Publicado 15-12-2002
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Resumen
Si las oraciones, rogativas y sermones fueron las armas que utilizó la Iglesia para difundir sus valores, la prensa y los diarios fueron las armas que utilizaron los revolucionarios para difundir los suyos. De este modo se confirma aquella interesante frase de «Le journalisme est une arme, le journaliste un combattant», que encabeza la nota editorial de uno de los últimos libros de Jean Paul Bertaud. Sin duda una frase muy acertada, pues los anarquistas del último tercio del siglo XIX utilizaron el periodismo como el arma principal para propagar sus ideas y para combatir una sociedad a sus ojos fuertemente injusta. Así, ya fuese para difundir las ideas socialistas, fomentar el movimiento obrero o concienciar revolucionariamente a las masas mediante llamadas de acción, los anarquistas utilizaron este arma -o, mejor dicho, medio- de información y lucha. Paradójicamente este medio había sido creado en Francia dos siglos atrás para celebrar el poder del monarca. Luis XIII, el padre del conocido rey Sol, había constatado las ventajas de la prensa escrita respecto a otras manifestaciones del poder: difundía los mensajes oficiales a un gran número de personas, rápidamente y sin costes elevados. Más de doscientos años después de la monarquía de Luis XIII, La Asociación mencionaría que la prensa había impulsado la Revolución francesa, e incluso que la imprenta la había hecho posible gracias a la Enciclopedia. No debe sorprender que el grupo La Academia dedicara dos largos artículos a difundir los grandes prodigios del invento de Gutenberg, y que acabara confirmando su necesidad para una completa emancipación del proletariado. Como arma que fue, sufrió las represalias del gobierno y durante el período de represión de la Asociación Internacional de Trabajadores en España (FRE) de 1874 a 1881 desapareció. No obstante, a pesar de la censura circularon algunas hojas clandestinas que llegaron a tener cierta presencia. A partir de 1881 los ataques a la prensa anarquista por parte del gobierno no disminuyeron y se llegó a escribir por parte de los perjudicados que «con periódicos o sin ellos, con sistemas francamente represivos ó astutamente preventivos, el mundo marcha»...