Published 1991-12-15
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Abstract
Cuando el 14 de diciembre de 1988 España quedó paralizada por una huelga general, altos cargos de la Administración socialista, incluido algún ministro, especialmente los que habían militado activamente en el antifranquismo, y singularmente los de procedencia comunista, no pudieron evitar manifestar una notable incomodidad, un considerable malestar, e incluso frustración e irritación, al margen de la significación y de las consecuencias de la huelga en aquella coyuntura política. Y es que la huelga general había sido un elemento fundamental de la política antifranquista desde los años cincuenta, la huelga general debía ser la gran acción que culminaría un proceso ascendente de luchas sociales y políticas y que supondría el inicio del derrumbe de la dictadura...