente siendo contrarios ideológicamente a los golpistas, porque son los que demuestran al no existir datos cualitativos como el ejército sublevado tenía como único objetivo reclutar para ganar la guerra. En paralelo, se expone cómo en ocasiones el pensamiento político no mostraba coherencia con el comportamiento que tuvieron los combatientes. De esta forma, se propone un relato más complejo, donde la nueva realidad sociopolítica trastoca identidades y promueve nuevas y diversas respuestas.
El 10 de agosto de 1936 todos los jóvenes de entre veintiuno y veinticinco años de edad residentes en Galicia recibieron la noticia de su militarización por parte de las fuerzas insurgentes. La Casa del Ayuntamiento, la Iglesia y los sitios más concurridos por los vecinos de cada localidad fueron empapelados con el Bando Municipal que, según el Decreto núm. 29, del 8 de agosto, obligaba a prestar servicio en armas. Por el mismo se obligaba a la incorporación a filas de todos los individuos pertenecientes a los reemplazos de 1933 y 1934, y los que estaban en sus casas por permiso y exentos de cupo del reemplazo de 1935. Según el Anuario Estadístico de la República de 1935, los reemplazos gallegos de 1933 y 1934 sumarían una cifra comprendida entre 23.000 y 25.000 individuos sujetos a movilización, lo que supondría que el 8 de agosto de 1936 el nuevo poder político había militarizado entre 69.000 y 75.000 hombres.
La ciudadanía gallega vivió el golpe con incertidumbre o expectación, evidentemente sin consciencia de su transcendencia. Así, los llamados a filas el 10 de agosto tenían como referencia más cercana una contienda armada muy breve que en algunos lugares llegó a prolongarse hasta cuatro días. La comarca de Ferrol fue un escenario de guerra entre militares leales a la República y golpistas. Ferrol era la capital de la Comandancia Marítima del Cantábrico, por lo que los enfrentamientos fueron especialmente duros en su Arsenal Militar, donde estaban destinados una parte relevante de los buques de la Armada. Del mismo modo, se involucraron grupos de civiles en la resistencia ante los insurgentes, como también sucedió de forma muy destacada en A Coruña y Vigo. Ciudades en las que tenía una fuerte implantación el movimiento obrero. En localidades como Ribadeo, Betanzos o Tui, población limítrofe con Portugal en donde estaba destinado un grupo de carabineros que permanecieron fieles a la República, se produjeron importantes enfrentamientos bélicos 18. En definitiva, no todos los movilizados tuvieron la misma experiencia entre el 18 de julio al 10 de agosto de 1936. Unos pudieron contemplar desde la distancia o participar en estos contextos bélicos, mientras que en otras localidades los enfrentamientos llegaron en forma de rumor.
Durante estos días no se publicó prensa escrita y en la radio se escuchaban noticias contradictorias sobre el triunfo o fracaso de la intentona golpista. Con el control de las principales ciudades gallegas ese escenario bélico se transformó en una represión masiva y ocupación efectiva y violenta de todo el territorio. Los primeros juicios militares se celebraron el 20 de julio y durante los primeros cuatro días murieron en Galicia un total de 107 personas a causa de la resistencia armada y de los primeros asesinatos de las milicias creadas al calor del golpe 19. Desde el 25 de julio hasta el 8 de agosto, Galicia sufrió una violencia intimidatoria y desmoralizadora que pretendía desbaratar cualquier tipo de oposición organizada que pusiera en peligro el nuevo status quo 20. De manera paralela, se buscaba asegurar los iniciales apoyos sociales y aumentar la movilización civil en favor de la causa golpista a través de la propaganda y la asistencia social.
Cuando el 10 de agosto de 1936 los jóvenes fueron reclamados para alistarse, la nueva autoridad política ya había extendido sus tentáculos por todo el territorio gallego. Hasta esa fecha se habían abierto 217 juicios militares dirigidos principalmente a reprimir a los líderes políticos y militares opuestos activamente al golpe de Estado 21. En estas causas, con el precepto de aplicar el Código de Justicia Militar, estaban acusados de rebelión militar o auxilio a la rebelión, alcaldes y concejales opuestos al golpe o sospechosos de serlo, así como civiles que participaron en la resistencia a este. En el ámbito militar se abrieron procedimientos sumarios a todos los que no apoyaron la insurrección de manera activa, desde el general jefe de la VIII División Orgánica, Enrique Salcedo Molinuevo, a la marinería de Ferrol leal a la República, que fueron pasados por las armas 22.
Sin embargo, en algunas localidades este terror no se había materializado de forma directa durante los días que siguieron al golpe. Los nuevos poderes se fueron imponiendo geográficamente con ayuda de sus elites, tanto militares como civiles, que se hicieron con el control político en cada una de las localidades. Ciudades como Ferrol, A Coruña o Vigo sufrieron con mayor impacto la violencia político-militar, en consonancia con la resistencia al golpe. Mientras que en Santiago, Ourense y Pontevedra, la temprana apertura de causas militares fue significativamente menor (gráfico 1). La experiencia de los alistados en estos escenarios contrastaba con la de los llamados a filas en territorios en los que no se había iniciado el proceso represivo. En Cospeito o Allariz no hubo asesinatos hasta septiembre de 1936 y en Laxe, Zas, Palas de Rei, Friol, Vilalba, Xove, Oia, Poio o Xunqueira de Ambía no tuvieron lugar en ese año 23.
A partir del 10 de agosto, Galicia se convirtió en uno de los centros de recluta del ejército sublevado y, en paralelo, los gallegos, directa o indirectamente, conocieron todas las formas de violencia que se producen en una guerra total. La conscripción duró desde el 8 de agosto de 1936, con la movilización de los que habían quedado exentos por cuota de la generación que estaba haciendo el servicio militar, hasta el 7 de enero de 1939 cuando fue movilizado el cuarto trimestre de la quinta del año 1941. Entre ese periodo de tiempo se reclutaron trece reemplazos, comprendidos entre los de 1928 y 1941. Un rango generacional muy amplio, pues abarcó a personas que habían nacido entre los años 1907 y 1920. Cada reemplazo estaba dividido en cuatro trimestres en función del mes en el que habían nacido: enero-marzo el primer trimestre, abril-junio el segundo, julio-septiembre el tercero y octubre-diciembre el cuarto. Recluta en caja, servicio activo, reserva y reserva territorial eran los periodos por los que transitaba la vida militar de un individuo. Los soldados que lucharon en la guerra tuvieron que permanecer cuatro años en el ejército antes de pasar a la reserva.
La Guerra Civil provocó que, por primera vez en España, se impusiera el servicio militar obligatorio para todas las personas consideradas útiles 24. El reclutamiento fue desarrollado a través de los Ayuntamientos, las Cajas de Reclutas y los Centros de Movilización y Reserva. La Junta de Defensa Nacional aprobaba un decreto de movilización en el que se pedía la incorporación a filas de uno o varios trimestres de las quintas comprendidas entre la del año 1928 y la del 1941 25. Previamente, las autoridades municipales habían elaborado un censo de mozos comprendidos en cada uno de los reemplazos que tenían obligación de notificar a los individuos afectados y trasladarlos a la Caja de Recluta correspondiente a su área geográfica 26. El Código de Justicia Militar sancionaba duramente, mediante un sistema de multas, a las autoridades y funcionarios locales en caso de negligencia, siendo especialmente penada la falta de incorporación de individuos pertenecientes a su distrito municipal 27.
En las Cajas de Reclutas eran tallados, clasificados y verificados como aptos para el servicio en armas antes de ser destinados, mediante un sorteo, a una unidad militar. Con el transcurso de la guerra se crearon los Centros de Movilización y Reserva, donde se clasificaba a los reclutas que ya habían hecho el servicio militar, destinados después a la misma arma de su servicio en activo 28. A medida que avanzaba la guerra, los insurgentes fueron ganando posiciones, por lo que tuvieron que hacer frente al problema de los evadidos y prisioneros del campo enemigo. Para este cometido se crearon, en marzo de 1937, las Comisiones de Clasificación de Presentados y Prisioneros que se encontraban en los campos de concentración o en las cajas de recluta 29. Estas comisiones clasificaban a los individuos en afectos, dudosos y desafectos. Los afectos eran destinados a una unidad militar junto con los dudosos, que eran sometidos a una fuerte vigilancia, mientras los considerados desafectos eran recluidos en los campos de concentración o enviados a un batallón de trabajadores.
Junto con el ejército también se sublevó parte de la sociedad civil. El levantamiento militar desencadenó una movilización de contingentes civiles, integrados en milicias formadas por organizaciones que procedían de una derecha política orientada hacia el fascismo 30. Es el fracaso del golpe de Estado lo que revaloriza el papel de los civiles y la necesidad de organizar milicias 31. Aun así, esta movilización resultó insuficiente porque en el 1936 no existían mecanismos ambientales, relacionales y cognitivos suficientes para una sublevación 32, prevaleciendo un sentimiento de oposición a un levantamiento y un indiscutible apoyo ciudadano al Frente Popular. Siguiendo la teoría del free rider formulada por Marcus Olson, habría más que perder participando en la sublevación que adoptando una actitud expectante 33. En este sentido las cifras de voluntarios en Galicia fueron muy bajas, en un escenario de movilización cívica controlada por los militares, cooperadora en el control efectivo del territorio, con la ocupación de puestos de poder en el ámbito local 34.
La hegemonía del poder militar sobre el político fue incontestable. A finales de 1936, la sociedad civil gallega estaba completamente militarizada, levantando el ejército los cimientos de un nuevo orden sustentado mediante una política de aniquilación del enemigo político; de la movilización de todos los recursos humanos y técnicos, y de la propaganda, orientada a legitimar la violencia mediante la demonización del gobierno republicano y la deshumanización de sus simpatizantes 35.
La violencia política de los primeros días y la represión ejercida por los nuevos poderes se realizó de manera paralela al reclutamiento militar. Ambos procesos auspiciados y mediatizados por el ejército sublevado. Además de reprimir a los rivales políticos, silenciar a la sociedad e imponer su poder por la fuerza, la represión tuvo otra función. No se puede afirmar si era pretendida o no por los militares golpistas, pero consiguió romper cualquier tipo de red de solidaridad social que provocase una oposición masiva a la incorporación forzosa a filas, como venía sucediendo desde el siglo xix 36. El 18 de julio de 1936 cambiaron las reglas sociales vigentes. Los límites éticos mudaron y se produjo una cotidianeidad de la violencia que algunos sectores, especialmente los encargarlos de perpetrarla, llegaron a banalizar. En este contexto se produjo al menos un asesinato diario, con picos muy marcados en todos los meses (gráfico 1), así como los primeros decretos de movilización.
Gráfico 1
Muertos por represión en Galicia por días y trimestres movilizados durante el año 1936

Fuente: elaboración propia. Proyecto Interuniversitario «Nomes e Voces» y «Cuadro de reemplazos movilizados durante el Movimiento Nacional», Archivo General de la Administración (AGA), Sección de Presidencia, 65-14130.
El desconcierto en la sociedad era general, pues al abrumador peso de las cifras hay que sumar el desconocimiento por parte de los ciudadanos de lo que estaba sucediendo. Los pabellones deportivos, los locales de ocio y las casas del pueblo fueron ocupados por soldados y miembros de las milicias de Falange. A medida que pasaban los días aumentaba el número de muertos, envueltos en narraciones que magnificaban la barbarie. El asesinato de menores, mujeres embarazadas, ancianos, ejecuciones masivas, el confinamiento en las cárceles, la aplicación de las primeras sentencias a muerte por los tribunales militares o el incremento del número de personas encausadas o declarantes en los juicios militares cubrió Galicia de una capa de incertidumbre y terror. En definitiva, al terminar el año 1936 toda la sociedad gallega estaba inmersa en ese escenario de violencia, con el agravante psicológico que supone la falta de noticias. Esto provocó la proliferación de mitos relacionados con la represión como el de Amada García, condenada y aplicada la pena de muerte el 27 de enero de 1938 por, según la memoria colectiva, tejer una bandera republicana. Relato que guarda paralelismos con el que tiempo atrás se había difundido sobre Mariana Pineda, víctima del absolutismo borbónico. Por su parte, un excombatiente relataba lo siguiente:
«O primeiro día non se lle deu relativa importancia, pero ós dous ou tres días a cousa foi agravándose. Nun principio non había realmente un medo, pánico, pero ós catro, cinco ou oito días empezaron a decir, pois mira en tal sitio apareceu un cadáver, en tal sitio mataron a un fulano, en tal sitio venderon a fulano. Empezou un terror terrible. Eu recordo a primeira cousa que vin, moi desagradable, para unha persona que teña un pouco de sensibilidade: Unha señora que viña da fonte e traía una olla de barro na cabeza e dous falangistas crúzanse con ela e dinlle: ¡Arriba España!, e ela díxolles: Buenos días; e o primeiro tipo que estaba próximo a ela pegoulle un bofetón e logo mallárona toda» 37.
El nuevo poder se instauró de una forma gradual a lo largo de 1936. En julio fueron controladas las principales localidades, dominando durante los meses posteriores el resto del territorio, aumentando en este proceso el número de asesinatos (gráfico 2). Agosto y septiembre fueron los más cruentos, aprobándose nuevos decretos de movilización, continuados en octubre, y convirtiéndose en masivos y más sistemáticos a partir de noviembre, con la aprobación casi consecutiva de decretos de movilización (gráfico 2). Coincidió con el nombramiento, el 21 de septiembre de 1936, de Franco como Generalísimo de los tres ejércitos, recayendo en su figura toda la autoridad política del régimen naciente. Le siguió la creación de la Junta Técnica del Estado que aprobó el 2 de octubre la reorganización del ejército insurgente unificando las funciones de investigación y vigilancia en las provincias ocupadas, con la creación del cargo de jefe superior de Policía. Las labores de encuadramiento militar y social fueron más efectivas a partir de este momento. Comenzaba la totalitarización del territorio controlado por los insurgentes.
Sin embargo, no solo miedo quisieron instaurar los golpistas en la retaguardia 38. Paralelamente al proceso represivo y de movilización militar obligatorio se desarrolló una incipiente y sencilla política asistencial para atraerse el favor, o por lo menos la no oposición activa, de los familiares de los soldados 39. El 7 de septiembre de 1936 se creó el Servicio de Información de los Combatientes, por el que se obligaba a «todos los jefes de servicios militares y civiles, hospitales y cuerpos, tanto del ejército como de las milicias» a dar todas las facilidades y datos al personal de dicho servicio para notificárselo a sus familias. El 15 de septiembre de 1936 se restablecía el servicio de «Envíos Militares» para facilitar la comunicación entre soldados y familiares. Dos días después se publican las normas para la concesión de pensiones a favor de las familias de los jefes, oficiales y clases del ejército desaparecidos en combate 40. A lo que hay que sumar la organización del cuerpo de Beneficencia y la imposición de tributos para la guerra como el Subsidio pro Combatientes o el Día del Plato Único 41.
Junto con la implantación del terror y la conscripción militar, la propaganda fue el tercer eje de este nuevo escenario. No es objeto de este artículo detenerse en esta cuestión, sino resaltar que la misma no iba en sintonía con la realidad que presenciaron los futuros «soldados de Franco», algo que influyó en su forma de entender la guerra. Desde el inicio, la prensa pasó a manos de Falange, informando sobre la crueldad republicana y la heroicidad del ejército sublevado; un contingente militar más heterogéneo del que describían 42. En 1937, especialmente a partir de julio con la Carta de los obispos, se narraba una retaguardia pacificada y rebautizada en la fe cristiana. Unos objetivos que no podrían lograr sin los valores que representaba la milicia golpista:
«España, en estos siete meses de guerra ha dado el ejemplo más grande de unión y patriotismo que se conoce en la Historia. Se han registrado por millares los casos de abnegación, los ejemplo de emocionante heroísmo. Ejército, camisas azules y pardas, boinas rojas y boinas verdes, como un solo hombre han respondido a la llamada de la Patria en peligro. ¡Hermoso espectáculo el de la camaradería formidable entre soldados y milicianos, entre gallegos y andaluces, entre vascos y extremeños, entre la reflexiva madurez y la impetuosa juventud! Pero nada tan sorprendente como esta amistad inmensa y honda que nace en los hombres bajo los techos de ramaje de las «chavolas», conejeras humanas en donde, apretados, unidos contra el peligro y la muerte, exprimen gota a gota, cuanto de bueno y magnánimo guardan en su corazón los soldados de España» 43.
Sin embargo, la realidad distaba del relato presentado por la propaganda. Con la entrada del año 1937 se comprobaba que la guerra no acabaría en breve. El Frente de Asturias no cayó hasta
Gráfico 2
Muertos por represión y trimestres reclutados (julio de 1936-mayo de 1940)

Fuente: elaboración propia. Proyecto Interuniversitario «Nomes e Voces» y «Cuadro de reemplazos movilizados», AGA, Sección de Presidencia, 65-14130.
octubre de 1937 y las fronteras territoriales entre contendientes permanecían estables. En marzo de 1937 en un informe del Cuerpo de Orden y Vigilancia se reclamaba su unificación, debido al fracaso que, hasta el momento, había tenido su funcionamiento autónomo en las retaguardias que controlaban. Por lo que se centralizó en el encuadramiento político-militar 44. Esto explica que el 19 de abril de 1937 se aprobase el decreto de Unificación, con la constitución del partido único subordinado al poder directo de Franco.
En la retaguardia gallega las consecuencias del conflicto eran patentes a medida que avanzaba la guerra: la muerte, el presidio, la vigilancia, la desesperación, la desconfianza, la delación, el miedo o la pobreza se instalaron, formando parte del nuevo paisaje social. La unificación del Cuerpo de Policía y Vigilancia sirvió para estrechar el cerco a cualquier intento de evitar el servicio en armas, hostigando a los familiares de los potenciales reclutas. La represión también iba dirigida a los que se negaban a ir a filas. Una actuación apreciable y perdurable en la memoria de aquellos soldados, relatando uno de ellos, transcurrido mucho tiempo, cómo un compañero le rogó que pensase en su familia antes de «pasarse al enemigo» 45, recordando otro cómo su vivienda familiar estaba constantemente vigilada 46. Además, los nuevos poderes favorecían la delación tanto contra los desertores como contra los que tenían un pasado político, permaneciendo la memoria de las habituales «chivatadas» 47.
Las secuelas que iba provocando la guerra se evidenciaban en el luto por los familiares caídos en combate, en los miembros amputados de los combatientes retornados del frente o en los ojos de quienes ya licenciados no eran capaces de relatar su experiencia. En este contexto se realizó la mayor parte del reclutamiento militar, concentrado desde septiembre de 1936 a septiembre de 1937. Hasta el
Gráfico 3
Personas encausadas por un Tribunal Militar y trimestres reclutados (julio de 1936-mayo de 1940)

Fuente: elaboración propia. Proyecto Interuniversitario «Nomes e Voces» y «Cuadro de reemplazos movilizados», AGA, Sección de presidencia, 65-14130.
12 de julio de 1937 fueron llamados a filas un total de treinta y tres trimestres comprendidos entre los reemplazos de 1930 hasta 1938. Entre los días 10 y 14 de septiembre se decretó el alistamiento de todo el reemplazo de 1929, el de 1939 y los dos primeros trimestres de la quinta de 1928. Sobre esta generación recayó el peso de la Guerra Civil y la participación en los frentes más sangrientos como el de Asturias, Aragón, Cataluña o Madrid.
Unos llamamientos a filas mayoritariamente comprendidos en un espacio temporal muy concreto, realizados en una retaguardia sistemáticamente asolada por la muerte y perseguida por las causas militares. Fueron asesinadas 2.375 personas desde el 18 de julio de 1936 a octubre de 1937 48 y 4.277 fueron procesadas, a las que habría que asociar todas las vinculadas a cada juicio: delatores, testigos, familiares y vecinos. Se instaló una violencia provocadora de un terror que bloqueó o condicionó todo tipo de oposición, incluida la que se podría hacer al reclutamiento, acorde con una práctica realizada en movilizaciones de tiempos pasados 49. A partir de agosto-septiembre de 1937 y hasta el final de la guerra se mitigó la represión (gráficos 2 y 3), con la excepción del mes de julio de 1938, cuando fueron ejecutadas las condenas de muchos de los juicios previos. Esto evidenciaba un nuevo escenario: un descenso considerable del ritmo de decretos de movilización aprobados, al mismo tiempo que se cumplían las órdenes firmadas por el Caudillo en aras de reconducir y dominar la violencia en las retaguardias totalmente controladas, como el caso gallego. Sin embargo, durante este nuevo periodo fueron asesinadas 848 personas y 1.461 fueron procesadas 50. Así, aunque con otros ritmos, no se modificó el escenario en el que se realizó la movilización, con la salvedad de la memoria acumulada por la experiencia sufrida por quienes estaban o habían estado en el frente y la constatación de las secuelas físicas y psicológicas de los retornados. Lo que podría provocar adhesiones al régimen, aunque no siempre, ya que la política del terror generaba situaciones muy diversas. Como la de un soldado que a mediados de 1938 retornó a casa por ser herido de guerra y se enteró de que su hermano se había convertido en un huido perseguido por el régimen, circunstancia que su familia no le había comunicado por miedo a que adoptara una actitud acreedora de represalias en el ejército 51.
En los últimos meses de la guerra se siguieron movilizando a reemplazos, el último el 7 de enero de 1939. Fueron un total de ocho reemplazos referentes a los años 1928, 1940 y 1941, estos dos últimos conocidos como las «Quintas del Biberón», pues apenas habían cumplido los dieciséis años cuando se produjo el golpe de Estado. Para entender la movilización de estas quintas es necesario tener en cuenta una serie de factores como la incertidumbre ante el final de la guerra, la inercia de la movilización, la memoria de la represión o los lazos personales. Los de la quinta del 28 representaban a una generación en la que abundarían los padres de familia, conscientes de lo mucho que podrían perder. Esta angustia ante las responsabilidades familiares estaría menos presente en muchos de los alistados de las generaciones más jóvenes, que podrían ser más impresionables por la propaganda sublevada. Sin embargo, un representante de la quinta del Biberón recuerda visiblemente conmovido los llantos y caras de miedo de sus compañeros cuando los subieron al furgón militar 52.
El 8 de agosto de 1936 se impuso en España, por primera vez en su historia, el alistamiento militar obligatorio. En una situación excepcional, una guerra civil, es decir, una contienda contra sus propios conciudadanos. Por tanto, es preciso exponer cómo se comportó tanto la sociedad como los nuevos poderes que se erigieron en Galicia. Por parte de los golpistas, las principales políticas fueron la imposición del miedo y la vigilancia en la sociedad a través de la represión y la integración de personas que no eran afines políticamente, a medida que comprobaban que la guerra se alargaba. La ciudadanía, por el peso de la realidad vivida, se alistó masivamente, aunque dentro de esta realidad se esconden casuísticas diversas. Asimismo, durante los primeros meses muchos se escondieron o huyeron, pensando que la guerra duraría poco tiempo. Cuando comprobaron que su deseo no se cumplía se alistaron en el ejército o en las milicias de falange para sortear la represión, al ver como los nuevos poderes, ante la nueva situación de guerra total, necesitaba más hombres. De esta forma se construyó el ejército de Franco, heterogéneo social, política y culturalmente desde su formación. Porque además la sociedad de la década de los treinta conocía una exitosa participación ciudadana fraguada a lo largo del primer tercio del siglo xx mediante un asociacionismo creciente y diverso 53.
La sublevación militar fracasó porque amplios sectores de la ciudadanía española se opusieron al golpe militar. En Galicia se pueden rastrear abundantes episodios de oposición armada al golpe. Además de en las principales ciudades, también se desarrollaron en localidades más modestas, como en Teo, limítrofe con Santiago de Compostela 54. En Betanzos o Bueu, entre otras, se destruyeron puentes que facilitaba la entrada a las localidades. Desde julio a finales de diciembre de 1936, 1.453 varones de entre dieciocho y treinta años, lógicamente susceptibles de ser movilizados, sufrieron sanciones, apertura de proceso judicial, ejecuciones o paseos 55. Una cifra que, en edades próximas al reclutamiento, indica la relevancia de una oposición al golpe, quizás espontánea y sin duda mal coordinada, y, al mismo tiempo, la existencia de un importante contingente de personas cuya integración en las filas del ejército sublevado hubiese sido impensable de no existir tamaño escenario de persecución y aniquilación.
La derrota de la resistencia al golpe provocó que muchos de los que colectivamente se opusieron a los sublevados tuviesen que ocultarse, dando lugar a espacios de solidaridad capaces de supeditarse al miedo dominante. Sirviendo las bases comunitarias establecidas durante las décadas anteriores para organizar redes de socorro. Sucedía esto en un marco de desconocimiento de cuánto iba a prolongarse la nueva situación y la incertidumbre por las consecuencias que tendría, y a medida que los nuevos poderes se fueron haciendo con el control social comenzó a generalizarse entre los opositores a los golpistas la huida como única alternativa posible, dando lugar a experiencias vitales impensables poco tiempo atrás 56.
El paso de los días agravó la situación de los escapados, entre los que también habría que contar a quienes se negaban a someterse al alistamiento militar iniciado el 8 de agosto de 1936. En unos casos motivados por los acontecimientos del presente y en otros por una tradicional resistencia al servicio militar presente en toda España y muy común en el rural gallego 57. Resistencia que se venía manifestando mediante la emigración, la inutilización voluntaria o la evasión.
La suma de perseguidos políticos y evadidos de la conscripción gestó en Galicia una sociedad de prófugos, muy notoria en determinados lugares, donde se consolidaron comunidades de evadidos que en casos desembocarían en una precoz y heterogénea guerrilla. Entre otros lugares, la sierra litoral del Monte Pindo, en la costa de la provincia de A Coruña, representa un claro ejemplo de una comunidad de huidos de la violencia política y prófugos de la Marina, que interactuaban con las gentes de las localidades del entorno, caso de O Pindo, que brindaban protección y solidaridad a jóvenes procedentes del lugar y, por extensión, a quienes compartían con ellos vida en el monte.
El caso concreto del Monte Pindo y la localidad del mismo nombre, introduce un factor fundamental para entender los comportamientos frente al reclutamiento, que hay que imbricar con el de la voluntad. Se trata del contexto, la situación y oportunidad de establecer una resistencia colectiva o individual. En ocasiones, muchos quintos no tuvieron más opciones que las de integrarse en el ejército sublevado, no solo por miedo, sino porque la situación no permitía otra salida. En diciembre de 1938, con la guerra casi decantada a favor del ejército insurgente, unos 62 combatientes desertaron de una expedición de 120 mozos pertenecientes a los reemplazos del 40 y 41 que partían de Ferrol con dirección al frente 58. Tuvieron la oportunidad de desertar y eludir la represión, aunque en otros casos, no se dieron esas circunstancias como la de un escapado que en junio de 1937 volvió a su domicilio y fue abatido en la puerta de su casa por la Guardia Civil 59. Lo que evidenciaba las dificultades para eludir la movilización forzosa y que esta dependía de factores externos al pensamiento político o voluntad del soldado.
Sin embargo, lo que se pretende destacar en este artículo es que junto a las deserciones, se produjeron también actuaciones difusas de personas que primero huyeron pero finalmente a decidieron integrarse en las filas del ejército. Quizás por constatar la imposibilidad de permanecer escondido más tiempo o sintiendo en peligro a sus familiares o allegados y quizás conociendo casos reales de asesinatos perpetrados en estas circunstancias, como el de las trece personas asesinadas el mismo día en Montecubeiro (Castroverde-Lugo), hoy recordadas en un monolito erigido en el lugar, entre ellas una mujer joven y muy religiosa ejecutada por no delatar a su hermano huido.
Estos evadidos de corto recorrido que, normalmente poco tiempo después, se presentaban voluntariamente, en muchas ocasiones alegaban, que no habían sido avisados de que tenían que presentarse a filas. Actitud que parece más común en el mundo rural donde las nuevas autoridades locales semejaban tener menos poder efectivo, especialmente en los primeros meses. Ramón Ratón Vázquez permaneció más de siete meses sin incorporarse a filas alegando que no lo habían citado personalmente, cuando debería haberse presentado en el Regimiento Zamora 29 60. Es difícil cuantificar y discernir, entre los abundantes ejemplos los casos en que se trataba de un pretexto para evitar un castigo por una tentativa de fuga o de un verdadero desconocimiento de lo que ocurría, pero lo importante es destacar su abundante existencia, registrada, por ejemplo, en las muchas causas de marina abiertas por la no incorporación a filas 61.
Frente a las resistencias más o menos explícitas, también es preciso destacar abundantes casos de quienes se incorporaron al ejército como una vía para eludir una persecución política evidente. Entre los diferentes casos, el de un militante del PCE que estuvo en el monte hasta septiembre de 1938 en que fue movilizado su remplazo por lo que ingresó en el ejército para poderse, según sus palabra «escapar al bando republicano» o quizá para normalizar su situación. Se presentó en la Caja de Reclutas de A Coruña porque sabía que en Ourense y Lugo lo iban a reconocer por su actividad política, terminando en el frente de Madrid junto con otros «soldados de Franco» y al finalizar la contienda, fue juzgado y condenado a doce años de prisión, consiguiendo salvar una vida que casi con toda seguridad le hubiesen arrebatado en 1936 62. A E. R. D., militante galleguista, le dispararon fuerzas sublevadas en una acción de inicial resistencia al golpe militar, siendo posteriormente perseguido por las fuerzas de Falange. Durante un tiempo, estuvo escondido en un tanque de agua vacío, hasta que encontró la ocasión de alistarse en la Legión de la que finalmente desertó 63.
A medida que se prolongaba la guerra, aumentó la integración voluntaria en el ejército de quienes inicialmente habían decidido evadirse y la oposición al reclutamiento descendió en los últimos reemplazos. Los nuevos poderes instauraron medidas más totalitarias en el transcurso de la guerra. A comienzos del año 1937, con la reorganización del Cuerpo de Policía la vigilancia de los familiares de soldados no presentados se hacía insoportable. A partir de mediados de 1937 las Delegaciones de Orden Público cada vez tuvieron más personal y se decretó que cada desertor fuera sustituido por un hermano. Por lo tanto, se comprueba que el ejército integró en sus filas a individuos contrarios ideológicamente con el objetivo de obtener el mayor número de efectivos 64. Incorporarse al ejército empezó a considerarse como una forma de sortear una presumible represión política, porque pensaban que existía una mayor posibilidad de conservar la vida dirigiéndose hacia el frente que continuar huidos en la retaguardia. La historia de un huido, miembro de las «Guardias Rojas», que se presentó en el Gobierno Militar de Ourense posteriormente enviado a la Oficina de Transeúntes de Ourense cuando se concedió una «amnistía para los huidos», refuerza esta idea 65. Esto no era un fenómeno nuevo, pues el Tercio de Extranjeros nació como una fuerza en la que muchos convictos ingresaban para limpiar su expediente policial.
La violencia impregnó la cotidianidad de la vida en la retaguardia franquista. La fuerza de los nuevos poderes fue tal que resultó complicado adoptar acciones discrepantes. Esto tuvo su influencia en a creación del ejército insurgente. La actitud predominante fue la no resistencia, la más lógica en el escenario de terror planificado por la organización militar golpista. Evidentemente había quintos partidarios del golpe, como demuestran las cartas enviadas por el joven de Acción Católica Ignacio López, evidenciando una conformidad no extremista con los sublevados, que curiosamente se atenúa con su experiencia en el frente 66. En otros casos, las explicaciones son más sencillas, un recluta nacido en 1917 se alistó porque «na casa sempre fumos das dereitas» 67. Pero también es necesario remarcar que existió una pulsión movilizadora favorecida por el proceso de fascistización en España que llevó a jóvenes a luchar 68. Pero detrás se encontraba una variedad, difícilmente cuantificable, de casuísticas.
El grueso del futuro contingente militar procedía de una sociedad heterogénea en lo sociopolítico y cultural, dando como resultado un ejército diverso. Una realidad de la que eran conscientes los propios mandos militares tolerantes con ella puesto que en el frente lo fundamental era la organización militar para ganar la guerra. En este sentido es necesario destacar que, además de la integración en el ejército a través de la conscripción, esta también se producía cuando se tomaba una ciudad o se hacían prisioneros 69. Un escrito del Servicio de Información del ejército sublevado en enero de 1938 indica lo siguiente:
«Pues salvo hechos posteriores al movimiento que indique desafecto a nuestra causa, debe tener en cuenta que aunque haya antecedentes políticos desfavorables se trata de soldados que nos defienden con las armas en la manos y con su buena conducta actual deben y pueden esperar de nosotros el olvido de sus antecedentes políticos» 70.
Faustino Vázquez Carril luchó con el ejército sublevado hasta que cayó herido y una vez en retaguardia fue apresado y condenado a muerte por escribir un diario contrario al «Movimiento Nacional». Un diario en que, pese a un posicionamiento favorable a políticos republicanos como Manuel Azaña, no muestra la intención de desertar e integrarse en el ejército republicano 71. Quizás no lo hizo por falta de oportunidad o simplemente no se lo planteó, porque las consecuencias provocadas por el contexto represivo en retaguardia y el bélico en el frente le hacían incapaz de tomar cualquier tipo de decisión distinta a la impuesta y la seguida por el resto del grupo en el que estaba integrado. O Rey Balvís, hijo de anarquistas que tras su participación en la guerra con el ejército insurgente luego fue perseguido, por lo que huyó y llegó a convertirse en destacado líder de la guerrilla 72. Son muchos los casos representativos de esta dicotomía entre ideas y participación como soldado de Franco. Por ejemplo, el del excombatiente que culpaba de la muerte de su madre y la ruina de su padre a la barbarie orquestada por Franco o el que señalándose un ojo, velado a causa de la explosión de una granada, afirmaba que era eso lo único que le concedió Franco por dejar su juventud en un campo de batalla 73.
En las memorias escritas por José Arias se observa una realidad similar. Nacido en Cuba en 1917, hijo de gallegos emigrantes. Volvió a Galicia. Con el golpe de Estado se llevaron preso a su padre, por lo que conoció en primera persona la represión. Cuando movilizaron a la quinta del 1938 tuvo que alistarse y formar parte de las filas del ejército sublevado. Recuerda, que su principal objetivo era sobrevivir, pero sin abandonar la idea de huir al campo republicano, algo que terminó consiguiendo en el frente. Hasta que tuvo la oportunidad de conseguirlo fue un «soldado de Franco» que no realizó un acto de resistencia 74.
A partir del 8 de agosto de 1936 miles de jóvenes gallegos fueron enviados al frente para luchar en una guerra civil que no habían provocado. Una movilización que se desarrolló como consecuencia del fracasado golpe de Estado de julio de 1936. Un reclutamiento que se produjo por la necesidad de dotar de hombres a un ejército para combatir en una lucha de duración desconocida y en el seno de una sociedad heterogénea. Hasta el 9 de enero de 1939, el nuevo poder político que se fue asentando en Galicia, decretó la movilización de trece reemplazos, comprendidos entre las quintas de 1928 y 1941. Es decir, todos los varones nacidos entre 1907 y 1920, por lo que muchos soldados habían vivido la crisis de la Restauración, la imposición de la dictadura de Primo de Rivera y la llegada de la Segunda República.
Al contrario de lo que mostraba la propaganda, el ejército sublevado era heterogéneo sociopolítica y culturalmente. En Galicia se había consolidado una sociedad civil que promovió el debate público y una activa participación cívica. Memoria inmediata que influyó en la respuesta de los jóvenes sujetos a la movilización llevada a cabo por las fuerzas golpistas. Se comprobó con la resistencia, (des)organizada pero activa, de los grupos del heterogéneo espectro de la izquierda. Pero también en la oposición al alistamiento militar que, a menudo, de forma individual, realizaron muchas personas. Huían, se escondían de las demandas de los nuevos poderes, que se materializaron en forma de represión y conscripción militar. Algunos acabaron ingresando voluntariamente en las filas del ejército insurgente, con la motivación de eludir la represión o normalizar su situación, debido a que en determinados casos, la fuga no se debía a motivos políticos, sino a que simplemente no querían vivir esa experiencia.
Además, la conscripción se realizó en el contexto de extrema violencia cuyo objetivo era asentar un nuevo poder. El ejército sublevado desarrolló un proceso de militarización de la sociedad, que implantó en España por primera vez el reclutamiento obligatorio. La represión impidió que las redes de solidaridad social existentes, pudiesen impedir el correcto funcionamiento del aparato movilizador insurgente. El peso de las cifras es abrumador si se analiza desde el presente, pero a esto hay que sumarle el desconcierto que existía en la sociedad de lo que verdaderamente estaba ocurriendo. Desde que estalló el golpe en la península hasta final de 1936 murió al menos una persona en Galicia, que se suman a un total de 4699 durante el periodo de 1936-1939, así como los 2608 juicios militares abiertos 75. Una realidad que permitía pocas salidas a los individuos que, decreto tras decreto, fueron reclutados forzosamente por el régimen naciente. Fueron dos fenómenos paralelos en su funcionamiento, pero que conjuntamente tuvieron su gran repercusión, tanto en lo social como en los institucional. Sin olvidar un factor clave, la duración de la guerra que hizo que la represión se atenuase levemente, algo que ayudó a los soldados contrarios al golpe, la propia contienda y/o a los valores defendidos por los golpistas, a sobrevivir como combatientes siempre que su respuesta fuese la deseable y esperada para un poder que se hacía inmenso en su voluntad y capacidad coercitiva.
En este trabajo se pretendió centrar la atención en la fuerza del escenario represivo y cómo los individuos interactuaban con él tomando decisiones, que en ocasiones no fueron las que desearían haber tenido. El poder militar impregnó todas las esferas de la vida pública y en este escenario tuvo que actuar la generación que, desde posiciones muy diversas, ayudó a Franco a hacerse con el poder. Adaptarse parecía la actitud menos peligrosa. Galicia se convirtió en un centro de recluta. Toda la sociedad de eludir sus responsabilidades —pues en el alistamiento forzoso estaban involucrados alcaldes, secretarios de ayuntamiento, funcionarios, militares y las familias del quinto— tendrían graves consecuencias, ante un nuevo poder que no tenía escrúpulos ante el asesinato del contrario. En este escenario, los varones de una franja de edad entre los dieciséis y los treinta y tres años en 1936, tuvo que decidir qué camino tomar.
Se comprobó que la realidad sociopolítica empuja a los individuos a adoptar determinadas decisiones y que estas no siempre van en sintonía con sus convicciones sociopolíticas. En ocasiones la experiencia determina la acción política de un grupo de personas, pero precisamente por este motivo los historiadores tienen que destacar las diferentes casuísticas que pueden encontrase en un escenario de violencia como es el de una guerra civil, donde la decisión está condicionada por múltiples factores, como se ha pretendido demostrar. Hubo una oposición al reclutamiento basada en una socialización y reflexión política previa al conflicto. En unos casos, se concretó en una huida real, en otras en una tentativa de huida y en la mayoría nunca se materializaron. Es prácticamente imposible cuantificar y encuadrar las diferentes respuestas de la ciudadanía gallega ante el alistamiento, pero el mundo de los reclutados para ganar se ha revelado más complejo del elaborado por las simplificaciones discursivas del pasado y del presente.
* Este artículo se enmarca en los trabajos desarrollados en el Proyecto de Investigación A Socialización na guerra contra a República e os apoios da ditadura Franquista. Recrutamento, mobilización e participación no exército sublevado (1936-1939) (PGIDT-PXI, Xunta de Galicia) y por el Grupo de Referencia Competitiva HISTAGRA (histagra.usc.es/histagra@usc.es) (GRC2013-034).
1 Queremos agradecer la ayuda prestada por Xurxo Pantaleón.
2 La Ametralladora, 28 de marzo de 1937, p. 6.
3 Véase George L. Mosse: Fallen Soldiers: Reshaping the Memory of the World Wars, Nueva York, Oxford University Press, 1990.
4 Cfr. Antonio Cazorla: «Sobre el primer franquismo y la extensión de su apoyo popular», Historia y política: Ideas, procesos y movimientos sociales, 8 (2002), pp. 303-320.
5 Cfr. Paloma Aguilar: Memoria y olvido de la Guerra Civil Española, Madrid, Alianza Editorial, 1996.
6 Javier Rodrigo: Cruzada, paz, memoria: la Guerra Civil en sus relatos, Granada, Comares, 2013, pp. 52-54, y Ángel Alcalde: Los excombatientes franquistas, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014.
7 Cfr. Javier Rodrigo: Cruzada, paz, memoria...; Francisco Sevillano: Rojos: la representación del enemigo en el Guerra Civil, Madrid, Alianza Editorial, 2007, y Xosé M. Núñez Seixas: ¡Fuera el invasor!: nacionalismos y movilización bélica durante la Guerra Civil Española (1936-1939), Madrid, Marcial Pons, 2006.
8 Véanse Ángel Alcalde: Los excombatientes..., y Stephanie Wright: «Los mutilados de Franco: el Benemérito Cuerpo y la política social en la España franquista», Revista Universitaria de Historia Militar, 5, 9 (2016) pp. 75-92.
9 Citado en Aurora Artiaga Rego: «Movilización rebelde en el verano de 1936. Galicia, ¿una nueva Covadonga?», en Lourenzo Fernández Prieto y Aurora Artiaga Rego (eds.): Otras miradas sobre golpe, guerra y dictadura. Historia para un pasado incómodo, Madrid, La Catarata, 2014, p. 113.
10 Cfr. Sthatis Kalyvas: La lógica de la violencia en la Guerra Civil, Madrid, Akal, 2010, pp. 20-42.
11 Véase en Charles Tilly: Coerción, capital y Estados europeos, Madrid, Alianza Editorial, 1992.
12 Cfr. Sthatis Kalyvas: La lógica de la violencia..., p. 42.
13 Véanse María Jesús Souto Blanco: La represión franquista en la provincia de Lugo (1936-1940), Sada, Ediciós do Castro, 1999; Julio Prada: De la agitación republicana a la represión franquista. Ourense, 1936-1939, Barcelona, Ariel, 2006; Emilio Grandío (ed.): Anos de odio. Golpe, represión e guerra civil na provincia da Coruña (1936-1939), A Coruña, Diputación Provincial de A Coruña, 2007, y Lourenzo Fernández Prieto: «Represión franquista y desarticulación social en Galicia», Historia Social, 15 (1993), pp. 49-65.
14 Véase George L. Mosse: Fallen Soldiers... Más reciente véanse Jay Winter: Sites of Memory, Sites of Mourning: The Great War in European Cultural History, Cambridge, Cambridge University Press, 1995; Pierre Purseigle: Mobilization, Sacrifice, Citizenship, 1900-1918, París, Les Belles Lettres, 2013, y Omer Bartov: The Hitler’s Army, Oxford, Oxford University Press, 1992.
15 Sönke Nietzel y Harald Welzer: Soldados del Tercer Reich. Testimonios de lucha, muerte y crimen, Madrid, Crítica, 2012, y Michael Seidman: La victoria nacional: la eficacia contrarrevolucionaria en la Guerra Civil, Madrid, Alianza Editorial, 2012.
16 Charles Tilly: Coerción, capital..., y Doug McAdam et al.: La dinámica de la contienda política, Barcelona, Hacer, 2007.
17 En Galicia véanse Julio Prada: De la agitación republicana a la represión franquista...; íd.: «Rebelión militar y represión franquista en Galicia», Studia historica, 24 (2006), pp. 153-177, y Miguel Alonso Ibarra: «Vencer y convencer. Una aproximación a la fascistización del combatiente sublevado y la construcción del consenso en la España franquista», en Francisco Cobo Romero, Claudio Hernández Burgos y Miguel Ángel del Arco Blanco (coords.): Fascismo y Modernismo. Política y cultura en la Europa de entreguerras (1918-1945), Granada, Comares, 2016, pp. 107-123.
18 Véase Carlos Fernández Santander: El alzamiento de 1936 en Galicia: datos para una historia de la Guerra Civil, Sada, Ediciós do Castro, 2000.
19 Datos del Proyecto Interuniversitario «Nomes e Voces».
20 Cfr. Charles Tilly: Violencia colectiva, Barcelona, Hacer, 2007, p. 298.
21 Datos del Proyecto Interuniversitario «Nomes e Voces».
22 Ibid.
23 Ibid.
24 Cfr. Gabriel Cardona: El poder militar en la España contemporánea hasta la Guerra Civil, Madrid, Siglo XXI, 1983.
25 Cfr. James Matthews: Soldados a la fuerza: reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil, 1936-1939, Madrid, Alianza Editorial, 2013, pp. 69-71.
26 Con dieciocho años tenían que inscribirse en las listas del Ayuntamiento donde residieran él o sus padres/tutores. Véase Francisco J. Leira-Castiñeira: «Los “soldados de Franco”. Entre la movilización ciudadana y el reclutamiento militar obligatorio. Galicia, 1936-1939», Revista Universitaria de Historia Militar, 2, 4 (2013), pp. 16-42, esp. p. 29
27 Ibid. Son de obligada consulta Fernando Puell: El soldado desconocido: de la leva a la «mili» (1700-1912), Madrid, Biblioteca Nueva, 1996, y José Fidel Molina Luque: Quintas y servicio militar: aspectos sociológicos y antropológicos de la conscripción (Lleida, 1878-1960), Lleida, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Lleida, 1996.
28 James Matthews: Soldados a la fuerza..., pp. 69-71.
29 Movimiento Nacional, Archivo Intermedio de la Región Militar Noroeste (AIRMNO), 05.ANT37.
30 Eduardo González Calleja: Contrarrevolucionarios: radicalización violenta de las derechas durante la Segunda República, 1931-1936, Madrid, Alianza Editorial, 2011; Ismael Saz: España contra España, Madrid, Marcial Pons, 2003, y Ferrán Gallego: El evangelio fascista, Barcelona, Crítica, 2014.
31 Cfr. José Antonio Parejo: «De puños y pistolas. Violencia falangista y violencias fascistas», Ayer, 88 (2012), pp. 125-145.
32 Cfr. Doug McAdam et al.: La dinámica de la contienda..., p. 28, y Charles Tilly: Violencia colectiva, p. 20.
33 Véase Marcus Olson: La lógica de la acción colectiva, México, Limusa, 1992.
34 Cfr. Aurora Artiaga: «Movilización rebelde en el verano de 1936...», pp. 111-149.
35 Cfr. Xosé Manoel Núñez Seixas: ¡Fuera el invasor!..., pp. 271 y ss. Véanse también Francisco Sevillano: Rojos..., e íd.: Propaganda y medios de comunicación en el franquismo (1936-1951), Alicante, Universidad de Alicante, 1998.
36 Cfr. Jesús Balboa: «Soldados e desertores: os galegos e o servicio militar no século xix», en Xavier Castro y Jesús de Juana López (eds.): Mentalidades colectivas e ideoloxias. Xornadas de Historia de Galicia, Ourense, Servicio de Publicaciones de la Diputación de Ourense, 1991, pp. 51-71.
37 Entrevista a B. F. A. (1990), fondo HISTORGA, referencia 5.
38 En referencia a Miguel Ángel del Arco Blanco et al. (eds.): No solo miedo: actitudes políticas y opinión popular bajo la dictadura franquista (1936-1977), Granada, Comares, 2013.
39 Cfr. Antonio Cazorla: Las políticas de la victoria: la consolidación del nuevo Estado franquista (1938-1953), Madrid, Marcial Pons, 2000.
40 Decreto núm. 23, Restableciendo el servicio de «Envíos Militares», Boletín Oficial del Estado, núm. 3, de 15 de octubre de 1936, p. 10, y Decreto núm. 24, Concesión de pensiones a miembros del ejército desaparecidos, Boletín Oficial del Estado, núm. 4, de 17 de octubre de 1936, p. 14.
41 Julio Prada: Marcharon con todo. La represión económica en Galicia durante el primer franquismo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2015, pp. 23-44.
42 Francisco Sevillano: Rojos...; íd.: Propaganda y medios de comunicación..., y Xosé Manuel Núñez Seixas: ¡Fuera el invasor!...
43 La Ametralladora, 21 de marzo de 1937, p. 13.
44 Archivo General Militar de Ávila (AGMAV), caja (c.) 1209, carpeta (cp.) 41.
45 Entrevista a J. O. G. por Andrés Domínguez (2010), Proxecto «Nomes e Voces», fondo 4009.
46 Entrevista a Ovidio Becerra por Andrés Domínguez (2008), Proxecto «Nomes e Voces», fondo 2309.
47 Entrevista a José Garrido por Mónica Rocha (2007), Proyecto «Nomes e Voces», fondo 2297.
48 Datos del Proxecto Interuniversitario «Nomes e Voces».
49 Cfr. Jesús Balboa: «Soldados e desertores...», pp. 51-71.
50 Datos del Proxecto Interuniversitario «Nomes e Voces».
51 Entrevista a M. F. L. (1992), fondo Historga, referencia 613.
52 Entrevista a M. N. por Francisco Leira (2011), Proxecto «Nomes e Voces»-Soldados, fondo 4020.
53 Véanse Miguel Cabo: O agrarismo, Vigo, A Nosa Terra, 1998; Emilio Grandío: A Segunda República en Galicia. Memoria, mito e historia, Santiago, Nigratea, 2010, y Miguel Cabo y Xosé R. Veiga Alonso: «Una sociedad politizada en un liberalismo más que centenario», en Lourenzo Fernández Prieto y Aurora Artiaga Rego: Otras miradas sobre golpe, guerra y dictadura. Historia para un pasado incómodo, Madrid, La Catarata, 2014, pp. 51-80.
54 ATIVRM (Ferrol), C. T. 128/1936, Juzgado Militar de Santiago.
55 Datos del Proyecto Interuniversitario «Nomes e Voces».
56 Por ejemplo, Gonzalo Becerra estuvo escondido durante toda la dictadura. Véase entrevista a Ovidio Becerra por Andrés Domínguez (2008), Proxecto «Nomes e Voces», fondo 2309.
57 Cfr. Fernando Puell: Historia del ejército en España, Madrid, Alianza Editorial, 2005, pp. 47 y ss.; Gabriel Cardona: El poder militar en la España..., y Eduardo González Calleja: En nombre de la autoridad: la defensa de orden público durante la Segunda República Española (1931-1936), Granada, Comares, 2014.
58 AIRMNO, Juicios del Regimiento de Infantería Mérida 35, 1386/39.
59 AIRMNO, Juicios del Regimiento de Infantería Mérida 35, 284/37.
60 AIRMNO, Juicios Regimiento de Montaña Zamora 29, 3141/37, caja 16.
61 ATIVM (Ferrol), C. M. 257/37, Tribunal de Ferrol, y C. M. 1097/37, Tribunal de Pontevedra.
62 Entrevista a A. G. P. (1988), fondo HISTORGA, referencia 10.
63 Entrevista a E. R. D. por Natalia Novoa y Gustavo Hervella (2006), Proxecto «Nomes e Voces», fondo 2098.
64 «Reciclaje» de los prisioneros para James Matthews et al.: Soldados a la fuerza..., p. 96.
65 AIRMNO, Juicios del Regimiento de Infantería Mérida 35, 1381/39.
66 Cartas a madrina de guerra de Ignacio López, Proxecto «Nomes e Voces», fondo 5069.
67 Entrevista a J. A. G. A. (1990), fondo HISTORGA, referencia 172.
68 Eduardo González Calleja: «La violencia y sus discursos: los límites de la “fascistización” de la derecha española durante el régimen de la Segunda República», Ayer, 71 (2008), pp. 85-116. Véase también entrevista a A. V. P. (1988), fondo HISTORGA, referencia 90.
69 Véanse James Matthews: Soldados a la fuerza..., y Pedro Corral: Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar, Madrid, Debate, 2006.
70 Servicio del SIPM, Comunicación de enero de 1938, AIRMNO, 05.ANT866.
71 Emilio Grandío (ed.): Las columnas gallegas hacia Oviedo: diario bélico de la Guerra Civil Española (1936-1937) de Faustino Vázquez Carril, Baiona, Nigratrea, 2011.
72 Entrevista a Rey Balbis por Lourenzo Fernández (2006), Proxecto «Nomes e Voces», fondo 2001.
73 Entrevista a M. L. R. por Andrés Domínguez e Antonio Somoza (2010), Proxecto «Nomes e Voces»-Soldados, fondo 4004, y entrevista a A. G. D. por Francisco J. Leira (2010), Proxecto «Nomes e Voces»-Soldados, fondo 4003.
74 Daniel Lanero (ed.): Memorias de José Arias. ¿Mis «pecados»?, Santiago, Fundación 10 de marzo, 2007.
75 Datos del Proxecto Interuniversitario «Nomes e Voces».