PABLO PÉREZ TREMPS, IN MEMORIAM
Vamos camino de dos décadas de existencia de la Revista Española de Derecho Europeo, cuya efeméride, por desgracia, no podrá celebrar con nosotros y los lectores Pablo Pérez Tremps. Codirector de la Revista desde su nacimiento en el año 2002, nos abandonó en verano tras una larga enfermedad que siempre supo sobrellevar con admirable entereza y dignidad. Su pérdida se nos antoja especialmente dolorosa a quienes codirigimos con él la Revista durante tantos años, porque Pablo era para nosotros no solo un ilustre colega, sino también y, sobre todo, un íntimo amigo.
Asumida la codirección de la Revista en su condición de consumado constitucionalista y profundo conocedor del sistema europeo de integración (su obra Constitución española y Comunidad Europea, publicada por Civitas en 1994, es un clásico de nuestra literatura jurídica), supo enriquecer su contenido a lo largo de casi veinte años no solo con su propia pluma, sino con la de consagrados académicos europeístas con los que también le unía una estrecha amistad, caso de Luis López Guerra o Alejandro Saiz Arnáiz (quienes llegaron a ocupar un sillón en el Tribunal de Estrasburgo, con carácter ad hoc en el caso del segundo), y de discípulos que de su mano fueron adquiriendo un reputado reconocimiento tanto en el área del Derecho constitucional como en el del Derecho europeo, de la Unión y del Consejo de Europa (así, Itziar Gómez Fernández, Francisco Javier Donaire o Carmen Montesinos).
Nombrado magistrado del Tribunal Constitucional (donde había desempeñado la labor de letrado entre 1988 y 1991) en el año 2004, coincidiendo con la publicación de El recurso de amparo, la obra de la que se sentía más orgulloso (publicada por Tirant lo Blanch, con segunda edición en 2015), supo retomar sus tareas universitarias, una vez finalizado su mandato en 2013, con la misma humildad intelectual con la que en su momento aterrizó en el nº 6 de Domenico Scarlatti. Humildad que, junto con su jovialidad y su lealtad hacia su familia y amigos, fueron una constante en su manera de ser y perdurarán en nuestra memoria, donde a la excelencia de su obra como docente e investigador siempre acompañará, para quienes tuvimos la suerte de conocerle bien y disfrutarle, una permanente sonrisa reflejo de su sosegada felicidad.
Ricardo Alonso García
Javier Díez Hochleitner