Publicado 15-09-1992
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Resumen
El siglo XIX constituye, en lo que a la institucionalización de las ciencias físico-químicas se refiere, una centuria muy particular. Fue entonces, en efecto, cuando la posición socioeconómica de la actividad científica (de la química orgánica y de la física de la electricidad especialmente) se desarrolló lo suficiente en algunas naciones europeas, al igual que en Estados Unidos, como para que se pueda decir que comenzó a introducirse, y a ser reconocida, en un gran número de «ámbitos sociales». No es, por supuesto, que no se puedan identificar rasgos que muestren «aspectos institucionales» antes del ochocientos; pensemos, por ejemplo, en la atención que la Francia ilustrada dedicó a la enseñanza científico-técnica, creando escuelas como la École de Ponts et Chaussés (1715), la École des Mines (1783) o la École Polytechnique (1794); pero por mucho que uno se esfuerce, es difícil no advertir que a lo largo del siglo XIX la relevancia social de la ciencia llegó a adquirir un grado y extensión nunca antes alcanzado...