Published 2003-03-15
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Abstract
La primera afirmación pertinente es que, durante una gran parte del siglo xx, la política mediterránea de España constituyó, de hecho, toda su política exterior. Si dejamos aparte la política hispanoamericana, que se dirigió sobre todo al terreno cultural y de propaganda, la actividad internacional española se movió en el exclusivo marco del Mediterráneo, si bien entendido éste en un sentido muy limitado, ya que «el Mediterráneo» que importa a España durante todo ese dilatado espacio de tiempo se circunscribe a un área muy específica, a saber, la más próxima a sus costas meridionales: el Estrecho de Gibraltar y el norte de África. No hay, en ningún momento, una política global mediterránea. En realidad, sería más apropiado hablar de una «política marroquí», ya que es la cuestión de Marruecos la que domina de forma absolutamente abrumadora las relaciones de España con las potencias europeas de su entorno. Para España, el siglo XX comienza con la resaca de su humillante derrota frente a Estados Unidos en 1898, que redujo drásticamente el territorio bajo su soberanía. Despojada de los últimos restos de su imperio ultramarino en América y Extremo Oriente, tuvo que readaptarse a la nueva situación, en que había quedado patente su aislamiento internacional, y sus esfuerzos se centraron en tratar de mantener las pocas posesiones extrapeninsulares (insulares y africanas) que le quedaban, en un momento de redistribución colonial y de máximo apogeo del imperialismo.